Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos

Colaboradores médicos cubanos. La realidad de una “misión”

 

La expansión de la medicina cubana por una considerable parte de países del mundo es el resultado de un proceso que se inició varias décadas atrás y que tuvo en la figura del dictador Fidel Castro a su principal protagonista.

 

El hecho de convertir a Cuba en “una potencia médica mundial”, siendo fiel a las palabras del Dr. Fidel Castro, fue más allá de la hipótesis y logró concretar algunos aspectos, los que bien encausados y en otras circunstancias políticas y sociales hubieran podido beneficiar a los verdaderos protagonistas, los médicos; pero como la mayoría de las cosas que tienen lugar en un sistema social de carácter totalitario, en el que el Estado pretende dominarlo todo, y en el que sus mandatarios carecen de la sabiduría que ennoblece al hombre y los conduce al bien -tal y como sentenciara Platón en La República, como requisitos para poder gobernar-, esta colosal idea del proyecto de salubridad y beneficios médicos lejos de ser una acción que los pueda ayudar los perjudica cada día. 

 

Hay miles de médicos cubanos de todas las especialidades ejerciendo su profesión por concepto de colaboración médica fuera de Cuba. Según declaraciones de la viceministra del Ministerio de Salud Pública, Dra. Marcia Cobas, al final del 2015 más de 50 mil colaboradores cubanos prestaban servicios en 67 países, de los cuales, más de 25,000 son médicos, cifra que se ha incrementado considerablemente, pues según sus últimas declaraciones la empresa comercializadora de servicios médicos cubanos (SMC), perteneciente al Ministerio de Salud Pública (MINSAP), presta servicios en más de 60 países con unos 51,000 médicos y otros profesionales de la Salud, además de ofrecer capacitación, formación académica, turismo de salud, entre otros servicios.

 

Actualmente ya se habla de una red que tiene a su disposición 14 clínicas internacionales, 122 consultorios médicos en hoteles, además de tener relaciones con más de 100 empresas, agencias y turoperadores de 41 países para prestar servicios que incluyen especialidades como la oncología, cirugía, tratamientos del pie diabético, chequeos médicos y de atención integral a personas de la tercera edad, y oferta 250 programas de salud a pacientes extranjeros que viajan a Cuba.

 

Una nueva nación acogerá de forma masiva a médicos y enfermeros cubanos, se trata de Vietnam, donde prestarán servicios en hospitales, toda vez que acaba de firmarse un acuerdo entre ambos países mediante el cual el personal de la salud trabajará por contrato de tres años en las especialidades de ginecología y obstetricia,  pediatría, cirugía estética, dermatología cosmética y medicina familiar.

 

Todo parece indicar que el generalísimo sucesor aprendió bien la lección de su hermano y ha continuado haciendo sendos convenios a expensas de los manipulados médicos, y justo en estos días amplía horizontes convocando a los miembros de las terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a estudiar medicina en Cuba,  mediante la oferta de 500 plazas, de las 1,000 previstas para Colombia en el curso de los próximos cinco años.

 

La exportación de servicios técnicos, y de manera particular de los profesionales, es la principal fuente de ingresos de Cuba en este momento, con una media anual de 6,000 millones de dólares, con lo que supera con creces al sector turístico que aporta unos 2,000 millones de dólares anuales.

 

Gestación de la idea y venta de la imagen

 

¿Cómo se pudo lograr esta inserción de los galenos cubanos en el mundo a pesar del aislamiento del que tanto se ha hablado, y de los muros como consecuencia de campañas mediáticas y otros tantos males de los que se queja continuamente el régimen? Lo primero que se propuso el entonces presidente de Cuba fue lograr una imagen ante el mundo, y esto lo hizo a través de la apariencia de un desempeño médico profesional correcto, unido a valores éticos y humanos inherentes en los médicos cubanos, al menos, los de mi generación -formado en la década del ochenta del pasado siglo-, y los que me precedieron.

 

Una vez establecida la imagen, como toda mercancía había que venderla, y para lograr su propósito proyectó una labor promocional sostenida por varias décadas, mediante la cual se conocía en una multitud de países de América, África y en menor medida de Asia, la labor de los médicos cubanos, cuya preparación científica es buena si se le compara con el nivel de los médicos de naciones del tercer mundo, y en muchos casos con el de los principales países industrializados, aunque no la generalidad. 

 

Gradualmente se fue insertando y preparando un terreno fácil para vender lo que he llamado imagen de los médicos cubanos. La idea de utilizar el término imagen es intencional, toda vez que da la medida de algo necesario para poder venderse, es decir, una buena imagen contribuye a que se venda un producto, y es justamente lo que hizo Castro para lograr su pretencioso proyecto que más tarde ayudaría a sostener paliativamente a una nación que se quedó detenida en el tiempo.

 

Atrás quedarían los altruistas conceptos que el dictador enmascaró tras el ropaje del internacionalismo proletario, algo que fue característico de la década de los setenta y ochenta a través de las primeras colaboraciones, llamadas en aquellos tiempos misiones internacionalistas, y luego de manera sutil de les asignó un nombre que, si bien no resulta ser el más apropiado, logra continuar dando esa imagen ya ganada y vendida: colaboración médica, con lo que dejaba su matiz bélico, mezcla de las influencias del Комсомол (komsomol) de los soviets con el militarismo acérrimo del régimen castrista.

 

Una vez que su mercancía llamara la atención en unas pocas naciones -incluidos sitios muy distantes como Argelia, país donde comenzó la historia de las misiones médicas en el año 1963, en la región de Mostaganem, las que no se interrumpieron ni aun después del golpe de estado de Boumedienne, a quien el dictador Fidel Castro llamó “gorila”, así como la India e Irak, entre otros, a donde fueron prestigiosos especialistas cubanos-, trató de universalizarla, y como es lógico la salud es una de las cosas más sensibles que los gobiernos de cualquier país del mundo tienen el deber de priorizar para sus ciudadanos, lo que de manera particular adquirió dimensiones inusitadas en América Latina y África, regiones que cuentan con numerosos países en los que las condiciones de salubridad son precarias y donde mueren cientos de niños y adultos de enfermedades infecciosas, de desnutrición severa y de diarreas.    

 

Con la oferta del dictador Fidel Castro, tras su aparente disfraz de embajador de las buenas nuevas, los gobiernos de estas naciones vieron la oportunidad de poder contar con los servicios de profesionales cubanos que de manera muy sutil el comandante les vendía, pues como todos saben, estas “colaboraciones” se pagan, y se pagan bien, por aquellos países que reciben dichos servicios. De ahí que el elevado concepto humanista y la labor altruista en los que tanto se insistió, es falso, aunque no podemos ser injustos, pues los profesionales asumen su responsabilidad casi de manera desinteresada si se tiene en cuenta el ínfimo por ciento que reciben de la totalidad que en realidad se les paga, y que pasa a manos del gobierno cubano; de ahí que por parte de los ejecutores directos de los servicios profesionales aun quede algo de aquel sentimiento altruista que debe caracterizar a un médico y que dejara establecido Hipócrates muchos siglos atrás.

 

En el caso de América Latina fue muy favorecedor para el nuevo negocio del régimen cubano la asunción por parte de varios países suramericanos de la tendencia llamada socialismo del siglo XXI, de la que Fidel Castro fue su gestor, aunque su mentor Hugo Chávez lo reemplazó en cuanto a protagonismo en esta empresa.

 

Comienza así el fenómeno de la colaboración médica en Venezuela, nación por la que han pasado miles de médicos cubanos, muchos de ellos con una permanencia de hasta cinco años, y otros con segundas y terceras “misiones”, a la que llegaron no solo médicos, sino enfermeros, técnicos, fisioterapeutas y pedagogos. En Venezuela se ha mantenido un contingente formado por alrededor de 30,000 profesionales de la salud, de los cuales, en el pasado año se acogieron 1,663 al programa Parole para médicos cubanos, y hasta agosto de 2015 habían desertado por diversas vías alrededor de 1,000, cifra que se ha incrementado ante el éxodo por la incertidumbre desde el restablecimiento de las relaciones Cuba-EE.UU. Cerca de 800 entraron irregularmente en Colombia hacia el final de 2015, donde permanecieron en espera de un visado a Estados Unidos.

 

Esto se extendió a Brasil bajo el mandato de Dilma Rousseff -de manera masiva, por cuanto, desde muchos años antes en esta nación hubo colaboradores cubanos-, país donde fueron contratados en 2013, 11,429 médicos como parte del programa Mais Médicos, lo que representa el 62.65% del total de profesionales que ejercen en este país.

 

También en naciones simpatizantes del socialismpo como Ecuador y Bolivia, aunque en menor medida si les compara con Venezuela y Brasil, se encuentran cientos de médicos cubanos, así como en algunas naciones como Honduras, Guatemala, Belice y Guyana, que a pesar de no seguir la corriente del nuevo socialismo han tenido médicos cubanos en sus territorios, fenómeno que es aplicable a numerosos países de África entre los que se destacan Angola, Etiopía, Uganda, Zimbabwe, Argelia, Burundi, Cabo Verde, Congo, Eritrea, Gambia, Ghana, Mozambique, entre otros.

 

 

La realidad de los médicos cubanos en las misiones o que por sus medios determinaron trabajar fuera de Cuba

 

Nos pagan 43,000 bolívares, que ahora no alcanza para nada, cobramos menos que un pensionado. En las cuentas en Cuba nos depositan $200 en la cuenta congelada, y $250 en la que nos dan cuando vamos de vacaciones; pero usted sabe que en realidad es mucho mas lo que el gobierno cubano gana con esto, lo que no dejan que nadie prospere; así pasa con los de África, que se dieron cuenta de que los médicos con las guardias estaban ganando mucho dinero e hicieron una resolución para que parte de esas ganancias tengan que ir al estado cubano. Cuando llegué aquí me encontré con los disparates de los médicos venezolanos; he visto indicar 8 gotas de salbutamol a un recién nacido de 23 días: para ellos todos los niños con catarro común tienen asma y síndrome coqueluchoide, esos son sus diagnósticos favoritos -se refiere a graves errores médicos-. Hay muchos mal agradecidos que dicen que están locos porque los cubanos se vayan”. Esta es la vivencia de un joven decepcionado que cuenta los días para terminar su “misión” en Venezuela, país al que fue recién graduado.

 

En Venezuela se da una situación muy peculiar que me fue contada en detalle por algunos de mis antiguos alumnos al regresar a Cuba. La falsedad de los datos estadísticos que se informan a través de hojas de cargo -documento donde se lleva el control de casos atendidos, diagnósticos y conductas asumidas- llega a unas dimensiones que todo el que tiene acceso a dicha información sospecha de su confiabilidad. ¿Por qué se hace? Pues porque existe una meta que deberá cumplirse para no convertirse en foco de atención por un mal trabajo. Se indicarán estudios complementarios innecesarios, y de no realizarse pues se informan como realizados; se deberá utilizar determinada cantidad de medicamentos gratuitos a los pacientes, los que Cuba oferta aunque falten en sus farmacias, y de no indicarse se desechan para reponerse luego; se deberá informar determinada cantidad de actividades promocionales realizadas; se realizarán ingresos hospitalarios sin verdadera causa que los justifique, entre otras tantas cosas increíbles, pero ciertas. Todo aquel que no cumpla con estas “estadísticas” resulta amenazado con la retención salarial, amonestaciones, cartas de incumplimientos y hasta la separación definitiva de la misión si fuera necesario. Todo obedece a una maniobra de los más altos niveles, que desde Cuba van operando para obtener mayores ganancias por casos vistos y exámenes realizados.

 

A esto hemos de añadir el papel que desde el punto de vista político han de desempeñar los profesionales si es que quieren continuar con su “misión”, que además de la parte social, dada por el desempeño médico, tiene su fuerte componente político, ya sea como difusores de la llamada “realidad cubana”, como participantes directos en campañas políticas eleccionarias, en las que han de apoyar al socialismo chavista y convencer a las masas ignorantes a las que atienden para que den su voto al oficialismo.

 

Esta es la realidad de las colaboraciones médicas en Venezuela, cuya información no ha  sido obtenida por publicaciones -las que con frecuencia solo ofrecen la parte que les conviene de acuerdo a su postura política-, sino directamente a través del testimonio de muchos “internacionalistas” de mi absoluta confianza, los que me contaron de sus sinsabores en la tierra de Bolívar. 

 

Como se ha especulado mucho acerca de lo que se les paga a los profesionales cubanos, y de lo que pasa a manos del régimen de La Habana, así como de los reveses y las adversidades que como colaboradores han de enfrentar, quise precisar directamente con algunos médicos que han pasado por esta experiencia, se encuentran en medio de su faena “internacionalista”, o dejaron sus “misiones” para convertirse en “desertores”, según el criterio del régimen.

 

Historias como la del joven galeno narrada anteriormente se repiten de manera similar en la mayoría de aquellos que he podido entrevistar, y que han respondido a mi llamado desde Brasil, Cuba, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Honduras, Guinea Ecuatorial, Pakistán y Venezuela.

 

El Dr. Duniel Medina Camejo, residente en Ecuador y presidente del grupo opositor Movimiento X Cuba, tuvo la valentía de pedir la eliminación de las misiones cubanas mediante una carta dirigida al próximo presidente de este país. Al indagar acerca de su propuesta dijo: “consideramos que son una forma de esclavitud moderna, enmascarada tras la apariencia de un altruismo, y de un humanismo que en realidad no tienen, pues como todos conocen el gobierno comunista de la isla cobra por dichos servicios que ha convertido en un verdadero negocio. Se están quedando con el 70% de las ganancias de sus médicos, los que solo reciben un 30%, que en el caso de Ecuador son solo 800 dólares de los casi 3,000 que se les paga. Esta idea de nuestro movimiento fue acogida por Guillermo Lasso, candidato a la presidencia del país y representante de la oposición, quien había hecho un comentario  en contra de todos los cubanos, estuvieran de misión o por su cuenta en este país, pero su última declaración es mucho más específica, pues se refiere solo a los médicos que están de misión. Las misiones son una forma de financiarse el gobierno cubano. Además, limita las plazas de trabajo para los cubanos libres que nos encontramos acá y decidimos radicarnos en este país con nuestra familia. Muchas veces no encontramos trabajo como consecuencia de la ocupación de muchas plazas por parte de profesionales cubanos de misión o colaboración”.

 

De manera general los entrevistados que se encuentran trabajando en Ecuador, actualmente por sus medios al haber abandonado la “misión” o porque se establecieron directamente al salir de Cuba, coinciden en la cantidad que se les paga y con lo que se queda el gobierno cubano. Por misión un médico en Ecuador debe ganar alrededor de 3,000 dólares mensuales, de ellos 800 para el colaborador y el resto para el régimen. Un médico por su cuenta con el sector público gana $1,200, de ser médico general, y entre $2,900 a $3,000 los especialistas. En el sector privado se paga de manera similar; aunque explotan mucho más, según lo referido por varios de los entrevistaos. Han puesto en práctica una ley que establece que para trabajar en los centros estatales debe hacerse por concurso de merecimiento y oposición; pero su principal traba es que para poder concursar el candidato tiene que tener una residencia de más de cinco años en el país.

 

En Ecuador se encuentran como colaboradores del gobierno unos 600 médicos cubanos, y una cantidad considerable de todas las especialidades médicas que se han radicado en dicho país; estos últimos han de enfrentarse a la adversidad por el hecho de ser extranjeros, y específicamente cubanos, lo que no es bien visto en ciertas zonas del país donde la xenofobia y la discriminación son comunes.

 

Pude presenciar directamente las dificultades asumidas por especialistas cubanos consagrados de ramas como la pediatría, dermatología, ginecología, anestesia, urología,  cirugía y medicina interna y familiar, los que presentaron carpetas curriculares en varios centros asistenciales, incluidas universidades privadas, y se quedaron esperando por una respuesta que jamás llegó, lo que los llevó a aceptar los empleos en el sector privado y tener que acogerse a sus  reglas y normativas, muchas de ellas en contra de los principios éticos que aprendieron durante su formación en Cuba.

 

En los sectores privados hay irregularidades con el pago ante el desastroso estado económico del país tras una década de socialismo. Por otra parte, con frecuencia un profesional con una óptima calificación científica es dirigido en estos centros por personal de calificación inferior o casi ninguna, y se ve obligado a realizar procederes e imponer tratamientos incorrectos o innecesarios, los que le aportan beneficio económico a la clínica y no justamente al paciente.

 

Desde Cuenca, una de las más importantes ciudades de Ecuador, nos ha respondido este emprendedor cubano amante de la psicología y la psiquiatría: “Trabajo en un hospital psiquiátrico como médico residente. El salario es similar a lo que gana un medico por el estado. El hospital no tiene dueño, es sin fines de lucro. Una junta directiva lo dirige. Es más bien una excepción en la regla. El salario que percibo como promedio está sobre los $1,700 mensuales. Soy médico general sin especialidad. Los especialistas ganan unos 2,500 en promedio, me refiero a los que están por su cuenta acá. El gobierno les paga lo mismo a los especialistas cubanos que vienen de misión, solo que el estado cubano les da el 30 porciento, quedándose con el resto. En mi hospital soy el único extranjero y mantengo muy buenas relaciones con mis compañeros. Tenga en cuenta que acá hay muchos médicos por su cuenta que no han corrido con igual suerte, ya sea porque no han querido moverse de Quito o porque no han sido lo suficientemente perseverantes. Las oportunidades se dan por igual para ecuatorianos que cubanos, siempre que estos últimos tengan todo legalizado”.

 

Aunque parezca increíble y a pesar de los triunfos que Rafael Correa se ha encargado de proclamar por el mundo sobre su modelo de revolución ciudadana, en Ecuador el sistema de salud es ineficiente. Es posible encontrar a gestantes que durante todo su embarazo no se han realizado estudios complementarios de rutina, ni se les ha realizado una ecografía para detectar tempranamente anomalías fetales, hay niños que durante la primera parte de su infancia jamás los examinó un pediatra, se pueden encontrar hallazgos de anomalías cardiovasculares de manera tardía por no existir un control estricto que permita la evaluación masiva de los infantes, en muchas comunidades se siguen tratando sus dolencias mediante curanderos y a través de la hechicería; y lo peor, que multitudes resultan estafadas por supuestas brigadas médicas coordinadas por ecuatorianos que visitan las comunidades realizando procederes de dudosa confiabilidad e imponiendo tratamientos de manera inescrupulosa con el fin de vender un producto.

 

El seguro médico y los centros de salud comunitarios respaldados por el gobierno ofrecen servicios muy elementales y disponen de una ínfima cantidad de medicamentos que no pueden satisfacer las necesidades básicas de la población. A esto se contrapone la existencia de lujosos centros hospitalarios debidamente equipados y con personal calificado; pero en las principales ciudades del país, a los que solo una minoría puede acceder. 

 

Lo que acabo de exponer pude constatarlo directamente a través de mi propia experiencia como médico en la nación andina, donde no solo consulté casos humildes en las comunidades del oriente, sino a muchos oficiales de alto rango de la cúpula militar de la capital del país, a los que interrogué y supe de manera directa de su aversión al régimen de Correa.

 

De manera independiente a las llamadas misiones, Cuba ha desarrollado un Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias, más conocido como la Brigada Henry Reeve. Esta modalidad surgió en el año 2005 cuando varias decenas de médicos cubanos fueron enviados a Angola en misión humanitaria. La estancia de los médicos en los lugares que requieran sus servicios es de manera temporal, generalmente una corta estadía mientras esté declarado el estado de desastre, algo que puede ser originado por terremotos, huracanes, grandes epidemias, fuertes incendios, etc.

 

Esta labor tuvo sus precedentes a partir de la intervención de los médicos cubanos en el terremoto de Chile en 1960, luego se extendería a países como Perú y Nicaragua en 1970 y 1972 respectivamente, y más tarde a Pakistán en 2005, Chile y  Haití, ambos en 2010, países que han sido azotados por graves situaciones de desastre.

 

Lamentablemente, detrás de esta ejemplar actitud de los médicos cubanos se encuentra como siempre la asociación a la política comunista del régimen. Se pretende mostrar por encima de los valores humanitarios de los profesionales las “proezas” de la revolución cubana, y el protagonismo de su llamado líder histórico, cual permanente sombra que se resiste a desaparecer para siempre.          

 

Un futuro incierto. Pronóstico reservado

 

En medicina cuando un paciente se encuentra ingresado, ya sea bajo investigaciones o en el curso de algún tratamiento, suele utilizarse la expresión pronóstico reservado, pues según la enseñanza de aquellos grandes profesores con que contábamos en el pasado, en realidad no teníamos la certeza de lo que podía ocurrirle al paciente en el curso de su investigación o durante su enfermedad. Si le informamos al paciente o a su familia que todo saldrá bien y luego surge una complicación creamos falsas expectativas. Justo es lo que está ocurriendo en el presente respecto al tema de las colaboraciones.

 

¿Qué ocurrirá cuando el régimen de Nicolás Maduro perezca definitivamente, cuando la situación de Ecuador se defina el próximo dos de abril, cuando Evo Morales se vea impedido de prolongar su ilegal mandato por un cuarto período, y ante todo cuando Cuba termine de pasar pacíficamente a la transición democrática por autoaniquilación de su caduco régimen? Utilizando otro de los términos médicos comunes diremos que habrá que estar expectantes.

 

No se trata de eliminar convenios de colaboración con los que se puedan ver beneficiados grandes sectores poblacionales, en su mayor parte desposeídos y de bajos recursos de países pobres; eso sería inhumano y estaría contra los principios humanitarios de todo  hombre de bien, sino de darles a los médicos el verdadero valor que merecen, lo que se lograría si se les pagara la totalidad de lo que en realidad reciben como salario y no como se hace ahora, que la dictadura cubana se embolsa alrededor del 70%. Por otra parte, los médicos y otros profesionales resultarían beneficiados no solo en el aspecto económico, sino como experiencia profesional, al poder conocer la existencia de enfermedades autóctonas de ciertas regiones y de otras ya erradicadas en Cuba, que de otro modo solo conocerían de manera teórica.

 

Otro aspecto a considerar está en relación con el carácter masivo de las colaboraciones. En un futuro esto podrá ser aplicable solo en aquellas naciones muy atrasadas con sistemas de salud tan ineficientes que todo les vendrá bien; pero jamás en países con un nivel mínimo que pueda percibir la realidad de la preparación de aquellos que, como en el caso de Venezuela, invadieron sus poblados de manera masiva, en ocasiones sin haberse graduado, y otros que ejercieron como intensivistas, médicos de urgencias, oftalmólogos, fisioterapeutas y ecografistas sin serlo en realidad, por cuanto, estas habilidades -y lo afirmo con conocimiento de causa, por haber vivido de cerca las disparatadas premuras para vender el producto- no se adquieren a través de diplomados de tres meses a los que acudieron todos sin exclusión, desde los más capacitados hasta los que lograron graduarse a la fuerza a través de exámenes que cada vez eran menos complejos.   

 

Los planes de estudio de la carrera de medicina han tenido grandes modificaciones que lamentablemente no han favorecido al estudiante. Con la incorporación del modelo de medicina familiar de forma generalizada en Cuba -también una idea del “invicto comandante”- se enfrentaban nuevos retos en la política educacional en relación con la formación médica. Se fue haciendo de manera gradual un cambio de escenario docente, de modo que los hospitales clínicos y quirúrgicos, pediátricos y ginecobstétricos, con calificación de docentes y universitarios, fueron perdiendo su protagonismo para ceder su espacio a los policlínicos de la atención primaria de salud (APS), y de manera particular a los consultorios médicos de la familia (CMF), lo que ha sido uno de los más graves errores de la enseñanza médica en Cuba, la que sin duda, y dejando a un lado cuestiones de naturaleza política y tratando de ser imparcial, fue buena y estuvo no solo jerarquizada, sino enseñada por profesores insignes que todos recordamos como referentes paradigmáticos.

 

Como médico que soy, y como pedagogo que siempre seré, creo que la pasantía de los educandos por los policlínicos y consultorios médicos es muy útil, pero no puede quitar espacios ni protagonismo a los centros asistenciales y docentes especializados, que a través de la historia de la medicina cubana fueron verdaderas cátedras.

 

Por otro lado, las intenciones podrán ser buenas, pero si al llegar el estudiante a la atención primaria de salud (APS), y se encuentra en medio del caos ante la ausencia de médicos de experiencia y con aptitudes y actitud para enseñarles -ausencias originadas por el déficit enorme como consecuencia de las “misiones”- imposible que puedan lograr una formación adecuada, y por lo tanto, las naciones que establezcan convenios no podrán seguir siendo engañadas a través de la venta de una imagen que ha cambiado mucho. No estamos en los tiempos de aquellos médicos que brillaron por sus conocimientos, sus habilidades, su dedicación y su verdadero sentido altruista.

 

Brasil los capacitó, no solo les dio la posibilidad de estudiar y superarse, sino que les exigió hacerlo. Según declaraciones de los propios médicos, especialistas y con maestrías en su mayoría, fueron obligados a hacer una especialización en medicina familiar como parte del contrato. ¿Por qué? ¿Acaso la Rousseff, en complicidad con sus aliados de la izquierda socialista, sabía de la decadencia de la formación profesional cubana?

Recordemos que el pasado año estuvimos al borde de una crisis cuando se anunció públicamente el regreso de cientos de médicos desde este país hacia Cuba, algo que se solucionó a través de la renovación del contrato en septiembre de 2016, con un  incremento del 10% del salario, aunque los galenos en realidad no llegan al 30% de los 11,500 reales brasileños (alrededor de $3,500).  

 

Pakistán aceptó el convenio de un megaproyecto mediante el cual miles de jóvenes estudiaran la carrera de medicina en Cuba; pero una vez graduados, no permitió que ejercieran directamente con sus títulos debidamente registrados y oficializados en Cuba. Han pasado ya más de dos años de la gigantesca graduación de estudiantes pakistaníes -por cierto, excelentes estudiantes y con mejores aptitudes y capacidades que los de la mayoría de los países latinoamericanos-, y aún están siendo sometidos a exámenes y pasantías para poder ejercer definitivamente con el sector estatal, pues es ley no permitir el ejercicio de la profesión a ningún médico graduado en otro país, según las declaraciones de varios médicos pakistaníes que accedieron a responder a mis inquietudes.

 

A modo de conclusión resumen, si es que podemos concluir

 

La colaboración representa para los médicos cubanos un paliativo desde el punto de vista económico. Es la posibilidad no solo de ganar un poco por encima de su pésimo salario en Cuba y adquirir algunos artículos de primera necesidad que en su país les resulta imposible, sino una opción para evadir su “misión” en Cuba, aunque al llegar a los países de destino se encuentran con un sistema de vigilancia y represión por parte de sus jefes y coordinadores de misión similar al de la isla caribeña. En estos lugares se continúa celebrando el 26 de julio, el cumpleaños del tirano Fidel Castro, el aniversario del triunfo de la revolución y cualquier otra desatinada “iniciativa” de los comités de base, de los núcleos del partido, y otras “organizaciones de masas” que extrapolaron su accionar desde la isla caribeña hacia cualquier sitio donde estén los “misioneros”, algo que me han confirmado no solo desde Brasil y Venezuela, sino desde sitios tan distantes como Guinea Ecuatorial, en las inmensidades del continente africano, donde “todo es muy reprimido”.  

 

Salir del encierro presupone la posibilidad de establecer vínculos, consolidar relaciones y preparar el terreno para posibles contratos de trabajo, ya no como colaboradores del gobierno cubano, sino por su cuenta, siempre que logren establecerse en algunos de estos países a través del abandono de su condición de colaborador, de matrimonios, u otras vías, o como la mayoría, que intenta llegar a Estados Unidos a través de las gestiones de embajadas y consulados del programa PAROLE. (En los últimos 10 años el gobierno de Estados Unidos procesó un total de 8,000 solicitudes del programa Cuban Medical Professional Parole).

 

Intencionalmente he dejado para el final las sabias palabras de un extraordinario médico, y ante todo, de un ser sincero que jamás pudo adaptarse a los trucos del régimen cubano. Desde España el Dr. Jorge Hernández Albernas nos dice: “Este otro tema, como casi todo en la vida, tiene la lectura de los ojos que leen, hay quienes piensan que es hora de acabar con esta práctica de esquirol que realizan los contratados por los gobiernos en nombre de una necesidad real. Hay quienes han hecho de la misión su forma de vida para sobrevivir. Está también el que escapó y eso se le convierte en competencia, en fin, el problema no es la misión, sino las necesidades. Las misiones surgen de una necesidad real, pero aprovechadas convenientemente por gobernantes, aún con la mejor de las intenciones. ¿Qué las perpetúan? La propia necesidad inicial, mal resuelta con ese parche, la ineficacia e ineficiencia de los gremios locales que les interesa, como en cualquier negocio, que existan necesidades. Del prestador, su situación es tan o más precaria que a quienes presta el servicio, desvalido con síndrome de Estocolmo -se refiere a la relación de complicidad que psicológicamente se establece entre víctima y victimario, fenómeno que se da sobre todo en casos de secuestro, pero es válido para otras circunstancias-, cree que escapa porque sobrevive ligeramente mejor que quien no sale de misión, encuentra que es su derecho entrometerse en asuntos particulares de otros países, cierto que ayuda, pero ¿a qué?

 

Y al propio tiempo se responde a sí mismo: “Esa es una buena pregunta, sin respuesta absoluta, como todas. Como quiera que sea yo le deseo lo mejor a mis compatriotas, empezando por la posibilidad que no se tenga que mendigar y hasta “perrear” una misión, que tengamos trabajo digno, bien remunerado, que importe el talento, la preparación el esfuerzo (aptitudes y actitudes) y no el partido político ni a quien se responde para estar en “la buena” y nos reparta una migaja en forma de misión, palmadita en la espalda o un gallardete de ganador de la emulación. En fin, el mar y suerte a todos con vuestras conciencias”.