Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos

Ecuador, la consumación de un gran fraude electoral

 

Los regímenes totalitaristas se las han agenciado siempre para crear una serie de mecanismos que les aseguren la permanencia en el poder. Si analizamos la serie de dictaduras políticas que en los últimos años han proliferado en Latinoamérica veremos que tienen denominadores comunes; entre ellos vale destacar que todos han hecho cambios en las constituciones de sus países, lo que tiene como finalidad lograr ciertas libertades que los beneficien en los procesos eleccionarios. Recordemos de manera particular la idea sostenida por Rafael Correa, presidente de Ecuador, acerca de su discutida reelección indefinida, y los ajustes “permisivos” que hiciera Evo Morales en la nación boliviana para lograr su tercer mandato, algo que legalmente desde el punto de vista constitucional no es permitido en aquel país.

 

Otro aspecto que destaca en estas dictaduras -que siempre suelen presentarse bajo el aparente disfraz de una democracia- es el relacionado con la modalidad de elegir a los gobernantes, así como la forma para lograr acuerdos y enmiendas desde una asamblea parlamentaria manipulada por el oficialismo, en la que sus miembros en su mayoría representan a los gobiernos dictatoriales. Los casos de Cuba, con su insólito y arbitrario esquema “democrático”, y Venezuela, con sus múltiples violaciones del orden constitucional, son verdaderos paradigmas en este sentido.

 

También los consejos electorales resultan manipulados al estar integrados por directivos  que representan al oficialismo, y lo peor, también se manipulan los sistemas programados para la recolección de la información, el conteo de los votos y los resultados finales de los escrutinios, de modo que puedan favorecer siempre al candidato que garantice el llamado continuismo político.

 

Es esto lo que lamentablemente acaba de ocurrir en Ecuador, la pequeña nación andina, en la que miles de manifestantes permanecieron por más de dos semanas en las afueras de la sede del Consejo Nacional Electoral, CNE, y realizando marchas en las ciudades más importantes del país, como muestra de su inconformidad con los resultados electorales declarados como oficiales por este organismo. 

 

La realización de un gigantesco fraude electoral es una realidad. Y lo afirmo de modo categórico y no como posibilidad. Las numerosas evidencias que durante todos estos días han estado presentando de manera rigurosa los representantes de la oposición no son simples especulaciones, sino pruebas muy sólidas de lo que se hizo para lograr la perdurabilidad del correísmo con su proyecto de revolución ciudadana.

 

Las observaciones de un grupo de investigadores, políticos y periodistas nacionales e internacionales demuestran la serie secuencial de hechos que permiten afirmar la existencia de una de las acciones más fraudulentas de los últimos tiempos. Ya me referí en mi escrito Elecciones en Ecuador. ¿Fraude electoral, continuidad o fin dictatorial?, publicado en este mismo sitio, al llamado “apagón informático”, ese misterioso tiempo en que el Consejo Nacional Electoral permaneció en silencio la noche del 2 de abril, justo cuando todos esperaban los resultados de las elecciones de este día. Cuando todo indicaba que ganaría el candidato Guillermo Lasso, y una vez que la encuestadora Cedatos lo dio por triunfador,  se interrumpió la página del CNE y a partir de este momento se le dio la victoria a Lenín Moreno, representante de Alianza PAIS, hecho denunciado personalmente por Guillermo Lasso e informado a Luis Almagro, Secretario General de la OEA.

 

La presentación de un total de 2.448 actas con irregularidades, por parte de César Monge, director del Movimiento CREO, el 7 de abril, a solo cinco días de la segunda vuelta de los comicios, las que se suman a las 1.795 que inicialmente habían sido halladas con irregularidades, cuyo estimado es de más de 1,2 millones de votos a favor del candidato a la presidencia por este movimiento, constituye uno de los elementos más sólidos en relación con la realización de un fraude de gran magnitud. Con estas evidencias el líder político ha presentado un escrito detallado al Consejo Electoral como pedido de un recuento voto a voto, idea que fue rechazada por dicho Consejo y por orden del aun presiente del país, Rafael Correa, quien sostuvo que era un procedimiento ilegal.

 

En su lugar, y a modo de demostrar cierta flexibilidad ante el reclamo popular, determinaron proceder a realizar solo el reconteo de 3.865 actas, con lo que se ratificó el triunfo de Lenín Moreno con un 51.16% frente a un 48.84% de Guillermo Lasso, algo que ya al parecer no tendrá retroceso, toda vez que los integrantes de dicho organismo dieron su conformidad y apoyaron nuevamente al oficialismo durante una pomposa ceremonia transmitida en vivo por varios medios de comunicación, además del reconocimiento de varios presidentes de la región y del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, quien asumió una actitud pasiva en torno al polémico proceso, dejando toda responsabilidad en manos de sus observadores, y proyectando toda su atención hacia Venezuela, el gran tema del momento.

 

El proceso de recuento tuvo lugar con la participación de 3.000 personas, de ellas 600 delegados del partido oficialista Alianza PAIS, 24 observadores internacionales, 985 en representación de la sociedad civil, cuerpo diplomático y gobiernos locales, 649 militares y policías, 620 funcionarios del CNE, así como 100 periodistas, entre otros.

 

Los representantes del movimiento CREO-SUMA no asistieron al considerar este hecho como una maniobra del gobierno para intentar legitimar dicho proceso, y por su lado, el candidato a la vicepresidencia por la oposición, Andrés Páez, acudió a la Fiscalía General de Ecuador para presentar un pedido de investigación, toda vez que considera que el recuento ha sido una continuidad de la falsedad que ha caracterizado al proceso eleccionario. 

 

El excandidato por la alianza CREO-SUMA, Guillermo Lasso, en rueda de prensa realizada el miércoles, 19 de abril, en el norte de Guayaquil, indicó que no reconocerá el triunfo del oficialista Lenín Moreno. Igualmente expresó: “Hemos vivido un apagón electoral, institucional, democrático. Los ciudadanos pidieron justicia, y esta les fue negada. De forma descarada. Los jueces electorales ni siquiera se dignaron leer nuestra solicitud. La descartaron con el mismo desprecio que sienten por los electores. No puedo ser cómplice de un fraude, de una burla a los votantes, de un proceso cargado de ilegalidades, del abuso y de la arbitrariedad constante”. 

 

Lo que no logro comprender en sí es lo que está celebrando el oficialismo, y a qué triunfo se refieren. Ellos saben que perdieron, fueron los organizadores del conjunto de acciones fraudulentas -lo expreso en plural puesto que no se trata de un solo hecho, sino de una serie secuencial que de manera algorítmica condujo a la variación de los resultados-, y han de admitir que las multitudes se manifestaron en su contra y en apoyo a Guillermo Lasso, lo que no debe dar lugar para celebraciones de triunfos.

 

Suponiendo que no existió tal fraude y que las elecciones se hubieran llevado a efecto con la total transparencia que debe tener un proceso de esta naturaleza, la diferencia entre uno y otro candidato resulta tan ínfima que es casi un empate; de hecho se ha estado manejando en todas las discusiones del tema la idea del llamado empate técnico, lo que refleja la idea de un país dividido en dos partes casi iguales, y no la existencia de una mayoría arrolladora que se llevara las palmas en heroico acto triunfal. 

 

No se trata pues de una victoria del correísmo, y mucho menos de un socialismo que solo ha existido en Ecuador como elemento teórico, aunque desprovisto de aquellos aspectos que en el orden conceptual debe caracterizar a este modelo social y económico, cuyas directrices trazadas por los teóricos alemanes Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista no admiten acomodaciones por capricho, a pesar de las simbólicas vestimentas que a modo de revoluciones solidarias, ya sean bolivarianas, ciudadanas o democráticas y culturales como expresiones del socialismo del siglo XXI, fueron impuestas a algunos países de América Latina.  

 

Siendo justo e imparcial me atrevo a decir que la victoria es de la oposición. Las concentraciones masivas de los ecuatorianos en plazas, parques y avenidas, no solo de la capital, sino de todo el país, así como el arribo de cientos de hombres procedentes de la Costa y de la Amazonía Ecuatoriana -el oriente del país, donde las comunidades indígenas se han enfrentado reiteradamente al régimen dictatorial de Correa- así lo demuestran.

 

A través de la historia siempre ha habido inconformidades con los candidatos seleccionados, los resultados de votaciones, presidentes electos, modos de llevar a cabo el proceso, entre otros aspectos; pero cuando esto se da en un grado superlativo que provoca el descontento generalizado de grandes sectores poblacionales, demuestra al menos, la falta de transparencia e irregularidades del proceso eleccionario.       

 

Así las cosas, y mientras los venezolanos siguen en las calles dispuestos a todo por lograr su independencia, en Ecuador, la pequeña nación estremecida ante el inesperado resultado de sus recientes elecciones, se ha realizado este sábado, 22 de abril, una reunión masiva del oficialismo celebrando el fraudulento triunfo en la tribuna de los Shyris, una de las más importantes avenidas de la capital. 

 

Rafael Correa -siguiendo los pasos de Maduro- convocó a la ciudadanía para  concentrarse, y de manera paradójica ha precisado que es en favor de la democracia, la institucionalidad y la paz, precisamente lo que le ha faltado a la nación andina en los últimos años de su despótico mandato.

 

Con su acostumbrada ironía se refirió a los malos perdedores -haciendo alusión al líder de la oposición Guillermo Lasso y a los seguidores del Movimiento CREO-SUMA- e insistió en que los demócratas en el país son muchos más y que la oposición solo intenta “generar inestabilidad e incertidumbre”.

 

Si Lenín Moreno fuera inteligente -algo que ya le están cuestionando y hasta le comparan con Maduro- se abriría un tanto al mundo desde la perspectiva de un demócrata progresista de especial énfasis en lo social; pero dejando a un lado la sombra del socialismo del siglo XXI, que tanto malestar provoca entre los ecuatorianos que han soportado la insolencia de Correa por una década con su eslogan de revolución ciudadana, fiel copia de su inspiración, Chávez con su revolución bolivariana. 

 

El viernes, 21 de abril, Moreno ha declarado que el estilo de gobierno del presidente saliente Rafael Correa ya no es útil en el actual contexto. Se ha comprometido a mantener durante su mandato un estilo de “tolerancia, de respeto, de tender la mano permanentemente a todos los ecuatorianos”, que incluye a los de “todo o nada”.

 

Aquellos que eligieron a Moreno -que sin duda, ha tenido sus seguidores; aunque no en la magnitud en que el CNE logró arreglar para favorecerle- lo hicieron pensando en la estabilidad política que tuvo lugar en el país en estos años, independientemente de los múltiples desaciertos e inconsistencias del mandato de Correa; pero jamás pensando en la perdurabilidad de un sistema socialista que en el orden práctico no pudieron conocer y en lo teórico jamás se interesaron. Ya lo he dicho de manera reiterada, a los ecuatorianos no les interesaba en sí a quien pondrían de presidente, sino de quien saldrían.    

 

Hay que conocer la historia política de aquella nación, cuyos habitantes a pocos días de unas elecciones que serían definitorias para sus vidas, no sabían por quien se decidirían, y en muchos casos la apatía política resultaba manifiesta. Téngase en cuenta que hubo presidentes que cometieron más fechorías que el propio Correa, otros duraron unos meses y hasta se cuenta de uno que solo estuvo unos días en el poder. También los ecuatorianos -que no tienen nada de sumisos y cuando tienen que tomar las armas lo hacen- expulsaron a un presidente, y si este nos les conviene durante su mandato, lo harán de nuevo.  

 

Lamentablemente el atraso económico, social y cultural de varias naciones suramericanas no les deja lugar a sus habitantes -al menos a los más desposeídos, que son la mayoría- para cultivar su inteligencia. Entre las multitudes no hay ideas claras acerca de lo que representa la izquierda o la derecha, de lo que es el socialismo, de los derechos ciudadanos, de las libertades, de las violaciones de derechos humanos, entre otros tantos conceptos de naturaleza política; de modo que la manipulación resulta mucho más fácil, algo que han sabido explotar al máximo la mayoría de los líderes de la región que decidieron abrazar la malformada idea chavista de un socialismo modificado para estos nuevos tiempos. (*)

 

Lo hizo Chávez, quien se refugió en ideas cristianas propias del catolicismo para llegar al corazón de los pobres y desposeídos, quienes más tarde por gratitud a su “generosidad” le apoyarían hasta la muerte. Morales en Bolivia lo hace a su manera con las comunidades indígenas de los altos Andes, y el cínico de Correa ya en este momento ni se sabe como lo ha hecho, pero de lo que no hay dudas es de que ha utilizado a todos y se ha burlado de su pueblo, y una vez que no le han seguido es capaz de embestir contra ellos como lo hiciera recientemente con una etnia de la Amazonía que le exigió frenar la explotación minera de su territorios. 

 

Por desgracia, no solo para los ecuatorianos, sino para la región, a estas alturas no habrá retroceso. La consumación de un atroz acto fraudulento es una realidad. Habrá que permanecer hasta el 2021 con un gobernante que sabiendo de su derrota ha sido capaz de asumir el poder y la dirección de un país que le entregan con una economía que entró en recesión en 2016, aunque el oficialismo ahora ha dicho que se incrementa en un ligero por ciento, con una enorme deuda mundial, con los recursos monetarios de instituciones de salud, militares y educacionales saqueados por el gobierno correísta, y ante todo, con un grado de corrupción que aunque no llegue a los niveles de Cuba y Venezuela, si resulta relevante.

 

De haber tenido otro curso estos resultados finales, y de haberse demostrado la existencia del gigantesco fraude, Correa junto a varios de sus ministros y colaboradores, y Juan Pablo Pozo, el presidente del Consejo Nacional Electoral con algunos de sus funcionarios de mayor rango, irían a la cárcel, pero esto no les conviene, y determinaron adulterar sutilmente no solo los votos, sino la metodología del proceso de cómputo de los resultados, y también eliminar evidencias; de ahí que allanaran las oficinas de la encuestadora Cedatos en Quito y Guayaquil, con lo que desaparecían las matrices de múltiples datos que reflejaban la victoria de Guillermo Lasso.

 

¿Cómo es posible que al realizar un sondeo, que incluyó la revisión de solo el 11% de la totalidad de los resultados, Lenín Moreno incrementara 1.594 votos y Guillermo Lasso disminuyera 439? ¿Acaso podrá hablarse de orden y exactitud cuando a los pocos días de haber proclamado resultados oficiales se difundía que luego del reconteo Lasso disminuyó su votación en trece provincias, la mantuviera en nueve de ellas, y la incrementara en cinco, en tanto que Moreno incrementó su votación en cinco provincias y en una circunscripción en el extranjero? ¿Qué confiabilidad tiene entonces la metodología utilizada para computarizar los resultados de los comicios del 2 de abril, la secuencia de escalas en la recogida y entrega de la información, así como de la exactitud de las copias utilizadas a partir de las actas originales? Aun así, el oficialismo está proclamando una transparencia en el proceso, algo que es inconsistente de acuerdo no solo a estas variaciones, sino a la incongruencia entre los datos estimados ofrecidos por encuestadoras con una destacada trayectoria en la nación, y los que más tarde y de modo sorpresivo anunciara el CNE.  

 

Los hechos de estos amargos días han sido una verdadera lección que demuestra lo que son capaces de hacer los comunistas cuando se ven acorralados. La noche del dos de abril de 2017 quedará para la historia del Ecuador como aquella en que se realizara uno de los más grandes fraudes de estos tiempos.

 

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(*) El socialismo del siglo XXI no fue una idea de Hugo Chávez, aunque hay que admitir que adquirió su difusión a partir de la utilización que este mandatario hizo del término por primera vez el 30 de enero de 2005 durante el V Foro Social Mundial. Fue el teórico alemán Heinz Dieterich Steffan (1943) quien al final del pasado siglo utilizó por primera vez el término, y al propio tiempo creara sus bases conceptuales respetando los ejes principales de la visión de Karl Marx acerca de la dinámica social y la lucha de clases. No obstante, su puesta en práctica en Latinoamérica se debe al desaparecido mandatario venezolano, quien dejando a un lado los aspectos que en el orden teórico aportara Dieterich, se dejó influenciar por las maléficas ideas del dictador cubano Fidel Castro en su afán de lograr la expansión del comunismo por el mundo.