Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

No se asusten tan pronto: solo es Andrés Manuel López Obrador

 

El domingo 1 de julio del presente año tuvieron lugar las esperadas elecciones mexicanas. Esperadas por varias razones, entre las que, sin duda, sobresale el hecho de que a diferencia del patrón que hasta ahora hemos podido observar en Latinoamérica - salvo las excepciones de Cuba y Venezuela con sus dudosos resultados en los comicios por los motivos que ya he tratado en escritos recientes, entre los que sobresalen la falsedad de sus procesos, la manipulación de votos y resultados, así como las violaciones del orden constitucional, entre otros-, en el caso de México, lamentablemente el candidato de la izquierda se mantuvo como el favorito durante toda la campaña electoral, y como era de esperarse logró el primer lugar en la reciente votación.

 

Pero no solo han sido esperadas por el controversial hecho de que un candidato izquierdista resultara elegido, sino porque en esta ocasión se ha seleccionado además del Jefe de Estado y de Gobierno de México, por única ocasión para un periodo de seis sin posibilidad de reelección, a un total de 128 senadores como miembros de la cámara alta del Congreso de la Unión, lo que significa que 96 sean seleccionados en elecciones por estado, esto es, tres senadores electos de manera directa por cada estado de la República y 32 electos por representación proporcional a partir de una lista nacional por partido. Todos por un periodo de seis años a partir del 1° de agosto del 2018 con posibilidad de reelección por un periodo adicional; así como 500 diputados federales  como miembros de la cámara baja del Congreso de la Unión, de los que 300 serán elegidos por mayoría simple y 200 mediante el principio de representación proporcionada a partir de cinco listas regionales por partido. Estos últimos electos para un periodo de tres años a partir del 1° de agosto del 2018 con la posibilidad de reelección por hasta tres periodos adicionales.

 

De ahí que se afirme de modo reiterado que son las mayores elecciones de México, esto es, por la enorme cantidad de cargos y de movimientos dentro de la esfera política, aspecto puramente cuantitativo, y no por la idea de que sea un candidato de izquierda quien ocupe el poder en lo adelante como ya algunos han empezado a especular con la intención de realzar el aparente logro de Andrés Manuel López Obrador -desde ahora en este escrito AMLO por lo de sus siglas, como comúnmente se le ha estado llamando-, sobre todo aquellos medios y analistas que aun se empeñan en defender a la decadente izquierda latinoamericana.

 

Y me refiero a logro aparente, lugar alcanzado, sitio obtenido o algo similar, excepto triunfo, por cuanto no podemos considerar el lugar obtenido por AMLO como un triunfo  -algo que desarrollaremos en el transcurso de este análisis-, independientemente de ese porcentaje informado una y otra vez hasta el cansancio en las horas siguientes al cierre de los colegios electorales y luego de los primeros resultados publicados según el conteo rápido del Instituto Nacional Electoral, elemento que solo proyecta las tendencias de la votación y que puede darse a las pocas horas de finalizado el proceso*. Según este parámetro AMLO logró entre el 53% y 53,8% de los votos, por delante de Ricardo Anaya (22%-22,8%) y José Antonio Meade (15,7%-16,3%). Esto lo convierte en el primer presidente de la historia reciente de México en recibir más del 50% de los votos. Además de haber contado con una alta participación popular en las urnas con casi 64 % del padrón electoral, quizá la más alta de la historia, junto con la del año 2000.

 

Durante las elecciones 2018 se tenía previsto que finalizara el 7 de julio el proceso de los Cómputos Distritales, los que se obtienen al sumar los resultados contenidos en todas las actas de escrutinio y cómputo de las distintas casillas de un distrito electoral, para que el 8 de julio ya se tuvieran los resultados definitivos de todos los cómputos y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, TEPJF, diera el veredicto final.

 

De acuerdo con las conclusiones del Instituto Nacional Electoral, INE, publicados este domingo, 8 de julio del presente a la 1:16 de la tarde en el sitio FayerWayer, en su sección dedicada a Política y Sociedad, los resultados apenas presentaron variaciones respecto al informe preliminar del conteo rápido. Finalmente AMLO obtuvo el 53.19%, Anaya el 22.27%, Meade el 16.40%, y Bronco el 5.23%.

 

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Fuente: FayerWayer

 

Así las cosas, no nos queda otra opción que admitir que ha sucedido en México lo que se evitó en Colombia recientemente gracias al triunfo definitivo de Iván Duque, el líder de la derecha colombiana, en los recientes comicios de este país suramericano que también se vio amenazado por las garras imperiales del comunismo; aunque por suerte logró salvarse a tiempo de su acecho, temas ya tratados y publicados con anticipación en este medio.

 

López Obrador, el misterio de una popularidad mantenida durante toda la campaña.

 

¿Cómo llegar a comprender la aceptación popular de Andrés Manuel López Obrador por parte del pueblo mexicano cuando se supone que su llegada al poder implique un negativo giro radical para la política y la sociedad mexicana? Solo adentrándonos un poco en algunos aspectos de la situación real de la sociedad mexicana llegaremos a una comprensión del porqué de esa actitud de una parte considerable de la población de esta nación, suficiente como para haberle asegurado el primer puesto a AMLO.

 

1. Pobreza. A pesar de que las personas pobres en el país disminuyeron 3.5% entre el 2014 al 2016, cuando sumaron el 43.6% del total de habitantes, México mantuvo altos índices de pobreza con una cifra de 53 millones 418,151 personas al finalizar el 2016. El 7.6% se encontraba en la categoría de pobreza extrema con un total de 9.4 millones de personas. Estos niveles se han mantenido de manera estacionaria por más de seis años. Asociado a la pobreza se pueden mencionar varios factores como: el rezago educativo, las carencias por acceso a los servicios de salud, a la seguridad social, por calidad y espacios de la vivienda, por acceso a los servicios básicos en la vivienda y por acceso a la alimentación. Los estados que aumentaron el porcentaje de su población en pobreza en este mismo periodo fueron Veracruz, Oaxaca, Tabasco, Chiapas, Campeche y Guerrero. Mientras que Nuevo León, Baja California Sur y Baja California son los estados que mejor se ubican en la disminución de la pobreza a nivel nacional.

 

Los estudios de pobreza del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, CONEVAL,** se hacen según lo establecido por la Ley General de Desarrollo Social, LGDS, es decir, cada dos años para niveles nacional y estatal, mientras que a nivel municipal (para el caso de la CDMX a nivel delegacional) son cada cinco años, de ahí que los datos que presento como ejemplos en este sentido no van más allá del 2016, toda vez que el próximo corte se realizará al finalizar el 2018 con los datos obtenidos del 2017 y 2018. De cualquier modo los índices de pobreza no han experimentado apenas variaciones en los últimos meses, y nos dan la justa medida de que la pobreza y la desigualdad social constituyen un flagelo importante en la nación azteca, lo que implica no solo la condición de pobreza per se, sino su asociación inevitable con la aparición de enfermedades transmisibles, desnutrición, insalubridad, migración, etc., lo que empeora el fenómeno social mexicano.

 

2. Los mexicanos trabajan más y ganan menos. En los hogares de los mexicanos el poder adquisitivo del ingreso laboral se incrementó 8.6% entre 2014 y 2016; sin embargo, éste se redujo 10.6% entre 2005 y 2017. Habría que agregar que el alza inflacionaria reciente, que en 2017 alcanzó 6.77%, ha provocado una disminución en el poder de compra de los hogares de 2.5% en ese año. Y hay que añadir también que la desigualdad en la distribución del ingreso se ha mantenido elevada y no se observan factores económicos, como una mejora en la productividad, que permitan suponer un cambio en esta tendencia, algo que se precisó en el estudio de la Coneval. En México, la mayoría de las empresas son pequeñas e informales y absorben una gran parte del empleo. Durante el periodo 2009 a 2017 se observó una disminución en los empleos informales, que pasó de 60 a 57%, sin embargo, continúa siendo lo que prevalece en el país.

 

El estudio informa que los jóvenes entre 15 y 29 años, son quienes tienen mayores dificultades para insertarse en empleos formales, por lo que en 2017, del total de personas  jóvenes ocupadas, 59.9% se encontraban en empleos informales. El estado de Quintana Roo destacó por ser uno de los que más políticas a favor del empleo han implementado, aunque sigue siendo insuficiente y de manera general en el país es negativo.

 

3. Violencia, homicidios y criminalidad. Con una media mensual de más de 2.000 homicidios dolosos*** México está a solo un paso de superar los 27.199 ocurridos en 2011, el histórico año de elevada violencia en este país. En 2006, año en que los militares se lanzaron a las calles, los índices de asesinatos -homicidios dolosos, el delito más relacionado con el crimen organizado- se incrementaron hasta el pico de 2011, para luego ir disminuyendo en 2014, año en el que paradójicamente se produjeron dos sucesos de gran repercusión nacional: la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la matanza de civiles a manos del ejército en la localidad de Tlatlalya. La cifra acumulada de asesinatos hasta diciembre de 2017 fue de 26.573, el equivalente de 80 muertes por día, algo que se acerca a la de los peores años de la guerra contra el narco. El 2017 fue uno de los más violentos en la historia reciente de México. Regiones que no habían sido problemáticas resultaron destacadas en los índices delictivos. En octubre de 2017 tuvieron lugar  2.764 asesinatos, siendo el mes de mayor incidencia desde que se tienen registros oficiales confiables en esta nación.

 

Los sexenios de los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto suman 234 mil 996 homicidios dolosos hasta octubre de 2017. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI, y el Sistema Nacional de Seguridad Pública, SNSP, Calderón sumó durante su mandato un total de 120 mil 935 homicidios dolosos. Por su parte, Peña Nieto acumula 114 mil 061 asesinatos en lo que va de su administración. De mantenerse la tendencia de homicidios de 2017, que es ya el año más violento de la historia reciente, bastaría solo unos meses del 2018 para que el gobierno de Peña Nieto establezca una nueva marca como el sexenio más violento desde los tiempos de la Revolución Mexicana.

 

De acuerdo con los datos del Uppsala Conflict Data Program, UCPD, un estudio realizado por el Departamento de Investigación sobre Paz y Conflicto de la Universidad de Uppsala, muestran que desde el 2006, año en el que el expresidente Felipe Calderón inició la llamada Guerra contra el narcotráfico, la cantidad de muertes relacionadas con el combate al crimen organizado aumentaron de manera significativa. Según datos del propio programa de dicha universidad, México suma 17.964 muertes desde 1989, considerando la suma del aumento de muertes registrado una década después de la declaratoria de guerra contra los grupos delictivos. Solo en los diez años las muertes ascienden a 17.964 por el conflicto armado entre organizaciones criminales, grupos de autodefensa y el propio gobierno mexicano.

 

El Global Peace Index, el más reciente estudio del Institute for Economics and Peace, IEP, reveló que dicha nación descendió dos lugares ocupando el sitio número 142 del ranking con un nivel bajo de paz, además del último lugar regional, y según Semáforo Delictivo, con el paso de los años los asesinatos se han convertido en una constante del crimen organizado, toda vez que en el 2006, del total de homicidios dolosos registrados en el país, 18% se le atribuía a bandas delictivas, lo que contrasta con los datos de 2017 en que escaló peldaños para alcanzar el 75%.

 

No obstante a que numerosas fuentes señalan a México como la nación más violenta del continente y una de las mayores del mundo, hay estudios referidos a índices de criminalidad en los que Guatemala y El Salvador, dos de los países del Triángulo Norte, ocupan sitios por encima de México, así como Colombia y Venezuela, incluido el más reciente estudio de este tipo publicado por Infobae en el que se afirma que Venezuela es el segundo país más violento de la tierra, solo superado por El Salvador, y no precisamente por México como pudiera creerse.

 

Fuentes como el Institute for Economics and Peace en sus investigaciones sobre la paz mundial correspondientes al final de 2017 señala a Venezuela y Colombia por encima de México en la región, y con los peores puestos en el  ranking mundial, y en el año 2016 la balanza se inclinaba por Venezuela con la posición 119 de los 127 países evaluados, seguido por México en el puesto 118 y Honduras en el 116.

 

De cualquier modo, y aunque existen ciertas diferencias en dependencia de las fuentes consultadas, lo cierto es que estamos ante un fenómeno social muy preocupante y bien difícil de detener, o al menos atenuar, algo que no es imposible. La parte más visible del gran iceberg de la violencia en esta parte del mundo está en relación con el narcotráfico, pero este no es solo el elemento desencadenante. El crimen organizado ha expandido sus fronteras de operación y ha expandido sus actividades criminales en áreas como el tráfico de armas, migrantes, el contrabando, y lo peor, la trata de personas.

 

4. Bajo nivel de escolaridad y analfabetismo. A pesar de los esfuerzos por mejorar el acceso a la educación en México, más de la mitad de la población adulta se quedó en la secundaria básica, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE. En 2016, el 53% de los adultos jóvenes (de 25 a 34 años) en México sólo contaba con educación por debajo de media superior, cifra que aumenta al 63% en el caso de personas entre 25 y 64 años, según el estudio Panorama de la Educación 2017 de la OCDE. El porcentaje de mexicanos que no cursó la educación media superior es mucho mayor a los promedios de los países de la OCDE, que es de 22% para personas de 25 a 64 años y de 16% para personas de 25 a 34 años. Aunque se trata de una gran proporción de mexicanos, la OCDE advierte que sí hay una mejoría sobre las personas que se quedan en la educación secundaria respecto a hace 16 años, aunque de acuerdo a las cifras mostradas la situación sigue siendo alarmante. Solo el 17% de los jóvenes de entre 25 a 64 años de edad en México había cursado la educación superior en el 2016, lo que se mantuvo casi de manera estacionaria durante el 2017, con solo variaciones mínimas decimales.

 

Esto repercute en la vida laboral y en el aspecto económico de los mexicanos, por cuanto los adultos con título de educación terciaria ganan un 56% más en promedio que aquellos con educación secundaria y tienen 10% más probabilidades de ser empleados, según los estudios de la OCDE. Pero no solo influye en este aspecto, sino que el bajo nivel de escolaridad incide en la salud mental, toda vez que es menos probable que sufran de depresión que sus similares con menor nivel educativo. Aquellos con un nivel menor a la educación media superior ganan en promedio 22% menos que los que la concluyeron.

 

De acuerdo con datos del Módulo de Condiciones Socioeconómicas, el porcentaje de personas que no sabe leer ni escribir es de 10.9% entre la población en condición de pobreza, y es mucho mayor en aquellos en pobreza extrema (23.5%). Entre la población con alguna discapacidad, el analfabetismo es de 22.6%. Así, es evidente que el analfabetismo no afecta por igual a toda la población mexicana, sino que está marcadamente presente en aquellas poblaciones en condiciones de vulnerabilidad y, aunque ha disminuido a lo largo de los años, sigue siendo de una magnitud importante. El bajo nivel educacional está en relación directa con la pobreza. Un país es rico solo cuando tiene educación, y cuando esta es verdadera, y no desde la apariencia de cifras.

 

Esencialmente las multitudes respaldan a AMLO, independientemente de la decepción respecto a otros representantes y partidos, por carecer de la percepción elemental acerca de lo que han hecho, por ser grandes sectores poblacionales que de manera tradicional han estado apoyando -muchas veces sin saber en sí lo que apoyan, defienden y proclaman- lo que han creído que pueda solucionar sus males, sus conflictos y sus problemas con un mínimo de esfuerzo que no sea el de plasmar una firma, una huella, o un signo. Esto es  justamente lo que aprovechan aquellos que de manera inescrupulosa han estado jugando con los sentimientos de las masas menos letradas, a los que se les manipula con facilidad mediante promesas que una vez en el poder olvidan, y con actos anunciados que jamás llegan a concretarse.

 

En el caso de México hay muchos elementos en torno al absurdo comportamiento de sus ciudadanos con el apoyo mayoritario a AMLO. En una nación cuyos índices de pobreza, desigualdad, delincuencia, violencia, corrupción, drogadicción, entre otros males, caracterizan el panorama social, es de esperarse cualquier tipo de reacción por muy absurda que parezca, y esta respuesta mayoritaria a un líder de la izquierda, a pesar del descrédito generalizado en que han caído de manera general en la región, es una prueba concreta de esto.

 

Pero de todos los males de la nación azteca el peor de todos es el bajo nivel educacional en el que viven inmersos millones de seres a los que los términos izquierdismo, derechismo, socialismo, democracia, progresismo, neoliberalismo, globalización, etc., no son sino conceptos al extremo distantes y ajenos. A pesar de que el índice de analfabetismo en el país ha disminuido en las últimas décadas, no deja de ser un flagelo, y aunque el promedio nacional es de 6,31% para los hombres y de 8,89% para las mujeres, en muchos estados como Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, las estadísticas están muy por encima de la media nacional al oscilar entre un 15% y 20%.

 

Los líderes socialistas han encontrado a través de los años un excelente caldo de cultivo para la proliferación de la descabellada idea socialista entre aquellos que no solo son  desposeídos, marginados, rechazados o proscritos, sino carentes de instrucción que solo pueden sobrevivir inmersos en su subculturización y su pobreza, y no se me malinterprete esta última opinión. No sería justo que se me incluyera entre aquellos que actualmente defienden la desastrosa oleada discriminatoria que se extiende por doquier. No obstante, es necesaria la descripción de lo que considero un fenómeno de carácter social para llegar a comprender, al menos de modo incipiente, esa respuesta efusiva de más del 50% de la población mexicana al respaldar a un líder izquierdista.

 

De modo que lo primero es poder pensar, o sea tener la capacidad de hacerlo; luego habrá que pensar bien, esto es, tener la posibilidad de discernir entre lo bueno y lo malo, lo perecedero y lo inmortal, entre otras tantas cosas entre las que se encuentra la agudeza para distinguir entre aquellos que engañan con utópicas promesas y los que dan muestras de sinceridad y actuaciones correctas. Pero esto último ha estado demasiado ausente entre los líderes mexicanos, independientemente de su posición política. toda vez que en décadas no se ha resuelto ninguno de los graves flagelos comentados antes, y que han convertido a la nación mexicana en un paradigma de desigualdad social dentro de la región. De ahí la decepción de los mexicanos por todo lo que tenga que ver con la política nacional, amén del desconocimiento generalizado del acontecer internacional, y esto ha contribuido también a esa inexplicable predilección por un líder defensor de una tendencia que para las multitudes solo resulta una idea demasiado confusa como para tomar partido con firmeza.

 

Cuando la subsistencia es prioritaria lo importante es comer, vestirse y calzarse; pero también se acude al alcohol hasta hacerlo parte inseparable de sus vidas; y además a drogarse para permanecer enajenados de sus penas. Para aquellos que viven inmersos en ese tipo de vida, da igual quien gobierne, que partido represente, y qué repercusión futura pudiera tener en sus tristes vidas, algo muy común en una nación bien necesitada de salir adelante.

 

La pobreza y la subculturización no dan cabida a la capacidad de análisis que permita distinguir lo que un sistema social y político pueda ofrecerles o quitarles. Para las multitudes basta unas pocas palabras efusivas -en lo que los populistas son verdaderos expertos- con las consabidas promesas que luego quedan en la agenda, independientemente de que sean pronunciadas por alguien de la derecha, por un comunista o por un líder y reformador religioso. Siempre ha sido así a través de la historia, y el México del siglo XXI no es una excepción.  

 

Ya se decepcionarán los mismos que hasta ahora lo han apoyado incondicionalmente cuando lo prometido jamás se cumpla y cuando se apodere de todos los bienes del pueblo mexicano a pesar de su campaña anticorrupción y de sus discursos con propuestas proteccionistas a los pobres.

 

Lo predijo Karl Marx y lo fundamentó en su obra El Manifiesto Comunista desde la segunda mitad del siglo diecinueve con sus experiencias proletarias -a pesar de que jamás estuvo entre ellos, sino como bien diría José Martí, anduvo en la sombra-, y luego en Latinoamérica los dictadores Fidel Castro en el siglo XX y Hugo Chávez en el siglo XXI se encargaron de promocionar siempre mediante el engaño y la manipulación de los menos letrados y desposeídos.

 

A estos aspectos hemos de añadir la repercusión que ha ejercido el alto grado de corrupción que ha tenido el país durante décadas, así como la decepción de los mexicanos respecto a varios de los gobiernos, cuyos líderes jamás han logrado sacar al pueblo mexicano de su precaria situación.

 

El descontento y la decepción con el sistema actual han podido más que cualquier otro aspecto. López Obrador deberá concretar cómo acabar con la corrupción más allá de la honestidad que teóricamente pretende promocionar, lo que supone la realización de una definición precisa de un plan bien diseñado para reducir los niveles de violencia que son la carta de presentación de México.

 

Ahora México no solo ha elegido un nuevo presidente, sino también la instauración del Partido MORENA, el partido que representa AMLO, que gobernará también la Ciudad de México y obtuvo el poder en varias gobernaciones. Hace18 años el país decidió poner fin a la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional, PRI, después de 70 años; ahora exige una transición, un cambio de régimen tras dos décadas de alternancia entre los partidos tradicionales, esto es, el Partido Acción Nacional, PAN, -entre 2000 y 2012-  partido político laico, autodenominado de ideología humanista, afín a las ideas liberales, tomistas y de la democracia cristiana, de postura de centro, aunque los analistas actualmente han preferido ubicarlos como de derecha; así como el Partido de la Revolución Democrática, PRD, cuya ideología es de izquierda, y con un historial que los situó encabezando coaliciones en el segundo puesto en las elecciones de 2006 y de 2012.

 

Ahora México ha dado en las urnas la espalda al legado de Enrique Peña Nieto, encarnado en José Antonio Meade, y ha rechazado también el cambio que proponía Ricardo Anaya. Al mal resultado de Meade se suma, a falta de resultados concretos, la más que previsible pérdida de poder a nivel local, lo que obliga al partido que está en el imaginario de todos los mexicanos desde hace décadas a iniciar una inesperada trayectoria. La apuesta por Meade, un tecnócrata con amplia trayectoria en el Gobierno con el que Peña Nieto pretendía contener el desgaste de su administración y del partido, resultó un fracaso. Además, las fracturas internas incidieron para que tuviera lugar una campaña condenada al fracaso desde el inicio. El final del sexenio plagado de violencia y corrupción, junto a los resultados de esta elección, complican sobremanera la imagen del actual presidente, hasta ahora en aparente armonía con AMLO, quien ha referido una etapa de transición mesurada y sin contratiempos.

 

Esta panorámica general de algunos aspectos en torno a la vida social mexicana pudiera parecer un tanto extensa y aparentemente desligada del tema eje de nuestro comentario; pero lejos de esto, pretende insistir en el porqué de ese inexplicable comportamiento del pueblo mexicano que se aparta del patrón regional actual en relación con la decepción de los regímenes izquierdistas y la aceptación y resurgir de una derecha que específicamente en América Latina no será perfecta, pero al menos no conduce a sus pueblos al totalitarismo mediante la represión y las violaciones de los derechos ciudadanos mínimos.

Y es justamente esta trilogía integrada por la decepción de los mexicanos, el alto grado de corrupción de sus gobiernos y el bajo nivel educacional, lo que determinó la inserción de AMLO en la sociedad mexicana con esos aires de triunfo a partir de promesas y de proclamación de reformas, algo que acaba de reafirmar tras conocerse los resultados del escrutinio preliminar que lo proclama presidente de México. 

 

AMLO y sus primeras declaraciones públicas luego de obtener el primer lugar. Desde la imprecisión hasta la ambigüedad 

 

AMLO se presentó ante miles de personas en la madrugada del lunes 2 de julio para pronunciar su primer discurso como presidente electo y prometió un cambio de rumbo en la vida pública de México; pero el nuevo presidente insistió en los graves flagelos de la violencia, la desigualdad y la corrupción: "Vamos a desterrar la corrupción de nuestro país. La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia. Es la principal causa de desigualdad social y económica. En consecuencia, erradicarla será la principal misión del nuevo gobierno" (…) "Bajo ninguna circunstancia el próximo presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad. Sea quien sea será castigado, incluido compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares".

 

Y esto es correcto, solo que no tenemos la certeza de que el “Mesías” mexicano cumpla a cabalidad su promesa, algo que no solo percibo yo desde la distancia, o como diría Martí, desde la sombra, sino en coincidencia con el analista Miguel Reyes, quien acaba de afirmar que “las acciones que tome el presidente electo una vez que llegue al poder definirán el destino del país durante los próximos 6 años. Solo queda esperar que las promesas que tiene pensadas cumplir este candidato lleguen a la altura de las necesidades del país”.

 

Por el momento prefiero permanecer sin adelantarme a los hechos, por cuanto no creo que la historia de Lenín Moreno pueda repetirse con facilidad por aquello de su genial campaña anticorrupción que ha llevado a varios ministros y otros dirigentes de su gobierno y del de Rafael Correa, incluido el propio vicepresidente del país, a fuertes condenas tras las rejas y lo peor, a su descrédito moral, amén de su sinceridad demostrada hasta el presente durante su primer año de mandato a pesar de proceder del Partido Alianza PAIS de línea izquierdista, aunque por suerte supo apartarse definitivamente y a tiempo de semejante organismo.

 

La influencia de sus camaradas socialistas es un hecho innegable. Recordemos los casos puntuales de Lula da Silva, actualmente en prisión, Cristina Fernández, con varias condenas y en espera de su sentencia definitiva, Dilma Rousseff, la destituida expresidenta brasileña, y el más reciente, Rafael Correa, obligado a comparecer periódicamente ante la justicia hasta tanto se esclarezca su definitiva participación en el secuestro e intento de asesinato del legislador opositor Fernando Balda y ante su incumplimiento ahora con una orden de captura por la Interpol para que cumpla prisión preventiva; todos representantes de la izquierda latinoamericana y promotores del llamado Socialismo del siglo XXI.

 

Pero como ya he afirmado antes, su discurso populista capaz de conquistar el corazón de los desposeídos -siguiendo los pasos de aquel que en 1961 declaró en La Habana el carácter socialista de su revolución, y por quien siente gran admiración- incluyó todo aquello que las masas necesitan una y otra vez: "Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados; en especial, a los pueblos indígenas de México. Por el bien de todos, primero los pobres", con lo que se aproxima a los dictadores Fidel Castro, a quien ha definido como un luchador social que le dio la verdadera independencia a Cuba y lo ha exaltado hasta situarlo junto a Nelson Mandela, y Hugo Chávez, el excéntrico desaparecido presidente venezolano que entonaba cantos y exaltaba a San Miguel Arcángel en medio de sus discursos, quienes enamoraron a los humildes y olvidados para luego convertirlos en miserables y delincuentes.

 

AMLO está actuando de manera muy protocolar -este solo es el comienzo- al tratar de estar bien lo mismo con los pobres e iletrados que con los empresarios y la clase media. En su primera intervención hizo un llamado a la reconciliación de todos los mexicanos y al mismo tiempo trató de ofrecer cierta quietud a los inversores y al sector empresarial. La vieja estrategia que sirvió a los socialistas latinoamericanos como estandarte en países como Argentina, Brasil, Chile y Ecuador, es puesta en práctica ahora en México, aunque AMLO sabe perfectamente que su contexto no es el mismo y que el descrédito de la tendencia socialista latinoamericana es un hecho innegable en la historia continental.  

 

No estoy ofreciendo un criterio sobre AMLO por el hecho de que admire al dictador  cubano Fidel Castro, o por simpatizar y defender ciertos criterios y conceptos que comúnmente se asocian con la izquierda. Esto no solo es absurdo, sino ridículo, y los criterios se han de establecer basándonos en elementos objetivos sustentables y no en meras especulaciones amarillistas. No suelo repetir lo que otros ya dan como un hecho, aunque con frecuencia resulte incomprendido o malinterpretado.

 

Mi criterio está fundamentado en su discurso -ahora este término como estilo, como elemento distintivo de su accionar, esto es, en su sentido más amplio- eminentemente populista que de manera inteligente supo explotar al máximo no solo en los momentos de clímax de su sucia campaña, sino de manera previa cuando aun parecía una utopía que el socialismo pudiera implantarse en tierras aztecas, algo que no necesariamente se pudiera concretar como acto, por cuanto, como creen aquellos de quienes aprendemos: “la estructura institucional de México no es tan frágil como las de Venezuela o Cuba, para que pueda romperse fácilmente por la simple voluntad de AMLO”, algo que no había percibido totalmente quien escribe este extenso comentario, o como expresó recientemente otro analista: “sin un buen poder judicial AMLO no podrá reformar México”, refiriéndose a las propuestas económicas y ante todo a sus pretensiones respecto a combatir la violencia, la pobreza, la corrupción y la impunidad.  

 

AMLO ha ganado las elecciones, lo que no significa un triunfo sino una derrota. Una derrota para el pueblo mexicano que a mediano plazo verá sobredimensionados sus ya elevados índices de delincuencia y criminalidad, su crucial problema de corrupción, el gran mal de América Latina, con un historial preciso en el continente, y como es de suponer la represión y las violaciones de los derechos ciudadanos mínimos -tan sui generis de los regímenes totalitarios- no se harán esperar toda vez que se podrán instaurar inmediatamente en México siguiendo los pasos de Venezuela y Cuba.

 

Por ahora a esperar para comprobar si las propuestas que AMLO pretende llevar a cabo entre los mexicanos se logran concretar como acto o si es que permanecerán como simples utopías que solo utilizó para conquistar los corazones de sus seguidores.

 

No podemos predecir si AMLO solo teorizará sobre el asunto de que no perjudicará la privatización, o si será cierta o no su idea de que no construirá una dictadura. El hecho de que en una reciente entrevista afirmara que no estaba a favor de los autoritarismos en ningún lado -se supone que se refiriera a tendencias de derecha y de izquierda-, así como su pronunciamiento a favor de la libertad de los prisioneros políticos venezolanos, no nos hace descartar la posibilidad del inmediato establecimiento de un sistema dictatorial como el de Cuba o Venezuela. Por ahora AMLO ha afirmado que su gobierno no actuará de “forma arbitraria, ni habrá confiscaciones o expropiación de bienes” (…) “Habrá libertad empresarial; libertad de expresión, de asociación y de creencias; se garantizarán todas las libertades individuales y sociales, así como los derechos ciudadanos y políticos consagrados en nuestra Constitución”.

 

Pero en AMLO se percibe una ambigüedad que nos hace sospechar que en el fondo nos esconde algo que en algún momento podrá aparecer  de manera sorpresiva. El mismo hombre que admira al Che Guevara y a Fidel Castro pretende lograr una aproximación fraternal con el gobierno estadounidense, justamente ahora cuando las relaciones entre ambos países atraviesan por uno de los peores momentos de su historia: “Con el gobierno de Estados Unidos buscaremos una relación de amistad y cooperación para el desarrollo desde el respeto mutuo y la defensa de nuestros migrantes que trabajan honradamente en ese país”.

 

De cualquier modo México será gobernado por un socialista, lo que presupone una amenaza no solo para la nación, sino para la región. Si AMLO fuera inteligente asumiría una actitud neutral en lo adelante. Sabemos que las ideas preestablecidas y arraigadas sobremanera en la mente del hombre resultan muy difíciles de ser modificadas; pero también es lógico que todo el que ambiciona el poder y lo logra quiera mantenerlo, y AMLO debe saber que para mantenerlo no es conveniente que le tienda la mano a los raros y exiguos remanentes comunistas aferrados a no desaparecer en el contexto latinoamericano.

 

Por el contrario, un acercamiento al poderoso vecino garantizará cierta estabilidad social y política que a mediano plazo pudiera atenuar un tanto el grave conflicto migratorio que ha desatado la crisis de las relaciones entre ambas naciones. Todo es posible, y si hace solo unos meses parecía imposible que el presidente de Estados Unidos y el dictador de Corea del Norte, Donald Trump y Kim Jong-un respectivamente, pudieran darse las manos en un fraterno encuentro, devenido en cumbre entre ambas naciones, por qué no un futuro encuentro entre el primero y AMLO en su condición de Jefe de Estado y de Gobierno de México, algo que resultaría beneficioso no solo para los mexicanos, sino para la imagen del presidente estadounidense un tanto dañada a partir de la polémica situación en torno al fenómeno migratorio centroamericano, y de manera particular de México.

 

Estamos en el siglo XXI, y si se ha logrado avanzar en el tema de la desnuclearización de la península coreana, el problema migratorio y las desavenencias entre México y Estados Unidos deberán solucionarse también. No son tiempos de enfrentamientos y confrontaciones, sino de aproximaciones y comprensiones en pos del beneficio de la humanidad. La conversación telefónica que ha tenido el presidente estadounidense Donald Trump solo dos días después de haber sido electo AMLO es una muestra de esa necesaria ruptura de barreras. “Tuvimos una gran conversación, como de una media hora de duración, hablamos sobre seguridad fronteriza, hablamos sobre comercio, hablamos sobre el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y sobre un acuerdo por separado, solo entre México y Estados Unidos” (…) “Creo que la relación será muy buena. Veremos lo que ocurre, pero realmente creo que será muy buena”, dijo Donald Trump en declaraciones a la prensa en la Casa Blanca.

 

México en el centro de la atención internacional.

 

México se aparta del patrón que hasta ahora hemos estado observando en la región con el triunfo de los representantes de Paraguay, Costa Rica y Colombia, los que sabrán conducir a sus respectivas naciones por un camino distante de toda aproximación a la tendencia izquierdista que tan de moda estuvo en la región hace solo unos pocos años.

 

Por ahora México tendrá un protagonismo regional entre otras razones por:

 

1. El hecho de que por primera vez un presidente de la línea izquierdista gana unas elecciones en México. Lo del establecimiento de un régimen comunista propiamente dicho está por ver. Anticiparse demasiado con aseveraciones forzadas basadas solo en la imagen y el historial de AMLO es especular demasiado a la ligera. Esperemos los primeros meses de su desempeño y retomemos el tema con elementos basados en hechos concretos. 

 

2. Una tensa situación política y social con el gobierno de Estados Unidos, dada fundamentalmente por la actitud del presidente Donald Trump en relación con la política migratoria centroamericana, y de manera muy particular por su postura respecto a los mexicanos, lo que pudiera revertirse o al menos atenuarse, algo que sostengo no solo porque lo he analizado, sino que me apoyo en la propia actitud del presidente Donald Trump, quien espera un buen intercambio con el nuevo presidente electo, y de igual modo AMLO aseguró que se aproximará al gobierno norteamericano. Sus recientes declaraciones en relación con la invitación que hará a Donald Trump a su toma de posesión, prevista para diciembre, constituye una prueba en este sentido, y algo que de manera anticipada nos da la medida de las pretensiones de AMLO.

 

3. La posibilidad de estrechar lazos con Cuba y Venezuela -Nicaragua y Bolivia no cuentan para nada- muy mal vistas no solo en la región sino en el mundo, lo que representaría para México un estado de aislamiento similar al de Venezuela, y no creo que López Obrador cometa la insensatez de aproximarse demasiado al remanente de los Castro ni a lo heredado por Nicolás Maduro desde los duros tiempos del auge del chavismo venezolano. Si bien AMLO ha eludido la respuesta precisa en relación a su concepto de Raúl Castro y Nicolás Maduro como dictadores, al propio tiempo se ha pronunciado contra los prisioneros políticos de Venezuela y contra el autoritarismo, aunque sin especificar a quienes se ha referido, justificándose con la tradicionalista fórmula de la no injerencia en asuntos internos de otros países.

 

4. La medición de la capacidad de AMLO para poder sacar a una nación emblemática si de desigualdad, pobreza, delincuencia, corrupción, entre otros males, se trata. Lo no logrado en décadas, como es lógico no podrá solucionarse en unos meses, suponiendo que en realidad el nuevo presidente asuma su rol de acuerdo con sus promesas. Esta será una de las mayores debilidades de su mandato, toda vez que nos encontramos ante una enorme nación con 123 millones de habitantes según datos del 2017, de los que alrededor de 54 millones viven en la pobreza, y de estos 20 millones son niños pobres, con lo que se establece un círculo que no termina, por cuanto la pobreza genera migraciones masivas, subculturización, enfermedades, etc.

 

Así las cosas, lo ocurrido en México era de esperar. Ya me había anticipado en los escritos sobre las elecciones en América Latina publicados por Cubanálisis hace unos meses. Estaré siguiendo muy de cerca el acontecer de la nación mexicana. Ojalá que los electores que han confiado en AMLO no tengan que arrepentirse por una mala praxis del nuevo presidente. Esto está por ver, el comienzo de un extenso proceso no es precisamente el mejor momento para hacer valoraciones.

 

 Por ahora AMLO se salió con la suya, y con esa rara mezcla de aproximaciones a Trump y admiraciones por los Castro asume el control de una nación necesitada de todo menos de un presidente con irresponsables y demagógicas visiones socialistas. 

 

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* Dicha estimación es una muestra grande de las casillas, cuyo margen de error es mínimo. El Conteo Rápido se realiza con el fin de de dar certidumbre, confianza y transparencia en el proceso electoral, de acuerdo con el Instituto Nacional Electoral.

 

** Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, CONEVAL Conforme a lo dispuesto en el Artículo 36 de la Ley General de Desarrollo Social  Ley General de Desarrollo Social, el CONEVAL debe establecer los lineamientos y los criterios para realizar la definición, la identificación y la medición de la pobreza en México, tomando en consideración al menos los siguientes indicadores: Ingreso corriente per cápita; Rezago educativo promedio en el hogar; Acceso a los servicios de salud; Acceso a la seguridad social; Calidad y espacios de la vivienda; Acceso a los servicios básicos en la vivienda; Acceso a la alimentación; Grado de cohesión social.

 

*** Constituye un subtipo de homicidio en el cual el criminal lleva a cabo una acción a sabiendas de que con ello puede provocar la muerte de personas, y asume ese posible resultado a pesar de que la acción tenga otra finalidad. El criminal busca intencionadamente el resultado de muerte de la víctima.