Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                          Dr. Eugenio Yáñez

  

RACIONALIZACIÓN “REVOLUCIONARIA” DEL CONTINUO FRACASO DEL CHE

 

EL CONTUNDENTE FRACASO DE LAS AVENTURAS GUERRILLERAS

 

Nadie mejor que el mismo Che Guevara para resumir los siete meses de su fatídica aventura congolesa entre abril y  noviembre de 1965: “Esta es la historia de un fracaso”. Casi inmediatamente, se rectifica a sí mismo: “Más correctamente, esta es la historia de una descomposición”.

 

Derrotado, frustrado y enfermo saldría de El Congo por el Lago Victoria hacia Dar-es-Salam, Tanzania, y de ahí a recuperarse en Praga, Checoslovaquia durante casi seis meses. No se escabulló: los servicios de inteligencia occidentales preferían un Che derrotado que un Che mártir, y aparentemente miraron hacia el otro lado cuando las destartaladas embarcaciones sacaban los restos desmoralizados y enfermos de la guerrilla cubana.

 

De nada le sirvió el fracaso y la frustración en El Congo, nada aprendió. Lo racionalizó con "teoría revolucionaria", con la dialéctica del revés como victoria, con la invencibilidad de los vencidos. A pesar de la retórica y el supuesto aprendizaje de las derrotas, un año después de salir de El Congo, tras la rehabilitación médica en Checoslovaquia y el entrenamiento secreto en Pinar del Río, estaría repitiendo la aventura en Bolivia.

 

Y nuevamente constaría, ahora en su Diario boliviano: “...la masa campesina no nos ayuda en nada y se convierten en delatores”.

 

Once meses después de su llegada a Bolivia terminaba su vida en la Quebrada del Yuro.

 

Hay quienes afirman que Bolivia era para Guevara el paso hacia Argentina, y de ahí  la absurda ubicación territorial de la guerrilla si pretendía establecerse en el país: pero que Fidel Castro, premeditadamente, entorpeció el paso para dejarlo varado en el altiplano, pues nunca quiso que llegara a su tierra natal, sino salirse del arrogante e incómodo irreverente que le "hacía sombra" y era repudiado por los soviéticos. De cualquier manera, en Bolivia terminó la aventura y nació el mito.

 

Son muchos los puntos sombríos de todas estas historias que requerirán en su momento investigación, análisis y evidencias. Mientras tanto, el mito y la imagen de Che Guevara son en la actualidad victorias del régimen cubano, no debe haber dudas sobre esto. La leyenda de "El Guerrillero Heroico” sobrepasó la historia y la realidad del guerrillero derrotado. Camisetas y "posters" exaltan el mito y olvidan sus derrotas y desaciertos conceptuales, que no son pocos.

 

Después de la batalla de Santa Clara en 1958, Che Guevara no resultó victorioso nunca más, ni como guerrillero, ni como funcionario gubernamental, ni como teórico revolucionario. El "hombre nuevo" es un mito que no se materializa. Sus criterios administrativos y organizativos de la economía cubana son un desastre plagado de errores. Y su "visión" de la revolución mundial es pieza de museo en la actualidad. Todo eso es tema de profundos análisis que están por venir todavía.

 

Será la historia quien aclare en su momento todas las leyendas y lugares oscuros de esos dos accidentados años (1965-1967) en la vida de Ernesto Che Guevara después que salió de Cuba a crear su Ejército Proletario Internacional y desatar la guerra revolucionaria en el resto del mundo para "crear dos, tres, muchos Vietnam".

 

Será necesario reconstruir la historia del fracaso, sin las brumas de la propaganda oficialista, las profesiones de fe de los iluminados o los rencores irracionales de algunos de sus enemigos.

 

Ahora basta este pequeño fragmento de su Diario en El Congo. No hace falta decir más.

 

Como escribió el mismo Guevara en su carta de despedida, “no vale la pena emborronar cuartillas”.

 

FRAGMENTO DEL DIARIO DE CHE GUEVARA EN EL CONGO

 

Ernesto Che Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo. Ediciones Mondadori.

 

"Esta es la historia de un fracaso. Desciende al detalle anecdótico, como corresponde a episodios de la guerra, pero está matizada de observaciones y de espíritu crítico ya que estimo que, si alguna importancia pudiera tener el relato, es la de permitir extraer experiencias que sirvan para otros movimientos revolucionarios. La victoria es una gran fuente de experiencias positivas pero también lo es la derrota, máxime considerando las circunstancias extraordinarias que rodean el episodio: los actuantes e informantes son extranjeros que fueron a arriesgar sus vidas en un territorio desconocido, de otra lengua y al cual los unían solamente los lazos del internacionalismo proletario, inaugurando un método no practicado en las guerras de liberación modernas.

 

Cierra la narración un epílogo que plantea las interrogantes de la lucha en África y, en general, de la lucha de Liberación nacional contra la forma neocolonial que constituye su modalidad de presentación más temible, dado los enmascaramientos y sutilezas que conlleva y la larga experiencia que en este tipo de explotación tienen las potencias que la practican.

 

Estas notas serán publicadas transcurrido bastante tiempo desde su dictado y, tal vez, el autor no pueda ya hacerse responsable de lo que aquí está dicho. El tiempo habrá limado muchas aristas y, si tiene alguna importancia su aparición, los editores podrán hacer las correcciones que crean necesarias, mediante las pertinentes llamadas, a fin de aclarar los acontecimientos o las opiniones a la luz del tiempo decantado.

 

Más correctamente, esta es la historia de una descomposición. Cuando arribamos a territorio congolés, la Revolución estaba en un período de receso; sucedieron luego episodios que entrañarían su regresión definitiva, por lo menos en este momento y en aquel escenario del inmenso campo de lucha que es el Congo. Lo más interesante aquí no es la historia de la descomposición de la Revolución congolesa, cuyas causas y características son demasiado profundas para abarcarlas todas desde mi punto de observación, sino el proceso de descomposición de nuestra moral combativa, ya que la experiencia inaugurada por nosotros no debe desperdiciarse, y la iniciativa del Ejército Proletario Internacional no debe morir frente al primer fracaso. Es preciso analizar a fondo los problemas que plantean y resolverlos. Un buen instructor en el campo de batalla hace más por la revolución que instruir una cantidad considerable de novatos en ambiente de paz, pero las características de ese instructor, catalizador en la formación de los futuros cuadros técnicos revolucionarios, debe ser bien estudiada.

 

La idea que nos guiaba era la de hacer luchar juntos hombres experimentados en batallas por la liberación, y luego contra la reacción en Cuba, con hombres sin experiencia y provocar, con esto, lo que nosotros llamábamos la «cubanización» de los congoleses. Se verá que el efecto fue diametralmente opuesto y cómo se produjo con el tiempo la «congolización» de los cubanos. Llamamos congolización a la serie de hábitos y actitudes frente a la Revolución que caracterizaron al soldado congolés en aquellos momentos de la lucha; esto no entraña una opinión despectiva hacia el pueblo congolés; lo entraña, sí, hacia el soldado de aquel entonces. Las causas de que esos combatientes tuvieran características tan negativas también tratarán de explicarse en el curso de la historia.

 

Como una norma general, norma que siempre he seguido, aquí solo se dice la verdad, al menos mi interpretación de los hechos, aunque esta pueda ser enfrentada por otras apreciaciones subjetivas o corregidas, si se deslizan errores en el relato de acontecimientos.

 

En algunos momentos en que la verdad resultare indiscreta o inconveniente se omite la referencia, ya que cosas hay que el enemigo debe ignorar y aquí se plantean los problemas que puedan servir a los amigos para un eventual reordenamiento de la lucha en el Congo (o su inicio en cualquier país del África o de otros continentes cuyos problemas sean semejantes). Entre las referencias omitidas están las vías y métodos para llegar al territorio de Tanzania, trampolín de nuestra entrada al escenario de esta historia.

 

Los nombres de los congoleses que figuran aquí son reales pero casi todos los de los integrantes de nuestra tropa están dados en swahili, según los bautizáramos al penetrar en territorio congolés; los verdaderos nombres de los compañeros participantes figurarán en una lista anexa, si los editores lo consideraran útil. Es necesario destacar, por último, que si, ateniéndonos a la verdad estricta y a la importancia que pueda tener para futuros movimientos de liberación a iniciarse, hemos puntualizado aquí distintos casos de debilidad, de hombres aislados o por grupos, y hacemos énfasis en la desmoralización general que nos había ganado, eso no quita nada a lo heroico de la gesta, la heroicidad de la participación está dada por la actitud general de nuestro Gobierno y del pueblo de Cuba. Nuestro país, solitario bastión socialista a las puertas del imperialismo yanqui, manda sus soldados a pelear y morir en tierra extranjera, en un continente lejano, y asume la plena y pública responsabilidad de sus actos; en este desafío, en esta clara toma de posición frente al gran problema de nuestra época, que es la lucha sin cuartel contra el imperialismo yanqui, está la significación heroica de nuestra participación en la lucha del Congo.

 

Es allí donde hay que ver la disposición de un pueblo y de sus dirigentes no solo para defenderse, sino para atacar. Porque, en cuanto al imperialismo yanqui, no vale solamente el estar decidido a la defensa; es necesario atacarlo en sus bases de sustentación en los territorios coloniales y neocoloniales que sirven de basamento a su dominio del mundo".

 

NOTA: La edición completa del Diario aparece en la Sección “Documentos” de Cubanálisis-El Think-Tank

 

 

EL CONTUNDENTE FRACASO DE LA TEORÍA DEL "HOMBRE NUEVO"

LOS PRESUNTOS HEREDEROS EMBORRONANDO CUARTILLAS

 

Continúan, desde hace casi cuarenta años, los intentos para dar coherencia al "pensamiento económico del Ché".

 

Y continuarán: la revolución cubana, siempre huérfana de teoría y en estos momentos desorientada con su Comandante en Cama, necesita inventarse un sustento teórico que justifique el desastre, la bancarrota y el inmovilismo.

 

Mucho más ahora, que grupos guevaristas y trostkistas insisten en apropiarse del mito del Che y desligitimizar a la revolución cubana como heredera de su pensamiento.

 

No hay tal "pensamiento económico", ni mucho menos una teoría coherente que se pueda extraer de sus escritos y discursos sobre el tema: solamente un conjunto incoherente de utopías y un análisis superficial y banal del funcionamiento de las corporaciones en Estados Unidos, desactualizado e impreciso, de donde resulta imposible diseñar un "modelo" de funcionamiento de una economía.

 

De entre esos ridículos balbuceos pretenden los castristas descubrir un Adam Smith, un Schumpeter o un Milton Friedman.

 

Y además se requiere algo que no existe ni existirá, "el hombre nuevo": alguien que no tiene intereses ni sentimientos, que trabaje solo por la satisfacción de cumplir con un abstracto deber determinado por un liderazgo que no se somete a elección popular, y que se conforme eternamente con un consumo cuartelario y racionado.

 

Algo que nadie en la propia jerarquía castrista desea ni admite para sí mismos o sus familiares.

 

Porque las utopías son precisamente eso: utopías. Nunca atisbos del futuro, sino deformaciones de la visión. Aberraciones. Que manipuladas por el totalitarismo llevan a las naciones al estancamiento, el retroceso y el desastre absoluto. Y que tras décadas de fracaso de "socialismo real" pretenden repetir ahora el experimento con el llamado socialismo del siglo XXI.

 

Si se desean encontrar ejemplos de la aplicación del "pensamiento" del Che ampliamente en una sociedad, hay dos muy claros: el Khmer Rojo en Cambodia, y la dinastía Kim Il Sung-Kim Jon Il en Corea del Norte.

 

Maquillar todo esto con retórica y paisaje podrá hacerle más digerible, pero nunca más realista.

 

He aquí un ejemplo:

 

 

 

LA «ECONOMÍA» DEL HOMBRE NUEVO

A cuatro décadas de su desaparición física, el pensamiento del Che sobre la economía obliga a repensar cómo queremos el Socialismo del siglo XXI

Por: Amaury E. del Valle, JUVENTUD REBELDE, 07 de octubre de 2007

 

El Che es en gran parte, todavía hoy, un misterio por estudiar. Su vida está indisolublemente ligada a una obra intelectual, que, como él mismo confesara en una carta en febrero de 1964, a veces puede parecer algo «oscuro», precisamente porque en la mayoría de las ocasiones se hacía cuando «ya pasa la medianoche en mi reloj».

 

Sin embargo, leerla detenidamente es encontrar un sinfín de reflexiones, algunas signadas por el momento histórico que le tocó vivir, otras que guardan una vigencia pasmosamente real. Incluso no son pocas las que se adelantaron a acontecimientos que han marcado los últimos años, como el derrumbe de lo que llamó el «modelo soviético de socialismo».

Es el campo de la economía, después de la política nacional e internacional, o sus consideraciones sobre la lucha de liberación, uno de los más abordados por el Comandante Guevara

 

Pilares necesarios

 

El pensamiento económico del Che no es un acertijo indescifrable o un minotauro teórico imposible de vencer. Aún con su carácter inacabado, podría sintetizarse, como lo hizo él en su famoso ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, en apenas una frase admonitoria que sigue siendo un desafío hoy: «Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo».

 

Y es que uno de los pilares de la concepción económica del Che fue precisamente la imbricación de una estructura donde primara más allá de la satisfacción de las necesidades de los seres humanos, la educación, para hacerlos sentir verdaderamente propietarios de los medios de producción y a su vez beneficiarios de estos.

 

Uno de los momentos fundamentales en este sentido fue la conocida polémica suscitada sobre la dirección de la naciente economía socialista en Cuba, entre 1963 y 1964. Esta, que empezó siendo sobre cuestiones meramente nacionales, se convirtió en determinado momento en un debate cuestionador del propio modelo económico instaurado en los entonces países socialistas.

Al respecto, el propio Che al alertar contra la «apologética ciega», criticaba a quienes pretendían transplantar experiencias ajenas a la realidad cubana al afirmar que «... la llamada ley del tránsito del socialismo al comunismo es mecánica y mojigata, es un intento de acomodar la realidad soviética a la teoría, desechando el análisis y los broncos problemas que se crearían si se tomara una vía realmente revolucionaria».

 

En ese sentido, el investigador Michael Löwy,  en su trabajo «Ni calco ni copia: Che Guevara en búsqueda de un nuevo socialismo», asegura que, en contracorriente de la tendencia de su época de copiar el modelo soviético, las ideas del comandante guerrillero sobre la construcción del socialismo eran «una tentativa de “creación heroica” de algo nuevo, la búsqueda —interrumpida e inacabada— de un paradigma de socialismo distinto, y en muchos aspectos radicalmente opuesto a la caricatura burocrática “realmente existente”».

 

NOTA DE CUBANÁLISIS. Al brasileño Löwy se le considera “ecosocialista”, pero su esencia ideológica es de "tendencia trotskista", ya que es un miembro activo de la Cuarta Internacional.

 

Algo similar opinan otros estudiosos del Che, y en especial del debate sobre la economía en Cuba entre 1963-64, quienes reconocen que en esta época existían evidentes tensiones y contradicciones entre los ideales preconizados por la Revolución Cubana, y los que en ese momento primaban en los altos dirigentes de la Unión Soviética. Se oponían entre sí los ideales internacionalistas de la Revolución Cubana socialista de liberación nacional, al sistema soviético y su ideología ya teorizada, que a pesar del esquematismo y la subordinación a los intereses de «el socialismo en un solo país», era sin embargo la fuerza mayor que en el mundo actuaba y hablaba en nombre del marxismo».

 

No por gusto el propio Che significó la «gran osadía» de cuestionarse no solo el modelo de socialismo existente, sino incluso el propio papel de la URSS en la arena internacional, criticado por él al considerar que muchas veces actuaba de manera similar a una potencia imperialista.

 

Al respecto, en un discurso fundacional pronunciado en Argelia, en febrero de 1965, en clara alusión a la URSS sostenía que «... no puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, en la sociedad que se construye o está construido el socialismo, como de índole mundial en relación a todos los pueblos que sufren la opresión imperialista».

 

NOTA DE CUBANÁLISIS. Durante muchos años la versión oficial del régimen de La Habana era que las críticas de Guevara en Argelia se dirigían contra la URSS y China, por igual. Pero eso se planteaba para apaciguar a los soviéticos envueltos en pugna ideológica con los maoístas. En realidad, Che Guevara apoyaba la posición china como se reconoce ahora. Sus contactos personales y por escrito con altos dirigentes de Pekín antes y durante su lucha guerrillera en el Congo son conocidos. Al respecto ver en Cubanálisis, “La pesadilla africana del Congo”, por Antonio Arencibia. 

 

Como asegura el economista cubano Osvaldo Martínez, esto era entonces como dijera el Che una «“herejía” y “osadía” para referirse a su plan tentativo de escribir una verdadera economía política marxista no apologética y que fuera como “un grito dado desde el subdesarrollo”».

 

Y es que no hay dudas de que el objetivo del Che, como el de Fidel y otros revolucionarios, era fundar un pensamiento propio de la Revolución Cubana, alejado de lo que entonces se entendía como «marxismo-leninismo», ya que lo que se consumía en Cuba y en el resto del mundo con ese nombre no eran más que «verdades» que se tenían por eternas, cuando en realidad respondían más a realidades concretas de la URSS e incluso a distorsiones de la teoría marxista, que a un verdadero pensamiento creador y ecuménico sobre el socialismo, al cual llamó el Che en sus reflexiones.

 

Hacer el siglo XXI

 

Uno de los aspectos que más preocupó al Che en sus reflexiones fue la búsqueda de la eficiencia económica, la aplicación de la ciencia y la técnica como vía de aumentar la producción, pero en especial la utilización del estímulo moral como complemento e incluso sostén necesario de la actitud ante el trabajo.

 

En El Socialismo y el Hombre en Cuba se refirió directamente a esta idea cuando afirmó que «persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía tomada como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida... Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo».

 

Igualmente, en carta que le enviara a Fidel en abril de 1965, antes de su partida al Congo, sostenía que «el comunismo es un fenómeno de conciencia, no se llega a él mediante un salto en el vacío, un cambio de la calidad productiva, o el choque simple entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. El comunismo es un fenómeno de conciencia y hay que desarrollar esa conciencia en el hombre, de donde la educación individual y colectiva para el comunismo es una parte consustancial a él... No podemos medir en término de ingreso per cápita la posibilidad de entrar al comunismo...»

 

Sin embargo, el Che ni estaba de espaldas a la realidad ni era un idealista incurable, como algunos han querido pintarlo tratando de mitificar su figura para minimizar su pensamiento.

 

Profundo observador, estudioso constante y viajero incansable, rápidamente supo aquilatar que el socialismo iba por un camino erróneo si perseguía competir con la superproducción del capitalismo, precisamente la base en la que se asienta todo su sistema de explotación.

 

«Un modelo comunista de producción presupone una abundancia considerable de bienes materiales pero no necesariamente una comparación estricta con el capitalismo», sostenía, al aseverar que más allá de la producción desmesurada se imponía la «planificación y la eficiencia económica», pilares de su teoría en el campo de la economía.

 

«Nosotros tenemos una gran laguna en nuestro sistema; cómo integrar al hombre a su trabajo de tal manera que no sea necesario utilizar eso que nosotros llamamos el desestímulo material, cómo hacer que cada obrero sienta la necesidad vital de apoyar a su revolución y al mismo tiempo que el trabajo es un placer...», reconocía el Che en la mencionada carta a Fidel.

 

Él mismo se cuestionaba esta situación de la cual aseguró que era necesario «estudiar a fondo», al proponer en una reunión de balance efectuada en el Ministerio de Industrias «luchar con toda nuestra fuerza para que el estímulo moral supla al estímulo material dentro de lo posible durante el mayor tiempo posible, es decir, estamos fijando un proceso relativo, no estamos fijando la exclusión del estímulo material, simplemente estamos fijando que debemos luchar porque el estímulo moral en el mayor tiempo posible sea el factor determinante en la actuación de los obreros».

 

Sin embargo, no descartaba utópicamente el necesario reconocimiento material a quien trabajara mejor que los demás, ya que sostenía que «ese obrero será premiado y será premiado no con tanto dinero en efectivo por tanto por ciento que haya sobrepasado la norma, sino por su capacidad para adquirir mayor capacidad. Por ejemplo, yendo a una escuela donde se le paga su salario y de donde sale con una nueva calificación. Esa nueva calificación al volver a la fábrica automáticamente se convierte en aumento de salario, es decir, en estímulo material...».

 

Impulsor del trabajo voluntario, al que en determinado momento calificó como verdaderamente revolucionario, el pensamiento económico del Che fue a detalles tan específicos, dada su función como ministro, que llegó a intervenir teóricamente y en la práctica en la determinación de cómo se formarían los salarios en la sociedad socialista entonces en ciernes.

 

«¿Cuánto trabajo invierte un mariscal y cuánto un maestro?, ¿cuánto un ministro y cuánto un obrero? Lenin en El Estado y la Revolución tenían una idea (marxista) que luego desechó de la equiparación de sueldos de funcionarios y obreros pero no estoy convencido de que su marcha atrás sea correcta» , se cuestionaba el Che al criticar el Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, entonces tomado casi como una «Biblia» para la construcción socialista.

 

Y él mismo se respondía analizando la realidad vista en la URSS y en Cuba que «la esencia real de todas las dificultades que existen hoy es una falsa concepción del hombre comunista, basada en una larga práctica económica que tenderá y tiende a hacer del hombre un elemento numérico de producción a través de la palanca del interés material». Acotando también que «pretender aumentar la productividad por el estímulo individual es caer más bajo que los capitalistas».

 

Educar al hombre nuevo en una forma nueva de producir, fue la tesis esencial defendida por el Che, aunque no siempre fue bien comprendida, y mucho menos aplicada, incluso en Cuba, como tampoco sucedió en la URSS.

 

NOTA DE CUBANÁLISIS. En la carta de Che Guevara a Fidel Castro de abril de 1965, cuyos fragmentos publicó “La Haine”, el guerrillero argentino plantea que ‘todo el andamiaje jurídico económico de la sociedad soviética actual parte de la Nueva Política Económica; en esta se mantienen las viejas relaciones capitalistas, se mantienen las viejas categorías del capitalismo, es decir, existe la mercancía, existe, en cierta manera, la ganancia, el interés que cobran los bancos y , naturalmente, existe el interés material directo de los trabajadores”. En lo que es a todas luces, una “revisión” del leninismo, Guevara se aventura a decir que “[a]unque sea algo absolutamente subjetivo, me da la impresión de que si Lenin hubiera vivido para dirigir el proceso del cual era el actor principal y que tenía totalmente en las manos, hubiera ido variando con notable celeridad las relaciones que estableció la Nueva Política Económica”.

 

Visión del derrumbe

 

Quizá hasta el momento no se haya aquilatado suficientemente la importancia del pensamiento económico del Che a la luz de los acontecimientos actuales, y de los desafíos que enfrenta Cuba.

 

En parte se debe a que muchos de sus escritos sobre el tema no fueron en ocasiones divulgados hasta años recientes, y por otro lado a que la mitificación solo como comandante guerrillero y hombre de acción opacó en no pocas ocasiones su arista de filósofo y economista marxista, de formación autodidacta, pero profunda.

 

Encontrándose en Praga, luego de salir del Congo, el Che escribe a Orlando Borrego, uno de sus más cercanos colaboradores, que pensaba «iniciar un trabajito sobre el manual de Economía de la Academia», en referencia al ya citado material de la Academia de Ciencias de la URSS.

 

Estos apuntes, inéditos hasta hace muy poco, como otros que hiciera en las selvas bolivianas sobre filosofía, constituyen una de las más preclaras visiones del Che sobre el socialismo y específicamente sobre la Unión Soviética.

Su inquietud venía desde su visita a este país, más de un año y medio antes, donde al intercambiar con dirigentes y académicos apreció «argumentos peligrosamente capitalistas».

 

Alimentada por la polémica sobre la economía cubana en la construcción socialista, de la cual fue actor fundamental en sus primeros años, la idea de que fuera la sed de ganancias y la competencia productiva con el capitalismo el motor impulsor del desarrollo le preocupaba enormemente.

 

Como afirma el académico argentino Néstor Kohan , «Guevara opinaba que en la transición al socialismo la supervivencia de la ley del valor o tendía a ser superada por la planificación socialista o... se volvía al capitalismo».

 

NOTA DE CUBANÁLISIS. Ver el artículo de Néstor Kohan, “La concepción de la revolución en el Che Guevara y en el guevarismo”, en este número y nuestra interpretación del interés trotskista en tomar la figura de Ernesto Guevara como bandera.

 

Igualmente criticó en el Manual de Economía Política soviético los cantos de sirenas preconizados desde la URSS sobre la «crisis general del capitalismo», frase de la cual sostuvo que había que «tener cuidado con afirmaciones como esta. “Agonizante” tiene un significado claro en el idioma; un hombre maduro ya no puede sufrir más cambios fisiológicos, pero no está agonizante. El sistema capitalista llega a su madurez total con el imperialismo, pero ni siquiera este ha aprovechado al máximo sus posibilidades en el momento actual y tiene una gran vitalidad. Es más preciso decir “maduro” o expresar que llega al límite de sus posibilidades de desarrollo».

 

Pero a su vez, tampoco estaba nada convencido de que el comunismo estuviera a las puertas de la casa, como preconizaban los teóricos soviéticos, ni que situarse metas económicas para competir con el capitalismo era la vía idónea para alcanzarlo, ya que como él mismo aseguró ««nadie puede poner metas de “pan y cebolla” para llegar al comunismo».

 

Esa doble característica de criticar al capitalismo pero tampoco aceptar modelos «santificados» fue el mayor aporte de su obra económica, inacabada y sustentada en apuntes, un esfuerzo «destinado a invitar a pensar, a abordar el marxismo con la seriedad que esta gigantesca doctrina merece».

 

Por eso el Che pudo, a la distancia de treinta años antes, formular su advertencia: «La Unión Soviética está regresando al capitalismo»; y a su vez dejar sentado el camino hacia un modelo de socialismo como el que se pretende construir en el siglo XXI, que deberá romper con cualquier simplificación estrecha de la economía política, pues como dijera en entrevista concedida en 1965 al diario argelino La Vanguardia, «esta nueva sociedad es el producto de la conciencia».