Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

Decadencia y ocaso del ALBA y UNASUR

 

Ya he explicado en otros escritos que el surgimiento del llamado Socialismo del siglo XXI es el resultado de las relaciones que tuvieron el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, con el comunista alemán residente en México, Heinz Steffan Dieterich*, quien en realidad es el verdadero creador del concepto sobre esta nueva modalidad de tendencia izquierdista, aunque apenas se mencione a este último y se crea que el “mérito” le corresponde al exaltado y egocéntrico exmandatario venezolano.

 

En la génesis del nuevo engendro no se puede obviar -como es de suponer, si de experimentos malévolos se trata- la figura del dictador cubano Fidel Castro, quien aun presidía la mayor de las Antillas por aquellos tiempos en que la nueva tendencia empezó a abrirse paso en un continente con características sociopolíticas y étnico-culturales muy sui generis, algo que favoreció su propagación con relativa rapidez, independientemente del impulso que a la fuerza le ofrecieron los que en sí concretaron como acto lo que Dieterich solo había ideado a partir de las concepciones de Marx.

 

No me detendré en detalles teóricos en relación con la caracterización del “nuevo” socialismo, por cuanto sería demasiado extenso, y no pretendo en este escrito referirme a esta variante moderna, sino que resulta necesario partir de esta premisa como elemento introductorio antes de entrar de lleno en lo que en realidad pretendo abordar.

 

Me refiero a dos de los proyectos que surgieron a partir de la propagación del Socialismo del siglo XXI, que adquirieron cierto auge cuando un grupúsculo de líderes de izquierda, aclamados por multitudes desorientadas y fanatizadas, interpretó la presencia de Chávez como la llegada de un nuevo Mesías; de ahí que resulte imposible descontextualizar dichos proyectos, esto es, verlos separados de aquella etapa inicial en que ambos dictadores se paseaban por toda Latinoamérica con aquel ímpetu de nuevos conquistadores y dadores del “bienestar” a una región donde la desigualdad, la pobreza, la criminalidad y la corrupción estaban a la orden del día, y lamentablemente, se mantienen como flagelos a pesar de que ha pasado más de una década, aunque ya por suerte para la región, y para el mundo, apenas van quedando unos pocos anquilosados personajes que a modo de remanentes fosilizados intentan sostener lo que otrora parecía ser -según los criterios de los líderes de aquellos tiempos- la panacea que sacaría a Latinoamérica de sus grandes y graves conflictos.

 

Así pues, y dejando a un lado a Dieterich -que no hizo otra cosa que apropiarse muy a su manera de lo que ya Karl Marx había diseñado como modelo ideal de sociedad y de sistema económico y político, aunque con ciertas adaptaciones, según él, acorde a los requerimientos de estos nuevos tiempos y a las características y la singularidad de la región que Martí llamó Nuestra América- veamos esos proyectos que surgieron con el nacimiento del nuevo siglo, cual fruto de las pretensiones castro-chavistas por dominar parte del mundo a expensas de sus promesas a los desposeídos.    

 

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA, jamás funcionó como una asociación con  proyecciones en pos de lo económico, sino como un estandarte político-ideológico.

 

El ALBA surgió oficialmente el 14 de diciembre de 2004 cuando los presidentes de Cuba, Fidel Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez, se reunieron en La Habana y firmaron los protocolos de su fundación como forma de integración y unión de América Latina y el Caribe, organismo que, según sus directrices, estaría fundamentado en un modelo de desarrollo independiente “con prioridad a la complementariedad regional”, lo que permitiría “promover el desarrollo de todos y fortaleciera la cooperación mediante el respeto mutuo y la solidaridad”.

 

Los principales países que actualmente integran el ALBA son Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela,  además de las naciones que, de acuerdo a la suscripción del Memorando de Entendimiento de 2007, fueron incorporadas, entre las que se encuentran los pequeños estados caribeños no hispanohablantes de Antigua y Barbuda, así como Dominica y San Vicente y las Granadinas, pertenecientes a la CARICOM, Comunidad Caribeña.

 

Dominica pasó a ser miembro de pleno derecho en enero de 2008, en tanto que San Vicente y las Granadinas ingresó oficialmente en la cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de gobierno del ALBA celebrada en Cumaná en abril de 2009, pasando a ser el séptimo miembro de la organización. Antigua y Barbuda se incorporó plenamente poco después en junio de ese mismo año. Ecuador se unió en junio de 2009, luego de que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, estuviera algo más de un año en el poder y le comunicara a su par venezolano, Hugo Chávez, la adhesión de su país a la Alternativa Bolivariana para las Américas, lo que fue ratificado públicamente el 24 de junio de 2009 durante una cumbre extraordinaria que el grupo celebró en Maracay, estado Aragua, Venezuela.

 

Además, se ha invitado al ALBA a países como Jamaica, por invitación del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez; México por invitación del Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega; además, Hugo Chávez invitó a países centroamericanos a unirse, y también se invitó a Argentina a utilizar la moneda de este organismo. También, se invitó a Vietnam como miembro observador, condición que también han tenido Irán y Siria. En la XI Cumbre del ALBA en febrero del 2012 solicitaron la incorporación a la organización Surinam, Santa Lucia y Haití, al cual se le otorgó la condición especial de miembro permanente, en tanto que los otros dos países fueron nombrados miembros especiales.

 

En 2015, según referencias de la Cumbre Extraordinaria de Caracas, Venezuela, celebrada este año, los países que integraban el ALBA eran Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Mancomunidad de Dominica, Antigua y Barbuda, Ecuador, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves y Granada.

 

Desde su fundación hasta el presente este organismo ha realizado un total de veinticuatro cumbres, incluyendo sus nueve cumbres extraordinarias; la mayoría en Cuba y Venezuela. Tan solo entre el 2008 y 2009 se realizaron diez tenidas de este tipo.

 

Insisto tanto en la serie secuencial de naciones que se incorporaron, y en la manera en que lo hicieron, así como aquellas que de una u otra manera han sido invitadas, para dejar bien precisado la orientación política de los gobiernos de dichas naciones, lo que, no solo sugiere, sino que demuestra las características del funcionamiento de dicho organismo regional, y sus verdaderos propósitos ante el mundo, que no son precisamente los mismos que proclaman en sus estatutos y declaraciones.  

 

Según se puede encontrar en sus objetivos iniciales el ALBA pone especial énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, para lo que se basa en las doctrinas de la izquierda, y esto merece un primer comentario toda vez que cualquier proyecto que tenga entre sus objetivos la eliminación, o al menos, la atenuación de la pobreza, así como la trascendencia de la exclusión social, merece un espacio y la admiración de la comunidad internacional.

 

No obstante, tratándose de un organismo que fuera promovido e impulsado por países como Venezuela y Cuba, cuyos gobiernos dictatoriales cayeron en el descrédito generalizado del mundo, se debe reconsiderar cualquier posibilidad de hacer el bien, aunque teóricamente se pueda exponer lo que cada cual pretenda, y aparecer publicadas en cualquier parte del mundo las aparentes misiones benéficas de dicho organismo. 

 

Por otra parte, todos sabemos, con sobradas razones, que el surgimiento del ALBA fue más allá del concepto de un proyecto de tipo económico y social con aspiraciones igualitarias, porque desde sus inicios fue utilizado como medida vengativa de sus principales promotores contra el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, organismo impulsado en la región por Estados Unidos, el eterno “enemigo imperial” que llegó a convertirse en el delirio principal del demente Fidel Castro, y como es lógico, de su pupilo Hugo Chávez.     

 

El ALBA comenzó mal aun en aquellos años en que el binomio se vanagloriaba con esperanzadores triunfos y satelitales proyectos. Si hacemos una revisión de su nómina inicial veremos que este organismo lo integraron países que muy poco podían aportar desde el punto de vista económico. Recordemos que la economía de Cuba ya estaba devastada desde hacía medio siglo, y que por esos tiempos ya el campo socialista que la mantuvo por años había desaparecido. Venezuela aun no había entrado en su fase resolutiva desde el punto de vista económico, pero dejaba su protagonismo regional a partir de las alianzas chavistas con el régimen de La Habana; Nicaragua y Bolivia nunca han dejado de ser tenues sombras que jamás han aportado nada a Latinoamérica; en tanto que Ecuador solo tenía la experiencia socialista de apenas un año y varios meses en el momento de su incorporación en el 2009, y su economía aun no había entrado en recesión, lo que, sin duda, fue una buena adquisición para una instancia que siempre fue débil y cuyo alcance jamás logró sobrepasar las segmentarias fronteras de ciertos puntos dentro de la región.

 

De modo que estas naciones, las que se supone llevarían el impulso económico basado en la equidad y la justicia social a los insignificantes estados caribeños, muy poco podían aportar en este sentido para poder cumplimentar los objetivos de dicho organismo, al menos los que se recogen en sus directrices. No obstante, y como ya expresé antes, la verdadera cara del ALBA ha sido otra, por cuanto el matiz propagandístico político ha predominado desde sus años iniciales, y aun hoy, cuando el organismo es solo una sombra cadavérica astral, el matiz político y su accionar vengativo son en realidad los verdaderos ejes de su razón de ser.   

 

El ocaso de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Dos convocatorias en menos de un año para hacer declaraciones políticas y no resolver ningún problema económico.

 

A pesar de los dramáticos acontecimientos que estaban teniendo lugar en Venezuela - téngase en cuenta la muerte de más de un centenar de personas, en su mayoría jóvenes civiles, así como la infinidad de heridos y prisioneros durante las acciones de protesta realizadas en todo el país-, así como su grave crisis económica, en La Habana, la capital cubana, se convocó en abril de 2017 a una tenida para celebrar el XV Consejo Político de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América y Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA-TCP, ahora con la incorporación de TCP por una sugerencia que hizo anteriormente Evo Morales.

 

De esta forma, entre lo onírico y un absurdo surrealista extremo, el decadente grupúsculo pretendió arreglar el grave conflicto del país suramericano, algo que por supuesto se hizo desde sus posiciones de aparentes víctimas atacadas siempre por “el maligno enemigo imperial” que los quiere desestabilizar y que desde el “norte revuelto” planifica sus actos alentando a la derecha; al menos esta es la percepción que me llevo al consultar las declaraciones e intervenciones hechas por los “altos mandatarios” allí reunidos. 

 

Como era de esperarse, una vez más, los pocos cancilleres, acudiendo a su obsoleta retórica, se pronunciaron “por un mundo mejor” y criticaron las acciones de Estados Unidos contra Siria, como si con sus graves conflictos no fueran suficientes para completar sus agendas de trabajo y agotar cada tema tratando de resolver primero lo suyo para luego ocuparse de los asuntos globales que azotan la humanidad en general. Cuestiones que resultan extremadamente graves solo si se analiza el conflicto de Venezuela, país que tuvo un especial protagonismo en el encuentro dada su crítica situación, aunque solo se culpó a otros y se felicitó al gobierno de Maduro, el único responsable en sí de la dura tragedia en que vive inmerso el país desde hace varios años.

 

El canciller cubano Bruno Rodríguez se refirió a las amenazas contra la Revolución Bolivariana y al papel de la Alianza en la defensa de la soberanía venezolana, lo que constituyó el eje del encuentro; aunque enfatizó de igual modo en el respaldo al pueblo ecuatoriano y a su Revolución Ciudadana -aún no había comenzado la etapa de Lenín Moreno en el poder, y como es lógico nadie podía vaticinar el giro radical ulterior de la nación andina-, a la Nicaragua sandinista y a los intereses de los pueblos insulares miembros del bloque.

 

Dejando a un lado a los “hermanos insulares” -que como ya expresé antes, no cuentan para nada- detengámonos brevemente en la incongruencia de estos apoyos en los que insiste el canciller de Cuba.

 

El problema de Venezuela no lo resuelve ni el ALBA, ni la OEA, ni la ONU, ni el Vaticano. Se trata de todo un pueblo que protestó en sus calles y que a pesar de la fuerte represión estaba, y hoy aun está, decidido a acabar, incluso violentamente con sus opresores. Ya tuvieron la calma necesaria para esperar resultados de sendas rondas de conversaciones, posibles diálogos entre ambas partes, intervenciones del Vaticano y de la OEA, y al final Nicolás Maduro hizo de las suyas abusando de su poder y violando todas las normas y leyes constitucionales posibles hasta alcanzar su objetivo de privar de funciones a la Asamblea Nacional y en su lugar establecer la supremacía de la Asamblea Constituyente.

 

Por aquellos días el régimen de La Habana anunció en la primera plana de su diario Granma que Venezuela no se rendirá; lo que, sin duda, fue el resultado de las conversaciones de la reunión de Nicolás Maduro con el dictador cubano Raúl Castro, a quien Maduro llamó en su intervención “hermano mayor”. Lamentablemente, el problema de esta nación podría tener un final sangriento en el peor de los casos. La hipótesis acerca de la posibilidad de una intervención en la nación no puede ser excluida, algo que cobra mayor vigencia en los últimos días a partir de la activa participación de Colombia en pos de esto último. 

 

En aquella ocasión el canciller cubano se solidarizó a nombre de Cuba con el pueblo ecuatoriano por sus recientes elecciones, las que supuestamente garantizarían el continuismo político conveniente para los miembros del ALBA. En cambio se omitió por completo el malestar generalizado que reinaba en la tierra de Eloy Alfaro ante la inconformidad por los resultados de dichas elecciones y ante la sospecha de un gigantesco fraude electoral proporcionado por el exmandatario Rafael Correa. Por aquellos días nadie se imaginaba que Ecuador se retiraría para siempre del proyecto castro-chavista como resultado de las grandes transformaciones emprendidas por Lenín Moreno, el nuevo presidente de Ecuador que daría un giro trascendental a la política de su país.

 

Así las cosas, esta ridícula reunión efectuada en 2017 en La Habana no sirvió para otra cosa que no fuera la de estrechar los lazos fraternos de los eternos aliados de una debilitada izquierda que intenta sobrevivir. La fecha escogida no fue la mejor opción toda vez que el mundo se estremecía con grandes acontecimientos de mucho más peso, los que restaron importancia a una efímera reunión local que quedó en algunas notas de reunión sin haber aportado nada al complejo panorama mundial del momento, y que hoy las retomo para demostrar el gradual desmembramiento de un organismo que desde su nacimiento fue un engendro absurdo, como casi la totalidad de propuestas del Socialismo del siglo XXI.

 

Pero de todos los absurdos de la reunión celebrada el pasado año, encuentro que anunciaba a modo de presagio el hundimiento definitivo del organismo, el de mayor connotación fue la idea de reafirmar el compromiso de ese bloque con la paz y la unidad de la región. ¿Cómo es posible pronunciarse por la paz cuando en el seno de las naciones protagónicas tienen graves conflictos internos por los que han muerto más de un centenar de personas, refiriéndome solo a los muertos de las protestas que por aquellos días tuvieron lugar en Venezuela? Si hay gobiernos que no pueden tratar el tema de la paz, esos son justamente los de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

 

Al parecer no les resultó suficiente este XV Consejo Político del decadente organismo y en la brevedad de menos de ocho meses convocaron al XVI consejo, también con sede en La Habana, y con la participación de los cancilleres del exiguo grupo de naciones implicadas en este proyecto castro-chavista.

 

Sería interminable si nos detenemos a comentar la serie secuencial de ideas absurdas, que a modo de declaraciones del grupo, se dieron a conocer en diciembre de 2017. No obstante, vale la pena que analicemos algunas de sus propuestas. 

 

Dejando a un lado el reclamo del respeto al cese del llamado bloqueo del gobierno de Estados Unidos a Cuba, tema demasiado tratado y siempre reiterado en reuniones de este tipo, centremos nuestra atención en la declaración referida al apoyo a la Revolución Bolivariana: “Renovamos nuestro firme respaldo a la Revolución Bolivariana, su unión cívico-militar y su gobierno, conducido por el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros. Celebramos con regocijo las victorias de la democracia en Venezuela basados en los resultados de las elecciones regionales y municipales recientemente celebradas y la creación de la Asamblea Nacional Constituyente, los cuales mediante el voto han derrotado la estrategia imperial de violencia golpista dirigida a sumir a Venezuela en el caos y derrocar la Revolución Bolivariana”.

 

Esto constituye una ofensa a la comunidad internacional, toda vez que el mundo entero se ha pronunciado contra la dictadura de Nicolás Maduro; de modo particular vale destacar las acciones emprendidas por instancias como la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, y más recientemente, pero con especial énfasis por el resultado concreto de sus acciones, el Grupo de Lima**.

 

¿Es que acaso se puede hablar de una victoria de la democracia en Venezuela a partir de los dudosos resultados de unas elecciones consideradas inconstitucionales? ¿Los líderes miembros del ALBA serán conscientes al solidarizarse con la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente, entidad que ha originado tanto malestar y desatado un grave conflicto sociopolítico en la nación suramericana?

 

Casi al final de la Declaración del XVI Consejo Político del ALBA-TCP, leída por el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, se precisó: “Felicitamos los resultados de los diferentes procesos electorales realizados en Nicaragua, Cuba, Venezuela y Bolivia durante el 2017, muestra de la tradicional participación ciudadana de nuestros países”, lo que igualmente merece explicarse. En primer lugar, el canciller no es preciso toda vez que mezcla procesos eleccionarios presidenciales con elecciones municipales o parroquiales, lo que deja lugar para la confusión y las interpretaciones erróneas. Por ejemplo, en el caso de Nicaragua se trató de elecciones municipales, si es que se refiere exactamente a las ocurridas en 2017, por cuanto las presidenciales fueron en 2016.

 

No obstante, resulta llamativo que se omita el proceso eleccionario presidencial de Ecuador, el cual tuvo lugar en su primera ronda el 19 de febrero de 2017, y en su segunda ronda el 2 de abril del propio año, con lo que el ALBA dio muestras de su inconformidad con la presencia del nuevo presidente en el ámbito político regional, aun cuando apenas era perceptible el giro trascendental que Lenín Moreno daría a la política de la nación andina, algo que se ha concretado en realidad en este 2018 y que ha alcanzado su clímax con la salida definitiva de Ecuador de dicha institución, lo que será comentado también en este trabajo.

 

En cambio, la declaración final del organismo dedica amplios segmentos a elogiar al régimen venezolano y a defenderlo por encima de todas las cosas, de manera particular de sus supuestos enemigos, esto es, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea: “Rechazamos las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea con fines políticos, contra la República Bolivariana de Venezuela, que afectan la vida y el desarrollo del noble pueblo venezolano y el goce de sus derechos” (…) “Rechazamos asimismo, las acciones injerencistas de la OEA y de grupos de países por sus continuas agresiones contra la soberanía, autodeterminación y el orden constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y otros países en los que sus pueblos han decidido gobernarse por sí mismos sin tutelaje de ninguna clase, lo que traería por consecuencia la desestabilización de la región”.

 

En medio de este extenso panfleto -con la habitual retórica desgastada de los que dicen ser comunistas de estos tiempos- aparecen unas breves líneas que a modo de cumplido le dedicaron a las naciones del grupo que sufrieron los maléficos efectos de los recientes huracanes, lo que en realidad debió haber ocupado el protagonismo del encuentro y el eje central de la declaración, por cuanto debería ser objetivo prioritario del ALBA la cooperación entre todos sus países miembros en pos de la equidad y el mejoramiento económico de sus integrantes:  “Reiteramos nuestro invariable apoyo a los hermanos países caribeños, víctimas de devastadores fenómenos naturales y del cambio climático, de tal forma que contribuyamos de manera activa a superar los estragos que provocaron”, con lo que quedó resumido -y reitero con toda intención- a modo de cumplido, por cuanto el principal propósito del encuentro fue exaltar los “logros democráticos” venezolanos como contrapartida a la tensa situación internacional originada a partir del caos político de dicha nación, algo que decidieron reafirmar en Caracas a solo tres meses de este encuentro con el objetivo de ratificar y apoyar las decisiones tomadas por el régimen de Nicolás Maduro respecto a lo que consideran una injerencia extranjera en esa nación suramericana.

 

El ALBA se estremece y cae en el abismo con la retirada definitiva de Ecuador.

 

Las determinaciones del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, han sido decisivas para el giro que ha experimentado la región en los últimos meses, algo que ha sido muy poco comentado -tal vez no apreciado ante la falta de percepción y de agudeza analítica de aquellos que se dedican a comentar acerca del acontecer internacional, y de modo muy particular sobre los sucesos de América Latina- toda vez que la grave crisis migratoria venezolana y su impacto en Suramérica, así como la dramática situación política nicaragüense, le han quitado un protagonismo que en realidad merece por derecho.

 

El gobierno que dirige Lenín Moreno ha enfocado su atención en aspectos medulares de la nación andina, de manera muy particular en la difícil situación económica por la que sigue atravesando el país tras una década de un socialismo muy a la manera de Rafael Correa, así como a realizar una cirugía radical -acudiendo a los términos de Moreno- en torno a los graves problemas de corrupción. No obstante, en los últimos meses se ha proyectado con una marcada tendencia internacional a partir de la recuperación de las relaciones con varios países, así como una revisión detenida de las pautas trazadas por su antecesor en el cargo presidencial, lo que ha hecho en su más amplio sentido, incluyendo la participación de la nación en los proyectos nacidos a partir del aparente auge inicial del Socialismo del siglo XXI en la región.

 

Este 23 de agosto el presidente de Ecuador nos dio otra prueba de su certera postura respecto al decadente socialismo ecuatoriano: el gobierno de Ecuador se retiró para siempre del ALBA y el verdadero motivo de su decisión es su inconformidad con la situación venezolana y con la política dictatorial de Nicolás Maduro.

 

Hasta hace muy poco el presidente Moreno había mantenido una actitud bastante conservadora al escudarse en una postura aparentemente neutral tras el slogan de la no intervención en los asuntos internos de los países. No obstante, hace solo unas semanas arremetió contra la dictadura de Nicolás Maduro luego de que este se pronunciara en su contra al defender a Rafael Correa, quien está acusado por sus implicaciones en el secuestro e intento de asesinato del opositor y exlegislador ecuatoriano Fernando Balda, entre otros cargos. 

 

Lenín Moreno dijo que no puede hablarse de democracia “sin la participación de la oposición, con una posibilidad limitada de la observación internacional (…) Eso no está dentro de lo que nosotros consideramos la norma de la democracia”, con lo que demuestra su radical oposición a las atrocidades del régimen venezolano, lo que no constituye una traición como se le ha interpretado por parte de sus múltiples adversarios, sino que Moreno se ha insertado en el mundo inteligentemente, con lo que Ecuador recupera un lugar que había perdido a partir de las posturas reaccionarias de su antecesor, el dictador Rafael Correa. 

 

Así las cosas, Lenín Moreno, se retiró del ALBA con dignidad más que regia, por cuanto argumentó con razones muy firmes y convincentes el por qué de su determinación, lo que se puede resumir en unas breves palabras que demuestran el sentido práctico del actual mandatario, quien con firmeza y sentido de justicia ha sabido conducir a la nación suramericana por buen camino en los pocos meses de su desempeño al frente del gobierno. Para Lenín Moreno, sencillamente, el ALBA como institución carece de sentido por su poca funcionabilidad en el orden práctico; aunque su salida definitiva estuvo matizada no solo por lo antes expresado, sino por estar en desacuerdo con el accionar de los regímenes de algunos de los pocos países que la integran, particularmente del gobierno venezolano, y de la actitud de subordinación del mandatario boliviano Evo Morales.      

 

Lenín Moreno tenía previsto un distanciamiento gradual y progresivo de Venezuela y de las andanzas chavistas, pero esto se ha acelerado a partir de la grave crisis humanitaria provocada por Nicolás Maduro y la extrema represión de Daniel Ortega en Nicaragua, lo que ha sido determinante para la ruptura definitiva de todo vínculo ideológico con los regímenes que gobiernan esos países. La baja de Ecuador es la evidencia de que ese proyecto ha entrado en un proceso de total declinación que inevitablemente llevará al organismo a su total aniquilación.

 

Recordemos que en marzo de este año, Ecuador dejó de financiar TeleSur, convenio de origen correísta en el cual se invertían dos millones de dólares anuales como apoyo incondicional a las barbaridades del chavismo, lo que fue el preámbulo para la drástica determinación de Moreno respecto a la retirada de Ecuador del ALBA. Dicho canal internacional de televisión fue puesto en marcha por Venezuela, siendo apoyado financieramente, además de los países del Alba, por Uruguay y Argentina, nación que retiró su apoyo en marzo de 2016, tras llegar a la presidencia argentina Mauricio Macri.

 

¿Es la UNASUR un proyecto del Socialismo del siglo XXI?

 

A diferencia del ALBA, en cuya génesis se puede precisar con exactitud la maldad del binomio Castro-Chávez, en el caso de la Unión de Naciones Suramericanas (en lo adelante solo la llamaremos UNASUR, como comúnmente se le conoce) no me es posible establecer un nexo absoluto de su surgimiento en relación directa con alguno de los cabecillas de la izquierda regional de aquellos tiempos en que varias naciones del sur de América decidieron unirse para establecer lazos más estrechos en diversos aspectos de su desenvolvimiento.

 

No obstante, especular con seriedad resulta válido en cualquier análisis de este tipo, y cuando se tienen elementos suficientes a favor de quien se arriesga, la especulación - vista no de la manera despectiva como se le suele relacionar, sino en la amplia acepción del término, que incluye la posibilidad de ahondar, investigar, profundizar y cuestionarse las cosas- logra ayudarnos en el arte de interpretar analíticamente ciertos hechos que de manera concreta han tenido lugar.

 

En este sentido diré que la UNASUR adquirió oficialmente personalidad jurídica en 2011, aunque su tratado constitutivo data de 2008, y ya desde el 2004 se había gestado la idea y funcionaba como organismo. Ya para este tiempo, esto es, desde el 2011, Hugo Chávez (1999-2013)*** llevaba más de una década en el poder absoluto de Venezuela, una de las primeras naciones que integró el bloque regional; Rafael Correa (2007-2017) se encontraba en el primer período de su mandato, el menos malvado de su presidencia; Evo Morales (2006-hasta el presente) se encaminaba hacia su quinto año en el poder de Bolivia; Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018) acababa de concluir un primer mandato presidencial en Chile y se preparaba para asumir una segunda etapa; José Mujica (2010-2015) recién se había estrenado como presidente de Uruguay; Cristina Fernández (2007-2015) ya había estado por cuatro años haciendo de las suyas solapadamente en la Argentina; Alan Gabriel Ludwig García Pérez (2006-2011) estaba a punto de finalizar su mandato en Perú; y Dilma Rousseff (2011-2016) se preparaba para entrar en acción en Brasil.

 

Obviando los detalles presidenciales de Guyana y Surinam, países que jamás han contado para nada en el contexto político de la región, como se podrá comprender, a excepción del controversial líder peruano, el resto de la nómina de los fundadores de la UNASUR fueron al propio tiempo promotores acérrimos del Socialismo del siglo XXI, de ahí que la UNASUR tiene inevitablemente el sello izquierdista desde sus orígenes, aunque con el giro radical de la región en los últimos años, como es lógico, la directriz eminentemente socialista de este organismo ha tenido que ir quedando rezagado, con lo que dejó mayor espacio -que tal vez no se supo aprovechar en pos de algo útil- a los aspectos socioeconómicos del megaproyecto regional. 

 

Esto nos da la posibilidad de percibir el matiz político de marcada tendencia propagandística que tuvo esta unión regional en sus inicios, cuando todo parecía indicar que la izquierda latinoamericana seguiría en ascenso y llegarían a instaurar un comunismo, que al estilo de la fracasada Europa Oriental del siglo XX, se extendería por esta gran masa continental que el iluminado intelectual y político cubano José Martí llamó Nuestra América.

 

De ahí que los lectores podrán sacar sus conclusiones respecto a la interrogante que sirve de subtítulo a este tópico del tema que trato en este trabajo respecto a si la UNASUR es o no un proyecto del Socialismo del siglo XXI.  

 

Con la ratificación parlamentaria de Uruguay, que se unió al resto de las naciones pioneras en estas andanzas, la entidad entró en vigencia y adquirió personalidad jurídica el 11 de marzo de 2011, una vez cumplido el requisito de que, al menos, los legislativos de nueve países hubieran suscrito el convenio.

 

Luego se incorporó Colombia, siendo así el décimo país en integrarse al grupo, mientras que Brasil fue el undécimo país en aprobar el tratado constitutivo, quedando tan solo Paraguay, país que se unió en agosto de 2011; aunque más tarde fue suspendido por el resto de los miembros ante el conflicto generado por el presunto golpe de estado contra el gobierno de Fernando Lugo en 2012.

 

Los precedentes de la UNASUR están en la III Cumbre Suramericana celebrada en Cuzco, Perú, el 18 de diciembre de 2004, cuando los presidentes de los doce países de Suramérica firmaron la declaración de Cuzco, en donde determinaron conformar una Comunidad de Naciones Suramericanas. El 30 de septiembre de 2005 se efectuó la Cumbre de Brasilia, y el 9 de diciembre de 2006 la de Cochabamba, Bolivia, reuniones en las que la naciente comunidad fue adquiriendo matices propios y definitorios. Los Presidentes de Suramérica, reunidos en la Cumbre de la Isla de Margarita, Venezuela, el 17 de abril de 2007 decidieron renombrar a la comunidad como Unión de Naciones Suramericanas, resumida como UNASUR desde entonces.

 

El tratado constitutivo de la UNASUR se firmó en mayo de 2008 en la ciudad de Brasilia, donde se estructuró y oficializó la organización. En ese momento se designó como primera presidenta pro tempore a Michelle Bachelet, la presidenta de Chile en aquel momento. En mayo de 2010 en la cumbre extraordinaria en Campana, Buenos Aires, se designó por unanimidad a Néstor Kirchner, expresidente de la República Argentina, como primer Secretario General de UNASUR por dos años, con lo que se sentaron las bases para que la comunidad suramericana adquiriera un mayor rango de liderazgo político internacional, toda vez que ya contaría con una Secretaría General. 

 

Y esto no es en modo alguno una divagación que pudiera pecar de excesivos datos y fechas históricas; por el contrario, lo que pretendo es dejar bien precisado estos elementos para continuar demostrando que dicho organismo nació en el seno de la izquierda latinoamericana, muy de moda por aquellos tiempos, y que sus primeros líderes pertenecieron a partidos de orientación izquierdista, los que se solidarizaron con la causa del absurdo engendro que Hugo Chávez pretendió diseminar por toda la región con la asesoría del viejo comandante cubano que ya empezaba a divagar entre moringas y enemigos conspirativos por todas partes.

 

Quiero señalar además que en el 2004, cuando la III Cumbre Suramericana celebrada en Cuzco, Perú, ya al menos tres líderes de tendencias izquierdistas se encontraban en el poder. Me refiero a Hugo Chávez, desde 1999, Lula Da Silva, y Néstor Kirchner, ambos desde el 2003, lo que también sugiere la presencia de manera premeditada del socialismo en los países suramericanos que a posteriori se fueron incorporando a la UNASUR.     

 

¿Desaparecerá definitivamente la UNASUR como consecuencia del hundimiento del Socialismo latinoamericano de “nuevo” tipo?

 

Es lógico entonces que si el Socialismo del siglo XXI se extinguió definitivamente en la región -no podemos admitir desde el punto de vista conceptual que se siga hablando de un socialismo en naciones como Cuba (aunque no forma parte de dicho organismo), Venezuela y Bolivia, por cuanto se apartan completamente de las utópicas concepciones de Marx-, aquellos proyectos que surgieron a partir del aparente ímpetu de dicha tendencia tienen que sucumbir en las profundidades abismales, aunque solo una exigua minoría se empeñe en hacerlos vivir a la fuerza de la manipulación y del engaño.

 

Tanto el ALBA como la UNASUR perdieron su razón de ser, si es que alguna vez la tuvieron. Una prueba contundente que demuestra sobremanera lo que intento defender como hipótesis es la reciente retirada en bloque de seis de las doce naciones que conforman la UNASUR.

 

En abril del presente año, seis de los doce países que originalmente integraron la Unión de Naciones Suramericanas decidieron retirarse de esta instancia, por cuanto consideraron que no tiene acciones concretas que puedan demostrar el sentido de la existencia de una institución de este tipo en la región; amén de estar en desacuerdo con la inestabilidad de las propuestas de los países miembros, así como a la incapacidad de Bolivia, país que asumió la presidencia pro tempore este abril para aglutinar nuevamente a sus integrantes.

 

Las naciones que decidieron retirarse fueron Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay, que suspendieron su participación en bloque. En las tres primeras naciones la tendencia socialista de nuevo tipo fue desterrada a partir de los cambios presidenciales de los últimos años, en tanto que Colombia, donde a pesar de las contrariedades, algunas como realidad y otras atribuidas sin fundamento a Juan Manuel Santos, no tuvo una política comunista, ni una línea económica y social que permitiera incluirlo dentro de los casos típicos del Socialismo del siglo XXI, así como en Perú y Paraguay que han mantenido posturas distantes de la izquierda, aunque en este último país la presencia de Fernando Lugo como presidente entre 2008 y 2012 lo acercó a la influencia de sus homólogos dados sus nexos con los movimientos de izquierda y centro-izquierda.

 

Hace muy poco Iván Duque, el nuevo presidente de Colombia, explicó que la decisión de su gobierno se debe a que “UNASUR como institución nunca denunció ninguno de los atropellos” del régimen de Nicolás Maduro. Se refirió además al incumplimiento de la entidad en relación con la garantía de las libertades de la ciudadanía venezolana. Según Duque, la UNASUR “es una institución que fue creada para fracturar el sistema interamericano, y ha servido de comodín para los propósitos de una dictadura”.

 

Ahora solo quedan Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Guyana y Surinam, y aunque Ecuador no se encuentra entre los países retirados, el presidente Lenín Moreno está  repensando su actitud conservadora, y tarde o temprano terminará con una retirada segura, como lo supo hacer de manera muy sabia al alejarse del ALBA.

 

Por lo pronto Lenín Moreno ha reclamado el edificio sede de la UNASUR -edificación de lujo en la que el gobierno de Rafael Correa invirtió la millonaria cifra de 39 millones de dólares en el 2014 como contribución de la nación suramericana a esta instancia- con la intención de utilizarla para el funcionamiento de la Universidad de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas. Según Moreno, dicha edificación no cumple la función para la cual fue entregada. No obstante, sus valoraciones no se limitan al inmueble, sino a la razón de ser de la UNASUR, entidad que considera está en una situación crítica a pesar de que en sus inicios, según afirmó, fue una buena idea. 

 

La retirada del monumento a Néstor Kirchner, un hecho muy poco conocido, pero de gran valor si de la desaparición de la UNASUR se trata.

 

Con 72 votos a favor, 30 en contra y 9 abstenciones, la Asamblea Nacional de Ecuador decidió retirar el monumento del fallecido expresidente Néstor Kirchner que se encuentra en la sede de la UNASUR, ubicada en el pequeño poblado de San Antonio, justo en la línea divisoria entre las dos mitades del mundo, en las cercanías de Quito. La intención es “no hacer apología del delito con la presencia del expresidente de la Argentina, considerando que su Gobierno y el de su esposa (Cristina Fernández) están envueltos en actos de corrupción”, explicó Byron Suquilanda, legislador del partido CREO, movimiento opositor al correísmo, al justificar su pedido para que el parlamento discutiera esta posibilidad.

 

De igual forma el legislador Suquilanda se unió a la iniciativa del presidente Lenín Moreno para rescatar el edificio sede para el establecimiento de una universidad, y reafirmó su petición para la retirada del monumento a Kirchner al considerar que: “Nuestro país tiene una historia muy rica en hombres y mujeres valientes, que nos enorgullecen día a día. Por eso, no podemos permitir que se rinda homenaje a un personaje tan cuestionado como Néstor Kirchner” (...) “Este es uno de los tantos pasos que hay que dar para tener la credibilidad del pueblo ecuatoriano”.

 

Este 21 de agosto, Mauricio Rodas, el alcalde de la ciudad de Quito, la capital ecuatoriana, anunció la retirada del monumento a Kirchner de la plaza Argentina, en las afueras de le edificación, lo que se realizó “conforme a los principios y valores de Quito”, según se puede apreciar en su cuenta de Twitter. Ahora la figura se encuentra en las bodegas de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas a disposición de la Embajada de Argentina para que determine el destino final de la escultura, el cual podrá ser cualquier sitio, pero ya jamás en Ecuador, la patria de Eloy Alfaro, cuyo giro trascendental lo apartó definitivamente de la izquierda de Latinoamérica.

 

Así las cosas, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) se encuentran en situaciones extremadamente críticas, y sin duda, la cuasi extinción del llamado Socialismo del siglo XXI en la región ha sido determinante para que sus proyectos -que estuvieron destinados al fracaso desde sus comienzos- desaparezcan por completo. El caos de la UNASUR con la salida en bloque de seis de sus doce miembros, así como la retirada definitiva de Ecuador del ALBA, así lo demuestran.

 

Por ahora, a esperar el hundimiento final de dichas organizaciones, algo que para el bien de la región y del mundo, no admite retroceso.

 

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*Sociólogo y analista político de origen alemán residente en México. Se ha identificado con las corrientes de izquierda y ha publicado una treintena de libros en los que aborda los conflictos sociopolíticos latinoamericanos, la globalización, y los paradigmas científicos e ideológicos que predominaron en el siglo XX. Se ha dedicado al estudio y revisión de los postulados marxistas con la perspectiva de presentarla actualizada al mundo de nuestros días, incorporando los avances del conocimiento, las experiencias de los intentos socialistas, describiendo sus limitaciones, y ofreciendo propuestas teóricas tanto en la economía política como en la participación democrática de la ciudadanía para construir, según él, una sociedad libre de explotación, aunque respetando los ejes principales de la visión de Karl Marx acerca de la dinámica social y la lucha de clases.

 

**Grupo de Lima. Integrado por 12 países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú). Este bloque se formó el 8 de agosto de 2017 en la capital peruana, Lima, para encontrar salidas a la crisis en Venezuela. Entre otras cosas, exige la liberación de los presos políticos en el país sudamericano y critica la ruptura del orden democrático. Ha jugado un papel determinante en los últimos meses en relación con el aislamiento a que se ha logrado someter al régimen de Nicolás Maduro.

 

***Etapa de mandato de cada presidente y su relación a partir de la fecha en que la UNASUR adquirió su personalidad jurídica, esto es, vida propia, en 2011, y no precisamente la fecha constitutiva de la UNASUR en 2008, o la de su gestación a partir de 2004.