Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

El incierto futuro de las misiones médicas del régimen

 

Resulta difícil abordar nuevamente un tema tratando de no ser reiterativo, aunque siempre se corre el riesgo de que al menos ciertos aspectos de escritos anteriores sean evocados, lo que resulta justificable tratándose de ideas ejes o claves para el desarrollo de este nuevo artículo que pretende retomar el polémico y complejo tema de los profesionales de la salud cubanos, principalmente los médicos, en su desempeño por otros países en lo que se le ha llamado misiones internacionalistas y más recientemente colaboraciones médicas. 

 

Como voy a referirme una vez más al controversial asunto de los médicos cubanos, y de modo particular a lo que ya hemos de ver desde la óptica de un verdadero fenómeno social, remito a los lectores a los trabajos publicados en este mismo medio por si consideran oportuno buscar cierta relación que a modo de continuidad pueda establecerse entre el escrito que hoy les presento y los anteriores, o de cualquier modo para que consulten las ideas expuestas en dichos trabajos, así como las cifras y datos estadísticos y la opinión directa de varios profesionales que accedieron a colaborar mediante su testimonio. 

 

El polémico tema lo he tratado en: “Injerencia castrista y hecatombe del sistema de salud venezolano”, publicado en la edición del 29 de mayo de 2017; “Colaboradores médicos cubanos. La realidad de una misión”, publicado el 27 de marzo de 2017, y en menor medida, aunque tratando también el tema de la salud: “La salud en la Cuba socialista, el otro lado de la moneda”, correspondiente al 31 de julio de 2017, todos escritos para este medio y publicados originalmente aquí, aunque luego se reprodujeran en otros sitios de manera parcial o íntegra. 

 

Antes de entrar a analizar algunas nuevas propuestas creo conveniente teorizar sobre algunos conceptos que pueden darnos cierta claridad sobre el tema.

 

1. La problemática de los cooperantes cubanos ha sido tratada desde diferentes perspectivas por muchos analistas -que no necesariamente tienen que ser analistas políticos como estamos acostumbrados-, periodistas, reporteros, etc., los que muchas veces son desconocedores de la realidad del fenómeno, y como resultado solo han mostrado en sus análisis su visión muy personal, algo que es válido, pero siempre con la vulnerabilidad del sesgo de investigación o reporte, lo que hace que los trabajos carezcan de la profundidad que temas como estos merecen y necesitan. 

 

2. Los estudios, investigaciones, reportes, artículos, etc., se han limitado a ciertos países como Venezuela y Brasil por ser aquellos donde se han concentrado la mayoría de los cooperantes, dejando a un lado los que se hallan en contextos diferentes bajo condicionantes bien distintas a los de estos países, los que también son parte del fenómeno al enfrentarse a las mismas adversidades, por lo que no merecen ser excluidos. 

 

3. Se les ha llamado -con o sin intención, esto no importa ahora- esclavos, la nueva esclavitud, o con cualquier otro calificativo que los merece en sí el régimen que los manipula, pero no los médicos que intentan sobrevivir en medio de la adversidad de la realidad cubana y utilizan las colaboraciones como posible escape o modo de evasión de dicha realidad.  Conceptualmente hablando, pudiera considerarse variante de esclavitud a la forma en que se les explota despiadadamente, pero no es ético llamarles despectivamente de esta manera.

 

4. Se le ha dado una supremacía a los aspectos políticos -dadas las serias implicaciones del sistema político cubano en la manipulación de sus profesionales- olvidando destacar una meritoria labor que en el orden social hacen con profesionalismo y humanismo. De ahí que con la exclusión de este aspecto se parcializa cualquier estudio analítico en este sentido.

 

5. La mayoría de los trabajos que se han publicado sobre el tema -incluyendo los que me pertenecen como autor- hacen referencia a aquellos médicos que abandonaron sus “misiones” y que por tanto son denominados por el régimen desertores, o a aquellos que decidieron emigrar a otras naciones luego de haber sido cooperantes en otros países, pero nunca se incluyen investigaciones dedicadas a los miles de profesionales que han regresado a Cuba después de haber trabajado durante varios años en las llamadas misiones y volvieron a enfrentarse a la adversidad con que se trabaja bajo el dominio de las directrices del sistema de salud cubano. Estos también son parte del fenómeno social “misiones médicas”, y no solo son parte, sino que ocupan un protagonismo sin igual dada la difícil situación económica en la que vuelven a caer una vez agotadas las pocas reservas “misioneras”. 

 

Una vez precisados estos aspectos pasemos a analizar al menos tres puntos importantes que siempre resultan de interés para nuestros lectores, algo que haré pensando en la heterogeneidad de aquellos que nos consultan y no en una comunidad científica interesada en temas médicos, y que pueden consultar en otros medios especializados.

 

No faltarán los testimonios de algunos médicos que decidieron quedarse estando de “misión” o determinaron abandonar su país para siempre y que han querido expresar valientemente su opinión, aunque para su protección decido no utilizar sus nombres reales, independientemente que no se trata justamente de un trabajo de tipo entrevista, sino analítico en el que se insertan algunas opiniones que consideré de inestimable valor.

 

Motivos por los que los profesionales cubanos deciden “salir de misión”

 

Son variadas las versiones en este sentido. No obstante, existe de manera general una constante reiteración que cual verdadero leitmotiv aparece en cualquier respuesta que algún galeno pueda ofrecernos. Esto presupone al menos tres interrogantes claves:

 

¿Por qué  prefieren trabajar como “cooperantes internacionalistas” a pesar de estar alejados de su familia, de sus hogares, en circunstancias muchas veces bien adversas, y no en su propia patria al lado de los suyos y conociendo con profundidad el contexto de su universo de trabajo?

 

¿Por qué deciden quedarse en otras naciones conociendo que luego no podrán retornar a su patria hasta que no pase un período de tiempo de ocho años como mínimo al ser considerados “desertores” de las “misiones”?

 

¿Por qué se marchan de Cuba aun cuando saben que en algunos países -como por ejemplo en Estados Unidos- es prácticamente imposible volver a ejercer como médicos, toda vez que la tramitación para revalidar títulos, homologaciones, o cualquier tipo de legalización resulta extremadamente engorrosa, costosa y difícil? 

 

De manera general los médicos cubanos asumen las “colaboraciones” como una posibilidad de poder sobrevivir desde el punto de vista económico. La mayoría no están  muy identificados con los asuntos políticos de su país, y algunos son desconocedores cuasi absolutos de los más mínimos asuntos contextuales sobre la política, no solo de Cuba, sino del mundo.

 

No estoy haciendo una crítica que pueda poner en duda la capacidad intelectual de los médicos, sino expresando una realidad comprobada por quien escribe este artículo en contextos tan diferentes como Ecuador, Estados Unidos, Colombia y España, países donde he podido entrevistar a varios galenos que expresan de manera casi exclusiva que su decisión ha estado determinada por motivos puramente económicos, aunque muchos admiten que detrás de lo económico está siempre de manera indisoluble lo político, y que es el gobierno cubano el responsable de sus penurias, frustraciones e incertidumbre.   

 

Me fui definitivamente de Cuba porque a pesar de tener treinta años de graduado, de ser especialista y de tener una gran experiencia en la medicina de urgencia considero que no se me pagaba de acuerdo a la labor que realizaba, que fui explotado al máximo por el régimen cubano y porque no quiero que mis hijos pierdan su juventud como perdí yo la mía, que a pesar de mis títulos y de mi trabajo demostrado por tres décadas no tengo nada”, nos ha expresado este experimentado médico miembro del primer destacamento Carlos Juan Finlay, graduado de doctor en medicina en 1988 y que ahora en España comienza una nueva etapa de su vida partiendo de cero.

 

Pero este colega es una de esas excepciones de la regla respecto a lo económico. Mi entrevistado tiene muy bien definidos sus puntos de vista en relación con la responsabilidad del sistema social cubano y suele estar informado del acontecer político de Cuba y del mundo; pero esto no es lo que generalmente ocurre cuando les preguntamos acerca de sus decisiones, ya sean por el abandono de la “misión” o por la salida directa desde Cuba sin haber tenido la experiencia “internacionalista”. 

 

Como me enseñaron en mis lejanos tiempos de estudiante, el que solo sabe de medicina, ni de medicina sabe. Tal vez el hecho de estar inmersos durante muchos años de estudios universitarios de pregrado primero y luego entre especialidades, diplomados y maestrías, los aleja sobremanera de la posibilidad de estar al tanto del acontecer político del mundo, y no solo esto, sino que en su mayoría -al menos los de las últimas generaciones- han descuidado el cultivo de su inteligencia en otros aspectos, dejando a un lado la lectura de las grandes obras de la literatura universal o las investigaciones que en torno al universo se realizan cada día. De ahí que resulta difícil establecer un diálogo sobre asuntos de la política nacional cubana e internacional con médicos cubanos, por cuanto son desconocedores de los más elementales conceptos de este campo.

 

Otros decidieron no mezclarse en estos asuntos porque su único interés es el de la subsistencia, y la misión representa su objetivo concreto para este fin, y saben acerca de las implicaciones que tiene el ser copartícipe de un debate de naturaleza política en el contexto de la Cuba comunista de estos tiempos, en los que la represión se ha incrementado hasta alcanzar dimensiones inusitadas.

 

De ahí que sus fundamentos respecto al por qué quieren “salir de misión” o por qué se  quedan una vez que logran salir suelen estar en relación con el aspecto económico, sin que sean conscientes en muchos casos que ese aspecto económico es la resultante de un sistema político capaz de desencadenar una condición de caos.

 

Analicemos la detallada información que nos ofrece este experimentado profesional, especialista en Medicina General Integral y en Microbiología y Parasitología, natural de Cienfuegos y actualmente radicado en Estados Unidos: “Mi historia es como la de muchos médicos cubanos graduados en las décadas del 80 y 90 del pasado siglo en nuestra isla. En mi caso particular me gradué a finales de Julio de 1991, próximo a cumplir 24 años. Nuestra patria atravesaba uno de los peores momentos de su historia, lo que se conoció con el nombre de período especial, que coincidió con los años posteriores al derrumbe del comunismo en la extinta URSS y los países de Europa del Este, período este de una profunda crisis económica de nuestro país, donde era prácticamente una hazaña conseguir alimentar a una familia y tener algo tan sencillo como jabón para asearse. Fui engañado, quizás como tantos cubanos que sucumbieron a las promesas nunca cumplidas de Fidel Castro en los primeros años de la revolución cubana; ahora la historia se repetía en mi persona, ahora en otro país que ha sido destruido igual que el mío, pero que a diferencia de éste, la gran mayoría de sus hijos hoy lucha en las calles por recuperar su libertad. Por supuesto que en estos años en Venezuela también tuve la posibilidad de palpar ese capitalismo distinto al que se nos había mostrado a través de los años. Pude ver que con sacrificio, trabajo y dedicación pueden alcanzarse las metas, y que una familia honrada y trabajadora puede mantener a sus hijos con las necesidades elementales cubiertas y sobre todo con la libertad de decidir y expresarse en cualquier lugar”.

 

En su caso también se cumple la sentencia de que toda regla tiene su excepción, toda vez que con conocimiento de causa se introduce con profundidad en la esencia de la problemática de las misiones médicas y es capaz de relacionarlo con la política cubana actual.  “Por allá estuve durante tres años. Antes de comenzar la misión nos daban a firmar un contrato con el Ministerio de Salud de Cuba, pero no decía lo que recibiríamos monetariamente por esta “misión”. Nunca conocimos cuanto en realidad pagaba el gobierno venezolano por cada uno de nosotros, siempre se comentó que nuestros servicios eran retribuidos en forma de petróleo para la isla. Lo que sí estábamos seguros que era mucho más de lo que recibíamos. Era la época en que nos pagaban una parte en bolívares en Venezuela y otra parte en CUC [moneda equivalente al dólar en Cuba] en una cuenta bancaria congelada de la que solo podíamos disponer al final de la misión. Fueron aquellos los años en que me compré mi primer televisor, mi primer refrigerador y mi primer casi todo. En verdad y a pesar de que no me pagaban lo justo, conseguí hacerme de algunos bienes materiales con los que comencé a vivir con las comodidades elementales con que viven las mayorías de las personas en el mundo. y que en mi país esto se limita a una minoría”.

 

Este colega me contó además de lo que tenía que hacer para lograr subsistir en medio de la peor situación económica de su vida, el común denominador de la mayoría de los que asumen las colaboraciones como posibilidad de salir adelante. Sencillamente no logran sobrevivir entre las precarias condiciones económicas y la humillación de sentirse en el estrato más bajo de la sociedad a pesar de ser profesionales, muchas veces de gran capacidad y de extraordinaria preparación científica. 

 

Tampoco son muy versados en lo que se le ha llamado temas de actualidad política. Han vivido demasiado tiempo en un aislamiento total y bajo la terrible influencia de la dictadura comunista, permitiéndoseles solo conocer la “realidad cubana” desde una perspectiva unidireccional, algo que cambia una vez que se pueden abrir un poco más al mundo cuando salen de Cuba, aunque como se sabe los “cooperantes” son continuamente vigilados y controlados por los agentes encubiertos del gobierno y por los propios colegas que ocupan cargos de dirección como jefes de “misiones”, militantes de la Juventud Comunista o del Partido Comunista de Cuba, organizaciones que siguen funcionando en estos recónditos parajes como si estuvieran en la isla. 

 

Otro médico cubano que accedió a responder a mis interrogantes fue este consagrado colega de muchos años de experiencia, médico general y oftalmólogo, quien llegó a  ocupar puestos de dirección en Cuba y hoy trabaja como médico en la ciudad de Adén, Yemen. “Soy jubilado por enfermedad, pasado por la Comisión Médica, con un salario de 367 pesos mensuales después de treinta y dos años de servicio y con dos misiones reportándole dinero al país” (...) “Decidí salir del país y trabajar por mis medios a pesar de las múltiples trabas que me pusieron y porque a finales del 2015 Cuba implementa de nuevo la prohibición de viajar a aquellos que tuviéramos especialidades quirúrgicas y algunas no quirúrgicas, a pesar de que ya estaba jubilado”.

 

El especialista prefiere abordar el tema del salario. Al respecto nos dijo: “Estuve en Venezuela por dos años y estando allá nos quitaron los 50 CUC de ayuda familiar y rebajaron la del estipendio en Cuba, que era de 325 CUC a 225 CUC, mientras que el estipendio en Venezuela era alrededor de 2.500 bolívares y el dólar estaba a 18 por la izquierda, así que saca tus propias conclusiones. Lo real es que no se cuanto recibía Cuba por cada uno de nosotros”.

 

Se sabe, aunque sobre este aspecto apenas se dice nada, que los profesionales cubanos solo reciben un 30% de lo que se les paga por los gobiernos en cuyos países colaboran, cifra que varía en dependencia del país, pero como promedio, de manera general, es solo  un 30%, lo que ha provocado que se les llame esclavos, independientemente de que además aceptan trabajar en los más recónditos lugares a donde los especialistas nacionales no suelen ir.

 

Rechazo a los médicos cubanos en varios países de Latinoamérica y de África. El cuestionamiento de la legalidad de su desempeño en algunos territorios

 

Hace solo una semana el Sindicato de Médicos, Farmacéuticos y Dentistas de Kenia exigió que se priorizara el reclutamiento de más de 1.200 médicos del país del este africano en lugar de los 100 médicos cubanos que el gobierno pretende contratar para garantizar al menos dos médicos en cada condado de un país con una densidad de médicos muy por debajo de uno por cada 1.000 habitantes.    

 

Los sindicalistas de aquel país expusieron su inconformidad dado que existen miles de médicos desempleados en Kenia. El vicesecretario general del Sindicato, Dr. Chibanzi Mwachonda, instó a los gobernadores y al presidente Uhuru Kenyatta para que contraten a más médicos locales para que el país logre una mayor asistencia médica.

 

Pero no solo ha sido en este país de África donde se han desatado protestas por inconformidad ante la invasión médica de Cuba en espacios que deben ser para los nacionales, sino que en diciembre de 2017 Bolivia enfrentó una dura crisis en el sector médico, toda vez que sus profesionales convocaron a un paro general que se prolongó por un mes ante las medidas del gobierno de Evo Morales en relación con la penalización de la mala praxis, algo que aparentemente no tiene que ver con el tema médico cubano; pero donde entran en acción los galenos cubanos es justamente a partir del momento en que el gobernante boliviano, en vez de atender las demandas de sus nacionales, prefirió invadir el territorio con la contratación de cientos de médicos de la isla caribeña.

 

Esto provocó la indignación de la comunidad científica médica de la nación andina, hecho muy como comentado en los medios cubanos, pero de un significado especial si consideramos que dicha medida solo contribuyó a empeorar la crisis. El máximo representante del Colegio Médico de Bolivia cuestionó seriamente la capacidad de los médicos cubanos, exponiendo que para asegurar una óptima garantía de su preparación debería exigirse la revalidación de su título, algo que se viola en aquel país mediante los acuerdos de colaboración entre los gobiernos comunistas de Cuba y Bolivia.

 

Las colaboraciones médicas empezaron en Brasil en 2006 y en el último trimestre del 2017 Cuba mantenía en las zonas más inhóspitas del territorio boliviano, incluyendo las zonas fronterizas, a 770 médicos, en su mayoría especialistas en Medicina General Integral, especialidad conocida en otros países como Medicina Familiar o de Familia.

 

El cuestionamiento acerca de si es legal o no el ejercicio de la profesión de los cooperantes cubanos fue motivo de graves polémicas en 2014 en Perú. En dicha nación los profesionales hicieron fuertes críticas acerca de la ilegalidad en que se supone podría trabajar el personal cubano.  

 

La presencia de un grupo de médicos cubanos en Perú, donde supuestamente ejercen sin los permisos necesarios, generó la protesta del gremio médico peruano y el pedido de interpelación a dos ministras por parte de la oposición política en el Congreso.

 

César Palomino, decano del Colegio Médico del Perú, se pronunció en contra de la presencia de 50 médicos cubanos llegados a territorio peruano para “fortalecer las capacidades del sistema de salud” de esta nación; pero no solo el tema de la ilegalidad y de la intromisión en el Sistema Nacional de Salud de Perú desató el malestar generalizado de la comunidad médica, sino que protestaron al conocerse que los cooperantes cubanos recibirían como salario 7.000 soles, el equivalente a 2.500 dólares, lo que duplica el sueldo promedio de muchos médicos peruanos con más de treinta años de desempeño profesional.

 

Igualmente se refirió a la preparación del personal cubano evocando los resultados de unos exámenes realizados en Chile a médicos cubanos en los que resultaron suspensos. “Según hemos podido corroborar, los profesionales cubanos no están más cualificados o experimentados que nuestros colegas”, afirmó el funcionario.

 

En Brasil -dejando a un lado el controversial tema del salario real recibido y el que supuestamente paga el gobierno de Brasil al cubano por cada médico, aspecto ya tratado de manera reiterada-, en 2013 recién comenzaban a llegar los primeros cooperantes médicos también se produjeron numerosas acusaciones y hasta algunas acciones de protesta de médicos brasileños contra sus colegas cubanos. De nuevo se retomó el asunto de la necesidad de legalización y reválida titular como pruebas demostrativas de su capacidad de desempeño, y durante las protestas de los vinculados al sindicato de médicos del estado de Ceará se les acusó de incompetentes y esclavos.

 

En Ecuador, durante el 2015, también hubo protestas generalizadas por parte de numerosos médicos, de manera particular en ciudades como Quito, su capital, y Guayaquil, la ciudad más poblada y de mayor desarrollo industrial y económico, los que exigían estabilidad laboral y plazas adecuadas sin la intromisión de médicos cubanos contratados por el gobierno correísta, los que podrían desplazarlos de sus puestos.

 

De modo que el mito creado por el régimen castrista acerca de esa superioridad de los profesionales cubanos se va desmoronando poco a poco en la medida en que el resto de los profesionales del mundo comprueban el desempeño de los médicos cubanos.

 

No estoy haciendo referencia a que exista una mala preparación, algo que ya he tratado en otros trabajos, sino a la idea del mito cubano como algo que forma parte del marketing castrista. No podemos decir que la disminución de la calidad profesional sea algo generalizado a pesar del deterioro en el sistema de enseñanza de la medicina y de los reajustes hechos a los planes de estudio con el objetivo de sacarles provecho a los médicos a la mayor brevedad posible.

 

Estas acciones de protesta -a las que no se les ha dado la importancia real que tienen, ni se ha prestado atención a su significado trascendente para poder demostrar el sentir de las comunidades médicas de aquellas naciones a donde son impuestos por sus gobiernos los profesionales cubanos- demuestran que el mito se viene abajo, aunque en Cuba jamás se sepa acerca del rechazo internacional, incluidos aquellos países considerados muy hermanados a la isla, como Venezuela, Bolivia y Ecuador.

 

La reclamación de los diferentes gremios en relación con la necesidad de revalidar los títulos y demostrar su desempeño en el contexto particular de cada territorio sugiere la duda respecto a la preparación real de los profesionales cubanos, los que tendrán que demostrar no solo su humanismo y su sentido ético, sino su rigor científico, lo que al parecer se convierte en la actualidad en el talón de Aquiles del régimen con relación a las “misiones médicas”, lo que llevará más temprano que tarde al fracaso de otro de los megaproyectos castristas en el afán de enriquecerse aprovechándose de las necesidades de sus profesionales, que asumen lo que se les presenta como única vía de poder subsistir en medio del caos económico de Cuba.  

 

El sombrío futuro de las misiones médicas cubanas ante el posible ocaso de un esplendor forzado por el castrismo

 

Es cierto que los nacionales de muchos países con frecuencia no asumen deberes en  comunidades distantes de las capitales y principales ciudades. La visión demasiado materialista y con una finalidad más lucrativa que humana -bien distante de las concepciones de las tradiciones hipocráticas expuestas por el considerado padre de la medicina occidental en su famoso “Juramento”- los alejan de la asunción de un deber para con la sociedad.

 

Esto justifica en gran medida la presencia de los médicos cubanos por doquier. Ya se sabe que el régimen de la isla exige una incondicionalidad total que sus profesionales asumen por tal de poder salir de Cuba y mejorar, o al menos poder paliar, su situación económica. Eso constituye un chantaje por parte del gobierno cubano, que sabe que sus profesionales carecen de los más elementales recursos para su subsistencia, lo que les fuerza a responder de manera sumisa a dichas exigencias.

 

Esto fundamenta mi idea expresada el inicio de este trabajo en relación con la necesidad de que no se les llamara esclavos por cuestiones de naturaleza ética y por defensa de los médicos, pero jamás porque deje de reconocer la forma en que el régimen los explota y al actuar con mentalidad de esclavista los convierte en verdaderos esclavos en la práctica.      

 

Por otra parte, la desigualdad social y la extrema pobreza predominante en muchos países de América Latina y África -los dos continentes en donde se encuentran la mayoría de los cooperantes cubanos- ha conducido a la ejecución de planes de salubridad y proyectos comunitarios en pos de los desposeídos; pero se han enfrentado a una insuficiente cantidad de profesionales que puedan suplir las necesidades y demandas de grandes sectores poblacionales que viven muchas veces en condiciones de semi-aislamiento selvático y montañoso.

 

Esto los ha forzado a contratar mano de obra en naciones como Cuba, cuyo gobierno ha hecho de la profesión médica un verdadero negocio para beneficio del régimen, aunque tras la aparente imagen de un altruismo humanista -algo que aún queda arraigado como valor en muchos de sus médicos- y ante todo con un matiz eminentemente político, toda vez que pretenden destacar la “cooperación” médica como un logro de la “revolución cubana”.

 

Uno de los puntos más polémicos y controversiales cuando se trata el tema de las colaboraciones médicas es el referente al salario recibido y el que realmente cobra el gobierno cubano por los servicios médicos.

 

Hugo Chávez, el desaparecido dictador venezolano, pionero de la masividad misionera (*) estableció elevados salarios con los que beneficiaba a su mentor Fidel Castro y de manera general al régimen comunista cubano, aunque como ya se sabe los profesionales apenas recibían en el mejor de los casos un 30% de lo que en realidad estaba en el convenio.

 

No obstante, no todos los gobiernos podían ni estaban de acuerdo en pagar exorbitantes cifras por hacer labores elementales de salud preventiva a cargo de médicos que muchas veces eran recién graduados y sin la preparación científica adecuada para asumir cosas mayores en el diario bregar del oficio.

 

Y como siempre se ha dicho que la masividad no es nada buena, y muchas veces lo que se maneja de modo popular es un reflejo real de ciertos hechos, el descontento de la comunidad científica en muchos países con la presencia exagerada de médicos cubanos va en aumento. Las múltiples acciones de protesta que más arriba mencioné son muestras muy puntuales de lo que promete convertirse en una grave amenaza para el régimen de Cuba con sus exportaciones masivas de médicos.

 

Por otra parte la crítica situación de Venezuela influye sobremanera en la incapacidad de Caracas para poder garantizar la presencia de centenares de médicos cubanos en sus territorios. Los tiempos de Chávez con sus utópicos proyectos ya pasaron. El madurismo parecería que se aproxima a su fin, y con su caída se desmoronará de manera inevitable el aparente esplendor de las “misiones”.

 

Mientras, en naciones como Bolivia, Brasil y Ecuador los cooperantes han de enfrentarse a las constantes inconformidades de la comunidad médica, por lo que el futuro de las misiones médicas cubanas resulta realmente sombrío y sus protagonistas no dejan de estar en una total incertidumbre ante el posible ocaso de lo que alguna vez tuvo cierto esplendor, aunque como todos saben, forzado por el castrismo.

 

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(*) Las colaboraciones médicas de manera aislada y con pocos médicos cooperantes cubanos se remontan a los inicios de la década del sesenta en África, cuando en la recién independizada Argelia se concretaron las primeras “misiones médicas” en la región de Mostaganem, en 1963, las que no se interrumpieron ni aun después del movimiento de ajuste y “rectificación” liderado por Houari Boumedienne en 1965; así como la India e Irak, en el continente asiático. No obstante, la masividad de las “misiones” en Latinoamérica, y en menor medida en África, es posterior.