Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos

El fenómeno migratorio cubano. Un éxodo que no termina

 

Las migraciones son un fenómeno de carácter universal, no limitadas al género humano, sino que abarcan al reino animal con sus grandes oleadas migratorias desde zonas ecuatoriales hacia los polos y desde estos hacia los trópicos nuevamente, lo que de manera cíclica se reitera continuamente.

 

El tema ha adquirido en los últimos tiempos una especial connotación ante un incremento inusitado de grandes masas poblacionales que suelen desplazarse de un lugar a otro, así como por las consecuencias negativas que a partir de la adversidad se han ido desatando como elemento que ya no se puede desligar del contexto migratorio.

 

Desde tiempos remotos las migraciones se han relacionado mucho con aspectos de naturaleza religiosa y étnica. Recordemos el éxodo del pueblo judío desde Egipto, los viajes de San Pedro y San Pablo en los años iniciales del Cristianismo, la Hégira de Mahoma, la migración desde el lago Titicaca al Cuzco en la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocilo en los orígenes del imperio Inca.

 

Conviene definir algunos términos que se han hecho hasta sinónimos con el tiempo y con frecuencia son manejados de manera errónea. La migración es el desplazamiento de población humana o animal que se produce de un lugar de origen a otro destino, y conlleva  a un cambio de residencia habitual para el caso de las personas. La migración abarca dos categorías principales, la inmigración, lo que está en relación con el fenómeno migratorio pero delimitando a donde  llegan, ya sea a un país o una zona determinada, y la emigración, que se refiere al país o sitio de donde sale la población para establecerse en otro lugar o región. De ahí que resulte relativa la idea conceptual,  pues las masas poblacionales salen de un sitio como emigrados y llegan a otro para convertirse en inmigrantes, por lo que hemos visto en los últimos tiempos la generalización del término migrantes, que también resulta correcto y más abarcador.

 

La emigración desde el punto de vista antropológico implica  la estimación negativa del nivel de vida de una persona y su entorno familiar, así como una percepción de que al poder establecerse en otro lugar aumentaría sus perspectivas económicas, sociales u otras, incluyendo su esperanza de vida.

 

Actualmente se consideran países con elevado por ciento de emigración Albania, Bulgaria, China, Colombia, Cuba, Ecuador, India, Marruecos, México, Nicaragua, Perú, Rumanía, Turquía, Uruguay y Venezuela. Por otra parte, se consideran regiones expulsoras o protagonistas de grandes movimientos migratorios América Latina, Europa Oriental, Asia y África, zonas de mayor atraso económico y social relacionados con conflictos de naturaleza política, como es el caso de las dictaduras totalitaristas y corruptas de América Latina; los propios modelos sociales y económicos asumidos por sus mandatarios, fenómeno patente también en Latinoamérica; o como resultante de su existencia pasada en países de Europa Oriental; el hambre y las enfermedades para el caso de África; y las necesidades económicas para algunas naciones de Asia y Latinoamérica.

  

Existen países que han cambiado su condición y de ser naciones de fuerte emigración han pasado a ser receptores de migrantes, lo que les favorece ante el mundo, por cuanto esto habla a favor no solo de su estatus económico, sino de su política, su cultura, su educación, y sus sistemas de salubridad.

 

Se reconocen múltiples causas en relación con el fenómeno migratorio. De hecho, debe considerarse en la mayoría de los casos como algo multifactorial. Las causas socioeconómicas son las fundamentales, al extremo que existe una estrecha relación entre desarrollo socioeconómico e inmigración, y por consiguiente, entre subdesarrollo y emigración. La mayoría de las personas suelen emigrar por su pésima situación económica, buscando empleo o una mejor remuneración.  Las necesidades materiales y el hambre extrema son igualmente motivos para abandonar su país de origen e intentar establecerse en otro que le pueda ofrecer una mayor y mejor perspectiva.

 

Dentro de las causas políticas se admiten principalmente los regímenes dictatoriales o militaristas, y las guerras. Las causas bélicas y los grandes conflictos internacionales constituyen una importante fuente de migraciones forzadas, lo que ha originado desplazamientos masivos de la población, huyendo del exterminio o de las persecuciones de los ejércitos vencedores. Las causas bélicas y otros conflictos internacionales originan grandes desplazamientos masivos de la población al huir del exterminio.

 

Siguen ocupando un destacado lugar las causas culturales, dentro de las que se incluyen el idioma, la religión, las costumbres y las tradiciones.  Igualmente se deben considerar las catástrofes generalizadas, terremotos, tsunamis, inundaciones, sequías, epidemias y huracanes, así como las de naturaleza familiar.

 

En torno al fenómeno migratorio es necesario definir qué es un emigrante, un exiliado, un refugiado y un expatriado. El emigrado es cualquier persona que emigra a otro país, independientemente a sus motivaciones o causas, no necesariamente se le debe asociar con aspectos políticos o sociales. En el pasado, no tan remoto, los médicos recomendaban a sus pacientes un cambio de clima para mejorar, sobre todo grandes trastornos respiratorios, antes de la llegada de la era de los antibióticos. Los enfermos que se trasladaban a los Alpes Suizos procedentes de cualquier país europeo cercano eran pues emigrantes.

 

Un exiliado es aquel que no puede regresar a su patria, es decir, la persona desterrada, mientras que los refugiados son por lo general las víctimas de conflictos políticos. Cuando las personas emigran de su país por persecuciones políticas dentro de su propio país se habla también de exiliados políticos. Esto debe ser considerado al tratar el tema migratorio en el contexto de Cuba, donde la mayoría de los que dicen estar en el exilio, en realidad no son exiliados, sino refugiados políticos, pues casi todos de una u otra forma, en mayor o menor medida, han sido perjudicados ya sea en lo económico, en lo social, y hasta en lo ético y moral como consecuencia del conflicto político cubano.

 

La respuesta que a menudo ofrecen cientos de cubanos acerca del motivo de su salida del país, los que refieren salir por problemas económicos, es evasiva e imprecisa. Han de considerar que su problema económico tiene un origen político. La economía cubana es un desastre en el orden nacional,  y repercute en la individualidad y en todas las familias producto del modelo social y económico establecido e impuesto en la isla desde hace casi seis décadas; por lo tanto, y hablando con propiedad al considerar el significado de estos conceptos, en realidad son refugiados políticos y no exiliados, excepto aquellos a los que se les prohibió entrar de nuevo a su patria. La determinación personal de no regresar a su país de origen, que muchos han asumido, no les da la categoría de exiliados; aunque lo parezca.

 

El expatriado es aquel que por razones personales y sociales prefiere vivir en una nación extraña, algo que también debe ser considerado al abordar el tema migratorio cubano, por cuanto en esta categoría se encuentran muchos que no han tenido problemas de naturaleza política, que no tuvieron vida de supervivencia, pero determinaron establecerse en otro país por razones familiares, culturales, raciales o climáticas.

 

Cuba experimentó un viraje radical en relación con el tema migratorio a partir de la segunda mitad del pasado siglo XX con el establecimiento del régimen totalitarista de Fidel Castro y la asunción del carácter socialista de su modelo económico y social. La hermosa isla paradisíaca en la que se establecieron españoles, estadounidenses, chinos, franceses, árabes, libaneses, rusos, griegos, entre otros, los que dejaron su impronta en la religión, las artes, la enseñanza académica, la historia y la filosofía, y ¿por qué no?, en nuestras tradiciones culinarias, nuestros bailes y nuestra forma de ser y actuar, pasó no solo de ser receptora de migrantes a ser fuente importante de emigración, sino de verdaderos éxodos, devenidos en crisis humanitarias, reconocidos a escala mundial.

 

No me detendré en los detalles de todas las oleadas migratorias protagonizadas por los cubanos después de 1959. Se ha insistido ya mucho en este tema, aunque no siempre con acierto, ni desde la perspectiva del análisis reflexivo, y sí desde la ostentación, lo sensacional y acudiendo a un sentimentalismo, que si bien no podemos ignorar, no hemos de asumir como el eje de los problemas. No obstante, antes de llegar al actual fenómeno migratorio con sus peculiaridades distintivas, conviene recordar algunos puntos que nos darán la medida de las dimensiones de la migración cubana. En este análisis me limito al tema de la migración desde Cuba hacia Estados Unidos, país donde se encuentran la mayoría de los emigrados cubanos, a pesar de que el fenómeno adquiere una trascendencia universal si se considera que hay cubanos radicados en todas partes del mundo, destacándose países como España, Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Suecia, Canadá, Ecuador, Chile, Brasil, Venezuela, México, Australia, Rusia, Serbia, Uruguay, Sudáfrica y Angola.

 

Éxodo inicial. A pocos meses de establecida la dictadura comunista cubana tuvo lugar el primer gran éxodo que dejaba devastada a la isla. Se perdía una cantidad considerable de sus mejores hombres en el terreno de la economía, la política, la ciencia, la gerencia, la pedagogía y el arte. Se marcharon hacia los Estados Unidos de América cientos de médicos, odontólogos,  profesores, músicos, escritores, administradores, técnicos y obreros en general por el descontento ante las reformas emprendidas por el gobierno socialista cubano, de manera particular la nacionalización con la expropiación de comercios, industrias, instituciones de salud y educacionales, así como la ley de reforma agraria, con la consiguiente apropiación por parte del gobierno de las propiedades de muchos hombres que durante décadas impulsaron la agricultura y la ganadería en la isla.

 

Éxodo de Camarioca. Luego hubo movilizaciones masivas de cubanos hacia territorios estadounidenses, entre los que se destacan la partida de alrededor de 3.000 cubanos recogidos por sus familiares en el puerto de Camarioca (Matanzas) entre el final de septiembre y el 15 de noviembre de 1965, tras la autorización del dictador Fidel Castro y en acuerdo con las autoridades de Estados Unidos. Se estima que más de 2.000 que quedaron en el puerto fueron llevados luego hacia Estados Unidos en embarcaciones que alquiló el gobierno de este país.

 

Vuelos de la libertad. Entre 1965 y hasta 1973 se mantuvieron vuelos entre Cuba y Estados Unidos en los que salieron 260.561 cubanos, previo acuerdo entre ambos gobiernos, en lo que se le llamó “vuelos de la libertad”, hasta su cancelación por el presidente Richard Nixon.

 

Éxodo del Mariel. Similar a los sucesos de Camarioca, entre abril y octubre de 1980 un total de 125.000 cubanos abandonaron su patria en pequeñas embarcaciones procedentes de Estados Unidos, hecho que se reconoce como la primera gran crisis de legitimidad del régimen cubano. El elemento desencadenante de este gran éxodo y conflicto político fue la entrada violenta de un autobús a la embajada de Perú en La Habana con la solicitud de asilo político de seis cubanos, a lo que las autoridades de la institución accedieron. Como venganza, el gobierno cubano suspendió la custodia de dicho sitio. En breve 10.800 cubanos habían penetrado en la sede diplomática para pedir asilo político. Ante tal escándalo, el dictador Fidel Castro permitió que desde el puerto del Mariel, en las cercanías de la capital, todo aquel que quisiera irse del país hacia Estados Unidos lo hiciera, algo que se realizaba a bordo de las embarcaciones que los familiares de los cubanos empezaron a enviar desde entonces y durante los meses que siguieron a su orden, hasta el 26 de septiembre de 1980, cuando las autoridades cubanas decidieron impedir que los últimos 150 pequeños barcos salieran del puerto con pasajeros.

 

El régimen dictatorial de La Habana, ante la masividad de las intenciones de salida, pretendió ofrecer al mundo una imagen distorsionada de la realidad cubana, para lo que utilizó a los trabajadores y estudiantes -incluidos menores de edad de las enseñanzas primaria y secundaria básica- en la realización de los llamados actos de repudio, acciones consistentes no solo en gritar consignas comunistas contra los que abandonaban la isla, sino que además eran fuertemente golpeados y agredidos con el lanzamientos de piedras, palos y hasta huevos de aves. Les llamó “escoria”, y les estigmatizó injustamente como delincuentes, homosexuales, prostitutas, desviados ideológicamente y con trastornos de su personalidad. Miles de presidiarios y enfermos mentales fueron sacados de las cárceles y centros de salud y enviados a las embarcaciones que esperaban, mezclando a esos delincuentes y alienados con los verdaderos familiares, para dar una imagen negativa de todos los que abandonaban el país.

 

Crisis de los balseros. Con este nombre se le conoce a un grupo de sucesos no limitados al tema migratorio, que ocurrieron durante varios de los duros meses de 1994: aquí se incluyen el Maleconazo y el hundimiento del remolcador 13 de marzo, entre otras acciones. El pueblo cubano empezó a manifestarse abiertamente como nunca lo había hecho. La difícil situación económica que llegó al hambre y la aparición de enfermedades y trastornos carenciales desencadenadas por el déficit de proteínas, grasas y vitaminas en la dieta, afectaron grandemente a sectores considerables de la población. Recordemos la polineuropatía epidémica y la neuritis óptica, fenómenos nunca antes vistos en Cuba, al menos de forma masiva.

 

El fracaso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y el colapso del llamado campo socialista de la Europa Oriental determinaron el ahogamiento del gobierno cubano, que hasta entonces había sobrevivido por los convenios del CAME y la “solidaridad socialista”, entre otros paliativos de los que se sustentó la economía cubana durante décadas. En un instante nuevos retos y desafíos había que enfrentar; pero el dictador se ocupó de cualquier cosa menos del pueblo cubano, que sufrió las consecuencias. El descontento fue cada vez mayor hasta alcanzar su clímax con varias protestas, de las que el Maleconazo fue la más célebre, y con el secuestro de varias embarcaciones hacia Estados Unidos. Entre el 11 de agosto y el 11 de septiembre de 1994 se permitió la salida de los balseros de la isla sin la intervención de las tropas guardafronteras del gobierno cubano. De esta forma saldrían rumbo a Estados Unidos un total de 35.000 cubanos, lo que sería uno de los principales sucesos del momento.

 

El momento actual. Desde el conflicto a la crisis, de la crisis a la crisis humanitaria. En el 2015 el conflicto migratorio cubano adquirió peculiaridades diferentes si se analizan aspectos como vía de salida del país, ruta de la travesía, características del trayecto, así como su repercusión en la región centroamericana, lo que le ofrece características especiales hasta ahora no vistas en los éxodos anteriores.

 

Ante los peligros que, sin duda, ofrece la vía marítima, así como la posibilidad de ser interceptado y regresado al país de origen, y con ciertas posibilidades de viajar a través de un sistema de libre visado hacia países como Ecuador inicialmente, y Guyana más tarde, los cubanos vieron una nueva opción para salir de la isla.

 

Una vez en Ecuador, organizaban una extensa ruta a través de varios países centroamericanos, toda vez que se saliera de Colombia. Se inicia así no solo una nueva modalidad, sino toda una red de traficantes de personas por parte de unos inescrupulosos “coyotes” que no solo exigen cifras elevadas de dinero, sino que los maltratan, los abandonan en las selvas, los golpean y en casos se ha llegado a la violación y al asesinato, algo que supe directamente a través de migrantes que fueron testigos presenciales de estos hechos. A los coyotes se unen las propias autoridades policiales de ciertos países como Colombia y México, quienes estafan a los cubanos y otros migrantes a través de la exigencia de pagos para continuar una travesía que se hace de manera ilegal, violando el paso a través de las fronteras de este grupo de países.

 

Así las cosas, desde el pasado 2015 las crisis migratorias provocadas por el éxodo de miles de cubanos se trasladan de un lugar a otro del continente americano, pero esencialmente se trata de una misma crisis y de un único conflicto, el que dejó de ser solo un fenómeno de carácter social para convertirse en un verdadero problema político a escala internacional.

 

Tras el éxito de las operaciones de Costa Rica para facilitar el acercamiento de los cubanos a las fronteras de EEUU, durante noviembre de 2015 se produjo una situación alarmante en Panamá, una vez que el gobierno costarricense cerró sus fronteras. Luego se repitió lo mismo en Colombia al solucionar Panamá su conflicto en mayo de 2016. De ahí la idea del traslado de una crisis que no termina y al parecer permanecerá como conflicto establecido, a pesar de la derogación de la política de pies secos/pies mojados por parte del expresidente Barak Obama unos días antes de finalizar su mandato, y de la incertidumbre en torno a las posibles reacciones del actual presidente Donald Trump, del que todos especulan, aunque nadie sabe a ciencias ciertas lo que hará.

 

Téngase en cuenta los centenares de migrantes cubanos que se han concentrado en territorios de México, Panamá y en menor medida Colombia, desde la puesta en vigencia de la eliminación de este aspecto de la ley de Ajuste Cubano; sin olvidar a los miles de cubanos que permanecen en Ecuador, o a aquellos que como colaboradores oficiales del gobierno cubano están en Brasil y Venezuela en espera para asumir su deserción, y les sorprendió la inesperada determinación de Barak Obama. En todos estos casos el destino final sería llegar a Estados Unidos.

 

El fenómeno migratorio cubano ha tenido una significativa repercusión, lo que le ofrece  una inusual trascendencia si se le compara con otros movimientos de este tipo que cada día tienen lugar en el mundo. Cientos de haitianos realizan un recorrido similar al de los cubanos, otros procedentes de África se arriesgan al pasar el océano hasta llegar a costas suramericanas; sin embargo su travesía es vista como una necesidad que pueda garantizar ciertos cambios, lo que, se supone, les permita algo más que la supervivencia que asumían en sus países de origen.

 

Pero la migración de los cubanos adquiere otras dimensiones. Téngase presente que la mayoría de los migrantes han admitido recientemente que su salida de Cuba se debe a cuestiones políticas, algo que quedó demostrado en territorio ecuatoriano, en el que multitudes emprendieron la lucha a través de marchas y manifestaciones ante las embajadas de México, Cuba y Estados Unidos, además de permanecer durante más de una semana en un céntrico parque de la capital del país y que, lamentablemente, terminó con la agresión de las fuerzas policiales del régimen dictatorial de Rafael Correa, la encarcelación y la deportación de más de un centenar de ellos.

 

No se trata de movimientos de una veintena de hombres de un país a otro. Recordemos que en noviembre de 2015, el gobierno de Costa Rica asumió el traslado de cerca de 8.000 cubanos que se encontraban en este país, una vez que Nicaragua cerró sus fronteras, lo que se consideró como la primera crisis humanitaria de la región en esta etapa.

 

Meses más tarde se acumulaban en territorio panameño tras el cierre de las fronteras de Costa Rica. El gobierno de Panamá se ocupaba de solucionar la situación de su territorio -la segunda crisis- y concluía el 12 de marzo de 2016 el traslado a México de 1.301 cubanos. No obstante, continuaron llegando entre 100 y 200 cada día a las costas panameñas, lo que desató la tercera de las crisis, fenómeno que se prolongó por más de dos meses y que logró solucionarse gracias a la generosidad del presidente Juan Carlos Varela. De esta forma se encaminaron rumbo a Estados Unidos otros 3.500 durante el mes de mayo, por lo que la cifra de migrantes cubanos trasladados de manera legal a través de gestiones de estos países llegó a casi 13.000 en solo seis meses.

 

En Colombia se concentraron 1.273 migrantes cubanos de acuerdo al censo de julio de 2016 -según reporte de la Defensoría Regional de Urabá y la Oficina de Asuntos Internacionales de la Defensoría del Pueblo-, cifra mucho mayor si se considera que solo se inscribieron aquellos que permanecían en el antiguo almacén convertido en albergue luego del cierre de la frontera panameña, y que muchos se ocultaron por el temor a ser deportados como había prometido el Ministerio de Relaciones Exteriores de este país.

 

En Ecuador no hay cifras exactas en la actualidad, por cuanto desde este país salieron rumbo a Colombia una multitud de cubanos que siguieron su travesía por las selvas americanas o intentaron establecerse transitoriamente en Panamá para ser acogidos por instituciones religiosas, además de la salida masiva después de las detenciones y deportaciones del pasado mes de julio.

 

 

Estados Unidos de América es el mayor país receptor de migrantes cubanos. Se estima que más de dos millones y medio de cubanos viven fuera de Cuba, de los cuales el 70 por ciento reside en Estados Unidos. Según datos de la Oficina de Operaciones en el Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras, en 2016 hubo un incremento del 17.2 por ciento de entrada de cubanos en comparación con el 2015.

 

La actual crisis. Derogación de la política de pies secos/pies mojados. A solo unos días para dejar definitivamente la Casa Blanca, Barak Obama sorprendió a miles de personas, no solo de Cuba y de Estados Unidos, donde se concentran la mayoría de los cubanos, sino de todas partes del mundo.

 

¿Cómo poder explicar la contradictoria actitud asumida por alguien que hacía solo tres meses antes defendía ante la Organización de las Naciones Unidas a los desplazados, emigrantes y refugiados que como consecuencia de las fallidas políticas de sus gobiernos, de las guerras o de la pobreza extrema emprenden una larga travesía, aun cuando saben que no siempre podrán llegar a su meta?

 

Recordemos  que en septiembre de 2016, en la sede de la Organización de Naciones Unidas, en Nueva York, durante la septuagésima primera Asamblea General de dicho organismo, el máximo órgano de deliberación de Naciones Unidas propuso fijar la atención en importantes temas entre los que se destacó el desplazamiento de millones de personas como consecuencia de la violencia en el mundo.

 

Paralelamente a los actos de la Asamblea General, el 20 de septiembre de 2016 el Presidente de Estados Unidos acogió la Cumbre de Líderes sobre los Refugiados, en la que convocó a los gobiernos para que anunciaran nuevos compromisos en apoyo de los refugiados. Si bien la Cumbre Presidencial se enfocó principalmente en los refugiados, y no en todos los migrantes, la reunión de la Asamblea General abordó los grandes desplazamientos, tanto de unos como de otros.

 

En aquella ocasión Obama se refirió a los miles de necesitados que buscan refugio cruzando las fronteras como resultado de los males originados por dictadores y estados frágiles, comprometiéndose con el aporte de $50 millones de dólares para enfrentar los desafíos de los conflictos de migrantes y refugiados del mundo.

 

Con la reciente medida que deroga la política de pies secos/pies mojados los únicos beneficiados han sido los mandatarios del gobierno dictatorial de la isla, cuyo aparente triunfo celebraron bajo la falsedad de un concepto de protección a la vida humana, algo que tratándose del tirano Raúl Castro y sus seguidores más cercanos carece de sentido. La comunidad internacional sabe que jamás les ha interesado los que puedan morir en los mares y en las selvas.

 

Si se ha eliminado la posibilidad de poder llegar y establecerse legalmente en territorio de Estados Unidos es lógico que disminuya el flujo regular masivo de migrantes cubanos, lo que beneficia al régimen de La Habana ante la opinión pública y la comunidad internacional, que han estado presenciando un éxodo sin igual desde hace casi sesenta años.

 

Ante esto, la dictadura cubana podrá argumentar que era la Ley de Ajuste Cubano, y su política de pies secos/pies mojados, el móvil tentador que justificaba el fenómeno migratorio, lo que es incoherente si se analiza que han existido éxodos masivos desde el inicio del llamado proceso revolucionario cubano, aun sin la existencia de la Ley de Ajuste.

 

El verdadero eje causal de la migración cubana es la inconsistencia de su sistema social.  No se trata solo de problemas económicos. Lo económico no puede aislarse de lo político; pero en Cuba menos, pues todo gira en torno a su política totalitarista. Mientras el régimen dictatorial de La Habana se mantenga, y las instituciones internacionales, lejos de pronunciarse con firmeza en su contra, establezcan lazos fraternos -como ha estado ocurriendo en los últimos tiempos, en los que algunos elogian sus “proezas educacionales”, otros creen que eliminó la desnutrición, y hasta los vínculos con el Vaticano y de modo particular con el Sumo Pontífice se han hecho cada vez más estrechos-, el fenómeno migratorio continuará.

 

Lamentablemente, la despedida del hombre que puso a pensar a los cubanos de varias generaciones después de su sonado discurso en La Habana, y que pretendió descorrer el velo que durante décadas nos separó y nos mantuvo en el aislamiento, termina con la decepción de millones de nuestros compatriotas que tendrán que buscar nuevas rutas para lograr su objetivo.

 

El fenómeno migratorio cubano resulta un tema extremadamente complejo y a la vez polémico. Las opiniones de muchas autoridades que han profundizado en el tema han sido asumidas por muchos como paradigmas, lo que disminuye un enriquecimiento teórico que permita ahondar desde nuevas perspectivas en sus características particulares.

 

La principal causa de los grandes éxodos de cubanos hacia todas partes del mundo, principalmente a Estados Unidos, es política y no económica; aunque muchos de los propios emigrados no lo reconozcan así. Los grandes teóricos, que han hecho análisis profundos y han aportado al conocimiento de las migraciones en general, admiten como causas políticas los regímenes dictatoriales y militaristas, algo que se cumple para el caso de Cuba. Por otra parte, hemos de reconocer que el deterioro económico de la isla obedece a su política. Las acusaciones del régimen cubano, y aún de los propios compatriotas, acerca de la moralidad, el comportamiento, los antecedentes delictivos, entre otras cosas, sobre los migrantes de la isla, merecen rectificación.

 

Es lógico que si la migración es masiva en esas grandes oleadas lleguen a territorio americano lo mismo letrados, analistas, escritores, médicos, ingenieros y técnicos, que semianalfabetos, incultos, carentes de educación y de normas de moralidad, y hasta delincuentes. Estos últimos merecen una oportunidad, han de ser reeducados. Sus conductas también son consecuencias del sistema comunista cubano y de su diseño de “hombre nuevo” promovido por el aventurero guerrillero argentino.

 

De cualquier modo, el éxodo cubano que se ha mantenido por más de medio siglo es indetenible. Ni el incremento de la represión en la isla, ni las derogaciones de leyes, ni los cambios presidenciales en Estados Unidos, lo van a impedir.