Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

Miguel Díaz-Canel, un hombre detenido en el tiempo ( i )

 

Al escuchar o leer a Miguel Díaz-Canel, el actual presidente cubano no elegido, nos logramos trasladar a un pasado relativamente reciente en el cual se utilizaba un lenguaje que logró definir el argot de los comunistas cubanos de los años setenta y ochenta.

 

La influencia del socialismo de los antiguos soviets, los “hermanos” inseparables del régimen cubano en sus andanzas y aventuras “progresistas”, se hacía notar sobremanera, y aquella nación caribeña que apenas tenía acceso a otras fuentes, exceptuando lo poco que llegaba del llamado campo socialista, tuvo que adaptarse a un nuevo lenguaje en el que no faltaban los términos abnegación, fervor revolucionario, sacrificio, integralidad, compañerismo, internacionalismo proletario, rezagos del pasado, rasgos pequeño-burgueses, etc., amén del inseparable calificativo de compañero en forzada sustitución de señor.   

 

Se mezclaba así una jerga procedente de la terminología y las conceptualizaciones del marxismo-leninismo, la única forma oficial de filosofía en Cuba a partir de la declaración del carácter socialista de la revolución cubana por el dictador Fidel Castro, con una nueva manera de decir las cosas a la usanza castrista, lo cual creó un estilo que, entre jerigonzas, eufemismos, consignas y frases descontextualizadas, llegó a ser prácticamente ininteligible para gran parte del mundo hispanoparlante.   

 

Los tiempos han cambiado. La llegada de un nuevo siglo nos sorprendió de repente sin ser conscientes del significado trascendental que un acontecimiento como este tiene para aquellos que, cuales seres elegidos, tuvimos la dicha de pasar por la experiencia de pertenecer a dos siglos.

 

La era de la informatización y de la comunicación sin límites requería también de un nuevo lenguaje. Ahora escuchamos decir cibernautas, tuitazos, ciberespacio, viral, virtual y otra serie de términos en función del dinamismo que exige la rapidez del momento, y nos guste o no, se adapte o no a nuestros patrones tradicionales, hemos de aceptarlo para no quedarnos atrás en esta pragmática etapa donde las ciencias comunicacionales y de la informática adquieren un merecido protagonismo.   

 

Sin embargo, algunos se han quedado atrapados en el tradicionalismo de los antiguos soviets y entre los achaques de la “generación histórica”. En este sentido se destaca el actual gobernante cubano, quien al parecer se ha quedado detenido en el tiempo - independientemente del uso que está haciendo de las redes sociales mediante su cuenta de Twitter, devenida en instrumento contribuyente al adoctrinamiento forzado de los cubanos-, lo que resulta patente de manera muy particular cuando hace uso de la palabra, y como todos saben, los dirigentes de Cuba, si algo hacen en exceso es un uso ilimitado de la palabra siguiendo los patrones establecidos por aquel a quien siguen considerando su inspiración, y que por suerte para el mundo se despojó de sus vestiduras carnales hace ya casi tres años, aunque pretendan mantener su “pensamiento” como algo viviente y acudan constantemente a sus acostumbrados disparates y a sus delirantes ideas.

 

La más reciente intervención de Miguel Díaz-Canel durante la clausura del III período ordinario de sesiones de la IX legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (¡que exceso de palabrería rimbombante!) constituye un ejemplo de lo que acabo de afirmar, esto es, de haberse quedado detenido en el tiempo sin ser consciente de su excesiva aprehensión a un pasado que dejó de ser realidad hace ya algún tiempo. 

 

Peca por empeñarse demasiado en querer ser continuidad -por aquello de su slogan “somos Cuba, somos continuidad”-, y este es su principal error, del cual derivan múltiples sesgos e incoherencias que le ridiculizan sobremanera. Pero el gobernante designado no está preparado para los cambios que exigen estos nuevos tiempos de informatización y excesivo pragmatismo, y también de nuevos bríos de liberalidad en el pensamiento de los hombres, esto es, romper con las ataduras de un pasado para mantenerse en un eterno presente como diría el místico hindú Jiddu Krishnamurti. 

 

Díaz-Canel comienza diciendo que el Parlamento no solo elaboró y aprobó tres nuevas leyes (Ley Electoral, Ley de Símbolos Nacionales y Ley de Pesca), sino que ha evaluado “en qué se avanza y en qué no y cuánto es posible y necesario hacer para solucionar nuestros principales problemas”.

 

Lo relativo al posible avance de las cosas en Cuba y cuanto es posible hacer para solucionar los graves problemas de la isla es imposible que se pudiera debatir a  profundidad en solo una reunión de este tipo. Además, la cuestión aquí no es debatir, sino hacer para solucionar la terrible crisis económica y social que parte de la existencia de un modelo económico ineficaz, y esto se sabe de antemano; pero declararlo constituye un pecado capital dentro de las altas esferas de la jerarquía encargada de preservar lo insostenible.

 

De ahí que se necesiten sendas jornadas para poder encausar lo que durante seis décadas se ha estado degradando, y lo que llegó a un punto crucial que no admite reparos, revisiones y rectificaciones, sino acciones concretas que conduzcan a cambios sustanciales, algo para lo que Miguel Díaz-Canel no está preparado, toda vez que, como afirmé en un escrito publicado en este propio medio recién iniciado su mandato, este no es el hombre capaz de provocar el giro trascendental que la nación cubana necesita con urgencia.

 

No obstante, el presidente cubano hizo referencia a ciertos “avances”, entre los que señaló el crecimiento del Producto Interno Bruto del 2,2%, lo que resultó superior al 1,2% que se dio como estimado en el mes de diciembre de 2018; aunque también precisó que según estimaciones el crecimiento promedio de la economía en un 3,3%, inferior al 3,7% proyectado en diciembre del pasado año, lo que ocasionó ciertas incertidumbres entre los economistas oficialistas de la isla, y que Díaz-Canel ha reconocido.

 

No obstante, omitió todo lo que se ha dejado de hacer y que pudiera hacerse en materia de derechos humanos, algo en lo que no se ha avanzado en lo más mínimo en Cuba, y que, contrariamente a lo que muchos esperaban, durante su gobierno, si bien no se han notificado penas de muerte por causas políticas como en el sangriento desgobierno de Fidel Castro, concretamente se ha incrementado de manera notable la represión.

 

Las redadas dominicales contra las Damas de Blanco, los asedios y persecuciones a los integrantes de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), las detenciones arbitrarias a líderes de movimientos opositores, activistas y reporteros independientes, entre otras  tantas violaciones, constituyen ejemplos concretos de cuanto no se ha hecho en materia de derechos humanos en Cuba, lo que omite el presidente cuando se refiere a “en qué se avanza y en qué no”, y que como debe saber un presidente, no puede quedar limitado a los aspectos de tipo económico. 

 

Como sería interminable este análisis si me detengo a señalar todo lo que no se ha avanzado y todo lo que no se ha hecho en estos duros años de represiones, limitaciones, carencias y violaciones, me limitaré a citar solo algunos ejemplos más en este sentido.

 

Téngase presente el control estricto que se ejerce sobre el pensamiento y la libertad de expresión de todos los cubanos, en lo que, aunque parezca increíble, se invierten millonarias cifras para asegurar la vigilancia de cada movimiento de todos y cada uno de los ciudadanos del país. Entre integrantes del Ministerio del Interior (MININT), miembros de la Seguridad del Estado, agentes encubiertos, informantes voluntarios, activistas de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), miembros de Brigadas de Acción Rápida, etc. se conforma un verdadero ejército al que se le deben pagar sus honorarios por la labor realizada en pos de la “defensa” de la “revolución”.

 

Por otra parte, y como otro ejemplo que ilustra cuanto no se ha hecho o cuánto debe hacerse, la libertad de creación artística, ya sea literaria, pictórica, escultórica, musical, etc., está siendo bloqueada constantemente. Recordemos la citada frase del viejo comandante “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada” (Consúltese el escrito: La UNEAC, su congreso y los papelazos de Díaz-Canel, publicado en Cubanálisis en su edición del 8 de julio del presente año). Esta represión, aunque parezca mucho más sutil si se compara con las fuertes agresiones físicas a las Damas de Blanco, es mucho más trascendental, por cuanto tiene un efecto más duradero el privar a grandes sectores poblacionales de una obra artística que pueda transmitir una enseñanza que varios casos aislados de asedio político.

 

También prefirió omitir el hecho de que en Cuba no exista pluralidad de partidos, al menos de manera oficial, lo cual demuestra la inconsistencia de una supuesta democracia, que se dijo en los tiempos de Fidel Castro que era la mayor democracia del mundo. Elemento que, como todos saben, constituye uno de los talones aquilianos más vulnerables al exponer la situación de los derechos humanos en la isla.

 

¿Identificación de “asuntos apremiantes” por parte de las comisiones de la Asamblea? Tareas que deben ser y que no deben ser del presidente. La generación histórica: ¿una vez más? 

 

Luego continua explicando que se han difundido en los medios de difusión oficialistas los debates de las comisiones, en cuyos resúmenes, según el, “se aprecia una clara identificación de los asuntos más apremiantes”. Ahora nos corresponde cuestionarnos: ¿qué son los asuntos más apremiantes?  ¿Experimentarán en carne propia los miembros del Parlamento, y de manera general los dirigentes cubanos, los verdaderos asuntos apremiantes de la población cubana, esto es, de los cubanos “de a pie”?

 

Una cosa es conocer la existencia de las grandes carencias materiales, las enormes frustraciones de todo tipo, las insatisfacciones, etc., y otra bien diferente es pasar por la terrible experiencia de la carencia, la frustración y la insatisfacción, y la cúpula servil castrista lo conoce teóricamente, sin duda, pero no ha pasado por la experiencia, por cuanto viven a expensas de lo que extraen de la nación cubana cada día y de lo que se apropian a partir de las prebendas y privilegios que obtienen a cambio de una sumisión y lealtad enfermiza.    

 

De cualquier modo, y como ya expresé antes, no es suficiente con identificar los asuntos más apremiantes, sino actuar en pos de solucionar dichos asuntos, algo que, como todos saben, jamás ocurre toda vez que se quedan engavetados para nuevos debates y futuros procesos de rectificaciones de errores cometidos en etapas precedentes, y así, cual vicioso círculo ad infinitum.  

 

Entonces el discurso experimenta un giro ante la inesperada idea acerca de lo que corresponde o no a un presidente. El mandatario afirmó:

 

También conozco la preocupación sincera de quienes consideran que nos exigimos demasiado o que todo el mérito está en nuestra acción personal, que nos ocupamos, incluso, de tareas que no son de un Presidente”.

 

A un presidente le corresponde todo; pero de ese todo un buen presidente deberá distinguir entre lo que es realmente esencial y lo que es menos esencial, y sin restar importancia a lo segundo deberá asumir directamente lo clasificado como esencial y delegar en otros a su cargo y bajo su mando lo no incluido en la primera categoría. Para esto, se supone, cuente con un gabinete de trabajo conformado por ministros y asesores en los que depositó su confianza. Pero ya lo he dicho antes, esto debe hacerlo un buen presidente, amén de que he insistido en la idea de que “se supone”. De ahí que le veamos aparecer en un acto sin importancia de la inauguración de cualquier obra social de tercera categoría, que metiendo la cuchareta en los “debates” de los anquilosados camajanes de la UNEAC.

 

Si Miguel Díaz-Canel no se desprende -y hasta ahora no ha sido capaz de demostrar poder hacerlo- de las ataduras de los obsoletos cánones castristas, de manera particular de los de Fidel Castro, en breve lo veremos haciendo disertaciones sobre clarias, moringas, chocolatines, proteína vegetal y ollas arroceras; y esto, sin duda, no le corresponde a un presidente, al menos a un presidente digno, que se supone debe estar ocupado en cosas mayores que por su trascendencia pudieran ser definitorias para reorientar el destino de un país que yace inmerso en la miseria y la total destrucción.

 

Si sigue empeñado en esa continuidad llevará al país a situaciones más allá del límite toda vez que ya Cuba está al límite, y las condiciones de vida de  supervivencia del pueblo (los de a pie, como se les dice ahora) no pueden ir más allá de lo que se ha  llegado. Aún así el presidente designado pide unión, camaradería, hace un llamado a la decencia; pero también sigue exigiendo sacrificios y abnegaciones, según la usanza fidelista de los noventa, cuando muchos pensamos que desapareceríamos de la faz de la tierra a partir de una autoaniquilación colectiva inducida.

 

Basta de hacer evocaciones carentes de sentido encaminadas a resaltar las “proezas” de los mandatarios anteriores:

 

Me pregunto qué tarea puede no ser del Presidente en una nación como Cuba, en una Revolución como la nuestra, cuando nos preceden los ejemplos de Fidel y de Raúl (…) En nuestro caso, ya lo he dicho más de una vez, no solo trabajamos bajo la guía y con el acompañamiento del General de Ejército y de la generación histórica, también creemos profundamente en la obra colectiva.  Y nuestro Consejo de Ministros está actuando, en general, con la intensidad y la urgencia que nos dicta la vida, a partir del intercambio constante con el pueblo, con el oído pegado a la tierra, que nos exige Raúl (…) De la generación histórica, de Fidel y de Raúl aprendimos a desechar el lamento inútil y a concentrarnos en buscar salidas, a convertir los desafíos en oportunidades y los reveses en victoria”.

 

Y es precisamente por querer ser una absurda continuidad de los dictadores Fidel Castro y Raúl Castro que el actual mandatario cubano mantiene a su tren descarrilado y sin posibilidades de reinsertarlo en las vías correctas. Muchas veces me he cuestionado acerca de su capacidad para poder discernir respecto a lo que considera como el legado de la generación histórica, esa que encabezaba Fidel Castro, y de la que ya solo apenas queda una exigua minoría que a modo de símbolo mantienen una estática imagen de lo que en algún momento fue la llamada revolución cubana.

 

¿Se trata acaso de un servilismo desmedido que le impide ver la caducidad de una generación carente de sentido a la que se le sigue dando una forzada sobrevaloración contextual? ¿O es que carece el presidente cubano de esa capacidad, a la que me referí antes, como para distinguir entre lo real y lo imaginativo, lo genuino y lo irreal atribuible e impuesto a la fuerza, o lo demostrable en el orden práctico y lo absurdo indefinible que se dispersa entre la palabrería comunista y los errores conceptuales?

 

Resulta bien difícil poder precisar en sí de qué se trata, aunque en mi personal percepción creo que se entrelazan ambas cosas. Recordemos que estamos en presencia de un hombre que, independientemente de su posible inteligencia, toda vez que fue graduado como ingeniero y que ocupó cargos de dirección dentro del Ministerio de Educación Superior, fue adoctrinado bajo los efectos hipnotizantes del régimen comunista cubano. Resulta pues un ser dentro de la categoría de hombre-nuevo, esa robótica criatura difundida por el Che Guevara que para los efectos del sistema debe perder su capacidad de reflexionar en grande, esto es, un tanto más allá de la mente concreta elemental hasta dejarlos carentes de todo posible esplendor del quinto de los principios humanos, es decir, de la mente. 

 

Esto les hace aceptar todo lo que procede de sus líderes, a quienes llegan a ver como semidioses homéricos, como cosas ideales dignas de cumplirse a cabalidad. De ahí que el mandatario asuma con la mayor naturalidad del mundo la idea de que el General de Ejército -como le llama Díaz-Canel- le exija andar “con el oído pegado a la tierra”. Al fin de cuentas: ¿qué más da? Se trata de la “orientación” de alguien que pertenece a esa generación histórica que tanto admira y de la que repite sin cesar que es continuidad, de ahí que precise también que “trabajamos bajo la guía y con el acompañamiento del General de Ejército y de la generación histórica”.

 

Esto no es más que una reafirmación pública de que todo su accionar está siendo supervisado por el octogenario militar expresidente, quien ocupa el “honorable” cargo de Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), el único admitido de manera oficial en la isla; pero esto lo asume como algo tan normal que parece no darse cuenta que como presidente no es más que una marioneta del líder partidista, a quien le debe una obediencia, cual estricta y absoluta sumisión por sucesión clerical.

 

Ya se sabe que existe una fuerza superior a todo, o sea, al Parlamento, al Gobierno, al Estado, etc., y esa fuerza que a veces da la impresión que procede del más allá, no es más que el Partido Comunista de Cuba; al menos así consta en la nueva Constitución de la República de Cuba, cuyos estatutos no resultan aplicables para cumplirse por dicha fuerza, por cuanto, está por encima de todas las cosas, así de sencillo. 

 

Pero por si fuera poco, Miguel Díaz-Canel refuerza la idea de su hipotética continuidad y su aferración a la generación histórica con su concepto de que aprendió de ellos, de modo particular de Fidel y Raúl (solo los menciona por sus nombres), “a desechar el lamento inútil y a concentrarnos en buscar salidas, a convertir los desafíos en oportunidades y los reveses en victoria.”

 

Entiéndase, aunque resulte difícil de comprender y aceptar, por lamentos inútiles, a aquellas reclamaciones, protestas, interrogantes, súplicas, etc. que hace el pueblo cubano ante sus constantes carencias materiales, las que más golpean a los cubanos comunes, los desposeídos, los sectores más empobrecidos y afectados por las severas restricciones de todo tipo a que son sometidos. Esto significa, en otras palabras, que al pueblo no se le escucha o no se le hace caso alguno; al fin, y según le han enseñado sus líderes históricos, es inútil tal lamentación y mejor se concentran en “convertir los desafíos en oportunidades”.

 

Es por esta estrafalaria idea del lamento inútil que jamás son escuchados los opositores al régimen, a los que se les continúa reprimiendo cada día por sus acciones encaminadas a reclamar y exigir sus derechos como ciudadanos de un país que perdió sus libertades mínimas. De igual modo queda incluido dentro de esta categoría de lamentos inútiles el derecho a expresarse con libertad, a organizar marchas, mítines, concentraciones, o cualquier otro tipo de evento dentro de la llamada lucha pacífica.  

 

Aquí surge otra interrogante. ¿A qué victorias se refiere el presidente? ¿Pretenderá, una vez más, hacerles creer que la salud, la educación, el deporte, el turismo, etc., gozan de buena salud en el actual contexto sociopolítico de Cuba? ¿O es que seguirá la línea fidelista de “victorias de ideas” ante la serie secuencial de fracasos de todo tipo?

 

Recordemos que para el viejo comandante no había posibilidad de derrota, y si bien no se autoproclamó invencible, sino que de esto se encargaron sus serviles adoradores, siempre mostró esa arrogante actitud de triunfos -que por desgracia se lo traspasó como por capacidad de ósmosis o difusión a cientos de cubanos adoctrinados-. Para el dictador Fidel Castro las múltiples derrotas durante su desgobierno de casi 50 años eran en sí “victorias” de ideas. Su enfermiza obsesión por justificar la derrota del asalto al Cuartel Moncada lo condujo a un onírico delirio a través de la manipulación del pensamiento de las masas. Para esto se apoderó de la expresión: victoria o triunfo de las ideas, lo que recuerda la célebre frase martiana de “trincheras de ideas valen mas que trincheras de piedra”, aunque en realidad no tienen que ver en su esencia a pesar de que continuamente se acuda al Apóstol de la nación cubana para intentar legitimar cualquier absurdo que aparezca en la escena. De hecho, Díaz-Canel en esta intervención lo cita y lo asume para reafirmar su hipótesis de la continuidad.

 

En medio de esta adoración a sus inspiradores “seres celestiales”, que cual arquetipos semidivinos, son asumidos constantemente como modelos a imitar en su desenvolvimiento como mandatario, Díaz-Canel fue capaz de llamar “escuela” al engendro heredado de la dinastía de los Castro, y expresa con la mayor naturalidad del mundo que se apoya en dicha escuela castrista (como si se tratara de una nueva escuela, corriente de pensamiento o movimiento intelectual o filosófico) para promover el análisis integral y crítico de lo que “anda mal o no anda”.

 

Tal vez por optar por esta anticuada postura de asunción de las ideas de lo que cree que pueda ser una “escuela” es que las cosas siguen de mal a peor, o sencillamente y como dijo: no andan; pero sigue empecinado en hacerse creer, y hacer creer a los demás, que “la experiencia histórica de la Revolución es un libro insustituible de lecciones”.    

 

Bloqueo interno del castrismo Vs. Recrudecimiento del bloqueo del “imperialismo”. Las “revoluciones” de Cuba, Venezuela y Nicaragua como eje del mal en la región.

 

Y ahora otra inesperada frase sorprende al auditorio parlamentario. El presidente se refiere al bloqueo interno. En este sentido afirmó:

 

En esa escuela nos inspiramos hoy para promover el análisis integral y crítico de lo que anda mal o no anda, para quebrar el bloqueo interno y para pedirles a todos una actitud proactiva, inteligente, comprometida y colectiva, todo lo cual se ha expresado en esta sesión de la Asamblea”.

 

Lo que se pudiera asumir como un ejemplo de cierta liberalidad dentro del discurso -esta vez sí fue un discurso y no una simple alocución, aunque esté lleno de incoherencias e inconsistencias, además de parecer ridículo en casi su totalidad-; aunque nada más distante de toda posibilidad de liberalismo en su torpe y anquilosado pensamiento.

 

Se refiere al bloqueo interno -ya lo había hecho un mes antes durante la clausura del congreso de economistas en La Habana, donde introduce el término para involucrar a los múltiples obstáculos del propio país y de sus dirigentes- porque no le queda de otra, toda vez que la idea es de manejo público para referirse a las múltiples trabas y enormes obstáculos a expensas de la burocracia, la mala gestión, el dogmatismo acérrimo, la incomprensión y el esquematismo de los encargados de administrar y dirigir la nación cubana. No obstante, dejó a un lado toda posible explicación a la utilización de dicha frase y arremetió contra el imperialismo y le ofreció una supremacía al llamado bloqueo impuesto por el gobierno estadounidense. En este sentido expresó:

 

Juntos, nos consagramos hoy a buscar soluciones que nos permitan enfrentar la compleja situación económica en que nos ha sumido el recrudecimiento del bloqueo, la persecución financiera, la política criminal de la actual administración estadounidense, que en su regreso a la Doctrina Monroe persiste en el enfermizo empeño por borrar del mapa lo que ellos agresivamente catalogan  como “eje del mal”, o sea, la Revolución Bolivariana, la Sandinista y la Cubana”.

 

No se trata de ser agresivos al decir que el eje del mal en América Latina, en el hemisferio occidental, y de manera general para todo el mundo, es la existencia de los regímenes de izquierda de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Omitió a Bolivia como generalmente sucede dada la intrascendencia del gobierno de Evo Morales, y de lo poco que aporta a la inestabilidad regional si se le compara sobre todo con los casos de Cuba y Venezuela.

 

Como se necesitaría de un estudio de este tipo solamente dedicado al tema de la repercusión de los regímenes totalitarios de dichos países, algo que de una u otra manera he abordado en este propio medio, me limitaré a hacer referencia a unos pocos ejemplos que demuestran la perversidad de los desgobiernos de estas naciones, de manera particular el de Venezuela, muy de moda por estos días a partir de las denuncias realizadas por la ONU, sin dejar a un lado al de Nicaragua, cuyo 40 aniversario de sandinismo festejan por estos días. 

 

Nada más concreto que el reciente contundente informe expuesto por Michelle Bachelet, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), documento imprescindible de inestimable valor en estos duros tiempos en que el pueblo venezolano yace hundido en la peor crisis sociopolítica de su historia.  

 

De acuerdo con el Informe de Michelle Bachelet, los servicios de inteligencia han sido responsables de detenciones arbitrarias, maltratos y tortura de los opositores políticos y de sus familiares. Señaló en su extenso informe una "paulatina militarización de las instituciones del Estado durante la última década", lo que ha sido determinante para el incremento de la represión mediante la agresión directa a los opositores.


En su introducción precisa que “la población venezolana está afrontando muy diversas e interrelacionadas violaciones de sus derechos económicos y sociales”. En sus 18 páginas denunció de modo detallado las atrocidades del régimen de Nicolás Maduro insistiendo en las violaciones a los prisioneros políticos. Según el documento: 

“Tanto a fuerzas civiles como militares se les atribuye la responsabilidad de detenciones arbitrarias, malos tratos y torturas a críticos del Gobierno y a sus familiares, violencia sexual y de género perpetrada durante los períodos de detención y las visitas, y uso excesivo de la fuerza durante las manifestaciones (…) La proporción de presuntas ejecuciones extrajudiciales cometidas por las fuerzas de seguridad, en particular por las Fuerzas Especiales (FAES), en el contexto de las operaciones policiales ha sido sorprendentemente elevada”.
 
El informe también describe abusos sistemáticos por parte de los servicios de seguridad e inteligencia hacia personas detenidas por motivos políticos. En la mayoría de estos casos, se sometió a hombres y mujeres a una o más formas de tortura, como la aplicación de corriente eléctrica, asfixia con bolsas de plástico, simulacros de ahogamiento, palizas y violencia sexual. A las mujeres las arrastraban por el pelo y las amenazaban de violación.


Las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), que los testigos describen como “escuadrones de la muerte”, asesinaron a 5287 personas en 2018 y a otras 1569 para mediados de mayo, como parte de las Operaciones de Liberación del Pueblo, según los informes de los investigadores de las Naciones Unidas.


Sin embargo, el presidente designado de Cuba, como si desconociera la realidad de la difícil situación del pueblo venezolano, fue capaz de aliarse a la maldad del régimen de Nicolás Maduro al dedicar unas palabras de su más reciente intervención a solidarizarse con lo que considera la causa venezolana:

 

Reitero, una vez más, la firme solidaridad y apoyo de Cuba a la Revolución Bolivariana y chavista, a la unión-cívico militar de su pueblo, al Gobierno constitucional encabezado por el presidente Nicolás Maduro Moros y al esfuerzo de ese noble pueblo en defensa de su soberanía y en rechazo de la injerencia extranjera”.

 

Y esto es una de las mayores inconsistencias de su discurso, por cierto, al parecer redactado por él y no por encargo como era evidente en las breves intervenciones de Raúl Castro y en las últimas presentaciones públicas de Fidel Castro. Es inconcebible que a estas alturas, cuando el mundo entero se solidariza con la verdadera causa del pueblo venezolano, y cuando el ignorante mandatario de la nación es rechazado por casi la totalidad de la comunidad internacional, el presidente de Cuba se aparezca con  semejantes ridiculeces al identificarse sobremanera con el régimen de Nicolás Maduro.

 

Por otra parte, Nicaragua está celebrando sus 40 años de sandinismo en medio de una crítica situación y una encrucijada que no parece tener solución. Tras los sangrientos sucesos de abril del 2018, el régimen de Daniel Ortega ha quedado aislado tanto en el terreno nacional como internacional. La presencia de unos pocos líderes de solo tres países, Venezuela, Bolivia, y como es de suponer Cuba, en los festejos por la presencia del sandinismo así lo demuestran.

 

Según las recientes declaraciones a El Mundo de Dora María Téllez Arguello, la legendaria Comandante Dos, quien lideró la toma de León por los sandinistas, luego fue ministra de Salud y más tarde fundaría el MRS (Movimiento Renovador Sandinista):

 

"Las dictaduras parecen fuertes hasta que se desmoronan. La de Ortega está derrotada, ha colapsado, cree que gana tiempo pero lo está perdiendo, no gobierna, no maneja la economía, no puede rehabilitar el país, no tiene credibilidad, no es sostenible por la fuerza de las armas y de la policía".

 

Mientras que la periodista Lucydalia Baca afirmó al mismo sitio:

 

"La imagen que evoca el triunfo de la revolución es de muerte, destrucción y exilio, de un país destruido y muy polarizado. En los primeros años recuerdo a personas felices pero eran más las que lloraban a sus muertos y luego a los exiliados".

 

Concluyo esta primera parte de lo que parece ser un análisis exegético de la limitada y anticuada retórica canelista con un señalamiento idiomático. Le recuerdo al presidente de Cuba que la Real Academia de la Lengua Española ha dicho de una vez y por todas que no es necesario hacer distinciones exageradas entre ellos y ellas, esto es, que no debe referirse a compañeras y compañeros, como lo ha hecho de manera reiterada en su intervención.

 

De esto pecan demasiado los líderes populistas de Latinoamérica que se empeñan en decir diputados y diputadas, elegidos y elegidas, amigos y amigas, ministros y ministras, o cualquier otro disparate que no hace más que demostrar su incultura y limitados recursos expresivos verbales. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, vigente en el presente, como documento constituye un ejemplo de estas burradas “comunistoides”; pero así andamos.

 

El tiempo dirá la palabra definitiva y la deberá decir bien.

 

Por ahora basta de compañeras y compañeros, y de acudir a la obsoleta retórica evocativa de los considerados líderes de la generación histórica. Estamos en el siglo XXI y se requiere nuevos bríos en la oratoria de cualquier presidente o líder de estos tiempos, lo que debe reconsiderar el presidente cubano.

 

(continuará)