Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos

¿Desaparecerá el Socialismo del siglo XXI en Ecuador

con su nuevo presidente?

 

Antes de la segunda vuelta del reciente proceso eleccionario de Ecuador hice referencia a la posibilidad de que Lenín Moreno al asumir la presidencia -en el supuesto caso de que ganara los comicios, aun cuando tenía la seguridad de que el triunfo lo tenía bien asegurado Guillermo Lasso, el representante de la oposición-  le diera un matiz diferente a su sistema de gobierno, tal vez tan diferente que lo alejara definitivamente de la tendencia conocida en Latinoamérica como Socialismo del siglo XXI.

 

Esto llamó la atención de Guillermo Milán, director y primer editor de la página Cuba, democracia y vida, con sede en Estocolmo, Suecia, por lo que me pidió que le argumentara el por qué de mi hipótesis en este sentido, a lo que con precisión respondí partiendo de la idea de que el entonces candidato a la presidencia de Ecuador es en sí, más que un político, un hombre de acción en pos de las obras de carácter social, además que su tono es el del diálogo y la inclusión, y no el de la confrontación y la exclusión -como el de su protector en la campaña, el entonces presidente Rafael Correa-, algo que ya desde su promoción para la presidencia se lograba percibir.

 

Luego de una campaña de casi dos meses, bien polémica, en la que se llegó a la agresión no solo verbal por parte del propio presidente del país, sino que el candidato por la oposición fue violentamente agredido por misteriosos personajes de dudosa identificación, y unos comicios que terminaron con la consumación de lo que muchos, incluido quien escribe este artículo, consideraron uno de los mayores fraudes de la historia de la nación andina, Lenín Moreno, representante del Partido Alianza PAIS, movimiento oficialista y de tendencia izquierdista, se presenta ante el mundo como el nuevo presidente de Ecuador a partir del pasado 24 de mayo, y aunque solo han pasado unos días del inicio de su mandato creo que mi hipótesis podría cumplirse. Al menos,  es lo que parece que va a suceder en la pequeña nación de los enormes volcanes y nevados, cuyos habitantes no saben, y no tienen ningún interés por saber nada de socialismo, ya sea el del siglo XXI que pretendiera popularizar Chávez por América -cuya invención no le pertenece a él, sino al alemán Dieterich-, el del fracaso de la URSS y la Europa Oriental del siglo XX, el de las lejanas China y Corea del Norte, y mucho menos del que proclamara el dictador Fidel Castro para la pequeña isla caribeña tan rechazada por los ecuatorianos. 

 

De más está decir que por aquellos mundos andinos no se tiene idea de los aspectos teóricos que en el orden conceptual nos dejara plasmados en sus extensas obras aquel alemán de mano férrea y de alma sedosa, según Martí, quien hacia el final del siglo XIX teorizó sobremanera acerca de los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, como también se desconocen los múltiples intentos de establecer comunidades socialistas mucho antes de la llegada de Marx, o los ejemplares escritos de los socialistas utópicos franceses menospreciados por el autor de El Capital, ni de Cabet, Saint-Simon y Owen, todos socialistas teóricos, y mucho menos de Sir Tomás Moro, quien describió un estado ideal desde los lejanos tiempos de Enrique VIII, con lo que se anticipaba unos siglos a los Jóvenes Hegelianos de Izquierda de la Alemania del siglo XIX.

 

Un necesario cambio de estilo bien distante del socialismo del siglo XXI

 

Lenín Moreno, el nuevo presidente, ecuatoriano de pura cepa, bien distante de las pretensiones extranjerizantes de su predecesor conoce bien la idiosincrasia de sus  compatriotas  -que es también la suya-,  lo que pudiera facilitar su desenvolvimiento bien alejado de todo aquello que se aproxime a lo que sus conciudadanos y hermanos ecuatorianos no quieren. En primer lugar, Lenín Moreno es un hombre de bien - independientemente de que estemos o no de acuerdo con el desenvolvimiento final de los dudosos resultados de las recientes elecciones, así como con la tendencia socialista del partido que representa como aliado de Alianza PAIS- que más que un político propiamente dicho, ha sido un funcionario de acción que se destacó en el terreno social al haber sido el principal gestor de la misión solidaria Manuela Espejo, con la que se daba el primer diagnóstico de la situación de los discapacitados en Ecuador, y gracias a su labor complementó este programa con el pago de un subsidio mensual (USD 240) para el cuidado de personas con limitaciones severas.

 

Moreno, al igual que la mayoría de los ecuatorianos, tiene muy arraigado un nacionalismo acérrimo que lo hace pensar en el bien de la nación, la que ahora tiene el deber de dirigir por encima de su interés personal, de sus fraternos lazos con Rafael Correa, y de las  tendencias socialistas del Partido Alianza PAIS que él representa  -si es que se puede aplicar conceptualmente este término a la modalidad de sistema político que se impuso en la pasada década a Ecuador,* y al fenómeno que se ha interpretado como Socialismo del siglo XXI en estos tiempos.

 

En segundo lugar, e independientemente de que ya algunos malintencionados lo han comparado con Nicolás Maduro por una posible incapacidad intelectual, lo que no deja de ser pura especulación y sensacionalismo de la prensa amarilla, y si bien es cierto que su fuerte no es la elocuencia en el discurso -tampoco lo ha sido el del presidente saliente, aunque se lo hicieron creer y con gusto lo asumió hasta el último día de su mandato-, no podemos dudar de la capacidad de un hombre que se desempeñó en 2013, en Ginebra, como enviado especial del secretario de la ONU sobre Discapacidad y Accesibilidad.

 

Por lo tanto, pudo percibir que el fracaso de Rafael Correa -aunque no lo ha expresado abiertamente, pero de manera sutil está implícito en algunas de sus iniciativas y proyectos para su mandato-, estuvo determinado en gran medida por sus métodos de gobierno, y por su forma,  de manera particular aquel carácter que lo convertiría de manera gradual en el ser “omnipotente” y “todopoderoso” que alimentó su ego a niveles inusitados y que respondía con un violento exabrupto contra todo aquel que se le opusiera.

 

Moreno está convencido de la ineficacia de un gobernante que insultaba públicamente desde la tribuna, y con su ironía provocaba el malestar de todos, incluidos a los más altos representantes de la cúpula militar, a quienes despreciaba, y de los altos funcionarios de su propio gobierno, así como a los principales líderes de la oposición, a los que llevó a la marginación, y de los que difamó como pocos presidentes han hecho en el mundo, amén de haber dado muestras de total intolerancia y discriminación al lanzar a sus fuerzas  policiales contra la etnia Shuar  -conocidos como los jíbaros, la comunidad indígena más numerosa de la Amazonía, que habitan entre las selvas de Perú y Ecuador- que reclamaban los derechos de sus tierras en el intrincado oriente de la Amazonía ecuatoriana; sin que olvidemos la agresión autorizada por él a más de un centenar de cubanos que se manifestaban de manera pacífica en el norte de Quito en reclamo de sus derechos como emigrantes.

   

Al parecer el nuevo presidente pretende borrar esa imagen dictatorial; aunque es muy temprano aun, y no podemos olvidar que cuando aquel simpático y apuesto joven subió al estrado por vez primera en el año 2007 también se mostró amable, educado, con un refinamiento europeizante, preocupado por los desposeídos y con las intenciones de encausar a una nación con un historial presidencial nada agradable, lo que en breve experimentó un viraje radical de 180 grados que lo convertiría en el mayor déspota de la historia política continental de estos tiempos, tan solo superado por el tirano Fidel Castro; pero como esto también lo sabe Moreno, no se puede dar el lujo de repetir la historia, así que la opción que tiene es la de mantener una línea política en su mandato bien distante de la de su protector y principal difusor de su campaña.

 

Téngase presente que Lenín Moreno ha declarado que el estilo de gobierno del presidente saliente Rafael Correa ya no resulta útil en el actual contexto de la nación, por lo que se ha comprometido a mantener durante su mandato un estilo de “tolerancia, de respeto, de tender la mano permanentemente a todos los ecuatorianos”, que incluye a los de “todo o nada”, lo que ha sido motivo de ciertas especulaciones en torno a un distanciamiento del actual mandatario con su predecesor, y hasta con su vicepresidente actual, lo que ha desmentido el propio vicepresidente Jorge Glas durante su última visita a Guayaquil, la ciudad más populosa de Ecuador, aunque tuvo que admitir que Moreno maneja un estilo diferente; pero que seguía siendo dentro la revolución ciudadana, este último, el eslogan escogido por Correa como equivalente de la chavista revolución bolivariana, idea interpretada por Viviana Bonilla, actual primera vicepresidenta de la Asamblea Nacional, como un nuevo escenario político y de nuevas demandas ciudadanas, con un nuevo liderazgo, aunque fue conservadora al referirse a que “los principios están intactos”, refiriéndose a las directrices de Alianza PAIS.

 

En tercer lugar, estoy convencido de que Lenín Moreno irá dejando a un lado todo aquello que haga evocar la desagradable imagen de aquel que se creyó un rey, y que desde su palacete de Carondelet manipulaba a sus súbditos, por lo que atrás quedarán sepultadas para siempre las emotivas frasecitas asumidas por Correa, de manera particular, la tan usada en sus despedidas: “Hasta la victoria siempre”, la que además de reafirmar sus erradas posturas comunistas, fuera del contexto actual ante el  anquilosamiento del sistema socialista, constituye una ofensa a la idea del bien, por cuanto procede de aquel despiadado guerrillero argentino que predicó acerca del odio entre los hombres y afirmó que experimentaba placer al matar, lo que al parecer no entra dentro de los códices de Moreno.

 

También evitará en su mandato utilizar términos como: socialismo, capitalismo, comunismo,  imperialismo, marxismo, o cualquier otro ismo al enfocarse en su línea reformadora de la sociedad mediante propuestas económicas y sociales, que es lo que quiere y necesita su pueblo, algo que ya se logra percibir en su estilo de hombre práctico en el que no hay lugar para utopías y excesivas teorizaciones en ideas estrafalarias que dispersen su labor. En el orden práctico ya se entregan casas a familias desposeídas afectadas por los grandes sismos, y hasta donde he podido acceder y consultar, no lo ha hecho a nombre de socialismos ni de revoluciones ciudadanas. También se hacen sendas revisiones de casos susceptibles de recibir ciertos amparos y ayudas económicas, sin que se esté haciendo de esto el centro de la atención del momento.   

 

De igual modo sabrá mantener una distancia prudencial con los mandatarios de Cuba, Bolivia y Nicaragua, los sobrevivientes del Socialismo del siglo XXI, para abrirse paso ante el mundo. De hecho, ya declaró oficialmente su interés de establecer fuertes lazos con el gobierno de Estados Unidos, con lo que atenúa las delirantes ideas antiimperialistas del anterior mandatario, quien veía la sombra del imperio por todas partes como causa de sus fracasos, algo que distingue a todos los líderes de las dictaduras socialistas de Latinoamérica, y que tiene su precedente en la singular obsesión del dictador cubano Fidel Castro.        

 

Si a esto sumamos su disposición para sentarse a dialogar civilizadamente con los sectores de la oposición por cuanto no quiere ser un gobernante excluyente; su primer encuentro con los medios de prensa, a los que pretende volver a incluir en los designios de la nación; las múltiples propuestas para el desarrollo de programas encaminados al bienestar de los desposeídos; así como su acercamiento y ratificación del protagonismo a los militares en el cuidado del país, y en su propia protección como máximo gobernante, podremos intuir que las intenciones del nuevo presidente se alejan cada vez más de la política de mano férrea y de prohibiciones de todo tipo que por más de una década se aplicó en la nación suramericana a la que se le impuso un intento de modelo socialista.**

  

Eliminación del enlace ciudadano, reforma para la ley de comunicación, inicio de una campaña anticorrupción y un gran diálogo nacional.

 

Al eliminar el llamado enlace ciudadano -conocido como las sabatinas de Correa, actos públicos que cada sábado, con carácter itinerante, tuvieron lugar durante toda la década correísta y en las que se estima se invirtieron cifras millonarias para alimentar el personalismo del exmandatario- ha dado otra muestra de su firmeza para romper definitivamente con un estilo de gobierno que dañó demasiado a los ecuatorianos. En su lugar Moreno da la posibilidad a los ministros y gobernantes para que ocupen un lugar protagónico y expongan los principales aspectos de sus comunidades con un especial énfasis en lo social y lo económico, y destacando acciones turísticas, ecologistas, folclóricas y tradicionalistas, con lo que el componente político pasa a un segundo plano, y de las ideas socialistas no se dice nada, al menos, durante su fraterno diálogo con los componentes de los medios de comunicación a solo unos días de comenzar su etapa de mandato, ni durante sus palabras en la ceremonia de toma de posesión presidencial, ni en ninguna otra intervención suya hasta el presente. 

 

Ya los últimos espacios noticiosos difundidos presentan los reportajes de las comunidades de la provincia del Napo, ubicada en las inmensidades de las selvas de las llanuras amazónicas hacia el centro-sur de Ecuador, en cuyos comentarios se presentan resultados concretos y propuestas turísticas, según la idea del presidente, sin que se haga referencia a aspectos de naturaleza política, lo que contrasta con la tónica propagandística de la llamada revolución ciudadana emprendida en la etapa correísta. 

 

Pero en el punto que se logra evidenciar con mayor énfasis su intención de eliminar cualquier vestigio del llamado Socialismo del siglo XXI es en el referente a su disposición de rectificar la prohibitiva ley de comunicación, que fuera establecida durante la dictadura de Correa y que termina siendo casi una Ley de Medios, según la opinión de Francisco Rocha, director ejecutivo de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos, AEDEP, quien considera que es “sancionadora, que va en contra de los derechos humanos y, en especial, contra la libertad de pensamiento y de expresión, que están contemplados en los convenios internacionales; siempre se les ha hecho notar que aquellos están por sobre la Constitución. Y el Ecuador es suscriptor de todos”.

 

En la mañana del 29 de mayo, a solo cinco días de haber asumido la presidencia, durante un conversatorio con los periodistas de los diferentes medios de comunicación reunidos en el Palacio de Carondelet, sede del gobierno constitucional, en el centro histórico de Quito, Moreno se refirió al buen inicio de una “relación fluida, dúctil, fresca, dialogante”, lo que escuchado o leído desde la distancia que surge al no conocerse a profundidad las complejidades sociopolíticas de aquel país apenas significa nada; pero cuando se sabe de los insultos continuos hacia los periodistas, directivos y dueños de los medios de prensa por parte de Rafael Correa se puede percibir con claridad el real significado de los muy bien utilizados términos por parte de Moreno, quien en la propia reunión insistió en que “esta relación sea lo más fresca, refrescante, y que tenga como tónica, como práctica transversal, la tolerancia, el respeto de parte y parte”.

 

Pero no solo esto, sino que desde el estrado exhortó a los periodistas a lograr consensos mediante el diálogo con la finalidad de hacer las propuestas pertinentes para rectificar la ley de comunicación, insistiendo en que en lo adelante las autoridades de control de la información tendrán “un papel dialogante, orientador, promotor de los derechos”, y para sorpresa de todos los presentes precisó: “y no ya sancionador”; con lo que reafirmó su desacuerdo con la aplicación de dicha ley a los periodistas y trabajadores de los medios de prensa en general, la que fuera utilizada en conjunción con otras leyes para cerrar el diario Hoy, la revista Vanguardia y varias emisoras provinciales de radio.

 

Ya antes había expresado que él prefiere un pueblo que se ría del presidente, a un  presidente que se ría del pueblo. ¿Acaso se está refiriendo a Correa, quien desde la tribuna atacó a la oposición, a los medios de prensa, levantó calumnias contra unos, intentó desunir a otros, y también con su irónica y sarcástica sonrisa ofendía a todos? Todo parece indicar que sí: de ahí su idea de lo nuevo, refrescante y dúctil en esta nueva relación que se inicia de manera dialogada con los medios de comunicación. Esta frase “pone en la discusión el ejercicio del poder público frente a los derechos ciudadanos”, ha declarado Francisco Rocha, en representación de la  AEDEP.   

 

Otro importante elemento a tener en consideración en relación con los cambios en la política de gobierno de Lenín Moreno es la campaña anticorrupción que acaba de iniciar,  en la que están siendo analizados altos funcionarios que durante la década correísta se involucraron en acciones de este tipo, y esta actitud de denuncia y protección no es propia de los gobernantes de izquierda, quienes se han visto inmersos en grandes escándalos de corrupción. Recordemos los casos de la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, los exmandatarios de Brasil, Luiz Inácio (Lula) da Silva y Dilma Rousseff, y el propio Rafael Correa y Jorge Glas (vicepresidente durante el segundo mandato de Correa y actual vicepresidente de Ecuador), estos dos últimos propuestos para análisis al fiscal general de la nación, Carlos Baca, por parte de las organizaciones políticas Unidad Popular, CREO y Concertación, por presuntos cargos de corrupción e implicaciones en el caso Odebrecht, en la que la constructora brasileña supuestamente entregó unos 35 millones de dólares a Ecuador para lograr beneficios equivalentes a unos 116 millones.

 

Por su parte el Bloque CREO-SUMA, de la oposición, y los propios integrantes de Alianza PAIS, solicitaron la realización de un juicio político a Carlos Pólit Faggioni, contralor durante la década correísta, actualmente en Estados Unidos por “cuestiones médicas”, quien de no presentarse a dicho juicio será sentenciado con su destitución definitiva, lo que está siendo apoyado por los propios legisladores del oficialismo y representantes de la oposición.

 

El titular de la legislatura, José Serrano, precisó la noche del martes 20 de junio que el Consejo de Administración de la Legislatura dará a conocer la renuncia que Pólit ha enviado por escrito adjuntando un certificado médico emitido en Estados Unidos. Según Serrano, la renuncia irrevocable presentada por Pólit no afecta el proceso de juicio político iniciado en la Comisión de Fiscalización a petición del bloque de Alianza PAIS por incumplimiento de funciones.

 

De manera particular CREO-SUMA pidió que compareciera el vicepresidente Jorge Glas por posibles implicaciones en el caso Odebrecht. También los asambleístas del bloque del Partido Social Cristiano, de la oposición, son partidarios de armar un juicio político contra el vicepresidente, Jorge Glas, por lo que reclamaron su comparecencia en la Asamblea, algo que se concretó el jueves 22 de junio con su comparecencia ante la Comisión de Fiscalización de la Asamblea Nacional de Ecuador, así como con sus declaraciones en la Asamblea en las que ha negado toda posible implicación en el caso Odebrecht; aunque las últimas investigaciones aseguran que no todas las acciones fueron supervisadas por la contraloría.  

 

Además, las autoridades ecuatorianas tratan de establecer el paradero del exministro Walter Solís, quien durante el gobierno de Correa encabezó el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi), la Secretaría Nacional del Agua (Senagua), y más recientemente el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP), por sus posibles implicaciones también en el caso de Odebrecht.

 

El énfasis especial de Moreno en este aspecto lo ha llevado a establecer contacto personal con el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, ONU, para coordinar acciones por el tema de anticorrupción, lo que le ofrece un matiz de carácter internacional a su labor mediante el Frente de Transparencia y Lucha contra la Corrupción, instrumento de reciente creación bajo el mandato de Moreno, organismo que ya entró en acción tras la confirmación de diez de los trece integrantes directivos que lo deben conformar.

 

Justo en este punto se evidencia un distanciamiento con aquel sentido de autonomía generado por Rafael Correa, de ahí que ya este último hizo declaraciones muy provocativas a la idea de Moreno, que van mucho más allá de haberse sentido sorprendido ante la creación de dicho frente; sino por el hecho de haber pedido ayuda a organismos internacionales “claudicando en lo avanzado todos estos años en cuanto a institucionalidad y soberanía se refiere”, según las últimas declaraciones de Correa a través de un editorial publicado por el popular y respetado diario El Telégrafo. De igual forma refirió que “por la presión mediática la nueva comisión deberá estar en contra de la Revolución Ciudadana para ser autónoma y creíble”, lo que, sin duda, constituye el primer punto de confrontación público entre el exmandatario y el nuevo presidente. Con su habitual ironía Rafael Correa ofendió a los integrantes de la comisión anticorrupción a los que calificó de ilustres desconocidos llenos de vanidad y odio a la Revolución Ciudadana.

 

Pero más allá de la crítica abierta a la comisión anticorrupción -que no le conviene al exmandatario que siga ahondando en la génesis de los graves problemas de este tipo durante la década socialista-correísta, por cuanto, resulta evidente que si tantos de los funcionarios del anterior gobierno están involucrados, el presidente no debió estar ajeno a las violaciones cometidas- ahora Correa arremete directamente al cuestionar al propio movimiento por él fundado, Alianza PAIS (AP), por su postura frente al caso de corrupción Odebrecht,  dejando entrever “deslealtades” de sus miembros bajo los matices del nuevo gobierno, algo que ha sido motivado ante una orden de detención a Walter Solís, quien fue ministro de Vivienda y secretario del Agua en su administración.

 

En su cuenta de Twiter ha aparecido el comentario: “El frente externo no me preocupa, sí el interno, donde, por torpeza o deslealtad, se habla de marcar distancia con mi Gobierno. Mientras tanto, AP calla. Solo se han escuchado voces valientes desde la Asamblea”, y los culpó por estar siguiendo el discurso de la oposición, a la que, según él, no le interesa la lucha anticorrupción y si la búsqueda de trofeos políticos.  

 

De cualquier forma, Lenín Moreno está cargando ahora con la cruz del correísmo comunista, lo que incluye una millonaria deuda, cifras alarmantes de desempleo y subempleo, una economía devastada por el despilfarro, y lo peor, una inconformidad y malestar general de los “ecuatorianos de a pie” -porque también los hay por esos lares- que le resultará difícil poder encausar. Si a esto se suma la dudosa reputación de su gabinete de trabajo, en su mayoría altos funcionarios del anterior corrupto gobierno correísta, e ignorantes “socialistas” que desconocen en sí lo que es el socialismo, integrantes de Alianza PAIS, y de manera particular, su vicepresidente, a quien la oposición está exigiendo la dimisión de su cargo y la puesta en práctica de la correspondiente investigación judicial por complicidad en el escándalo de Odebrecht, no habrá dudas que será una etapa difícil para la asunción de los numerosos cambios necesarios.  

 

El martes 20 de junio el presidente Moreno firmó, en una reunión en Guayaquil, un decreto con el que da inicio al gran diálogo nacional que, según dijo, será un instrumento participativo para concretar acuerdos que permitan el fortalecimiento del mandato popular y la construcción de políticas estatales que mejoren la gobernabilidad. Entre los temas a tratar en esta nueva propuesta se encuentran: Consejo Consultivo Empresarial, Lucha contra la corrupción y Acuerdos plurinacional, por la unidad, por la información, por la educación, por el agro y por los sectores sociales.

 

En esta tenida del presidente con las autoridades del territorio no hubo alusiones a revoluciones ciudadanas, a tendencias socialistas, a continuidad política, ni nada que recuerde la terrible década correísta. Contrariamente se refirió a las posibles diferencias en medio de una democracia: “Caminaremos juntos y procesaremos las diferencias en el marco de la democracia y del entendimiento; no venimos a imponer agendas, venimos a construirlas, y que estas a su vez puedan ser analizadas por todos los sectores sociales para construir este país en donde todas la voces sean escuchadas pero valoradas por igual”.

 

Moreno sostuvo un encuentro con el alcalde Jaime Nebot, una de las figuras más queridas y respetadas por la comunidad de Guayaquil, quien jugó un importante rol en las últimas elecciones como líder de la derecha del país en pos de la democracia y por la eliminación total del correísmo, lo que demuestra la idea de la inclusión necesaria y de nueva apertura por parte del nuevo presidente.

 

El silencio sobre la dramática situación de Venezuela.

 

Al referirme a la prudencial distancia que se espera que mantenga el actual presidente de Ecuador con los sobrevivientes del Socialismo del siglo XXI de la región excluí a Nicolás Maduro entre estos mandatarios-dictadores de Latinoamérica, y es porque espero de Lenín Moreno algo más que un simple mantener a distancia. Ya expresé algo similar en un artículo publicado en este mismo sitio con el título: Ecuador, la consumación de un gran fraude electoral. Si Lenín Moreno fuera inteligente, y justo ahora en esta dura, crucial y definitoria etapa del continente, asumiría una actitud digna respecto al caos de Venezuela. Entiéndase por actitud digna tomar partido junto al pueblo venezolano, lo que lleva implícito una pronunciación contra el opresor Nicolás Maduro.

 

Si esto ocurriera Lenín Moreno sacudiría a toda la región, y ya no dejaría lugar para la duda respecto a sus posibles cambios y a su sutileza para salirse de la izquierda regional; pero el momento al parecer no ha llegado, y ojalá no sea demasiado tarde. El pedido de la canciller María Fernanda Espinosa el 19 de junio, en la reciente reunión de consulta sobre la situación de Venezuela, cita de la Organización de Estados Americanos, OEA, en Cancún, México, previo a la 47° Asamblea General de la OEA, parece ser un pretexto para no tomar partido en este sentido.

 

La nueva ministra solicitó a nombre del país la revisión de los procedimientos de la reunión, toda vez que los Estados participantes no habían conocido el texto presentado que será sometido a votación en el pleno. Ya en el encuentro previo en que Ecuador participó sin su actual canciller se insistió en la decisión del país de no intervenir en los asuntos internos de Venezuela, lo que no excluye la posibilidad de que Moreno recapacite y asuma una actitud consecuente con el duro momento por el que pasan los venezolanos.

 

A modo de epílogo. La sombra fantasmal de Correa.

 

El sociólogo y periodista Felipe Burbano, ex-director general del Diario Hoy, acaba de declarar al medio Infobae que “no está claro todavía en qué va a haber continuidad, pero sí en qué se va a distinguir. Lo dijo en su discurso inaugural, tiene un modo de entender la política que deja a la confrontación de lado, que plantea el diálogo como dinámica de acercamiento con los distintos sectores sociales. No cree que el presidente deba ser un protagonista constante y asfixiante, sino un facilitador de acuerdos y de entendimientos, que no busca imponer por la fuerza una agenda de gobierno". No obstante, Burbano acotó: “Correa es el fantasma que empieza a rondar la política ecuatoriana. Podemos no saber dónde está, pero vamos a sentir su presencia".

 

Esperemos que Rafael Correa sea solo esto, una sombra fantasmal que intentará desde su aislamiento hacer de las suyas -y todos sabemos de lo que es capaz-, pero al fin de cuentas, una sombra no cuenta para nada. ¿Un retorno para un nuevo período presidencial tras un corto receso? No lo creo, se quiere demasiado y pudo comprobar que la “misión” es extenuante, al extremo de salir directo del acto de toma de posesión de Moreno para un hospital, sitio donde permaneció internado varios días con una neumonía y una hipertensión arterial, además de haber envejecido en una década lo que en otros mortales sucede en veinte o treinta años. 

 

Será mejor que se mantenga aislado, bien distante, en Bélgica -como tantas veces ha anunciado, aunque no acaba de marcharse-, apartado de sus indígenas raíces, sin el peligro de las erupciones volcánicas del gigantesco Cotopaxi y de los grandes sismos del Cinturón de Fuego del Pacífico, con su colección de doctorados honoris causa y sus múltiples condecoraciones y distinciones que recibió durante la década de las prohibiciones, del despilfarro, de la corrupción y de los grandes fraudes.

 

Para el bien de una nación que recién comienza una nueva etapa de su historia política y social, al parecer, para compensar a los ecuatorianos, y con la certeza de que la región perderá a otro aliado del engendro que han llamado Socialismo del siglo XXI, lo que depende en gran medida de la capacidad y del sentido visionario de Lenín Moreno, el nuevo presidente que recién comienza su mandato, así como del apoyo de su grupo de trabajo, cuyos integrantes ya comienzan a percibir el necesario cambio renovador que abrirá un nuevo camino a la nación andina.  

 

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*  La propuesta del Socialismo del siglo XXI en Ecuador se ha presentado como algo  difuso, carente de verdaderas y razonables bases teóricas, con excepción de ciertos aspectos que por conveniencia de los líderes y mandatarios han establecido. Así, el respeto de la propiedad privada, aunque con fuerte regulación estatal, la preservación de la democracia política con importantes condicionantes y su diferenciación con las experiencias socialistas del pasado se mezclan con la realidad o lo que verdaderamente ocurre en el orden práctico. El modelo de Estado socialista del socialismo del siglo XXI, teóricamente ha pretendido ser un socialismo revolucionario, sustentado de la filosofía y la economía marxista, y basado en ciertos ejes principales: el desarrollo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y protagónica y las organizaciones de base. Sus teóricos han propuesto un reforzamiento radical del poder estatal democráticamente controlado por la sociedad para avanzar el desarrollo; aunque en realidad en el orden práctico no ha existido ese poder democrático que la sociedad debe controlar. No fue posible jamás en Ecuador aplicar un sistema de nacionalización, que no es lo mismo que intentar obstaculizar el desarrollo del sector privado, algo que ha distinguido a la política ecuatoriana durante su década, más que socialista, correísta.

 

** En Ecuador se han vinculado un capitalismo social (nivel económico) y Estado popular o ciudadano (nivel político), según la percepción de los teóricos Juan J. Paz y Miño Cepeda, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Esto lo hace diferente al modelo marxista (aunque tampoco es antimarxista, puesto que reconoce y valida a la teoría de Marx como fundamento histórico), pero también diferente a otros modelos de capitalismo social. “El nuevo socialismo articula, en definitiva, empresa privada con inversión pública e intervencionismo económico y regulador del Estado, amplias políticas sociales y firmes medidas para redistribuir la riqueza; pero, además, se basa en la captación del Estado, para desplazar los intereses de las burguesías/oligarquías e imponer la hegemonía del poder de los ciudadanos y sectores populares”. ¿Qué es entonces el nuevo socialismo que se ha pretendido imponer a Ecuador por diez años? Algo que teóricamente les han hecho creer; pero tan distante de los preceptos de Marx, realmente ya no es un socialismo ni de nuevo tipo, ni de nada, sencillamente no ha sido un socialismo sino una caprichosa dictadura correísta.