Cubanálisis El Think-Tank 

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 RAZA, RACISMO Y CULTURA EN LA CUBA DEL SIGLO XXI

 

Msc. María I. Faguaga Iglesias, Historiadora y Antropóloga

 

Este documento se presentó el 22 de octubre en La Habana en un foro sobre el tema. El CID tiene el gusto de hacerlo disponible para su distribución y discusión.

 

--- ¿Somos, realmente, un pueblo “integrado”?

 

--- ¿Es posible serlo cuando mediatizan todas nuestras relaciones, en niveles perceptibles e imperceptibles, las construidas jerarquizaciones de todo tipo, incluidas en primer lugar las etno-raciales?

 

El racismo puede ser / es, una irracionalidad, pero de ninguna manera es una falacia[1] como se asegura por ahí. Pueden de esa manera estarlo percibiendo ---no me detengo en intencionalidades existentes o no, ni en la valoración sobre estas--- estudiosos que no pertenezcan a algún grupo discriminado o que no lo sean por motivos específicamente etno-raciales; los investigadores de la temática, que etno-racialmente sean afro, deberían evitar caer en la trampa de dar crédito a semejante enunciado emitido por sus colegas, incluso si pareciera lógicamente fundamentado. Ser objeto y sujeto de racismo signa nuestras individualidades y se refleja en nuestros posicionamientos referente al tema a investigar, también si fuera el etno-racial; de ahí que, negros/mestizos cubanos, colonizados o no psicológicamente, expresen conclusiones radicalmente opuestas respecto a la realidad de nuestras complejas relaciones interraciales.

 

--- Quisiera preceder la lectura del texto que forma parte del panel, con una anécdota, y creo podremos coincidir en que se explica por sí misma. ¿Por qué la anécdota? Porque es un hecho con variantes contextuales, pero cotidiano; presente en cualquier esfera de la vida de las cubanas y cubanos que hoy somos; un hecho que nos viene desde el secular ayer pero que evidentemente vamos prolongando hacia el mañana. Una realidad que marca negativa y perversamente la vida de millones de nosotros y que se nos obliga a negarlo. ¿Por qué, si no, tenemos que acudir a la semiclandestinidad para expresarnos sobre ello? La respuesta va implícita en la anécdota. La respuesta la conocemos todos y todas, pese a que se nos impuso que “de eso no se habla”, pese a que en los pocos, poquísimos, espacios institucionales en los que últimamente se haga, sea tantas veces soslayando verdades fundamentales, esenciales, y, en buena lid, en un debate serio y profundo, amplio y honesto, irrefutables.

 

Los martes en la noche, en la emisora local Habana Radio, se transmite un programa que según las llamadas telefónicas que recibe tiene aceptación en toda la Isla. Aunque pocas veces le escucho, tengo la percepción de que su aceptación no tiene distingos de sectores sociales, despertando similar interés en profesionales y amas de casa, religiosos o no, artistas de las mal llamadas manifestaciones de la “Cultura de élite” o de la “Cultura popular”, aunque pareciera ser mayor la presencia, al menos activa, de mujeres. Me refiero al programa Vivir cada día, conducido por el psicólogo Raúl Fulledá.

 

El programa, que suele en cada edición girar en torno a un eje temático, aborda tópicos que clasifican entre los de “autoayuda”, insistiendo en la búsqueda del equilibrio, la felicidad, en la necesidad de la realización plena del ser humano, de la vivencia colectiva en lo que pudiéramos denominar “democracia”, en tanto menciona e insiste en la horizontalidad, pero sin designarle con algún sustantivo.

 

En la noche del martes 19 de octubre, vísperas de la fecha dedicada a la celebración de la llamada “Cultura Nacional”, el programa radial versó sobre el eje Cultura y salud, procurándose muy sucinta y quizás demasiado elementalmente conceptualizar lo que es “salud”, y llamó la atención que se diera como sobreentendido que todos saben eficazmente lo que es cultura, pues apenas se mencionó su definición. Como es habitual, hubo intervenciones telefónicas e invitados especiales, siendo estos alrededor de diez. Me interesa destacar dos elementos:

 

1.- Entre los invitados, únicamente tres clasifican fenotípicamente como personas negras: la funcionaria Nisia Agüero, la escritora Maité Vera, y el cantautor Pablo Milanés.

 

2.- Aunque se reincidió en el empleo de la expresión “Cultura Nacional”, la concentración de la música en temas como La Bayamesa y Tres Lindas Cubanas no mostraron, siquiera sonoramente, representatividad en cuanto al amplio abanico de influencias culturales presentes en la música cubana, ni hubo una muestra mínima de algo que refiriera a lo afro ---musicalmente tan importante y esencial en la música cubana---, a menos que escudriñemos en recónditos parajes rítmicos de la música radiada.

 

Comienzo con la anécdota porque las intenciones, quizás, puedan ser loables, pero el método diferenciador, excluyente y jerarquizador, arbitrario e inoportuno, autoritario y afrentoso ---consciente o inconscientemente utilizado---, emana de las amplias y profundas raíces de la discriminación etno-racial en la sociedad cubana, ya rebasada una década del Siglo XXI. Por ello su empleo como introducción a este breve e introductorio texto sobre la relación entre cultura y racismo.

 

Ahora, voy al texto:

 

1.- El tema raza, tan viejo como la diferenciación fisonómica y fenotípica en el género humano ---que ahora estamos en condiciones de conocer que varía apenas por cuatro o cinco genes---, ha adquirido con el decursar de los siglos importancia especial, digamos que capital, en el acercamiento que sobre este o en torno a este hacemos las sociedades. Acercamiento y tratamiento que pese a lo que todavía hay quienes lo pretendan, muy difícilmente conseguiríamos percibir en singular.

 

El posicionamiento socioeconómico, político, etno-racial del sujeto que enfrenta la temática, y/o actúa más o menos militantemente asumiéndolo como eje o en torno a este, así como la experiencia que le confiere su pertenencia etaria, familiar, su nivel de instrucción y hasta la diferenciación sexual, entre otros elementos, signan y pueden condicionar el acercamiento y tratamiento del sujeto que encare el tema.

 

2.- El Racial representa uno de los temas sociales de mayor complejidad y hondura: está presente en cualquier otro y, en paralelo, es transversalizado por todos. De ahí su excelsa complejidad. De ahí la confusión que tantas veces se desenvuelve en su acometida. De hecho, en los últimos tiempos casi se ha convertido en moda calificar de “Racismo” cualquier tipo de Discriminación, como la sexual y la de género, en inextricable embrollo categorial y enmarañando los contenidos muy bien delimitados y diferenciados de Raza, Sexo y Género. Sigue siendo saludable insistir en que todo intento de disminución afincado en los roles socialmente construidos de Sexo y de Género, constituyen Discriminaciones, pero únicamente se emparientan con la Discriminación Racial, con el sistema que representa el Racismo, si además comprende el intento de disminución atendiendo a los rasgos fenotípicos y fisonómicos, a la coloración de la piel y el tipo de cabello, que son los atributos dados como contenido a la históricamente construida categoría Raza.

 

3.- Nuevos agregados se han ido endosando a la confusión. Étnia y Etnicidad, no solo en ocasiones son tomadas como sinónimos, sino que la categoría Étnia, más vinculada a la Cultura y quizás precisamente por eso, en demasiadas oportunidades la escuchamos o vemos homologada a la de Raza. Equívocos, todos estos, que no nos ayudan a llegar a puerto seguro pues lejos de favorecer entorpecen las apreciaciones y análisis sobre las múltiples aristas de tan ---insisto--- complejo tema, enrareciendo consecuentemente el abordaje cotidiano de la difícil y dolorosa, de la dramática y traumática realidad cotidiana que implica el Racismo, que es, de inicio a fin, lo más importante: el hecho de que el Racismo no sea creación de laboratorio ni fenómeno para la exhibición museable, sino opresión y dolor cotidiano para millones de millones de seres humanos, y que afecte en profundidad y ---para usar términos en boga--- con integralidad toda la vida de generaciones, atestigua la complejidad y hondura, el dramatismo de la temática.

 

4.- Por eso, como en la Teología ---es decir, como en el discursar sobre Dios y su existencia---, aun cuando puedan parecernos tan ajenos y lejanos, como en todo tipo de Ideología más o menos concientizada, pero especialmente en las más arraigadas, se impone distinguir dos momentos fundamentales en el tratamiento del tema Racial: teoría (de mayor o menor empirismo) y práctica, la una y la otra como dos momentos de un todo, como elementos intrínsecos e insoslayables, como continuidad y como paralelos, en estrecha comunión, en obligado interaccionar.

 

Y todo ello ---percibámoslo o no, nos detengamos en ello o no--- marcha en estrecha interconexión con la Cultura, ese ente supra que nos comprende a todos, que habiéndonos moldeado es a su vez nuestra creación, y que, oportunamente, vamos todos recreando, enmendando o maltratando, ampliándola en sus márgenes y enriqueciéndola, o constriñéndola y empobreciéndola, y, así, en un proceso que contiene muchos que, pareciéndonos otros, no necesariamente lo son, pues es desde los cánones culturales que no son legados, esos que recibimos al nacer y a los cuales nos incorporamos casi acríticamente para un día cuestionar y desechar o no, renegar de estos o no ---incluso si nos alejamos no significa que nos apartemos, incluso si nos apartamos no significa que nos olvidemos ni que reneguemos de esta---, que nos hacemos nuestras propias concepciones de la vida en cada una de sus facetas y que las ejercitamos.

 

Siendo la cultura polisémica y totalizadora, desde esta nos proyectamos: ideológica y, políticamente, artística y religiosamente, económica y sexualmente, ética e intelectualmente, lo que hacemos partiendo de la cultura propia y de los elementos culturales ajenos que incorporemos en el decursar de nuestras vidas.

 

5.- Si de Raza y Cultura hablamos en esta Indoafrohispanoamérica ---término empleado buscando mayor precisión, pero conscientes de que seguimos “pecando” de excluyentes, al dejar de lado otros imperios europeos y otras metrópolis del Viejo Continente que usurparon espacios territoriales y esclavizaron a millones de los pobladores originarios y de africanos---, estamos obligados a hacerlo en plural, como plurales fueron sus sociedades con anterioridad y con posterioridad a la llegada ---azarosa e imprevista--- de los visitantes autoerigidos “descubridores”, esos que luego serían los “conquistadores” y “evangelizadores”, pretendidos “civilizadores”, legándonos esa pléyade de herederos blancos-criollos, iberodescendientes, hasta el presente en casi toda la extensión territorial controlando monopólicamente el Poder.

 

6.- Pero si de Razas y de Culturas hablamos en este continente llamado “Nuevo”, no podemos obviar la estructura racializada impuesta por los europeos avasalladores y usurpadores a nuestras naciones desde el surgimiento de estas en su igualmente impuesta Modernidad. Es esa ecuación originaria, y en su manipuladora perpetuación, se halla el atrofiado asimétrico estado de las relaciones en las cuales actualmente, mayoritariamente, sobrevivimos. Ahí radica la fragilidad y porosidad de los tejidos sociales de nuestras desniveladas naciones, de nuestras fragmentadas y por lo mismo inacabadas “Patrias”.

 

ECUACIÓN:

 

Europeos/ Blancos/ Cristianos/ Hombres / Heterosexuales: en la Cúspide de la Pirámide Social

 

VERSUS

 

Población originaria y africana/ No blanca/ Con sus religiones originarias y las recreaciones/ Hombres y Mujeres: en la Base de la Pirámide Social

 

7.- ¿Qué podría procrearse en esa enferma matriz? Solo naciones anómalas, eternizadoras de divisiones que alguna vez, a conveniencia, los racistas blancos-criollos nos ungirían como quiméricas “uniones nacionales”, sin que hayan llegado en ninguna parte del continente a ser tales.

 

Las sociedades funcionan ---para bien o para mal, según se les encauce--- como organismos vivos, y a estos los males se les curan con adecuados medicamentos, que sociológicamente deben corresponder a inclusivos pactos sociales, o se gangrenan expandiendo su fetidez y putrefacción hasta que fenecen.

 

8.- Dos momentos fundamentales, con expresiones diversas, pudieran destacarse en el debate racial de la primera época colonial hispana correspondiente a esta Isla[2]:

 

Primero: El desarrollado con las polémicas en las Cortes Españolas respecto a la humanidad o no de los africanos, que no de otra cosa trataban las discusiones sobre la existencia o no de “alma” en estos y en los indígenas.

 

Segundo: En este prevalece un dato hartamente interesante, y es que se protagonizó entre cubanos negros.[3] Juan Gualberto Gómez y Martín Morúa Delgado, ambos hijos de esclavos, intelectuales, periodistas, con conocimiento del mundo exterior, ambos militantes antirracistas pero portadores de dos visiones diferenciadas sobre las posibles soluciones a la situación de conflictividad interracial y a la situación de precariedad de la población negra. Sus controversias alcanzarían la etapa republicana y, pese a que nos las escamotean, quienes nos hemos interesado en la temática, teórica y/o militantemente, a algo de estas hemos accedido, lo que nos conduce y sumerge en un enjambre de interrogantes, de las cuales aquí y ahora destacaría dos:

 

1.- ¿Por qué, hasta hoy, en la república que se dice “socialista”, lo que supone que debe tener como premisa primera el martiano ideario “con todos y para el bien de todos”, a la población cubana toda se nos soslaya y hasta oculta y tergiversa el pensamiento de nuestros Padres Fundadores negros?

 

2.- ¿Por qué se es particularmente enfático en ese proceder si se trata de ocultarlo a la población negra?

 

Ambos por qué nuevamente y con prisa conducen a la Cultura, a las Culturas, a esta multiplicidad etno-racial que nos caracteriza sin que quienes reproducen la racializada estructura, la discriminadora institucionalidad, ofrezcan muestras de alcanzar a aprehenderlo, pues habiéndolo hecho se intuye que no sería tan inoportuno su tratamiento a un tema que siendo, sobre todo, realidad fundamental, puede verdaderamente hacer peligrar el andamiaje con el cual y sobre el cual se sostienen sus prebendas.

 

Porque, es menester coincidir con nuestros actualmente más destacados y serios teóricos cubanos del tópico racial ---la mayoría de estos, ¿casualmente?, engrosan la abultada nómina de nuestros exiliados y desterrados---, en este caso se trata de los Doctores Carlos Moore, Juan f. Benemeli e Iván César Martínez, en que el Racismo es el instrumento que nos aleja a la población negra, donde estemos, de los recursos, de las riquezas. Agregaríamos: pobreza material que se pretende nos invada también espiritual y psicológicamente, pues allí donde el discriminador en general, en este caso el racista, ha conseguido apropiarse de la psiquis del discriminado, triunfó su sistema de opresión, de control y de dominación, no precisando el discriminador más que verificar la reproducción de este, que se encargará de reeditar y expandir el propio discriminado. Y el proceso de interiorización y mecanismo de dominación, es decir, la manifestación autoopresiva, se efectúa a través de la psiquis; de ahí la necesidad de apropiarse no sólo del cuerpo sino también de la mente y de la espiritualidad.

 

9.- Para ello, en el caso del racista antinegro, tan importante y fundamental como la lejanía del Poder del sujeto negro ---objetivado hoy cual “pieza de ébano ayer”---, lo es mantenerlo alejado de su historia, falsificándosela o negándosela. Sujeto negro sin pasado de gloria será, muy probablemente, negro dócil y renegado, manipulable y humillado, anhelante de lo que nunca podrá alcanzar: la blanca apariencia del discriminador, del dominador o del blanco pobre que imita al opresor; será un negro traumatizado, condenado a manifestarse como la versión tropical del estadounidense Tío Tom; será el negro suspirando en su sempiterna añoranza de ser “blanco por dentro”, de “hacer las cosas como los blancos”. Son aquellos por quienes las abuelas nos enseñaron ---en drástica moraleja--- que “no hay peor cuña que la del mismo palo” o, por los que exclamara alguna vez aquel grande del Partido de los Independientes de Color, que nunca un periódico como El triunfo hubiera publicado “algo escrito por un negro si no hubiera sido una carta contra otro negro”[4].

 

10.- Es imprescindible hacer notar, más apropiadamente, destacar, la confusión o error fundamental que padecen los dirigentes y hacedores de políticas culturales en la Isla. En un mundo y en una sociedad cada vez más plurales y tendientes al pluralismo, continúa primando o imponiéndose el pensamiento binario: “Cultura” contraponiéndose a “Incultura”, “Cultura de élite(s)” a “Cultura(s) popular(es)”, validándose desde la lengua y desde el lenguaje, desde el discurso y desde la praxis, muy caducas y equívocas conceptualizaciones, revalidándose un trasnochado y discriminador pensamiento positivista ---del cual es heredero el marxismo originario--- que clasificó, dividió y jerarquizó a las sociedades en “Cultas” e “Incultas”, reeditando la jerarquizadora clasificación entre supuestos “Civilizados” e “Incivilizados”, pensamiento eminentemente etnocentrista y, en este lado del mundo, hasta el presente absurda pero verídicamente eurocéntrico.

 

11.- Como hiciera en su momento Fernando Ortiz, se nos siguió hablando a los negros cubanos de “superarnos culturalmente” y también de su veterano y arruinado equivalente, es decir, de “civilizarnos” ---o, en su lugar, se ha pretendido y pretende nuestra folklorización---, cuando de lo que se ha tratado y se trata es de Deculturarnos, arrancarnos nuestras culturas, mientras en la historia adulterada que nos han dado y siguen dándonos aparecemos como seres aculturados, sin cultura, como depósitos vacuos comenzados a rellenar con los contenidos que los iberos y sus descendientes decidieron / deciden que nos son asimilables y provechosos, pues, por demás, el racismo, que siempre inventa al discriminado como “incapaz”, precisa para ello que este lo interiorice, procurando entre otras cosas mostrar y mostrarnos nuestras supuestas “incapacidades”, entre estas las de pensar, discernir, elegir, comportarnos según normas y valores propios, etc.

 

Antes, debíamos dejar de ser quienes éramos: negros, debíamos desasirnos de nuestras identidades afro, para “civilizarnos”, queriendo ello decir “occidentalizarnos”, no como estos occidentales que a pesar de todo somos, sino según los patrones que se nos impusieran. Luego, debíamos dejar de ser quienes éramos / somos para convertirnos en “marxistas-leninistas”, como si alguna ideología política pudiera sustituir a la Cultura, como si no vivenciáramos la primera a partir de la segunda; tal vez, añadiéndose en este panorama una nueva confusión ---¡cuantas ya!… y no es propósito pretender referirlas todas---, pues por “marxistas-leninistas” se interpretó “fidelista”, lo cual si no se experimenta en la subalternidad, es generalmente equivalente a decir: blanco-criollo.

 

Pero, en un caso o el otro, perdura una constante: los afrodescendientes debemos dejar de ser, deculturarnos, despojarnos de nuestra siempre actualizada ancestralidad africana y afrocubana, para ser “Cubanos”; somos compelidos al abandono renegado de nuestras identidades culturales afro y de nuestra macroidentidad racial negra ---a todas las cuales se les clasifica peyorativamente: “primitivas”, “inferiores”, “salvajes”, etc.---, y tratándonos ayer como esclavos y hoy cual subalternos ---lo que no necesariamente establece significativas diferencias en los estados psíquicos ni correspondientemente en la autoestima---, se nos endose segundona y no equitativamente a una Cultura que se pretende sea macro, que se autopercibe como “superior”, la “Cultura Cubana”, comprendida esta como un ente imaginariamente definido, de ascendencia raigalmente ibérica e hispana, portadora de una religión que escasamente y por lo general malamente practicamos, y hacedora de una danza (El Zapateo) que se nos escurre entre “la memoria y el olvido”[5] ---sobre todo en el olvido--- referido por Benemelis.

 

12.- Si la Cultura es lo primero que, en la familia y por medio de esta, posee el Ser Humano tras su alumbramiento, entonces no cabe duda: los cubanos somos ya Culturalmente Racistas, pues en la casa y con los primeros comentarios de familiares, amigos y vecinos aprendemos e iniciamos el camino del aprehendizaje de las primeras lecciones al respecto.

 

En el hogar prontamente conocemos cómo clasificamos según nuestra apariencia y de las preocupaciones porque permanezcamos igual o porque nos “atrasemos” ---es decir, se oscurezcan la piel y los ojos, se tornen rizos o más rizos los cabellos, etc.--- durante el crecimiento; aprendemos que puede depender de ello el recibir más afectos, menos, o ninguno, de familiares y de los otros; comenzamos vagamente a intuir que nuestro futuro dependerá de eso que llaman raza, sintiéndonos privilegiados o no concediéndole excesiva importancia ---caso el segundo entre cubanos verdaderamente excepcional--- si se clasifica entre los “blancos”, o sabiéndonos y experimentando la desconsideración e intento consecutivo de disminución en la medida en que menos podamos separarnos de la clasificación de “negros”. En corto tiempo iniciamos el recorrido por el mundo, y el círculo infantil y la escuela se encargarán de reforzarnos esos patrones, ampliándolos en su empleo. Así, las lecciones primeras del Racismo y los traumas respectivos nos llegan de parte de aquellos a quienes solemos querer más y que se supone más nos quieren: madre y padre, familiares en general, amistades y maestros.

 

Si somos más del 70 % de la población de la Isla nacidos luego de 1959, y si estos y muchos otros hemos sido (mal)instruidos, adoctrinados o como quiera interpretarse y llamársele, en los presupuestos ---más bien dogmas--- del ecléctico pensamiento “marxista-leninista-fidelista” ---dicen que también “martiano” y “guevariano”---, y si el nuevo orden político y social no desestructuró la racialización que estuvo en nuestro fundamento precario como nación y que ahí ha pervivido durante la república en armas, la república burguesa y la república castrista, entonces los cubanos así (mal)educados podemos ser calificados como “marxistas-leninistas-castristas-martianos-guevarianos-racistas”, o, en su lugar, portadores de cualquier ideología política y paralelamente racistas, o, en todo caso, hemos andado y trabajado casi en soledad y muchas veces además casi a ciegas e instintivamente, en contra de las discriminaciones raciales, del racismo sistematizado e institucionalizado, ese tipo de enraizada conciencia que ya casi pareciera venirnos genéticamente incorporada… casi, pero no lo es, lo que nos permite procurar accionar para identificarlo, decodificarlo y emprender su desestructuración.

 

13.- Cuesta creer que, únicamente por las menciones que hiciera sobre el tema racial en algunos de sus discursos iniciales tras el primero de enero de 1959, el líder del nuevo gobierno estuviera preocupado realmente con el Racismo, que en Cuba es fundamental y esencialmente antinegro, pese a que los exclusivos dos cortos mostrados por la TV nacional muestren lo contrario.

 

No obstante la existencia de afirmaciones que indican lo contrario, sí existió preocupación explícita en los intelectuales cubanos, específicamente en los afrocubanos ---término aquí apropiado, pues implica pertenencia etno-racial y conciencia de esta, lo que conlleva asociada la militancia negra--- sobre la necesidad de que el naciente Estado se plantease políticamente la situación de conflictividad etno-racial, de desventaja histórica de la población negra, y que trabajara pronta y sistemáticamente en el desmontaje del andamiaje racializado de toda la estructura social, incluido el aparato de gobierno. El Maestro Walterio Carbonell, su discípulo y hoy premiado Carlos Moore, y el Dr. Bencomo, fueron algunos de los que muy tempranamente, con voz alta y directa, lo señalaron, y pretendieron que el nuevo gobierno incorporara, desde 1959, el peliagudo tema Raza como uno de sus ejes de acción fundamentales. La respuesta ofrecida a los tres, como a otros ---sindicalistas afrocubanos, por ejemplo---, fue invariablemente la misma: desidia, destierro, encarcelación, insilio.

 

14.- A estos continuaría la preocupación y ocupación de la generación de El Puente. Iván César Martínez, Juan f. Benemelis, Rogelio Martínez Furé, Inés María Martiatu, Tomás Fernández Robaina, Tato Quiñónez, y otros, aunque en ocasiones pueda pensarse lo contrario con relación al tratamiento que aparentemente se les ha dado en momentos y contextos particulares, corrieron suertes similares a las de quienes pocos años antes les precedieran.

 

No ha sido muy diferente la de las generaciones que les sucedemos, de lo que pueden dar fe algunos de los opositores y disidentes en activo, o de los profesionales que se desenvuelven dentro o al margen de la estructura establecida.

 

15.- Cultura y Política han pretendido imponerse unilateralmente, en singular, con una sola pigmentación epitelial: blanca, y con un solo fundamento ideológico: ¿marxista?, desde el Poder Político, como durante los largos y conflictivos siglos de total atadura a la metrópoli. Por ello, cuando entre cubanos hablamos de razas o de culturas, o de sus contenidos, seamos o no concientes de ello estamos hablando de Relaciones de Poder ---atrofiadas, por cierto, muy atrofiadas---, y, querámoslo o no, estamos posicionándonos en el escenario y en la cartografía política nacional, regional, continental, internacional y transnacional.

 

16.- He ahí la razón por la cual nos convertimos, o nos percibe el Poder, los Poderes, como entes “peligrosos” y hasta “temerarios”, y, si somos personas negras, como “mal agradecidos”, “desafiantes”, “delincuentes” e “indolentes”, entre muchas clasificaciones vejatorias que expresan la carga racializada de su aplicación.

 

17.- Seguimos negras y negros en la Cuba actual, no caben dudas al respecto, siendo los subalternos en la Historia Patria ---que no “nacional”---, siendo los parientes económicamente pobres, porque continuamos siendo el amplísimo sector más oprimido y explotado, en el cual merecen capítulo aparte por la complejidad de su situación las mujeres negras.

 

Esta es realidad que no deberíamos continuar dudando los afrocubanos. A menos que pretendamos permanecer, por los siglos de los siglos, en la nada ventajosa ni edificante condición y situación del subalterno.

 

18.- Hasta la actualidad, nos desenvolvemos atrofiada y dramática, traumática y enfermizamente, en una nación íntegramente racializada, y ello urge a interrogarnos:

 

Primero: ¿Qué es la “Patria”?

 

Segundo: La población negra cubana: ¿tiene “Patria”?

 

La Nación que debería haber cristalizado ya, la que nos contemple a todos los sectores en equidad, prosigue a la espera, congelada en el imaginario de una parte de esta y sin llegar a hacerse presente en el imaginario del resto. La Nacionalidad prosigue sesgada, dividida y jerarquizada. El Metizaje, que en Cuba tiende a ser extendidamente concebido como “Mulatez”, pese a criterios contrarios sostenidos durante décadas por no pocos de sus intelectuales, no ha significado la anunciada “solución” a la situación etno-racial, y ha venido contribuyendo a la mayor complicación de la cuestión. La “Integración” no la alcanzamos aún, y en todo caso la acendrada intolerancia característica de la Cultura que vivenciamos, que obstaculiza el camino hacia la comprensión y convivencia enriquecedora en y desde las diferencias, nos entorpece, alarga y extravía los caminos hacia su encuentro.

 

19.- Llegados a este punto retorno a la anécdota inicial.

 

No hubo extrañamiento verdadero en la manera de estructurar el programa radial que se presumía y se proponía homenajear la “Cultura Nacional Cubana”. Su propuesta es una visión de esta, decimonónica, de lo “nacional”, que goza de amplia vigencia. Pero:

 

… ¿De qué “Cultura Nacional” se nos habla con un Ballet Nacional de corte europeo, con extendidísimas y trascendentes prácticas racistas en su conformación desde el acceso a sus escuelas, pudiéndose contar con los dedos de las manos las figuras negras que han conseguido introducirse en este y obtener reconocimiento; con unos grupos autónomos que pretendiendo mixturar el amplio panorama danzario son condenados a cortas e imperceptibles vidas por la falta de apoyo institucional?

 

… ¿De qué “Cultura Nacional” se nos habla cuando se nos folkloriza todo que no tenga proceder europeo; cuando se le brindó la mayor y más simbólica plaza del país al fallecido Pontífice católico-romano, Juan Pablo II, y casi se dio carácter de visita clandestina a la del Oní de Ifé, patriarca de los afrorreligiosos con prácticas de origen yoruba asentados en cualquier parte del mundo?

 

… ¿De qué “Cultura Nacional” se nos habla cuando se constriñe y condena a las personas negras en unas representaciones estereotipadas que nos sitúan bajo sospecha aun antes de nacer, y que, tras nuestro nacimiento en esta Isla que debería ser hogar común, acogedor y feliz para todos los aquí nacidos, sin distinciones de razas ni de culturas, de orígenes socioeconómicos ni de posicionamientos políticos, de preferencias sexuales ni de diferencias de géneros, de pertenencias etarias, entre otras, nos enjuician, penalizan y sentencian a la expiación sempiterna, puede que hasta se nos incomunique, siempre amparándose y fundamentándose en clasificaciones y jerarquizaciones de todo tipo, asimismo etno-raciales?

 

… ¿De qué “Cultura Nacional” hablar a los niños y niñas a quienes por el color de su piel muy probablemente se les condenará a las peores condiciones de vida y se les imposibilitarán de emplear recursos dignos para salir de su miseria, criticándoseles por todo aquello a lo cual se les obliga?

 

Si la Cultura es una construcción y recreación históricamente contextualizada:

 

… ¿Por qué programas como el mencionado promueven la visión estereotipadamente blanca- criolla de la Cultura, lo que es decir de la Historia?

 

… ¿Por qué hace lo mismo, a la inversa, esa academia que nos dicen es “cubana”?

 

Entonces:

 

… ¿Qué es lo “cubano”?

 

… ¿Qué somos la población negra de este país?

 

… ¿A cuál tipo de “integración” se nos ha venido conminando como no sea en subordinación?

 

… ¿Por qué se nos vende fundamentalmente a las mujeres negras en las portadas de materiales de promoción turística para atraer moneda dura?

 

… ¿Cuál se nos está diciendo que debe ser nuestro “aporte” a la economía del país?

 

… ¿A qué se induce con ello a nuestras niñas?

 

20.- De todo eso, y de más, mucho más, se trata cuando mencionamos aun si velozmente la interrelación entre Raza, Racismo y Cultura. De todo eso, y de más, cuando inicialmente referimos la anécdota sobre un programa radial que, en apariencia de ingenuidad, transmite una conciencia racializada, blancocéntrica y eurocentrista, de la sociedad cubana del ya entrado Siglo XXI.

 

21.- Sí. A la población negra cubana nos sobran los motivos para la inconformidad; más, nos sobran los motivos para el disgusto, para la reflexión y para el batallar. La verdadera Nación cubana está construyéndose, lleva siglos de cocción, y nosotros, como en el pasado de esclavitud, de látigo y de barracón, de perros rastreros y de cebo, venimos haciéndolo desde el cimarronaje y el apalencamiento: ¿hasta cuándo?

 

Reiteraría finalmente: no es casual que encuentros como este tengan carácter de semiclandestinidad, que no se puedan promover entre los interesados, y que por lo mismo acuda una ínfima representación de estos. Tampoco es casual que estas reflexiones internamente apenas consigan trascender estos pequeñísimos y rarísimos espacios, que no dudamos puedan ser considerados por el Poder como “subversivos”.

 

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[1] “(…) la falacia e irracionalidad del racismo, que tiene un marco totalmente adecuado y funcional en la estructura económica, política y social del sistema, permite crear una alianza, tácita o explícita, consciente o inconsciente [al margen de las diferencias de clase] (…) que coadyuva eficazmente a los resultados de la perpetuación del sistema (…)”

 

Asturias Amado, Rodrigo. La verdadera magnitud del racismo. En dos tomos. Tomo I. Guatemala. 1971. Pág. 4. (Subrayado de la autora de donde se extrajo la cita.) En: Valenzuela Sotomayor, María del Rosario. ¿Por qué las armas? De los mayas a la insurgencia. 2009. Editorial Ciencias Sociales. La Habana (Cuba). Págs. 173-174.

 

[2] Época colonial primera, la prolongada entre 1492 y 1898. La segunda sobrevendría casi al inicio de la era formalmente republicana o de la república burguesa instaurada excluyente y racializadamente tras la independencia, cuando los blancos criollos generales de la contienda independentista, importaron desmesuradas cantidades de ibéricos con afán sin par de “blanquear” a la sociedad cubana. La tercera época colonial está en curso, y pudiéramos denominarla de “reconquista formal” (no habiendo dejado de existir tal colonización pues: ¿quiénes controlan al más alto nivel todos los poderes en la república “socialista”?), habiéndose iniciado a finales de los anos ’80 del postrero Siglo XX

 

[3] “Cubanos negros”. Clasificación que quizás, desde alguna perspectiva analítica, pudiera interpretarse o identificarse sin más como redundancia, si nos atenemos a la realidad de que, no contando con el referente de una soñada o real “Madre Patria” hacia la que volver los ojos y a la que añorar, en la cual depositar sus esperanzas y sus afectos, al afrodescendiente aquí nacido no quedó otra opción que cubanizarse, es decir, que enraizarse, con premura.

 

[4] Fermoselle, Rafael. Política y color en Cuba. La guerrita de 1912. S/F. Editorial Colibrí. S/P. Pág. 107.

 

En agosto de 1907, el Directorio de la Raza de Color de la provincia de Camaguey, emitió un documento dirigido a los cubanos negros inconformes con la situación de su raza en la recién inaugurada etapa legalmente republicana; aclaraban no intentar la creación de un partido racializado, sino unir a su raza en el establecimiento de “una organización que nos permita ayudarnos mutuamente; (…) trabajar por el progreso de nuestra raza en el orden económico, moral y político” (Fermoselle. R. Ob. Cit. Pág. 100), y que sus integrantes podrían responder o pertenecer a cualquier partido político. Recalcaban la necesidad de que la población negra pudiera ejercer la ciudadanía legalmente reconocida, de que las instituciones eliminaran las exclusiones de su raza en y de que se fomentara el mejoramiento intelectual de esta a través de centros de enseñanza. Además, instaban a los partidos políticos a opinar sobre los derechos de los cubanos negros. Manifiestos similares se promulgaron en gran parte de la Isla. Con la participación de intelectuales y activistas negros, se fomentó un fuerte debate en torno a la necesidad o no de que la población negra solicitara abiertamente el reconocimiento de sus derechos.

 

En 1908 en el debate concurrieron Evaristo Estenoz y el Comandante Tomas Aguilar, vicepresidente del Comité Liberal de San Juan de las Yeras. Aguilar envió una carta pública a Estenoz que aparecería en El Triunfo, felicitándole por sus deseos de mejorías para los cubanos negros, añadiendo que consideraba era una lucha inoportuna dada la presencia estadounidense en la Isla (segunda intervención), y que en aquel país los negros eran tan maltratados como en ningún otro lugar; el Comandante consideraba que los negros no deberían tener un movimiento independiente ni demostrar su disgusto al poder extranjero pues con ello peligraría la existencia de la república; que los negros debían unirse al Partido Liberal cuyo futuro gobierno, para el cual se postulaba José Miguel Gómez, eliminaría las exclusiones racistas (Tomás Aguilar. El Triunfo. 17 de febrero de 1908.). También en El Triunfo, tres días después, aparecería la respuesta de Estenoz quejándose de la dificultad para que dicho periódico publicara su réplica; señalaba que la situación de la población negra en Cuba y en EE.UU era diferente: los afrodescendientes isleños “debían sus dificultades a la falta de acción en el presente” y los estadounidenses “debían sus problemas a su falta de acción en el pasado” (Evaristo Estenoz. El Triunfo. 20 de febrero de 1908. En: Fermoselle, R. Ob. Cit. Pág. 107); apuntaba que los blancos cubanos las habían empleado las dos intervenciones estadounidenses como pretextos para no reconocer a los negros total participación política, y que no esperaba que de ser elegido José Miguel Gómez como presidente apoyara la causa de los negros.

 

[5] Benemelis, Juan F. (Editor). La memoria y el olvido. Syllabus afrocubano. 2009. Editorial Ceiba. Kingston (Jamaica).