Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

Podredumbre de la política exterior castrista

 

Recién concluyó la VIII Cumbre de Las Américas, evento continental que tuvo lugar entre los días 13 y 14 de abril en Lima, Perú, y que constituye -aunque algunos cuya ignorancia, su racismo extremo y ese sentido de negación de un origen que no deben ocultar, crean lo contrario- un acontecimiento de carácter trascendental, toda vez que permite una aproximación entre aquellas naciones del continente más allá de los límites del Río Bravo, ese que simbólicamente asumiera José Martí para delimitar a las naciones que con sobradas razones llamó “Nuestra América”. De ahí que no se trate de un evento latinoamericano como se cree, sino de Las Américas, incluidos los Estados Unidos, Canadá y algunas de las pequeñas islas que se nos pierden en las aguas caribeñas.

 

Ya muchos han comentado sobre el preámbulo de la cita con sus eventos y foros colaterales, sobre las expectativas del alcance y repercusión de los temas a tratar, cuyo eje fundamental fue la gobernabilidad democrática frente a la corrupción, así como de las participaciones de unos y de las ausencias forzadas y voluntarias de otros.

 

Por lo que retomar estos mismos puntos sería reiterarnos y saturar a nuestros lectores, los que siempre esperan encontrar algo novedoso y a su vez escrito con un sentido analítico capaz de satisfacer sus aspiraciones, al menos los que consultan medios serios como para los que suelo escribir. De ahí que deje a un lado lo que ya otros comentaron -algunos muy bien, por cierto- y de lo que tanto se ha dicho, exceptuando el polémico asunto de la participación de la comitiva oficialista cubana, que dada su desfachatez extrema y el ridículo que hicieron no solo en Lima, sino ante el mundo, vale la pena exponer algunos criterios. 

 

Así las cosas, además del papelazo de la representación oficial de la mal llamada sociedad civil cubana, voy a detenerme en el tema eje de la gran tenida continental, esto es, la gobernabilidad democrática ante la corrupción, así como en el análisis de la disparatada alocución del canciller cubano Bruno Rodríguez Padilla, esto último apenas abordado desde el punto de vista analítico, aunque sus estériles palabras han sido bien difundidas. 

 

Gobernabilidad democrática vs. Corrupción.

 

La VIII Cumbre de las Américas tuvo como principal tema la gobernabilidad democrática frente a la corrupción, con lo que sus organizadores pretendieron establecer una mayor cooperación regional a través de una aproximación e intercambio de concepciones y propuestas frente a ese flagelo que, más allá de las ideologías, de posiciones y de actitudes políticas, involucra por igual a las grandes empresas privadas que a funcionarios públicos, afectando a aquellos más vulnerables a las consecuencias de la corrupción, esto es, a los sectores más desposeídos de la población -algo que es mayoritario en la región latina-, los que ven postergadas obras de desarrollo social en su beneficio ante la indiferencia de los que asumen el poder de modo inescrupuloso olvidando promesas hechas en época de campaña electoral cuando necesitaron sus votos. 

 

Este tema podrá ser visto por muchos como una paradoja, pues como se sabe, si hay una región donde la corrupción está a “la orden del día” es en  Latinoamérica, y resulta más contradictorio aún que la sede del importante cónclave fuera en la capital de un país donde su presidente dimitió de su cargo por sus serias implicaciones y escandalosas acusaciones por corrupción.

 

Recordemos que Pedro Pablo Kuczynski, PPK, salió aparentemente victorioso hace muy  poco gracias a las bondades del Parlamento de Perú que le tendió la mano -algo demasiado discutido y bajo la oscuridad del misterio dada la influencia y convenios con los Fujimori, quienes aun ejercen su poderío en Perú- y pudo mantenerse en el poder a pesar de las severas acusaciones por las implicaciones de sus empresas con la constructora brasileña Odebrecht. No obstante, al parecer llegó al límite y poco después tuvo que presentar formalmente su renuncia cuando solo faltaban unos días para el inicio de la Cumbre, con lo que se convirtió en el primer presidente en ejercicio en caer bajo los efectos del escandaloso caso Odebrecht, y el único en dimitir en los últimos tiempos. 

 

Sería interminable este escrito si nos detuviéramos a realizar un análisis preciso acerca del fenómeno de la corrupción continental, por lo que me limitaré a señalar unos pocos ejemplos concretos que podrán darle a los lectores una idea clara del difícil panorama que resulta patente en este sentido por estos rumbos. 

 

Los casos más representativos, si de corrupción se trata, son los de Dilma Rousseff y Luiz Inacio da Silva (Lula), exmandatarios de Brasil, la primera destituida de su puesto y el segundo actualmente en prisión; Rafael Correa y Jorge Glas, expresidente y exvicepresidente de Ecuador, el primero con responsabilidad penal dentro de la auditoría de la deuda interna y externa que recién realizó la Contraloría General del Estado, en cuyos informes presentados se precisa que se habrían cometido delitos que serían castigados con cárcel, lo que ahora debe ser determinado por la Fiscalía del Estado, y el segundo prisionero en Quito por sus implicaciones en el caso Odebrecht, entre otras causas; sin incluir a cerca de una decena de ministros y funcionarios que han sido investigados y sentenciados por corrupción durante el mandato de Correa; y como es lógico el caso concreto de PPK, antes mencionado, quien acaba de dimitir de su puesto; sin olvidar al presidente de Venezuela, seriamente vinculado al narcotráfico a gran escala, aunque sin sentencias concretas; así como algunos mandatarios y ministros de gobierno de naciones centroamericanas, de manera particular de Honduras y Nicaragua, en los que el mal pasó a la cronicidad. 

 

Por otro lado Evo Morales, de Bolivia, y Raúl Castro, de Cuba, han sido cuestionados recientemente sobre una presunta implicación en el narcotráfico. El diario boliviano Los Tiempos reseña una historia que aparece publicada en la revista brasileña Veja donde se afirma que la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, DEA, tiene información de que Cuba es un centro importante para el envío de cocaína boliviana a México y los Estados Unidos, independientemente de las serias implicaciones del régimen cubano en múltiples delitos de corrupción; aunque con la suerte siempre de su lado por no haber sido sentenciados debidamente, y continuar difundiendo ante el mundo los llamados “logros” de la revolución cubana, en los que muchos siguen creyendo.

 

Pero en lo personal creo que el tema fue inteligentemente traído a los debates de la Cumbre dada la dramática situación por la que atraviesa el continente como consecuencia directa de la corrupción de una buena parte de los gobiernos de sus naciones, independientemente de su postura como derechistas, izquierdistas o centroderechistas, algo que no es un fenómeno exclusivo de la región, ni de América como continente, sino que es un fenómeno de carácter universal que se extiende por todo el orbe y que ha repercutido en las irregularidades de las economías de varios países de Europa, algunos de ellos llegando a estar en estado de crisis.  

 

De ahí que la idea de abordar el grave flagelo de la corrupción sea un acto “justo y necesario” como dice la traducción vernácula del ceremonial católico. Justo porque en honor a la verdad, y a la justicia per se, está muy bien que se asuma el polémico tema de la gobernabilidad democrática frente a la corrupción justamente en una zona que anda mal en materia de democracia -recordemos los casos de Bolivia y Nicaragua y de manera muy particular los de Venezuela y Cuba, cuyos regímenes dictatoriales dañan sobremanera la imagen de la democracia en la región-  y se encuentra en estado crítico en materia de corrupción como proceso de carácter acumulativo en la región; aunque se ha hecho mucho más notorio en los últimos años con la irrupción de los grandes y graves escándalos en los que se han visto envueltos varios de sus mandatarios.   

 

No obstante, considero que para su erradicación no bastan cumbres, encuentros y debates, sino se requiere una actitud honesta de los gobernantes, que al parecer carecen de aquellas virtudes que alguien como Platón supo proponer como modelos ideales desde los lejanos tiempos de la antigua Grecia, en los que los gobernantes debían tener el don de filosofar, al parecer por el hecho de que con el conocimiento y dominio de la filosofía pueden llegar a asimilar mejor los problemas que aquejan a sus pueblos y poder encaminarlos por los senderos del bien, algo que en el contexto de América Latina parece ser una utopía en estos tiempos.

 

Necesario porque es de vital importancia toda posible aproximación en pos de un reencuentro de nuestras naciones, las que, aunque muy diversas y con sus peculiaridades distintivas, tienen elementos que las unen en lo más profundo de su esencia, y aun aquellas que por sus orígenes y diferencias étnicas -Canadá y Estados Unidos y algunas de las pequeñas naciones caribeñas- se apartan un tanto de esa comunión ancestral subcontinental no dejan de tener su importancia en la impronta universal de nuestros pueblos.

 

Lo que reafirmo al asumir las sabias palabras de Mauricio Macri, presidente de Argentina y uno de los hombres más influyentes de estos tiempos, durante su intervención en la Sesión Plenaria de la Cumbre cuando afirmó: “El motivo de estas cumbres no es ni debe ser realizar un ejercicio de recriminaciones en donde todos culpamos a otro y regresamos a nuestros países conformes por saber que los responsables son los demás; estar acá representa un compromiso con una agenda hemisférica plenamente vigente: hagamos que tenga sentido y seamos capaces de mirar hacia adelante, entendiendo que los esfuerzos colectivos siempre resultan más eficientes para resolver los desafíos que compartimos”.

 

¡Llegaron los cubanos, y de qué forma!

 

Como Cuba forma parte del mundo, y de la región, aunque a veces no lo parezca dado el estado de aislamiento en que ha quedado como consecuencia directa del fenómeno destructivo del régimen comunista que la domina hace casi seis décadas, los cubanos tuvieron participación en esta VIII Cumbre, algo lamentable dado el comportamiento que la comitiva oficialista tuvo desde su penosa llegada a tierra peruana. 

 

Resulta muy triste que el mundo siga conociendo un estereotipo del cubano que se aparta de lo que en realidad era el modelo del cubano de otros tiempos. El engendro actual es la resultante de lo ideado por el régimen cubano con su propuesta de hombre-nuevo, una de las principales y peores aberraciones de Che Guevara que logró concretarse con la presencia e invasión de una modalidad estigmatizada, la que se caracteriza por su prepotencia, incultura, indecencia y deshonor, entre otras tantas antivirtudes inherentes a ese nuevo modelo que cual paradigma del típico hombre mediocre de la Cuba actual se disemina como terrible plaga por doquier.  

 

Lo que el sistema cubano envió a la Cumbre no es justamente lo que  representa a la sociedad civil cubana, sino agentes del régimen castrista que de manera encubierta asistieron dando cumplimiento a las encomiendas de sus entrenadores para hacer gala de una aparente democracia y libertades políticas en un sistema que, como todo el mundo sabe, se encuentra en su ocaso definitivo y sin posibilidades de poder emerger de las  profundidades abismales en que se halla desde hace años.

 

Téngase presente que aquellas instituciones y organismos como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Unión de Juristas de Cuba, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), entre otras, en realidad responden a las directrices del gobierno cubano y son manipulados desde la alta cúpula gubernamental a su manera para servir de apoyo a los caprichos de una revolución que dejó de serlo, por cuanto quedó rezagada, anquilosada, sin renovación y en un estado de mecanicismo político, con lo que se niega a sí misma, y a la razón de ser desde el punto de vista conceptual de lo que en realidad debe ser una revolución, cuya concepción no se puede apartar jamás del cambio, la transformación y la renovación constante. De modo que nuestros marxistas de tanto que han repetido sus ideas acerca de una dialéctica de las cosas se niegan a sí mismos al no demostrar en el orden práctico los conceptos que se supone asumieran en la política de su ideología.   

 

A solo unos segundos de haber pisado tierras peruanas comenzaron su escándalo -algo que lamentablemente caracteriza a las últimas generaciones que tienen tan arraigado ese ímpetu y esas ansias de sobresalir a toda costa- mediante la gritería de sus absurdas consignas, entre las que no podía faltar esa sentencia de lo real maravilloso o de un surrealismo demasiado tardío, y que pudiera convertirse, si no lo detenemos, en frase célebre: “yo soy Fidel”.

 

Y es cierto, ellos son Fidel, son tan malvados como el viejo dictador que acabó con su propia patria -que es también la de ellos- y al parecer no lo perciben, por cuanto se hallan bajo los efectos del hipnotismo comunista y del estatismo mental inducido por el castrismo durante décadas. Ya con esta presentación fue suficiente para poder vislumbrar lo que luego ocurriría y que demostraron mediante sus acciones de sabotaje a los encuentros colaterales previos al magno evento.

 

Como es lógico ninguna delegación es capaz de llegar a una terminal aérea haciendo tanto escándalo, pero ellos no saben lo que es la decencia y el decoro, cualidades de las que se apoderó el comunismo desde sus tiempos iniciales, transmutándolos en gente baja, agresiva y carentes de sentido común al no percibir que donde quiera que estén solo hacen el ridículo, lo que sucedió en Lima, donde se les podía identificar por estos días donde quiera que hubiera un desorden, un escándalo, una turba.

 

Y así las cosas, recorrieron todo el repertorio montado desde La Habana, en el que no pudo faltar el “se oye, se siente, Cuba está presente”, y por desgracia solo estará presente una parte, justo la que no es representativa de nada, excepto de la chusmería, chabacanería, vulgaridad, servilismo, idiotez e indecencia, todo lo que caracteriza a ese hombre-nuevo que crearon cual paradigma supuestamente revolucionario, alejado de lo que consideraron rasgos pequeño-burgueses y rezagos de un pasado que intentaron destruir, y que lamentablemente lograron.

 

Y mientras los ignorantes y robotizados líderes socialistas cubanos se pasearon haciendo el ridículo en la Cumbre de Lima, ahora con lo de “con Cuba no te metas”, o algo parecido, a decenas de representantes de organizaciones y movimientos de la oposición cubana se les prohibió viajar a la cita de Las Américas, donde tanto hubieran podido aportar, toda vez que el eje principal de los temas a tratar estaba en relación con la gobernabilidad democrática frente a la corrupción, algo que como es lógico, los cubanos oficialistas participantes no pudieron abordar, por cuanto son desconocedores de lo que realmente es una democracia -las del resto del mundo no son perfectas, excepto en una exigua minoría de naciones; pero tratan de acercarse al paradigma de lo que debe ser democrático, al menos teóricamente y con algunas incursiones en el orden práctico, algo que el régimen cubano ignora por completo-, amén de las limitadas facultades intelectuales de aquel grupúsculo adoctrinado bajo el efecto hipnótico de un obsoleto socialismo que se empeñan en sostener a base de la fuerza, algo que muy bien demostraron mediante el boicot a los encuentros abiertos y diálogos participativos, a donde no se les invitó por ser precisamente indecentes y abominables.    

 

Y acudo a modo de cierre de esta parte dedicada a la intromisión de la mal llamada sociedad civil cubana en la Cumbre a una cita del Dr. Eugenio Yáñez, director de este sitio, quien supo sintetizar con precisión la participación de Cuba en el evento: “Imposible esperar por parte de La Habana que en el cónclave de Lima sus representantes fueran a recibir muestras de simpatía o apoyo por parte de los gobernantes presentes. Sí recibirían sin dudas condenas por las violaciones de derechos humanos y por la falta de libertades para los cubanos. Si acaso, en el mejor de los escenarios, tendrían que escuchar llamados a realizar cambios y aperturas reales en el país para beneficiar a su población, y ofertas de ayuda y colaboración para lograrlo”.

 

A propósito de la absurda intervención del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla en la VIII Cumbre de Las Américas.

 

Tal vez lo que resulte novedoso a los lectores sea esta tercera parte que dedico a analizar la insignificante y caduca alocución del representante de la diplomacia cubana, Bruno Rodríguez Parrilla. De ahí que me extienda un poco más en el tema considerando que, hasta donde conozco, no ha sido tratado antes, al menos de esta forma, aunque sí como noticia y reproduciendo algunas de sus partes.

 

Ha sido justamente una de las pocas cosas que se les ha permitido ver, escuchar y leer a los cubanos de la isla, junto a las acciones boicoteadoras de la crápula que se encargó de “representar” a la sociedad civil cubana, amén de la discreta intervención del ignorante presidente de Bolivia. Sin embargo, se les privó de las brillantes alocuciones de representantes dignos del continente, los que con palabra precisa y elocuencia supieron abordar el tema eje de la reunión desde la perspectiva de la contemporaneidad y en el marco de las necesidades de sus respectivas naciones, entre las que merecen destacarse la de Sebastián Piñera, presidente de Chile, quien brillantemente concretó su discurso al tema de la corrupción, no sin dejar de condenar de manera enérgica al régimen de Nicolás Maduro; la de Martín Vizcarra, actual presidente de Perú, quien convocó a adoptar compromisos concretos contra la corrupción, y con valentía y transparencia se refirió a la crisis política de su país luego de la renuncia de su presidente, Pedro Pablo Kuczynski, solamente unos días antes, precisando que la corrupción tiene enormes consecuencias sobre la gobernabilidad y el crecimiento económico; y la de Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), quien sin apartarse del tema principal fue capaz de exponer que la Cumbre marcó el fin de la preeminencia del régimen chavista, y argumentó que la ausencia Venezuela estuvo determinada por “malas decisiones en materia de democracia” por parte del régimen de Nicolás Maduro.  

 

Exégesis de un disparatado discurso.

 

Aunque parezca contradictorio me he leído muchos discursos de Fidel Castro -les ruego a mis lectores que no por esto me encasillen en una izquierda en la que jamás he militado, y tengo sobradas razones a mi favor que demuestran lo contrario- pues para comentar de modo analítico sobre algo se supone, cuando nos respetamos a nosotros mismos y a aquellos que nos leen, que primero hemos de adentrarnos en el estudio de lo que  queremos analizar, y la lectura detenida de estos sendos mamotretos es la única forma de poder hacerlo. 

 

Ahora acabo de leerme la intervención de Bruno Rodríguez Parrilla en la VIII Cumbre de Las Américas, y créanme que me ha provocado mayores reflejos nauseabundos que los que me causaron los kilométricos discursos de varias horas del dictador Fidel Castro.

 

¿Dónde radica el poder vomitivo del canciller que ya se nota algo cansado a pesar de no pertenecer a la generación de los octogenarios señores de la cúpula mayor?  Pues veamos algunos puntos de su intervención, breve, por suerte para los que como yo la hemos leído, o para aquellos que por una cuestión de diplomacia se quedaron en la sala durante su presencia en Lima y no hicieron como los cubanos que abandonaron el recinto cuando le tocó el turno a Luis Almagro.  

 

El discurso -y ahora asumo discurso asociado a estilo, esto es, la palabra, el modo, aquello que Martí llamó esencia- de todos estos señores improvisados, algunos con cierta capacidad intelectual de la que no dudo, es idéntico. Siempre hay una actitud defensiva para justificar el estado de caos de la isla mediante la presentación de sus gastados recursos acerca de esos “logros” en los que ya nadie cree; aunque con frecuencia se les va algo que los hace ocupar una ofensiva, que aunque sutil resulta evidente, algo percibido cuando el señor Rodríguez Parrilla atacó a la Organización de Estados Americanos, y de modo particular a su Secretario General, a quien llamó histérico, cayendo además en un error preceptivo de tipo conceptual, por cuanto Luis Almagro es alguien mesurado, correcto y equilibrado -y no creo como algunos malintencionados han afirmado que esté vinculado a la izquierda por lo del retrato del Che en su despacho. Sus acciones en pos de la causa venezolana, mucho antes de que se preocuparan la mayoría de los presidentes de la región y del impulso del Grupo de Lima, así lo demuestran-  bien distante de aquellos rasgos que definen a la personalidades histéricas, dentro de las que podemos poner como ejemplo a Fidel Castro, y de manera superlativa a Rafael Correa, por solo limitarme al contexto regional. “Los hechos recientes demuestran que la OEA y su histérico Secretario General son instrumento de los Estados Unidos”, expresó irreverentemente el canciller.

 

En estos discursillos comunistas no falta además la ocasión para agredir a un “imperialismo” que al parecer van a seguir viendo como sombra causante de todos sus males, y esto se lo debemos a aquel que ya por suerte no está, y que en honor al bien no volveré a escribir su nombre, al menos en este escrito, y que transmitió a otras generaciones esas ideas delirantes de persecución, las que hoy son el hazmerreír del mundo civilizado y pensante que determinó dejar el absurdo del estereotipo de un imperio que no es imperio, sino una potencia, a la que se le reconocen sus virtudes, sus limitaciones y sus errores como a cualquier nación del mundo. En este sentido el canciller cubano expresó: “sigue siendo saqueada -refiriéndose a Latinoamérica-, intervenida y vilipendiada por el imperialismo norteamericano que invoca la Doctrina Monroe para ejercer dominación y hegemonía sobre nuestros pueblos”.

 

Lo que reafirma esa postura extremadamente populista de culpar siempre a un agente externo como justificación de aquellos errores inherentes a lo que es propio, y esto los hace decadentes y obsoletos al extremo, algo que fue reconocido con sabiduría por Sebastián Piñera, presidente de Chile, durante la clausura de la III Cumbre Empresarial de las Américas, evento previo a la VIII Cumbre de las Américas en la que participó junto a su homólogo peruano Martín Vizcarra, cuyo país acogió el encuentro. “Usted va a la Unasur y tiene que escuchar un discurso largo que echa la culpa al imperialismo, y luego ya no hay nada más”.

 

Pero lo que resulta inadmisible -y esto lo pudiéramos incluir a modo de un acápite especial como “los errores más graves cometidos en la Cumbre”- es la serie secuencial  de ideas disparatadas que pronunció el diplomático cubano, entre las que sobresalen los siguientes puntos:

 

1. Fue capaz de referirse a violaciones de derechos humanos y a la no existencia de democracia en el marco de la Cumbre: “En el hemisferio, aumentan las violaciones masivas, flagrantes y sistemáticas de los derechos humanos civiles y políticos; y económicos, sociales y culturales de cientos de millones de seres humanos” (…) “¿De qué democracia y valores se habla aquí?

 

No obstante, no asumió su responsabilidad como representante del régimen castrista -en ausencia del presidente ausente Raúl Castro, quien en un acto de cobardía no se presentó al magno evento- como verdaderos violadores de derechos humanos y falseadores del orden constitucional democrático de la nación cubana, algo que ya es un hecho reconocido internacionalmente y que muy bien destacó Carlos Trujillo, embajador de Estados Unidos ente la Organización de Estados Americanos, cuando dijo: “El Gobierno cubano no tiene autoridad moral para criticar a nadie y creo que el mundo se está dando cuenta de su falsedad y de lo que está sucediendo en Cuba”.

 

2. Mientras que al final de la Cumbre 15 países de Latinoamérica más el primer ministro de Canadá determinaron no reconocer la legitimidad de las elecciones venezolanas del próximo mayo, además del apoyo unánime respecto a la exclusión del régimen de Maduro en la Cumbre de Lima, el jefe de la diplomacia de Cuba tuvo el cinismo de declarar su inconformidad con la proscripción de Nicolás Maduro: “La exclusión del Presidente Nicolás Maduro Moros de esta Cumbre es una afrenta a todos los pueblos de Nuestra América y un retroceso histórico impuesto por el actual gobierno de los Estados Unidos”.

 

Le recordamos a Bruno Rodríguez que la exclusión de Nicolás Maduro de la Cumbre no fue una imposición del gobierno de Estados Unidos. La exclusión del gobierno venezolano de la VIII Cumbre forma parte de un proceso que pretende mantener al régimen venezolano, no a su pueblo, en un estado de aislamiento y proscripción, y en el que han intervenido de manera decisiva la OEA, y más recientemente, aunque con mucha fuerza, el llamado Grupo de Lima, integrado por un número mayoritario de países de la región, además de Canadá.

 

Nadie defiende al régimen de Maduro, excepto los representantes de los regímenes dictatoriales de Cuba y Bolivia, y en menor medida Nicaragua, cuyo presidente se dispersa en la sombra y el silencio como si hubiera dejado de pertenecer a este mundo. Ecuador, la nación andina que estuvo envuelta hasta hace muy poco bajo la influencia desgarradora del socialismo del siglo XXI se ha reinsertado en la comunión democrática de los pueblos de América: las palabras de su vicepresidenta en el marco de la Cumbre de Perú contra el estado de caos que recibiera el actual gobierno de manos de Correa así lo demuestran.

 

Mientras que Luis Almagro señaló que el aspecto político del foro estuvo marcado “por la exclusión de Venezuela, en función de las malas decisiones de ese país en materia de democracia”, el propio presidente de Perú, Martín Vizcarra, en la clausura de la Cumbre, al leer parte del Compromiso de Lima sobre la corrupción, hizo un llamado al Gobierno de Venezuela a que celebre elecciones libres. Y de manera muy especial Mauricio Macri, presidente de Argentina, puso especial énfasis durante su intervención en la Sesión Plenaria de la Cumbre en el complejo caso de Venezuela, mostrando preocupación “por los millones de venezolanos que se han visto obligados a dejar su tierra, y por aquellos que diariamente sufren la carencia de alimentos y servicios sanitarios básicos”, así como al insistir en la necesidad de “redoblar nuestros esfuerzos para que el Gobierno de Venezuela deje de negar la realidad y acepte la colaboración regional y la ayuda internacional que permita superar esta crisis humanitaria que se ha vuelto insostenible”.

 

3. Tuvo la desfachatez de pronunciarse en defensa del criminal Luiz Inacio “Lula” Da Silva, quien se halla tras las rejas condenado a doce años de prisión por delitos de corrupción: “se utiliza la lucha contra la corrupción como un arma  política” (…) “se impide a los electores votar por candidatos con fuerte apoyo popular, como es el caso del Presidente, preso político, Luiz Inacio “Lula” Da Silva cuya libertad demandamos”.

 

4. Al no lograr percibir -o tal vez resistirse a aceptarlo- el cambio radical de la región lo interpreta como un retroceso en el que está la mano de la “dominación imperialista”: “Ahora, el objetivo es restablecer la dominación imperialista, destruir las soberanías nacionales con intervenciones no convencionales, derribar a los gobiernos populares, revertir las conquistas sociales y reinstaurar, a escala continental, el neoliberalismo salvaje”.

 

¿A qué gobiernos populares con soberanías nacionales y a qué conquistas sociales se refirió Bruno Rodríguez? ¿Es que desconoce que el pueblo venezolano se está destruyendo cada día como consecuencia del desastre ocasionado por su dictadura, que es apoyada por el criminal gobierno del cual Bruno Rodríguez es representante? ¿Por qué diariamente miles de venezolanos atraviesan fronteras para instaurarse en territorios colombianos, brasileños y ecuatorianos, además de extenderse a países como Estados Unidos y España, sin que olvidemos el éxodo masivo y continuado de los cubanos por más de medio siglo?

 

5. Se observa además la caducidad de su supuesto mensaje. Ya todos sabemos que los “comunistas” cubanos se quedaron anclados a la antigua usanza de sus hermanos moscovitas sin percatarse que finalizaba un siglo y nacía otro con renovadoras propuestas en las que no solo cambiaban las concepciones en el ámbito social y político, sino que el obsoleto y decadente lenguaje quedó definitivamente atrás. Y esto no solo lo digo yo, sino que el propio Luis Almagro, Secretario General de la OEA, lo percibió al expresar: “Cuba tiene un discurso muy atrasado, especialmente el último de su canciller Bruno Rodríguez. Un discurso del 50”.

 

6. Criticó las campañas promocionales electorales al insistir en que en ellas “se promueve el odio, la división, el egoísmo, la calumnia, el racismo, la xenofobia y la mentira”. Es cierto que en las campañas electorales se promueve el odio, la calumnia y la discriminación, entre otros males, y este fenómeno se da en todas partes del mundo y no como algo limitado al contexto continental, de modo particular en los países de América Latina, en los que en su mayoría las democracias son imperfectas; pero al menos tienen como mérito la posibilidad de participar en campañas electorales con libertad, algo que no ocurre en Cuba, donde sus leyes constitucionales modificadas por el castrismo hacen una prohibición total de las campañas, y donde existe un secretismo total acerca de los posibles candidatos presidenciales, si es que los hubo alguna vez. El reciente proceso “eleccionario” concluido con la designación de Miguel Díaz-Canel como presidente del Consejo de Estado y de Ministros, sin que se conociera acerca de posibles candidaturas, así como esa votación casi unánime de su Asamblea Nacional, constituye un ejemplo en este sentido. 

 

7. Se hunde inconscientemente en las profundidades abismales de la antidemocracia cuando reafirma la idea de un partido único, y lo peor, con el cinismo de asociar al más genuino de los cubanos de verdad con la génesis de dicha organización, la cual no tiene absolutamente ningún vínculo con el Partido Revolucionario Cubano que Martí fundara como fuerza impulsora de la gesta independentista de 1895, el cual no incluyó ningún elemento que permita asociarlo a tendencias socialistas, de las que Martí si conocía con certeza y sabiamente había alertado sobre los peligros de su expansión por el mundo.  

 

Las cubanas y cubanos, especialmente los más jóvenes, estrechamente unidos al Partido de la nación, fundado por Martí y Fidel; junto a Raúl, conmemoraremos firmes, seguros y optimistas la victoria contra la agresión mercenaria de Playa Girón”, fue su ridícula despedida de la cita continental.

 

¿Y a fin de cuentas qué dijo Bruno Rodríguez Parrilla en la Cumbre? ¿Qué propuestas llevó en relación con el polémico y crucial tema de la gobernabilidad democrática frente a la corrupción, que se supone fuera el eje de las intervenciones, y que el representante cubano no tiene ideas claras al respecto, toda vez que considera que “se utiliza la lucha contra la corrupción como un arma política”?

 

Pues no dijo nada nuevo. Al parecer Cuba no tiene nada que negociar, parafraseando a Rodríguez, por lo de que “no negociará nada de sus asuntos internos, ni cederá un milímetro en sus principios”, sino que tampoco tiene ya nada concreto que decir a las naciones de la región, lo que resulta muy lamentable y evidencia la magnitud del anquilosamiento de un régimen prácticamente extinto, aunque luchando por una subsistencia ante el temor a desparecer para siempre en la nada.   

 

Trascendencia de la Cumbre. A modo de Epílogo.      

 

La VIII Cumbre de Las Américas, a pesar de las ausencias de muchos presidentes que delegaron la representación de sus naciones en otros líderes y funcionarios de sus gobiernos, puede considerarse un encuentro que marcó pautas importantes, no solo por el tema tratado, al que ya me referí antes, y el cual constituye un punto de extraordinaria vulnerabilidad en la región; sino porque fue la ocasión de poder demostrar el sentido de unidad de la mayoría de las naciones reunidas -salvo los casos excepcionales de Cuba y Bolivia, y alguna actitud aparentemente neutral ante el silencio de una exigua minoría- en pos de la causa del pueblo venezolano y en contra de su corrupto régimen gobernante encabezado por Nicolás Maduro, excluido de la reunión por decisión de los gobiernos de América.

 

Fue el escenario propicio para que aquellos que aún no habían tenido la oportunidad de poder presenciar la veracidad del fenómeno social cubano pudieran percibirlo mediante el comportamiento aberrante de la comitiva enviada por el régimen de La Habana, cuya actuación no es más que el reflejo de un sistema decadente que está en los umbrales de su total aniquilación, además de estar desmoralizado ante el mundo.

 

Deberá considerarse que los males del continente, principalmente los de América Latina, por ser no solo la parte más extensa de la región, sino donde resulta más patente el fenómeno de la corrupción y las irregularidades de sus democracias, deben ser asumidos desde la perspectiva individual de cada nación y considerando sus particularidades -algo que nuestro José Martí pudo vislumbrar hace ya más de un siglo cuando magistralmente expuso la necesidad de esa unión entre los pueblos latinoamericanos-, sin que esto las conduzca a apartarse de la visión de integración regional como eje medular analizado en el contexto del evento.   

 

Lamentablemente estas concepciones no son comprendidas por muchos que han criticado sobremanera y de modo muy despectivo la realización de la Cumbre. Algunos han sobrepasado los límites de la decencia y el decoro y olvidando -o tal vez nunca lo supieron dado su estado de enajenación- que el más grande de los cubanos nombró a esta gran masa continental “Nuestra América”, lanzaron sus altas dosis venenosas al saber de la cancelación del viaje del presidente de Estados Unidos al encuentro, lo que los llevó a la superficial reflexión de que si Donald Trump no asistió fue por la insignificancia de un evento -hipótesis que no puede ser excluida a pesar de la justificación ofrecida acerca de sus ocupaciones urgentes dada la situación de Siria y los bombardeos norteamericanos por estos días-, cuya realización tuvo para otros mandatarios un trascendental significado, y este fue el caso del argentino Mauricio Macri, quien se refirió al hecho de que “estar acá representa un compromiso con una agenda hemisférica plenamente vigente”, lo que fue ratificado por aquellos capaces de desempeñar su rol como líderes del presente y del futuro de la región.   

 

Por el hecho de que Latinoamérica sea una región extremadamente desigual, y donde lamentablemente la pobreza como consecuencia, entre otros males, de esa corrupción tan tratada en el evento sea un hecho innegable, no les da derecho para referirse de manera tan grosera y despectiva a una región, a la cual, les guste o no pertenecen, aunque  determinaran vivir en el viejo continente, en los Estados Unidos, o donde quiera que estén.

 

Les recuerdo que en estos parajes nacieron destacados intelectuales, algunos de ellos como la poetisa chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura, y que el poeta Rubén Darío iniciaba con sus insólitos versos el movimiento modernista dentro de las letras hispanoamericanas, por solo citar dos casos en el terreno de la literatura; sin  que olvidemos que en la música esta subestimada parte del orbe vio nacer a verdaderos genios como el mexicano Silvestre Revueltas, el cubano García Caturla y el brasileño Heitor Villalobos, a cuyas inconmensurables obras no podrán acercarse jamás Copland y Gershwin que son americanos, pero no latinoamericanos; amén de figuras indispensables en el terreno político como San Martín, Hidalgo, Bolívar, Eloy Alfaro, Simón Rodríguez, y por supuesto nuestro José Martí.

 

Así que invitamos a nuestros lectores, y de modo muy particular a aquellos que bajo la maléfica influencia de ciertas “personalidades” del mundo de la “intelectualidad” asumen actitudes discriminatorias en relación con los pueblos de esta, Nuestra América, de la que tanto hemos de aprender y a la cual pertenecemos, que no olviden jamás su identidad y sean capaces de adentrarse con sensibilidad en el conocimiento de los serios problemas que dañan sobremanera el entorno social de nuestros pueblos.           

 

La experiencia nos enseña que allí donde la democracia se debilita, la corrupción se incrementa; y allí donde la desigualdad no da tregua, la corrupción echa raíces. Nuestra gente merece gobernantes honestos y con vocación de servicio, que trabajen para ayudarlos a vivir mejor y no para beneficiarse a sí mismos: un sistema democrático estable, transparente y que brinde respuestas es una herramienta fundamental contra la corrupción. Necesitamos garantizar que los bienes públicos lleguen a los que más los necesitan a través de procesos institucionales y transparentes, no de redes clientelares o intercambio de favores”, fue uno de los mensajes que de manera muy acertada nos dejó Mauricio Macri en la VIII Cumbre, justo lo que necesitamos para situar el nombre de Nuestra América bien alto.