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Ramiro Valdés, la sombra

 

La capacidad de sobrevivencia de Valdés es impresionante. Ha sido sacado del Gobierno y de la dirección política, sin embargo, cuando está casi olvidado hasta por sus enemigos, resurge con más poder y control.

 

Pedro Corzo, Martínoticias

 

Cuando se estudien las personalidades de la Revolución, Ramiro Valdés ocupará un lugar destacado entre las cinco primeras figuras de un proceso cruento y doloroso que ha marcado indeleblemente a la nación cubana.

 

Antes de la experiencia de la Sierra Maestra, participó con los Castro en el ataque al cuartel Moncada y en la expedición del yate Granma y, como contaba con la absoluta confianza de Fidel Castro, fue el que organizó los servicios de inteligencia en la Sierra Maestra, al igual que Manuel Piñeiro hizo en el Segundo Frente Oriental. Fue también segundo jefe de la Columna 8 Ciro Redondo, que comandó Ernesto Guevara.

 

Ramiro ha ocupado posiciones muy importantes en estos 55 años de dictadura. Fue miembro del ejecutivo nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), Ministro del Interior en dos ocasiones, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, dos veces miembro del Buró Político, Viceministro Primero de las FAR, también Ministro de la Informática y las Comunicaciones, y desde el 2011 está al frente de los sectores de la Construcción y la Industria Básica, junto a otras responsabilidades gubernamentales.

 

La capacidad de sobrevivencia de Valdés es impresionante. Ha sido sacado del Gobierno y de la dirección política, sin embargo, cuando está casi olvidado hasta por sus enemigos, resurge con más poder y control.

 

De 1961 a 1969 ocupó la posición de Ministro del Interior, cargo que retomó en 1978 hasta 1985, cuando fue reemplazado por orden de Raúl Castro por uno de sus viceministros, el general José Abrantes. Este último murió misteriosamente en la prisión donde cumplía condena por haber estado supuestamente involucrado en actividades delictivas.

 

El comandante Jaime Costa, quien fuera amigo de la infancia de Ramiro Valdés, refiere que Valdés estaba al frente de la seguridad en México y que a los pocos días del triunfo de la Revolución Fidel Castro le asignó las mismas funciones. Dice Costa que en abril del 59, especialistas de la KGB que hablaban español, ingresaron a Cuba gracias al permiso que concedió Ramiro Valdés.

 

Afirma Costa que Valdés, al igual que Raúl Castro y otros dirigentes de la Revolución, estuvieron involucrados en la muerte de Camilo Cienfuegos y que Valdés asistió a Guevara en algunos de los fusilamientos que se produjeron en Santa Clara y La Cabaña.

 

Costa fue testigo de una conversación en la que Guevara y Ramiro comentaban sobre la necesidad de ejecutar con la mayor brevedad a unos policías del régimen de Fulgencio Batista porque eso fortalecería a la Revolución.

 

Valdés, desde la constitución del Ministerio del Interior, estableció una estrecha colaboración con sus pares del extinto bloque soviético que duró hasta la caída del Muro de Berlín y en algunos casos por varios años más. Documentos archivados en la Stassi, policía política de la RDA, testimonian la estrecha cooperación entre las fuerzas represivas y los suministros de diferentes clases que la entidad represiva germana enviaba a sus homólogos de La Habana. Igual relación existía con la KGB, soviética.

 

Dariel "Benigno" Alarcón, de la tropa de Camilo Cienfuegos, conoció a Valdés en la Sierra Maestra cuando este era teniente. Recuerda que era muy próximo a Fidel Castro, a quien adulaba constantemente, pero que trataba al resto de la tropa, salvo que tuvieran su misma jerarquía, con despotismo e impertinencias.

 

Dice que otro aspecto a destacar del carácter de Ramiro era su disposición a juzgar y ejecutar a las personas acusadas de ser delatores o por simples diferencias con el alto mando, pasión que compartía con Ernesto Guevara.

 

Valdés instituyó en Cuba la vigilancia contra el ciudadano común, pero también contra los altos jerarcas del régimen. No había diplomático, funcionario, empresario o personalidad extranjera, que no fuera espiado en la isla. Otro aspecto importante en los predios de Valdés cuando dirigió el MININT, fue la corrupción en la que el Ministro se llevaba la palma, pues disponía de un cocinero particular, entre otra infinidad de detalles millonarios que caracterizan la vida de los grandes jerarcas cubanos.

 

Dice Alarcón que Valdés participó directa o indirectamente en muchas de las operaciones que se realizaron en el exterior y que el MININT desarrolló su propio aparato de subversión y espionaje internacional cuando constituyó la Dirección General de Inteligencia (DGI) que competía con el Departamento América que dirigió Manuel Piñeiro Losada.

 

Entre el Departamento América y la Dirección General de Inteligencia o DGI, que comandaba Valdés, había una gran animosidad, al extremo que no existía colaboración entre las dependencias. Valdés era del criterio de que si ya había una oficina a cargo del espionaje internacional, la suya, no era necesario crear otra que cumpliera deberes similares en América, donde también operaba su oficina de espionaje y subversión.

 

Es importante destacar que el actual Vicepresidente del Consejo de Ministros y Vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba fue uno de los brazos ejecutores de la subversión castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución cubana en Venezuela, Bolivia, Colombia y el resto de los países del continente contaron con la asesoría de Valdés.

 

Dice Dariel Alarcón que los documentos falsificados con los que operaban los subversivos en el hemisferio se confeccionaban en las oficinas del ministro Valdés. De allí salían los pasaportes o cualquier otro tipo de identificación que requiriesen los espías o sediciosos.

 

También eran oficiales bajo el mando de Valdés los que entrenaban a los insurrectos en el aspecto militar, pero también como agentes de espionaje o seguridad. Los futuros cuadros insurrectos entre los que se contaban chilenos, venezolanos, peruanos, brasileños y argentinos, entre otros, eran preparados para soportar los más duros interrogatorios en caso de que fueran capturados.

 

A las pocas semanas del triunfo de la insurrección y después de haber ejercido como Jefe Militar de la provincia de Las Villas, Ramiro Valdés asumió la dirección del Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), una fuerza policial que se especializó en reprimir brutalmente a las organizaciones clandestinas y guerrilleras que confrontaron al nuevo régimen desde el propio año 1959.

 

El "Departamento", como se conoció, fue una especie de embrión de lo que sería el Departamento de Seguridad del Estado, un organismo que llevó a prisión a más de medio millón de hombres y mujeres, y ejecutó acerca de seis mil personas. A excepción de Valeriano Weyler, ningún otro individuo en la historia de Cuba ha sido responsable directo de tantos actos de maldad y crímenes como "Ramirito".

 

El comandante de la Sierra Maestra, Huber Matos, coincide con Alarcón en que Ramiro tenía la triste fama de ser represivo aún antes del triunfo de la insurrección. También comparte la opinión de que Ramiro Valdés era muy dependiente de Fidel y Ernesto Guevara. Matos cuenta que durante su arresto en Camagüey, Valdés le apuntaba con una pistola constantemente y que fue quien lo condujo a la capital.

 

Por años, Ramiro Valdés, por estar al frente de la policía política, fue más temido que Raúl Castro. La participación de sus hombres como instructores, interrogadores y combatientes en la lucha contra los que enfrentaban al totalitarismo le confirió una triste popularidad.

 

Las redadas, condenas y ejecuciones estaban a cargo de los "Ramiritos" como los califica Dariel Alarcón. Por otra parte señala Ricardo Bofill que viejos comunistas con un historial de violencia y asesinatos como Isidoro Malmierca y Osvaldo Sánchez, se incorporaron al MININT y que las informaciones sobre actividades políticas de determinados ciudadanos que había logrado acumular el Partido Socialista Popular en sus años de existencia, fueron entregadas a Valdés.

 

Para Carlos Franqui, Ramiro Valdés, por su incultura y vocación a la represión fue el hombre que escogió Fidel Castro como jefe de las fuerzas policíacas que fueron transformadas en aparato de seguridad nacional. Valdés aplicó las instrucciones que los agentes en Cuba de la KGB, los ya referidos Oswaldo Sánchez e Isidoro Malmierca, le impartieron, con la asistencia de los agentes hispanos soviéticos que en el mismo año 59 había enviado Moscú a La Habana.

 

Los agentes de Ramiro actuaron con plena impunidad y desconociendo los más elementales derechos ciudadanos. Ejecutaban redadas de miles de personas sin que mediara una actuación judicial. Se calcula que en los días de Playa Girón fueron arrestados y confinados en campos deportivos, escuelas y clubes sociales más de 250.000 personas. Las cárceles que existían en esa época, no pasaban de diez, estaban abarrotadas.