Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Raúl Castro a Obama: ¿que quieres en Cuba? Corea del Norte o Rusia

 

Cuba Independiente y Democrática

 

En la edición del lunes 10 de agosto del semanario La Nueva República (LNR), publicado y distribuido en Cuba por el CID (Cuba Independiente y Democrática), encontramos dos interpretaciones muy sintetizadas sobre el tema de la sucesión dinástica o la transición democrática. La brevedad en ambos casos se debe a que LNR es una hoja impresa por ambos lados.

 

Los autores coinciden en que la dirección de la dictadura en la isla no es otra que la de materializar un traspaso dinástico de Raúl Castro a sus hijos. Algo similar a lo que ha sucedido en Corea del Norte, país tiranizado desde 1948 por la familia Kim (abuelo, padre y nieto) hasta la fecha.

 

En este sentido se presenta un escenario que merece considerarse: Raúl Castro puede estar ofreciéndole a los Estados Unidos un cambio en Cuba a lo norcoreano o a lo Putin. Un chantaje para que ellos escojan. ¿Será parte de la estrategia el contrabando de armas a Norcorea?

 

La continuidad de un régimen a lo Kim en Cuba no es lo mejor para los Estados Unidos. En cambio la posibilidad de una sucesión dinástica que tome el camino de Putin representa una ventaja para los pragmáticos estadounidenses, más interesados en los negocios y la distensión que en el respeto a los derechos humanos, la libertad y la democracia en Cuba.

 

Sea a lo norcoreano o a lo ruso, es difícil creer que tal sucesión podría tener éxito sin que los Estados Unidos la aprobara, haciendo o dejando de hacer. 

 

Por ejemplo, levantando la restricción para que los ciudadanos estadounidenses puedan viajar a Cuba, como un paso previo al levantamiento del embargo. Con estas medidas el gobierno de Obama seria aplaudido por la izquierda demagógica, aunque en realidad representen un apoyo indispensable a la sucesión dinástica, independientemente del estilo que ésta tomara.

 

La situación nos lleva a plantear que la libertad y la democracia de Cuba son algo que se van a decidir tanto en Cuba como en el exilio, y quizás más en un lugar que en el otro, -no sabemos cuál. Dependerá de las circunstancias, es decir del esfuerzo y de los imponderables en ambos lados del estrecho de la Florida.

 

 

La sucesión dinástica

 

Alexis Jardines

 

Hoy no se puede obviar el malestar y el desinterés de la gente por el proyecto castrista y los dirigentes se preparan para una sucesión y no para una transición real a la democracia.   Se lleva a cabo la campaña pro Mariela Castro Espín con el propósito de atraer la opinión pública mundial y catapultada sin más a la Asamblea Nacional del Poder Popular, por eso removieron a Ricardo Alarcón como su presidente.

 

La conclusión es obvia: Raúl ha puesto los ojos en su propia hija para dirigir el Parlamento cubano. Sustituyó a Machadito por el venerable, inocuo e ilustrado Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Con estas dos fichas (Mariela y Díaz-Canel) posicionadas Alejandro Castro Espín podrá concretar la sucesión.  

 

Con estos y otros cambios la Cuba revolucionaria tendría posibilidades de transformarse en el socialismo empresarial con el que sueña Raúl Castro y donde sus familiares y allegados se convertirían en los “legítimos” dueños de los monopolios estatales ya en condiciones de hibridación postcomunista. 

 

A diferencia de la antigua URSS, no habrá un Yeltsin, antes bien tendremos una réplica de la dinámica de poder Putin-Medvéiev, encarnada en la dupla criolla Mariela-Alejandro. Díaz-Canel podrá llegar a ser presidente, pero su tiempo de mandato ya está planificado.  

 

 

La transición democrática

 

Comandante Huber Matos Benítez

 

Los planes de una sucesión dinástica en Cuba siempre han estado en la mente de Fidel y Raúl Castro. Hay crímenes, corrupción y robos que tienen que esconder. Esto solo es posible si Mariela y Alejandro Castro heredan el poder. Todas las medidas que se han tomado y las que faltan tienen el propósito de engañar para que sus hijos sean los que sigan explotando a los cubanos.

 

Los Castro están fuera de la realidad. Igual que han intentado un irrisorio contrabando de armas hacia Corea del Norte que los ha desprestigiado más en el mundo; no entienden que hoy el pueblo no les teme como ayer. Los cubanos están indignados por el fraude revolucionario, por el altísimo nivel de corrupción que los mantiene en la pobreza y porque se han dado cuenta que en libertad disfrutarían de la prosperidad, la justicia y los derechos que merecen. Lo único que puede detener la creciente indignación del pueblo es una democracia y nuevos dirigentes.

 

Los cubanos en la isla pueden tener la seguridad de que el exilio no los abandonará.  Todos unidos, debemos luchar noche y día por una verdadera transición democrática.  Combatamos la crítica destructiva, el pesimismo y la resignación. Esos son nuestros verdaderos enemigos, porque el castrismo está acabado y tenemos que acabar de enterrarlo.