Cubanálisis El Think-Tank

 ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                                                                                          Dr. José Azel

RIESGOS DE UNA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA EN CUBA 

 

José Azel

 

Traducción por Eugenio Yáñez del documento original en idioma inglés "HOW to Think About Change in Cuba: A Guide for Policymakers", que se publica en esta misma edición de Cubanálisis-El Think-Tank

 

Introducción

 

Los esfuerzos para abordar preguntas políticas complejas se guían frecuentemente por la ideología o un conjunto de convicciones o creencias preconcebidas. Así, analistas y quienes trazan políticas se sienten tentados a menudo a saltar directamente a ofrecer respuestas o soluciones a dilemas políticos sin haber tenido oportunidad de pensar rigurosamente sobre el asunto en cuestión. Habiendo seleccionado como título de este ensayo “Como pensar sobre el cambio en Cuba: una guía para quienes trazan políticas”, busco ofrecer no una solución como tal, sino una “hoja de ruta” metodológica para analizar cuestiones políticas. 

 

Cuando se consideran asuntos políticos con muchas aristas se debe distinguir entre conocimiento y creencias para evitar indeseadas etapas de interferencia. Si esta distinción no se hace se corre el peligro de proponer cursos de acción aparentemente basados en el conocimiento cuando en realidad se basan en un conjunto de creencias. No se trata de que resulten admisibles solamente los profundísimos esfuerzos analíticos, sino de que es esencial la voluntad de evaluar cada uno de los razonamientos más allá de reafirmaciones de posiciones políticas: esta es una obligación científico-metodológica de quienes trazan políticas.

 

Después de casi cincuenta años bajo el orden totalitario y un sistema de economía centralizada, el futuro de Cuba es más bien un espinoso y complicado tópico político, conformado con más convicciones que conocimientos. Desde el ascenso oficial de Raúl Castro al poder en febrero del 2008 el gobierno cubano ha anunciado diversos cambios en el modelo económico del país. Cada cambio ha hecho crecer muchas especulaciones sobre lo que vendría después. Esto, a su vez, plantea preguntas sobre como los diferentes interesados deberían responder a esos cambios que Raúl Castro está introduciendo en Cuba.

 

Para los cubanos que viven en la Isla y el exilio, para el gobierno de EEUU y para la comunidad internacional la pregunta de cómo responder es de importancia capital. Sin embargo, tal pregunta se aborda en términos técnicos por los académicos, ideológicos por los políticos, emocionalmente por algunos y con indiferencia por otros. Naturalmente, entonces las posiciones políticas y recomendaciones difieren ampliamente y son a veces contradictorias. El discurso destaca las dificultades al pensar y hablar sobre cuestiones como el embargo de EEUU y su relevancia y función en el entorno actual.

 

De manera similar, desde el colapso de la Unión Soviética se ha desarrollado un movimiento analítico sobre cual es la mejor forma de transición del comunismo y la economía centralmente planificada a la democracia y un sistema basado en la economía de mercado. Las transiciones en el antiguo bloque de países socialistas han sido profundamente estudiadas, así como los experimentos con reformas económicas en China y Vietnam. Y aunque esas experiencias acumulan enseñanzas para Cuba, no son .por razones culturales, históricas, geográficas y muchas más- directa e indiscriminadamente aplicables al futuro de Cuba. Por tanto, la primera tarea es pensar como pensar en un futuro probable para Cuba.

 

Metodología

 

Un punto de partida se basa en tres simples preguntas tomadas de la literatura sobre planificación estratégica. Para comenzar cualquier ejercicio de planificación estratégica el estratega necesita preguntarse: ¿Dónde estamos? ¿A dónde queremos ir? ¿Cuál es la mejor manera de llegar allí? Solo entonces, tras la identificación de los posibles caminos han sido identificados, se puede seleccionar uno de ellos. En el caso de Cuba, en términos  sociopolíticos y económicos, las preguntas relevantes son: ¿Dónde está Cuba hoy?, ¿Hacia dónde debería dirigirse? ¿Qué políticas deben adoptar los diferentes interesados para llegar allí? A los efectos del presente ensayo, podemos considerar las dos primeras preguntas como definidas. La Historia, Sociología, Economía y otras ciencias sociales pueden contribuir bastante a responderlas, pero nuestro objetivo fundamental es la tercera.

 

Es bien conocido dónde Cuba está hoy: su situación político-económica y social. Cincuenta años de políticas económicas fracasadas e ingeniería social han dejado al país en un completo desorden. El continuo bombardeo del marxismo-leninismo ha cobrado su precio. Aislados del mundo y con un sistema de partido único, los cubanos de hoy no tienen un amplio sentido de cultura democrática en una moderna sociedad pluralista. 

 

Para la segunda pregunta consideraremos que la democracia y una economía basada en el mercado son las respuestas a ¿dónde queremos ir? Es imprescindible tener una visión precisa y sin ambigüedad del objetivo final a ser logrado para poder evaluar posibles vías hacia esa meta. Estipulando que Cuba “debe ir” a reunirse con naciones democráticas basadas en la economía de mercado, estamos en efecto demandando a todos los interesados que formulen y apoyen solamente las políticas que puede esperarse razonablemente que conduzcan a ese objetivo. Por el contrario, quedan excluidas aquellas políticas que no pretendan llevar al país al objetivo definido de libertad, democracia y economías de mercado.

 

A manera de ejemplo, consideremos una política alternativa cuya meta sea  mejorar la economía cubana y el bienestar material de la población. En sí misma es una meta positiva que muchos interesados de buena voluntad podrían abrazar. Si este es el “destino” seleccionado, entonces políticas tales como el embargo de EEUU resultan anacrónicas y contraproducentes. Aún cuando son las fracasadas políticas cubanas, y no el embargo norteamericano, la causa fundamental de la miseria económica cubana, el levantamiento del embargo ayudaría de alguna manera a la economía del país. También, por supuesto, daría recursos financieros adicionales al gobierno cubano, pero esto no tiene importancia si la meta se limita a mejorar algo la economía cubana y el bienestar material de su población.

 

Por definición, este ensayo considera las mejorías en la economía cubana como una condición absolutamente necesaria, pero insuficiente. Es decir, el principio rector para este enfoque sobre “Como pensar en…” es una Cuba libre, democrática y de economía de mercado. Decidir estrechar la definición de políticas a solamente la mejoría en la economía cubana, o, como se plantea aquí en términos más amplios, a promover una Cuba libre y democrática, es claramente una cuestión normativa de carácter subjetivo.  Los méritos relativos de ambos objetivos diferentes se contemplan solo tangencialmente en este trabajo. Y se debe enfatizar, además, que esta objeción a definir los objetivos solo en términos económicos no es una decisión insensible desde las comodidades de poder vivir una vida plena fuera de Cuba: es una propuesta basada en las expectativas de libertad propias de los pueblos en cualquier parte del mundo.

 

Este ensayo considerará primero la tesis de “las reformas económicas llevarán a la democracia”, y después le opondrá una construcción lógica opuesta, la tesis de “la libertad como condición necesaria de genuinas reformas”. Posteriormente se presentarán criterios sobre los resultados más probables de reformas económicas en la Isla sin que existan derechos políticos y libertades civiles. Y se concluirá con algunas opciones políticas consistentes con las premisas fundamentales de ambos enfoques.

 

La tesis de “las reformas económicas llevarán a la democracia”

 

Un potencial objetivo independiente, pero relacionado, sería uno en el cual la mejoría de la economía cubana y el bienestar material de su población fueran presentados no como un fin en sí mismo, sino como una etapa en un proceso que eventualmente llevaría a una Cuba libre y democrática. Pero ¿tenemos conocimiento empírico para apoyar este punto de vista, o es simplemente una convicción? Para considerar algo como conocimiento debe ser una verdad comprobada. La hipótesis de que la mejoría económica ex ante las reformas democráticas es una vía legítima hacia la libertad puede resultar una falacia como la del huevo y la gallina, donde se invierten las relaciones de causa-efecto.

 

Intuitivamente, la tesis de que mejoras en la economía guiarían al objetivo final de un Estado democrático parece contener expectativas razonables. De hecho, se basa teóricamente en el pensamiento “maslowiano” [1] . De acuerdo a Abraham Maslow, en la medida que satisfacemos nuestras necesidades básicas de seguridad y sicológicas buscamos satisfacer otras necesidades de un nivel más elevado. Así, según este argumento, una vez que la población cubana comience a mejorar su standard de vida demandará cambios económicos adicionales que llevarían a demandas por cambios políticos y la satisfacción de necesidades aún más elevadas en la jerarquía de la escala de Maslow, hasta lo que él denomina como un proceso de “auto-actualización”.

 

Sin embargo, hay que destacar que algunos investigadores no han encontrado demasiada evidencia para la estructura jerárquica de las necesidades propuesta por Maslow. Y otros señalan que las necesidades humanas fundamentales no son jerárquicas sino universales y ontológicas, es decir, son estáticas en su naturaleza y resultan, simplemente, una condición de todo ser humano [2].

 

Se puede mantener determinada curiosidad residual sobre este tema, pero el principio fundamental de este enfoque es que los cambios en la esfera económica llevarían a los cambios en la esfera política. La conclusión política que se deriva es que todos los interesados deberían apoyar cambios económicos en Cuba aún en ausencia de cambios políticos una vez se esté seguro de que vendrán posteriormente.

 

Quienes abrazan este enfoque a menudo señalan a China y Vietnam como dos países que adoptaron, aunque selectivamente, una economía de Mercado. Se señala que esos países han logrado significativo crecimiento económico y que sus pueblos son evidentemente más prósperos. En este sentido es correcto; pero el argumento comienza a fallar cuando miramos a los esperados y pronosticados cambios hacia la democracia. Es discutible si la democracia vendría después, pero es legítimo preguntar: ¿cuándo? ¿Y hay algún apoyo empírico para demostrar ese criterio?

 

En contraste con China y Vietnam, como se vio antes, otros países ex-comunistas siguieron un camino diferente y hoy son a la vez más prósperos y democráticos. La República Checa y Estonia, por ejemplo, introdujeron derechos políticos y libertades civiles desde el mismo comienzo. ¿Por qué entonces debería Cuba moverse por un camino no demostrado de reformas económicas sin intentar las políticas, fundamentando la esperanza con la evidencia no demostrada de que tales reformas económicas llevarían a la democracia en una fecha posterior? ¿Cómo fundamentar demorar los cambios democráticos cuando la evidencia demuestra que los países más exitosos en la transición comenzaron con la democracia antes o simultáneamente con las reformas económicas? Antes de llegar a conclusiones, revisemos la experiencia empírica de esos caminos alternativos que sustenten los planteamientos expresados y las preguntas que surgen.

 

Para tener una idea comparativa de las relaciones entre libertades políticas y económicas, en el gráfico siguiente se señalan esas variables para algunos países representativos que muchas veces se analizan como diferentes modelos de transición. Las barras en el eje horizontal miden las actuales libertades económicas en cada país. Las líneas correspondientes indican el nivel de libertades políticas en cada país [3]. Es interesante notar en antiguos países socialistas que experimentaron transiciones reales, como la República Checa y Estonia, las libertades políticas están marcadas más altas que las económicas. Por otra parte, países que han introducido reformas económicas sin las correspondientes reformas políticas, como China y Vietnam, muestran una persistente ausencia de libertades políticas décadas después de haber iniciado las reformas económicas. Para Cuba y Corea del Norte el índice de libertades políticas es cero, y ambos también aparecen en los niveles más bajos de libertades económicas

 

Aunque se trata de una foto estática, esta comparación sugiere que el entorno más conveniente para una genuina transición es aquel donde las libertades políticas se introducen a la par que las reformas económicas. El gráfico demuestra también que las libertades políticas no siguen inexorablemente, en plazos determinados, a las reformas económicas, como demuestran los indicadores de China y Vietnam.

 

Posteriormente revisaremos las hipótesis de que las reformas económicas llevan a las libertades políticas, lanzando una mirada detallada a los plazos que transcurren en algunos países representativos en términos de derechos políticos y libertades civiles en un período de treinta y cuatro años.

 

Los cuatro gráficos a continuación muestran medidas de Derechos Políticos y Libertades Civiles anualmente compilados desde 1972 por “Freedom House” en los estudios comparados por países “Freedom in the World”[4] .

 

Las subcategorías de Derechos políticos incluyen: a) Procesos electorales, b) Pluralismo político y participación, y c) Funcionamiento del gobierno.

 

En Libertades Civiles, las subcategorías miden: a) Libertad de expresión y religión, b) Derechos de asociación y organizacionales, c) Estado de derecho,  d) Autonomía personal y derechos individuales. Las medidas aparecen en una escala de 1 a 7, donde 1 representa los más altos grados de libertad, y 7 los menores.

 

 

El primer gráfico compara los Derechos Políticos en China y la República Checa entre 1972 y 2006. Los datos muestran claramente que no hay mejoría en derechos políticos en China en el período de treinta y cuatro años. China obtuvo 7 (el peor) en 1972 y se mantiene en ese nivel treinta y cuatro años después. A pesar de todos los cambios económicos que han tenido lugar en el período, éstos no han resultado en ninguna mejoría en derechos políticos. Por contraste, Checoslovaquia [5] adoptó firmemente los derechos políticos desde la “revolución de terciopelo” de 1989. En 1993 la nueva República Checa había ascendido de 7 (el peor) a 1 (el mejor). Igualmente relevante es el hecho de que en el 2006, de acuerdo al Banco  Mundial, el país resultó el primer miembro del desaparecido Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) considerado un país desarrollado. Comparada con los otros países del antiguo CAME, la República Checa también califica mejor en el Índice de Desarrollo Humano [6].

 

Una fotografía casi idéntica se muestra en el segundo gráfico con relación a las Libertades Civiles en China y la república Checa entre 1972 y 2006. China muestra un patrón de zig-zags que refleja la reversibilidad de la mayoría de las más sencillas mejorías en libertades civiles. Al final, la mejor calificación de China de 6 ½ , medida en 1977, es la misma veintinueve años después, en 2006 Una vez más, en contraste, la República Checa avanzó decididamente desde 1989 para asegurar las libertades civiles de su población, y se mantiene actualmente en el máximo nivel de 1.

 

 

Los dos gráficos siguientes muestran el mismo período de análisis de derechos políticos y libertades civiles para Vietnam y Estonia. Vietnam, como China, representa cambios económicos sin reformas políticas, y Estonia una ruta similar a la república Checa. Los resultados finales son esencialmente los mismos que comparando China y la república Checa, mutatis mutandis. Vietnam no muestra mejoría ninguna en derechos políticos, y solo una pequeña y muy reciente en libertades civiles. Es importante señalar también que los gobiernos están listos para retroceder cuando lo consideren necesario, tanto en China como Vietnam. Los patrones de conducta autoritaria muestran una historia de reconsiderarse a sí mismos. Cuba lo ha demostrado  retrocediendo en reformas aplicadas en el pasado [7].

 

 

 

Por otra parte, desde que recuperó su independencia en 1991, Estonia se  movió rápidamente con reformas políticas y de la estructura económica [8]. Como muestran los gráficos, Estonia actualmente califica en los mejores niveles tanto en derechos políticos como en libertades civiles. Igualmente, las reformas de mercado en Estonia le colocan entre los países líderes del antiguo CAME. En la actualidad el país es reconocido por su libertad económica con un presupuesto balanceado, una casi inexistente deuda pública, un sistema de impuestos en un porcentaje fijo (“flat-rate”), sistema de libre comercio, total convertibilidad de la moneda, entorno hospitalario para la inversión extranjera, y más.  

 

 

 

Como estos ejemplos destacan, no existe evidencia empírica para apoyar la hipótesis de que las reformas económicas conducen inexorablemente, linealmente, hacia reformas políticas en un determinado período. Los ejemplos de China y Vietnam sugieren que no, mientras las experiencias de la  República Checa y Estonia indican que las reformas políticas estructurales pari passu con las económicas producen los mejores resultados.

 

Tampoco la evidencia empírica por sí sola posibilita concluir que los cambios económicos nunca llevarían a reformas políticas en Cuba. Como filósofos y lógicos  señalarán rápidamente, las reglas de la discusión formal señalan, el no poder expresar razones de peso para afirmar que los cambios económicos llevan a reformas políticas no significa que la hipótesis deba ser desechada. El fallo para encontrar tal evidencia es cuestión de la manera de razonar esa creencia. Teóricamente, un evento difícil de predecir, y no común más allá de las expectativas normales, un “cisne negro”, puede suceder donde parecía imposible que sucediera [9].

 

Sin embargo, como se señala en los párrafos iniciales, la distinción entre conocimiento y convicción debe ser efectiva para evitar la etapa ilícita de interferencia del argumento de que los cambios económicos producen reformas políticas. La hipótesis, como se discutirá después, contiene una falacia lógica que requeriría mucho más de lo alcanzable considerando cambios económicos solamente en la isla.

 

La construcción lógica de “La libertad como condición necesaria”

 

Habiendo reposicionado en el plano epistemológico la tesis de que “reformas económicas llevan a la democracia” al nivel de una creencia no demostrada o superstición, este ensayo avanzará ahora en su propia construcción lógica fundamental de que:

 

Los derechos políticos y las libertades civiles no son lujos superfluos que se agregan a un programa de reformas económicas, sino la esencia misma del progreso que permite a una ciudadanía fortalecida corregir errores, expresar descontentos, y discutir sobre cambios con el liderazgo.

 

La primera consideración es directa y práctica. La reconstrucción de Cuba y su infraestructura social, política y física requerirá ayuda masiva y sustancial de Estados Unidos, otros países desarrollados, e instituciones internacionales. Requerirá además altos niveles de inversión directa extranjera (IDE). Y esta inversión y ayuda no aparecerán a menos que Cuba abrace reformas estructurales políticas y económicas que conduzcan a  un análisis económico racional por parte de los negocios y comunidades internacionales. Mínimos cambios paliativos no crearán condiciones para una ayuda e inversiones significativas.

 

Pero supongamos que el gobierno de EEUU y otros interesados –cubanos en la Isla y el exilio, y la comunidad internacional,- se convencen que los cambios económicos per se representan una apertura que debe ser recompensada de alguna manera. Se argumentaría que, en el caso de Cuba, una aproximación gradual a los cambios se necesita para evitar un posible caos resultante de un proceso de cambios más profundos y acelerados.

 

El punto de partida de Cuba en cuanto a condiciones sociopolíticas y económicas es tan débil que la introducción de profundos cambios masivos podría terminar en un estado fallido. Algunos pueden estar tentados a restar importancia a estas preocupaciones destacando que por algunos parámetros (por ejemplo, la economía informal, el rechazo a participar en empleos formales, etc.) Cuba es ya un Estado fallido. Pero técnicamente Cuba no lo es [10]: es un Estado cerrado pero estable, capaz de implementar y mantener las políticas gubernamentales, aunque no de manera particularmente uniforme  en los aspectos económicos. Por lo tanto, el argumento gradualista merece consideraciones más serias, recordando que siempre es posible que las condiciones empeoren.

 

La preocupación principal depende del precario balance entre apertura y estabilidad en una sociedad. Es absolutamente cierto que las reformas económicas –particularmente las reformas para comenzar la transición de una economía de ordeno y mando a una de mercado- son desestabilizadoras. La des-colectivización y des-socialización crean enormes desbalances. Requieren un reposicionamiento del papel del Estado y un nuevo modelo de relaciones sociales entre el Estado y la población. Cualesquiera estrategias específicas que se seleccionen requerirán decisiones muy difíciles.

 

Como señala en “The J Curve” Ian Bremmer, “para un país que es ‘estable porque es cerrado’ convertirse en uno que sea ‘estable porque es abierto’ es necesario un período de transición de peligrosa inestabilidad” Estas son evidentes consideraciones de seguridad que deben sopesarse por quienes diseñan políticas. Lamentablemente, el actual sistema político-económico de Cuba no puede ser el punto de partida para un proceso serio de reconstrucción y desarrollo. El marco burocrático, institucional y organizativo no facilita la creación del nuevo Estado.

 

Precisamente para controlar la inestabilidad, si puede ser controlada, es que estas decisiones difíciles deben ser dejadas en las manos del pueblo cubano en un proceso de participación democrática. El desorden social provocado por la des-colectivización y la des-socialización deben ser admitido por una ciudadanía que confíe en la legitimidad de un sistema de instituciones independientes. La democracia admite las legítimas y constructivas expresiones de descontento. Por definición, la participación ciudadana no existe  si las decisiones político-económicas las toma una camarilla de mandarines sin ninguna transparencia. En otras palabras, para minimizar la inestabilidad, las libertades democráticas y la participación ciudadana son esenciales. Si, como Bremmer sugiere, la inestabilidad es inevitable, la idea de demorar la democracia en aras de la estabilidad es una opción falsa. Alejar la consideración de reformas democráticas solamente pospone lo inevitable. Si la preocupación es la inestabilidad, una plataforma de reformas democráticas ofrece un resultado mucho más positivo y aceptable para lidiar con las frustraciones que una autoritaria.

 

En este contexto, podemos re-visitar las experiencias de China, Vietnam, Estonia, y la República Checa. En los casos de China y Vietnam podemos esperar en próximos años serios problemas de inestabilidad política o la continuación del totalitarismo. En contraste, Estonia y la República Checa actualmente no son solo prósperas sino también abiertas y estables. La inestabilidad fue reducida al mínimo no limitando las libertades, sino incorporando a la ciudadanía desde el mismo comienzo en los procesos de cambio.

 

Como se señaló anteriormente, el marco burocrático, institucional y organizativo en Cuba no es favorable para reformas estructurales profundas. Las instituciones y mentalidad necesarias para dirigir la economía de Cuba no son las que facilitarían una transición a la economía de mercado. Esto es simplemente una evaluación mecánica, funcional. Sin embargo, hay una razón más individualista para que el actual liderazgo político cubano cree dificultades: si Cuba se involucra en un auténtico proceso de democratización el liderazgo actual perdería su posición y su poder. El ajuste de la legislación [11] debe ser parte de cualquier proceso de reformas profundas. Ni Raúl Castro ni sus generales tendrán prisa para establecer reformas políticas que les dejarían fuera del poder. Dicho brevemente: Cuba no tendrá democracia y mercados libres a través de una evolución darwiniana que comience con cambios económicos en la Isla y evolucione hacia derechos políticos y libertades civiles: un proceso de “cubanizar” medidas económicas y políticas será necesario.

 

¿A dónde llevan los cambios económicos sin democracia?

 

Considerando que las reformas económicas son necesarias, pero insuficientes, para el desarrollo del Estado cubano, ¿hasta donde podrían llevar dentro de un marco democrático sin provocar inestabilidad? Siempre he dicho [12] , y repito aquí, que las reformas económicas sin reformas democráticas no llevan inexorablemente, ni linealmente, hacia una democracia en un período determinado. De hecho, sería más probable un resultado mucho más siniestro.

 

El liderazgo cubano espera utilizar las reformas económicas para financiar sus políticas totalitarias. Es sensato considerar que Raúl Castro y sus generales piensan que si el gobierno ofrece aunque fuera una prosperidad marginal el pueblo cubano permitiría que esa élite controlara la vida política cubana. Ese liderazgo supone que puede controlar, o eliminar si es necesario, las demandas por cambios políticos [13].

 

Hay quienes consideran que incrementando las expectativas populares con reformas limitadas Raúl Castro corre riesgos significativos y las cosas pueden escapar de sus manos, trayendo por resultado inquietud popular e inestabilidad. Aún si este fuera el caso, no significaría que la inquietud llevará mecánica o inevitablemente a reformas democráticas. Si el gobierno cubano tuviera que enfrentar una situación de este tipo  podría, como ha hecho anteriormente, decidir desde aumentar la represión a propiciar el ambiente para un éxodo masivo.

 

Alternativamente, las expectativas podrían crecer hasta esperar que bajo Raúl Castro la revolución finalmente cumpliera sus promesas ante el pueblo. Pero es un tema abierto considerar si esas expectativas crecientes llevarían a propiciar una vigorosa sociedad civil que demande libertades, o simplemente una actitud taciturna de esperar a ver qué ocurre. La tesis de que las expectativas crecientes llevarían a incrementar las demandas por la democracia en Cuba puede contener también un fallo lógico, pues hasta cierto punto se basa en la premisa de que los cubanos finalmente comprenderían el papel participativo de la sociedad civil en un entorno democrático y exigirían ese papel. Pero esta premisa no se ha demostrado, y la tesis no puede presentarse como un silogismo aristotélico con una premisa mayor, una menor y una conclusión. Como se señaló anteriormente, el constante bombardeo de doctrina marxista-leninista por parte del régimen ha dado resultados. Aislados del mundo, y con un sistema de Partido único, los cubanos de hoy no tienen un amplio sentido de cultura democrática en el marco de una moderna sociedad pluralista.

 

Los cubanos han sido condicionados a esperar los cambios desde arriba. El cambio desde abajo es algo muy remoto en el pensamiento de la mayoría de los cubanos. Como están las cosas, sin oposición ni puntos de referencia democráticos, la población cubana, sin las experiencias y ni siquiera referencias sólidas de comparación, podrían aceptar simplemente un standard de vida con determinadas mejoras y seguir esperando por más acciones del régimen actual.

 

Si Raúl Castro tuviera éxito controlando la situación sin verse forzado a introducir reformas políticas estructurales, el comunismo cubano evolucionaría con el tiempo a una dictadura militar más o menos clásica, un triunvirato, o una suerte de gobierno de “primero entre iguales”. Si los derechos políticos y las libertades civiles no son la guía para las reformas económicas, el mejor escenario posible pudiera ser una democracia de muy baja calidad, si el término es aplicable, similar a la experiencia rusa o nicaragüense.

 

La experiencia del interregno en Rusia ofrece paralelos interesantes que deben tenerse en cuenta cuando se piense sobre los cambios en Cuba. Claramente, considerando la edad de Raúl Castro y eventuales problemas de salud, podría ocurrir otra sucesión en un futuro no muy distante. Y tal sucesión no sería tan tranquila como la que ocurrió de Fidel a Raúl Castro. El supuesto sucesor de Raúl Castro, José Ramón Machado Ventura, tiene 77 años y no es visto obligatoriamente como el próximo líder cubano en la forma que el hermano menor era visto como el sucesor de Fidel. En la Unión Soviética, tras la muerte de Leonid Brezhnev en 1982, su sucesor Yuri Andropov, de 78 años de edad, murió dos años después. A su vez, fue reemplazado por el también anciano Constantin Chernenko, que murió un año después y dio paso a Mijail Gorbachev.

 

Raúl Castro ha estado a cargo de las fuerzas armadas por casi cincuenta años y ha tenido la oportunidad, a lo largo de todo ese tiempo, de nombrar a sus oficiales más leales en un gran número de cargos del gobierno y la economía. Los recientes nombramientos de Machado Ventura, Casas Regueiro y otros son muy elocuentes. De manera que el próximo escenario de sucesión tendrá un fuerte sabor militar e incluirá a sus colaboradores más leales en las fuerzas armadas y e Partido Comunista.

 

Actualmente, el papel de los militares cubanos en la economía es muy extenso, omnipresente, con la élite de la administración militar controlando, de acuerdo con algunos estimados, más del sesenta por ciento de la economía. La amplitud y profundidad de este control militar en los sectores clave de la economía es pasmosa. GAESA, el conglomerado del MINFAR, está involucrado en todos los sectores clave de la economía. Empresas con nombres inofensivos como TRD Caribe, S.A., Gaviota, S.A., y Aerogaviota, forman parte del vasto aparato económico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas (FAR). Todo indica que Raúl Castro continuará promoviendo este compromiso y el control monopólico de sus fuerzas armadas en la economía, como ha sido desde la década de los ochenta del siglo pasado y el colapso de la Unión Soviética.

 

Si decimos que Raúl Castro, no por ideología sino por cuestión de supervivencia, es probable que introduzca algunas reformas económicas tentativas, debemos destacar el corolario de que continuará, simultáneamente, ampliando la metamorfosis de sus oficiales en hombres de negocios. Podría pensarse que esto puede ser visto como un desarrollo positive de los acontecimientos, cuando los combatientes cambian armas por calculadoras. Pero habría que mirar en una bola de cristal para adivinar lo que podría pasar después, cuando termine la era de Raúl y los oficiales se queden en control de los sectores clave de la economía.

 

En un sistema donde las empresas son propiedad del Estado, y dirigidas por el Estado, la oficialidad militar convertida en hombres de negocios disfrutará de los privilegios de una élite gobernante. Su standar de vida es alto, se han mudado a mejores viviendas, y cosas por el estilo. Pero esos privilegios son minúsculos si se comparan con la posibilidad de enriquecerse a través de un control del patrimonio de las empresas dirigidas por ellos. No tardaría mucho para que los militares comprendieran que dirigir las empresas, como han hecho hasta ahora en Cuba Comunista, solamente ofrece beneficios limitados, pero que ser dueños de esas empresas es una opción mucho más lucrativa y estimulante.

 

Cuando los hermanos Castro ya no estén en el escenario, la élite militar se verá altamente motivada para dirigir el camino hacia la privatización de la economía. Específicamente, los militares tendrán todos los incentives para encabezar una privatización manipulada de las industrias bajo su control administrativo para convertir en dinero sus cargos de dirección. Más aún, esta parodia ilegítima y corrupta terminará con el equipo militar de dirección como un Nuevo conjunto de propietarios que controla el flujo del dinero y que eventualmente creará las condiciones de mercado para convertir su control del patrimonio en dinero contante y sonante.

 

Una “liberalización” de la economía cubana posterior a su actual militarización si no se lleva a cabo en un entorno democrático y transparente, es muy probable que convierta instantáneamente a la élite militar en nuevos “capitanes de la industria” cubanos. En otro posible paralelo con la experiencia rusa, solo dieciséis años después del colapso de la Unión Soviética, se sabe que “Rusia, con 87 billonarios, es el Nuevo Segundo lugar en la lista, detrás de EEUU, sobrepasando cómodamente a Alemania, que tiene 59 billonarios” [14]. O los hombres de negocios rusos poseen el más complete inventario de habilidades empresariales den la historia mundial, o su preeminencia en la acumulación de riquezas tiene un origen sospechoso.

 

Por mucho, la políticamente exhausta y ahora apática población cubana no vería ese cambio de propiedad como particularmente indeseable o vil. Podrían ver a los militares, incluso, desarrollando  una transición positive hacia el libre Mercado y la prosperidad. La comunidad internacional también podría ver a esos militares como agentes de cambio que introducen la economía de mercado en Cuba. Lamentablemente, este descorazonador escenario del resultado final en Cuba Comunista dejaría a los generales y sus herederos como los nuevos ricos carentes de una cultura democrática.

 

Aparentes reformas económicas conducidas en un entorno corrupto controlado por los militares sin que paralelamente se produzcan reformas políticas solamente llevará a transferir la riqueza del Estado a la camarilla militar que dirige. Dicho brevemente: llevará a un gobierno enfocado en ampliar la riqueza personal de los mandarines a expensas de la población, lo que en ciencias políticas se conoce como “cleptocracia”. Aún suponiendo que la democracia aparecerá finalmente después de una apertura económica, no podemos olvidar que una democracia demorada es una democracia negada [15].

 

El argumento del óptimo de Pareto

 

En Economía y Teoría de los Juegos, un aporte de Pareto se refiere a acciones donde algunos individuos pueden obtener mejores resultados sin que necesariamente otros tengan que obtener peores. El óptimo de Pareto implica que no es posible lograr mejores resultados después de eso. En el contexto de cambios en Cuba en ocasiones se argumenta que los interesados deberían los cambios económicos en la Isla como lo mejor que puede lograrse o esperarse en estos momentos. Supuestamente, no tendría sentido exigir del régimen más de lo que estaría dispuesto a conceder, y al menos algunos cubanos mejorarían su nivel de vida –una especie de argumento de que “algo es mejor que nada”.  

 

En las más pensadas variantes, el argumento del óptimo de Pareto no sería visto como una estrategia para terminar el juego, sino como una etapa táctica donde las reformas económicas servirían para preparar al país para reformas políticas estables. Los derechos políticos y libertades civiles se verían como deseables, pero como algo que debe ser diferido para otro momento posterior – una especie de pacto de Fausto. Más allá de las objeciones morales que pueden plantearse contra este criterio, sigue siendo altamente cuestionable la tesis de que “las reformas económicas llevarán a la democracia”. Aceptando, en la tradición kantiana, que un juicio prescriptivo puede ser racionalmente discutido y defendido, queda para otros defender la evaluación del óptimo de Pareto en la situación cubana.

 

Armonizando objetivos en conflicto

 

Después de cinco décadas de aislamiento, la población cubana puede preguntar sinceramente: ¿cómo es la democracia? Un estado democrático no se puede construir en el vacío. Es decir, aisladamente y sin otras referencias de más ningún lugar. Para una genuina transición en Cuba la apertura al mundo y al mundo de las ideas es esencial. Para quienes diseñan políticas y los líderes de opinión en los grupos interesados, esto es un dilema político. ¿Cómo promover la apertura y una sociedad civil sin reforzar al régimen?

 

Por una parte, la mayoría estaría de acuerdo en que los regímenes totalitarios no deben ser reforzados ni estimulados. Por otra parte, la apertura, y a través de ella el desarrollo de una cultura democrática es vital. Como el mundo ha aprendido, “una cosa es construir un nuevo edificio para un nuevo parlamento. Otra muy distinta es llenar ese edificio con legisladores dedicados a un gobierno pluralista” [16]. De la misma manera, en su discurso inaugural en 1902 como primer presidente de Cuba, Don Tomás Estrada Palma dijo: “al fin tenemos una república, ahora necesitamos ciudadanos” [17]. La reconstrucción de Cuba comienza con la reconstrucción de su sociedad civil y de una cultura democrática.

 

Desde la perspectiva de la necesidad de una apertura al mundo y al mundo de las ideas, las restricciones de viajes a Cuba por parte de EEUU se critican cada vez más. Para los objetivos del presente ensayo, el punto esencial es analizar si eliminando las restricciones de viajes Cuba puede ser expuesta al “American way of life” y ayudar a fomentar presiones sociales para posteriores reformas económicas y la liberalización política.

 

Con respecto a los viajes a Cuba por turistas americanos el argumento no es convincente. Durante años, cientos de miles de turistas de Canadá, Europa, Latinoamérica, y de todas partes, han visitado la Isla, pero Cuba no es más democrática hoy. No está claro el razonamiento que plantea que los turistas americanos tendrían éxito donde otros turistas no lo han tenido. Para la mayor parte de los turistas, la visita a Cuba se desarrolla en enclaves aislados de la población en general, y viajan en excursiones controladas. Su contacto con los cubanos está mayormente limitado a los trabajadores de la industria turística. La mayoría de los turistas no dominan el español,  y solamente podrían de manera tangencial ser capaces (o desear) informar de las virtudes de una sociedad libre [18].

 

Un argumento más convincente sería con relación a las visitas de la comunidad cubanoamericana. Los visitantes cubanoamericanos se mezclan con la población, viajan a los pueblos y ciudades a través de la Isla, y son capaces de transmitir sus experiencias de vivir en libertad. Para la transmisión de las ideas democráticas, las visitas de los cubanoamericanos serían más efectivas que las de los turistas americanos. En cualquier caso, el levantamiento de las prohibiciones de viajes a Cuba posibilitaría mayores ingresos en divisas al gobierno y reforzaría al régimen: ese es el dilema.

 

Una vez más, esta conclusión de que el turismo ayudaría a traer la democracia a Cuba no puede establecerse silogísticamente. Muchos países, como Arabia Saudita, cuentan con élites que han viajado mucho, muy sofisticadas, con estudios y cosmopolitas, sin que esto traiga reformas políticas en ese país. Pero hay además otra razón de por qué no es aplicable a Cuba, como tendemos a considerar, la tesis de que hablar sobre el “American way of life” a los cubanos fomentaría presiones sociales para reformas económicas y liberalización política.

 

Aprender sobre las oportunidades en sociedades democráticas de libre mercado puede, contra lo esperado, incrementar el deseo de abandonar el país para buscar una vida mejor en el extranjero. Sucedió cuando las visitas de los cubanos en 1979-80 a Cuba fueron el catalizador del éxodo del Mariel en 1980. Como sucede a menudo en el análisis de situaciones internacionales, el analista peca de etnocentricidad. Pretender entender en un medio cultural determinado los estímulos que funcionan para otro es siempre un intento políticamente peligroso.

 

Esta tendencia a abandonar el país se capta vívidamente en las palabras de un recién emigrado: “Hemos tratado de construir el socialismo durante cuarenta años y hemos fracasado miserablemente. No iba a estar ahora tratando de construir el capitalismo otros cuarenta años. Quiero vivir en una sociedad que ya esté construida” [19].

 

Intelectualmente podemos garantizar los “valores aperturistas” de las visitas a Cuba por los cubanos exiliados en términos de  lo que muestran-y-dicen y la información de boca a boca sobre la democracia y la economía de mercado, sin tener que concluir que esto llevaría a reformas políticas. Todavía la apertura es vital y hay otros métodos para exponer a los cubanos al mundo y al mundote las ideas. El acceso a la internet es quizás el más importante [20]. El acceso inmediato y universal de los cubanos a la red de redes sería una vía muy significativa y útil de traer la necesaria apertura al mundo de las ideas y ayudar a desarrollar la sofisticación intelectual necesaria para una transición exitosa. Además, esto no representaría una fuente significativa de divisas para el régimen.

 

La idea de un acceso universal e irrestricto a internet y la red de redes por los cubanos en la Isla es perfectamente compatible con las premisas que subyacen en el criterio de que levantando las prohibiciones de viajes a Cuba por los cubanoamericanos sería útil para traer la democracia a Cuba. Si Cuba eliminara su prohibición a la internet eso sería mucho más influyente, más amplio y más profundo Con esto en mente, los interesados podrían responder al levantamiento de las prohibiciones a internet en Cuba con un relajamiento de las restricciones de viajes a Cuba para los cubanoamericanos.

 

Repensar una estrategia no es equivalente a tirar la toalla [21]. Un cambio legítimo está pendiente en Cuba, y debe surgir de los cubanos residentes en la Isla. Para ellos, el acceso irrestricto a internet y la red de redes representaría verdaderamente una oportunidad de aprender sobre el mundo de hoy y las vías reales hacia la democracia y la economía de libre mercado. Los demás interesados – el gobierno de EEUU, los cubanos en el exilio, y la comunidad internacional- no deberían conformarse con menos si el objetivo es, como se ha señalado en este trabajo, facilitar una verdadera transición en esa sufrida nación.

 

The final del juego del comunismo cubano

 

Dos puntos introducidos sin mucha elaboración en mi artículo ¿Después de Raúl, qué?, necesitan un desarrollo posterior. En ese trabajo se señalaba que las reformas económicas tentativas de Raúl Castro estaban motivadas no por un cambio ideológico sino por el deseos del régimen de sobrevivir. Se argumentaba también que el final del comunismo cubano podría aparecer como una victoria pírrica que mantuviera incólume un liderazgo carente de cultura democrática.

 

Aunque no se declare explícitamente, muchas veces se asume que el fin del comunismo cubano implica el comienzo de una nueva era democrática en Cuba. Lamentablemente, este no es el caso necesariamente. La nomenklatura cubana no suscribe el criterio de que hay un derecho inherente al ser humano a la libertad y el autogobierno. Durante años, los dirigentes leninistas cubanos han desarrollado exitosamente los instrumentos ideológicos y organizativos para mantenerse en el poder. De una manera clásica, sus preocupaciones se concentran en mantener la estabilidad y la eficacia. Para ellos, la democracia parece algo sin importancia.

 

Cuando se piense sobre cambios en Cuba es fundamental tener en mente que la historia de Cuba en el último medio siglo es la de los hermanos Castro y sus ideas. Su ideología política les ha servido perfectamente. Raúl Castro y su círculo más cercano no son demócratas secretos esperando el momento oportuno para expresar sus largamente ocultos ideales jeffersonianos. Raúl Castro pretende revitalizar la economía cubana y mantener tranquila a la población a través de una disciplina estricta y experimentos económicos de menor importancia. Pero el comunismo cubano no puede ser reformado a través de una transición con resultados democráticos aceptables. Las experiencias específicas positivas de los países del antiguo bloque soviético que han hecho exitosamente la transición hacia la democracia, y las negativas de los que han fracaso en este intento, atestigua esta realidad. Se necesitan urgentemente profundas reformas políticas coordinadas con reformas económicas. Sin tales reformas estructurales el obligado final del juego del comunismo cubano no es la democracia.

 

No basta con introducir algunos elementos del mercado en un sistema de economía centralizada. Se necesita un nuevo paradigma intelectual. Y ese nuevo paradigma democrático no puede venir de Raúl Castro y sus lugartenientes. La forma de gobernar de ellos es ontológicamente inseparable de la situación actual de Cuba. En una relación simbiótica, el autoritarismo beneficia a una oligarquía corrupta, y esa oligarquía, a su vez, favorece la continuación del autoritarismo corrupto.

 

La democracia es mucho más que una forma constitucional de gobierno. El funcionamiento efectivo de un gobierno genuinamente democrático requiere el establecimiento de una sociedad democrática en la cual las personas sean libres de buscar los bienes materiales y espirituales que enriquecen una vida humana decente. La democracia requiere una relación ejemplar entre el estado y sus ciudadanos dramáticamente diferente a la que resulta familiar al liderazgo leninista. En pocas palabras, la democracia es, y por sí misma, uno de los más elevados valores humanos. Es un bien más allá de la ideología, no u n adorno. La democracia fracasa cuando no existe verdadero aprecio por su decisivo papel ni una clara intención de construir un gobierno y una sociedad democráticas. “No le pidas peras al olmo” [22].  

 

Por lo tanto, si Cuba comunista se dirigirá a una verdadera transición a la democracia y una economía de mercado, corresponde a los interesados –cubanos en todas partes del mundo, quienes trazan políticas en el gobierno de EEUU, y la comunidad internacional- no caer en la trampa de un vacío ideológico e intelectual

 

NOTAS:

 

1 Abraham Harold Maslow (April 1, 1908 – June 8, 1970), Psicólogo americano, reconocido por su conceptualización de la “jerarquía de las necesidades humanas” y considerado el padre de la psicología humanística.
2 Por ejemplo, en una extensa revision de las investigaciones vinculadas a la teoría de Maslow Wahba y Bridgewell encontraron poca evidencia de la jerarquía de necesidades que Maslow describe, ni siquiera fde la existencia de una jerarquía definitiva. Wahba, A; Bridgewell, L (1976). "Maslow reconsidered: A review of research on the need hierarchy theory". Organizational Behavior and Human Performance (15): 212-240.
3 Nota metodológica del autor: Este gráfico se creó utilizando el the “2008 Index of Economic Freedom” de The Wall Street Journal and The Heritage Foundation, y el “Freedom in the World 2007 Index” producido por Freedomhouse.org. La escala de 1 a 7 del Freedom House index fue ajustada para compatibilidad con la escala de 1 a 100 en el economic index.
4 Las calificaciones pueden encontrarse en: http://www.freedomhouse.org/template.cfm?page=1
5 The Freedom House Index utilizado antes de 1989 se refiere a Chechoslovaquia.
6 El Human Development Index (HDI) es un índice que combina madidas normalizadas de expectativa de vida, alfabetización, educación y PNB per cápita para países en todo el mundo. Se considera una medida standard de desarrollo humano, un concepto que, de acuerdo al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se refiere al proceso de ampliar las opciones de las personas, dándole mayores oportunidades de educación, salud, ingreso, empleo, etc.
7 Cuba aplicó reformas económicas limitadas a comienzos de los 90. Las reformas fueron posteriormente dejadas sin efecto por Fidel Castro.
8 The Freedom House Index utilizado antes de 1991 se refiere a la antigua Unión Soviética.
9 Wikipedia define el término “cisne negro” del antiguo concepto occidental de que “todos los cisnes son blancos”. En ese contexto, “cisne negro” era una metáfora para algo que no podía existir. El descubrimiento de cisnes negros en Australia en el siglo XVII transformó el término para destacar que la imposibilidad percibida puede llegar a suceder.
http://en.wikipedia.org/wiki/Black_swan_theory.
10 El Crisis States Research Centre define a un “estado fallido” como la condición de “estado colapsado”, por ejemplo, un estado que ya no puede realizar sus funciones básicas de seguridad y desarrollo, y que no tiene control efectivo sobre su territorio y sus fronteras. Un estado fallido no está en condiciones de reproducir su propia existencia.
11 En el período posterior al derrumbe de varios estados comunistas europeos en 1989–1991, el término se refería a la política de limitar la participación de antiguos comunistas, y especialmente de informantes de la policía secreta comunista, en los gobiernos sucesores e incluso en el servicio civil. En tiempos modernos, se ha tomado el significado de “purificar” con un sentido histórico latino y se aplica al procedimiento mediante el cual avanza para lidiar con su pasado de abusos a los derechos humanos o injusticias ocurridas. (Wikipedia)
2 José Azel, “ After Raúl, qué? Cuba Focus, Institute for Cuban and Cuban-American Studies, Issue 94, March 17, 2008.
3 Ian Bremmer señala lo mismo en el contexto de China en el Capítulo 6 de “the J Curve.”
4 Luisa Kroll, “The World’s Billionaires 2008,” Forbes.com, March 5, 2008,
http://www.forbes.com/lists/2008/03/05/richest-people-billionaires-billionaires08-cx_lk_0305billie_land.html.
5 Parafraseando la frase del antiguo Primer Ministro británico William E. Gladstone de que “Justicia demorada es justicia negada.”
6 Ian Bremmer, “The J Curve” p. 15.
7 Citado por Orlando Gutiérrez-Boronat en “La República Invisible” p.123.
8 Para una discusión más detallada de este tópico ver testimonio del profesor Jaime Suchlicki en “Implications of Lifting the U.S. Embargo and Travel Ban of Cuba” ante el U.S. Senate Finance Committee, Washington, D.C., December 11, 2007, en:
http://ctp.iccas.miami.edu/website_documents/SenateTestimony.pdf
9 Así dijeron a Hans de Salas-del Valle durante una entrevista con un grupo de inmigrantes cubanos recién llegados.
20 Cuba tiene en la actualidad uno de los niveles mundiales más bajos de conectividad a internet. Solamente unos190,000 cubanos (la mayoría funcionarios) de una población de más de once millones de personas tiene acceso a internet: 1.7 por ciento
21 Debo esta idea a mi antiguo profesor Dr. Enrique Baloyra, R.I.P.
22 Me recordó recientemente este refrán el Dr. Orlando Gutiérrez-Boronat, que tuvo la gentileza de leer y comentar este ensayo.


Sobre el autor:

 

José Azel es Profesor-Investigador  en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami. Salió de Cuba a los 13 años, en 1961, en la Operación Peter Pan. Ha sido profesor de International Business, y obtuvo un Máster en Business Administration y un PhD en Relaciones Internacionales por la Universidad de Miami.