Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

  

 CULPA, RESPONSABILIDAD Y CAUSA

 

                                                                                                                    Dr. Armando Ribas, Argentina

 

 

La aparente cercanía de la muerte de Fidel Castro por más que por el momento parezca recuperado, abre algunas esperanzas hacia una evolución favorable a la libertad en la Perla del Caribe. Lamentablemente la esperanza es un sueño, pero para que el sueño se haga realidad hay que analizar en profundidad la situación presente y en consecuencia tener un proyecto razonable.

 

Fíjense que dije razonable y no racional, pues la racionalidad no es garantía del éxito político. Así se me ha ocurrido pensar que mientras más razón hay para la bronca, menos razón hay para la acción. En otras palabras la bronca obnubila el entendimiento y lo que no podemos olvidar es que el objetivo del proyecto no puede ser otro que descubrir el camino de la reconciliación.

 

Y tratemos el tema de la reconciliación y sus posibilidades. Para ello tenemos que pensar que “culpa” es un concepto ético. Desde este punto de vista no debiera de haber dudas de que la culpa por el desastre ocurrido en Cuba desde que llegó la noche y el dolor causado a las familias es de Fidel Castro. Sigamos, responsabilidad es un concepto jurídico. Es igualmente evidente que la responsabilidad es de Fidel Castro. Pero para imponer las consecuencias jurídicas de la responsabilidad, es necesario disponer de un régimen jurídico del que carecemos y apoyado por un poder político consecuente. Por tanto, insistir en la responsabilidad de Fidel Castro y más aun después de su muerte no nos lleva a ninguna parte.

 

Por ultimo, la “causa” es un concepto científico y ya aceptemos el criterio de Hume o el de Kant al respecto, no cabe dudas que si no conocemos las causas de un problema es decididamente imposible encontrar las soluciones. La causa última del desastre es el sistema socialista con nacionalismo de conveniencia instaurado en la isla desde el 1ro. de Enero de 1959. Así podemos decir que fue Fidel éticamente culpable y jurídicamente responsable de la implementación política del sistema al cual se le debe la opresión y la pobreza reinante en Cuba. Los datos de este proceso de violencias revolucionarias están a la vista, por más que el llamado Mundo Occidental con Europa a la cabeza pretenda ignorarlo. Ni que decir de America Latina donde el antiamericanismo imperante ha convertido a Fidel en el David esperado que con su onda dialéctica ha vencido políticamente al imperio.

 

Si alguna duda cabe de esta visión distorsionada por no decir irresponsable y falaz del mundo frente a la realidad de Cuba castrita veamos el articulo “Castro’s Last Victory” de Julia Sweig, publicado en Foreing Affairs de enero-febrero del 2007. Allí escribió, entre otras cosas respecto a la política americana hacia Cuba con las cuales podríamos estar de acuerdo, lo siguiente: “Cuba está lejos de ser una democracia multipartidaria, pero es un país que funciona con ciudadanos con opiniones ilustradas, donde los funcionarios elegidos localmente se preocupan de problemas tales como la recolección de la basura, el transporte público, empleo, educación, salud y seguridad...los ciudadanos cubanos están altamente educados, son cosmopolitas profundamente empresariales y para los standards globales muy saludables”.

 

Si esa fuera la realidad de Cuba, ¿Cual sería la razón para intentar un cambio?. He hecho esta cita como prueba de como una gran parte de la comunidad internacional y la media, percibe encomiásticamente la triste realidad cubana. Y tanto que en una edición reciente de la revista The Economist, en una lista de los dictadores de la humanidad Fidel Castro no estaba incluido; por supuesto Pinochet sí.

 

¿Como es posible que en una sociedad donde prevalece el miedo pueda siquiera hablarse de una opinión publica? En esas condiciones es prácticamente imposible reconocer la realidad del pensamiento de la sociedad. Es posible sin embargo que la filosofía del régimen después de 40 años de lavado de cerebro sea mayoritariamente aceptada y el desgaste se manifieste contra los resultados y no contra el sistema. Mucho menos es posible conocer públicamente lo que piensas los funcionarios de jerarquía del régimen. Entre ellos prevalece lo que es denominado Descartes al revés: “ No pienso, luego existo”

Por supuesto es previsible igualmente que el nacionalismo barato que prevalece en toda America Latina -y no olvidemos heredado intelectualmente de Europa- sea compartido por los cubanos. Son pocos en el mundo quienes logran la conciencia de que en la divinización de la identidad nacional, se ha sustentado históricamente el poder político absoluto. Cuba no es más que un caso extremo hoy de la realidad de los demás despotismos electivos que imperan en gran parte de America Latina, bajo el nirvana de la democracia.

 

No obstante, es un sueño de una noche de verano pensar siquiera que la muerte de Fidel Castro determinaría una transformación inmediata del régimen. Debo recordar al respecto las sabias palabras de Alexis Tocqueville, que en su obra “El Antiguo Régimen y la Revolución” escribió: “Se creía amar la libertad y se descubre que sólo se odiaba al amo... la experiencia nos enseña que el momento más peligroso para un mal gobierno es aquel en el que empieza a reformarse. El mal que se sufría pacientemente como inevitable resulta insoportable en cuanto surge la idea de sustraerse a él. Los abusos que entonces se eliminan parecen dejar más al descubierto los que quedan y la desazón que causan se hace mas punzante; el mal se ha reducido, la sensibilidad de ha avivado”.

 

Es de esperarse pues, que por una parte la población pretenda lograr lo que el régimen prometía y el sistema nacional-socialista lo impedía en cuanto que desaparezca el miedo. Por otra parte no podemos dejar de reconocer que más allá de si creemos o no que Raúl pueda sustituir a Fidel, como en todo régimen autoritario la desaparición del líder deja en libertad la lucha por el poder. Por las razones expuestas anteriormente ni los conocemos ni sabemos lo que piensan al respecto del futuro.

 

Pensar que la transformación en Cuba provendría de un proceso democrático de elecciones multipartidaria no sólo no es previsible sino, que además tampoco sería una solución. No es que descrea de la conveniencia de los derechos políticos, pero ellos como bien los sabían los Founding Fathers y Alberdi no determinan per se la panacea universal. Es necesario fundamentalmente rescatar los derechos individuales y en particular la seguridad de los derechos de propiedad que ya hasta los chinos reconocen.

 

Sabemos que existe un oposición interna digna del mayor respeto, pero lo que conozco de las propuestas de la misma no la considero relevante para la solución de los problemas que se enfrentarán. Tal es el caso por ejemplo del proyecto Varela cuyo promotor es el Sr. Oswaldo Payá. Mi mayor respeto y admiración sin embargo por el padre Félix Varela, quien tenía ya en el siglo XIX una clara idea del principio de la libertad y así lo expuso cuanto dijo: “Jamás lo que es injusto será justo porque muchos lo quieren”. Ahí esta resumida la denominada rule of law (norma de derechos) que tradicionalmente hemos desconocido. Asimismo la había reconocido en su cita a Benjamín Constant que definía la libertad “en practicar lo que la sociedad no tiene el derecho de impedir”.

 

Si bien puedo compartir los objetivos propuestos en el proyecto Varela, no creo posible que ellos se puedan sostener de alguna manera dentro de la constitución socialista vigente en la actualidad que por supuesto constituye una contradicción per se con los mismos. No olvidemos que el problema es el socialismo, que determina por una parte la pobreza, pero fundamentalmente el poder político absoluto.  Por tanto, y para comenzar la discusión, quiero proponer no la vuelta a la constitución de 1940 cuya crítica mas acertada la ha hecho Jorge Sanguinetti, sino volver a la constitucion de 1901, cuyo espíritu lamentablemente fue desconocido en nuestra historia política y diría jurídica.