Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Fort Pierce, Estados Unidos

 La crisis venezolana y el controversial conflicto colombiano

 

La crisis venezolana

 

No ha habido otra nación, no solo de la región, sino del continente, que esté sufriendo de una manera tan drástica los embates de un régimen dictatorial de carácter comunista como Venezuela, país que antes de la llegada de Chávez con su proyecto de la Revolución Bolivariana fuera uno de los más estables de Suramérica.

 

Sus recursos petroleros garantizaban el bienestar de la nación, que si bien no era perfecta, no estaba inmersa en una miseria que ha llegado a alcanzar su clímax en estos últimos meses, en los que el pueblo asalta mercados para subsistir en medio de una escasez ilimitada, que no solo incluye los alimentos básicos, sino los medicamentos, y otros productos de primera necesidad.

 

La violencia, el saqueo y el vandalismo, una inflación alarmante, índices de pobreza muy elevados, el deterioro de las instalaciones de salud, amén de una marcada represión policial, caracterizan el panorama venezolano actual.

 

El Papa Francisco en su mensaje de Navidad pidió a Venezuela -que en realidad es un pedido a su presidente y a su gobierno dictatorial- que siga los pasos de Colombia en relación con el acuerdo de paz “para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza para la población entera”.

 

Una analista política española ha dicho recientemente que Nicolás Maduro era un chiste y que Venezuela ya no contaba para nada, algo que me llevó a la reflexión, y ciertamente su juicio ha sido muy acertado, por cuanto el mandatario venezolano no solo ha traspasado los límites respecto a la violación de leyes constitucionales y de derechos humanos en una nación que hoy se debate en medio del caos, sino que se ha convertido en un símbolo de chistes y choteos a partir de sus desatinadas incoherencias.

 

En el terreno político hemos de destacar que el pasado 31 de mayo el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, activó la Carta Democrática de este organismo para Venezuela; un paso sin precedentes, por cuanto por primera vez se activa la carta a un estado miembro contra la voluntad de su gobierno, algo que ha sido reconocido por varias personalidades políticas como un acto de independencia y valentía, lo que ha suscitado una de las más grandes polémicas mundiales, y que en el contexto del país suramericano resulta necesario, considerando su crítica situación a partir de una extrema represión que viola los mínimos derechos y principios democráticos. No obstante, a pesar de esta acción, no se llegó a concretar la definitiva expulsión por parte de este organismo, pero ya está el precedente y la observación continúa.

 

Los cuatro países fundadores de Mercosur -el bloque comercial más importante de Sudamérica- Uruguay, Argentina, Paraguay y Brasil, determinaron suspender a Venezuela de sus derechos como miembro pleno del bloque, luego de haberse cumplido el plazo de tres meses dado para que incorporara a su legislación una serie de disposiciones legales de tipo económico, aunque en realidad han mezclado ciertos asuntos de naturaleza política y de derechos humanos, aspecto en el que insistió el canciller de Brasil, a través de un comunicado que precisa el respeto a los derechos humanos, hasta tanto se convenga con el país suramericano las condiciones para restablecer el ejercicio de su derecho.

 

El presidente Nicolás Maduro se ha resistido a aceptar la medida, que ha considerado fraudulenta, y como era de esperar, prefirió culpar al “enemigo brutal del norte” en confabulación con la derecha de naciones como Argentina, a cuyo gobierno calificó de ultraderecha, y Brasil, según él, con un gobierno golpista. Esta tensa situación tiene lugar luego de la destitución de Dilma Rousseff, quien ocupara la presidencia de Brasil, y la toma de posesión como presidente de Michel Temer, así como del triunfo definitivo de Mauricio Macri en Argentina, lo que ha determinado que las orientaciones izquierdistas de los gobiernos de estas naciones experimentaran un radical viraje. 

 

Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay acordaron asumir de forma coordinada la presidencia de MERCOSUR, y poner a Venezuela la fecha límite del primero de diciembre para que cumpliera con sus "obligaciones". Los cuatro países "han verificado el no cumplimiento por parte de la República Bolivariana de Venezuela de lo acordado en el Protocolo de Adhesión en cuanto a la adopción del acervo normativo vigente del Mercosur", según comunicado oficial de este organismo. Venezuela tenía cuatro años de plazo para asumir las normas que aceptó en el momento de su incorporación oficial, y el tiempo expiró el pasado 12 de agosto. El núcleo de esos acuerdos es el avance en el libre comercio entre los países de Mercosur.

 

Hace solo unos días la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, entregó formalmente a Argentina la presidencia pro tempore de Mercosur tras seis meses en su país, agregando que lo hacía "en apego a los tratados constitutivos", ignorando las medidas del resto del grupo. Recordemos que el pasado junio la funcionaria fue calificada en la OEA de mentirosa, criminal y sinvergüenza, al negar la existencia de una crisis humanitaria en su país, con lo que se agrava, aún más, el prestigio político del gobierno chavista. 

 

En la mayor de las tres islas del Estado de Nueva Esparta, la Isla Margarita, en territorio insular venezolano, se desarrolló la XVII Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados (MNOAL), entre el 13 y 18 de septiembre, evento que se daba bajo una gran tensión ante la dramática situación política, lo que alcanzó su clímax con la histórica Toma de Caracas por parte de los movimientos opositores.

 

El temor a las protestas populares que podían ocurrir en medio de la cita llevó a que Nicolás Maduro desplegara a 14,000 hombres armados de la seguridad nacional venezolana para controlar a los 550,000 habitantes de la isla. Las continuas manifestaciones en Caracas y otras importantes localidades venezolanas para exigir el revocatorio al presidente contribuyeron al refuerzo del control y de la militarización de las calles de la isla, lo que no impidió que los pobladores dieran toques de cacerolas durante todas las noches del evento.

 

La realización de la cumbre no pasó de ser una simple reunión formal de cumplido, cual reflejo de la crisis política por la que pasan la mayoría de sus estados miembros, aunque Maduro en sus alucinaciones se refirió a su éxito total. La escasa participación de los líderes representantes del movimiento así lo demuestra.

 

De los 120 países miembros, apenas asistieron quince presidentes y tres decenas de delegaciones, lo que contradice los conceptos de Maduro, y en cambio, demuestra la crisis política del MNOAL y el estado de aislamiento en que ha quedado Venezuela.

 

La crisis económica que atraviesa el país es el resultado de la adopción de un modelo económico de tipo socialista, cuyo fracaso está más que demostrado. El estado de deterioro en que terminaron la mayoría de los países de la Europa Oriental, a los que se les impuso esta modalidad durante el pasado siglo XX, además del caso de Cuba, cuyo modelo fue asumido por Chávez como paradigma para su experimento de la Revolución Bolivariana, son ejemplos convincentes en este sentido.

 

No obstante, esta crisis ha estado condicionada además, por la caída de los precios del petróleo. Téngase en cuenta que el país obtiene casi el 95% de sus ingresos en el exterior de este sector.

 

Según las más recientes estimaciones, de no hacerse determinados cambios estructurales en beneficio del país -lo que presupone un giro de 180 grados-  la economía colapsará por completo.

 

De acuerdo con las últimas investigaciones -finales de diciembre-, la falta de productos en 2016 llegó a estar entre un 70 y 80%, y el nivel de inflación de 500%, la más alta del mundo. La economía decae un 10% y se estima que decrezca para el 2017 en un  4.5%. Los pronósticos para este año, no son nada alentadores. El Fondo Monetario Internacional estima que la inflación pudiera llegar a 1,660%, y la tasa de desempleo aumentará de un 18.1%, al cierre del año a un 21.4% para 2017.

 

Las protestas contra el régimen dictatorial de Nicolás Maduro se han convertido en algo común; ya no solo se protesta de manera organizada a partir de las convocatorias de los líderes y organizaciones de la oposición, sino de manera espontánea ante la escasez de alimentos. En los últimos días se han reportado asaltos y saqueos a centros comerciales y mercados menores de todo el territorio, destacándose sobremanera los últimos sucesos en la ciudad de Maracaibo.

 

De manera especial hemos de destacar como ejemplo de lucha pacífica durante el año que culminó la protesta masiva conocida como La toma de Caracas, hecho que tuvo lugar el pasado septiembre, cuyo objetivo fundamental fue demostrar la inconformidad de los venezolanos con el gobierno actual y la necesidad de la realización de un revocatorio que garantice un nuevo orden constitucional.

 

No obstante, y a pesar del desastroso presente y el incierto futuro del país, Nicolás Maduro, con solo un 19,5% de los venezolanos apoyando su gestión de gobierno, según  sondeo de Datanálisis, en medio de una enajenación total, ha augurado que en el 2017 el país será “victorioso” e “indestructible”, de manera especial frente a los ataques de los “ejes imperiales”, los que según su opinión son los responsables máximos de los males de la patria de Bolívar, al pretender desestabilizar la economía y destruir la Revolución Bolivariana.

 

El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, acaba de hacer una advertencia al gobierno de Venezuela respecto a no interferir en la designación de las autoridades de la Asamblea Nacional, lo que según el diplomático, si llegara a ocurrir, no solo sería “un paso más en la consolidación de un régimen autoritario”; sino un desconocimiento de los  principios más elementales de la democracia en relación con la separación e independencia de poderes.

 

El Tribunal Supremo de Justicia, al servicio del gobierno, mantiene al Parlamento en desacato desde el caso desencadenado por  tres diputados opositores juramentados pese a que su elección fue suspendida por supuesto fraude.

 

Justamente el domingo primero de enero, como inicio del nuevo año, Nicolás Maduro sorprendió con la liberación de seis opositores considerados presos políticos (algo que ha exigido la oposición para mantener un diálogo abierto), entre ellos  el ex-gobernador del estado de Zulia, Manuel Rosales, candidato a la presidencia en 2006.

 

Otros hechos relevantes de los últimos meses han sido la propuesta y realización de un diálogo entre el gobierno oficialista y la oposición, acción que se prolongó sin solución alguna; la intervención del Vaticano y especialmente del Papa Francisco en dichas negociaciones; el duro enfrentamiento entre el chavismo y la Asamblea Nacional, que terminara con agresiones violentas entre ambas partes; y las múltiples acciones de protesta no solo en Caracas con su histórica toma, sino en todo el país, contra el chavismo y por la realización de un referendo revocatorio.

 

El nuevo año pudiera traer cambios significativos para Venezuela si la oposición sigue logrando el espacio que merece y si los organismos e instancias internacionales ejercen con verdadero conocimiento de causa una presión que resulte asfixiante para el régimen. Su pueblo ya llegó al límite y el presidente, con su estrechez mental, no está dispuesto a ceder. 

 

El controversial conflicto colombiano

 

Si de grandes acontecimientos políticos se trata, el segundo lugar en América Latina lo ocupa Colombia, solo superada por Venezuela, dada su especial condición que ha llevado a esta última nación a un lamentable estado de caos.

 

¿Por qué Colombia sobresale en el contexto de la amplia región que José Martí definiera como “Nuestra América”? Hay al menos tres aspectos que hacen trascendente a Colombia, no solo en al actual momento, sino para la posteridad.

 

El primero es la firma de los acuerdos de paz, luego de un largo proceso que se extendió desde octubre de 2012 hasta agosto de 2016, con lo que se lograba en La Habana, ciudad donde se desarrollaron las sendas rondas de negociaciones, el posible alcance de la paz.

 

Desde el 18 de octubre de 2012 las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, comenzaron en La Habana una serie de rondas de diálogos con la intención de poner fin al mayor conflicto armado en esa nación, cuyo proceso de lucha se ha extendido por más de medio siglo.

 

Las negociaciones han estado fundamentadas en un acuerdo general para la culminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. Ambas delegaciones lograron acuerdos en temas como reforma rural integral, participación política, combate a las drogas ilícitas, y víctimas.

 

El acuerdo de paz a partir del cese al fuego y el desarme definitivo de sus Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) finalmente fue alcanzado el 23 de junio en La Habana, lo que marcó el comienzo de una nueva etapa de nuevas conversaciones. Estas acciones dieron lugar a una reconciliación nacional, que incluye medidas radicales relacionadas con las sentencias para los responsables de los crímenes durante estos años.

 

El pasado mes de agosto se pensó que terminaría definitivamente el extenso proceso, lo que se ha visto limitado por el resultado del plebiscito recién celebrado en Colombia, con el que se perdía parte de los esfuerzos de todo este tiempo al obtenerse la mayoría de votos con un “No” a los acuerdos del trato de paz. 

 

El segundo hecho que le ofrece un protagonismo a Colombia es el Premio Nobel de la Paz con el que se ha distinguido al presidente Juan Manuel Santos, lo que ha sido motivo de fuertes críticas y de grandes cuestionamientos, entre los que se distingue el lógico planteamiento de una condecoración de esta naturaleza al mandatario de un país que ha mantenido uno de los dramas más prolongados de la historia del continente, una lucha  guerrillera que ha costado la vida a más de 200,000 personas, de las que más del 80% corresponden a la población civil, además de centenares de secuestros, miles de desplazamientos forzados y abusos mantenidos contra mujeres y niños. 

 

El Comité del Nobel del Parlamento Noruego prefirió en esta ocasión distinguir a Juan Manuel Santos por su labor encaminada a solucionar de una forma pacífica el mayor conflicto de la región, algo que se lograba recientemente tras la firma de los acuerdos de la paz, decisión que se había tomado previa al plebiscito popular que la rechazara.

 

Estemos de acuerdo o no, hemos de admitir que Santos cumplía con algunos de los requisitos establecidos por Alfred Nobel en su testamento respecto a que fuera otorgado a quienes se destaquen en acciones relacionadas con “la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”, estos dos últimos aspectos, sin duda, los considerados para poder condecorarlo.

 

El hecho de que Santos no obtuviera la aceptación de su pueblo respecto al acuerdo de paz no significa que su gestión por alcanzar el acuerdo sea un fracaso; al final se llegó a un entendimiento entre ambas partes, lo que significa “promoción de estados de paz” y lo establece el testamento de Nobel, por el que se supone se guíen las autoridades encargadas de distinguir a los candidatos. Esto presupone la desaparición o reducción de los ejércitos existentes en los territorios colombianos, lo que también está incluido en las normativas para poder justificar la honorable distinción.

 

No obstante, luego de todo el proceso de comunicación oficial, preparación y recibimiento del premio, han salido a la luz algunos aspectos que ponen en duda el procedimiento por parte de las autoridades encargadas de decidir la entrega del Nobel.

 

Kullmann Five, presidenta del Comité Noruego del Nobel, insistió en el papel de Noruega como país garante, así como alentar la búsqueda de la paz, al referirse a la distinción de Santos. Pero según algunas opiniones, el verdadero motivo de la dudosa distinción es de naturaleza económica, y de manera particular la explotación petrolera en la nación suramericana, lo que ha contado con la aprobación de su presidente.

 

Kullmann Five fue vicepresidenta del consejo de Statoil, la mayor empresa petrolera noruega, entre 2003 y 2007, antes de ocupar la presidencia del Comité del Nobel de la Paz. El gobierno noruego, cuya misión como garante en las negociaciones de paz juega un papel determinante, posee la mayor parte de las acciones de la empresa a la que, en 2014, bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, se concedió una licencia de exploración en las aguas territoriales colombianas del mar Caribe.

 

Ya no sorprende descubrir que las personas y países que toman parte en el proceso de paz en Colombia tienen vínculos con compañías petroleras con importantes intereses en el país, que dependen de las concesiones y licencias del gobierno de Santos”, ha declarado Lia Fowler, periodista estadounidense, ex agente especial del FBI.

 

De cualquier modo, ya el premio fue otorgado. El presidente Santos -a diferencia del irreverente músico y no escritor Bob Dylan, galardonado injustamente con el de literatura-, fue a recibirlo y lo ha dedicado a las víctimas del conflicto. Tal vez sea este un incentivo, más que simbólico, práctico, para continuar en la lucha por el logro definitivo de una paz estable y duradera en Colombia, a lo que ha hecho referencia Santos en su profundo y convincente discurso en la ceremonia de premiación en Oslo, Noruega: 

 

El pueblo de Colombia (…) está haciendo posible lo imposible. La guerra que causó tanto sufrimiento y angustia a nuestra población, a lo largo y ancho de nuestro bello país, ha terminado. Al igual que la vida, la paz es un proceso que nos depara muchas sorpresas”. (…) “Con este acuerdo -como dispuso Alfred Nobel en su testamento- comienza el desmantelamiento de un ejército -en este caso un ejército irregular- y su conversión en un movimiento político legal. Con este acuerdo podemos decir que América -desde Alaska hasta la Patagonia- es una zona de paz”.

 

El tercer aspecto a considerar respecto a la trascendencia de Colombia en el contexto político de Latinoamérica es la realización de un plebiscito para consultar al pueblo sobre su acuerdo con las disposiciones en relación con los tratados de paz. ¿Cómo es posible que un país rechace un acuerdo, que se supone le pusiera fin a un conflicto armado que se ha prolongado más de medio siglo, considerado el último del Hemisferio Occidental?

 

El pueblo colombiano se decidió por el “NO”, algo que merece comentarse, por cuanto, no se trata de un desacuerdo a la existencia de paz en una región -lo que sería algo verdaderamente paradójico-, sino una inconformidad respecto a la admisión de los líderes de las FARC en la vida social y política del país, después de haber estado involucrados en la muerte de miles de personas.

 

Con el 99.98% de los votos escrutados, 50.21% de los colombianos dijeron que "No" y 49.78% dijeron que "Sí". Se registró además la tasa de abstención electoral más alta en décadas: 63%, lo que demuestra un estado de apatía e incertidumbre ante el conflicto. Con este resultado se fracasaba, no precisamente ante el resultado de las negociaciones por los acuerdos de la paz, sino por el desacuerdo del pueblo con la participación de las FARC en los designios del país y permanecer impunes ante los crímenes cometidos. Ahora se estima que entre el 70 y 75% de la población colombiana no acepta la participación de las FARC en la vida política.

 

Una de las partes más cuestionadas ha sido el acuerdo de la garantía del partido político en el que se convertirían las FARC, de cinco escaños en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes para los dos siguientes períodos legislativos.

 

Otras objeciones se centraron en que los culpables de crímenes de guerra y de lesa humanidad -tanto de las FARC como de las fuerzas del Estado- no necesariamente cumplirían prisión. Los colombianos no pueden “olvidar el dolor de tantos años de guerra".

 

En su primer mensaje a los colombianos, tras el referendo que apoyara el “NO”, Santos mantuvo con firmeza que el cese al fuego seguiría como algo vigente, y afirmó: "No me rendiré, seguiré buscando la paz hasta el último minuto de mi mandato porque ese es el camino para dejarle un mejor país para nuestros hijos", lo que fue respaldado por el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño, quien aseguró que la guerrilla mantendría la puerta abierta al diálogo, lo que permite el reinicio de conversaciones para nuevas negociaciones.

 

En lucha contra el Estado desde 1964, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) aceptaron deponer sus armas a cambio de garantías para convertirse en partido político, lo que ha sido el elemento desencadenante del “NO” en el plebiscito, y de las inconformidades de una oposición que se ha fortalecido desde entonces.

 

Álvaro Uribe, quien fuera presidente del país entre 2002 y 2010, durante dos períodos consecutivos y con una trayectoria política encomiable, se opone férreamente al pacto al considerar que dejará en la impunidad las acciones delictivas de los miembros de las FARC, aun cuando el acuerdo establece que los rebeldes solo podrán evitar la cárcel si reconocen los crímenes y reparan a sus víctimas. Su protagonismo durante la campaña del “NO” fue decisivo para reencausar el proceso. Según su percepción, la paz resulta “ilusionante” y los textos formulados en La Habana “decepcionantes”.  

 

Aprovechando la próxima visita del Papa Francisco a Colombia, el jefe máximo de la guerrilla de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, conocido bajo los alias de Timoleón Jiménez y Timochenko, ha solicitado audiencia con el Papa, con lo que pretende buscar apoyo a la implementación del acuerdo de paz.

 

El jefe rebelde elevó el pedido tras la reunión que Francisco sostuvo recientemente en el Vaticano con el presidente Juan Manuel Santos y su antecesor Álvaro Uribe, dirigente de la oposición en Colombia. 

 

No es fácil lograr el consenso y la reconciliación con sectores dominados por un fundamentalismo de tal naturaleza, el cual a su vez alimenta la mano oscura que sume a Colombia en un doloroso mar de sangre”, escribió Rodrigo Londoño.

 

Para los próximos meses del 2017, Bogotá será anfitriona de la Cumbre de Premios Nobel de Paz, el evento más importante del mundo en el ámbito de la construcción de paz, la no violencia, el análisis del conflicto y de los problemas sociales y ecológicos de la humanidad.

 

Por primera vez la cita tendrá lugar en América Latina, e igualmente se efectuará en un país que aún está tratando de resolver un gran conflicto, lo que engrandece el protagonismo de Colombia en la región a pesar de sus muchos detractores, que solo han querido ver su lado oscuro a través del conflicto armado antes comentado, y de la nefasta aureola que la envuelve en el narcotráfico, lo que es una realidad que habrá que enmendar de una vez y para siempre en el contexto de estas nuevas disposiciones.    

 

El encuentro que tendrá lugar entre el 2 y 5 de febrero de 2017, contará con la presencia de importantes personalidades distinguidas con el Nobel de la Paz, entre las que sobresalen  Mijaíl Gorbachov, de Rusia, quien es el creador del encuentro; Óscar Arias, de Costa Rica; Frederik de Klerk, de Sudáfrica, Lech Walesa, de Polonia; Lord David Trimble, ex primer ministro de Irlanda; José Ramos-Horta, expresidente de Timor Oriental; Shirin Ebadi, defensora de derechos humanos de Irán; la yemení Tawakkul Karman, fundadora de Mujeres sin Cadenas, y el colectivo de entidades Cuarteto de Diálogo Nacional de Túnez, destacados por su papel en la construcción de paz en el país norteafricano, y como es lógico, Juan Manuel Santos, el ganador de 2016.

 

El viraje rotundo que ha experimentando Latinoamérica en estos convulsos tiempos está demostrando que la decadencia del socialismo es una realidad. El triunfo definitivo de la derecha en Argentina y Perú,  la destitución de Dilma Rousseff de su cargo presidencial por el Senado de Brasil, la derrota de Evo Morales en el referendo por su cuarto mandato -aunque ahora pretende lograr una nueva e inconstitucional reelección-, así como el control del parlamento por la oposición venezolana, son hechos que prueban que esta tendencia, aunque desde la apariencia de un nuevo ropaje, resulta insostenible, a lo que se une la inminente solución del conflicto colombiano con la verificación de la no intervención de las FARC, no solo de marcada postura izquierdista, sino con un historial delictivo a gran escala. 

 

América Latina pasa por un momento crucial de su historia política, similar al de la Europa Oriental en el pasado siglo. No hay nada que revisar para proponer nuevas modalidades socialistas. Un fracaso tras otro solo ha servido para reafirmar el concepto de la utopía de un sistema que en el orden teórico ofrece bondades, pero en el práctico carece de sentido. 

 

El llamado Socialismo del siglo XXI no es más que una justificación para el establecimiento de sistemas comunistas totalitaristas y la posibilidad de perpetuarse en el poder para que una exigua minoría pueda  ejercer su prepotencia y enriquecerse, lo que resulta muy distante de aquel sentido de la humildad, de la idea de la utilidad de la virtud, de los conceptos de democracia y libertad, y ante todo, de la liberalidad y libertades de expresión y pensamiento que proclamara José Martí, el más colosal de los cubanos, quien fue capaz de prever que: “al realizarse en la vida, las fórmulas se desenvuelven en aplicación, la concurrencia de derechos crea derechos especiales: los sistemas políticos en que domina la fuerza crean derechos que carecen totalmente de justicia, y el ser vivo humano que tiende fatal y constantemente a la independencia y al concepto de lo justo, forma en sus evoluciones rebeldes hacia su libertad oprimida y esencial, un conjunto de derechos de reconquista[1]

 

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 [1]  Martí, J. Obras Completas. T. 6. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975. pp.234-236.