Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

Elecciones del 2018 en Cuba y Latinoamérica: tercera y última parte

 

Retomando el tema de las elecciones en América Latina en este 2018 corresponde comentar sobre dos naciones que si bien no podemos considerarlas como polos opuestos en el mejor sentido literal de la expresión, podemos afirmar que muestran un panorama bien diferente; aunque en el tema que nos corresponde, es decir, sus comicios presidenciales, coinciden respecto a la incertidumbre de su futuro post-elecciones. Me refiero a Venezuela y Brasil, los últimos países que analizaré en esta serie.

 

Pero antes de adentrarme en el tema propiamente dicho conviene precisar a los lectores que en este escrito volvemos a especular, toda vez que aún no han tenido lugar los comicios en estos países, y que en uno de ellos, específicamente Venezuela, se ha dado un adelanto sorpresivo a su calendario electoral por razones que aún permanecen sin dilucidarse del todo, pero que le ofrecen una distinción muy sui generis a una nación que actualmente constituye el punto de mira de la comunidad internacional, superando a Cuba -que ya son palabras mayores- en materia de violaciones de derechos humanos, criminalidad, desempleo, inflación, corrupción, narcotráfico y, por desgracia para su pueblo, índices de desnutrición, enfermedades y pobreza, aspectos que serán analizados en una panorámica previa antes de caer en el controversial asunto de sus “elecciones”.

 

Brasil cedió su protagonismo desde hace un tiempo a otras naciones. Los graves escándalos en que se vieron envueltos dos de sus presidentes, la destitución de Dilma Rousseff, el dictamen judicial definitivo para Lula Da Silva, así como el estado de vulnerabilidad de su economía, y la salida de un socialismo que solo existió como débil teoría, quedaron a un lado tras los acontecimientos que recientemente sacudieron a su vecina Venezuela en los que murieron más de un centenar de personas, la mayoría jóvenes inocentes, en su reclamo por la restauración del orden democrático en la patria de Bolívar.

 

Así las cosas, detengámonos inicialmente en una breve y resumida panorámica general de la penosa situación social y económica de Venezuela antes de tratar el delicado y controversial tema de sus simulados comicios.

 

1. Venezuela es el país más pobre de América Latina. El 17 de febrero fue presentada la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi), publicada en el diario El Nacional y luego en otros medios. Dicha investigación fue realizada a 6.500 familias por las principales universidades del país, obteniéndose como dato alarmante que el 82% de los hogares venezolanos vive en la pobreza, lo que determina que el país sea el más pobre de América Latina. El estudio, que refleja datos correspondientes al 2016, fue realizado por las universidades Central de Venezuela (UCV), Católica Andrés Bello (UCAB) y Simón Bolívar (USB). Esta encuesta se ha realizado por tres años a partir del 2014, observándose que desde ese año hasta el 2016 el cambio en la calidad de vida de los venezolanos ha sido significativo, toda vez que se pasó de 48% de pobreza en 2014 a 82% en 2016. Además se comprobó que hay un 52% de pobreza extrema, es decir, más de la mitad de las familias venezolanas caen en esta categoría, con lo que supera con creces a naciones como Paraguay, Ecuador y Bolivia, que tradicionalmente han sido las más pobres de Suramérica. Actualmente en Venezuela solo un 18% de hogares se considera no pobres.

 

2. La desnutrición constituye un grave problema como consecuencia directa de la pobreza.  La misma investigación -la más reciente realizada en este sentido-  comprobó que en el año 2016 el 75% de los estudiados refirió pérdida de peso no controlado, o sea, perdieron peso de modo espontáneo sin someterse a regímenes dietéticos ni a planes de ejercicios en un promedio de 8 kilos y medio (más de 18 libras), y en el caso de los más pobres llegaron a perder más de 9 kilos. De acuerdo con el estudio hay 9,6 millones de venezolanos que comen dos o menos comidas al día, en su mayoría sin proteínas.

 

Venezuela sufre una severa escasez de alimentos y productos básicos determinada por la enorme crisis económica por la que atraviesa el país con una de las mayores inflaciones del mundo; algo que se percibe en los constantes aumentos de los precios a pesar de que se desconocen datos exactos, porque el Banco Central (BCV) no ha ofrecido cifras desde fines de 2015. Las proyecciones más conservadoras estiman una cifra muy por encima del 180,9%, que fue el último dato ofrecido por el BCV como índice de inflación del 2015.

 

Los grupos poblacionales más afectados por la desnutrición son los niños y ancianos, los de mayor vulnerabilidad para adquirir enfermedades importantes como consecuencia de la desnutrición, toda vez que esto influye decisivamente en el deterioro de su sistema inmunológico. Un estudio de la Fundación Bengoa, dedicada a la enseñanza nutricional, y que tiene seguimiento de talla y peso en escuelas de cuatro estados del país encontró que entre los más pobres, 27 de cada 100 niños presentan alguna alteración nutricional.*

 

3. La mortalidad infantil se ha elevado considerablemente en los últimos años a pesar de la no confiabilidad de los datos oficiales. El Boletín Epidemiológico de Venezuela divulgó a mediados de 2017 que habían muerto en 2016 un total de 11.466 niños menores de un año, lo que representa un 30,12% más que el año anterior, en que se registraron 8.812 fallecimientos en menores de un año. La mortalidad infantil estuvo en 2016 en 18,6 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, cifra que se traduce en un total de 10.500 niños muertos por año. No obstante hay fuentes que reportan una tasa de mortalidad infantil de 12,5 muertes/1.000 nacimientos (dato hasta julio de 2017), lo que resulta contradictorio, por cuanto, en los últimos meses se han reportado múltiples fallecimientos en niños menores de un año, incluyendo los dramáticos casos en serie ocurridos por falta de electricidad en las unidades de cuidados intensivos.

 

Una funcionaria de Caritas declaró recientemente que el país se halla en una emergencia humanitaria debido al agravamiento de salud en los niños y su respectivo riesgo de fallecimiento, precisando que más de 280.000 menores podrían morir en el país bolivariano por desnutrición y aquellos que sobrevivan tendrán que padecer daños físicos y mentales irreversibles por el resto de su vida. El 71% de los hospitales se encuentran cerrados por falta de medicamentos. El déficit de medicinas como antibióticos, vacunas y antivirales alcanza el 98%. El 51% de los centros médicos no cuenta con suficientes camillas para atender el flujo diario de personas. El 63% de las clínicas no tiene agua potable y el 64% no cuenta con fórmulas lácteas para atender a los infantes.

 

4. Muchas fuentes se inclinan por la idea de que Venezuela es el país de más criminalidad de la región, superando en estos momentos a México, El Salvador y Honduras. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, y específicamente un reporte publicado por Tristán Clavel, Venezuela encabeza la clasificación del 2017 como el país más homicida de la región con una tasa de 89 por cada 100.000 personas. Este dato no ha sido declarado de modo oficial por la dictadura venezolana, pero los directivos del Observatorio Venezolano de Violencia dicen que los datos ofrecidos recientemente son confiables. El informe más reciente del observatorio señala que hubo un total de 26.616 homicidios en Venezuela a lo largo del año, incluyendo 5.535 a manos de las fuerzas de seguridad.

 

En abril de 2017, una organización no gubernamental mexicana que prepara un escalafón anual de las ciudades más homicidas del mundo colocó de nuevo a Caracas en el primer lugar de la lista, con una tasa de homicidios estimada de 130 por 100.000 habitantes, algo que va más allá de la cifra aportada por la institución antes citada.

 

5. Las violaciones de los derechos humanos durante el chavismo han alcanzado dimensiones colosales. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) denunció un alarmante deterioro de la institucionalidad democrática y el respeto de los derechos humanos, hecho que se viene observando desde el 2002, pero en los últimos dos años, y especialmente en 2017, alcanzó su clímax, lo que es documentado en un informe que precisa los abusos y desviación de poder por parte del gobierno de Nicolás Maduro. "Venezuela no puede continuar eludiendo indefinidamente sus responsabilidades internacionales en materia de derechos humanos". (…) "Es urgente que el Estado de Venezuela asuma y reconozca la gravedad de la situación, atienda las recomendaciones realizadas en este informe, y acepte los ofrecimientos de cooperación internacional que buscan el bienestar de sus habitantes", expresó Francisco Eguiguren, presidente de la CIDH.

 

Dicho informe pone su atención en cuatro preocupaciones principales: 1. Un resquebrajamiento de la democracia y serios obstáculos para la participación política. 2. Incremento de la represión y la censura. 3. Aumento de la violencia y la inseguridad ciudadana. 4. Intensificación de la pobreza y la pobreza extrema.

 

6. Durante el 2016 tuvieron lugar masivas acciones de protesta que terminaron con la muerte de más de un centenar de jóvenes inocentes.  Desde el 1 de abril, cuando comenzó la última oleada de protestas en las calles, hasta el 31 de julio, fallecieron un total de 133 personas en el transcurso de las manifestaciones, de las cuales 101 fueron asesinadas directamente por los efectivos de seguridad del Estado, lo que representa el  40%, o por las bandas armadas chavistas que actúan al margen de la ley con un 52%. Al menos el 83% de estas muertes fueron por impacto de bala.

 

Respecto al número de heridos se estima que al menos hubo 4.000 entre abril y julio, con un promedio de entre 700 a 1.000 heridos al mes. Se han reportado casos de civiles heridos de bala, perdigones y esferas de vidrio, así como numerosas personas afectadas por asfixia producto del uso desmedido de gases lacrimógenos y por diversos traumatismos y contusiones. Como parte de la represión y criminalización por parte del Estado al derecho a la protesta, ha habido 5.051 personas arrestadas desde el 1 de abril por manifestarse en las calles.

 

La situación de las torturas y tratos con crueldad, inhumanos y degradantes, también cuenta con numerosos casos documentados, entre estos, la detención de 36 personas el 20 de julio de 2017 en el estado de Zulia, de las que 16 fueron liberadas posteriormente, mientras que las 20 restantes fueron procesadas por un tribunal penal militar. Se ha informado de mujeres detenidas que fueron víctimas de actos lascivos, incluidas menores.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) condenó de manera enérgica al régimen chavista al denunciar que las fuerzas de seguridad, principalmente la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, así como los cuerpos de policía locales, emplearon sistemáticamente la fuerza desproporcionada con el objetivo de inspirar miedo, acallar a los disidentes y evitar reuniones de manifestantes para que no llegaran ante las instituciones públicas para presentar sus peticiones.

 

7. El fenómeno migratorio devenido en crisis humanitaria. Según Tomás Páez, investigador y experto en inmigración de la Universidad Central de Venezuela 1,2 millones de venezolanos han emigrado en menos de dos años. Unos 550.000 venezolanos pasaron la frontera de Colombia -este año ya van más de 50.000-, en 2017. En tanto, según el programa colombiano Tu mundo hoy, han pasado a Ecuador 200.000 venezolanos en los últimos tres meses, con la intención de quedarse o seguir su camino hasta otros países de la región, la mayoría hacia Perú y Chile. Diariamente cruzan por esa frontera entre 3.000 y 3.500 venezolanos buscando oportunidades. Solo en enero de 2018 han entrado a Ecuador procedentes de Venezuela 62.500 a pesar de las restricciones migratorias. La cifra diaria promedio que entra por el puente de Rumichaca, punto fronterizo entre Colombia y Ecuador es de 3.500. El presidente de Brasil, Michel Temer emitirá una medida provisoria para abordar el ingreso masivo de venezolanos vía el estado de Roraima, con el fin de ordenar la entrada, aunque no de impedirla.

 

“Causa profunda tristeza en todos los demócratas del mundo asistir al quebranto progresivo de lo que un día fue una democracia sólida”. **

 

En medio de este terrible panorama el dictador Nicolás Maduro continúa violando los derechos ciudadanos mínimos y mantiene al país en un estado de caos. La serie secuencial de pasos dados por el madurismo en los últimos meses reafirman las observaciones de unos y las comprobaciones de otros respecto a la alteración del orden constitucional de Venezuela, lo que alcanzó su clímax con la imposición de la llamada Asamblea Nacional Constituyente, el maquiavélico aparato represor antidemocrático oficializado hace unos meses, y con el que quedó abolido el leve vestigio que aun quedaba como remanente de lo que fuera una democracia en el pasado.

 

La Asamblea Constituyente venezolana -que asumió todas las funciones directrices de la nación- a petición del presidente Nicolás Maduro y con la aprobación del Consejo Nacional Electoral determinó adelantar de modo sorpresivo las elecciones en ese país. Este hecho sorprendió a la opinión mundial dada la situación real de una nación que está en su peor momento, ya no solo en el aspecto económico, sino con un deterioro total que incluye hasta los principios mínimos de ética y moralidad.

 

Coinciden ahora -con una diferencia de solo unos días- los supuestos comicios venezolanos, que se adelantaron a la fuerza y de modo premeditado, con el simulacro de la dictadura castrista cubana que atrasó los suyos a conveniencia, aunque se dijera el disparate del paso de un huracán. De esta forma la presión internacional sobre Maduro pudiera dispersarse con el nuevo suceso del momento: la esperada aparición pública de un "nuevo presidente" en Cuba, amén de la necesaria atención que se prestará a la Cumbre de Las Américas que en breve tendrá lugar, de la que, como se sabe, Maduro ha quedado excluido por determinación de la mayoría de los países convocados, excepto Cuba y Bolivia, como era de esperarse, y Ecuador, cuya vicepresidenta se pronunció de manera muy diplomática eludiendo en sí el verdadero significado del hecho. 

 

Nicolás Maduro debe ser consciente del rechazo total que la comunidad internacional le hace desde hace varios años, algo que se ha generalizado y ha cobrado mayor fuerza a partir de las severas valoraciones que sobre su sistema de gobierno y su sanguinaria política ha hecho la Unión Europea, entidad que ya aplicó importantes sanciones.

 

En este sentido también se destaca de manera particular el Grupo de Lima, que agrupa a los representantes de la mayoría de los gobiernos de la región -Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú- y a otros como Canadá, los que se han unido en pos de las gestiones para el logro de la democracia y la paz de la nación suramericana. 

 

No obstante, resulta llamativo el modo de actuar de Nicolás Maduro, quien se dispersa entre el cinismo, la prepotencia, la ironía y la maldad, sin que olvidemos que en el fondo oculta un inevitable temor ante la fragilidad de su gobierno -algo de lo que tiene que ser consciente, aunque aparenta eludirlo-, el cual, sin la dirección directa del régimen de La Habana no se sostendría, y sin pasar por alto su grado de ignorancia que le hace tan torpe y le impide asumir posturas inteligentes y con un mínimo de discernimiento como para dimitir de una vez, o al menos, convocar a elecciones con verdadera legitimidad y sentido democrático, y no desde la óptica de una manipulación premeditada que, lamentablemente para quienes deseamos lo mejor para Venezuela, lo pudiera conducir a mantenerse en el poder. 

 

En medio de este rechazo generalizado el dictador aparenta tener una seguridad enorme respecto a su triunfo en los adelantados comicios de abril. ¿Es qué acaso ya está determinada toda la maniobra necesaria que lo llevará mediante el acostumbrado fraude, el chantaje, y la ausencia de transparencia a continuar ocupando la presidencia del destruido país?

 

Todo parece indicar que sí; y aunque se ha anunciado la presencia de observadores internacionales que puedan comprobar la “transparencia” del proceso y se ha permitido la inclusión de algunos partidos opositores, aunque de escasa membresía y popularidad, la realidad es otra, y ya todo está dispuesto para garantizar el continuismo político que asegure el foco comunista en Suramérica, ahora con mayor intensidad dada la participación de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia en ese país que cuenta con zonas fronterizas con Venezuela, lo que facilitaría no solo la garantía política, sino el narcotráfico, la oculta carta de presentación de los corruptos gobiernos de estas naciones. 

 

Por otro lado, se ha cuestionado demasiado a una oposición dividida y debilitada que no se escapa del constante ataque de politólogos, analistas y seguidores y detractores del chavismo-madurismo, quienes desde la sombra pretenden hurgar en algo que solo los que han resistido son capaces de conocer en su plenitud, y como es lógico lo tendrán que solucionar solo aquellos que forman parte activa de dicha oposición.

 

Por lo que no me corresponde hacer lo que ya tantos han hecho, esto es, especular desde la distancia; aunque todo parece indicar que las divisiones en el seno del movimiento opositor son una realidad que contribuye, de una u otra forma, a que no se logren concretar como acto ciertos hechos que en algún momento figuraron como ideas de un grupo de líderes que han resistido los embates del peor régimen del continente en la actualidad, algo que solo debe ser señalado sin ir más allá, por cuanto, a través de la historia la inmensa mayoría de los movimientos opositores de cualquier nación se han caracterizado por la falta del sentido de unidad, y esto es aplicable a la región, incluida Cuba, que tras la brutal y sangrienta guerra civil a comienzos de los años sesenta del siglo pasado, durante el último medio siglo, con su amplia nómina de organizaciones, grupos, líderes, programas y propuestas que al final no han concretado nada que al menos sacuda a la tiranía castrista.

 

Por otro lado, y acudiendo a lo que hace mucho tiempo me enseñaron en las clases de historia, existen “premisas subjetivas”: en este caso la oposición venezolana está cansada y con un bajo nivel motivacional, algo que está en relación con la serie secuencial de fracasos ante las jugarretas de Maduro con la supuesta asesoría de los criminales de la seguridad y contrainteligencia de Cuba que han desarticulado una Asamblea Nacional que prometía ganar espacios -de hecho lo hizo a pesar de los múltiples obstáculos- a partir de sus fugaces triunfos dada su mayoría no chavista alcanzada democráticamente, lo que fue una amenaza capital para el chavismo.

 

La más reciente frustración ante el fracaso de los más de cien días de acciones de protestas pacíficas ha sido determinante para este prolongado tiempo de aparente calma - las protestas se han mantenido como hechos aislados en diversos puntos del país. El asesinato premeditado y con alevosía del joven Oscar Pérez y sus compañeros -que arremetió el régimen madurista a modo de escarmiento para frenar futuros focos de sublevación-  también ha contribuido al incremento de esa sensación de frustración por la que pasan líderes opositores, representantes de movimientos y partidos, y de manera general todo el pueblo venezolano.

 

Venezuela celebrará sus elecciones presidenciales el 22 de abril de 2018

 

El Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobó casi inmediatamente después de que la oposición se negara a aceptar la propuesta chavista en el diálogo que mantenían en República Dominicana, la realización de las elecciones de manera adelantada, con lo que responde a la solicitud de la Asamblea Constituyente de celebrar los comicios antes del 30 de abril.

 

Doce organizaciones cumplieron con su proceso de renovación, lo que les permite participar con las propuestas de sus candidatos. Los partidos Copei, Movimiento al Socialismo (MAS), Nueva Visión para Mí País (Nuvipa), Independientes por el Progreso (IPP), Unidad Política Popular (UPP89) y Acción Democrática (AD), podrán postular sus candidatos a las elecciones presidenciales a pesar del breve tiempo que queda para la celebración de la votación, algo que conspira contra la labor promocional de los propuestos, independientemente de que la campaña electoral de los partidos que competirán solo se desarrollará entre el 2 y el 19 de abril, apenas dos semanas, según informó oficialmente Tibisay Lucena, presidenta del Poder Electoral. Quedaron excluidos los partidos Voluntad Popular y Puente, de amplia aceptación popular, según dice el oficialismo, por no haber solicitado ir al proceso.

 

Esto último fue corroborado por Leopoldo López Gil, padre del líder de Voluntad Popular y exmiembro del consejo editorial del periódico venezolano El Nacional, quien actualmente se encuentra exiliado en España. En entrevista para El Mundo, el 16 de febrero de 2018, expresó:

 

En mi opinión y en la de Leopoldo -refiriéndose a su hijo Leopoldo López, líder de Voluntad Popular- no debemos participar en un juego que no es democrático, no es claro. No sólo no se le permite participar con una tarjeta a la MUD, tampoco se está permitiendo la participación de ninguno de los partidos políticos importantes, ni la participación de los políticos inhabilitados, como es el caso de Henrique Capriles, de Antonio Ledezma, de Leopoldo López y de María Corina Machado”.

 

A solo dos meses para que tengan lugar los comicios surge de modo “sorpresivo” un “contrincante” para Nicolás Maduro. Como si formara parte de ese juego al que hacen referencia Leopoldo padre y Leopoldo hijo, se presenta en medio de la nada Javier Bertucci, un pastor evangélico de 48 años, quien anunció el domingo 18 de febrero su candidatura. Al parecer el protestantismo se extiende por Latinoamérica y la política queda atrapada bajo su influencia arrolladora. Recordemos el caso de Costa Rica con el primer lugar en la primera ronda para Fabricio Alvarado Muñoz, el predicador y cantante evangélico cuya oposición al matrimonio igualitario ha provocado una polarización extrema en toda la nación.

 

Pero como el contexto venezolano es completamente diferente al de Costa Rica es preferible que la nación pueda ser gobernada -y esto es todo una utopía porque el régimen venezolano cuenta con las herramientas necesarias como para poder ejecutar cualquier acción con la finalidad de mantenerse por la fuerza en el poder- por un fundamentalista conservador del protestantismo cristiano en vez de por un asesino narcotraficante y de escaso nivel escolar y cultural; aunque el predicador tiene un historial que se aleja demasiado de los verdaderos principios de un religioso, y como ya expresé antes puede ser parte del teatro que se arma en torno al proceso eleccionario, en el que Cuba juega un papel determinante.   

 

El líder religioso afirmó que Venezuela "tendrá que prepararse para oír en cadena (de radio y televisión) todos los domingos el mensaje de esperanza que ha cambiado a miles en esta iglesia y va a cambiar a millones en este país". De igual modo convocó a la participación masiva en las elecciones como “única forma de que haya cambio en Venezuela”.

 

El pastor cuyo origen se dispersa en la duda, al parecer ha llevado de la mano sus “inspiraciones del espíritu santo” con su labor empresarial, y lo peor, se le acusó por sus implicaciones en el caso Panamá Papers. De cualquier modo dado el escaso tiempo que falta para la celebración de los comicios, la brevedad del tiempo de campaña, así como el plan orquestado para que Maduro se prolongue en el poder, conspiran contra cualquier candidato, ya sea evangélico, católico, ateo o marxista, que en última instancia solo aparecerán de modo fugaz para atenuar un tanto las opiniones en torno a la presencia de opositores que le hagan la contrapartida al dictador Nicolás Maduro.  

 

Maduro podrá llegar “hasta dónde llegaron Castro, Mao o Stalin. Estas personas no tienen medida, ellos pueden acabar con un país entero”.

 

Lo ha afirmado en reciente entrevista Leopoldo López Gil, y lo ha hecho con conocimiento de causa y de un modo muy pragmático, sin adornos ni excesos hipotéticos. Con lo que reafirma la idea de que Nicolás Maduro a pesar del rechazo total de la comunidad internacional permanece en el poder, y lo peor, pretende continuar  por un nuevo período al ser candidato a la presidencia nuevamente y tener preparados todos los mecanismos que lo conducirán a un “triunfo” que garantice el continuismo político chavista.

 

Pero el problema no es reconocer en la figura de Maduro a un Castro o un Stalin, sino impedir que llegue a adquirir las dimensiones de sus predecesores comunistas que llevaron a sus naciones a la debacle total y fueron una fuerte amenaza para el mundo.

 

En este sentido vale destacar la labor que han hecho últimamente ciertas instancias internacionales, entre las que se destaca sobremanera  -en mi opinión sus proyecciones están por encima de las propuestas de la OEA- el Grupo de Lima, cuya postura es digna de admirar. No obstante, independientemente de las buenas intenciones del grupo, de la disciplina y la lealtad demostrada hasta el presente, así como de su firmeza en pos de la restauración del orden democrático en la nación suramericana, su accionar no logra consumar como acto sus propósitos, lo mismo que ha ocurrido con el discurso de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de modo especial de su Secretario General Luis Almagro, que desde hace alrededor de dos años se ha estado pronunciado enérgicamente contra el régimen chavista sin resultado alguno, al menos en el orden práctico.

 

No hago mención a las declaraciones de Donald Trump y al Gobierno de Estados Unidos porque desconozca la postura de dicho presidente y sus reiteradas declaraciones, sino porque considero que un solo mandatario o un solo gobierno de manera aislada no deben intervenir en el intento de solucionar el grave conflicto venezolano -aunque otros crean lo contrario. No se trata de algo personal contra el controversial mandatario estadounidense; tampoco hago mención a las fuertes declaraciones de Juan Manuel Santos, el presidente colombiano -el líder regional que con mayor fuerza se ha enfrentado a Maduro, algo que nadie podrá cuestionar a pesar de la opinión de sus múltiples detractores, y de ser, como ya he dicho antes, no el peor líder de la región, pero sí el más contradictorio-, quien al fin de cuentas, es latinoamericano y ha tenido que enfrentar directamente el gran conflicto migratorio de miles de venezolanos que pasan cada día la frontera colombiana, ya sea para establecerse en este país, como vía de paso rumbo a otros sitios como Ecuador, o de modo fugaz tan solo en busca de alimentos y medicinas. 

 

Creo que las acciones de la Unión Europea y del Grupo de Lima son las que pueden contribuir a continuar ejerciendo una presión capaz de, en primer lugar, seguir despertando el interés de otras naciones por el grave conflicto venezolano y se pronuncien con acciones concretas para lograr una inminente solución, y en segundo lugar, mantener al madurismo en un total aislamiento que lo conduzca a su autoaniquilación; aunque hemos de admitir que hoy Venezuela está más lejos que nunca de un entendimiento, por lo que la comunidad internacional debe replantearse sus estrategias negociadoras a partir de la adopción de medidas más firmes, toda vez que los diálogos han ido de fracaso en fracaso, y las sanciones económicas solo han contribuido a incrementar el aislamiento que tiende a hundir al gobierno pero no a aniquilarlo. 

 

Según Leopoldo López Gil las sanciones mundiales aún son muy leves; aunque sí son “un instrumento muy útil para recuperar la democracia en Venezuela”. (…) “Mi llamado a la UE es que se profundicen porque no es necesario que las sociedades lleguen a la tragedia que han llegado países como Siria para que el mundo se ocupe de recuperar la libertad y la justicia para los pueblos”.

 

La posibilidad de una intervención militar propiamente dicha es un hecho que no puede descartarse en su totalidad, independientemente de que las proyecciones del gobierno estadounidense que encabeza Donald Trump no han pasado de ser simples propuestas fugaces -“tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo, posiblemente, una opción militar si es necesario”, declaró Trump el 11 de agosto de 2017- que luego se disipan en la medida que otros asuntos, tanto verdaderamente trascendentes como es el caso del conflicto con Corea del Norte, o de otros que a modo de un despiadado amarillismo pesan sobre la moral de Trump al contar con miles de detractores pendientes de todos sus movimientos capaces de armar una “historia” de cualquier suceso intrascendente.

 

Pero esta posible acción militar me pareció siempre demasiado distante, por lo que al día siguiente de la idea que Trump mencionaba como opción me referí a esa distancia que yo percibía donde el polémico presidente estadounidense vio “cercanías”. De igual modo insistí en que “una opción sería que las cosas terminaran en un verdadero mar de sangre originado por un enfrentamiento de una sección del propio ejército contra el gobierno y sus fuerzas represivas, en este caso el ilegítimo presidente resultaría eliminado de la forma en que las multitudes quisieran”; pero ya todos conocen como terminó la historia del joven piloto que valientemente se enfrentó al régimen y que hubiera sido quien se habría encargado de poner cierto orden en medio del profundo caos.  

 

De modo que, aunque resulte controversial, el enfrentamiento armado entre un segmento sublevado del ejército venezolano es un paso necesario -las acciones pacifistas según la escuela de Sharp no han dado resultado alguno-, que pudiera sacar a Venezuela de su condición; pero el nivel de represión de la dictadura  -que cuenta con refuerzos asesores de los represores del castrismo- es demasiado fuerte para impedir cualquier sublevación.

 

Por lo que la hipótesis de una intervención militar con un fin específico cobra mayor relevancia en estos días en que miles de soldados se desplazan y se mantienen en las fronteras entre Venezuela y Brasil, y entre Venezuela y Colombia, y aunque se ha negado por parte de Juan Manuel Santos toda posibilidad de un ataque por parte de su gobierno, no puede descartarse esta opción en medio de una situación muy compleja que se ha incrementado a partir del adelanto inesperado de unos comicios fantasmales, así como de un incremento extraordinario de la migración hacia estos países.

 

Por otra parte es llamativa la aparición en Colombia del presidente ecuatoriano Lenín Moreno bajo la idea de negociaciones sobre el tema migratorio toda vez que Ecuador se ha convertido en un punto de extrema vulnerabilidad para el fenómeno migratorio venezolano; aunque el gobierno de Ecuador hasta el presente se ha mantenido al margen en el delicado tema venezolano al limitarse a exponer la reiterada idea de la no injerencia en los asuntos internos de esta nación, así como en defensa de que Nicolás Maduro participe en la Cumbre de Las Américas, al menos fue lo que expresó la vicepresidenta de Ecuador María Alejandra Vicuña.  

 

Se ha estado insistiendo también en la presencia del jefe del Comando Sur de Estados Unidos en Tumaco, Colombia, así como de la participación militar estadounidense en territorio panameño y la consiguiente preparación del ejército venezolano ante lo que han interpretado como una invasión inminente; tal vez lo único que pudiera sacar definitivamente el remanente comunista de la perdida nación suramericana e impedir que llegue a donde Castro, Mao o Stalin.

 

No obstante, en medio de la especulación con o sin sentido, matizada o no por el amarillismo, no hay otro asunto de mayor complejidad que la dramática situación política de Venezuela y de una posible invasión. Considero que las declaraciones de Leopoldo López Gil en este sentido son de extraordinario valor: “Es preocupar a la gente en asuntos irreales” -refiriéndose a la hipotética invasión estadounidense y colombiana-. “Todos sabemos muy bien que las invasiones no se anuncian, se ejecutan. Nadie está hablando de una solución militar en este momento. Lo que sí es evidente es que están saliendo por miles de millares los venezolanos por la frontera y que hay que organizar esa frontera. Es por protección a la salida de los venezolanos. Solamente por el puente internacional de Cúcuta salen por el orden de 20.000 a 30.000 personas diarias”.

 

Por el momento nada concreto respecto al tema de una posible intervención militar. Las palabras de Donald Trump quedaron como eso, es decir, como palabras, como opción posible. Juan Manuel Santos negó categóricamente la idea -es lógico que no declare verbalmente en público una posible intervención. Hasta ahora ha sido Nicolás Maduro quien único se empeña en ver la fantasmal sombra del imperio sobre su ejército y de poner mensajes tontos en las redes sociales, algo que va más allá de la paranoia característica de los líderes de la izquierda regional, toda vez que se trata de un elemento distractor en medio de su enorme crisis política, y esto no solo lo afirma quien escribe este extenso artículo, sino que el destacado académico Joseph M. Humire, experto en seguridad global, especializado en amenazas trasnacionales en el hemisferio occidental y director ejecutivo del Center for a Secure Free Society, hace solo unas horas ha declarado que “hay una alta posibilidad de que cualquier información que presenta el gobierno venezolano sobre una posible incursión militar en su territorio solo tenga el propósito estratégico de propagandear un conflicto”.

 

Así las cosas, y como ya expresé antes, las palabras de Leopoldo López son de extraordinario valor, aunque ahora añado la idea de que no son proféticas; y ante este panorama tan sombrío hemos de poner en duda la realización de los comicios, por cuanto, todo puede ocurrir y lo cierto es que hay varios países seriamente perjudicados por el fenómeno migratorio venezolano, cuyos ejércitos pudieran ir más allá de una simple organización de la migración regional o como dijera Humire de “propagandear un conflicto” (el término, aunque inusual es correcto).

 

La OEA exhorta a Venezuela a postergar elecciones previstas para abril. Naciones cuyos gobiernos antes se mostraban como aliadas al chavismo ahora se abstienen

 

La Organización de los Estados Americanos (OEA) instó a Venezuela este viernes 23 de febrero a postergar los comicios presidenciales previstos para el 22 de abril, aunque esa fecha fue reconfirmada el mismo viernes por la autoridad electoral venezolana. Por 19 votos contra 5, con 8 abstenciones, el Consejo Permanente de la OEA aprobó en reunión extraordinaria una resolución en la que llamó a Venezuela a que "reconsidere la convocatoria de las elecciones presidenciales y presente un nuevo calendario electoral".

 

Pero no es la resolución en sí -a la que Venezuela no prestará atención alguna- lo que resulta significativo, sino la actitud de algunas naciones, cuyos gobiernos habían sido hasta el momento aliados a la causa venezolana y ahora, al menos, se abstuvieron en la votación, destacándose en este sentido Nicaragua, El Salvador, y de modo particular Ecuador, cuyo nuevo gobierno sigue dando pasos muy firmes que lo siguen apartando de la ya raquítica izquierda latinoamericana; y esto, aunque en el orden práctico  -como ya ha sucedido otras veces- no resolverá nada, constituye un logro en el que la labor del Grupo de Lima ha sido determinante.   

 

BRASIL Y SUS COMICIOS EN MEDIO DE UNA COMPLEJA SITUACIÓN POLÍTICA Y UN PORVENIR SOMBRÍO 

 

Brasil cuenta con una puntuación de 7.38 (sobre 10) al evaluar la calidad de la democracia en la región, ocupando el puesto número 44 en el ranking mundial,  por lo que está dentro de las naciones con categoría de democracias imperfectas -como la mayoría de las naciones de América Latina-, lo que sugiere que sus elecciones son libres y justas, y que las libertades civiles básicas son respetadas; aunque existan problemas de gobernabilidad, cultura política poco desarrollada y bajos niveles de participación democrática. 

 

La situación de Brasil es bien compleja tanto en lo político como lo económico y lo social, algo que no podemos obviar al referirnos a sus futuros comicios, por cuanto se supone que la complejidad de su situación esté determinada en gran medida por fallos de su gobierno, y al propio tiempo quien asuma el poder se tendrá que enfrentar a un caos heredado que resultará bien difícil entrar en camino.

 

Como no es justamente un análisis de esta naturaleza lo que pretendo abordar en este escrito no me extenderé en estos puntos, aunque sí comentaré algunos aspectos de su economía, de su corrupción y de su criminalidad -de la que apenas se dice nada a pesar del lugar que ocupa en la región- para dar paso a una panorámica sobre sus candidatos a la presidencia.

 

¿Crecimiento de la economía de Brasil? La economía brasileña se retrajo 3,5% en 2015 y 3,6% en 2016, con lo que completó dos años seguidos de crecimiento negativo, algo que no ocurría desde la década de los 30. Pero en el 2017 la actividad económica se expandió a un ritmo más acelerado de lo previsto con lo que cerró 2017 con su primer incremento anual en cuatro años tras su peor recesión en décadas. Se estima que la economía brasileña crecerá 2,7% en 2018 tras haber superado, con una expansión del 1 % en 2017 la grave recesión de los dos años anteriores.

 

Esto es sin duda, un logro del actual presidente Michel Temer con su programa de desregulación, privatización y reducción del déficit, lo que se considera de vital importancia para mantener el impulso económico del país. No obstante, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, ha advertido del constante crecimiento de la deuda externa para la región, destacándose además de Brasil, Argentina, México y como es de esperar Venezuela.

 

Una oleada de escándalos de corrupción de sus líderes y dirigentes. En una investigación basada en datos de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo y el Foro Económico Mundial, publicada el 21 de febrero en Infobae, Brasil obtuvo una puntuación de 37 en una escala de 0 a 100 donde el 0 significa el más corrupto y el 100 el menos, lo que nos da la medida del nivel de corrupción en esta nación, aunque si se compara con otras de Latinoamérica su puesto no es de los peores, por cuanto es superada por casi todos los países centroamericanos. No obstante, Brasil está considerado dentro de los cinco países menos corruptos de América Latina, algo que no debe considerarse un triunfo, dado el elevado nivel de corrupción en América Latina.

 

Lamentablemente esta posición “privilegiada” no puede ser aplicada  a sus últimos presidentes y líderes de partidos y movimientos, los que se han visto envueltos en importantes escándalos de corrupción que han dañado sobremanera la imagen de una nación que merece un mejor futuro. Las acusaciones por corrupción a su presidente Michel Temer aun están siendo motivo de controversiales análisis. Recordemos que logró salir victorioso gracias al apoyo del Congreso, aunque por parte de la Fiscalía General de la República se pusieron trabas para atenuar un tanto lo que el Congreso pretendió dejar a un lado.

 

De igual modo Brasil aun se encuentra sacudido por los escándalos de los expresidentes Luiz Inacio da Silva, declarado culpable y condenado a prisión por corrupción y lavado de dinero en julio de 2017, lo que fue ratificado al condenársele a doce años y un mes de privación de libertad; así como Dilma Rousseff quien fuera destituida de manera tumultuosa del cargo de presidenta toda vez que fuera acusada en el Congreso por violación de normas fiscales, con lo que “maquillaba” el déficit presupuestal, independientemente de sus implicaciones al dictar tres decretos y ampliar gastos sin aprobación legislativa, ignorando las metas fiscales aprobadas previamente por el Congreso.

 

Una elevada tasa de homicidios. En Brasil hay un promedio de siete víctimas por hora, lo que le hace tener una tasa de homicidios de 29.7 por cada 100.000 habitantes, esto es, 61.283 homicidios según los datos del Observatorio Venezolano de Violencia publicados en 2017. Esto hace que Brasil se encuentre actualmente ocupando el quinto lugar de la región solo superado por Venezuela, El Salvador, Honduras y Jamaica. La violencia policial es considerada un problema grave e histórico, al extremo que los agentes de los estados de Río de Janeiro y Sao Paulo están entre los más violentos del mundo en números de civiles muertos en operaciones policiales.

 

“Tendremos una elección presidencial que se preanuncia como la más espinosa y más imprevisible desde 1989”

 

Así las cosas, y entre elevados niveles de criminalidad, graves escándalos de corrupción y una economía frágil aún, Brasil se enfrentará en octubre a su más espinosa e imprevisible elección presidencial, según las palabras de Luiz Fux, juez del Supremo Tribunal Federal, que ha impedido que la candidatura de Lula Da Silva se concrete en los próximos comicios al aplicar la llamada Ley de Ficha Limpia.

 

Ya dije en la introducción que Brasil presenta una situación diferente desde cualquier punto de vista que se le pueda analizar si la comparamos con Venezuela. No obstante, no podemos referirnos a polaridades opuestas toda vez que Brasil no se encuentra en su mejor momento. Las negativas secuelas de un socialismo del siglo XXI muy a su manera impuesto por el gobierno de Lula Da Silva bajo la influencia de Hugo Chávez, y continuado por Dilma Rousseff, resultan patentes en una nación con una historia un tanto olvidada en el contexto latinoamericano, en la que se ha mantenido como elemento común una marcada adversidad entre las tendencias de izquierda y las de derecha radical, sin que podamos afirmar de manera categórica cual de los dos extremos perjudicó más a un país donde los gobiernos militarizados que dominaron entre 1964 y 1985 provocaron la muerte y desaparición de más de 500 personas, según las conservadoras cifras que informó la Comisión Nacional de la Verdad (CNV) en 2014, luego de más de treinta años del fin de esta etapa con la elección de Tancredo Neves; o donde los izquierdistas Lula Da Silva y Dilma Rousseff, por solo citar los casos más paradigmáticos, han contribuido con sus manchadas imágenes de seres corruptos a poner en descrédito a la política de una nación. 

 

Los extremos de la etapa dictatorial militarizada laceraron sobremanera a un país que quería -y necesitaba- cambios profundos; y aunque ya habían pasado casi veinte años del fin del período de militarización, sin duda, facilitó la llegada de Lula Da Silva al poder, quien con las acostumbradas promesas a desposeídos y esa capacidad para dominar sutilmente a las mentes más débiles -algo muy común entre los simpatizantes del movimiento del Socialismo del siglo XXI- triunfó de modo inteligente en Brasil en los comicios del 2003.

 

No obstante, y como muy bien ha analizado Javier Corrales, profesor de ciencia política en el Amherst College de Estados Unidos, “el problema de los expresidentes en América Latina es que les cuesta mucho trabajo retirarse de la política”, algo que no afirmó refiriéndose exactamente al caso de Brasil, sino al de Ecuador con el maquiavélico Rafael Correa, pero que resulta aplicable al contexto de dicha nación con la pretensión de Lula Da Silva de retornar al poder a pesar de que ya estaba puesto en evidencia por sus implicaciones en el caso de corrupción de Petrobras.

 

Pero para no alejarnos del eje del tema no voy a detenerme en lo que ya se ha publicado en todas partes, limitándome a recordar que Da Silva fue condenado en primera instancia a nueve años y seis meses de prisión por el juez Sergio Moro, siendo el primer expresidente condenado por corrupción pasiva en la historia de Brasil. Esta sentencia fue ratificada y elevada a doce años en una segunda instancia al encontrársele culpable de los delitos de corrupción y lavado de dinero.

 

No obstante, el aferrado exmandatario continuó su labor promocional como representante del Partido de los Trabajadores, y lo peor, la mayoría de los brasileños lo apoyaron, con lo que alcanzó el primer lugar según varias encuestas, puesto que mantuvo durante varios meses; lo que sugiere que de poder presentarse a elecciones Brasil sería dominado por un corrupto izquierdista que de modo inescrupuloso se escuda en la política para eludir ser encarcelado.

 

Por suerte para la región el magistrado Luiz Fux, afirmó que "será irreductible en la aplicación de la Ley de Ficha Limpia", la cual prohíbe la presentación en las urnas de alguien condenado en dos instancias. Con lo que el nuevo titular de la Justicia Electoral de Brasil le cerró la puerta a la candidatura del expresidente Lula da Silva, por cuanto recibió una condena en dos instancias, siendo aplicable dicha Ley.

 

Pero Lula da Silva no es el único candidato a la presidencia que daña la imagen de una nación y que se aparta definitivamente del ideal arquetípico de lo que debe ser un político. Jair Bolsonaro, el representante del Partido Social Cristiano, está en la mirilla de cientos de analistas, politólogos, políticos, y también de miles de brasileños, a pesar de una popularidad que le sitúa en el segundo puesto después de Lula Da Silva.  

 

El prestigioso y popular diario ecuatoriano El Comercio publicó una reseña sobre Jair Bolsonaro bajo el título: Cómo un racista, misógino y homofóbico puede llegar a ser presidente de Brasil, y agregó como nota introductoria que Bolsonaro dijo que “se puede evitar tener hijos homosexuales si se los corrige a golpes, que los negros no sirven ni para procrear, y que los analfabetos no deben votar”, algo que no es amarillismo sensacionalista ni calumnias toda vez que procede de una fuente en extremo confiable por su seriedad.

 

Mientras que el diario El Cronista, solo seis meses antes publicó el artículo: Jair Bolsonaro: el candidato más odiado de Brasil, e igualmente esbozó la idea de que pese a su xenofobia y defensa de la dictadura es el candidato político con más posibilidades de ganar en las elecciones de octubre de 2018, después de Lula (en el momento de la publicación aun estaba en duda la posibilidad de participación de este último). Por su parte eldiario.es el 20 de enero de 2018 destacó entre sus titulares: Jair Bolsonaro: Homofóbo, racista y ultraderechista, el hombre que podría presidir Brasil, y Americas Quarterly, el importante sitio de Estados Unidos precisó: ¿Cómo es que un apologista de la tortura y la dictadura se volvió un serio aspirante a la presidencia de Brasil?

 

Antes de pasar a ofrecer algunas valoraciones sobre el futuro presidente de Brasil -si es que se cumple lo previsto por encuestas desde hace varios meses- conviene que precise a mis lectores que no pretendo hacer una síntesis biográfica utilizando citas y referencias de diarios, sino que menciono estos cuatro medios de comunicación de países diferentes: Ecuador, Argentina, España y Estados Unidos, algo que hago luego de haber comprobado la imparcialidad de sus escritos para evitar los comentarios de aquellos que puedan anticiparse a emitir criterios acerca de posibles tendencias de dichos medios que los conduzcan a asumir posiciones en defensa o en contra de uno u otro candidato, independientemente de la polémica española en relación a sus tendencias por simpatizar por una izquierda que si conocieran bien no lo harían. 

 

Solo han sido citados estos cuatro ejemplos entre más de una treintena de artículos consultados de los más diversos países de América Latina, y en el caso de eldiario.es de España, y Americas Quarterly de Estados Unidos. Todos coinciden en los mismos criterios muy poco favorecedores para el futuro mandatario de Brasil, lo que reafirma la sentencia de Luiz Fux acerca de una elección presidencial espinosa e imprevisible.

 

Como sería interminable referirme a todos aquellos aspectos por los que se está cuestionando al popular candidato, me limitaré a precisar solo algunos puntos que resultan determinantes para poder prever que Brasil irá por muy mal camino si se logra el triunfo definitivo de este personaje.

 

He aquí un extracto de su carta de presentación. 1. Ha sido comparado reiteradamente con Donald Trump. Según medios como The Economist, Bloomberg y El País, el Donald Trump brasileño. 2. Lo apodan "El Mito" y su candidatura se considera como una opción xenófoba que combina un odio profundo contra todo el statu quo brasileño con un ultranacionalismo rancio, un fundamentalismo católico y hasta una dosis importante de golpismo explícito. 3. A lo largo de su carrera política ha tenido un discurso extremista matizado por el odio contra todas las minorías del país, sin excepciones, destacándose su despiadado odio por los homosexuales; aunque ha atacado a los indígenas, negros e inmigrantes. 4. Fue acusado en 2015 por agresión verbal a homosexuales en 2011, debiendo pagar 150.000 reales (unos 50.000 dólares) a un fondo hecho por el Ministerio de Justicia para tales propósitos.  5. Se ha referido a las Organizaciones No Gubernamentales como ladrones de los recursos del Estado. 6. Llamó parásitos a los habitantes de las reservas aborígenes y comparó a los negros con bestias de carga. 7. Es defensor de la existencia de dictaduras militares, de la pena de muerte, la castración química, de la tortura y del fin del estatuto de desarme que no permite que los brasileños porten armas en sus casas, esto último para aproximarse a las leyes estadounidenses que lo permiten.

 

Otro candidato es el senador Fernando Collor de Mello, representante del Partido Laborista Cristiano, quien afirmó en público que “vamos por la victoria”. (…) "Tengo una ventaja en relación con algunos candidatos porque ya presidí mi país. Mi partido todos lo conocen, saben la forma en que pienso y actúo para alcanzar los objetivos que la población desea para mejorar su calidad de vida".  Collor de Mello ocupó la presidencia de Brasil entre 1990 y 1992, cuando sufrió un proceso de impachment por lo que renunció al estar vinculado a escándalos de corrupción. No obstante, fue electo senador en 2006 y reelecto en 2014.

 

Aspira también a la presidencia la ex senadora Marina Silva por el partido Red Sostenibilidad, siendo la tercera vez que se presenta como candidata a la presidencia y contando con una rica experiencia en las andanzas de los comicios al haber sido la tercera opción más votada en las dos últimas elecciones de Brasil. Marina fue también ministra de Medio Ambiente en el gobierno de Lula Da Silva, y al igual que este último, está envuelta en la amplia trama de la corrupción brasileña en relación con el caso de la petrolera estatal Petrobras.

 

El principal aspecto de su discurso político es la lucha por la preservación del medio ambiente y el uso sostenible de los recursos naturales, aspectos por los que ha sido premiada internacionalmente. En actos celebrados en Brasilia criticó de modo enérgico las reformas de corte liberal impulsadas por el gobierno del presidente Michel Temer, insistiendo en que el país necesita medidas diferentes ante la lenta recuperación económica; así como al ínfimo por ciento de aprobación de la gestión del gobierno de Temer.

 

Se ha insistido en la posible participación de Michel Temer en las elecciones presidenciales de octubre, y algunos hasta le auguran un verdadero triunfo; pero el propio mandatario declaró el viernes 23 de febrero que no se presentará como candidato, e igualmente ha negado que la intervención de las Fuerzas Armadas en la seguridad de Río de Janeiro tuviera ningún objetivo de carácter electoral, con lo que demuestra su inteligencia, dada la penosa aceptación popular de su corto mandato a pesar de algunos aciertos en el orden económico ya mencionados antes.

 

Con puntuaciones muy bajas en las encuestas se encuentran Geraldo Alckmin, del Partido Socialdemócrata, PSDB, uno de los mayores partidos de Brasil, por lo que debería estar en una posición fuerte, pero se encuentra rezagado en las encuestas. Alckmin es un personaje bien conocido de los electores al haber sido el rival derrotado por Lula en 2006, y según muchos representa el sistema tradicional de la nación.

 

Otro outsider, pero mucho menos radical, es Joao Doria, quien adquirió relevancia al conquistar el año pasado la alcaldía de San Pablo con sorprendente facilidad. Doria también presenta similitudes con el criticado Jair Bolsonaro -el Trump de Brasil. Tiene el perfil del empresario millonario de éxito, aunque sin pasado político meritorio, amén de su preferencia por las cámaras, lo que ha demostrado con su experiencia como presentador de la versión brasileña de El aprendiz. El problema de Doria es que también forma parte del PSDB y, por ahora, el candidato fuerte del partido parece ser Alckmin. Pero podría cambiar de partido con lo que lograría cierto giro favorecedor.

 

Como se podrá apreciar ningún candidato vale la pena. La idea de que las elecciones en Brasil sean libres y justas por el hecho de que clasifica dentro de la categoría de democracia imperfecta no resulta cuando no se dispone de candidatos, al menos, cerca de lo ideal. 

 

Todo parece indicar que Da Silva quedará definitivamente excluido y pasará sus últimos años en la cárcel, siendo esto positivo, por cuanto la izquierda quedará excluida por esta vez en una nación que, o no piensa, o no sabe hacerlo, pues resulta inconcebible que millones de personas estén apoyando en primer lugar a alguien que los tribunales -y con toda la razón del mundo- han mandado a la cárcel, y en segundo lugar muestren su preferencia por Jair Bolsonaro, el polo opuesto de Da Silva en cuanto a postura política se refiere, pero tan indigno de asumir semejante cargo como él. Sus conceptos respecto a democracia, tolerancia, respeto por la diversidad en todas sus acepciones, etc., lo hace un candidato despreciable.

 

No obstante, Brasil debe tener un nuevo presidente y esto será dentro de unos meses. Veremos si el elegido logra frenar la corrupción y la criminalidad, se ocupa del delicado asunto de la deuda externa y sigue impulsando el crecimiento de una economía que ha empezado a salir del pralaya. ***

 

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*La Organización Mundial de la Salud establece que a partir de un 10 por ciento de niños con desnutrición grave ya se considera que hay una crisis alimentaria, y a partir de un 15 por ciento la situación escala al estado de emergencia. En el 30 por ciento, el país entra en una situación de hambruna.

**Frase del analista Alfonso Dastis en su artículo Venezuela: la democracia burlada, publicado en El Mundo. http://www.elmundo.es/opinion/2017/08/04/59834eb7468aebaf7b8b468c.html

*** Término sánscrito que significa período de disolución o inactividad, aunque aplicable a aparente calma o inacción.