Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

Latinoamérica 2017: retroceso del “socialismo del siglo XXI”

 

El 2017 ha sido un año definitorio para que muchas naciones de América Latina lograran encaminar de una forma diferente su política, y por lo tanto sus economías y múltiples aspectos en el orden social. Ya lo había establecido Platón algunos siglos antes de la era cristiana cuando expresó en su extraordinaria obra La República: “Mientras no reinen los filósofos en las ciudades, a los ahora llamados reyes y soberanos que no se entreguen verdadera y completamente a la filosofía, no habrá tregua para las ciudades ni tampoco a mi parecer, para los hombres”. Lo que no quiere decir que los gobernantes latinoamericanos inmersos en el dominante pragmatismo de estos duros tiempos se estén dedicando a la filosofía; pero al menos, sí podemos observar en algunos de los líderes de la región sus intenciones de sacar adelante a sus respectivas naciones, algo que intentan hacer dando muestras de una inteligencia que, aunque no necesariamente estén entregados al arte de la especulación y de escudriñar en los vericuetos del por qué de la existencia del hombre, de sus vicisitudes, de sus inquietudes y sus sinsabores, como pretendía Platón, si desde una perspectiva renovadora, aunque imperfecta, y sin alcanzar las expectativas de multitudes inmersas en la pobreza y el desamparo esperando acciones cuasi milagrosas de sus mandatarios.

 

Latinoamérica se estremece y se va alejando, por suerte para sus naciones, de lo que parecía podría propagarse, cual maligna plaga, hasta por sus más recónditos parajes. El llamado Socialismo del siglo XXI se imponía como una moda, y como moda al fin, le ha tocado desaparecer; aunque su debilitamiento no signifique el fin de su existencia, y lamentablemente no todas las naciones lograron que sus mandatarios interiorizaran que ya su tiempo pasó y nuevas tendencias políticas, o no tan nuevas, pero si con nuevos bríos, deberán abrirse paso como consecuencia necesaria de un devenir histórico indetenible que, por ley, se ha de instaurar para restituir el orden y el sentido democrático.

 

Dentro de los países que han permanecido anquilosados como resultado de las ataduras que sus mandatarios han mantenido respecto a una izquierda que ya no es tan izquierda, o a un socialismo que conceptualmente, y también en el orden práctico, dejó de serlo, se encuentran además de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, Cuba, la pequeña nación en la que prevalece la dictadura más añeja del hemisferio occidental.

 

Cuba continúa detenida en el tiempo y sin cambios significativos en su acontecer político

 

En Cuba no pasa nada; aunque muchos cubanos en los últimos tiempos se han creído el centro del mundo, y de cualquier asunto insignificante arman un verdadero show que solo resulta motivo de interés para algunos en Miami -los verdaderos exiliados, los que de verdad fueron saqueados por el régimen o tuvieron participación trascendental contra el sistema de los Castro, se ocupan de cosas mayores dejando a un lado las trivialidades que constituyen el centro de las últimas generaciones refugiadas en el sur de Florida- o a unos pocos sin criterio propio a los que pueda motivarles aún, desde la isla, cualquier amarillismo barato.

 

Y no se me mal interprete, aunque a estas alturas da igual, mi tono no es despectivo; pero siendo sinceros y en honor -algo que tanto ha faltado en los últimos tiempos- a la verdad, es necesario cambiar la perspectiva de una vida inmersa en la superficialidad y la enajenación para, a cambio, asumir con seriedad y profundidad aquello que verdaderamente debe ser motivo de preocupaciones dado su carácter trascendental.

 

Ya se sabe que las Damas de Blanco son perseguidas cada domingo, que se impide que  líderes opositores salgan del país a sus reuniones y encuentros, que se violan los derechos humanos cada día, que existe un secretismo total por parte del gobierno en relación a la sucesión de Raúl Castro, que la economía ha colapsado, entre otros tantos temas que desde hace décadas se repiten sin cesar sin cambio alguno, y que la comunidad internacional los conoce perfectamente y los organismos e instituciones que se supone deben preocuparse por las alteraciones del orden constitucional, los derechos humanos, etc., dirigen su mirada mucho más hacia naciones como Venezuela, dejando a un lado a Cuba, el país que ha soportado durante casi sesenta años los estragos del régimen comunista, y que reprimiendo brutalmente ha logrado sobrevivir aislado del resto del mundo.

 

De Cuba hay concretamente muy poco que resulte novedoso. Volver a insistir en los efectos de ataques sónicos sin elementos suficientes que permitan sustentar cualquier hipótesis resulta estéril; en lo personal no me interesan los lujos y el despilfarro de la familia Castro, y jamás caeré en similar tipo de amarillismo -ya otros se ocupan de estos temas de los que hacen un verdadero espectáculo-; decir una vez más que Díaz-Canel es el candidato que mejor o peor pudiera mantener un continuismo político en Cuba es pura especulación dado el secretismo sin igual con que se manejan los asuntos de esta índole en la isla, amén de que surgen candidatos por doquier que van desde el insípido Bruno Rodríguez Parrilla hasta el eterno rival de Raúl Castro, el ya también anciano, Ramiro Valdés -uno de los mayores disparates de estos tiempos-.

 

De cualquier modo, pudiéramos sintetizar brevemente lo más significativo en el acontecer político de la nación caribeña en unos pocos puntos:

 

1. Unas simuladas elecciones de barrio -créanme que no se qué término utilizar, por cuanto jamás llegué a comprender el sistema eleccionario de Cuba- con una disminución marcada del número de participantes y un boicot desmedido hacia ciertos sectores de la oposición que pretendieron tener participación como candidatos. Ya se sabe del carácter antidemocrático de la metodología implementada a partir de lo ideado por el llamado líder histórico de la revolución cuando se le ocurrió modificar constituciones y autoproclamarse presidente de los consejos de estado y de ministros. Cuba ocupa el último lugar de América Latina en cuanto a calidad de la democracia se refiere, con un puntaje de 3.52, y el puesto 127º a escala mundial, con lo que se ubica en la categoría de regímenes totalitarios en los que el pluralismo político está ausente y fuertemente cercado, y cuyas elecciones, de haberlas, no son libres ni justas, lo que retrata perfectamente a Cuba en este sentido. No es necesario explicar, una vez más, que en Cuba no hay elecciones sino un espectacular simulacro para hacerles creer a las masas ignorantes que están ejerciendo su voto y que están participando en lo que de manera tan irónica, y a la vez ridícula, han denominado democracia participativa.

  

2. El conocido caso de los llamados ataques sónicos o acústicos, algo que el régimen de La Habana, como era de esperar, se ocupó de negar y argumentó mediante la convocatoria de sus expertos a programas televisivos con lo que hacían la contrapartida a los reportes y fundamentaciones que desde Estados Unidos se ofrecían a pesar de la ambigüedad de las propuestas de esta parte .algo que fuera utilizado como debilidad por la dictadura cubana en su defensa-. De cualquier modo, el silencio de las últimas semanas no ha resultado conveniente y las especulaciones han disminuido hasta que en breve, de no haber informaciones nuevas, surjan otros asuntos novedosos y se ponga punto final a las controversiales secuelas de un intencional bullicio, que al parecer dañó a varios miembros del personal diplomático. El resultado final hasta el momento ya se conoce: la retirada de la mayor parte del personal de la embajada americana en La Habana con el cese casi definitivo de sus funciones más elementales y el recrudecimiento de unas insípidas relaciones que jamás llegaron a cuajar.

 

3. La sorpresiva prolongación por menos de dos meses del mandato de Raúl Castro, cuya insólita justificación ha sido motivo de mayores comentarios que la propia prolongación. A fin de cuentas, el hermano estuvo casi cuarenta y nueve años en el poder y no pasó nada, por lo que menos de dos meses no pueden tener ningún significado para un pueblo cuyos habitantes dejaron de tener criterio propio en su gran mayoría, y por lo tanto, repetirán sin saber lo que dicen acerca de que el viejo general hace una pequeña prórroga debido a los efectos de un huracán; en cambio, otros no tienen idea acerca del fin de mandatos, de inicio de nuevos períodos, o de delimitaciones entre gobierno y estado, o cualquier otra ambigüedad propia del sistema. La condición de estática mental inducida por la dictadura los ha llevado inevitablemente a estos inexplicables estados de apatía política y de resignación desmedida.

 

4. Los supuestos “crecimientos discretos” de su devastada economía ya se sabe que son irreales, y que año tras año se reiteran a modo de esotérico mantra, aunque ya sin el efecto que se supone pueda tener el poder de la palabra. El pueblo cubano está convencido que nada cambiará, que las carencias serán iguales o peores, y que el anciano general pedirá mayores esfuerzos para seguir adelante en medio de victorias imaginarias y de éxitos surrealistas - mal de familia heredado del delirante hermano que por fortuna partiera definitivamente de este mundo hace poco más de un año. 

 

5. La celebración del aniversario decimotercero del ALBA con la imprevista participación de Nicolás Maduro, algo que, como es lógico, no le interesa a nadie, excepto al eterno antiimperialista Evo Morales y al propio ignorante de Maduro, quienes no cuentan para nada, y no perciben que el ambicioso proyecto impulsado por Fidel Castro y Chávez es tan solo una fantasmal sombra carente de valor en estos tiempos.

 

6. Las visitas de ciertos mandatarios de cuarta categoría de la región caribeña y otros del continente africano muy poco aportan en relación con el acontecer de la política internacional; aunque desde La Habana anuncian con vítores el paso insignificante de cualquier mandatario de estos lares.

  

7. Tal vez las relaciones económicas que se fortalecen con Rusia mediante las reafirmaciones de los lazos fraternos con el presidente Vladimir Putin pudieran traer efectos de alivio por una parte, al menos a la dictadura cubana, aunque también entorpecer aun más los ya rotos vínculos con Estados Unidos, dada la cambiante actitud de Donald Trump respecto a sus nexos con Rusia, y de manera particular con Putin. De cualquier modo, lo menos que pretendo es especular, por lo que habría que esperar hacia el fin del próximo año para ver si Putin, el hombre que se pronunció hace muy pocos días contra el comunismo de su propia patria, se arrepiente de haber estrechado lazos con el corrupto régimen de La Habana, o si definitivamente vuelve todo a ser como en los viejos tiempos en que reinaron los bolcheviques.

         

Venezuela. Reafirmación y consolidación de una dictadura, y agudización de su gran crisis económica

 

Afirmo sin temor a equivocarme que no ha habido otra nación de Latinoamérica en este año que concluye que haya experimentado mayor sufrimiento, desesperación, incertidumbre, desesperanza y frustración que Venezuela, lo que le ofrece un protagonismo dentro del contexto latinoamericano que ya había logrado alcanzar durante 2016, otro año de penurias, violaciones de derechos humanos, represión y frustraciones que alcanzaron niveles inusitados durante estos últimos meses.

  

El país suramericano, que atesora una de las más extraordinarias reservas petroleras del mundo, ha sido fuertemente golpeado por los embates de un régimen dictatorial impuesto en 1999 por el ya fallecido mandatario Hugo Chávez, que se extendió hasta su muerte en 2013, aunque garantizó su continuismo político a través de la figura de Nicolás Maduro, quien ha llevado a la nación a la ruina a través de una desbocada corrupción, toda vez que recogió el engendro de su predecesor, lo que unido a los fallos en su política de gobierno y al aislamiento en que ha quedado dentro del contexto regional, han hecho de la patria de Bolívar un verdadero caos sociopolítico, amén de que en el orden económico descendiera a peldaños abismales comparables a los países más atrasados del continente.

 

Detenerme en todos los acontecimientos que marcaron el presente venezolano sería prolongar demasiado este escrito que pretende no limitarse a este país, sino abordar los puntos esenciales en relación con la política latinoamericana en este año que concluye, por lo que me limitaré a ciertos aspectos que marcaron de manera trascendental el acontecer de la devastada nación.

 

Numerosas protestas paralizaron gran parte del país y alcanzaron su clímax, no solo en la capital, sino en sitios como Miranda, Carabobo y Lara, entre otros, terminaron con la muerte de más de un centenar de personas, la mayoría jóvenes, y con miles de heridos y detenidos, debido a una despiadada represión por parte de las fuerzas policiales chavistas desplegadas por todo el país. Finalmente las acciones demostraron el estado de inconformidad de la población venezolana y la valentía de un pueblo que, a pesar de la violenta represión, se enfrentó a lo que consideraron una acción impositiva.

 

La llamada Asamblea Constituyente, el instrumento utilizado por Maduro con el cual eliminaba los últimos vestigios del poder democrático, se imponía, y lo peor, se daba a conocer ante el mundo como una muestra de aprobación popular. Los poderes que quedaban en manos de la Asamblea Nacional y del Tribunal Supremo pasarían automáticamente a la nueva modalidad que con premeditación y alevosía -según algunos analistas y comentaristas en coordinación y bajo supervisión estricta de las autoridades del régimen comunista de La Habana- se alzaría para quedarse, en detrimento de los poderes constitucionales de la nación.

 

El régimen chavista-madurista atraviesa por el peor momento de su oscura y tenebrosa historia.  El contundente rechazo de la comunidad internacional, de manera particular, la decisión de diecisiete países de América Latina y el Caribe, cuyos cancilleres reunidos en Lima, Perú, reafirmaron que en Venezuela no hay una democracia, y por lo tanto, desconocen todos los actos jurídicos que realice la Asamblea Nacional Constituyente, entre ellos, aquellos contratos de Venezuela no aprobados por la Asamblea Nacional, así lo demuestran. El hecho de que los gobiernos democráticos de estos diecisiete países de Latinoamérica y el Caribe se nieguen a aceptar aquello que han interpretado como ilegítimo, nos da la medida del estado de aislamiento en que ha quedado Venezuela, lo que la hace desaparecer del contexto de la región junto a sus pocos aliados de la izquierda continental, entre los que solo se encuentran Cuba, Bolivia y Nicaragua.

 

Durante este año que culmina Nicolás Maduro ha recibido las más fuertes críticas de numerosos presidentes, líderes y figuras, no solo del campo de la política, sino de artistas e intelectuales de todas partes mundo. De manera particular varios presidentes latinoamericanos se pronunciaron contra la política de Maduro, destacándose en este sentido las fuertes acusaciones de Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, y otros que de un modo más sutil prefirieron ser conservadores al retomar la inteligente y diplomática idea de la no intromisión en los asuntos internos de los países; pero no por eso dejaron de reconocer la preocupante y difícil situación de este país.

 

En este último caso se ha destacado Lenín Moreno, el presidente de Ecuador, quien se ha referido en más de una ocasión a los muertos y a la cantidad de prisioneros políticos.   “Los pueblos siempre encuentran sus caminos, dejemos de intervenir en las soluciones de otros países". (…) "Es evidente que hay demasiados presos políticos, muertos, más de cien ya son bastantes". De igual forma en entrevista reciente afirmó: “Pero siempre estaremos prestos a dar nuestro contingente para que el diálogo que entiendo se ha iniciado sea fructífero. Hay instancias a las cuales uno debe acudir y expresar su opinión. Nosotros hemos manifestado que sí estamos preocupados por el número de muertos que ha habido, muy preocupados por el número de presos seguramente políticos. Pero siempre apelamos a que las partes puedan dialogar y resolver las controversias al interno”.

 

Así las cosas, Venezuela culmina este año con una enorme inflación que sobrepasa ya 1.300%, lo que demuestra que casi se ha triplicado en menos de un año, toda vez que al finalizar el 2016 el nivel de inflación era de 500%, la más alta del mundo; el 82% de los hogares vive en pobreza, un 52% de la población vive en condiciones extremas, lo que convierte a este país en el más pobre de América Latina. Los estudios demuestran además que el 75% de los encuestados refirió pérdida de peso no controlado, o sea, perdió peso sin querer, en un promedio de 8 kilos y medio, lo que llegó a ser de más de 9 kilogramos entre los más pobres. Se publicó además que 9,6 millones de venezolanos come dos o menos comidas al día con la frecuente ausencia de proteínas en sus platos. (Estas últimas cifras según encuesta sobre Condiciones de vida en Venezuela, realizada a 6500 familias por las principales universidades del país este año, y difundida por INFOBAE).

 

Estas alarmantes cifras influyeron de manera decisiva para que en América Latina la pobreza se incrementara durante el 2016 y alcanzara índices tan elevados como el 30,7% de su población, lo que lejos de tener mejoría durante el 2017 ha experimentado cierto retroceso, de nuevo a expensas de Venezuela, según reportes de la CEPAL. Esta tasa supone que 186 millones de latinoamericanos son pobres, un aumento frente al 28,5% (168 millones) de 2014. En tanto, la pobreza extrema alcanzó en 2016 el 10% de la población, equivalente a 61 millones de personas, un deterioro frente a los 48 millones (8,2%) anterior, siendo el grupo más vulnerable los niños entre 0 y 14 años, los que representan 46,7% del total de los pobres y 17% de los pobres extremos.

 

Pocas horas antes que el mundo de la cristiandad celebrara la navidad la Asamblea Nacional Constituyente, el antidemocrático medio represor venezolano, anunció la propuesta de liberación de más de ochenta prisioneros políticos. La Comisión para la Verdad, la Paz y la Tranquilidad Pública de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela (ANC) ha recomendado la excarcelación de los opositores arrestados durante las violentas protestas de 2014 y 2017 en respuesta a las nuevas manifestaciones que asume la oposición de la patria de Bolívar por estos días, gesto que no es sino un paliativo que podrá atenuar, en cierta medida, la tensa situación política del país; pero no devolverá jamás la vida de los cientos de asesinados durante las recientes protestas populares masivas que tuvieron lugar durante varios meses del año que culmina.

 

La abogada de DD. HH. Lilia Camejo, quien es al mismo tiempo directora ejecutiva de la ONG Justicia Venezolana, afirmó que tras la liberación de los presos políticos en Venezuela hay que reconocer que las conversaciones en República Dominicana "han surtido parcialmente su efecto". Además, agregó que “el gobierno parcialmente ha cumplido liberando a estas personas” (…) “el gobierno ha perseguido a la disidencia política incriminándola en delitos comunes” (…) “Obviamente todas estas personas nunca debieron haber pasado por una cárcel”. Finalmente precisó que “seguimos presionando y luchando para que se liberen los 382 presos políticos que tenemos alrededor de todo los estados de Venezuela”.

 

El secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, quien ha jugado un importante papel en todos los intentos que se han hecho para lograr la restauración del orden democrático de la nación suramericana, aunque sin resultado alguno, saludó a los prisioneros políticos que han sido liberados ya en Venezuela y aseveró que su libertad “vale más que diez ilegítimas Asamblea Nacional Constituyente”(…) “Mi corazón también con los que aguardan el fin de su injusta e infame prisión política”.

 

Alfredo Romero, director ejecutivo de Foro Penal, denunció que la liberación de los 44 presos políticos que se llevó a cabo desde el 23 hasta el 26 de diciembre solo representa el 16% del total de todos los presos políticos, por cuanto, 216 personas siguen tras las rejas. También precisó hay 167 nuevos presos políticos desde agosto del año 2016, y que a pesar de dichas liberaciones 800 personas se encuentran prisioneras por motivos políticos.

 

Para el fin de año se esperaban, aunque de manera aislada y con menor participación, las protestas en las calles de Caracas y otros estados. El régimen se sintió muy presionado, pero hizo lo imposible por sobrevivir. No interpretemos pues esta proposición del instrumento represivo de Maduro, ni la liberación posterior de un grupo de los prisioneros propuestos, como un gesto de aproximación abierta a la oposición, como un acto de democracia, o como una acción de respeto a los derechos ciudadanos. Contrariamente a lo que algunos pudieran creer, el régimen totalitario de Venezuela se reafirma y consolida cada día una dictadura que este año parecía que podría desmoronarse con la histórica toma de Caracas, pero el destino de la patria de Bolívar ha sido otro.

 

Ecuador y su salida definitiva del Socialismo del siglo XXI

 

Si bien Venezuela ocupa el protagonismo dentro de América Latina dado el estado de depauperación de su población, la situación caótica de su economía, o las grandes violaciones del orden constitucional, Ecuador se destaca, y por qué no admitirlo, ocupa un protagonismo sin igual respecto a cambios radicales en su sistema de gobierno, con lo que la pequeña nación andina se apartó claramente de la terrible influencia del socialismo de nuevo tipo.

 

Las elecciones presidenciales de abril del 2017 proporcionaron el esperado y necesario gran cambio en Ecuador; aunque la secuencia de acontecimientos trascendentes en ese país no puede verse de modo aislado de su contexto sociopolítico, por lo que voy a precisar, a modo de resumen, unos cuantos aspectos que considero de vital importancia en aquel país, los que no pueden analizarse de manera aislada, sino en estrecha relación secuencial de causa-efecto,  y que como es lógico están en relación directa con esa nueva perspectiva de apertura ante el resto de Latinoamérica y el mundo, una vez que su nuevo gobierno se apartara de la línea de la izquierda regional.

 

Las elecciones presidenciales y la asunción al poder de Lenín Moreno marcaron un nuevo curso en la historia de la patria de Alfaro. El fracaso del plan de Rafael Correa que garantizaría el continuismo político, y por lo tanto, su posibilidad de continuar manipulando el poder desde la sombra, así como de permanecer impune ante la justicia, toda vez que se suponía que el nuevo gobierno guardaría silencio de la grave situación de corrupción experimentada durante el correísmo, ha sido el detonante para otros aspectos que caracterizan el panorama político y social ecuatoriano.

 

El viraje radical que Moreno diera al sistema de gobierno, una vez que asumiera el poder en mayo, determinó varios hechos contundentes, entre los que sobresalen la contradicción con el exmandatario Rafael Correa, lo que ha desencadenado la extrema crisis del Partido Alianza PAIS, organización cuyo nivel de agrado según las últimas cifras de Cedatos pasó de un 33% en noviembre de 2015 a un 19.7% en diciembre de 2017,  amén de la tensa situación política que se vive actualmente en Ecuador.

 

El nuevo estilo de gobierno de Lenín Moreno ha determinado la salida de Ecuador del mal llamado Socialismo del siglo XXI, siendo este en realidad el más trascendental de los acontecimientos por lo que significa para América Latina, región fuertemente sacudida en los últimos tiempos por el fracaso de aquellos gobiernos que asumieron esta tendencia. Moreno ha puesto al descubierto una enorme deuda que se acerca a los 60.000 millones de dólares, algo que el correísmo dejó como herencia y una terrible crisis de la economía del país.

 

Otro de los puntos medulares de la nación andina es la realización de una consulta popular y referéndum, lo que tendrá lugar el próximo febrero de manera legal y constitucional -y no violando el orden constitucional como lamentablemente denunció Correa en la Organización de Estados Americanos, y Luis Almagro de manera muy premeditada e irreverente se pronunciara-, y que incluirá preguntas ejes como la eliminación del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, así como la Eliminación de la reelección indefinida que propuso Rafael Correa y se aceptó como modificación a la Constitución de Montecristi.

 

Lenín Moreno tiene altos índices de aceptación popular, algo que ha sido reafirmado en las breves declaraciones a la NTV24 del arzobispo de Quito, Monseñor Fausto Gabriel Trávez, quien precisó que las marcadas diferencias entre el presidente actual de Ecuador, Lenín Moreno, y su antecesor, Rafael Correa, estarían beneficiando a los ecuatorianos, dejando muy claro que la situación del país ha mejorado con Moreno en el poder. “El pueblo lo manifiesta pues ampliamente sin ningún temor que están mejor con el señor Lenín Moreno que antes (refiriéndose a Rafael Correa). En este tiempo que yo he estado de arzobispo hemos crecido mucho en fraternidad. La fraternidad no es solamente estar bien, sino que ayuda a hacer el bien”, declaró a la televisión nacional.

 

Chile hacia una reorientación política tras el triunfo del conservador Sebastián Piñera

 

Las recientes elecciones de Chile le ofrecen un radical viraje a un país que se vio amenazado por la influencia de cierta modalidad socialista -tan distante de la forma tradicional de este sistema que, por suerte, prácticamente se aparta de su eje esencial-  heredada de la doctora Verónica Michelle Bachelet, representante del Partido Socialista de Chile, en el poder desde el 11 de marzo de 2014 hasta el próximo marzo del 2018 en que deje definitivamente su cargo, y que además lo había asumido entre el 2006 y el 2010, suficiente como para poder ejercer la influencia del gran mal en su nación, aunque como ya expresé, allíá el socialismo ha sido a su manera, y como sucedió en Argentina y Brasil, no se dio ese excesivo control en el aparato gubernamental, si se les compara con Venezuela y Ecuador durante la década correísta, donde ha existido una total radicalización de las leyes que han llevado  a la creación de estados totalitaristas, a partir del concepto de participación ciudadana, “envueltos en una revolución no surgida desde abajo, sino desde una idealización del líder político, frecuentemente convertido en slogan partidista”.

 

No obstante, el pueblo chileno decidió elegir a un representante de la derecha en sus recientes comicios. El conservador Sebastián Piñera logró alzarse en la segunda vuelta eleccionaria con el 54.58% de los votos, en lo que se ha considerado una “holgada victoria” frente al progresista Alejandro Guillier, representante de la Fuerza de la Mayoría (Nueva Fuerza) coalición que agrupó a varios partidos de orientación de izquierda, aunque no consiguió captar los votos del izquierdista Frente Amplio, algo que influyó decisivamente en su derrota.

 

Chile ocupa el tercer puesto de América Latina en calidad democrática de sus gobiernos con una puntuación de 7.8, y con el puesto 32º en el ranking mundial (investigación Índice Economist Intelligence Unit del 2016), siendo superado solo por Uruguay y Costa Rica. Esto hace que la nación chilena esté muy cercana -debe lograr un puntaje por encima de 7.9- de alcanzar la condición de nación con democracia plena, en las cuales, las libertades políticas y civiles son respetadas y están fortalecidas; de ahí que las elecciones en este país fueran exitosas, independientemente de quien resultara candidato ganador, en este caso el conservador que reorientará la política del país, sino por el grado de transparencia y de legitimidad de las mismas.

 

Honduras en medio de un caos post-eleccionario 

 

A diferencia de Chile, la situación política en Honduras se tornó extremadamente difícil luego de que los resultados definitivos de los comicios del domingo 26 de noviembre permanecían sin conocerse pasada una semana de su realización. El gran caos originado provocó múltiples acciones de protesta en todo el país que culminaron con varios muertos y decenas de heridos.

 

La transparencia del proceso eleccionario fue puesta en duda, toda vez que resultó inadmisible el silencio de las autoridades del Tribunal Supremo Electoral (TSE), las irregularidades durante el proceso de escrutinio, y ante todo, que el sistema colapsó más de una vez para luego invertir los resultados a favor de Juan Orlando Hernández, quien ocupara la presidencia representando al Partido Nacional. Hernández, aspirando a la  reelección, se enfrentó a Salvador Nasralla, candidato de la Alianza Opositora contra la Dictadura, quien al parecer marchaba a la cabeza de los resultados hasta el misterioso colapso del sistema.

  

En Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras importantes ciudades del país las acciones de protesta alcanzaron tales niveles de violencia que la policía militar nacional tuvo que intervenir y los manifestantes llegaron a enfrentarse a las fuerzas policiales. Se  reportaron dieciséis muertos, numerosos heridos y 1.600 detenidos relacionados con los disturbios, según información aportada por el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH). Ante la ola de violencia que se expandía por todo el país el gobierno decretó un toque de queda para guardar el orden, algo que fue interpretado por Salvador Nasralla, candidato opositor, como un golpe de estado.

 

A una semana de las elecciones Honduras todavía no conocía quién era su nuevo presidente. El Tribunal Supremo Electoral había contabilizado alrededor del 95% de los votos y procesado unas 1.006 actas con inconsistencias ante observadores nacionales e internacionales, así como representantes de los dos partidos representativos, Alianza de Oposición y Partido Nacional.

 

La reñida contienda se concentró en Nasralla y el actual presidente, Juan Orlando Hernández, quien buscaba su reelección, y según las opiniones de algunos analistas es quien mejor podía asumir la presidencia del país. Ambos candidatos se declararon ganadores al finalizar el proceso. Sin embargo, el TSE se reservó los resultados definitivos a pesar de las protestas y las múltiples manifestaciones convocadas por la oposición.

 

Nasralla, junto a sus aliados, entre ellos el expresidente Manuel Zelaya, denunciaron las irregularidades en el conteo y exigieron un recuento. Finalmente con casi 95% de las actas contadas, y una diferencia entre ambos candidatos de menos de 2%, con una mínima aunque muy dudosa ventaja para Hernández, representante del Partido Nacional Hondureño, el TSE dio a conocer los resultados definitivos, aunque aún omitió el término “vencedor”. El domingo 17 de diciembre el TSE proclamó ganador al candidato a la reelección, Juan Orlando Hernández, con el 42,95 % de los votos, mientras que Salvador Nasralla alcanzó 41,42 %.

 

Ante las sospechas de un fraude electoral denunciado a la Organización de Estados Americanos (OEA), y tras las dudas sobre los resultados finales emitidos por el l TSE hondureño y las irregularidades presenciadas por la Misión de Observación Electoral (MOE) del organismo internacional, la Secretaría General de la OEA propuso que se realicen nuevas elecciones, toda vez que recibiera un informe detallado de la Misión de Observación Electoral en el cual se hace referencia a que hubo "intrusiones humanas deliberadas en el sistema informático, eliminación intencional de rastros digitales, imposibilidad de conocer el número de oportunidades en que el sistema fue vulnerado, valijas de votos abiertas o sin actas, improbabilidad estadística extrema respecto a los niveles de participación dentro del mismo departamento, papeletas de voto en estado de reciente impresión e irregularidades adicionales".

 

El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, expresó en un comunicado: “Ante la imposibilidad de determinar un ganador, el único camino posible para que el vencedor sea el pueblo de Honduras es un nuevo llamado a elecciones generales, dentro del marco del más estricto respeto al Estado de Derecho, con las garantías de un TSE que goce de la capacidad técnica y de la confianza de la ciudadanía y los partidos políticos”.

 

La empresa Dale Vukanovich emitió el martes 19 de diciembre un comunicado en el que responde a la Organización de Estados Americanos acerca de las aseveraciones que este organismo expuso sobre la supuesta debilidad en la transmisión de datos de los comicios realizados. Theodore Dale Vukanovich, al frente del procesamiento y divulgación de los resultados, expuso que el informe de la OEA se refiere a ciertos puntos sin haber accedido a la base de datos, algo que según la opinión del experto es fundamental para determinar el impacto de cualquier intrusión en los resultados, por lo que precisó: “Afirmamos enfáticamente que la base de datos no fue alterada en ninguna instancia y si el técnico de la OEA hubiera hecho su trabajo de análisis forense de la base datos, hubiera determinado que de ninguna manera hay eventos que afectaron el proceso electoral y más bien los registros de logs de la base de datos (no revisados por el auditor), hablan bien de la seguridad implementada, habiendo resistido ataques cibernéticos (virus, bots, etc) y no ha sido violada su integridad en ningún momento”.

 

Por su parte el Tribunal Supremo Electoral de Honduras emitió un comunicado en el que califica de falsas y subjetivas las apreciaciones del informe de auditoría de la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (MOE/OEA) sobre el escrutinio especial de las elecciones presidenciales.

 

Salvador Nasralla, líder de la Alianza de la Oposición, condenó el respaldo que Estados Unidos le brindó a Juan Orlando Hernández, luego de que este país lo reconociera como presidente electo. Nasralla se refirió además al temor de Estados Unidos en relación con la instauración de gobiernos de tendencia izquierdista en la región. No obstante, afirmó que él no pretendía establecer un gobierno de este tipo, sino que existiera transparencia en su patria respecto al manejo del dinero, a diferencia del gobierno corrupto que existe ahora, y que según él, ha sido algo reconocido por el gobierno estadounidense como un narcoestado. “Se van a arrepentir porque van a tener relaciones con Salvador Nasralla y el antecedente de haber aceptado una declaración de un fraude por un gobierno de un narcotraficante rodeado de ladrones”, afirmó el líder opositor, quien anunció además la creación del Frente Nacional Democrático Anticorrupción y la reanudación de las protestas.

 

Honduras cuenta con una calificación de 5.84% como nivel de democracia, siendo solo superada en Centroamérica por Nicaragua y Guatemala, por lo que entra en la categoría de regímenes híbridos, cuyas elecciones pueden mostrar irregularidades sustanciales que a menudo impiden que sean libres y democráticas, la corrupción está extendida y el imperio de la ley es débil, como al parecer ha ocurrido en las elecciones actuales.

 

De cualquier modo, las intenciones de Nasralla no quedan claras, sus vínculos con Zelaya son peligrosos, y su triunfo hubiera sido un punto débil en la región, lo que haría que Honduras fuera un país con cierta vulnerabilidad para estrechar lazos con los pocos que van quedando en la región de la tendencia de izquierda, por lo que su controvertida  derrota beneficia a Latinoamérica ante la influencia del terrible mal de estos tiempos: el socialismo del siglo XXI.

 

“Peruanos. Mañana empieza un nuevo capítulo en nuestra historia: reconciliación y reconstrucción de nuestro país. Una sola fuerza, un solo Perú”.

 

Esta fue la convocatoria del presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski una vez que supo de su permanencia en el poder tras no haberse logrado los 87 votos necesarios para ser destituido de sus funciones presidenciales por el Congreso en una jornada que se prolongó durante catorce horas. El mandatario de Perú fue acusado ante esta instancia por incapacidad moral para permanecer en el poder debido a supuestas implicaciones de corrupción relacionadas con el caso Odebrecht. La medida fue impulsada sobre todo por Fuerza Popular, la bancada fujimorista, que cuenta con la mayoría parlamentaria (71 de los 130 congresistas), frente que en lo poco que va de legislatura ha conseguido precipitar la salida de varios ministros. Varios medios de comunicación peruanos se anticiparon y hablaron de un "golpe de Estado exprés" organizado por este partido. "La Constitución y la democracia están bajo ataque. Estamos bajo un golpe bajo el disfraz de interpelaciones legales supuestamente legítimas", expresó Kuczynski en la televisión nacional peruana.

 

El presidente del Congreso Luis Galarreta dio a conocer que  la votación arrojó un total de 79 votos a favor de la destitución, 19 en contra y 21 abstenciones, lo que demuestra la inconformidad de los integrantes parlamentarios con Kuczynski; no obstante, al no obtenerse los 87 exigidos por normativa no se puede proceder a su destitución, justo cuando todo parecía indicar que sucedería, toda vez que hace solo una semana 93 congresistas aprobaron el pedido de su destitución.

 

Una comisión encabezada por los opositores reveló documentos que muestran que su consultora privada recibió 782.000 dólares en pagos de la constructora brasileña Odebrecht. Los pagos hace una década fueron efectuados mientras Kuczynski se desempeñaba como ministro gubernamental, algo que el presidente ha negado.

 

Este ha sido el suceso más trascendental de Perú, una nación de la que poco se dice en nuestros medios, país que cuenta con un 6.54% como nivel de democracia, superada (con mayor puntuación, lo que significa que le aventajan en este sentido) en Suramérica por Uruguay, Chile, Colombia, Brasil y Argentina, lo que sugiere que sus elecciones son libres y justas, y que las libertades civiles básicas son respetadas; aunque existan problemas de gobernabilidad, cultura política poco desarrollada y bajos niveles de participación democrática.

   

Pedro Pablo Kuczynski, a solo unos días de salir victorioso de su fuerte sacudida, le otorgó el indulto al exmandatario Alberto Fujimori, quien permaneció diez años, del total de 25 que se supone debería cumplir por crímenes de lesa humanidad en la cárcel de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía Nacional de Perú, en Lima, lo que está siendo motivo de numerosas apreciaciones, independientemente de que muchos peruanos -según una reciente encuesta el 62% estaba a favor del indulto-   están conformes con la aplicación del indulto otorgado por Kuczynski, dada la pésima salud de Fujimori, quien ha reconocido sus desaciertos dentro de la política del país: “Soy consciente que los resultados durante mi gobierno de una parte fueron bien recibidos, pero reconozco que he defraudado a otros compatriotas. A ellos les pido perdón de todo corazón”.

 

Kuczynski ha declarado que el móvil esencial de su actitud ha sido exclusivamente el aspecto humanitario, algo que puede ser cierto, y no somos quienes para poner en duda las cualidades humanas de alguien que se supone las posea como para asumir la noble tarea de conducir un país, independientemente de que esto no siempre se cumple. No obstante, detrás de lo humanitario se pueden esconder ciertos motivos políticos, entre los que ocupa un lugar preferencial la intervención de la hija de Fujimori como rival del mandatario peruano, algo que lo debilitaría definitivamente y pondría en peligro su permanencia en el poder, justo ahora cuando acaba de salir ileso de una complicada situación que lo envolvía en asuntos graves de corrupción, de modo que algunos han interpretado en este supuesto asunto humanitario un intercambio político mediante el cual el mandatario peruano devolvió la libertad al expresidente y su rival político a cambio de permanecer intocable por los Fujimori que, al parecer, mantienen su poderío en Perú.

     

En medio de las protestas por el indulto a Fujimori, a Kuczynski se le ha ocurrido enviar un mensaje de felicitación a Juan Orlando Hernández, el presidente de Honduras, por su reelección y como muestra de la voluntad del gobierno peruano de fortalecer las relaciones entre ambos países, lo que pudiera contribuir a aumentar la tensión del ambiente político del país dado el discutido triunfo de Hernández y sus posibles implicaciones en lo que sería uno de los más grandes fraudes de los últimos tiempos en la región, superado solo por el de Ecuador, del que ya no se dice nada, dado el rumbo favorecedor que ha tenido la nación andina con la llegada al poder de Moreno.

    

Brasil contribuyó, junto a Venezuela, a elevar los índices de pobreza en América Latina

 

La pobreza de América Latina no solo se ha visto incrementada por la alarmante situación de Venezuela, país considerado actualmente como el más pobre de la región, sino que Brasil, la enorme nación suramericana, atraviesa una dura situación económica que, sin duda, contribuyó junto a la otrora próspera Venezuela a elevar los índices de pobreza en Latinoamérica.

 

Tras dos años, Brasil ya no está en recesión, sino que ha logrado encadenar dos trimestres seguidos con un crecimiento del producto interno bruto (PIB), aunque con valores demasiado modestos. En los tres primeros meses del año la economía solo logró avanzar un 1%, algo que resultó contradictorio para ciertos analistas al estar muy relacionado con un momento de euforia en la agricultura tras una cosecha inusualmente fértil. En el segundo trimestre, el crecimiento ha sido casi insignificante, con solo un 0,2% según los datos aportados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). No obstante, el análisis de los últimos 12 meses muestra un escenario aún negativo, con un retroceso del 1,4%.

 

Rebeca de La Rocque Pali, coordinadora de Cuentas Nacionales del IBGE consideró que aunque el dato es positivo, no se debe considerar como un crecimiento, por cuanto, solo se le considera así cuando resulta superior al 0,5%. Entre marzo y junio del 2017 la industria retrocedió un 0,5% después de haber subido un 0,7% en los primeros tres meses del año.

 

La posible recuperación de la economía brasileña permanece con un pronóstico sombrío, toda vez que la situación política de la nación se torna cada vez más tensa luego de las acusaciones por corrupción a su presidente Michel Temer, quien logró salir victorioso gracias al apoyo del Congreso, aunque por parte de la Fiscalía General de la República todo parece indicar que su vulnerabilidad es alta como para poder ser objeto de una nueva acción judicial en su contra, algo que también el Congreso tendría que examinar cuidadosamente, lo que retrasaría la votación a favor o no de ciertas reformas consideradas elementos claves por el mercado.

    

Brasil aun se encuentra sacudido por los escándalos de los expresidentes Luiz Inacio (Lula) da Silva y Dilma Rousseff, ambos representantes de la línea izquierdista, lo que presupone que fueran corruptos, como ya se ha hecho habitual entre los simpatizantes del remanente socialista que han tratado de adornar como Socialismo del siglo XXI, y de modo muy particular en la región, donde no ha habido un solo gobierno que pusiera en práctica dichas doctrinas que lograra salir triunfante y no implicado en escándalos de corrupción. Recordemos el ya comentado caso de Ecuador, país en el que su vicepresidente, junto a otros funcionarios y directivos del gobierno de Rafael Correa, han sido sentenciados a prisión por sus serias implicaciones de diferente índole en el caso Odebrecht.

 

Brasil tendrá elecciones en 2018 y ya se discute acerca de la posibilidad de que Lula da Silva pueda regresar como candidato a la presidencia. Gustavo Segré, director del Center Group, habló para La Tarde de NTN24 sobre la situación del expresidente Lula da Silva, afirmando que el exmandatario “se encuentra en una avenida donde mira para un lado y observa la posibilidad de ser presidente de la República y observa para el otro y ve la cárcel” (…) “Uno observa cómo la voluntad de llegar al poder a cargos electorales que les den foro privilegiado hace que esa prisión se evite” (…) “No es una necesidad por ayudar al pueblo, en realidad se trata de una necesidad de no ir presos (…) aquí lo importante no es que ellos se candidaten sino quién los vota” (…) “En la imposibilidad de que Lula sea candidato, seguramente el discurso del Partido de Los Trabajadores será que eso se trata de una conspiración para evitar que Lula vuelva a la presidencia”.

 

Bolivia y el forzado cuarto mandato de Evo Morales

 

Hace justo un año escribí lo siguiente: “Esperemos que el MAS no logre sus propósitos. De cualquier modo, si en el 2019 vemos reelegirse al señor Morales, no hemos de asombrarnos. Tal vez siga el camino de los hermanos Castro y de Daniel Ortega, y desde su soledad en los Andes siga luchando por un inexistente socialismo y contra el enemigo imperial”. Y todo parece indicar que, efectivamente, el mandatario indígena boliviano le ha cogido el gusto al poder -como todos los de la izquierda continental- y ha hecho lo imposible por lograr una reelección para un cuarto mandato, a pesar de que ya este tercero es inconstitucional,  por cuanto la constitución del país en su artículo 168, hace referencia a la posibilidad de solo dos mandatos consecutivos. No obstante, Morales apeló al tribunal constitucional para lograr una aprobación que le garantizara poder aparecer como candidato.

 

Morales, convertido en el mayor enemigo de Donald Trump y uno de los pocos luchadores contra el “imperialismo” que sobreviven en la región, se ha creado un mundo muy sui géneris donde prevalecen continuos ataques y conspiraciones en su contra, cual idílico pensamiento aberrante aprendido en sus años iniciales dentro de la política latinoamericana junto al experimentado delirante comandante eterno Fidel Castro, quien se pasó su larga vida inventando fantasmas del imperio por doquier como justificación para llevar a cabo sus macabros planes y justificar sus constantes fracasos y derrotas, algo que está siguiendo al pie de la letra su discípulo.

 

Entre los días 15 y 17 de diciembre de 2016, en el municipio de Montero, al oriente del  departamento de Santa Cruz, se efectuó el congreso del partido oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS). El principal punto de la cita fue analizar estrategias que garanticen la continuidad del proceso de cambios en Bolivia, lo que equivale a decir la continuidad de Evo Morales en la presidencia a pesar de su fracaso en el referendo efectuado en febrero de 2016, en el que los bolivianos dijeron “No” a permitir que el presidente se presente a un cuarto mandato, su primera derrota electoral en 10 años.

 

Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, aseguró durante una conferencia de prensa celebrada hace solo una semana junto a los representantes de las Cámaras de Diputados y de Senadores, que Morales “está exceptuado” de todas las causales de inelegibilidad, lo que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) verificará antes de las elecciones, con lo que declaraba oficialmente que Evo Morales volverá a ser candidato en las elecciones de 2019, por lo que si logra el triunfo, su mandato se prolongaría hasta el 2025, con lo que acumularía diecinueve años en el poder.

 

Las manifestaciones en contra de la reelección de Morales han sido significativas, no solo en la capital boliviana, sino de manera casi generalizada en Cochabamba y Santa Cruz, las urbes más pobladas del país, tras la convocatoria de partidos opositores y organizaciones ciudadanas que reclamaron respeto por la Constitución y los resultados del referendo de 2016, en el que se rechazó una reforma para permitir la nueva candidatura de Morales.

 

En cambio, Morales permanece alucinado bajo los efectos de un socialismo sombrío que asumió de modo malinterpretado desde sus colegas de la región que movidos por aquel ímpetu de aparente amor a los proletarios de Latinoamérica impusieron el mal a sus naciones. Evo Morales se autoproclamó como candidato para las elecciones del 2019, dando por cerrado el debate sobre su re-postulación: “Estamos rehabilitados para el 2025, eso no está en debate. La derecha pierde su tiempo. Más bien, mi recomendación es que se preparen de una vez (para las elecciones)” (…) “Este es un proceso imparable, es un camino sin retorno. Jamás nos va a derrotar la derecha. Estamos avanzando, estamos creciendo. En poco tiempo hemos demostrado que Bolivia tiene mucho futuro”, precisó el mandatario ante una masiva concentración de sus defensores en el estado de Cochabamba, donde los sectores afines al gobierno celebraron los doce años de su primera victoria electoral.

 

Mauricio Macri salva la economía argentina mientras una expresidenta y senadora es procesada por la justicia

 

Los dos primeros años del macrismo en Argentina son algo contradictorios en cuanto a los datos y cifras que pudieran demostrar lo logrado por Mauricio Macri, quien heredó una situación compleja, no solo en lo político, sino también en lo económico. El primer año de su mandato, 2016, fue de recesión fuerte, con una inflación de 40%, y una caída en casi todos los aspectos que miden el desarrollo económico. En 2017, sobre todo en los últimos meses, cercanos a las elecciones legislativas, los datos empezaron a mejorar y con la posibilidad de que todo salga mejor en lo adelante.

 

La inflación descendió de un 40% en 2016 a un 23% en 2017. Macri puso la pobreza cero entre sus prioridades de gobierno, algo que no pudo lograrse en los primeros meses de su gestión, los que llevaron al país en un sentido opuesto. La pobreza aumentó en 1,4 millones, hasta los 13 millones en total, el 34,5% de la población, según datos de la Universidad Católica Argentina, tomado como referencia ante la ausencia de cifras oficiales. Al restablecer las estadísticas del Indec, el macrismo admitió hace 13 meses un 32% de pobreza y ha caído levemente desde entonces hasta el 28,6% de la última investigación, a mediados del 2017. De igual forma el desempleo ha descendido a pesar de que los datos ofrecidos durante los meses finales del mandato de Fernández de Kirchner no son confiables.

 

Macri, independientemente de sus detractores y las acusaciones en su contra, ha salvado a Argentina del kirchnerismo con su fuerte dosis de socialismo, aunque muy a la manera de doña Cristina, quien acaba de ser procesada por presunto encubrimiento de los iraníes acusados del atentado a una mutual judía de Buenos Aires en 1994 que provocó decenas de muertes, lo que se llevará  al Senado para que sea expulsada y por lo tanto, despojada de su inmunidad como legisladora para que pueda ser detenida.

 

Tras la defunción del fiscal Alberto Nisman, encontrado muerto en condiciones que aun son investigadas, su denuncia contra la expresidenta fue desestimada, pero la causa fue reabierta a finales de 2016, y posteriormente unificada con otra por presunta traición a la patria, también con eje en el polémico acuerdo, y dirigida por Claudio Bonadio. Fernández de Kirchner está implicada en múltiples causas judiciales, la mayoría por corrupción. No obstante, obtuvo un escaño de senadora en los comicios legislativos del 22 de octubre de 2017 y juró su cargo el pasado 29 de noviembre, lo que le otorga fueros parlamentarios y la imposibilidad de ser detenida.

 

Colombia. Entrada definitiva de la FARC a la vida política. Timochenko candidato a la presidencia. El controversial Santos, sus vínculos con La Habana y sus desarmonías con Maduro.

 

Al inicio de esta extensa reflexión dije que varios líderes de Latinoamérica están tratando de encaminar a sus naciones, desde el punto de vista político, hacia nuevos rumbos a través de los cuales se apartan de las tendencias de izquierda que tanto daño causaron, y lamentablemente, siguen haciendo en algunos países. Por desgracia, Colombia pudiera ser la excepción. El presidente Juan Manuel Santos, quien tiene muchos detractores a pesar de sus acciones en pos de lograr la paz colombiana tras medio siglo de absurdas luchas guerrilleras, que más allá de los intereses políticos se ha extendido a meganarcoproyectos (si es que este término pudiera resultar adecuado, o si es que lo aceptan en la real academia como excepción), jugó un papel determinante en el inicio de una serie de interminables rondas de negociaciones que tuvieron como escenario La Habana, lo que ha sido motivo para desconfiar en las verdaderas intenciones de las sendas negociaciones y en las posibles ganancias a partir de una supuesta participación del régimen cubano en este proceso, así como la manipulación directa para contribuir a la instauración de otro estado comunista ulterior a partir de la incorporación oficial de las FARC a la vida política activa del país.

 

Como en toda negociación, hay una parte que debe ceder, pero a cambio de algo; en este caso las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) determinaron deponer sus armas a cambio de su entrada a la vida política del país, lo que presupone la candidatura a la presidencia de la nación, entre otros cargos en el gobierno y el senado. Esto desató la gran polémica entre el expresidente Álvaro Uribe, representante del partido conservador Centro Democrático, respaldado por los sectores de la oposición y los defensores del pacto de paz con dichas condicionantes.

 

Finalmente Santos accedió a una consulta en la que los colombianos decidieron por un No -recordemos que esto ocurría luego de haber recibido el tan polémico y controversial Premio Nobel de la Paz el pasado año-, lo que fue mal interpretado y visto como una gran paradoja, por cuanto es inadmisible que la gente no quiera la paz; sin embargo en realidad los colombianos se proyectaron a favor de la paz, pero en desacuerdo a la participación de las FARC -ahora bajo la denominación de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común para conservar sus siglas tradicionales- en los designios de Colombia, y sobre todas las cosas, en que quedaran impunes ante los miles de crímenes cometidos durante el medio siglo de luchas.

 

Así las cosas, hacia finales de año la carrera política de las FARC comenzó oficialmente en Bogotá, aunque con “una puesta en escena inédita”, toda vez que Rodrigo Londoño, alias Timochenko, fue propuesto como candidato a la presidencia del país estando ausente por encontrarse en La Habana tratándose serias dolencias como secuelas de su enfermedad cerebro-vascular, algo que puso en peligro su vida hace solo unos meses.

 

Tal vez las percepciones iniciales de Santos respecto a que: “las probabilidades de que eso suceda son prácticamente nulas”, refiriéndose a las postulación de Timochenko para la presidencia, fueron erradas, y lamentablemente hoy se consuman como acto, a pesar de la opinión del Premio Nobel de la Paz en relación a que: “las propuestas de un grupo marxista-leninista en el mundo de hoy tienen muy poca acogida”.

 

Santos sigue siendo un enigma: sospechoso para unos, insignificante para otros, simpatizante de la izquierda y en confabulación con el régimen castrista según unos cuantos, oportunista y desleal, entre otros tantos calificativos y aseveraciones. Lo cierto es que no podemos negarle su papel en la solución del gran conflicto colombiano, ni sus buenas intenciones respecto a la dramática situación de Venezuela - según sus propias declaraciones se acercó sorpresivamente a La Habana para que Castro interviniera como mediador en la gran crisis política de este país, a cuyo pueblo ha estado apoyando al pronunciarse de manera enérgica contra el dictador Nicolás Maduro.

 

De cualquier modo Santos ha errado en la conducción del conflicto, específicamente en el álgido punto de la participación de las FARC en la política colombiana, lo que pudiera ser el elemento de mayor vulnerabilidad, toda vez que Timochenko, con sus antecedentes criminales, sus serias implicaciones en el narcotráfico y sus simpatías por el comunismo, pone en peligro el futuro de Colombia si lograra obtener el triunfo en las próximas elecciones, algo que me atrevo a afirmar que no ocurrirá, dada la poca aceptación de los miembros de las FARC en la población colombiana; pero de de cualquier forma es tan solo una hipótesis. 

 

El Triángulo del Norte centroamericano. Honduras y Guatemala apoyan a Trump en la ONU.  El peligroso silencio de Nicaragua.

 

Ya me he referido de manera detallada al principal suceso de Honduras en 2017. No obstante, no podemos dejar a un lado a Guatemala y El Salvador, naciones que junto a la primera integran el llamado Triángulo del Norte, los que desde la administración de Barak Obama (2009-2017) se han visto beneficiados a través del Plan de la Alianza para la Prosperidad en dicho triángulo. Dicho plan busca crear condiciones económicas y sociales para generar más y mejores oportunidades que permitan el desarrollo y el arraigo de la población, especialmente los jóvenes, en sus países, y evitar así que emigren ilegalmente a Estados Unidos de forma masiva y sin seguridad.

 

Recordemos que el número de personas que decidieron emigrar en estos países supera cinco veces al del resto de las naciones de Centroamérica, viéndose gravemente afectada la población infantil al comprobarse su llegada a Estados Unidos sin acompañamiento de mayores en proporciones considerables, sobre todo en Honduras en 2014 (18.2%) y en Guatemala en 2015 (13.5%) y 2016 (9.3%), y que Guatemala es país de origen, tránsito, destino, retorno y migración interna, lo que agudiza la complejidad del fenómeno migratorio de la región.

 

A mediados de 2017 se celebró en Miami, Estados Unidos, una cumbre que centralizó su atención en la discusión de temas económicos  y en el mejoramiento de la seguridad en la región, la primera tenida durante el gobierno de Trump, algo que fue esperado por los líderes con ansiedad, dada la incertidumbre respecto al tema migratorio dentro de la nueva política estadounidense. Estados Unidos prometió seguir ayudando a la región en la lucha contra los problemas de violencia, pandillas, narcotráfico, corrupción y búsqueda de la prosperidad, respaldando “programas efectivos”.

 

Las recientes votaciones de Honduras y Guatemala en Naciones Unidas como únicos países de Latinoamérica en contra de la resolución en rechazo a la decisión del gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel, ha sido motivo de comentarios relacionados con la conveniencia y el compromiso de los gobiernos de estos países, más que sus propias convicciones, respecto al Plan de la Alianza para la Prosperidad, algo que resulta significativo si se tiene en cuenta las peculiaridades de la votación de los países de la región, en la que respaldaron la resolución Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Perú y Uruguay, y como era de esperar Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua. Se abstuvieron Argentina, Colombia, El Salvador, Haití, México, Panamá, Paraguay y República Dominicana.

 

En Centroamérica Nicaragua permanece en un silencio que resulta temeroso. De los supuestos socialistas no puede esperarse nunca nada bueno. El ya anciano presidente Daniel Ortega, aferrado al poder desde hace mucho tiempo, demostró durante las últimas elecciones de lo que es capaz un líder de la izquierda por mantenerse en el trono. El ostracismo mantenido hacia los sectores de la oposición, a los que privó de participación en los comicios, es una prueba que demuestra su absolutismo y su poderío, y su silencio una muestra del insignificante rol de Nicaragua en la región.

 

Así andan las cosas por nuestra América, la región de los grandes contrastes, donde brillan las economías de Panamá y Costa Rica, se desmoronan las de Brasil y Venezuela, se cometen grandes acciones fraudulentas en las contiendas electorales, se asesina sin tregua en pandillas, y criminales se postulan para gobernar un país. Y donde también se sufre, se lucha por sobrevivir en medio de la adversidad -recordemos el paso de fuertes huracanes por las Antillas, y grandes terremotos en México y Ecuador.

 

Y también se trata de salir adelante trabajando con honradez y decoro a pesar de la influencia de esa terrible sombra del Socialismo del siglo XXI, que no quiere retirarse por completo de algunas de sus naciones, o que permanece de manera solapada, cual remanente sombrío, en otras.

 

Aunque ahora, sin dudas, retrocediendo.