Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos

Che Guevara. El posible fin de un forzado mito

 

La idolatría y la veneración han estado presentes y muy arraigadas en los sentimientos de los hombres desde tiempos muy antiguos y desde cualquier latitud. Las grandes marchas procesionales en las que miles de peregrinos se unen para adorar la imagen de alguien a quien consideran santo han estado presentes desde un lejano pasado que se nos pierde en la inmensidad de los tiempos, y aunque muchos no estén conformes con estas modalidades dentro de la religión, han de admitir que forman parte de la cultura de los pueblos, independientemente de su rol en el campo de la religión, no solo dentro del Cristianismo, la más cercana a nosotros por nuestras tradiciones, sino de la mayoría de las grandes religiones del mundo. 

 

Lamentablemente, también se adoró a ciertas personalidades que no han estado vinculadas a lo religioso. En este sentido, merece destacarse la atracción que los hombres han sentido hacia líderes, políticos, deportistas, artistas y escritores, a los que no solo pidieron el tradicional autógrafo, sino que han rendido culto -a modo de talismanes sagrados que, cual verdaderos fetiches, han colocado en  bien resguardados sitiales-  a prendas, accesorios, fotos, o cualquier otro objeto que supuestamente pudo haber pertenecido a dichas personalidades. 

 

Cuando estos hombres, devenidos en semidioses, o en alguna modalidad de difícil definición entre lo angélico y lo humano, es un personaje positivo, dadas sus virtudes y cualidades, no debe ser motivo de preocupación, y lejos de causar un impacto negativo en las multitudes puede servir como móvil para el descubrimiento de algunos de estos personajes a los que se les rinde culto. No obstante, cuando esa adoración se ofrece a seres que resultan ser verdaderos paradigmas de todas las antivirtudes humanas, entonces la idolatría ejerce una maléfica influencia sobre aquellos que, inspirados y dejados arrastrar por el fanatismo se unen de manera masiva en actos de adoración.

 

En este último caso se destaca sobremanera la siniestra figura de Ernesto Guevara de la Serna (1928-1967), quien representa la encarnación del mal y los poderes de las obscuras y tenebrosas tinieblas -lo que pudiera parecer a nuestros lectores algo novelesco que envuelvo en la ficción y el misterio para atrapar su atención, pero lejos de esta idea, lo que afirmo pudiera ser una realidad que añadiríamos al mito guevariano-; aunque las multitudes, en su ignorancia, no perciban su maleficencia en su real dimensión y transmuten su vil maldad en heroicos actos.

 

La más universal de sus fotos, en la que aparece con una boina negra mirando a lo lejos, tomada por el fotógrafo comunista cubano Alberto Díaz Korda (1928-2001), el 5 de marzo de 1960, cuando Guevara tenía treinta y un años, durante un entierro de las víctimas de la explosión de La Coubre -foto que en realidad no se conoció hasta pasados siete años, una vez que se supo de su muerte,  cuando el editor, político y activista comunista italiano Giangiacomo Feltrinelli (1926-1972) publicó el Diario del Che en Bolivia e imprimió la imagen en un gran póster-, nos da la posibilidad de adentrarnos en la especulación acerca de ese mundo maléfico y oscuro al que me he referido.

 

La boina tiene en su parte delantera y hacia su centro una estrella de cinco puntas; aunque de manera invertida. Este símbolo universal en su forma más conocida, o sea, como una estrella pentagonal con su punta hacia arriba, representa al hombre en su complejidad y en su real dimensión, desde el punto de vista físico, emocional, intelectual, intuicional y espiritual, con lo que se completan cinco aspectos, uno para cada punta, que representan los principios de acuerdo a la constitución del hombre; aunque las modalidades más recónditas o esotéricas hacen referencia a siete principios. Dicho símbolo ha sido importante para casi todas las culturas de la antigüedad y podemos encontrarlo tanto en Latinoamérica como en China, Grecia y Egipto. Ha sido hallado en cuevas del Neolítico, en dibujos babilonios y escrituras hebreas. Otras interpretaciones lo asocian a los cuatro elementos, y al espíritu puro. Las cuatro puntas a los lados representan cada uno de los cuatro elementos (Aire, Tierra, Fuego y Agua, de izquierda a derecha), y la punta superior es el Espíritu.

 

Pero la boina del Che en su famosa foto no tiene precisamente una estrella en su forma positiva, o en su lado bueno; sino que la invirtió para aproximarla a un Baphomet, el símbolo de Satán. Emblema que consta de tres elementos: la estrella pentagonal o pentagrama invertido, los símbolos gráficos colocados junto a cada una de las puntas y el rostro de un macho cabrío. Según el escritor y ocultista francés Stanislas de Guaita (1861-1897), cofundador de la Orden Cabalística de la Rosa-Cruz, el pentagrama invertido es un símbolo de inequidad, perdición y blasfemia, así como de la idolatría de la putrefacción. La Cabra Sabática o Baphomet  representa la predominancia de la carnalidad sobre el lado espiritual de las cosas.

 

En fin, que todo símbolo que se invierta representa la antítesis de su original, y se suele asociar a actos de maldad, de magia negra y de hechicería, en los que el derramamiento de la sangre, ya sea humana o animal, constituye un aspecto que encierra un significado maléfico, algo que debe tenerse en cuenta al analizar esa necesidad insaciable de asesinar por placer y por ver correr la sangre de sus víctimas tan arraigada en el Che Guevara. 

 

Por desgracia, Guevara de la Serna fue mitificado a pesar de su controversial trayectoria, y la historia, el destino, el karma, o lo que sea, quiso que trascendiera, por ya casi medio siglo, como el indomable guerrillero argentino capaz de “quemar la brisa con soles de primavera”, a pesar del elemento satánico de su boina, de sus cientos de asesinatos, de su excentricidad y de sus concepciones respecto al odio entre los hombres y a la utilidad de los fusilamientos masivos.  

 

Nacido en Rosario, Argentina, se vinculó en su juventud a la lucha insurreccional dirigida por Fidel Castro (1926-2016), quien competía con su maldad y su arrogancia con el entonces joven médico -profesión que jamás ejerció, y que hoy se pone en duda su veracidad. Recordemos que se ganó burlas como “sacamuelas” entre los barbudos de la Sierra ante su incapacidad y pocos aciertos como posible médico-. La asunción del poder por parte de Castro en 1959 colocó a Guevara en cierta posición privilegiada dentro de la alta cúpula de gobierno, llegando a ocupar importantes cargos de dirección en esferas con las que nada tenía que ver.

 

Adoptó la ciudadanía cubana -algo que carece de significado en sí, por cuanto, un documento que pudo haber sido falso, no es una muestra convincente de la verdadera nacionalidad de alguien, y por encima de esta condición de ciudadanía está su bochornosa trayectoria en Cuba. Téngase en cuenta que desempeñó varios altos cargos en la administración y Gobierno de Cuba, sobre todo en el área económica. Fue presidente del Banco Nacional, director del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y ministro de Industrias, además de sus funciones diplomáticas como enviado del gobierno cubano en diversas misiones internacionales.

 

De todas sus funciones y misiones en los primeros años del llamado proceso revolucionario cubano se destaca su cargo al frente de la Fortaleza de La Cabaña, en las cercanías del litoral habanero, sitio devenido en símbolo de los más atroces asesinatos, ya fueran ejecutados por él mismo, u ordenados. Con esta “responsabilidad” podía saciar sus ansias de sangre y su enfermizo instinto de asesinar por placer, lo que ha determinado que su espectral sombra sea percibida en la antigua fortaleza habanera por algunos psíquicos y videntes, o como diríamos de manera más moderna y científica, algunos sensibles a la percepción de fenómenos paranormales. Allí, esa afición que luego se convertiría en necesidad de matar por placer, adquirió matices inusitados, al extremo que sobresale dentro de su perfil psicológico como asesino serial.

 

Pero no voy a repetir, una vez más, lo que ya muchos han tratado. Dejemos a un lado su absurda teoría del hombre nuevo, sus propósitos de extender el comunismo por el mundo mediante focos guerrilleros por América, sus cientos de asesinatos en los años iniciales de la revolución cubana, su predicación sobre la necesidad de sembrar el odio entre los hombres, sus vulgaridades y falta de tacto resultantes de su indiferencia ante la posible educación recibida de sus padres, o las dudas acerca de la veracidad de su doctorado en medicina. Tratemos pues, el tema del mito guevariano, lo que ha sido el móvil esencial para esa idolatría sin igual y aquel desenfrenado culto que matizan su figura.    

 

La mitificación del Che a partir de su muerte. De modo paradójico, el temerario psicópata ha sido objeto de una veneración que lo convierten en una de las figuras más admiradas de la historia, algo que, nos guste o no, hemos de admitir. De ahí que lo mismo se pueda encontrar su rostro plasmado en un fino lienzo resultante de la inspiración de algún reconocido maestro de las artes plásticas, que alzado en enormes pedestales en plazas y parques que pretenden inmortalizar su figura a través del arte de esculpir la piedra o los misterios de trabajar el bronce, que en los sitios menos esperados de los recónditos Andes de Suramérica, en Alausí, la pintoresca ciudadela protegida por inmensas montañas y sumergida en la niebla, en la vieja pared que se resiste al tiempo y la prefieren decorar con su imagen guerrillera, al lado de Gandhi, en una municipalidad que se dispersa en el olvido suramericano, en las tiendas para turistas de las pomposas ciudades del continente americano, en la más remota librería, pero allí está, y lo peor, que su “enseñanza” se sigue editando y vendiendo en el continente que el mismo intentó esclavizar bajo la óptica del comunismo con su teoría del hombre nuevo.

 

Este desmedido culto se ha prolongado por casi medio siglo, si admitimos que comenzara con su muerte en suelo boliviano, en 1967. La mitificación de su figura comenzó tan pronto se supo de su captura y de su muerte, a la vez que se difundía la noticia. Una muerte que se encargaron de envolver en un misterio que jamás mereció, por cuanto se dice que murió como un cobarde, suplicando que no lo mataran porque era más útil entre los vivos -suponiendo que esta idea sea cierta y no forme también parte del mito guevariano-. De ser cierta esta más que trillada información, sería una reafirmación de una cobardía que de manera chocante se interpondría al naciente mito con el que se inmortalizara su imagen guerrillera, y el “caballero sin miedo y sin tacha” quedaría eclipsado ante el temor natural que los mortales experimentamos al saber que se acerca el fin de nuestra existencia.  

 

Muy pronto intelectuales de reconocido prestigio, aunque de orientación izquierdista, dedicaron sendas obras que lo evocaban. Mirtha Aguirre (1912-1980), la exquisita ensayista cubana, escribió una rara poesía, aunque de altos quilates desde el punto de vista literario, es decir, en su aspecto formal, lo que Martí llamó la esencia, y la grandeza de su obra no podemos negarla, independientemente de que fuera dedicada al controversial hombre que quiso inculcar el odio entre los humanos, aunque ya por aquellos tiempos se le calificaba como indomable e intrépido, en vez de criminal y psicópata.

 

La “Canción antigua al Che Guevara” de la polifacética escritora fue determinante -al menos en el mundo de la intelectualidad- para realzar la imagen de un hombre definido como “caballero, el más puro, caballero el mejor caballero”, “caballero gallardo”, “caballero del alba encendida”,  o “caballero el más fuerte”. Tal vez la estudiosa cubana se dejó arrastrar por ese ímpetu esnobista de una hidalguía femenina, lo que la llevó bien lejos en el arte de inmortalizar a través de la palabra escrita.

 

La emotividad de aquellos duros años -lamentablemente olvidados por muchos y poco recordados por otros-, tiempos de consignas comunistas por doquier, de fracasadas zafras azucareras, de persecuciones y exaltaciones, de múltiples reveses que se convertían por la fuerza en supuestas victorias, ejercieron su impronta en la autora de “Presencia Interior”,  quien quiso plasmar en sus versos la idea del hombre que, “con la espada aclarando camino al futuro” se apoderaba de los sentimientos de los hombres de una nación que no le pertenecía.

 

Pero la elocuente intelectual guevariana se refirió además a lo oscuro en el Che Guevara, algo que no hiciera premeditadamente; pero que sí nos deja la posibilidad de especular sobre su lado sombrío desde la poesía. El verso: “encendiendo el hachón guerrillero, en lo oscuro, señora, en lo oscuro”, es definitorio para adentrarnos en el tenebroso mundo interior del vil guerrillero. “Era un personaje muy oscuro, nada que ver con el ser mítico que nos ha dibujado la Historia”, ha declarado recientemente el investigador y escritor español J.J. Benítez.

 

Es justamente la oscuridad vista más allá de la literalidad de la letra, esto es, oscuridad analizada como ausencia de luz, como tenebrosas tinieblas, lo que caracteriza a la maleficencia de Ernesto Guevara, cuyo mundo interno pleno de contrariedades, de ambiciones, de odios, de rencores, de sentimientos de venganza, y de perversidad llevada a su máxima expresión, lo llevarían a matar por el simple hecho de hacerlo para la satisfacción de su maldad, y de aquella necesidad insaciable de sangre que una vez confesó estando en las maniguas cubanas.

 

Otro escritor cubano, Nicolás Guillén (1902-1989), le dedicó varias obras, de las que sobresale por su universalidad, la titulada “Che Comandante” -poema escrito en 1967, una vez que se conoció su muerte, y que el propio Guillén estrenara en su voz en la velada que se le dedicara- al guerrillero, la que al igual que la obra de la Aguirre, contribuiría a engrandecer esa enfermiza adoración a la que hago referencia. “Un caballo de fuego sostiene tu escultura guerrillera entre el viento y las nubes de la Sierra”, expresó el inspirado poeta comunista, y luego enfatizó: “no por callado eres silencio”, lo que hizo con visión profética, por cuanto, su muerte -con la que se pensó pudiera estar “callado”, silenciado para siempre, y sepultado por la eternidad-, no fue sino el punto de partida para esa inexplicable veneración que ocupa el centro de este análisis.

 

Desde entonces su figura adquirió un carácter universal. La emblemática foto de Korda recorrería el mundo entero y la llegarían a considerar la foto del siglo XX; todo lo que dijo o escribió fue convertido rápidamente en documentos literarios, con lo que se convertía en el escritor que jamás fue, en el economista que no tuvo idea de la economía de un país, o en el ser ejemplar que nunca existió. Guillén continuaría desde la isla caribeña difundiendo en su propia voz -realmente ha sido el mejor intérprete de su propia obra, que además de la temática política por la que se fanatizó, incluye una extraordinaria parte dedicada a la temática amorosa- sus obras dedicadas al Che; los compositores clásicos le dedicarían cantatas y obras sinfónicas. Años más tarde los trovadores Pablo Milanés y Vicente Feliú -por esos tiempos muy jóvenes aún- entregarían obras como “Si el poeta eres tú ( ¿Qué puedo yo cantarte Comandante?” y “Una canción necesaria”, que han dado la vuelta al mundo, hasta llegar a la obra de mayor universalidad que se dedicara a su memoria, “Hasta siempre comandante”, del compositor cubano Carlos Puebla, obra que cuenta ya con más de doscientas versiones, incluidas la de la extraordinaria contralto griega María Farantoúri, o la versión polaca de Strachy Na Lachy, titulada “List Do Che”.           

 

Así las cosas, desde Cuba, la nación caribeña cuyo gobierno dictatorial lo acogió en su seno inicialmente, aunque más tarde lo enviara a las entrañas de una segura muerte, se fue conformando una rara atmósfera que envolvía a un simple mortal con bríos guerrilleros y acciones de apariencia quijotesca -su lado oscuro fue sepultado a ex professo con su muerte- en una aureola de misterio de difícil definición entre lo divino y lo sobrehumano, entre lo místico y lo mítico, entre lo verdadero y lo irreal; pero de cualquier modo, siempre desde la óptica de una injustificada hiperexaltación premeditada para atenuar un tanto aquellas murmuraciones, que en torno a la polémica de las contradicciones entre Fidel Castro y el Che, ya adquirían ciertas dimensiones más allá de los estrechos círculos de la élite de los magnates del régimen.  

 

El posible fin de un forzado mito. El cincuentenario de su muerte nos trae buenas nuevas que pudieran ser definitorias para lograr un viraje radical que pueda convertir ese desmedido culto e idolatría en un total rechazo. A partir de una serie de investigaciones muy serias en torno a la figura del Che, las que incluyen trabajos históricos, políticos, sociológicos y antropológicos, saldrá al mundo con la fuerza necesaria la verdadera imagen del maniático asesino.

 

En Rosario, Argentina, su lugar de nacimiento, se recolectan firmas -ya han sobrepasado las seis mil- como parte del proyecto de la Fundación Internacional Bases para eliminar los monumentos y homenajes al Che, lo que constituye un símbolo del merecido rechazo que merece. Los homenajes al Che que pretenden removerse incluyen una estatua, una placa en su casa natal, un mural junto a un espacio cultural en la Plaza de la Cooperación, un recorrido turístico en su honor, la supresión de su nombre de una parte de la autopista Rosario-Córdoba, en el centro del país, así como una plaza y un Centro de Estudios Latinoamericanos municipales. De igual forma, se han pronunciado en contra del anuncio de una estampilla conmemorativa por parte del gobierno nacional, y el nombramiento en su honor del aula magna de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario.

 

Los moradores de Rosario no lo quieren ver perpetuado, ya sea a través de la escultura, la imagen alegórica, o cualquier otro símbolo que evoque su figura,  algo que marca el inicio de una serie de acciones que tendrán lugar en el mundo para poner freno al culto al Che, como universalmente se le conoce, al extremo de haberse asociado el término con la imagen del revoltoso líder argentino. 

 

No existe consenso respecto al origen rioplatense del término che. Hace poco un amigo uruguayo -cuya cultura es admirable, y por lo tanto, escuché con interés su hipótesis sobre el sobrenombre del guerrillero argentino- me contaba acerca de su uso en algunos lugares de Suramérica, y de su posible origen en el guaraní. Todo parece indicar que es justamente en este idioma de los nativos de las comunidades indígenas de Paraguay, el guaraní hablado del Noreste argentino, donde tiene su origen. En estos lugares puede ser pronombre personal (yo) o posesivo (mi) de primera persona del singular; aunque también es común que la palabra se encuentra en el idioma quechua en la sierra norte del Perú (Ancash) y en parte del Ecuador, usado como interjección de atención equivalente a ¡oye!

 

De cualquier forma ha pasado al español, al valenciano, al portugués brasileño, y hasta en mapudungun o idioma mapuche, donde su significado es diferente, y se le asocia a persona, gente, y forma parte de muchos gentilicios de la región, aunque a diferencia de  otros lugares, no tiene un uso especialmente vocativo o expresivo; y hasta los estudiosos del idioma italiano han afirmado que el Che rioplatense es de origen veneciano a partir del término ció, que se pronuncia en español como chó. Esta interjección se usa para llamar a una persona, o atraer su atención, o incluso detenerla, y también en caso de sorpresa o asombro. Por consiguiente, en todos esos sentidos, equivale a la interjección "¡Hombre!" que es común en la generalidad de las regiones de España.

 

Se utiliza en Argentina, Paraguay, Uruguay -donde nuestro amigo nos pudo dar el testimonio de su arraigo-, y sur de Bolivia, https://es.wikipedia.org/wiki/Che - cite_note-7, en una variante del portugués brasileño hablada en Río Grande del Sur, así como también en España, particularmente en la Comunidad Valenciana y zonas limítrofes, pero también al norte del país, pues en Galicia es usado ampliamente en la zona de la Costa de la Muerte, de La Coruña. En los países de Latinoamérica se utiliza para detener o pedir la atención a alguien o para denotar asombro o sorpresa; pero específicamente en  Argentina, el uso de la expresión denota confianza y es utilizada para lograr enfatizar algo. En nuestros días, lamentablemente, decir Che constituye una evocación inmediata al mítico guerrillero, con lo que el verdadero sentido del término ha quedado relegado a un segundo plano para ceder su protagonismo al venerado hombre argentino.

 

"Hice en mi vida cosas más importantes que capturar al Che Guevara". Como preámbulo al cincuentenario de su muerte, en junio del presente año, la Agencia EFE publicó las declaraciones del general retirado boliviano Gary Prado Salmón, quien en octubre de 1967 tuvo la dicha de capturar al Che Guevara. Según afirmó el exmilitar, fueron los más altos dirigentes del partido comunista de Cuba los encargados de enviar a Guevara "a morir a Bolivia" porque ya no lo toleraban.

 

En el prólogo de la nueva edición de su libro La Guerrilla Inmolada -ha tenido tres ediciones en Bolivia, una en Argentina, dos en España, una en EE.UU. y una en Italia-, obra que analiza el fracaso del Che con el grupo guerrillero que comandó hace casi medio siglo, sostiene la idea de que los altos mandatarios cubanos fueron los responsables del fracaso de la guerrilla y de la muerte del Che. "Después de tantos años lo que se ha desentrañado es que finalmente al Che lo mandaron a morir aquí. Se libraron de él. Esa es la realidad. (Fidel) Castro se libró de él. No tanto porque él quería, sino porque la cúpula del partido comunista cubano ya no lo toleraba por su carácter y su forma de ser impulsiva", declaró el militar retirado Prado Salmón.

 

Hace justamente cincuenta años, siendo un joven capitán, Prado Salmón dirigió el 8 de octubre de 1967 la patrulla que en la quebrada del Churo, en el sureste de Bolivia, capturó herido al Che y lo entregó a sus superiores, los que al día siguiente definieron su ejecución en una choza que funcionaba como escuela en la villa vecina de La Higuera.

 

Prado Salmón, adelantándose a la cuarta edición que tendrá en Bolivia el libro de su autoría, La Guerrilla Inmolada, en el cual narra los principales acontecimientos de la experiencia guerrillera, destaca la importancia para el destino de Guevara de que Fidel Castro hiciera pública la famosa carta de su despedida cuando el revoltoso se encontraba en el Congo, dirigiendo otro grupo de guerrilleros que fracasó de forma rotunda. Según su opinión, el dictador Fidel Castro hizo una "jugada maestra" porque con la publicación de esa carta, en la que el Che renuncia a sus responsabilidades con Cuba, le "cierra la puerta" a su retorno.

 

De igual modo destacó que uno de los combatientes de Guevara en Bolivia, Dariel Alarcón Ramírez, conocido como "Benigno", se refirió a una supuesta traición de Fidel Castro al Che. "Benigno decía que al Che le dio un ataque de furia cuando se enteró de la publicación de la carta porque esa carta era para el caso de que sea capturado o muerto, con la intención de salvar la responsabilidad oficial cubana en el Congo”.

 

El militar explica en su texto que la guerrilla en territorio boliviano no tenía sentido, por cuanto estaba debilitada y sin un objetivo definido, ni un propósito firme a seguir, lo que narra en el contexto de aquellos últimos días en los que  hubo cuestionamientos por la conducción y la marcha de la columna sin un objetivo claro.

 

Dudas sobre la autenticidad de los restos del Che. El simulacro del régimen cubano en torno al rescate de los restos de Guevara y su sepultura definitiva en un rimbombante mausoleo de la ciudad de Santa Clara, en el centro de Cuba, encuentra su justificación en relación con la hipótesis del militar boliviano Gary Prado Salmón. Aislarlo del mundo y dejarlo abandonado en intrincados parajes de suelo boliviano, para luego de casi treinta años asumir sus posibles restos y traerlos a suelo cubano, encontraría pues, una compensación que atenuaría los comentarios y especulaciones sobre la posible traición del dictador Fidel Castro, o de un complot encabezado por los más altos líderes comunistas cubanos para “quitarse de arriba” al despreciado y poco aseado -tenía como apodo Chancho, el nombre que en varios países de América se utiliza para nombrar al cerdo, conocido en Cuba como puerco, término que al ser usado de manera despectiva en un humano significa sucio, cochino, asqueroso, etc.- político argentino-cubano.

 

Por otra parte, la presencia de sus restos mortales en aquel sitio, donde su mito se fortaleció a partir de la famosa batalla de Santa Clara, serviría para perpetuar aquel culto que ya tenía dimensiones colosales para cuando se depositaron en el monumental mausoleo edificado en su nombre. Recordemos que Guevara fue enterrado con todos los honores militares el 17 de octubre de 1997, toda vez que sus supuestos restos exhumados fueron descubiertos en Bolivia y devueltos a Cuba. En el lugar existe una "llama eterna" encendida por el tirano Fidel Castro en su memoria, tal vez a modo de símbolo de un arrepentimiento por lo que hizo, si es que en seres como Castro  -algo que pongo en duda-, fuera posible esta actitud.

 

Ahora los seguidores del “Mesías Americano” acudirían a rendir tributo al “caballero ya inerte, caballero ya inmóvil y andante”, algo que el régimen de La Habana hizo de manera premeditada y con alevosía. Miles de turistas de todas partes del mundo, en los que sigue ejerciendo su maléfico efecto, se darían cita para adorarle. Rockeros, raperos, reguetoneros, iletrados, delincuentes y marginados, fanáticos y comunistas, filósofos y hombres de ciencia, poetas y trovadores, literatos y empresarios, de manera inexplicable -tal vez el concepto de la directora ejecutiva de Archivo Cuba: Proyecto de Verdad y Memoria, María C. Werlau, quien ha definido al Che Guevara como “la figura emblemática de la mitológica ‘elegancia revolucionaria’ y el ícono por excelencia de la cultura de masas”, pueda explicarnos, en cierta medida, el fenómeno de la idolatría guevariana-, lo han seguido venerando, cual Avatâra de estos convulsos tiempos. Pero los visitantes no solo se encargarían de continuar difundiendo aquella parte visible y perceptible -solo la que conviene a los comunistas cubanos- de su historia, sino que dejarían sus honorarios para engrosar las arcas de los mandatarios de una nación que lo hizo suyo, aunque luego lo enviaran a la muerte.

 

Las investigaciones acerca del verdadero paradero de los restos del Che darían un vuelco rotundo a la historia, no solo del propio asesino, sino de la nación cubana, cuyo gobierno en total descrédito ante la comunidad internacional agregaría otra derrota si se llegara a demostrar la falsedad de lo que han considerado sus restos. Las pruebas de ADN, que el régimen cubano afirmó haber realizado, no son confiables, y ante el habitual secretismo de la dictadura cubana no sabemos si en realidad fueron hechas o no, amén de no poder saber en realidad el resultado de dichos exámenes. 

 

Profesionales forenses cubanos aseguraron que practicaron pruebas de ADN a sus restos cuando fueron enviados a la Isla, en 1997. El médico forense Jorge González, jefe de la expedición cubana que trabajó en Bolivia entre 1995 y 1997 para encontrar los restos de Guevara, precisó que la investigación a través de pruebas de ADN se realizó inmediatamente después del regreso a Cuba, esto es, entre julio y octubre de 1997. El investigador precisó que los exámenes no fueron hechos con el objetivo de establecer la identidad de los restos del Che, por cuanto, según el criterio de varios expertos, ya se tenía la seguridad de la autenticidad de sus restos; no obstante, se hicieron para comprobar la validez del método en los cadáveres de otros miembros del grupo del Che en Bolivia de los que había menos información. "Era necesario tener la certeza que los métodos diagnósticos (...) de que los métodos empleados por nosotros eran de certeza", algo que no resulta confiable, toda vez que los investigadores responden a la arbitraria política cubana.

 

Los análisis pudieran dar luz sobre un escabroso asunto, siempre que se hagan con rigor profesional y acorde a los principios éticos de la investigación científica. No obstante, todos sabemos que la dictadura comunista de la isla dispone de todo y de todos, y puede ocultar, difundir, adulterar, promover o eliminar a su capricho, y los resultados de unas pruebas de identidad legal no están excluidos de sus fechorías.  

 

En la investigación del periodista y escritor español Juan José Benítez (1946), que sale a la luz 50 años después de la muerte de Ernesto Guevara, argumenta que los restos de Ernesto Guevara continúan enterrados en Bolivia, según él,  repartidos en cuatro lugares diferentes del recinto de un batallón Pando en Villagrande, al sudeste de Bolivia. Su libro "Tengo a papá", de la editorial Planeta, colección Biblioteca J.J. Benítez  -obra “desmitificadora que nos descubrirá quién ordenó matar al Che, cuál era su cara oculta o cuál es el verdadero paradero de su cuerpo, entre muchos otros misterios alrededor de su figura”-, es el fruto de investigaciones de más de seis años en torno a las últimas horas que precedieron a la muerte del guerrillero comunista. Según Benítez, la historia ofrecida al mundo ha sido completamente desvirtuada al no coincidir con los resultados de su investigación.

 

De cualquier modo, lo que nos cuenta J.J. Benítez, dejando a un lado la pasión para poner el rigor investigativo, y el hecho de poner en evidencia las afirmaciones de la dictadura cubana respecto a la veracidad de los restos del Che, hemos de analizarlo detenidamente, por cuanto se le ha señalado con frecuencia el poco rigor de sus investigaciones, las que obvian el método científico, por lo que no son confiables y están sujetas a errores. Igualmente se le ha criticado porque en sus “investigaciones” muchas veces no se ofrece la fuente, lo que ha llevado a afirmar a algunos críticos de su obra que dicha fuente en realidad no existe, amén de su preferencia por el tema OVNI, y las dudas respecto a lo que en realidad se esconde tras dichos fenómenos, muchas veces tergiversados por la fantasía y la imaginación de pseudoinvestigadores.

 

No obstante, el escritor ha declarado en entrevistas publicadas en los últimos días que la investigación parte del testimonio de un exagente de la CIA con el que se entrevistó en Estados Unidos en 2011, alguien que fue testigo "de excepción" de la muerte del Che. Además se basa en los diarios de uno de los guerrilleros que acompañó al Che desde Cuba hasta su muerte y de uno de los oficiales del ejército boliviano que participó en su captura, quien relata cómo tras ser apresado y ejecutado por el ejército de Bolivia, el Alto Mando de las Fuerzas Armadas ordenó que el cuerpo del Che, tras ser exhibido y practicarle la autopsia, fuera incinerado para que sus cenizas fueran enterradas en un lugar secreto; pero el maldito cadáver se resistió al fuego,  por lo que fue mutilado en cuatro partes que se enterraron cada una en un lugar diferente en el recinto del batallón. 

 

Benítez aseveró que los servicios de inteligencia militar y el Alto Mando guardan las fotografías realizadas y las coordenadas geográficas de los emplazamientos. De igual modo afirmó que lo que cuenta en el libro está basado en testimonios recogidos en sus viajes a Bolivia, Cuba, Estados Unidos y Argentina, y que no se ha tomado en esta ocasión licencias literarias.

 

Estreno en Cuba de una obra musical dedicada al Che. Mientras en el mundo se intenta desmitificar al siniestro asesino mostrando su verdadero rostro, y en su ciudad natal tiene lugar una gran campaña para la eliminación de cualquier monumento que pueda evocar su figura, en Cuba, el  2 de septiembre de 2017, en la sala principal del Gran Teatro de La Habana, tuvo lugar el estreno mundial de la cantata -y no de una ópera como todos los medios han repetido de manera errónea- “Che”, del reconocido compositor italiano Berardo Mariani, músico de reconocida trayectoria, que incluye numerosas condecoraciones y premios, incluido el de Música en los Jardines de Europa, del año 2000, con su obra “Ein Freund aus Ferne”, y una carrera con decoro, tanto en Italia como internacionalmente.

 

La obra está estructurada en once episodios, en los que se entrelazan fragmentos de textos del Che con extractos de enseñanzas de José Martí (1853-1895). Si bien el estreno de una obra musical dedicada a semejante personaje es per se una ofensa a la humanidad, la inclusión de textos pertenecientes a José Martí constituye una verdadera burla al más genuino y colosal de los cubanos, quien merecidamente se ganó el calificativo de Apóstol, al igual que los primeros seguidores del Cristo, alguien que no tiene absolutamente nada que ver con la revolución cubana de 1959, con el régimen dictatorial de los Castro, y mucho menos con el Che Guevara. De modo que no logro comprender cómo fue posible integrar el pensamiento puro y noble del hombre que se inmolara en Dos Ríos, que por derecho es el más genuino de los cubanos de todos los tiempos, y que la poetisa y pedagoga chilena Gabriela Mistral (1889-1957) lo definiera como el hombre más puro de la raza, con el pésimo legado que dejara el maléfico argentino.

 

Esta obra recién estrenada es un ejemplo más que convincente de aquel intento por continuar perpetuando la fantasmal imagen de Guevara a pesar del viraje rotundo que experimenta el resto del mundo respecto a la verdadera cara del guerrillero. Por suerte, la obra pasará “sin penas ni glorias”, y tal vez, jamás vuelva a ser ejecutada en ningún sitio del mundo, quedando solo como uno de esos tantos remanentes descabellados en torno al mito guevariano.

 

El polémico tema de las cifras de los asesinatos, ya sean los que cometió de manera directa tratando de satisfacer sus ansias de ver la sangre derramada, los que ordenara  ejecutar, dado su cargo al frente de La Cabaña o de su rango militar en la Sierra Maestra, así como todos aquellos en los que de una u otra forma ha estado involucrado a partir de cierta dosis de responsabilidad -los que murieron recluidos, los que se suicidaron inmersos en la depresión causada por el ostracismo y los que murieron en la lucha contra la naciente revolución cubana, principalmente en las montañas del Escambray, al centro de Cuba- ha sido tratado de manera reiterada, sin que se tenga en sí un consenso acerca de la exactitud de sus crímenes, lo que, tal vez, esté en relación con el extraordinario número de víctimas del guevarismo y el desorden de aquellos tiempos, en los que se fusilaba, muchas veces sin juicio previo, sin causa establecida, y sin control estricto de los hechos.

 

Esto ha originado grandes diferencias en las múltiples referencias que se pueden consultar en relación con el tema. Los últimos datos presentados en PanAm Post, Noticias y análisis de las Américas, por el periodista argentino Marcelo Duclos (Buenos Aires, 1981), con una maestría en Ciencias Políticas y Economía, quien los asume de las declaraciones de la Fundación Internacional Bases en su campaña por eliminar monumentos y cualquier obra o elemento que haga alusión a la figura de aquel a quien consideran "un asesino del comunismo", ofrecen la perspectiva de un amplio número de víctimas que no limitan a sus asesinatos, sino que incluyen aquellos casos que de manera indirecta sufrieron los embates del comunismo guevariano. “El guevarismo en Cuba ha dejado 10.723 personas asesinadas por el régimen comunista, 78 mil muertos intentando escapar de la isla, 14 mil fallecidos en las intervenciones militares en el extranjero, 5.300 que murieron en la rebelión de Escambray (mayoritariamente campesinos y niños), persecución a intelectuales, homosexuales y disidentes”, se destaca en PanAm Post, (Marcelo Duclos, 2 de agosto de 2017).

 

Sería interesante que el compositor italiano llegara a interiorizar estos hechos, o pudiera penetrar en la palabra del asesino argentino. Tal vez pudiera incorporar a su cantata, como parte de los episodios en que está estructurada la partitura, algunos dedicados a los fusilamientos en La Cabaña, o utilizar como base para ser musicalizados y cantados por barítonos y bajos, extractos de sus discursos a la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina, en el que expresó:  “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal", o  en su famosa intervención ante la ONU,  en 1964, cuando dijo: “fusilamientos, si, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario (...) nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida (...) en esas condiciones nosotros vivimos por la imposición del imperialismo norteamericano."

 

He tratado de no ser reiterativo, ni de asumir ideas y conceptos demasiado tratados; pero resulta imposible tratar el tema del mito en torno al Che Guevara, y su absurda veneración, omitiendo la célebre frase que, cual ordinario mantra, han de repetir los niños cubanos adoctrinados por el régimen castrista a partir de los cinco años en que comienzan la enseñanza primaria, hasta los doce años en que la deben concluir. La sentencia ¡Pioneros por el comunismo!, que debe pronunciar de manera enérgica el líder estudiantil de cada centro escolar, constituye una de las más graves ofensas a aquellos que no quieren que sus hijos sean educados bajo las garras del comunismo. No obstante, han de resignarse a aceptar lo que el destino les deparó, por cuanto no tienen la posibilidad de acudir a otra modalidad de enseñanza, toda vez que en Cuba la educación está bajo el control estricto del gobierno castrista, y lo peor, es que las multitudes de niños sin saber lo que es el comunismo, y sin tener idea de la perversidad del llamado guerrillero heroico, han de repetir al unísono la espantosa frase: ¡Seremos como el Che!, lo que equivale a decir, ser delincuente, sucio, indeseable, prepotente, autosuficiente, farsante, psicópata y asesino.

 

Hacer perdurar lo imperdurable es el propósito de sus defensores, quienes le siguen ciegamente. Un puñado de comunistas recalcitrantes y fanáticos, que aún creen en la sombra fantasmal de aquel que con “hachón guerrillero” sigue haciendo el mal desde las tenebrosas  profundidades abismales, “en lo oscuro, señora, en lo oscuro”, cautivando a jovenzuelos latinoamericanos necesitados de aventuras, que envueltos en la histérica oleada de los que aun, conociendo de su serie secuencial de crímenes, prefieren creer que las calumnias persiguen a los “héroes”.