Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Ing. Ricardo Santos Mesa, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

¿Qué ocurría en Cuba antes de la revolución de Fidel Castro?

 

A lo largo de todos mis años viviendo en el exilio aquí en Miami he leído y escuchado a diversos analistas del drama de Cuba, principalmente a cubanos del bautizado “exilio histórico”, sean estos profesionales del periodismo o no, intentar transmitirnos una apología del “batistato”.  Según ellos, la Cuba de los años 50 era una especie de “taza de oro” donde sus ciudadanos podían gozar de un nivel de vida superior al que existía en casi todos los países de Latinoamérica, el Caribe y otros muchos en el mundo, incluyendo a varios de la vieja Europa.

 

Se referían, por supuesto, a la ciudad de La Habana, y no pretendo negar aquí esa apreciación. Solo que incluir a toda la República de Cuba de los años del batistato en ese análisis no se corresponde con la realidad en que vivían los cubanos del mal llamado “interior” del país.

 

¿Qué había ocurrido en Cuba durante los seis años y pico de la dictadura de Fulgencio Batista (desde marzo 10 de 1952 hasta enero 1ro de 1959)?  Es muy cierto que la capital de la República se había colmado de negociantes prósperos, de altos y bellos edificios, de centros de diversión, de hoteles de lujo, de clubes exclusivos, iglesias majestuosas, escuelas, clínicas y hospitales privados, tiendas lujosas, residencias inmensas, automóviles de todas las marcas, estadios de baseball, fábricas enormes, y también de casinos de juego, de prostitutas y prostíbulos, y mucho más.

 

Pero había algo que no mejoraba: mientras La Habana crecía y se embellecía hasta el extremo de no tener nada que envidiarle a muchas ciudades de los EEUU y del mundo (el escritor norteamericano Ernest Hemingway afirmaba que para él solo existían tres ciudades en el mundo: Paris, Venecia y La Habana, en ese orden), el resto de las ciudades y pueblos del país no prosperaban al mismo ritmo. 

 

La Habana era el Miami del batistato; muchos deseaban emigrar del “interior” de la República hacia su capital. [1] La mayoría de los cubanos de las clases altas y medias iban a Miami solo de vacaciones o como estudiantes; muy pocos de ellos, relativamente, como emigrantes. Pero los capitales de esas clases y sus ganancias, así como los que acumulaban los personeros del batistato, por lo general no se invertían en mejorar la situación de los pobres y los pueblos de Cuba, en elevar su nivel cultural, atender la salud de sus habitantes y en aumentar así su calidad de vida.

 

El propio Fulgencio Batista había invertido grandes cantidades de dinero en la playa de Daytona, situada sobre la costa oriental de la Florida, y otro tanto habían hecho sus compinches y varios capitalistas cubanos.  Invertir capitales en Cuba, sobre todo fuera de La Habana, en lo que se conocía con cierto desprecio como “el interior” de la Isla, no era lo que caracterizaba la economía del país. Financieros, industriales y negociantes, tanto del país como extranjeros, preferían aprovechar la bonanza económica que imperaba en la capital y, por lo general, obtenían buenas ganancias depositándolas en algunos de los pocos bancos nacionales, pero sobre todo en los de los EEUU y otros bancos extranjeros, acumulando intereses, antes de correr el riesgo de invertirlas, por ejemplo, en Guantánamo o Pinar del Río. Había algunas pocas excepciones que se arriesgaban a invertir sus capitales colocándolos en la industria azucarera o en industrias transnacionales de los EEUU que operaban en la minería y la extracción de petróleo a lo largo de toda la Isla. 

 

Esa realidad, que imperaba en Cuba desde hacía muchos años, me hace preguntarles a los “analistas” del drama cubano que hemos mencionado arriba lo siguiente:

 

¿Estaremos de acuerdo en que  había que construir hospitales y escuelas, obras públicas y viviendas, industrias cubanas, y crear puestos de trabajo a todo lo largo y ancho del país?  ¿Podemos afirmar que había que ponerle un freno a la fuga y congelación de capitales si se deseaba que todo el país prosperara al unísono con La Habana? ¿En que había que diversificar su agricultura y promulgar una ley de “reforma agraria” para no depender solo del cultivo de la caña de azúcar?  ¿En que había que diversificar también el comercio de Cuba con el exterior para no depender tampoco de un solo mercado?  ¿En que había que sacarle un mucho mayor rendimiento a las industrias extranjeras -sobre todo aquellas que tenían un peso considerable en la economía del país- y a los latifundios improductivos? ¿En que había que desmantelar todo aquello que había convertido a la propia Habana en uno de los grandes burdeles de las Américas y en un paraíso para los delincuentes y también para inversionistas extranjeros que extraían grandes capitales de la República de Cuba para llevárselos a otros lugares, principalmente a los EEUU?

 

Esas metas habían sido concebidas por otros pensadores y luchadores cubanos mucho antes del arribo al poder de la revolución de Fidel Castro (FC) y sus seguidores.  Él fingía que las había heredado y se presentaba como dispuesto a conquistarlas. Por eso, la mayoría del pueblo cubano lo apoyaba todavía al comenzar el otoño de 1960.  Sí, se conoce bien que esos argumentos fueron esgrimidos por la demagogia de FC desde el mismo principio de su dictadura, pero ¿se lograron alcanzar esas metas durante estos 55 años?  

 

Veamos hasta que punto el castrismo cumplió lo prometido al pueblo cubano en el “programa del Moncada”, expresado en el manido documento conocido como “La historia me absolverá”,  y sus consecuencias.

 

Es un hecho que el castrismo invirtió muchos de los recursos que le llegaron de los “países amigos” del campo socialista en la construcción de escuelas de todos los tipos y niveles, hospitales y policlínicos, estadios deportivos y numerosas obras públicas, donde se destacan cientos de presas, edificios de viviendas, hoteles, facilidades portuarias, sanitarias, algunas fábricas y granjas agropecuarias, hasta en los lugares más apartados y de difícil acceso en toda la isla de Cuba y sus cayos adyacentes, empeñando a todo el país, junto con todos los cubanos, a cambio de defender, sin condiciones, la política, la filosofía y los intereses globales de la URSS y su campo socialista.

 

La propaganda del castrismo, interna y hacia el exterior, ha destacado hasta el cansancio esas inversiones como “logros del socialismo marxista leninista”. Pero, ¿hasta que punto esas inversiones aumentaron el nivel de vida y el bienestar de los cubanos? 

 

Si consideramos que muchos de los egresados de esas escuelas, institutos y universidades, los médicos de muchos de esos hospitales, los empleados de muchos de esos hoteles, y un número considerable de los deportistas más destacados del país, hasta sumar más de dos millones de personas, sin contar los llamados “internacionalistas”, se encuentran hoy fuera del país y han aumentado de forma considerable su nivel de vida -un elevado porcentaje de ellos en los EEUU-  podemos decir que esas inversiones han sido beneficiosas para esos cubanos y, por “carambola”, para los “aparatchiks” del castrismo.

 

Pero si pasamos hoy revista a las inversiones de FC, algunas de ellas mencionadas arriba, podremos comprobar que muchas fueron mal construidas y terminadas en “tiempo record” solo para complacer al “Comandante”, además de peor mantenidas; convertidas hoy en ruinas en descomposición acelerada.

 

Por otra parte, el “Miami” del batistato se ha ido desmoronando poco a poco, como si el castrismo se hubiera ensañado en destruirla, sin por ello mejorar la situación de otros muchos pueblos y ciudades del país, que han sufrido similares deterioros. Por lo tanto, el pueblo cubano no goza hoy, ni con mucho, de un elevado nivel de vida en su propio país.

 

Solo un por ciento -no muy elevado- del  pueblo cubano puede afirmar que tiene hoy en Cuba un nivel de vida adecuado. No hay que decir quienes son, donde y como logran ese nivel, ni de que clase social proceden. Hasta los niños y los adolescentes cubanos saben de sobra quienes son. Sería dudoso, ante tales privilegiados de la nomenklatura, repetir aquello de que “A quien Dios se lo dio San Pedro se lo bendiga”. Sin embargo, los pocos que hayan alcanzado ese nivel con su trabajo honrado, que también los hay aunque no abunden, que sean doblemente bendecidos, y protegidos por futuras leyes justas.

 

Sin dudas, el castrismo logró detener la exportación de capitales cubanos hacia otros países. Sin embargo, lo hizo, sobre todo, nacionalizando sus negocios o eliminando, prácticamente, a todos los capitalistas del país, y a la vez facilitando la emigración sin derecho al retorno, de hecho un destierro (conocida como la infame “salida definitiva” del país, inventada por el castrismo).  

 

Y, posteriormente, derogando el capitalismo y la economía de mercado e implantando el socialismo marxista-leninista en Cuba y su economía política, convirtiendo en un delito el trabajo honrado por cuenta propia y prohibiendo todos los negocios particulares.

 

Sin embargo, gran parte del capital humano (los “internacionalistas”) y muchos recursos de todos los tipos, junto con los ingresos en divisas fuertes, que pudieron haberse invertido en mejorar las condiciones y el nivel de vida del pueblo cubano, fueron exportados a muchos países del llamado “Tercer Mundo” durante casi toda la era del castrismo. Todo eso le aportó ganancias políticas y económicas a un solo inversionista - el único que podía exportar cientos de miles de soldados, guerrilleros y “cooperantes” de varias especialidades, además de millones de dólares y alimentos, hacia esos países de América Latina, Asia y África, en nombre del “internacionalismo proletario”.

 

Hace  poco se publicó en el diario “Granma” que el castrismo tiene a unos cincuenta mil cubanos trabajando en decenas de países del mundo, de lo cual se ufanan casi a diario en su propaganda dirigida al interior, pero sobre todo al exterior del país. ¿Como no se van a ufanar cuando esos hombres y mujeres, extraídos de la fuerza laboral del país, muchos de ellos profesionales universitarios, les reportan ingresos netos de más de ocho mil millones de dólares anuales en divisas?  Se conoce que esas ganancias no van a parar a los bolsillos de los “internacionalistas”, sino a las cuentas en divisas del castrismo. Solo un pequeño porcentaje de las mismas es repartido, como una dádiva, entre esos sacrificados hombres y mujeres.

 

Diversificar la agricultura en Cuba es algo que predicaban a sus alumnos muchos maestros de la despreciada “república mediatizada” de los años anteriores al castrismo. En estos 55 años no se ha logrado alcanzar esa legítima aspiración de los cubanos, entre otras cosas porque FC convirtió a Cuba en la azucarera de la antigua URSS y su campo socialista, y porque a pesar de la enorme cantidad de inversiones en la infraestructura relacionada con las actividades agropecuarias en Cuba, [2) mucha tierra permaneció improductiva y descuidada, el ganado cárnico fue diezmado, y las inversiones de FC no produjeron otra cosa que dolores de cabeza.

 

Los campesinos abandonaron la tierra y la mayoría de sus hijos fueron a parar a las ciudades. Nunca se pudo lograr que la tierra produjera entre el 80% y 90% de los alimentos que consumen los cubanos.  Por el contrario, entre el 80% y 90% de  alimentos de los cubanos fueron importados durante casi toda la era del castrismo.  

 

El comercio en gran escala con EEUU cesó del todo durante casi toda la era del castrismo, causándole grandes daños y exigiéndole sacrificios sin nombre al pueblo cubano. El comercio en gran escala con la URSS y su campo socialista y, en mucho menor escala, con algunos otros países de Europa, Asia, África, América Latina y Canadá -que pretendió sustituir con ventaja al de EEUU- aunque diversificaron los contactos comerciales de Cuba con el mundo, nunca lograron abastecer plenamente de productos industriales al pueblo cubano como lo hacía el llamado “Coloso del Norte”.

 

Además, a partir de 1960, el pueblo cubano comenzó a darse cuenta de que la calidad de los productos “Made in the USSR”, ya fueran éstos de industrias de la construcción, maquinaria agrícola, transporte terrestre, marítimo o aéreo, herramientas, conservas, cereales y otras, era muy inferior a las producciones similares que hasta 1959 llegaron a Cuba  de los EEUU y de áreas donde el capitalismo y la economía de mercado eran los motores impulsores de sus economías. Pregúntenle a los gobernantes de los países que los sucesores de Fidel Castro consideran hoy sus amigos, si estarían de acuerdo con desmantelar la economía de mercado, como lo hizo FC, y de cuya plena restauración aún no se habla en Cuba abiertamente, con algunas excepciones.

 

El pueblo cubano conoce de sobra el desastre que provocaron las nacionalizaciones de propiedades, industrias, negocios, bancos y tierras, nos solo de los países extranjeros en Cuba, liderados por EEUU, sino también las de los propios cubanos. 

 

Desde los años 90 hasta esta fecha, sobre todo después de la desaparición definitiva de la URSS y su campo socialista, se han tratado de enmendar algunos de los “errores” (eufemismo utilizado para ocultar fracasos) cometidos y los caprichos y soberbia que los acompañaron, causantes de esos desastres.  

 

Pero no pudieron evitar que durante esos años terribles de fracasos -que ellos trataron de opacar con “rectificaciones” y culpando hasta hoy a la manida “falta de control y exigencia” de incontables funcionarios que fueron purgados- miles de cubanos hayan perdido la vida tratando de lograr su libertad y aumentar su nivel de vida. Entre estos los hay fallecidos en la cárcel, ahogados en el Estrecho de la Florida, muertos en “accidentes” no bien aclarados, y otros que optaron por el suicidio, al no poder lograr sus aspiraciones personales y la felicidad de sus familias. Incluyendo a los que hasta hace poco fueron fusilados por oponerse a las injusticias del castrismo y muertos en guerras y guerrillas ajenas por completo a los intereses del pueblo cubano.

 

Por último, si La Habana no es uno “de los grandes burdeles de las Américas” ya se acerca bastante a la recuperación de esa tan cuestionable distinción, obtenida durante el batistato, con sus graciosas y bellas “jineteras” cabalgando hoy por toda la ciudad. No hay nada que mida mejor la miseria de un pueblo que el grado de prostitución de sus hijas. Ni nada que retrate mejor la frustración de una nación que un elevado por ciento de alcohólicos entre sus habitantes. 

 

La corrupción administrativa, los asesinatos, el robo, la violencia en todas sus formas, el chantaje, la violación y otros males relacionados con la obtención, por la fuerza, de dinero, riquezas y/o el poder absoluto de decidir sobre la vida o la muerte de sus habitantes, han dañado a todos los pueblos del mundo a lo largo de milenios.

 

La Cuba del batistato se distinguió en esos quehaceres infames, pero el castrismo no solo fracasó en eliminarlos del todo, sino que esos males adquirieron nuevas y sofisticadas formas de producirse a lo largo y ancho del país.

 

Al excluir, contra toda lógica, al periodismo crítico, transparente y constructivo de todos los medios de información al pueblo cubano, y sustituirlo por una propaganda incesante y dogmática, la cual afirmaba que “en Cuba no proliferaban esos vicios porque la revolución los había reducido casi a la nada”. Repitiendo esa mentira por muchos años, [3] el pueblo cubano terminó por creerla, tal y como el pueblo alemán creyó en las mentiras del nazismo repetidas miles de veces.

 

Después de muchos años de propagar mentiras, verdades a medias y groseras justificaciones el periodismo del castrismo se ha visto obligado a reconocer, aunque sin escarbar en sus verdaderas causas, que la corrupción es uno de los grandes males que se deben combatir en Cuba.  Deberían exigir también que los sucesores de Fidel Castro se hagan una introspección y reconozcan la corrupción que se produce diariamente en sus propias filas.

 

Como conclusión, podemos afirmar que el castrismo, en el mejor de los casos, se quedó muy corto en cumplir las promesas que hizo al pueblo cubano en 1959 y, en general, sus metas principales al comenzar la década de los años 90 terminaron por convertirse en solo dos: mantenerse en el poder, cayera quien cayera, y culpar a los gobiernos de EEUU (11 en total) de todos sus fracasos, debido supuestamente al bloqueo-embargo.

 

Después del retiro de FC en julio del 2006 por enfermedad, sus sucesores, liderados por su hermano Raúl Castro, han ido desenredando, con una lentitud exasperante, todo el entramado de barbaridades cometidas en Cuba durante casi 50 años, solo para mantener a FC en el poder. Hasta hoy han tenido éxito en esto último. FC continúa proyectando su mano tenebrosa sobre el poder, desde las sombras de su retiro.

 

Veamos como se comportaron sus antiguos aliados del “campo socialista” antes y después de la desaparición definitiva de la URSS. En 1956 Nikita Jrushov tomó la decisión política de comenzar la demolición del estalinismo con su condena al “culto de la personalidad de Stalin”, proceso que solamente culminó en 1991. Valga decir, 35 años después.

 

La República Popular China, por su parte, se desvinculó de la tutela de la URSS y su campo socialista desde mediados de los años 60, e inició una reforma, que descansa en la economía de mercado, y que ha impulsado a ese país milenario hasta los primeros planos de la economía mundial.

 

Algo parecido ocurrió en la economía de la reunificada República de Viet Nam a partir de 1973. Hoy, todos los países de la Europa oriental del antiguo “campo socialista” pertenecen a la próspera Unión Europea. Por su parte China y Viet Nam han limado asperezas en sus relaciones con el “odiado imperialismo yanqui”, y sus pueblos también prosperan.  

 

Todas esas reformas ocurrieron en los tres países mencionados después de la muerte de sus principales líderes comunistas. Mientras tanto, nadie en Cuba se atrevió, ni se atreve, a denunciar públicamente el evidente “culto a la personalidad de FC”.  Este personaje del siglo XX  (digamos mejor del siglo XIX) aún vive con su enfermedad a rastras, tratando de influir en todo lo que ocurre a su alrededor, y recibiendo visitas y más visitas de personalidades de la política, la literatura, los negocios o la religión (siempre extranjeros), obligando a su diario Granma a publicar largos artículos, historias de su accionar “revolucionario” y entrevistas que nadie lee; dejándole saber al mundo que no intenta correr la misma suerte que sus admirados José Stalin, Ho Chi Min, Mao Zedong y otros líderes comunistas. O sea, que sus acciones y la filosofía marxista leninista que defendió sean olvidadas y rechazadas por el pueblo cubano después de su muerte.

 

Es por eso que, a pesar de las reformas emprendidas, los hechos recientes ocurridos en Cuba están demostrando que la meta de los sucesores de Fidel Castro es lograr que el pueblo cubano actual, sobre todo su juventud, continúe con la “construcción del socialismo estalinista y el comunismo marxista-leninista” y se olvide de los “errores”.

 

Eso ya ocurrió en la nación gobernada por los mejores amigos del castrismo en todo el mundo: La República Popular y “Democrática” de Corea. Kim Il Sung y su sucesor, su propio hijo, ya han muerto y el pueblo coreano continúa oprimido y hambriento, gobernado por su nieto. Si ocurre lo mismo en Cuba con los sucesores de FC existirá el peligro de que el pueblo cubano no disfrute de una verdadera democracia por muchos años más. Ese es un temor que expresan muchos analistas del drama cubano.

 

Repasando todo lo anterior, muchos podrán afirmar que esos hechos son ampliamente conocidos por la gran mayoría de los cubanos, sobre todo por los que peinan canas, y para ellos constituye una inutilidad que alguien emplee su tiempo en repetirlos sin un aparente propósito.

 

Por eso vale aclarar que el objetivo de este trabajo es el de contribuir a contrarrestar lo que se destaca en el párrafo en negritas arriba. No podemos dejar que los actuales gobernantes de Cuba logren implantar en la mente de la juventud ese “demonio ideológico”, definido así  por el ruso Boris Yeltsin hace más de dos décadas.

 

Ni tampoco en la mente de las juventudes de los países hermanos de Latinoamérica y el Caribe, o en las de África y Asia. Las juventudes del mundo, en esta nueva era que comenzó para la humanidad con el fin de la “guerra fría” y el derrumbe de la URSS y su campo socialista, deben estar alertas y estudiar bien la historia de los pueblos, para continuar borrando todos los sistemas opresores, y todo tipo de guerras de la faz de la Tierra.

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[1] Eso mismo ocurría, y sigue ocurriendo hoy, en varios países de América Latina y del mundo, incluyendo a Cuba bajo el castrismo.

[2] Durante tres décadas, la inversión de cuantiosos recursos en la agricultura, la ganadería y otras ramas de la producción agropecuaria del país se podrían resumir (de forma somera) con los datos siguientes: Construcción de más de 100 presas mayores, dedicadas al riego, con una capacidad total de 8,000 millones de metros cúbicos de agua, y de otras 400 ó 500 menores. Importación de miles de tractores, equipos de transporte y maquinaria agrícola en general, además de millones de toneladas de fertilizantes, principalmente de la URSS y sus aliados socialistas, y de varios países del área-dólar. Construcción de dos centros superiores para el estudio de las Ciencias Agro-pecuarias, un centro de Ciencia Animal y numerosas Escuelas Especiales para formar científicos, Ingenieros y técnicos agropecuarios. Establecimiento de numerosos centros de genética avícola, vacuna,  porcina y otros, dedicados a la investigación y mejoramiento de las razas y las especies animales y vegetales. Construcción de un importante Instituto de Investigación en apoyo a la Industria Alimenticia. Creación de un Instituto y un ambicioso plan para la repoblación forestal. Desbroce de vastas áreas agrícolas para la introducción del riego, la fertilización, el desyerbado y el combate contra la plagas utilizando medios modernos y la aviación. Construcción de cientos de Escuelas Secundarias e Institutos Pre-universitarios en el campo para “combinar el estudio con el trabajo agropecuario” de los adolescentes. Otorgamiento de cientos de becas a jóvenes cubanos para estudiar técnicas agropecuarias en el extranjero. Después de 30 años NADIE en la Cuba del castrismo había encontrado la forma de hacer producir esa multimillonaria inversión de recursos físicos, materiales y humanos, y entre 1991 y 1992 fue necesario estructurar un urgente y fracasado “Plan Alimentario” para enfrentar la caída de la URSS ¿A quien culpar de ese fracaso?

 

[3] Imitando a los medios de información de la URSS y sus satélites socialistas hasta que la “perestroika”  y el “glasnost”  le pusieron fin a esa paralizante política.