Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos

Elecciones de Ecuador: incertidumbres, esperas, protestas populares

 

Ecuador, la nación andina privilegiada por su geografía, su clima y su diversidad de flora y fauna, lamentablemente no ha tenido la misma suerte en el terreno social y político. En contraposición a estas bendiciones de la naturaleza, la pequeña nación andina ha estado guiada, en este caso, mal guiada, por una serie de gobernantes que no siempre han reunido los requisitos y condiciones mínimas como para merecer el alto honor de ser presidente de un país.

 

Para los comicios que recién han tenido lugar las expectativas de los ecuatorianos no eran buenas. Una cierta frialdad en los inicios de la etapa de campaña presidencial se percibía en muchos sectores. Tal vez ninguno de los candidatos presentes era el modelo ideal al que aspiran los ecuatorianos tan acostumbrados a fracasos presidenciales, inestabilidad de sus mandatarios, escándalos de sus directivos, expulsiones de presidentes por el propio pueblo, y hasta presidentes “locos” según las confesiones de muchos – téngase presente que hubo casos que solo estuvieron en el poder días y horas.

 

Este 19 de febrero de 2017, según lo dispuesto por las autoridades del país, se celebraron las elecciones presidenciales con una participación masiva de sus ciudadanos. En Ecuador el voto en los comicios, más que un derecho ciudadano, es una obligación que jamás se ha sometido a debate para convertirlo en voluntario, lo que obedece, según varios analistas políticos, al concepto de que no existe en la nación una verdadera cultura política que permita a sus ciudadanos la opción de votar voluntariamente.

 

Los resultados de los comicios

 

Según las últimas declaraciones de Juan Pablo Pozo, presidente del Consejo Nacional Electoral, a la 01:10 del 24 de febrero de 2017, con el 99.71% de actas escrutadas, el candidato Lenín Moreno, por Alianza País, obtuvo el 39.35%, y Guillermo Lasso, por el Movimiento CREO-SUMA, logró el 28.10%, por lo que la tendencia que estaba establecida desde el día anterior se mantuvo sin variación, lo que significa que tendrá lugar una segunda vuelta el próximo dos de abril.

 

El resto de los candidatos a la presidencia fueron: Cinthya Viteri con el 16.31%, Paco Moncayo que obtuvo el 7.71%, Abdalá Bucaram con el 4.82%, Iván Espinel que obtuvo el 3.18%, Patricio Zuquilanda con el  0.77% y Washington Pesántez con el 0.75%.

 

En Ecuador, desde 1979, el presidente y vicepresidente son elegidos en sufragio directo en una misma papeleta. Gana el candidato que haya obtenido más de la mitad de los votos válidos, de lo contrario se recurre a una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados. A partir de 1998 también un candidato puede ser ganador si es que obtiene más del 40 por ciento de los votos, siempre que tenga una diferencia de al menos un 10 por ciento sobre el segundo candidato.

 

Para el caso concreto de estas elecciones el candidato de mayor puntuación no alcanzó el 40% de los votos, por lo que se impone una segunda vuelta a dónde irían los dos presidenciables con mayor puntuación.

 

Este primer puesto para el candidato por Alianza País pudiera resultar paradójico si se consideran una serie de sucesos de naturaleza política y social que han tenido lugar durante los últimos meses en la nación andina, los que no resultan ser favorecedores para la ratificación de un representante de la izquierda.

 

Es demasiado contrastante que un pueblo -incluido parte de su ejército- que se pronuncia contra su presidente Rafael Correa, representante del Partido Alianza País, de tendencia izquierdista, que se lanza a las calles en marchas multitudinarias, y que en agosto de 2015 se propuso paralizar al país a través de la convocatoria a un paro nacional, al mismo tiempo le ofrece votos a un representante del mismo partido, lo que supone una continuidad del correísmo, tal vez con una tónica diferente, pero al final, un mismo socialismo del siglo XXI.

 

Si se ven los resultados de la votación solo teniendo en cuenta el lugar alcanzado por los candidatos más votados, sin duda, Lenín Moreno no solo obtuvo el primer lugar, sino que logró mantenerse desde julio de 2016 hasta febrero de 2017 en la delantera, según los resultados de diferentes fuentes encuestadoras.

 

Pero hemos de ir más allá de ese primer puesto obtenido para poder comprender que el pueblo ecuatoriano no se está pronunciando por un líder de la izquierda socialista moderna, sino que la mayoría lo hizo por la democracia de derecha. Resulta que hubo un total de siete candidatos opositores, algo que demuestra muy bien la idea de la democracia y del pluripartidismo; pero en el orden práctico no es conveniente ante la repartición de votos entre tantos candidatos, justo lo que ha sucedido en esta primera vuelta del proceso eleccionario. Si se suman los votos de todos los candidatos de la oposición y lo expresamos en porcentaje, obtendremos el 60.65%, frente al 39.35% de Lenín Moreno. De modo que se trata de un triunfo aparente al verlo solo desde la frialdad numérica. Ecuador eligió la democracia a través de su confianza en la oposición.

   

El surgimiento de la duda

 

Durante el proceso eleccionario se presentaron una serie de irregularidades entre las que vale destacar: el retraso en la información exacta de los resultados, la retención del veredicto final por tres días, la inconsistencia de varias actas, y la denuncia de algunos ciudadanos que al tratar de ejercer su voto ya aparecían registrados como que lo habían hecho, entre otras inexactitudes; elementos más que suficientes para poner en duda la transparencia del proceso.

   

El pueblo ecuatoriano se manifestó contra el posible fraude que pudiera favorecer a Lenín Moreno dándose cita miles de quiteños frente a la sede del Consejo Nacional Electoral, a los que se unieron horas más tarde cientos de manifestantes de varias provincias del país, los que además de cuidar simbólicamente su voto, dieron muestras de lealtad a Guillermo Lasso, representante del Movimiento CREO-SUMA, que alcanzó el segundo lugar.

 

Ante la presión ejercida por la ciudadanía al CNE no le quedó otra opción que romper el silencio que había pretendido imponer el lunes 20 de febrero, cuando declaró que no habría confirmación de segunda vuelta hasta después de tres días, cuando terminaría el escrutinio, tiempo suficiente, según las deducciones de la oposición y de grandes sectores poblacionales, como para poder consumar el acto de fraude que llevaría al primer puesto -con más del 40% de los votos- al único candidato de un partido de izquierda y se eliminaría la posibilidad de la temida segunda vuelta.

 

El martes, 21 de febrero, transmitió en vivo desde su página los resultados actualizados según el procesamiento de más del 95% de los votos, a la vez que su presidente respondía con precisión a los principales medios de prensa del país.

 

¿Se necesitaban setenta y dos horas para analizar menos del 20% de los votos y concluir con el informe de las pocas provincias rezagadas? ¿Cómo fue posible que tras el reclamo popular en menos de un día se hablara de una tendencia marcada establecida e invariable que llevaría necesariamente a una segunda vuelta? Ante la incertidumbre, y conociendo las características del gobierno de Rafael Correa, capaz de cualquier cosa por mantenerse en el poder, la ciudadanía sospechó de posibles acciones fraudulentas que se pudieran realizar en este tiempo de silencio que el CNE quiso imponer.

 

De acuerdo a las opiniones de algunos políticos, analistas y expertos en temas de democracia participativa y procesos eleccionarios, el fraude no llegó a concretarse gracias a las acciones populares que durante las siguientes horas al cierre de la votación y durante los días siguientes tuvieron lugar no solo en Quito, sino en ciudades importantes como Guayaquil, donde la oposición es fuerte.

  

El proselitismo oficialista favoreció el primer lugar de Lenín Moreno

 

La candidatura del partido oficialista Alianza País, integrada por el binomio Lenín Moreno y Jorge Glas, aspirantes a la presidencia y vicepresidencia respectivamente, se mantuvo en el primer lugar de la preferencia popular según datos de varias encuestadoras. No obstante, fue perdiendo seguidores de manera progresiva en la medida que se acercaban los comicios electorales.

 

¿Cómo es posible que un país cuya economía declinó para caer en crisis, y sus índices de desempleo y subempleo se han elevado durante el presente gobierno -de estilo puramente socialista a partir del impulso chavista con su euforia del socialismo del siglo XXI- esté respaldando una candidatura que será continuadora del estilo de la revolución ciudadana?

Varios elementos contribuyeron a mantener un primer lugar en la preferencia a pesar del complejo panorama social y político de Ecuador bajo el mandato de Rafael Correa, líder del mismo partido, cuyo gobierno no solo fue perdiendo progresivamente aceptación popular, sino que se ganó el rechazo de los ecuatorianos en los últimos tiempos.

 

La campaña publicitaria benefició sobremanera al partido oficialista Alianza País. Durante varios meses el presidente Rafael Correa utilizó el espacio y tiempo de sus sabatinas -encuentros del presidente con sus ciudadanos, algo que tiene lugar todos los sábados, en cuyas movilizaciones se utilizan elevadas cifras de dinero y todos los recursos disponibles para trasladar a cientos de pobladores desde diversas zonas hasta el sitio de reunión, el que resulta siempre cambiante- para elogiar el proceso de su revolución ciudadana con sus aparentes logros para el país andino, y sus victorias internacionales que le convierten en un “embajador de buenas acciones” ante el mundo.

 

Lo que no todos saben es que a estas sabatinas asisten centenares de simpatizantes del correísmo que son trasladados de forma masiva desde diversos puntos del país para ser concentrados en el sitio escogido como sede del encuentro del mandatario con sus seguidores. Se estima que el gobierno ha utilizado cifras millonarias durante una década en estas acciones proselitistas.

 

Desde sus encuentros revolucionarios con su pueblo no solo ha exaltado las bondades de su gobierno -que se supone continúe bajo el mandato de su candidato defendido por el partido Alianza País, Lenín Moreno, y como vicepresidente el actual vicepresidente de la República Jorge Glas-  sino que atacó continuamente, con ese discurso propio de aquellos sin clase que asumieron el poder por la fuerza y el engaño, a todos los candidatos a la presidencia, los que al propio tiempo son representantes de la oposición, de manera particular a Guillermo Lasso y a Cinthya Viteri,  los más aventajados en los peldaños de la popularidad según las encuestas que desde noviembre de 2016 se han venido realizando a través de varias instituciones especializadas.

  

Se sabe que Lenín Moreno contó con el apoyo del gobierno de Rafael Correa, y de manera particular, con una desmedida propaganda hecha por el propio mandatario no solo dentro del país, sino en el exterior. Recordemos que Correa dejó para las últimas semanas visitas oficiales a España, Estados Unidos e Italia, justo los países con el mayor número de migrantes ecuatorianos, con los que se reunió desde la perspectiva de aparentes encuentros fraternales, cuando en realidad el propósito era la promoción para la continuidad del correísmo, ahora no a través de su persona, sino del candidato a la presidencia Lenín Moreno. Para esto acudió a su conocida retórica de resaltar las “bondades” de su revolución ciudadana como parte del proyecto del socialismo del siglo XXI.

 

Durante el primer semestre de 2016, 4.788 ecuatorianos se radicaron en España -según informe de J. Ceballos, en el diario El Universo-, país que cuenta con el mayor número de migrantes ecuatorianos. En Italia se encuentran establecidos 93.300, según datos del fin de 2016, mientras que en Estados Unidos de América, país con el segundo lugar respecto al número de migrantes ecuatorianos, hay más de un millón, los que se han concentrado en New York, más de 300.000; New Jersey, más de 70.000; Connecticut, con más de 120.000, entre otros estados. Todos los ciudadanos ecuatorianos radicados en el exterior están obligados a votar.

 

Pero no solo la propaganda realizada por el actual presidente le garantizó ese primer puesto. Otros factores que fueron determinantes para la popularidad de Lenín Moreno han sido, el hecho de haber estado nominado al premio Nobel de la Paz en 2012, haber sido enviado de la ONU para personas con discapacidad, así como haber sido el promotor que encabezó desde el 2008 la campaña Sonríe Ecuador, cuyo propósito ha sido fomentar y divulgar valores que contribuyan a la cohesión social y al progreso de la comunidad ecuatoriana, y como médico, psicólogo y administrador público, fue el principal gestor de la misión solidaria Manuela Espejo, el primer diagnóstico de la situación de los discapacitados en Ecuador.

 

Durante su campaña se mostró con "un estilo del diálogo, el estilo de la mano extendida", y prometió mantener el modelo económico de Correa, basado en elevado gasto social y endeudamiento, a pesar del deterioro de los precios del petróleo. Según la estimación de algunos analistas, si llega al poder habrá posibilidad de un diálogo con sectores enfrentados con el correísmo en la última década.

 

Un análisis del estado de su intención al voto desde julio de 2016 hasta el presente -8 de febrero de 2017, según los últimos datos- deja ver una progresiva disminución de su popularidad. En julio de 2016, según la encuestadora Perfiles de Opinión, Moreno lograba el 44% de los posibles votos, seguido por la candidata del Partido Social Cristiano, Cinthya Viteri, con el 16%, y Guillermo Lasso por la Alianza CREO-SUMA, con el 13%.

 

Para septiembre decaía con el 36%, y ya en octubre entre el 24 y 33%, lo que se ha mantenido de manera similar hasta el 8 de febrero, que cerró con solo el 28%, mientras que Viteri y Lasso ascendieron con el 20.2% y 18.3% respectivamente. Datos que no coinciden en su totalidad de acuerdo a los resultados de otras encuestadoras como Cedatos, en la que logró el 32.3%, seguido por Guillermo Lasso con el 21.5% y Cinthya Viteri con el 14%. El resto de los candidatos solo obtuvo puntuaciones ínfimas, excepto Paco Moncayo que se mantuvo siempre en el cuarto puesto según todas las encuestadoras.

 

De cualquier modo, las encuestas de estas instancias -por muy confiables que puedan parecer- reflejan posibilidades y están sujetas a sesgos. Además, se ha sospechado que algunas fuentes beneficiaban al candidato de la izquierda desde la desmedida manipulación del gobierno. No obstante, los resultados finales siguieron el orden preferencial de Cedatos; aunque las puntuaciones se comportaron muy diferentes al verse favorecidos los candidatos que ocuparon los dos primeros lugares, sobre todo Lenín Moreno, que había descendido enormemente según varias  encuestadoras, lo que ha sido objeto de ciertas dudas que se añaden a la posibilidad de fraude electoral.

 

Disminución de su popularidad

 

¿Qué factores incidieron para que Lenín Moreno fuera perdiendo de manera progresiva su aceptación como candidato a la presidencia del país a pesar de mantenerse en el primer peldaño?

 

En primer lugar, su compañero de nómina, Jorge Glas, el actual vicepresidente, quien se ha visto involucrado en los últimos meses en fuertes acusaciones publicadas en diarios panameños, en las que se hacen críticas a su gestión como vicepresidente, en especial tras una publicación en la que se declara que sería mencionado en un informe sobre lavado de activos; más recientemente, fuentes desde Estados Unidos reportaron que Glas se vio afectado por un escándalo de corrupción a partir de la investigación realizada a ocho funcionarios y exfuncionarios por lavado de dinero y sobornos detrás de contratos con la mayor empresa petrolera del país, la Petroecuador.

 

En su condición de vicepresidente del país Jorge Glas ha estado como directivo de importantes proyectos en los últimos años, específicamente en los relativos a cambio de la matriz productiva y sectores estratégicos, líneas que han sido fuertemente sacudidas por acusaciones y cuestionamientos respecto a una desmedida corrupción.

 

El pueblo ecuatoriano rechaza enérgicamente a Jorge Glas, lo que quedó demostrado cuando se presentó en estos comicios a ejercer su voto y las multitudes le gritaron: “Fuera Correa, fuera”, al asociarlo al primer mandatario y a su corrupto gobierno.

 

De cualquier modo, el pueblo ecuatoriano está decepcionado de su actual gobierno, el que, sin duda, en sus primeros años le dio ciertas oportunidades a los grupos más desposeídos, hizo proyectos gratuitos educacionales y de salud -aunque de dudosa calidad-, se pronunció con una tónica ecologista y proteccionista medioambiental, con lo que se ganaba la admiración de varias etnias de la Amazonía; pero una vez con cierto espacio ganado arremetió contra todo y todos a través de una marcada persecución a empresarios y funcionarios, incremento marcado de impuestos, modificaciones y enmiendas constitucionales, restricciones de libertades de expresión, ostracismo hacia ciertos medios de prensa, entre otras acciones propias de regímenes totalitaristas.

  

El cambio necesario

 

El segundo puesto en estos comicios lo obtuvo el empresario y político Guillermo Lasso, líder del Movimiento Creando Oportunidades (CREO). Lasso ha sido gobernador de Guayas, asesor económico y embajador. Fue el segundo candidato más votado durante las elecciones presidenciales de 2013, superado solo por Rafael Correa. Sus denuncias al gobierno socialista de Correa han sido enérgicas. Lasso representa el cambio que los ecuatorianos necesitan y quieren. Su campaña ha estado caracterizada por una proyección hacia propuestas de empleos a gran escala, a reestructuraciones sociales, económicas y políticas, y en primer lugar, a terminar con los engaños de la revolución ciudadana a través de una denuncia hecha desde una perspectiva bien fundamentada.

 

Ante una multitud congregada frente a la sede del Consejo Nacional Electoral a la espera de que se declarara el balotaje, Guillermo Lasso afirmó: “Hermanos latinoamericanos, comprendan que esta es la lucha de Leopoldo López, de Capriles, de María Corina Machado, de Antonio Ledezma”, e insistió en que los ecuatorianos no permitirán que su país llegue a una situación como la de Venezuela: "Aquí no lo vamos a permitir, el Ecuador es de los ecuatorianos”.

 

La simplicidad de los observadores

 

Las elecciones se celebraron con la presencia de observadores de UNASUR y la OEA, entre otras misiones; aunque sin la participación de la Unión Europea. La Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (MOEA) en Ecuador presentó durante la noche del miércoles 23 de febrero del 2017 las recomendaciones y hallazgos del proceso de las elecciones generales. El jefe de la misión, Leonel Fernández, precisó que el proceso transcurrió de manera pacífica – al parecer ignorando la agresión que se produjo en zonas de la costa a los centros electorales o las marchas multitudinarias, que a pesar de su condición de pacíficas, en casos como estos constituyen actos de inconformidad con el desarrollo del proceso.

 

Según sus declaraciones durante la jornada electoral, la Misión recibió tres denuncias de votantes que vieron papeletas marcadas en las juntas receptoras del voto. Se trató de casos aislados, según la Misión, y estas papeletas no se contabilizaron. En la difusión de resultados constataron que desde la llegada de las primeras actas al recinto de transmisión de procesamiento de actas los resultados fueron publicados en línea; aunque la divulgación fue interrumpida durante algunos minutos, por lo que recomendaron  hacer un análisis del sistema de divulgación de resultados y fortalecer la capacidad del sistema. Informó además que se constató que unos candidatos se autoproclamaron ganadores sin esperar la publicación de los resultados oficiales. Precisó que en el desarrollo del proceso a los observadores se presentaron 10 denuncias que fueron presentadas al órgano electoral. Después de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales la misión emitirá un informe sobre aspectos estructurales incluyendo temas como la participación política de las mujeres, el financiamiento de campañas y la justicia electoral.

 

Una segunda vuelta electoral

 

Con la consigna “sí se pudo” la multitud congregada en los exteriores del Consejo Nacional Electoral (CNE), en Quito, la noche del 22 de febrero, celebró con vítores y cantos el anuncio de una segunda vuelta, lo que representa una posibilidad inminente de cambio. Dejar atrás una década de prohibiciones, de despotismo, de amenazas, de imposiciones, de agresiones e insultos por parte de un mandatario egocéntrico, que más que emprender una verdadera obra de transformación social se dedicó a alimentar su ego, lo que llevó a niveles inadmisibles muy próximos al delirio. La segunda vuelta presupone pues romper para siempre con el correísmo, eliminar todo vestigio de socialismo del siglo XXI, comenzar una nueva etapa en un país que necesita recuperar sus libertades perdidas durante una década.

  

¿Por qué tanto temor por parte del oficialismo a una segunda vuelta? Alianza País sabe que están derrotados. Si hubieran logrado imponerse durante la primera vuelta -como lo habían previsto, no solo a través de la popularidad lograda por su candidato, sino a través de la fuerza de un fraude electoral, que por suerte logró detenerse ante el reclamo popular- ahora estarían celebrando un triunfo que les permitiría continuar con la corrupción, el robo, el engaño, la estafa, las violaciones de leyes, entre otras tantas cosas que no se difunden ante el mundo; pero que tienen lugar en Ecuador. “No quieren irse, porque si se van se van a la cárcel”, ha declarado Gustavo Noboa, exmandatario de Ecuavisa, mientras periodistas de los principales espacios televisivos se han referido a la “disfuncionalidad del régimen democrático”.

 

Solo mediante un gran fraude electoral podrá imponerse la izquierda a través de su representante Lenín Moreno, para lo que hay que estar alertas, pues como diría el expresidente Osvaldo Hurtado: “Correa es capaz de todo, no tiene límite ético alguno”.

 

Rafael Correa amenazó con asumir lo que se le ha llamado figura de “muerte cruzada” para revertir el resultado ante la posible victoria de la oposición. Al tener la mayoría en la asamblea es posible cualquier manipulación de su parte, amenazando con volver a presentarse en unos comicios adelantados ante la disolución de los poderes Legislativo y Ejecutivo, lo que puede lograse en los tres primeros años de gestión gubernamental, luego de lo cual se puede convocar a elecciones generales, truco muy bien pensado que fue establecido como enmienda constitucional durante su mandato. “La mejor manera de tenerme lejos es que se porten bien. Si se portan mal, me les presento y les vuelvo a derrotar”, según sus declaraciones publicadas en El Comercio, el principal diario ecuatoriano.

 

El aislamiento en que van quedando los pocos caudillos de la izquierda latinoamericana los hace asumir posiciones de este tipo. La necesidad de seguir existiendo es una condición no solo de toda criatura viviente, sino que es aplicable a las sociedades, las culturas, las civilizaciones, las religiones, y como es lógico a los regímenes sociales y los modelos económicos. El triunfo definitivo de Mauricio Macri en Argentina, la destitución oficial y puramente legal de Dilma Rousseff en Brasil, han estremecido a una región que parecía que se hundiría en los abismos de la izquierda. El descrédito de la dictadura comunista cubana, el ocaso de Venezuela, el conflicto actual de Bolivia con el dilema de la reelección inconstitucional de Evo Morales -a pesar de que Bolivia no cuenta demasiado-, así como la marginación de Nicaragua, constituyen puntos clave para medir la salud del modelo modificado que propusiera el exmandatario Hugo Chávez para los pueblos de Latinoamérica.

  

Ya insistí en la idea de la necesidad de unión entre los simpatizantes de todos los candidatos que no pasarán a esta segunda vuelta, lo que garantizaría el triunfo definitivo de la oposición que encabeza el candidato Guillermo Lasso junto a Andrés Páez; aunque estas semanas que nos separan para la realización de la segunda vuelta electoral han de ser aprovechadas en pos de lograr esa necesaria unión de todas las fuerzas y sectores de la oposición.

 

Siempre habrá la posibilidad de que algunos ciudadanos que votaron por un candidato de derecha en segunda vuelta lo hagan por el representante de Alianza País; pero esto nunca sería significativo, como lo está afirmando Lenín Moreno, quien cree que los votantes de Moncayo y Viteri se pasarían a su lado. Se espera que los simpatizantes de Cinthya Viteri, por el Partido Social Cristiano, que fueron un 16.31% en esta segunda etapa apoyen a Guillermo Lasso. La propia Viteri ha expresado su unión a Lasso, mientras Moncayo declaró que jamás se aliaría a Moreno. En cambio, el más joven de los candidatos Iván Espinel, se ha reunido con Lenín Moreno, y espera hacerlo también con Lasso, para dialogar acerca de sus proyectos y ponerlos en beneficio del país, independientemente del candidato. Se ha comentado acerca de un posible apoyo de su parte hacia Lenín Moreno, que si lograra concretarse no variaría mucho los resultados finales, toda vez que sus seguidores solo representaron el 3.18%.

 

Una encuesta que aparece en vivo a través de las redes sociales muestra el monitoreo de los dos presidenciables con una diferencia de casi 17.000 votos por encima a favor de Guillermo Lasso, lo que no es una forma exacta para poder augurar un futuro triunfo; pero si una medida de su aceptación.

 

El respetado alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, un hombre con más de treinta años dedicados a la política, ha convocado a una marcha el 8 de marzo, en la que se espera la participación de más de 300.000 personas en las calles de Guayaquil. Según su criterio: “hemos de unirnos, hay que sumar, hay que consolidar lo político, hay que actuar con el cerebro” (…) “Vamos a ganarla y con nuestro voto, botaremos a este gobierno que tanto daño ha hecho al país, hay que salvar a Ecuador de esta plaga socialista que nos llevará a estar como Venezuela”.

 

De haber una continuidad del correísmo, se mantendría el llamado  socialismo del siglo 21, lo que mantendría el totalitarismo, la dictadura, la corrupción, el fraude, los robos, la malversación, las violaciones de los derechos humanos, el abuso de poderes, la economía de recesión, la militarización, la irreverencia hacia las etnias indígenas y el saqueo de los recursos de la tierra, lo que pudiera cambiar radicalmente con el voto bien pensado de las multitudes.

 

Las elecciones de Ecuador han sido una verdadera lección, no precisamente por el desenvolvimiento del proceso eleccionario per se, cuya transparencia ha sido cuestionada, sino por la valiente actitud de los miles de ecuatorianos que decidieron unirse y permanecer en vigilia, cuales ángeles guardianes de sus votos, así como por el apoyo que le ofrecieron a los candidatos representantes de la oposición, de manera particular a Guillermo Lasso, y esto ya es un triunfo, aunque al propio tiempo el comienzo de una nueva campaña que debe encaminarse al fortalecimiento de la oposición, a la búsqueda de la unidad, a mantener el espíritu del triunfo de la justicia, y como ha afirmado Jaime Nebot, “a pensar”, pensar bien para decidir el futuro del país con la expulsión definitiva del correísmo.