Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

Primero de mayo con nuevo presidente y los problemas de siempre

 

El próximo primero de mayo los trabajadores cubanos estarán repitiendo de manera mecánica las consignas habituales de ese obsoleto discurso que se quedó arraigado para siempre en la década del sesenta del pasado siglo, por lo que olvidando la génesis y el sentido de la festividad consagrada al mundo del trabajo no dedicarán un pequeño espacio para evocar a  Albert Parsons, Adolph Fischer, August Spies, George Engels y Oscar Neebe, quienes fueron ejecutados tras los trágicos sucesos de aquel primero de mayo de 1886 en Chicago, donde los agentes policiales arremetieron contra una multitud de hombres que reclamaban derechos laborales y entre los que además de los líderes antes mencionados se encontraban Louis Ling, quien se suicidó en prisión, y Samuel Fielden y Michael Schwab, a quienes se les conmutó la pena de muerte por cadena perpetua; conocidos más tarde como los Mártires de Chicago -y a los hechos del último de los días de protesta se le recuerda como la revuelta de Haymarket-, a los que en el presente, lamentablemente, apenas se les recuerda, no solo en Cuba, la nación donde únicamente se predican los “inmensos logros” de su “socialismo sostenible”, sino de manera general en un mundo demasiado inmerso en la superficialidad y el sensacionalismo como para estar recordando a aquellos que sentaron las bases para lo que hoy conocemos como el día de los trabajadores.

 

De cualquier modo, y de manera general en el mundo ya no se celebra con tanta intensidad el primero de mayo, por cuanto muchos de los objetivos que se proponían los trabajadores en un pasado no tan distante, actualmente se suelen negociar y alcanzar sus logros y propósitos a través de acciones concretas de diálogos y legislaciones, por lo que la festividad va quedando un tanto en el olvido y su evocación resulta mucho más simbólica que práctica en muchos sitios del orbe en los que las pancartas, consignas y marchas han cedido su paso a nuevos métodos de reclamo y propuestas prácticas que puedan beneficiar no solo a proletarios obreros -como en el pasado- sino a multitudes de hombres, incluyendo empresarios y directivos. 

 

El día de los trabajadores o del trabajo es una de las fechas más universales si consideramos que una gran cantidad de países del mundo, más allá de sus ideologías, creencias, posición política, desarrollo económico, etc., la conmemoran, reservándome el término celebración, que en realidad es correcto para una convocatoria de esta naturaleza, por lo polémico que pudiera resultar si consideramos que su origen está en relación con protestas que culminaron de manera sangrienta con la ejecución de los líderes proletarios antes mencionados.

 

Está de más detenerme a explicar que la utilización del término proletarios -independientemente de que los lectores lo asocien inmediatamente a las tendencias marxistas, a Karl Marx, al izquierdismo socialista, a la Internacional Comunista, o a cualquier otro elemento de esta naturaleza- es correcta, y esto no me hace simpatizante del socialismo, sino conocedor de un significado que hemos olvidado, o mejor aún, hemos estigmatizado erróneamente a partir de la posesión que Marx asumió del término al vincularlo al sistema capitalista, en el cual los obreros, esto es, los proletarios -según sus concepciones-, al no disponer de los medios de producción se ven forzados a vender su fuerza de trabajo a la burguesía, la clase empleadora; con lo que acuñó la idea del proletariado y su verdadera definición a la oposición entre dos clases sociales antagónicas: la burguesía y el proletariado.  

 

No obstante, su origen se remonta a la antigua Roma, cuando no se habían establecido pautas socialistas, ni se había hecho referencia a esta tendencia, exceptuando la posibilidad de algunas ideas de Platón que se pudieran relacionar con esta modalidad de sistema, algo que no deja de ser una simple especulación. En Roma los proletarios, del latín proletarius, eran los integrantes de la clase social más baja, los carentes de propiedad, que solo eran vistos como gente generadora de proles, o sea, de hijos, quienes pasaban más tarde a formar el ejército imperial.

 

No es menos cierto que los movimientos socialistas han tenido a través de los años una participación muy activa en relación con esta festividad, a la que se le seguirá asociando, al parecer inevitablemente, con las corrientes de este tipo. El hecho de que la exigencia de una jornada de trabajo no superior a las ocho horas fuera propuesta veinte años antes de los hechos de Haymarket por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra en 1866, y repetido en 1889 por el Congreso Obrero de París, ha sido el elemento que con mayor fuerza permite establecer los lazos entre el día del trabajo y las demandas de los socialistas que Federico Engels se encargó de ensalzar en el prefacio de 1890 a El Manifiesto Comunista, documento en el que menciona fuerzas del proletariado, ejército de proletarios, y retoma la célebre frase “proletarios de todos los países están unidos”, (así como la he escrito literalmente) que en realidad no le pertenece ni a él, ni a Marx como se cree, sino al también alemán Karl Shapper: “Proletarier aller Länder, vereinigt euch!” (Frase original en alemán que puede traducirse como “proletarios de todos los países uníos”, ahora como una exhortación y no como una referencia como la escribiera Engels en El Manifiesto Comunista)

 

El caso tan sui generis de la celebración en Cuba

 

Por desgracia dicha fecha es rechazada por la mayoría de los cubanos como todo lo que de manera errónea se ha asociado a las “hazañas” de la “revolución”, y que a modo de acto reflejo es repelido por una mayoría cansada de tanta verborrea estrafalaria y petulante; aunque desde la distancia y sin conocer los modos utilizados por el régimen para dar una imagen diametralmente opuesta a lo que es una realidad innegable, la masividad participativa y la actitud per se de los que se adueñan de las calles de las principales ciudades del país pudiera interpretarse como lo que los líderes comunistas pretenden, esto es, como un acto de reafirmación revolucionaria y muestra de patriotismo, como ya han anticipado en La Habana en la convocatoria a los actos al afirmar que “el próximo Primero de Mayo se convertirá en una contundente demostración de la unidad indestructible del pueblo junto a su Partido y su Revolución”; como una enérgica acción de rechazo al imperialismo, de hecho, ya Ulises Guilarte De Nacimiento, Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba, CTC, este martes 24 de abril, se ha referido a una imaginaria “arremetida imperialista contra la clase obrera”, a una política neoliberal, aunque al parecer sin comprender esencialmente el significado de neoliberalismo, así como a un impacto que ambos aspectos tienen “en la precarización del empleo y los salarios”; o como cualquier otra idea inverosímil y carente de sentido que se les pueda ocurrir.  

 

Y esta “demostración” de “reafirmación revolucionaria” es algo que se logra, por cuanto las imágenes visuales -que tienen ese poder de convencer sobremanera según lo demuestran las investigaciones pedagógicas- dan esa impresión de una participación masiva, de un inigualable ímpetu y de un estado de bienestar y de armonía de los participantes; aunque los que vivimos durante tantos años en la isla aprendimos que tras la apariencia de las imágenes está la labor sostenida de ciertos mecanismos diabólicos que de manera muy inteligente ha estado empleando el régimen en su manipulación constante, porque son verdaderos expertos en el arte de vender una imagen que se ha asumido como modelo en muchas partes del mundo y para lo que utilizan inmensos recursos en los que se invierten millonarias cifras; pero esto no importa, si al final logran impactar a aquellos que desde la sombra, como diría de Marx nuestro Apóstol, establecen una concepción que además de errónea resulta bien distante de la realidad de los trabajadores de Cuba.

 

Esta presentación circense de lo que acontece cada primero de mayo les ha favorecido que desde ciertos puntos del mundo acudan algunos personajes que bajo el ropaje del progresismo y sus simpatías hacia el socialismo cubano disfrutan luego de los beneficios de lo que significa sumarse a la lista izquierdista defensora de Cuba. Solamente las celebraciones del 2017 contaron con la presencia de alrededor de 1600 invitados de 86 países. No han faltado escritores, cineastas y periodistas, amén de líderes de tercer orden en sus países de origen, muchos de la Europa Occidental, por estos tiempos, aunque en un pasado reciente llegaban los “amigos” del desaparecido campo socialista. Como es de esperar, en la comitiva no faltan los fieles representantes del ya derrotado socialismo del siglo XXI en América Latina. 

 

Del porqué de esa masiva participación ya se ha dicho bastante. No obstante, sería incompleto nuestro análisis si se dejara sin tratar este aspecto por el hecho de que de por sentado el conocimiento de sus verdaderos móviles. La respuesta es sencilla y de manera concreta la sintetizo con una breve afirmación: son obligados a asistir en masa. Esto no significa que luego se lleve a prisión a aquellos que no participaron de los actos. Decir semejante cosa sería mentir; pero como se sabe -aunque algunos lo olviden- los que se apartan del servilismo comunista son marginados y llevados muchas veces a un total estado de ostracismo, lo que tiene una semejanza muy grande con la condición de estar tras las rejas: a fin de cuentas se puede andar por las calles aparentemente libres y estar encadenados eternamente.

 

Así las cosas, a esas multitudes que vemos marchar por las calles habaneras y luego concentrarse en la antigua Plaza Cívica a la que cambiaron su nombre por Plaza de la Revolución, no le queda otra opción que unirse a los vítores y a las estúpidas consignas “revolucionarias” que sus líderes han preparado de modo anticipado, y donde no faltan los sendos carteles y pancartas con las imágenes de Fidel Castro, a los que luego agregaron las de Raúl Castro, a quien jamás el pueblo cubano soportó y de un día para otro lo vieron convertido en su nuevo presidente.    

 

Lo antes comentado no constituye en modo alguno una defensa de mi parte hacia aquellos que de modo tan servil asumen su destino, su karma, o como se le quiera decir. Se trata de exponer lo que realmente ocurre en Cuba y que justifica ese fenómeno participativo de manera masiva, lo que no significa precisamente que justifique el estado de pasividad de una parte considerable de la población cubana que vive inmersa en la miseria más profunda y bajo una total represión.

 

Si esas multitudes se quedaran en sus hogares sin importarles ser marginados y relegados a un segundo plano las cosas fueran diferentes. Pero al parecer, en una nación devastada por los efectos maléficos de un régimen que se encargó de jugar con los principios de su gente desde que recién se estrenaba por los ya lejanos años iniciales de la llamada revolución, las sugerencias de Gene Sharp no funcionan, por lo que la lucha no violenta y las acciones pacifistas no han sido asumidas como modalidad de lucha, al menos con relativo éxito, salvo los casos excepcionales de las mujeres que desde hace años marchan no por un primero de mayo de reafirmaciones comunistas, sino reclamando libertades y derechos democráticos en nombre de toda una nación que debería seguirlas.

 

Esto no significa le negación del significado del día que se dedica a aquellos que trabajan, no solo para su sustento, sino por lo que representa el acto de servir y aportar a otros, cuando el trabajo se asume con decoro; sino negar el sentido que el régimen castrista ha querido dar a la efeméride, y que resulta bien distante de los verdaderos propósitos de los trabajadores cubanos en otros tiempos antes de 1959.

 

Recordemos las tradiciones sindicales de los trabajadores cubanos que acudían a la cita de manera libre para reclamar lo que consideraban sería justo en relación con sus condiciones laborales, sus salarios, su protección, sus derechos de bienestar, etc. en tiempos en que las organizaciones partidistas y sindicales -incluidos los movimientos y partidos de izquierda- apoyaban y defendían los derechos de los trabajadores; lo que se quedó en el pasado, toda vez que desde 1959 el Partido Comunista de Cuba, la Central de Trabajadores, y cualquier movimiento oficialista de la isla solo responden a los intereses del régimen, con lo que el sentido histórico del día del trabajo perdió su verdadera significación.

 

Los movimientos sindicales y de trabajadores de Cuba, a pesar de que aun estaban en etapa incipiente, fueron pioneros en la conmemoración de la histórica fecha. Téngase en cuenta que la primera celebración en la isla tuvo lugar el primero de mayo de 1890, a solo un año de que se acordara durante el Congreso de la II Internacional celebrado en París.

 

¿Qué tenemos de “novedoso” para este primero de mayo?

 

Pudiera parecer que esta sería la primera prueba para Díaz-Canel, o más bien para la maquinaria del partido tras la movida de Raúl Castro. Pero esta primera prueba será relativamente fácil para el nuevo presidente, por cuanto ya todo está dispuesto para la gran actuación, y el nuevo presidente se limitará a seguir el guión establecido por los magnates del Partido Comunista de Cuba, que como se sabe continuará ejerciendo su poderío más allá de cualquier posible cambio presidencial. 

 

El tradicional desfile del primero de mayo en Cuba esta vez contará con la presencia de Miguel Díaz-Canel Bermúdez como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, fecha que desde hace más de cinco décadas estuvo presidida por los hermanos Castro, independientemente que para ocasiones como estas se le cedía la palabra al líder de turno de la Central de Trabajadores de Cuba, CTC, figuras de segundo orden en la jerarquía, generalmente ignoradas y desconocidas por el pueblo - como el caso del actual primer vicepresidente de Cuba, Salvador Valdés, figura poco mencionada a pesar de haber sido entre otras cosas Ministro del Trabajo y Seguridad Social entre 1995 y 1999, y Secretario General de la CTC entre el 2006 y el 2013, etapa en la que no aportó nada al bienestar de los trabajadores cubanos-, actuando siempre bajo la estricta supervisión de los encargados del mando absoluto del sistema y con un lugar más privilegiado en la cúpula gubernamental de la nación. 

 

Millones de cubanos, de la isla o los de la diáspora*, donde también hay millones, estarán muy atentos y seguirán muy de cerca el acontecimiento, y no por lo que pudiera significar una fecha que desde hace mucho tiempo ya dejó de tener su encanto -por lo que debe representar el trabajo cuando es asumido con decoro, como modo de sostén individual y familiar, como vía para poder ser útil, y por el deleite que proporciona cuando lo que hacemos nos gusta y nos satisface, condiciones que en Cuba se perdieron toda vez que el régimen convirtió el trabajo en una pesadumbre y a los trabajadores en verdaderos esclavos-, sino por la expectativa que presupone contar con un nuevo presidente que, para bien, para mal, o para igual, es nuevo, y esto es algo a lo que los cubanos no están acostumbrados luego de haber soportado durante casi medio siglo al egocéntrico mandatario que ya dejó de pertenecer al reino de este mundo, y luego a alguien que jamás tuvo un mínimo de aceptación y simpatía popular, aunque después de su designación como presidente se pretendió olvidar el rechazo que siempre se le hizo y de un día para otro se convirtió en el “muy querido” Raúl, que lo único positivo de su mandato fue que los cubanos no tuvieron que resistir ya jamás aquellas intervenciones de seis y ocho horas que su hermano impuso como estilo de oratoria durante su etapa de efervescencia popular en los sesenta, aunque se quedaron casi hasta su retirada definitiva del poder.

 

Y esto es algo que muchos esperan, esto es, la posible intervención de Díaz-Canel, en lo que sería su primer acto público masivo -dejando a un lado su toma de poder, sus discretos recibimientos a Nicolás Maduro y Evo Morales por estos días, así como su participación en la inauguración de la III Convención Internacional Cuba Salud 2018, junto al Director General de la Organización Mundial de la Salud, este último considerado como el primer evento oficial en que participa en carácter de presidente, hasta ahora los únicos momentos en que ha aparecido en escena estrenando su cargo-, aunque siguiendo la tradición le corresponderá al líder sindical del momento pronunciar las “palabras centrales”, que es como los comunistas ortodoxos de la isla han querido llamar a la intervención principal de un acto.  

 

De cualquier modo, de la misma forma que su presencia no representa nada nuevo y que no habrá durante su mandato esos esperados cambios, tampoco su discurso -no lo que pudiera ser una simple alocución por la efeméride este día, sino discurso de manera conceptual, esto es, como estilo en el uso de la palabra- traerá nada nuevo, no solo por sus limitaciones expresivas propias del hombre nuevo a las que ya he hecho referencia en otros escritos, sino porque hasta el presente ha asumido esa retórica obsoleta tan bien definida recientemente por Luis Almagro como “un discurso de los 50” -cuando se refirió a la intervención de Bruno Rodríguez Parrilla, el Ministro de Relaciones Exteriores del régimen, en la VIII Cumbre de Las Américas-, independientemente de que carece de aquella virtud que algunos llaman el don de la palabra, mediante el cual el orador no solo diserta con coherencia y sentido lógico y fluido sobre un asunto en cuestión, sino que es capaz de modular su voz y proyectarla, amén de aprovechar con inteligencia otros recursos expresivos como la gestualidad; pero al parecer entre tantas labores políticas el nuevo presidente de Cuba tuvo pocas horas/clases en su corta estadía como docente en las casas de altos estudios de la isla, lo que de haberlo practicado con especial énfasis le hubiera ayudado a ser un orador promedio.

 

Respecto a los cambios esperados y necesarios que muchos creen puedan tener a partir de la nueva dirección de la nación a cargo de Díaz-Canel, me limitaré a esta pequeña observación para no apartarme del eje temático de este escrito en relación con el primero de mayo, y no precisamente con la política de dirección del nuevo mandatario.

 

No creo que Miguel Díaz-Canel esté sensibilizado con la idea del cambio. Su posición de hombre leal a la “causa” de la llamada revolución cubana le impide ver con luz propia que la nación que hoy comienza a dirigir pide a gritos una radical renovación, y no creo que el nuevo mandatario sea de los de doble cara, o doble moral, como se suele decir con frecuencia a aquellos que piensan de una forma y actúan desde la apariencia de otra.

 

Por el contrario, el señor Díaz-Canel es un soldado formado bajo los efectos del adoctrinamiento castrista más acérrimo, en el que el propio Fidel Castro depositó su confianza para determinadas “misiones especiales” de las que poco se sabe, independientemente de que su perfil profesional fue más allá de una ingeniería electrónica en la Universidad Central Martha Abreu, de Villa Clara, para insertarse en otras labores una vez que concluyera estudios superiores de telecomunicaciones en el Instituto Técnico Militar, ITM, en La Habana, ante el llamado especial que el dictador Fidel Castro hiciera a los egresados de la carrera de electrónica pertenecientes al curso del nuevo presidente.

 

A finales de febrero de 1982 el grupo integrado por una veintena de jóvenes ingenieros tomaban un avión rumbo a La Habana para cumplir la misión encomendada por el entonces presidente Fidel Castro, quien los vinculara, una vez concluido su adiestramiento en telecomunicaciones, a la atención directa de las bases de cohetes militares. Ahora con grado de capitán, y cada cual con un precioso reloj entregado por el propio viejo comandante, asumirían con nuevos bríos la encomienda asignada.

 

Su escalada un tanto silenciosa, pero muy segura y ascendente siempre, demuestran ese sentido de lealtad a los líderes del comunismo de la isla, amén de que no fue eliminado de la escena como les sucedió a otros tantos que, ante la sospecha de un solo pensamiento liberal que se apartara de los cánones de los octogenarios líderes, se les apartó para siempre impidiéndoles que llegaran a donde pudo llegar Díaz-Canel.

 

Escenografía aburrida, consignas repetitivas y alegría obligatoria

 

Retomando la idea del primero de mayo, hemos de considerar que el acto en recordación de la efeméride no tiene que limitarse a un desfile como hizo el régimen cubano, sino que la fecha constituye una celebración y como tal puede conmemorarse mediante actos públicos, veladas, encuentros, entre otras modalidades. Pero en la mayor de Las Antillas se convirtió en un suceso robotizado que con forzado molde no es capaz de motivar de manera espontánea a los trabajadores.

 

Recordemos que ya de manera preestablecida todo está concebido como un invariable guión al que todos han de ajustarse. Para este año se proponen respaldar “la actualización del modelo económico y social cubano y la implementación de los lineamientos aprobados en el VI y VII congreso del Partido, porque son los obreros la fuerza motriz para llevar a cabo esa implementación”, según declaró a medios oficialistas cubanos Ulises Guilarte De Nacimiento, Secretario General de la CTC. En fin, llover sobre mojado una vez más, pues como se sabe los famosos lineamientos y la conceptualización de un “nuevo” modelo económico ya es bohemia vieja como se dice en buen cubano.

 

En muchos países del mundo los gremios organizan acciones de protestas en las que reclaman mejores condiciones de trabajo, reformas salariales, igualdad de género, optimización de sistemas de seguros, garantías de protección en sus puestos laborales, entre otros tantos aspectos que a través de la historia han dañado sobremanera a las masas trabajadoras en su continuo choque con la élite directiva de grandes o medianas empresas, ya sean estatales o privadas.

 

No obstante, en el caso de Cuba, país cuyo gobierno ha pretendido ofrecer al mundo la imagen de un paraíso terrenal, sería paradójico que sus trabajadores -que según el régimen gozan de todas las oportunidades y tienen garantizada todas las condiciones para su desempeño toda vez que la llamada revolución se hizo para los humildes, y su devenir ulterior ha estado en función de las “masas proletarias”- realizaran acciones de protesta encaminadas a obtener mejoras en su bienestar, por cuanto se supone que en la paradisíaca isla todo sean logros y triunfos, de ahí que sus masas proletarias se limiten a reafirmar las propuestas de sus directivos sindicales orientados por el partido único como guía de todas las directrices de una nación sumida bajo la influencia temible del totalitarismo.  

 

En su lugar las denominadas “organizaciones de masas”, y de manera particular y como “fuerza rectora”, el Partido Comunista de Cuba, se encargan de la organización dirigida del tradicional desfile que se convierte en una verdadera representación teatral y en un pretexto para que los líderes sindicales y partidistas griten sus decadentes consignas encaminadas a exaltar los “logros” de la revolución; sin que falte la ocasión de lanzar los maléficos dardos contra un imperialismo fantasmal que sigue en la escena cubana como consecuencia de la herencia de aquel que hizo de la supuesta persecución imperial yanqui el centro de su malgastada vida.

 

Y este desfile no será pues la excepción por el hecho de tener un nuevo presidente, cuya designación y aprobación ya todos sabemos cómo se hizo, y que como es lógico, responde con lealtad a las exigencias de ese legendario partido que a la fuerza sigue siendo la guía de la sociedad cubana en todas sus aristas. De ahí que tengamos las mismas tradicionales consignas pronunciadas por algún líder sindical de cuarta categoría a cuya invocación responderán en masa -sin que reparen en el significado de lo que dirán, cuales devotos feligreses que en coro se unen en oración a las súplicas de un cantor oficiante a las barbaridades que de modo exaltado y con ese espíritu combativo (utilizando de manera irónica la terminología comunista cubana) gritarán los hombres-nuevos en serie que bajo las efectos hipnóticos del sistema han aprendido mecánicamente.

 

Ahora tendrán que incorporarse algunos lemas para incluir al nuevo presidente como se hizo cuando Raúl Castro asumió el mando y se dieron cuenta que jamás nadie lo había mencionado para nada, por lo que con relativa facilidad se le agregó su nombre a lo que durante décadas se había estado pronunciando. De modo que emergieron mantras como: “guiados por Fidel y por Raúl”, “bajo la orientación de nuestro partido, de Fidel y de Raúl”, o cualquier incoherencia estrafalaria que solo ellos dicen comprender.         

 

De modo que el primero de mayo en Cuba pasará entre penas y sin glorias. Da igual que esté o no Raúl Castro presidiendo el acto. No se trata de la presencia de una figura, sino de lo que esa figura representa o podrá representar para un pueblo que está necesitando con urgencia cambios radicales y no simples sustituciones que, al fin de cuentas, mantendrán un estado de totalitarismo sin igual, que es lo que prevalecerá en Cuba, por cuanto el nuevo mandatario se debe a la promoción de los legendarios y anquilosados jerarcas que desde el silencio estarán observando detenidamente su desempeño, y a Díaz-Canel no le hace falta que lo controlen, por cuanto no será el hombre que proporcionará el giro trascendental que Cuba necesita, sino simples remedios paliativos que solo podrán prolongar la agonía de un régimen, cuyos directivos saben de la proximidad inminente del fin de su existencia.

 

Al menos esto es lo que parece por el momento. En Cubanálisis no especulamos llevados por fuerzas emotivas y pasionales, o por aparentes patriotismos, sino que analizamos luego de haber reflexionado detenidamente en la propuesta que pretendemos compartir, esto es, emitimos un juicio a priori solo cuando hemos llegado a un punto en el que el razonamiento lógico y coherente nos conduce a la aseveración de una hipótesis (En filosofía esto significa ser racionalista, algo de gran utilidad si se sabe aplicar al análisis político, de ahí las tendencias actuales de la filosofía política como ciencia).

Díaz-Canel no es el hombre, y el primero de mayo será un día más de rutina comunista barata, aunque desde la isla se empeñen en hacernos creer que es otro de los grandes “triunfos” de la “revolución” cubana.

 

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*Diáspora resulta más adecuado que el término exilio o sus derivaciones como exiliados, etc., para referirnos a los cubanos que se encuentran fuera de la isla. Diáspora significa hombres dispersos por otros rumbos diferentes y distantes de su tierra natal, y es justamente esto lo que ocurre respecto al fenómeno migratorio cubano, esto es, que los nacidos en territorios de esta nación se hallan diseminados por todo el mundo generalmente como consecuencia del régimen comunista; pero no todos, ni siquiera la mayoría son precisamente exiliados políticos, categoría con una connotación mucho más allá que el simple hecho de no estar en su patria. El término y el concepto al parecer se remontan al pasado de Israel y se refiere a la dispersión de los hijos de Israel y los judíos posteriores fuera de su patria ancestral, es decir, de Israel, así como de las comunidades construidas por ellos en todo el mundo, lo que luego se fue aplicando a otros grupos étnicos hasta alcanzar su carácter universal en el presente.