Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

La contrarrevolución “progresista” en América Latina

 

El principio de la supervivencia es inherente a todos los seres vivos. No hay criatura viviente que se pueda escapar de esa propiedad adaptativa que nos hace aferrarnos a continuar existiendo, algo que se hace mucho más evidente cuando sabemos que se aproxima el posible fin de nuestra existencia física o material.

 

Esto no solo es válido para los seres vivos de manera individual, sino que dicho principio de extiende a clanes, comunidades y sociedades, y también resulta aplicable en la esfera social y política de nuestras naciones. Cuando un sistema social, político y económico está a punto de llegar a su inevitable fin -todo comienzo tiene un fin asegurado- sus promotores, mentores y líderes se aferran al citado principio de la supervivencia para retocarlo y maquillarlo a modo de cuidados paliativos extremos con la intención de hacerlo sobrevivir en medio de la supuesta adversidad.

 

Tal vez por esto los sobrevivientes de lo que en algún momento fue considerado un movimiento arrollador rebosante de “progresismo”, “democracia”, “equidad” y “justicia” en América Latina -porque lamentablemente el gran mal se extendió de manera progresiva, cual maligna plaga, por varios países claves de la región en lo que constituyó un viraje radical hacia la izquierda- pretenden ahora, al verse derrotados, pero incapaces de reconocer y admitir su revés ante el mundo, dar muestras de un posible renacer de algo que ya está extinguido, aun cuando en unos pocos países logran quedar remanentes, que a modo de aberraciones contra las leyes del devenir histórico de las naciones, luchan por su subsistencia acogidos a ese principio elemental inherente al que hice referencia antes.

 

En Buenos Aires, la capital argentina, se desarrolló entre el 19 y el 23 de noviembre, el Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico, y la 8º Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, eventos organizados por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)*, bajo el lema “Las luchas por la igualdad, la justicia y la democracia en un mundo turbulento”.

 

Esta Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales se celebra cada tres años -la anterior había sido la del 2015 efectuada en Medellín, Colombia-; pero lo llamativo es la inserción dentro del evento tradicional de un llamado Primer Foro Mundial de Pensamiento Crítico, algo que de manera inesperada apareció en el panorama del habitual espacio trienal del CLACSO; aunque el foro fue organizado con premeditación y alevosía, tal vez desde un relativo silencio (no se divulgó lo suficiente de manera anticipada, ni se han publicado detalles de los organismos e instancias que lo auspiciaron y lo financiaron) para asegurar lo que sus aberrados participantes consideraron exitoso.

 

Tal vez las palabras pronunciadas por Pablo Gentili, Secretario Ejecutivo de CLACSO, nos puedan ofrecer una mayor claridad acerca del porqué de este encuentro “progresista” regional. 

 

América Latina vive un ciclo de enorme complejidad. Estamos viendo la reversión de algunas de las principales conquistas democráticas alcanzadas en nuestros países durante los últimos 15 años de transformaciones progresistas, de construcción de un modelo de inclusión social, de ampliación de oportunidades y derechos a las grandes mayorías, que comienza a transformarse en la medida en que avanzan gobiernos conservadores y neoliberales, sea por la vía de los golpes institucionales como en el caso de Brasil, sea por la construcción de alternativas políticas que acaban teniendo mucho éxito al menos electoral, como en el caso de la Argentina” (…) “Es un momento de regresión democrática para nuestra región en la cual tenemos que multiplicar  esfuerzos para poder interpretar lo que nos ha ocurrido, porqué hemos llegado hasta aquí, cuáles son las razones que explican por qué no se ha podido dar continuidad a este período de transformaciones democráticas tan positivo. En este sentido, las ciencias sociales nos pueden ayudar a reflexionar cómo hacer para evitar que estos gobiernos conservadores multipliquen sus efectos devastadores sobre la democracia, la inclusión,  la promoción y ampliación de derechos”.

 

Esta es la declaración del Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), cuyas palabras no dejan lugar para la duda respecto a su orientación política eminentemente izquierdista. ¿A qué conquistas democráticas se refiere el alto funcionario cuando en varios de los países que evoca se violaron leyes constitucionales, se manipularon elecciones, se extendieron ilegalmente períodos de mandato, entre otras tantas perversidades antidemocráticas?

 

¿Es que acaso se puede hablar de gobiernos inclusivos cuando en realidad se han establecido o se pretendieron establecer sistemas totalitarios por gran parte de la región a partir de la acogida de las maquiavélicas ideas de Fidel Castro, Lula da Silva y Hugo Chávez? Me refiero concretamente a la ideación inicial y más tarde la consumación como acto del Foro de Sao Paulo, en el caso de Castro y Lula, y de la difusión del Socialismo del Siglo XXI por parte de Hugo Chávez con los auspicios del ya felizmente desaparecido viejo comandante cubano. 

 

¿Qué hay de positivo en ese período -con frecuencia llamado década ganada por algunos de esos personajes- que con tanto orgullo resalta Pablo Gentili, según él, 15 años de transformaciones progresistas, cuando en realidad al final de dicha etapa los mandatarios de unos gobiernos terminaron acusados y procesados por corrupción y otros delitos (Luiz Ignacio da Silva, Dilma Rousseff, Cristina Fernández, Rafael Correa); otros están en la espera de aprobaciones de órdenes de captura por la Interpol (Nicolás Maduro y Rafael Correa), y otros aferrados a sostenerse en el poder mediante violaciones constitucionales y manipulaciones a sus ciudadanos (Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega)? Los representantes cubanos quedaron excluidos de mi comentario, por cuanto resulta difícil enmarcarlos en una u otra categoría por el hecho de cumplirlas todas excepto la orden de captura, algo que no se ha concretado y han permanecido intocables de manera vitalicia.  

 

Pero así andamos por América Latina, una región que por estos tiempos se halla inmersa en grandes transformaciones de naturaleza política, pero para su bien, y no como expresó el funcionario del CLACSO, en un retroceso democrático a partir de la presencia de gobiernos de nuevo tipo con una marcada proyección de derecha, lo que en realidad pudiera salvar a una región que si seguía por el mal camino del Socialismo del Siglo XXI  estaba destinada a hundirse en las profundidades abismales de la miseria, la desigualdad y la inmoralidad. Téngase presente el caso de Venezuela, nación que constituye el prototipo o imagen ideal capaz de reflejar los efectos devastadores de un régimen totalitario de tendencia izquierdista aferrado a las excéntricas propuestas del Socialismo del Siglo XXI.

 

Resulta significativo que este nuevo foro, al que convocaron desde Argentina los promotores del progresismo regional, tuviera lugar por estos convulsos días en que la izquierda está inmersa en una histeria colectiva ante lo que quieren presentar como una instauración del neofascismo a partir de la elección para la presidencia de Brasil de Jair Bolsonaro, el representante del Partido Social Liberal brasileño, lo que significa una consolidación reafirmante que a modo de barrida definitiva podrá eliminar cualquier vestigio de tendencia comunista de la gran nación suramericana, lo que será determinante dentro del contexto político regional.

 

Y no solo se trata de la elección de Bolsonaro -de quien ya he escrito bastante últimamente como para detenerme ahora en detalles biográficos, antecedentes y proyecciones de su sistema de gobierno-, sino de la presencia de otros líderes defensores de la democracia -me reservo el concepto de verdadera democracia toda vez que no existe, al menos en el orden práctico, una democracia perfecta, esto es, que esté libre de cualquier dogma o esquema que la haga digna del verdadero sentido del término desde el punto de vista conceptual- en la región. Tal es el caso de Iván Duque, joven político de trayectoria destacada que recientemente triunfó en Colombia a pesar de la maléfica influencia manipuladora de sus contrincantes de tendencias de izquierda, o de los recién elegidos durante el 2018, Mario Abdo Benítez y Carlos Alvarado Quesada, presidentes de Paraguay y Costa Rica respectivamente. El primero representante del Partido Colorado, de tendencia conservadora, y el segundo por el Partido Acción Ciudadana, de ideología socialdemócrata. Por suerte para Latinoamérica, todos distantes de los gobiernos de tendencias socialistas que perduran en esta zona. No olvidemos los casos de Chile con Sebastián Piñera, quien reemplazó a la socialista Michelle Bachelet, y de Argentina con Mauricio Macri, quien ocupó la presidencia después de Cristina Fernández, promotora del socialismo de nuevo tipo en esta nación.

 

De modo que la realización de este Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico constituye un desafiante acto, que lo que queda de izquierda en América Latina pretende imponer como forzado talismán, a modo de chantaje, al sentirse asfixiada definitivamente ante la fuerza arrolladora de un nuevo pensamiento de vanguardia en la región. No olvidemos que con la llegada de Jair Bolsonaro al poder de Brasil el Foro de Sao Paulo -engendro creado por el binomio Castro-Lula da Silva y que reúne a lo peor de la izquierda continental- se extinguirá para siempre; de ahí la idea de un nuevo foro que pueda reemplazar al ya existente y actualmente carente de sentido, sin que olvidemos su caducidad porque ya dejó de existir el viejo comandante cubano y Lula da Silva se encuentra cumpliendo una merecida condena de doce años en las cárceles brasileñas.

 

De igual modo la realización del sonado evento socialista tuvo lugar por esos días como contrapartida a la Cumbre G20**, que se desarrolló el 30 de noviembre y 1 de diciembre también en Buenos Aires, y que, a diferencia del polémico foro supuestamente “progresista”, dicha cumbre recibió a los mandatarios de los países más industrializados del mundo, incluido al controversial presidente estadounidense, quien a pesar de su limitada agenda y pocos encuentros con otros mandatarios asistió al encuentro, lo que a los socialistas del siglo XXI los tiene histéricos; de ahí la convocatoria urgente para esta reunión que la izquierda carnicera quiso mostrar al mundo a modo de anticipada contrapartida. Recordemos el principio de supervivencia ante la posibilidad de exterminio al que he acudido como recurso filosófico al inicio de este trabajo. 

 

En fin, que el incoherente Foro de Pensamiento Crítico es el equivalente a la realización de una gran fiesta a la que pudiera convocar alguien que se encuentre en estado pre-mortem, siendo consciente de la proximidad de su final y se resiste a la aceptación de su condición. La izquierda latinoamericana está derrotada, el Socialismo del Siglo XXI es tan solo una maléfica sombra espectral. No hay ni habrá eventos, reuniones, propuestas o directrices capaces de revitalizar lo inexistente. La izquierda regional latinoamericana deberá asumir la misma actitud del derrotado campo socialista de la desaparecida URSS y Europa Oriental, cuyos sobrevivientes partidistas y defensores del extinto comunismo no tuvieron otra opción que contemplar con resignación un nuevo orden de carácter universal y limitarse a algunas pequeñas reuniones carentes de trascendencia.

 

Las figuras participantes en el Primer Foro Mundial de Pensamiento Crítico cuentan con un historial que los vincula de una u otra manera a los movimientos de la izquierda de América Latina y del mundo.

 

Repasemos a modo de un pase de lista para que se tenga una idea exacta de la desfachatez del nuevo foro convocado en Argentina teniendo en cuenta la “calidad” de la mayoría de sus asistentes. La primera en hacer uso de la palabra en la rimbombante tenida fue Dilma Rousseff, la expresidente de Brasil, recién destituida de su cargo, y ahora enjuiciada junto a Lula da Silva por asociación ilícita en caso de corrupción; este último no pudo asistir por encontrarse tras las rejas, pero envió una misiva “desgarradora” que cualquiera que no conociera de sus fechorías caería en su trampa populista.

 

Integran la nómina además el expresidente de Uruguay, José Mujica, quien se abstuvo al final de la jornada de hacer uso de la palabra para evitarse problemas con el actual gobierno de Uruguay; la expresidente de Argentina, Cristina Fernández, actualmente senadora y juzgada también por varios cargos en su contra, aunque aun en libertad dada su inmunidad parlamentaria; el expresidente colombiano Ernesto Samper, quien se desempeñó también como Secretario General de la UNASUR entre 2014 y 2017; así como el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, en representación del limitado líder boliviano Evo Morales.

 

Otras de las figuras que formaron parte de los paneles fueron el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel***, quien a pesar de su tendencia a la defensa de los desposeídos y sus aciertos en relación a las propuestas de la no violencia, hay al menos dos aspectos que lo delatan ante el mundo respecto a su postura reaccionaria izquierdista: su cargo dentro del consejo asesor de la televisora comunista venezolana Telesur, y su inserción como defensor del Movimiento de Teología de la Liberación, cuyos matices son eminentemente izquierdistas; la presidente de la controversial Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, con un historial de estrechos vínculos con los líderes del Socialismo del Siglo XXI.

 

También la exsenadora colombiana y “defensora de los derechos humanos” (es así su carta de presentación) Piedad Córdoba, del ala izquierdista del Partido Liberal, esto es, del Movimiento Poder Ciudadano del Siglo XXI, fundado por ella, destituida de su cargo como senadora e inhabilitada durante 18 años para ejercer oficios gubernamentales debido a vínculos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en 2006, aunque en 2016 el Consejo de Estado suprimió ambas acusaciones, quien se presentó en el encuentro “El futuro de la izquierda y de la dignidad humana”; así como el intelectual franco-español Ignacio Ramonet, quien actualmente ocupa la presidencia de honor de la Asociación de la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Acción Ciudadana (ATTAC), entidad dedicada a la defensa de una gran cantidad de causas de la izquierda política -ya sabemos que muchos intelectuales españoles se sienten demasiado atraídos por la izquierda.

 

A este grupo se unieron además dos figuras que no podían faltar para completar la crema de la perversidad latinoamericana. Me refiero a los excandidatos presidenciales Fernando Haddad, de Brasil, recientemente derrotado por Jair Bolsonaro, y Gustavo Petro, de Colombia, también derrotado por el Iván Duque, cuyos vínculos con las FARC -aunque fueran en otra etapa de su vida- lo hacen un ser inaceptable y repudiable para la humanidad. El primer derrotado, con su intervención “Brasil: la esperanza vencerá al miedo”, cuyo tema como es lógico hace alusión al supuesto ambiente brasileño tras la elección de Jair Bolsonaro. El segundo con participaciones destacadas durante el encuentro: “Hacia una nueva política democrática: poder ciudadano y justicia”. Ya nos podremos imaginar a este personaje disertando sobre cuestiones de justicia y democracia.

 

Pero si de maleantes se trata no podemos excluir a la insignificante participación cubana, la que estuvo representada por dos nulidades intelectuales, Gerardo Hernández y Ramón Labañino, presentados como héroes cubanos, cuando en realidad son fracasados espías y terroristas. Los “héroes” intervinieron junto a la chilena Isabel Allende, que figuró como representante del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba, en el homenaje a los 60 años de la llamada revolución cubana, así como en la entrega de distinciones, premios y reconocimientos.   

 

No podía faltar a este encuentro otro español de dudosa conducta y postura izquierdista, el jurista Baltasar Garzón, con un historial vinculado a figuras tan controversiales como Julian Assange, fundador de Wikileaks, refugiado político en la embajada de Ecuador en Londres, de quien ha sido director de su defensa, sin que olvidemos sus vínculos directos con los mandatarios Cristina Fernández, de quien recibió la documentación que lo acredita como residente extranjero en Argentina, en 2012; y con Rafael Correa, con cuyo gobierno colaboró al ser nombrado coordinador de la Veeduría Internacional a la Reforma de la Justicia, cuyo informe final se presentó en 2012.

 

Siempre nos faltará incluir a algunos de los autoproclamados progresistas y defensores de los derechos de los desposeídos -aunque ellos hacen gala de su riqueza personal conquistada a expensas de lo que extrajeron de sus respectivas naciones- en este “pase de lista”. No obstante, acá está una muestra representativa del universo del foro, suficiente como para tener una idea precisa de la calidad moral y humana de los participantes, al menos de los que ocuparon el protagonismo del evento.   

 

El gran disparate de Dilma Rousseff al afirmar que con Jair Bolsonaro en el poder se instaurará una variable neoliberal de neofascismo.

 

¿Qué dijo la Rousseff en su alocución ante los miles de seguidores del progresismo latinoamericano procedentes de más de 50 países? Con retórica un tanto pedante, y casi en desuso, la exmandataria se mostró firme al asegurar que la derecha de su país no tiene en sí un proyecto, según su opinión, a diferencia de los representantes del “progresismo” que en realidad tienen un frente popular y democrático. De igual forma aseguró que la resistencia es la única manera de enfrentar al neoliberalismo; pero en su discurso puso un especial énfasis en la presencia de Jair Bolsonaro, el hombre del momento, cuyas ideas diametralmente opuestas a las tendencias socialistas impulsadas por Lula da Silva y Dilma Rousseff, sin duda, repercutirán sobremanera en relación a la nueva orientación política de la nación. Según la exmandataria, Brasil “entró en un camino trágico” con la elección de Bolsonaro, camino que presupone un riesgo: “el riesgo es salir de la democracia y entrar en una variable neoliberal de un neo-fascismo”. ¡Cuantos “neos” utiliza la señora!

 

Dejando a un lado las expresiones que le han dado cierta celebridad a Jair Bolsonaro, aunque muy poco a su favor, de las que también he comentado, y se ha dicho demasiado, y tratando de ser imparcial respecto a los posibles efectos benéficos o no con la presencia del nuevo mandatario en el poder, trataré de comentar algunos puntos que merecen ser asumidos para que no se siga tergiversando la imagen del nuevo presidente de Brasil, por cierto, elegido democráticamente, sin trampas ni denuncias por parte de instancias observadoras, y con la aceptación de su triunfo por parte de su adversario Fernando Haddad, representante del Partido de los Trabajadores, de línea izquierdista y participante en el evento.  

 

Para encasillar a Bolsonaro dentro de modalidades neofascistas resulta necesario recordar que desde el punto de vista conceptual esta tendencia consiste en la pretensión y restauración definitiva de sistemas o tendencias de tipo fascistas en determinados países o  regiones. Esto presupone precisar que el fascismo es una ideología de carácter eminentemente totalitario y nacionalista cuyo clímax se alcanzó con la idealización étnico-racial proyectada por Adolfo Hitler en Alemania, quien le ofreció una sobredimensión de nacionalismo -en su sentido más amplio, incluyendo el arte, la literatura, la filosofía, el pensamiento, y la fuerte influencia de las tradiciones germanas primigenias-, elemento que ha perdurado hasta el presente con la aparición de nuevos grupos, no solo políticos, sino también sociales y culturales que intentan perpetuar la esencia de la ideología fascista inicial.

 

Pero el término neofascismo actualmente también suele aplicarse a ciertos grupos que profesan tendencias enraizadas en la extrema derecha, y aunque parezca contradictorio también se extiende a grupos de orientación izquierdista simpatizantes de Benito Mussolini, el fundador no solo de la corriente fascista en Italia, sino de manera general del fascismo propiamente dicho, por cuanto se maneja con frecuencia que la modalidad profesada y difundida por Hitler es en sí una ideología de tipo nacionalista extrema, vista por algunos como nacionalsocialista.

 

Tal vez por esta acepción que lo vincula al ultraderechismo es que se ha aprovechado por la contrarrevolución castrista para asociar a Jair Bolsonaro a la tendencia neofascista. Recordemos que dentro de su carta de presentación siempre ha estado a modo de caracterización curricular su etiqueta de ultraderechista, de extrema derecha, entre otros tantos calificativos que de modo despectivo le han acompañado mucho antes de que en sí se hablara de su trayectoria durante la reciente campaña electoral. Desprenderse de esto, al parecer, le costará demasiado trabajo toda vez que existe una tendencia internacional de la izquierda carnicera encaminada a desacreditar al nuevo presidente de Brasil, no solo desde aquellas naciones dentro del contexto latinoamericano que siguen profesando muy a su manera la idea comunista, sino de todas partes, incluidos varios países de la Unión Europea, de modo muy particular España, donde la izquierda cerril es tan bien promovida y donde los excéntricos militantes del Partido Comunista -porque también tienen su decadente Partido Comunista- te asechan en las calles con fines proselitistas. Los otrora afamados diarios de esta nación lo mismo lo han comparado con Donald Trump que con Nicolás Maduro, y de manera enfática sobredimensionan su encasillamiento dentro de un ultraderechismo o extrema derecha, aun cuando impresiona que sean tan desconocedores, o al menos irresponsables conocedores muy poco profundos de los conceptos claves de la historia sociopolítica actual y de la filosofía política contemporánea.    

 

Retomando las palabras de la Rousseff. Es una idea absurda y malintencionada, amén de un error conceptual, la afirmación de la expresidente de Brasil acerca de la instauración de tendencias neofascistas en Brasil a partir del inicio del mandato de Bolsonaro. Su pretensión no es otra que desacreditar al nuevo mandatario toda vez que su presencia al frente de la gran nación suramericana pondría freno al desorden político y social protagonizado por ella misma y por Lula da Silva, cuyas acciones siguen siendo ahora motivo de investigaciones que pudieran enriquecer desde el punto de vista legal las sendas causas abiertas contra ambos exmandatarios, la primera destituida de su cargo presidencial y acusada hace poco por asociación ilícita en caso de corrupción junto a Lula da Silva, y el segundo ya en prisión actualmente.

 

Bolsonaro desde una perspectiva religiosa de marcado énfasis evangélico aspira a realzar los valores de autenticidad nacionalistas, y esto no lo aproxima en lo más mínimo al  fascismo ni a las tendencias neofascistas. Es cierto que da la impresión, por ahora, y sin el tiempo necesario, por cuanto aun no se ha establecido en el poder, de ser un hombre demasiado conservador, lo que tampoco permite que se le asocie a ideas de tipo fascistas.

Las famosas afirmaciones suyas acerca de la defensa de ciertos métodos de tortura, sus proyecciones a favor de la dictadura militar y en contra de ciertos grupos étnicos de la nación, no son argumentos suficientes para clasificarlo dentro de una u otra tendencia, toda vez que se trata de afirmaciones hechas a lo largo de su vida, y escogidas recientemente para dañar su imagen durante la etapa de campaña presidencial.

 

Como ya dije en otra ocasión, demos un voto de confianza a Bolsonaro sobre esto, por cuanto solo se trata de palabras y no de acciones; su mandato no ha comenzado, y aunque tal vez no fuera la imagen del presidente ideal, dentro de las opciones de los brasileños en las elecciones, Bolsonaro era la mejor. Recordemos que de haber sido elegido Fernando Haddad estaríamos ante un caso de continuismo político, y lo que ocurrió en Ecuador con Lenín Moreno solo se da una vez cada 100 años. Haddad jamás se hubiera enfrentado a Lula da Silva ni encabezaría una campaña anticorrupción como hizo de manera ejemplar Lenín Moreno en Ecuador. Más bien todo lo contrario. ¿Es que acaso existe algún presidente a escala mundial que reúna aquellos requisitos diseñados por Platón en su emblemático texto La República? Así que demos tiempo al tiempo antes de juzgar demasiado a priori como hizo la expresidente de Brasil, Dilma Rousseff, con su tan malintencionada hipótesis sobre un imaginario neofascismo brasileño como modalidad de un neoliberalismo latinoamericano.      

 

Por su parte el malandro Luiz Inácio da Silva envió desde la cárcel una carta al foro en la que se solidariza con la causa de los reunidos, siendo demasiado escueto y sutil en su mensaje: “La reflexión, el pensamiento crítico, el soñar, proponer y construir un mundo mejor, más justo y más humano siempre será importante y nunca será fácil” (…) “parte de América Latina y del mundo vive el ascenso del atraso” (…) “un gran encuentro para recordar nuevamente que otro mundo es posible y necesario”.

 

Cristina Fernández de Kirchner, entre el autoritarismo tiránico, la superficialidad de los populistas y la vulgaridad del comunismo. Su propuesta de un frente social en contra del neoliberalismo. 

 

Resulta un tanto desagradable ver y escuchar a una mujer que se supondría fuera símbolo de seguridad y firmeza en la palabra, y a la vez portadora de la elegancia y la delicadeza -por lo que le pudiera corresponder a una dama de su rango-, que en realidad se presente ante un auditorio colmado de fanáticos como la mujer vulgar y carente de clase que es, amén de demostrar un autoritarismo manipulador en relación con sus seguidores.

 

La expresidente de Argentina, sobre la que cada vez se acumulan más cargos penales en su contra, durante su desafortunada intervención fue reiterativa al extremo, cuasi obsesiva, respecto a sus ataques contra lo que considera el gran mal de estos tiempos por los parajes andinos, esto es, el neoliberalismo. Para su ataque abiertamente declarado propone “acuñar una nueva categoría de frente social, cívico, patriótico, en el cual se agrupen todos los sectores que son agredidos por las políticas del neoliberalismo”. 

 

No solo fue inquisitiva al extremo contra el neoliberalismo, aunque si en realidad tuviera que explicar conceptualmente qué es el neoliberalismo no sabría hacerlo, como la gran mayoría de estos “progres” procastristas. Cristina Fernández hizo un derroche de errores conceptuales al pretender abordar el fenómeno de la igualdad desde una perspectiva de cierto historicismo, y fue justamente aquí donde erró sobremanera, por cuanto carece, no solo del don de la palabra -aunque unos pocos medios calificaron su “discurso” (conceptualmente su intervención no se puede incluir en esta categoría) de brillante-, sino que carece del conocimiento y la cultura necesarios para poder abordar dicha categoría desde una óptica de este tipo. Para los asistentes a su intervención todo estuvo bien, y la superficialidad de la “oradora” no se hizo notar entre aquellos fanáticos que la aclamaron desenfrenadamente como si fuera una política de primer nivel en vez de un ser que se está burlando de la justicia.   

 

Luego de una serie secuencial de datos y comparaciones en los que se basó para defender su etapa al frente del gobierno argentino, pretender ocultar sus delitos e inmoralidades, y sobre todas las cosas ridiculizar a Mauricio Macri, cabe preguntarnos entonces: ¿qué dijo en sí Cristina Fernández en su “discurso”? Concretamente la esencia de su intervención estuvo precisada en el preámbulo a lo que ella misma creyó era una disertación brillante. Con marcado acento precisó que el foro no era una contracumbre, sino “el espacio político de ideas, de visión y perspectiva económica y social que excede las categorías de izquierda y de derecha para ingresar en una nueva categoría de pensamiento”, cuya categoría al parecer dejó a un lado para divagar en su ataque desmedido al neoliberalismo y en su autoelogio como gobernante. Se supone que la nueva categoría sea el castrismo disfrazado de progresismo democrático devenido como resultante del encuentro. 

 

A manera de resumen. El Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico fue en realidad el pretexto para intentar boicotear la Cumbre de G-20.

 

Tratando de resumir, a modo de conclusión, retomaré las palabras del líder del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, personaje encargado de recordarnos que: “las  ciencias sociales nos pueden ayudar a reflexionar cómo hacer para evitar que estos gobiernos conservadores [refiriéndose a la nueva oleada de gobiernos de derecha o de centro-derecha existentes en Latinoamérica a partir del viraje radical mediante el cual la izquierdo quedó asfixiada] multipliquen sus efectos devastadores sobre la democracia, la inclusión, la promoción y ampliación de derechos”.

 

Esto merece un comentario aparte, por cuanto se están tergiversando conceptualmente algunos términos a los que acude, no solo Gentili, sino la mayoría de los personajes participantes que expusieron sus obsoletos criterios y creyeron disertar sobre nuevas propuestas y desafíos, cuando en realidad solo hicieron acudir a su gastada y anquilosada retórica castro-jurásica tan poco convincente en estos tiempos de modernidad, rapidez extrema y grandes transformaciones sociales.

 

Por otra parte consideremos el lema utilizado en este primer foro, el que dejé sin comentar de modo intencional toda vez que pensé reservarlo para el final de este trabajo. Los congregados en Buenos Aires dijeron haber querido reflexionar acerca de “Las luchas por la igualdad, la justicia social y la democracia en un mundo turbulento”.

 

Resulta paradójico que los líderes participantes se muestren sobremanera preocupados por la posible desaparición de democracias establecidas en varios países latinoamericanos  cuando en realidad sus gobiernos fueron la antítesis de la democracia.  Ahora resulta que en aquellas naciones en las que se trató de experimentar con la presencia de sistemas de gobierno cercanos -al menos en algunos aspectos desde el punto de vista teórico- a las tendencias socialistas se autoproclamen abanderados del progresismo latinoamericano, cuando en realidad, entre otras cosas:

 

1. Pretenden mantenerse en el poder, ya sea a través de modificaciones constitucionales, de acciones fraudulentas, del continuismo político, y lo peor, mediante la manipulación de grandes sectores poblacionales (generalmente los más desposeídos e iletrados, que resultan un excelente caldo de cultivo para el engaño premeditado), en los que se presentaron como Mesías para resolver todas sus penurias a cambio de una lealtad mantenida que garantice sus votos para asegurar la continuidad en el poder. Constituyen ejemplos prototípicos en este sentido Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, cuyos regímenes dictatoriales reúnen o reunieron casi en su totalidad los aspectos antes citados, y en menor medida Brasil, que cumple con la idea de la manipulación de los sectores marginales y pobres, aunque no se dio el fenómenos de modificaciones constitucionales, ni existen evidencias concretas para poder afirmar la existencia de fraudes electorales.

 

2. Llevaron a sus países al aislamiento, con el consiguiente estancamiento de sus economías (algunos como Venezuela y Ecuador entraron en recesión, sin que olvidemos el bochornoso caso de Cuba, que resulta inclasificable), amén de fomentar la corrupción, la delincuencia, la violencia y la criminalidad, indicadores en los que ocupan lugares cimeros Venezuela y Brasil. Téngase presente que en este aspecto solo incluyo aquellos países que profesaron o aun profesan el Socialismo del siglo XXI, de ahí que no están citadas las naciones del Triángulo Norte ni México, los que se destacan en el contexto regional por sus elevados niveles de criminalidad y delincuencia.

 

3.  Se limitó la libertad de pensamiento y de expresión, estableciéndose mecanismos represivos para el control de los medios de comunicación, destacándose el caso de Ecuador durante el gobierno de Rafael Correa con la existencia de la Superintendencia de la Información y Comunicación (Supercom), organismo que frenó la libertad de expresión y pensamiento durante los últimos años de la administración de Correa mediante la imposición de restricciones, numerosas multas y demandas, que condujeron a la reducción de personal e incluso al cierre de distintos medios independientes. Esta entidad vigilaba el trabajo de unos 1.200 medios de comunicación registrados en el país y procesó 1.081 casos contra medios y periodistas, de los que 675 terminaron en sanciones.

 

¿A qué progresismo, democracia, igualdad y justicia se está haciendo referencia entonces en el afamado foro? Solamente al que les conviene a ellos. ¿Es que acaso las conceptualizaciones de estas categorías han cambiado con el devenir histórico actual, o se trata en sí de oportunistas e interesadas adecuaciones muy a su manera por parte de los líderes de los movimientos izquierdistas procastristas de la región?

 

Resulta inmoral e inadmisible que los acusados y sentenciados por cargos de corrupción -que ya son varios mandatarios- continúen manifestando públicamente que se trata de persecuciones políticas organizadas por la “extrema derecha” bajo la supervisión del poderoso imperio que siempre quieren hacer ver por doquier. De igual modo, es insostenible que los regímenes totalitarios impuestos por el Socialismo del siglo XXI quieran aparecer en este foro mundial como democracias progresistas mientras se inculpa a los verdaderos gobiernos progresistas democráticos, recientemente restablecidos a partir de elecciones libres y sin acciones fraudulentas, de ser reaccionarios y graves amenazas para el equilibrio y la libertad regional.

 

A pesar de la apariencia académica y la declaración del foro como ejercicio teórico para el debate y la reflexión (similar a las propuestas oficiales del CLACSO), en realidad fue un evento eminentemente político marcadamente parcializado. Las intervenciones de sus principales invitados, las propuestas del programa  a cumplir -incluido el bochornoso homenaje a los 60 años de la supuesta revolución cubana-, la postura política de sus participantes, entre otros aspectos, así lo demuestran. 

 

De cualquier modo, el Primer Foro Mundial de Pensamiento Crítico pasó sin penas ni glorias. En Cuba, donde solo se comenta en los medios de prensa lo que es conveniente para el régimen, se hizo difusión del evento a través de sus principales diarios oficialistas tradicionales; sin embargo, las expectativas ante el sonado escándalo del fin del programa “Mais Medicos”, la improductiva gira de Díaz-Canel por países asiáticos, y la visita del presidente del gobierno español Pedro Sánchez, le restaron el protagonismo al foro, además de que en la comitiva cubana solo se incluyó a personajes de cuarta categoría de la estirpe de los “héroes”. 

 

De manera general el mediocre evento resultó bastante poco comentado, y de modo particular aquellos sitios en los que suele abordarse la problemática sociopolítica de la región desde posturas de librepensamiento no se hicieron eco de dicho encuentro. Por otro lado, a los europeos no les interesa demasiado la problemática sociopolítica de Latinoamérica, amén de estar inmersos en sus propias preocupaciones un tanto distantes de las nuestras.

 

Así las cosas, y discrepando por completo de la opinión de la corrupta señora Cristina Fernández, este Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico fue en realidad un burdo pretexto para intentar boicotear la Cumbre de G-20. Varias coincidencias así lo sugieren:

 

En primer lugar fue realizado en la capital argentina, de igual modo que la Cumbre G-20.

 

En segundo lugar, se anticiparon solo unos días a la realización de la magna reunión que con mucho tiempo se había programado para los días 30 de noviembre y 1 de diciembre.

 

En tercer lugar, fue protagonizada por la crema y nata de las tendencias de izquierda carnicera de la región y del mundo, inútilmente queriéndose convertir en los encargados de hacer la contrapartida al encuentro de los principales representantes de las naciones más desarrolladas del planeta.

 

En cuarto lugar, se realizó de manera colateral y previo al foro, la semana de acción global Fuera G-20 y FMI, evento encabezado por Adolfo Pérez Esquivel, lo que se  entrelazó con el foro propiamente dicho, y que incluyó protestas contra el presidente Donald Trump, entre otras desafiantes acciones a la Cumbre G-20.

 

A fin de cuentas, que se esforzaron como  nunca para terminar haciendo los ridículos de siempre.   

 

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*El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) es un organismo de aparente diseño académico, cuando en realidad es una entidad que forma parte del aparato propagandístico de la izquierda continental.

Entre sus objetivos principales se encuentran:

1. Promover la investigación social para el combate a la pobreza y la desigualdad, el fortalecimiento de los derechos humanos y la participación democrática.

2. Contribuir, desde los aportes de la investigación académica y del pensamiento crítico, a promover políticas de desarrollo sustentables en términos económicos, sociales y ambientales.

3. Estimular el desarrollo y la consolidación de las ciencias sociales y del pensamiento crítico en los países más pobres de América Latina y el Caribe.

4. Intervenir en el debate público nacional y regional, aportando las perspectivas y contribuciones de la investigación social basada en resultados.

5. Colaborar con la formación de agentes gubernamentales, activistas sociales y profesionales de la prensa en temas sociales, educativos, culturales y ambientales, acercándolos a problemáticas abordadas desde las ciencias sociales y a las evidencias que la investigación social aporta.

6. Generar condiciones de acceso abierto a la producción académica latinoamericana y caribeña, contribuyendo a la democratización del acceso al conocimiento y permitiendo su más activa utilización por parte de los gestores de políticas públicas, las organizaciones sociales y ciudadanas, la prensa y el propio sistema universitario.

7. Tender puentes entre la investigación social y las políticas públicas, impulsando acciones innovadoras, creativas y viables ante los grandes desafíos sociales, educativos, culturales y ambientales de América Latina y el Caribe. (Tomado de Diario CLEVER, nueva plataforma digital que nació como alternativa a los medios de comunicación tradicionales del Chile).

 

** La Cumbre del G-20 en Buenos Aires es la decimotercera reunión del G-20, siendo la primera de se organiza en América del Sur. El Grupo de los 20 es un foro cuyos miembros permanentes son 19 países de todos los continentes, entre los que e encuentran: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía; a los cuales se suma una representación adicional por la Unión Europea. Es el principal espacio de deliberación política y económica del mundo. La instancia más importante del G20 es la Cumbre de Jefes de Estado, denominada Cumbre de Líderes, que se reúne una vez por año. El G20 cuenta con dos instancias gubernamentales de segundo nivel, denominadas canales de trabajo: el Canal de Finanzas que reúne a los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales y el Canal de Sherpas, para tratar los temas no económicos.

 

***Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz de 1980, protagoniza una campaña internacional para reunir las firmas necesarias y oficializar la candidatura de Lula da Silva para el premio Nobel de la Paz del 2019. Según Esquivel, Lula da Silva “es un luchador incansable contra el hambre y la pobreza, y su trayectoria lo transformó en un líder mundial por la paz y la dignidad humana”.