Cubanálisis El Think-Tank   

       

        Juan Benemelis y Eugenio Yáñez

¿QUÉ PUEDEN APRENDER LOS CUBANOS DE LA "PRIMAVERA ÁRABE"?

De la Primavera Árabe al invierno islamista

La tierra de los faraones

Por primera vez en toda su larga historia de más de 7,000 años, los egipcios acudieron a las urnas para elegir un presidente del país entre varios candidatos, en lo que ha constituido un acontecimiento realmente histórico y de significativa trascendencia (no como tantos acontecimientos “históricos” que se mencionan a menudo en la politiquería tradicional de cualquier país, sobre todo tercermundista).

La elección como presidente de Egipto de Mohamed Morsi, el candidato de la Hermandad Musulmana, un ingeniero graduado en Estados Unidos, resultó a partir de unos comicios muy reñidos, en el cual Morsi obtuvo el 52 % de los votos ante su rival Ahmed Shafik, el último primer ministro cuando el gobierno de Hosni Mubarak, quien logró el 48 %. Tal votación podría significar hasta el fin del estratégico tratado de Paz de Camp David entre Israel y Egipto, un pacto formal cimentado por el faraón Anwar el Sadat y el ex terrorista Menahem Begin en 1979, bendecido por el entonces presidente de EEUU Jimmy Carter.

Sin embargo, también esos resultados, en buena ciencia política, indican que la sociedad egipcia se ha escindido en dos grandes grupos tras su ambigua “Primavera”: el que apoya a los islamistas más radicales, representados en la “Hermandad”, aunque ésta supo presentar, de cara a las elecciones presidenciales, un rostro más amable; y el grupo que prefiere gobernantes “tradicionales” laicos, relativamente “modernos” y que mantienen buenas relaciones con el Occidente, aunque la corrupción, la falta de transparencia,  y el autoritarismo mesiánico hayan caracterizado sus gobiernos en los últimos sesenta años.

El primer ministro de Gaza y militante de Hamás, Ismail Haniyeh, telefoneó de inmediato a Morsi, agasajándolo por devenir en el primer presidente islamista de Egipto. Igualmente, el presidente palestino, Mahmoud Abbas, también elogió a Morsi. Cuando reconocidos terroristas se muestran satisfechos por la elección de un presidente, hay razones de sobra para preocuparse. Por su parte, los líderes de los ricos estados petroleros de Kuwait y Bahréin, temerosos de la Hermandad Musulmana, también enviaron cables a Morsi congratulándolo. A las alabanzas islamitas se sumó también Abu Yacén, la cabeza visible de la oposición Siria en la ciudad de Hama. Como puede verse, tal elección parece haber complacido a muchos líderes de naciones y grupos islámicos.

Sin dudas, los acontecimientos en todo el Medio Oriente, y ahora con la disyuntiva de la Hermandad Musulmana en la presidencia de Egipto, nos llevan hacia un ámbito regional diferente. Lo cierto es que la larga era de Nasser-el Sadat-Mubarak finalizó con la dominación de la Hermandad Musulmana, y ello plantea que estos nuevos líderes tienen que variar sus “principios fundamentalistas” para legitimar la paz de Camp David, o de lo contrario precipitarse a lo insoluble, lo que podría traerle infinitos dolores de cabeza a los nuevos gobernantes, e interminables penurias a los egipcios, que no necesitan más de las que ya tienen.

La victoria de Morsi confirma el camino que se inició en Túnez, el de la tan cacareada “Primavera Árabe”, por la cual, tras la caída de regímenes laicos de fuerza, las fuerzas políticas con mayores posibilidades para ascender al poder en toda el área son los fundamentalistas islámicos. Realidad que nunca se quiso ver, y menos entender, desde la “izquierda caviar” europea hasta el “liberalismo hamburguesa” norteamericano o el “antiimperialismo churrasco” latinoamericano, que soñaban con un Thomas Jefferson en el gobierno de Túnez, un Juan Jacobo Rousseau en el de El Cairo, o un Lázaro Cárdeanas en el de Trípoli.

Sin embargo, en honor a la verdad y en cierto descargo de los grupos anteriormente mencionados, tampoco todas las cancillerías del Primer Mundo entendieron lo que estaba sucediendo, y menos aun pudieron prever estratégicamente las nuevas realidades que se le venían encima a nuestro planeta con aquella “Primavera”, que daría paso a un mundo lo más alejado posible del inicio a las transiciones a la democracia que se vivieron en los países europeos del bloque soviético. Fantasía geopolítica que sumió bajo su influjo, también, a cierta “disidencia puercoasao” en Cuba y a varias legiones beligerantes de la Calle Ocho y sus alrededores.

Luego de que los cuerpos legislativos en Túnez y Marruecos (país este último donde su Rey se adelantó a la “Primavera” con una apresurada reforma de “finales del invierno” magrehbino) cayeron en manos de los fundamentalistas, la elección del egipcio Mohamed Morsi le define al mundo, una vez más, que se debe pensar de manera distinta cuando se está lidiando con los países de la civilización islámica, que no debe olvidarse nunca que no son solamente los países “árabes”, pues esa extensa civilización islámica cubre desde el occidente africano hasta los grandes archipiélagos del Pacífico y el Índico, y gana adeptos continuamente en las Antillas Menores.

El avance islamista

Muchas críticas se han elevado señalando que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pudo haber intervenido para “salvar” al presidente Hosni Mubarak de Egipto, ante lo que se vislumbraba como un colofón inevitable: la Hermandad Musulmana en el poder. El gobernante israelí, Benjamín Netanyahu podría haberle dicho ya al presidente Barack Obama: “te lo advertimos”.

Es cierto que el viejo Mubarak sostenía un gobierno corrupto y déspota, aunque si se compara su gestión con los también siniestros contemporáneos suyos, existe una diferencia abismal (excluyendo el caso del tunecino Zine Al-Abidine Ben Alí) con los Saddam Hussein, Bashir el Assad o Muamar Gadafi.

Nadie niega que tanto el egipcio Mubarak como el tunecino Ben Alí fueran déspotas, corruptos y nepotistas, pero nunca emprendieron asesinatos en masa. El presidente egipcio se negó a utilizar el ejército contra las protestas de enero 2011, pero también a abandonar su país. El tunecino Ben Alí, por su parte, tampoco ordenó grandes masacres tipo Gadafi, y dejó el país a los opositores, aunque es cierto que lo hizo para irse con el oro robado, se dice que hasta una tonelada, que llevó consigo junto a su familia a su exilio en Arabia Saudita. Y es que dentro de ese extenso océano islámico, tanto Egipto como Túnez son los países con una estructura estatal y social más desarrolladas y cuasi modernas -aunque sin llegar al nivel de Turquía-, que van más allá de los “líderes supremos”, de los imanes, de los clanes, y de los jeques tribales.

Cuando Hosni Mubarak -pensando como si fuera un faraón de ilimitado poder- decidió proponer a su hijo Gamal como su sucesor, sus ambiciones se pasaron de la raya, y se transformó en un fardo para los intereses corporativos del generalato egipcio, verdadero guardián del poder en la tierra de los faraones desde la “revolución” de 1952.

No fue la “primavera árabe” en El Cairo lo que fulminó a Mubarak: con esos disturbios el “rais” no hubiera perdido ni el sueño ni el poder, a pesar de las presiones internas e internacionales que pudiera recibir. Porque no puede olvidarse que ese Egipto despótico y cargado de conflictos era, y todavía es, la garantía para el mundo occidental de un entendimiento mínimo con Israel, y con ello de la estabilidad en el Medio Oriente que puede garantizar los suministros de petróleo; fueron los militares quienes aprovecharon la coyuntura y le dieron el último empujón a Mubarak, “un héroe de la guerra”, con vistas a preservar sus propios intereses como generales en el sistema.

El temor ante un gobierno en manos de la Hermandad Musulmana no es infundado. Esta organización, creada en 1928 por Hassan Bana y Yusuf Qutub, se transformó en un movimiento pan-árabe que proclamaba la creación de estados musulmanes en todo el Medio Oriente. La Hermandad ha existido por 84 años como una corriente política ilegalizada en casi toda el área; de ahí su experiencia en el trabajo clandestino y la disciplina de sus miembros, la paciencia y el pragmatismo.

Pueden resultar tan disciplinados o más que los fenecidos partidos comunistas o que las organizaciones clandestinas subversivas en Europa occidental o América Latina, pero cuentan además con la ventaja de que no necesitan ni amar a la URSS ni disfrutar de las maravillas de la sociedad de consumo que tanto “odian” los insurgentes urbanos europeos o latinoamericanos; a los “hermanos” les basta con quitarse los zapatos y entrar a las mezquitas a rezar para fortalecerse espiritualmente.

La Hermandad esperó por décadas por este momento, sabe exactamente a lo que aspira como futuro pan-islámico, y trabaja en base a un plan riguroso, a la vez incógnito para el mundo de la tradicional política internacional euro-americana.

El coro central ideológico de la Hermandad Musulmana consiste en un profundo fervor anti-liberal, anti-plural, anti-femenino. La Hermandad aspira a consolidarse en el poder y explotar una revolución que no inició. Sus representantes no se esconden para decir que la ley en la tierra egipcia tiene que ser la Sharía islámica, es decir, un regreso a lo peor de la Edad Media en este sentido.

Asimismo, los “Hermanos” han proclamado que nunca se sentarán a negociar con los israelitas. Han reiterado que se necesita revisar el tratado egipcio-israelí firmado en Camp David y todas sus derivaciones y consecuencias. Claro, por el momento están obligados a tolerarlo, porque no pueden sencillamente ignorarlo y repudiarlo, aunque a mediano plazo tratarán de dejar sin efecto este acuerdo de paz con el Estado judío. El problema es que, hasta este momento, no tienen una alternativa creíble que ofrecer en función de la estabilidad de la región.

Estados Unidos se halla en el dilema de concederle o no a la Hermandad Musulmana el mismo tratamiento financiero y estratégico que sostenía con Mubarak, el cual había hecho de Egipto el punto fuerte de la influencia norteamericana en el Medio Oriente, hasta que fue expulsado del poder en febrero del 2011. No es una decisión que pueda ser tomada a la ligera, porque Mubarak, aunque fuera considerado como fuera, nunca dejó de ser “nuestro hijo de puta”, pero con la Hermandad lo de “nuestro” no sólo es discutible, sino que existe pleno derecho a ponerlo en duda.

El “golpe de Estado legal” de los generales

Pero la situación interna de Egipto aún es confusa y existe un balance de fuerzas, un pulso entre la Hermandad Musulmana y la alta élite militar. Estas fuerzas poderosas presionan hacia puntos diferentes. De manera silenciosa, y sin llamar la atención internacional, el generalato egipcio, antes de las elecciones presidenciales, se movió con rapidez, en lo que puede llamarse un “golpe de Estado legal”, utilizando los instrumentos jurídicos en vez de los tanques. Deberían atender detalladamente los que se preocupan de los temas cubanos, ante este escenario de los generales imponiendo condiciones a una autoridad civil y electa por la población, escenario que no puede descartarse en Cuba después de la solución biológica de los dirigentes más ancianos.

En su estrategia de bloquear la aspiración de la Hermandad Musulmana de someter totalmente a la nación, el poderoso Consejo Militar, encabezado por el Mayor General Mohammed Al-Assar, acaparó vitales atribuciones legislativas y ejecutivas, haciéndose del control de la esfera estratégica del país: la política exterior, el ejército y las fuerzas de seguridad.

Con su movida pre-electoral, los generales suprimieron de la presidencia el título de “Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas”, interrumpiendo la tradición establecida por el “rais” Gamal Abdul Nasser hace ya 60 años, que a la vez resulta una práctica común en casi todo el mundo.

Haciendo uso de su autoridad legislativa, el Consejo Militar formó un nuevo Consejo Nacional de Defensa, integrado por 11 leales generales, incluyendo al Ministro de Defensa, y permitiendo que el presidente electo participara en el mismo. La presencia del presidente en este Consejo que representa la autoridad más elevada en la nación para lidiar con los problemas de seguridad nacional, garantizaba su aceptación de las medidas aprobadas por la mayoría del Consejo de generales, por lo que puede considerarse que su participación, único civil entre tantos generales, era más simbólica que ejecutiva.

Sin la conformidad de los militares, el nuevo presidente no podrá declarar la guerra o movilizar tropas o policías en caso de algún incidente doméstico. Asimismo, está excluido de participar en las decisiones militares, y en la promoción o nombramiento de altos cargos de mandos y servicios. Es decir, podrá tomar decisiones en muchas cosas, menos en las más importantes relacionadas con la seguridad: peculiar presidencia.

Los generales también han monopolizado la potestad de preparar la nueva constitución, dejando a los civiles, es decir, la Hermandad Musulmana, el manejo del presupuesto y otros asuntos no estratégicos. Algo así como para que se entretengan y no molesten en las cosas importantes, que seguirán siendo “asuntos de generales”.

Seguidamente, disolvieron el panel que supuestamente iba a redactar la constitución, al estar dominado por fundamentalistas islámicos. Estas medidas irritaron a la Hermandad Musulmana, que cuestionó la potestad de los generales para proclamar una Constitución. Claro, una cosa es cuestionar y otra muy diferente disponer de la fuerza suficiente para que ese “cuestionamiento” tenga un poder de freno efectivo o de impedir que algo se consume.

Washington, que no ha entendido aún lo que sucede en el Medio Oriente (y se trata de una cuestión del establishment en general, no de demócratas o republicanos), ha pedido a los jefes militares que cedan todo ese poder que han acumulado a las autoridades elegidas. Pero los militares, como era de esperar, ya que no son tontos, han hecho oídos sordos y se han decidido a mantenerse como la institución dominante de la política egipcia. Querer complacer a Estados Unidos ante esta solicitud es lo mismo que entregar las armas, quitarse los uniformes y preguntar en qué prisión deben recluirse, algo que de seguro no están dispuestos a hacer en ninguna circunstancia.

Lo que se halla en juego para los generales es conservar la inmunidad ante cualquier escrutinio civil, y salvaguardar sus vastos intereses económicos. Hay que ver hasta donde los generales podrán ejercer o no su potestad detrás de la fachada de un gobierno civil. La disyuntiva es si podrán o no hacerlo, y hasta dónde, nunca si desearían hacerlo o no. Pero todo ello conllevará, a no dudarlo, a una confrontación más tarde o más temprano, trastornando a un Egipto ya desconcertado desde la salida de Mubarak, donde nadie sabe cómo resolver este problema específico, pero al menos los generales consideran que saben cómo se resuelven los problemas.

El presidente Morsi no quedó inmóvil tras la jugada de los generales, aunque se las arregló para hacer las cosas sin demasiados aspavientos. A los pocos días de asumir la presidencia, mediante un decreto ejecutivo, ordenó el restablecimiento del parlamento disuelto por los generales, con lo que elevó la confrontación de la presidencia con el generalato a un nivel inesperado, cuestionando en los hechos y en la práctica la legitimidad del Consejo Nacional de Defensa y el papel de los generales en las decisiones ejecutivas y legislativas.

En este doble engranaje y confrontación entre la Hermandad Musulmana y el generalato egipcio no le resultará probable a quienes aspiran idílicamente a un Egipto democrático y liberal, una especie de utópica Suiza del Nilo o Costa Rica del desierto, asegurar una nueva Constitución en la cual se regule responsablemente al poder ejecutivo, se logre el balance de los poderes del Estado, y se establezcan aquellos principios jurídicos que garanticen los derechos individuales reconocidos y aceptados en el mundo moderno, así como los de las minorías religiosas y los de las mujeres.

El arbitraje norteamericano y el reconocimiento de un empate

La Secretaria de Estado de EEUU llegó a El Cairo el sábado 14 de julio manifestando el firme apoyo de su país a una transición “completa”, y con planes de reunirse, además de con el gobierno, con el mariscal Mohamed Tantawi, jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, así como con representantes de la sociedad civil, de los coptos -la minoría cristiana egipcia- y militantes de los derechos de la mujer.

En su reunión con el presidente dijo que “la democracia es un proceso duro que requiere diálogo, compromiso y una política real”, llamó a respetar el pacto con Israel para garantizar la paz y la seguridad en la región, recordando que eso ha supuesto “grandes beneficios para Egipto”, y prometió mantener la ayuda económica. El canciller egipcio dijo que el presidente se comprometió a respetar los acuerdos y pactos internacionales mientras la otra parte los cumpla.

Aunque Hillary Clinton dijo que el papel de los militares debía concentrarse en la seguridad nacional, instó al presidente a trabajar para consensuar la futura Constitución y la formación del Parlamento (es decir, a coordinar con los militares), y le pidió respetar los derechos de todos los ciudadanos, incluidos las mujeres y las minorías. En realidad, aunque reconoció que son problemas a resolver por los propios egipcios, no se decantó ni por un lado ni por el otro, dejando “sellado” el partido para que continuara tras terminar su visita de dos días.

Egipto tiene en su agenda enormes y presionantes problemas. Pero Egipto no es como Irán, donde un Islam político ejerce el poder mediante el petróleo, ni Arabia Saudita, que también es un Islam político que despliega su autoridad con los pozos de petróleo. El mando islámico egipcio no tiene petróleo y no puede sobrevivir ni crear oportunidades de trabajo sin el turismo, sin las inversiones extranjeras y sin la ayuda estadounidense, es decir, no puede pretender vivir de espaldas a Estados Unidos y el mundo occidental, ni tampoco a China y Rusia. Lo cual implica, guste o no a los “hermanos” musulmanes, un entendimiento mínimo con los israelíes, aceptable para el resto del planeta. Por fortuna, en este sentido no hay necesidad de inventar nada, pues ya existen los acuerdos de Camp David, además de la experiencia sobre la forma en que terminaron o están terminando los “duros” del Frente de Firmeza que en su tiempo se opusieron a tales acuerdos, como los clanes de los Gadafi, los Saddam y los Assad.

Egipto necesita desesperadamente los $2,000 millones que recibe anualmente de Estados Unidos como ayuda. Por eso, jugar con el Tratado de Paz con Israel podría traerle el fin de la ayuda norteamericana, más todos los problemas que ello implica, sin poder pretender que un equivalente de esa ayuda pueda llegar de Teherán, Ryad o los petro-estados del Golfo. También necesita apremiantemente las inversiones foráneas y el turismo, y no podría pretender eso solamente de Beijing, Moscú o Caracas, que no sería suficiente para sus necesidades. Y es que la Hermandad Musulmana, tanto en Gaza como en Egipto, no intuye que el Islam político no es un antídoto al desempleo y la falta de oportunidades, ni puede desarrollar la economía ni dar fin a la miseria social, porque, como ideología, se preocupa más de la verdad de sus postulados que de su aplicación ante la práctica y la realidad de sus países.

Cualquier parecido a la realidad del neocastrismo en La Habana de seguro que no es pura coincidencia, aunque no sea intencional ni haya correlación alguna entre los principios y fundamentos de la “Hermandad” y las posiciones que se mantienen en La Rinconada, que no se basan ni en fundamentos ni en principios más allá de mantener el poder a toda costa, da igual si se logra ese propósito con generales que pueden alegar historia, o si con “hermanos musulmanes”, o aunque fuera con marcianos o aborígenes de Tasmania, que desaparecieron hace ya mucho tiempo; al fin y al cabo, la consigna es: si se mantiene el poder, todo; si se pierde el poder, nada.

¿Turquía o Afganistán?

Muchos piensan que es posible forzar al nuevo presidente, Mohamed Morsi, para que se mantenga en el camino de los turcos, inspirados en Mustafá Kemal Ataturk, y no en el de los talibanes. Y asimismo lograr que no implemente las promesas de la Hermandad Musulmana de ayudar materialmente a las fuerzas políticas fundamentalistas en otros países árabes.

Aliarse con el pasado y la reacción no traería nada nuevo ni positivo para Egipto. Aunque, lamentablemente, si algo enseña el estudio de las ciencias políticas, es que no siempre se toman las decisiones más razonables ni las que más bien logran para sus pueblos: basta ver las experiencias con Stalin, Hitler, Mussolini, Mao, Fidel Castro, Hugo Chávez, o Saddam Hussein, para comprender eso.

Si bien es cierto que existe el balance militar interno, y las necesidades económicas, como factores que pueden frenar a la Hermandad Musulmana con Mohammed Morsi a la cabeza, y pese a que su elección no tomó por sorpresa a los analistas, ello no ha dejado de provocar gran nerviosismo, pues en una de sus primeras alocuciones ha propuesto revisar el tratado de paz con Israel, y forjar relaciones íntimas con Teherán.

Para Israel ambas cosas califican como factores que ponen en peligro la existencia del Estado judío. Y eso es algo con lo que no se puede estar jugando, aunque dentro de pocos meses haya elecciones presidenciales en Estados Unidos.

El Egipto de Mubarak mantuvo desmilitarizada la península de Sinaí, permitiendo al ejército israelí concentrarse en las hostiles fronteras de Gaza, Siria y Líbano. Luego que Hamás, el brazo palestino de la Hermandad Musulmana, se transformase en gobierno, Mubarak colaboró con Israel en bloquear la franja de Gaza, en cuanto los pistoleros de Hamás capturaron un soldado israelí en 2006. No parece probable que los “hermanos” musulmanes actúen de la misma forma.

Tras la renuncia de Mubarak el Sinaí se ha convertido en refugio de pandillas, contrabandistas, inmigrantes africanos y grupos islámicos militantes que operan libremente. Como si fuera la Triple Frontera suramericana, entre Argentina, Brasil y Paraguay. Al momento de la victoria electoral de Morsi, Hamás incrementó sus ataques coheteriles desde el Sinaí contra la nación judía, lo que puede desestabilizar las relaciones de Israel con Egipto. Ya el ex ministro de Defensa israelí, Benjamín Ben-Eliazar, en una entrevista a Radio Israel expresó que el tratado de paz se iba a “congelar” en un futuro inmediato.

Hamás espera que la presidencia egipcia de Morsi posibilite circunvalar el bloqueo que Israel mantiene sobre ese territorio, tratando de impedir el flujo de armamentos hacia Gaza. Es difícil que Israel logre el apoyo egipcio para sellar las fronteras con Hamás en Gaza, y detener la transferencia de armamentos por el Sinaí.

Israel contempla con ansiedad la implosión de su vecindario. La lucha contra el autoritarismo que ha desatado la llamada “primavera árabe”, aunque aun no se hayan visto las flores de tal primavera, no ha pasado más allá de los bazares, pues tanto los gobiernos que se mantienen donde no han ocurrido “revoluciones”, como los nuevos que han ocupado el poder, no tienen como prioridad la sociedad civil, ni están focalizados en crear espacios de independencia institucional para salvaguardar las libertades.

¿Para qué? A fin de cuentas, lo de la “Primavera” árabe es un invento de la prensa occidental y las izquierdas novelescas, no de los islamistas que pretenden y luchan por la Sharia, y “saben” perfectamente que no hay poder como el de Allah.

La tradicional política norteamericana y occidental de alianzas verticales con estados árabes (Egipto, Turquía, Jordania), aunque sean “nuestros hijos de puta”, mientras que sean “nuestros”, ha entrado en barrenas. Por ello, Israel se prepara para lo peor, y por eso se fortalece militarmente. Porque para un presidente norteamericano o un primer ministro europeo un fallo en esto le cuesta la reelección, pero a los israelíes les cuesta su derecho a la vida y a la existencia.

Así también el diferendo palestino se mantiene en combustión. No es posible predecir si la actual dirigencia palestina pueda transformarse en un asociado que avale la paz entre los dos estados. Aunque sería ideal que tal cosa fuera posible, teniendo en cuenta la conducta tradicional de los “sospechosos habituales”, es difícil esperar que ese sea el camino que decidan seguir.

Siria y Libia

Con vistas a perpetuar su estancia en el poder y el de la minoría alawita en su país, el difunto presidente sirio Hafez Assad adoptó una combinación de burocracia e ideología para consolidar su autoridad. Ese fue el nacionalismo árabe revestido de baasismo, una extrañamente mezclada y antagónica herencia de la “revolución” irakí de Karim Kassem y el nasserismo egipcio, que en Siria sirvió para legitimar el estatus regente de la minoría alawita, y actuar como instrumento para coaccionar a los segmentos pensantes de la sociedad siria.

El conflicto con Israel acarreó a la dirigencia siria credibilidad de “dura” ante los ojos árabes, a pesar de que siempre fue derrotada por las tropas israelíes cada vez que se enfrentaron en combates, estableciéndose para los sirios, con el soporte de la propaganda moscovita y la testarudez del mundo árabe, algo así como el mito de la invencibilidad de los vencidos, permitiéndole asentar su hegemonía regional sobre el Líbano, mientras las prisiones sirias se atestaban de opositores. Tanto Assad padre como hijo han preferido resolver los antagonismos y problemas por la violencia y la eliminación física de los antagonistas.

Las instituciones sirias no disponen de gran latitud ante la prerrogativa presidencial de Bashir Assad. El ejército y los aparatos de seguridad se han construido para defender a los Assad y a su claque político-militar. Fuera de la esfera del clan rector no existe espacio político autónomo. Pero el error de Bashir Assad fue el hacer esta situación despótica demasiado visible, lo que precipitó en su contra a la juventud y a los bolsones empobrecidos de su sociedad.

Muamar Gadafi, por su parte, transformó a Libia en una extensión suya, un tablero de juego para su demencial y cleptocrática familia. Cuando Bengazi se alzó en armas, la reacción de Gadafi fue desatar una represión sangrienta. Tanto para el difunto Gadafi como para el actual regente sirio, Bashir Assad, todo lo que no sea sumisión total es peligroso. La versión latinoamericana de este enfermizo enfoque se encuentra en toda su amplitud en La Habana, y en menor escala -hasta el momento- en Caracas.

En Libia aún no está claro cómo la Hermandad Musulmana pueda cuajar como vocero del pueblo, ya que su organización, el Partido Justicia y Construcción, no goza de la misma popularidad que sus carnales egipcio o tunecino, porque Gadafi se esmeró en limitar al máximo toda posible alternativa a su voluntad personal.

Mahmud Jibril, el primer ministro rebelde que renunció el año anterior, ha declarado a las agencias noticiosas que la victoria de Morsi en Egipto irreversiblemente estimulará al ramal libio de la Hermandad Musulmana, entorpeciendo el cometido de las corrientes democráticas libias que laboran por una sociedad civil, por la equidad de derechos para todos los libios, y por un proceso electoral limpio.

Sin embargo, de hecho, no puede decirse que en Libia se hayan jugado ya todas las cartas ni se hayan dicho las últimas palabras. Bajo las arenas libias hay demasiado petróleo, y sobre sus arenas demasiados intereses de demasiados países, para que estos complejos problemas puedan dirimirse tan fácil o tan tranquilamente, ni en tan poco tiempo. Todavía deberemos ver muchas más cosas sorpresivas en el muy extenso y relativamente deshabitado escenario libio.

La Hermandad Musulmana sabe que inclinar a Libia hacia el fundamentalismo islámico pondría en sus manos cuantiosas reservas financieras que produce el petróleo, y no sería difícil agenciar una cierta coalición con su contraparte egipcia, propiciándole medios para equilibrar su economía. Pero habría que ver cómo se comportan y cómo actúan las fuerzas legítimas en todos estos países y en toda la región que, aun dentro de los principios islámicos que son el cemento fundamental de la unión árabe en toda la región, se oponen a estos designios de los fundamentalistas, y se sentirían mejor con gobiernos laicos en toda la zona.

La victoria de Morsi también ha traído desvelo entre los estados del Golfo Árabe. Estos jeques, especialmente los saudíes y los de los emiratos, temen que el ejemplo se extienda a sus opositores islámicos fundamentalistas. Los fundamentalistas islámicos, miembros de Islah, o Partido de Reforma, en los Emiratos Árabes, están alzando sus voces demandando mayor presencia en el Consejo Consultivo que allí existe.

Es lógico que los estados del Golfo prefieran un Egipto “débil”, como en época de Mubarak, pues un Egipto fuerte y fundamentalista, encarnado en la Hermandad Musulmana, puede transmutarse en el país más influyente del Medio Oriente, y hacer pasar a todos los otros países de la región a planos secundarios, a pesar de su petróleo. 

La “Primavera Árabe” que ya se va perfilando entonces, en su versión más realista y geopolítica, seguirá mostrando diferentes aspectos positivos y que merecen apoyo y aplausos, pero de seguro que no logrará ser aquel paraíso abstracto que hace pocos meses se soñaba, sin fundamentos lógicos ni realistas, en París, Boston, Montevideo, Milán, Lima, Glasgow o Viena, entre vasos de cerveza, botellas de vino, trufas, chocolates y cortaditos.

Y mientras más pase el tiempo de la primavera, se vendrá acercando nuevamente el invierno, más tarde o más temprano.

David, Goliat, y la bomba nuclear

El proyecto nuclear iraní

Irán, con el 9 % de las reservas mundiales de petróleo, el 17 % de las reservas de gas natural, además de su enorme potencial para producir energía geo-térmica, no tiene necesidad de desarrollar un programa de energía nuclear. Sin embargo, desde la década de los cincuenta del siglo pasado Irán comenzó su programa nuclear, con el apoyo de… Estados Unidos.

En esa época el Sha Mohammed Reza Pahlevi era un estrecho aliado de Estados Unidos y las potencias occidentales en general, y el país venía de haber defenestrado al primer ministro nacionalista Mohammad Mossadegh, empeñado en nacionalizar el petróleo iraní, con la ayuda poco disimulada de Estados Unidos e Inglaterra, por lo que tras una revuelta relativamente breve fue nombrado un nuevo premier afín a los intereses occidentales. En esas circunstancias, no había reparos en ayudar al país a comenzar su programa nuclear.

Y así marchó todo y sin dificultades hasta 1979, cuando se produjo el derribo del Sha durante la revolución liderada por los ayatolas. Entonces comenzó una gran campaña en todo Irán, y apelando a sus “hermanos” musulmanes en todo el mundo, contra el “Gran Satán” que era Estados Unidos.

Tras veintiséis años de tensiones, que incluyeron la toma de rehenes en la embajada de Estados Unidos en Teherán, el sonado fracaso de un intento comando para liberarlos, y una prolongada negociación que terminó finalmente en 1981, en el año 2005 asumió la presidencia de Irán Mohamed Ahmadinejad, uno de aquellos jóvenes estudiantes que en 1979 había penetrado en la embajada norteamericana en Teherán para tomar como rehenes a los 52 funcionarios y familiares que se encontraban en la instalación diplomática, y que fueron mantenidos en cautiverio durante 444 días.

Con Ahmadinejad en la presidencia, los proyectos nucleares iraníes recibieron no solamente más impulso, sino también mucha más visibilidad y conflictividad a nivel internacional. Mientras Corea del Norte y su muy cerrada dinastía gobernante pretende desesperadamente fabricar armas nucleares en un país empobrecido y sin demasiados recursos, Ahmadinejad y los ayatolas disponen de un extenso territorio iraní con abundantes recursos energéticos y de todo tipo.

Más grave aún, los líderes iraníes no se ocultan para proclamar la pretensión de destruir el Estado de Israel y arrojar al mar a los israelíes, hacerle desaparecer como nación, y continúan la fabricación, además de la de armas nucleares, de misiles balísticos con capacidad para alcanzar en pocos minutos no solamente el territorio de israelí, sino también a Europa, y se proclaman como los campeones del “antiimperialismo” y la “solidaridad internacional”.

No por gusto, además de ser estrechos aliados y soporte de la tiranía siria de Bashir el Assad y sus alawitas, apoyar financiera y logísticamente a las organizaciones terroristas HizbAlláh y Hamás, y a los sectores más radicales de las fuerzas palestinas que no están interesados en ningún tipo de arreglo pacífico con Israel, hicieron desde hace mucho tiempo muy buenas migas con los gobiernos tiránicos de Corea del Norte y con los personajes menos recomendables del Tercer Mundo, como lo son Fidel Castro y Hugo Chávez, y por extensión Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, así como Rubert Mugabe, Mengistu Haile Marian, y casi todos los dictadores africanos y mesorientales de la peor calaña.

La Agencia Internacional de Energía Atómica (International Atomic Energy Agency, IAEA), ha revelado que Irán posee uranio enriquecido hasta el 27 % en su planta de enriquecimiento en Fordo. Asimismo, el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (Institute for Science and International Security, ISIS), con base en Estados Unidos, ha hecho pública recientemente la producción iraní de cinco años, de uranio hexafluorido enriquecido, señalando que tal cantidad producida sería suficiente para armar, por lo menos, cinco bombas nucleares.

Se dice que en la Venezuela de Hugo Chávez se explotan minas de uranio, que son protegidas bajo la asesoría cubana, y todas las semanas parte un avión desde Caracas en vuelo directo a Damasco-Teherán, que de seguro no lleva flores ni caramelos. Es por ello que la confianza hacia el régimen iraní es cuestionable, no sólo para gran parte de la comunidad internacional, sino para vastos sectores del mismo pueblo iraní. Porque la fiera retórica de los altos funcionarios de Teherán, insistiendo en la confrontación, es contraproducente, al no mostrar iniciativas de ningún tipo con la intención de lograr una solución diplomática constructiva.

Las preocupaciones de Israel

Por eso Israel, al lidiar con el expediente iraní y la camarilla que dirige el país, se debate en el delicado y peligroso, pero imprescindible cuestionamiento de “bombardear o ser bombardeado”. Los temores israelíes no son infundados, pues Teherán ha reiterado una y otra vez que se debe destruir a Israel, a la vez que apoya con recursos y armamentos a todos los militantes anti-israelíes en todas partes del mundo.

En otras palabras, si Israel no asume la iniciativa de atacar militarmente a Irán para intentar destruir las facilidades donde se construye el armamento nuclear, muchas de ellas soterradas, tendrá que enfrentarse eventualmente a un enemigo con armas atómicas, y que está dispuesto al holocausto sin que le tiemble la mano ni la voz, pues la pandilla dirigente iraní está convencida de que cumple un mandato divino y desarrolla una acción mesiánica que el mundo le agradecerá si hace desaparecer al “Pequeño Satán” (Israel), que no es más que un pérfido instrumento del “Gran Satán” (Estados Unidos).

Esa política irracional de las fieras en Teherán, obcecados con un supuesta misión divina en beneficio de la humanidad, según su estrecho y cavernícola punto de vista, no se diferencia para nada de la que medio siglo atrás se pretendía implementar en La Habana durante la crisis de los misiles, cuando Fidel Castro le escribió a Nikita Jrushev:

 

“Si el segundo escenario es implementado y los imperialistas invaden a Cuba con el objetivo de ocuparla, el peligro que esa política agresiva representa para la humanidad es tan grande que tras tener lugar ese hecho la Unión Soviética no debe nunca permitir circunstancia alguna en que los imperialistas puedan ser los primeros en lanzar un ataque nuclear contra ella... Le manifiesto lo anterior porque yo creo que la agresividad de los imperialistas es extremadamente peligrosa y que si ellos de hecho llevan a cabo el acto brutal de invadir a Cuba en violación de la ley y la moral internacional, ese sería el momento para eliminar tal peligro de una vez y para siempre a través de un acto de legítima defensa, y aunque se trataría de una solución dura y terrible no hay otra alternativa”.

La diferencia estriba en que Castro no disponía de los misiles, y necesitaba para una acción tan irresponsable, descabellada y criminal la aprobación de Moscú, que afortunadamente no perdió el mínimo sentido común imprescindible para no hacerle caso al Comandante, pero los iraníes pretenden ser ellos mismos los dueños y señores no solamente de los misiles y las armas nucleares, sino también de los maletines y los códigos con los que se toman las decisiones para lanzarlas.

Por ello, los israelíes han dejado bien claro que no van a tolerar un Irán con armas nucleares, e incluso han dejado entrever que de ser necesario utilizarán la fuerza militar en el momento en que Irán alcanzara el punto de no retorno en la fabricación de armas atómicas. Por ello, las opciones militares israelíes se hallan en el tapete, con independencia de que las sanciones económicas puedan imponer la negociación al Irán.

La ONU, las negociaciones, las sanciones y los compromisos

La ronda de negociaciones de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania, con Irán, que tuvieron lugar en mayo pasado en Bagdad, quedó inconclusa, pues como pre-condición para detener el enriquecimiento de uranio de alta gradación Teherán requirió el levantamiento de las sanciones económicas.

Estados Unidos había establecido el primero de julio como fecha tope para el embargo total petrolero, cuando se debería haber dejado de comprar petróleo a Irán, a la vez que no se le venden productos derivados y gasolinas, fundamentales para los iraníes, que no son significativos productores de estos derivados; pero al no lograrse la solución negociada, Washington decidió extender entonces esta fecha para dar tiempo a obtener un compromiso de Irán. Teherán puede interpretar estos cambios de plazos como muestra de indecisión o desacuerdo entre las naciones occidentales. Ya Estados Unidos había concedido al Japón y a 10 naciones más de la Unión Europea un lapso de seis meses para que gradualmente cortaran sus compras de petróleo al Irán.

Dado el estado tan frágil de las economías europeas, la implementación de sanciones financieras a Irán implica consecuencias negativas para la Unión Europea. Los inflados precios del petróleo pueden dar al traste con las inestables economías no solamente de Grecia y Portugal, sino también las de España e Italia, y varias más.

La exportación histórica de Irán, de unos 2.5 millones de barriles diarios, ha caído a un 15-20 %. Pero Irán ha montado una amplia y compleja operación para vender el petróleo, utilizando tanqueros de mediano tamaño que navegan impúdicamente con banderas de Abu-Dhabi y de Omán. Europa también ha favorecido a que Irán a circunvale el embargo, al poner pocas restricciones a los seguros de los tanqueros que transportan petróleo al Asia.

Europa, en medio de una profunda crisis económica y desempleo, así como el resquebrajamiento de pilares fundamentales de la Unión Europea, como la moneda común y la libertad de movimiento entre fronteras, se consume en la indecisión, entre el temor al belicismo iraní y al fantasma de una agudización aún mayor de la crisis económica con precios del petróleo inalcanzables.

El presupuesto iraní para este año fiscal, 2012, fue de unos $50,000 millones; su ministro de finanzas, Yuval Steinitz, ya ha predicho el colapso de la economía interna. El rial (la moneda iraní) se ha derrumbado en un 50 % a medida que el mercado negro crece en ese país. La inflación ya es endémica, y el costo de los alimentos se ha incrementado en un 125 %, obligando al Estado iraní a mantener subsidiada el 60 % de su población. Cualquier parecido con situaciones que ocurren en Cuba en medio de la “actualización del modelo” no es para nada coincidencia. Pero Irán enfrenta un férreo embargo de muchas potencias a la vez, mientras en Cuba el único embargo verdadero, el único bloqueo verdadero, es el que han impuesto los hermanos Castro, la dictadura y el partido comunista a su propio pueblo por más de medio siglo.

El Consejo de Seguridad de la ONU, (más Alemania) decidió entonces sostener una segunda ronda en Moscú, que tuvo lugar en junio pasado, esperanzados en que el embargo de petróleo que se aplicaba forzaría a la República Islámica a desacelerar sus ambiciones nucleares. Alemania fue la que se mostró más vehemente a favor de una solución política y diplomática al tema nuclear, comprometiéndose incluso a brindar toda la asistencia técnica para el desarrollo de un programa nuclear pacífico en Irán.

Asimismo, los gobiernos de China y de la India también han expresado su enorme interés en ayudar al Irán a que desarrolle reactores nucleares con tecnología de torio en vez de la de uranio. Estos nuevos mercaderes mundiales cuasi-capitalistas, como China y Rusia, por supuesto que no cooperan con la total aplicación del embargo sobre Irán. No por gusto Estados Unidos presiona continuamente a Beijing para que se una al embargo petrolero, pero la cancillería pequinesa no se guarda en expresar a voz en cuello que se opone a las sanciones económicas.

Rusia, en acre lenguaje boyardo, acusó a Estados Unidos de imponer unilateralmente nuevas sanciones contra Irán, calificándolas de medidas irracionales que entorpecían todo el esfuerzo de negociación.

Hay muchos intereses alrededor de Irán para que resulte fácil concertar todas las acciones que pudieran frenar la aventura nuclear iraní. Los esfuerzos para endurecer las sanciones internacionales se ven torpedeados constantemente en el Consejo de Seguridad de la ONU por Rusia y China, quienes ejercen el veto a que tienen derecho en su condición de miembros permanentes del Consejo. Ambos tienen importantes intereses financieros con Irán. Pero ello no quita que tanto China como Rusia estén también frustradas y preocupadas por la retórica guerrerista de los fundamentalistas iraníes, que alardean constantemente de usar su futuro poder nuclear contra Israel.

La India también se muestra en contra de ampliar las sanciones, puesto que Nueva Delhi y Teherán han incrementado a $25,000 millones su comercio bilateral anual, amén de los sustanciales pagos en rupias (la moneda hindú) por la compra de petróleo, confirmando la intención de no prestar atención a las sanciones promovidas por Estados Unidos,

La producción interna iraní sigue descendiendo, y el temor internacional a la recesión ha provocado una disminución de la demanda económica general, y por ende, de la producción de petróleo mundial; a todo ello se une la imposición del embargo petrolero al Irán. Esta locura de precios alcistas sólo ha beneficiado a las compañías petroleras internacionales y algunos productores, especialmente a la Arabia Saudita.

Tanto Japón como Corea de Sur, que consumían el 26 % de las exportaciones petroleras iraníes, ahora lo reciben de la Arabia Saudita. Al igual que el África del Sur, la cual acudió a los príncipes sauditas después de poner un alto a sus negociaciones con Irán; todo ello, agregado a los cuantiosos embarques hacia Estados Unidos, el cual ha elevado su demanda de petróleo saudita en un 25%. Los saudíes incrementan sus arcas ya abundantes al desviarse hacia ellos las compras de clientes importantes, que por una u otra razón están cooperando con las sanciones internacionales.

Todo este escenario, donde las cacareadas sanciones económicas sobre Irán, en realidad no funcionan totalmente, debido a que Rusia, China y la India, no se ocultan en comerciar con Irán, repetimos, todo este escenario tiene a los israelíes contra la pared, puesto que les está imponiendo como solución el conflicto bélico, que sin dudas elevará en flecha los precios del petróleo, en un momento crítico de la economía mundial.

Estados Unidos: entre las negociaciones y las elecciones presidenciales

Por ello, Israel sabe que las sanciones en realidad no son contra Irán, sino que han sido diseñadas por Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, para imposibilitar su plan de ataque militar a las instalaciones nucleares en Irán. Algo así como el embargo norteamericano contra el gobierno cubano, que a pesar de su baja efectividad a estas alturas ha sido mantenido inconmovible por las diferentes administraciones estadounidenses a lo largo de los años, lo que ha contribuido, entre otras cosas, al desarrollo del sur de la Florida como puente con América Latina, función que en buena parte desarrollaba La Habana, y la Isla en general, antes de 1959.

Ha sido idea de la administración norteamericana discutir con Irán el limitar su programa de enriquecimiento bajo una propuesta ya planteada en mayo, en la famosa reunión de Bagdad. La misma permitiría a la República Islámica disminuir el enriquecimiento de uranio a un 20 %, cantidad que se dice impide el desarrollo de armas nucleares, a cambio de clausurar el bunker de Fordo, y sacar de su territorio los actuales inventarios.

Pero se incrementan las presiones sobre el presidente Barack Obama, tanto desde Israel como desde el Congreso norteamericano, por obtener ya un resultado; algo que no es de su agrado debido a las elecciones presidenciales de noviembre, que lo lleva a rechazar cualquier compromiso militar.

Una carta bi-partidista, firmada por 44 senadores, es una fuerte presión sobre el presidente, porque le ha pedido a Obama que corte de cuajo las negociaciones, a no ser que Irán acepte clausurar el bunker de Fordo, y limitar su disponibilidad de uranio embarcando fuera todo el material de alta gradación.

El presidente Obama ha echado mano del premier turco, Tayyip Recep Erdogan y de su canciller Ahmet Davutoglu, con quienes coordinó estrechamente en ocasión de la reciente cumbre de Seúl, Corea del Sur, que actúan como intermediarios con Irán. Pero Teherán no está contenta con esta actuación turca, al igual que tampoco con la del premier iraquí, Nouri al-Maliki.

El gobierno israelí ha ido elevando, mes por mes, su irritación ante la disconformidad americana de actuar contra Irán. En fecha reciente, y ante los estupefactos generales norteamericanos, Israel canceló su participación en un planeado ejercicio militar conjunto. El vicepremier israelí Moshe Yaalon ha llegado a calificar de incapaz a la administración Obama, y el canciller israelí, Avigdor Lieberman, urge constantemente a Estados Unidos para que se mueva de las palabras a los hechos.

Y es que Netanyahu se niega a poner en manos de otros la supervivencia del Estado de Israel. Para el premier israelí, Obama considera que, de dispararse las acciones militares ello permitiría a que Irán se lanzase a seguir construyendo “la bomba”. Pero la percepción de los israelíes sobre el tema es precisamente la contraria: de dispararse las acciones militares Irán quedaría imposibilitado de continuar construyendo “la bomba”.

Por ello, los americanos están más deseosos que Netanyahu para buscar un acuerdo con Irán, permitiendo que retenga una capacidad modesta de enriquecimiento, sin que acumule lo suficiente para un arma nuclear. Pero Israel no niega su escepticismo a lo que llama el límite de la “zona de inmunidad”. Para Netanyahu la línea roja se halla en ese punto capaz de prevenir a Irán disponer de una capacidad tecno-material para enriquecer uranio, pues en cualquier momento podría contemplar fabricar la bomba.

Los líderes israelíes han advertido a la administración del presidente Barack Obama de que “la candela” va a ser en 2012. El ministro de Defensa, Ehud Barak, ha puntualizado que actuarían antes de que Irán traspasase la llamada “zona de inmunidad”, es decir cuando se logre que operen totalmente las centrífugas ocultas en cuevas en las montañas aledañas a Qom.

El sobresalto israelí es que todo lo necesario para echar a andar los reactores nucleares de Bushehr se halla en proceso. Muchos consideran, entre ellos el Mossad, que Irán llegará a ese punto en algún momento antes de fin de año (2012), por ello el tiempo límite para comenzar las acciones militares, si bien no es cuestión de semanas, tampoco es de años.

Incluso si los objetivos actuales de la administración Obama se logran, con lo de que Irán disminuya hasta un 20 % su enriquecimiento de uranio y exporte todo el arsenal de lo enriquecido, ello no es suficiente para los israelíes, pues dejaría a los fundamentalistas de Teherán con más de 6,000 kilogramos (seis toneladas) de uranio enriquecido, capaz de ser aumentado al nivel requerido para bombas nucleares en un futuro. 

El futuro de la revolución iraní

Irán no es una nación homogénea, y sus más de 75 millones de habitantes no son una unidad indisoluble: muchos de ellos están parcelados en diversos grupos minoritarios, tanto religiosos como étnicos. La población iraní no se siente satisfecha con sus líderes “revolucionarios” ni con la intolerancia religiosa, como tampoco con los fraudes electorales que han sido perpetrados, ni con la intromisión de los ayatolas y la guardia revolucionaria en todos los asuntos de la vida nacional. El belicismo que se respira en los medios oficiales no moviliza a la población como hace treinta y tantos años.

Los Baluchis del sureste iraní claman por liberarse del gobierno central, y desarrollan una lucha guerrillera para obtener este objetivo. Los miembros del movimiento MEK (Mujahideen-e-Khalq), desarrollan operaciones para penetrar el sistema de comunicaciones y telefónicos iraníes. El MEK es parte del Consejo Nacional de Resistencia iraní, con base en París, una coalición de organizaciones, personalidades y grupos iraníes demócratas que se plantean establecer una democracia secular y un gobierno de coalición en Teherán.

Esta organización existía ya en tiempos de Saddam Hussein, quien le había brindado santuario para lanzar sus operaciones sobre Irán. El MEK tiene su base principal en una anterior base militar norteamericana, cerca del aeropuerto de Bagdad, y funciona bajo la sombrilla y protección de Estados Unidos.

El MEK recibe entrenamiento en comunicaciones, criptografía, tácticas subversivas y demás, programa a cargo del Comando Especial de Operaciones Conjuntas (JSOC) con base en Nevada. El MEK también está apoyado material y financieramente por Israel y Arabia Saudita.

Las opciones de los israelíes

Israel no se halla cómodo con las proposiciones de Obama, pues considera que dejarían a Teherán con capacidad para fabricar en cualquier momento “la bomba”, incluso bajo la sombrilla de un programa supuestamente “pacífico”. Por eso Netanyahu exige que Irán se deshaga de todo el uranio enriquecido, y si las negociaciones no logran tal cometido, ordenará la acción militar.

Ante el escepticismo de los Estados Mayores europeos, e incluso del norteamericano, los israelíes si piensan que no hay instalación iraní, incluso la supuesta estratégica de Qom, que sea invulnerable a sus precisos ataques. Hay que recordar que ya en 1967 y 1973, tanto en la guerra de “los seis días” como en la del “Yom Kipur”, los israelíes demostraron en sus enfrentamientos con los ejércitos árabes que los conceptos militares “clásicos” de correlación de fuerzas, misión inmediata y misión estratégica, decisiones entre ofensiva y defensa, o “racionalidad” de los objetivos, no funcionan de igual manera cuando sus fuerzas armadas están involucradas en combates por la supervivencia nacional.

Para los estrategas israelíes, sólo bajo una sombrilla nuclear es que Irán podría ser inmune a su brazo armado. Y están dispuestos a impedirlo de cualquier manera. Tampoco puede olvidarse, por otra parte, que aunque no está comprobado ni se ha reconocido oficialmente, son muchas las opiniones que coinciden en señalar que los israelíes sí disponen de un arsenal atómico, reservado para lo que serían situaciones de emergencia estratégica de supervivencia. Y si Irán dispusiera de un arsenal nuclear, ¿sería esto un escenario de emergencia estratégica de supervivencia para Israel?

La administración Obama está convencida de que un ataque israelí desbarataría la coalición internacional que ellos han armado contra Irán, colapsaría el programa de sanciones, y plantearía un escenario de consecuencias nada predecibles, sobre todo cuando todo el Medio Oriente se halla convulsionado por revoluciones y cambios.

Puede resultar muy cierto, pero los israelíes no están dispuestos a arriesgar su existencia como nación para asegurar la tranquilidad de los norteamericanos para sus elecciones y sus enfoques geopolíticos para la región, o la de los europeos con los precios del petróleo. Ya antes y durante la Segunda Guerra Mundial supieron como se desarrolló el Holocausto con tantas potencias mirando para el otro lado, para confiar su supervivencia a quienes no sean ellos mismos.

Entre Israel y Rusia existe una amplia relación económica y cultural, inspirada por más de un millón de inmigrantes de la ex Unión Soviética que ahora viven en el Estado judío. Pero ambos países tienen diferentes criterios respecto al programa nuclear de Irán y sobre los levantamientos armados en Siria, aliado de Rusia. Rusia, por ejemplo ha invertido alrededor de $1,000 millones en el reactor nuclear de Bushehr.

Como voz influyente en los debates internacionales sobre Irán, el Kremlin ha bloqueado toda acción drástica contra Irán y Siria, mientras Israel ha indicado que actuará militarmente de no detenerse el programa nuclear iraní.

En ocasión de la reciente visita a Israel del presidente ruso, Vladimir Putin, tratando de encontrar una salida negociada al diferendo de los israelíes frente al peligro nuclear iraní, su contraparte le urgió que no siguiera ayudando al programa nuclear de Irán. Si bien Putin estuvo de acuerdo y expresó públicamente que Irán con armas nucleares representa un peligro para Israel y para la región, Netanyahu insistió que debía cesar todo el enriquecimiento de uranio en Irán, y se debían desmantelar las instalaciones nucleares de Qom.

Netanyahu añadió, además, que Siria tenía que detener su sangrienta represión sobre el pueblo y expresó que Israel temía que las armas rusas en Siria podían caer en manos de los militantes de HizbAlláh en el vecino Líbano. Ello no debió sonar de manera agradable a los oídos de Putin, el cual ha estado vendiendo armas a Damasco en medio del violento levantamiento popular, y obteniendo ingentes cantidades de dinero para Rusia a través de estas bochornosas operaciones “comerciales”.

Sin embargo, todo indica que no hubo concesión por parte del Kremlin. El resultado de la visita de 24 horas de Putin tiene profundas implicaciones sobre la decisión israelí de golpear y destruir las instalaciones nucleares de Teherán, o de dar más tiempo a que se encuentre una solución diplomática. Aunque sea imposible conocer la realidad en estos momentos, no sería imposible que una vez que Putin tomara el avión de regreso el liderazgo israelí haya tomado la decisión de que podría esperarse que Putin lograra la disuasión de los iraníes, o que, por el contrario, se haya convencido de que no hay opciones no militares para detener el peligroso programa nuclear iraní y, por lo tanto, haya comenzado la cuenta regresiva para la orden del ataque masivo sobre las instalaciones iraníes.

Aquí no se trata de las reiteradas campañas propagandísticas que continuamente se lanzaron desde La Habana, y ahora se repiten en Caracas también, sobre una “inminente agresión imperialista” que siempre estaba a punto de producirse y nunca se produjo, porque una vez que no existieron misiles nucleares en Cuba, después de la Crisis de Octubre de 1962, Estados Unidos nunca más pretendió una invasión a Cuba. Y lo de invadir Venezuela es posible que ni el propio Hugo Chávez se lo crea. Sin embargo, lo de destruir Israel y lanzar a sus habitantes al mar no surge de campañas propagandísticas diseñadas en Jerusalén o Tel Aviv, sino de las propias declaraciones de los “iluminados” dirigentes iraníes.

Israel se está preparando muy seriamente para el enfrentamiento armado con Irán y para destruir su potencial arsenal nuclear, independientemente de lo que puedan pensar Barack Obama y Mitt Romnney, de la fecha de las elecciones en Norte América, y de los planes de rescate financiero entre las naciones de la Unión Europea. También, independientemente de lo que pueda pensar Vladimir Putin, el liderazgo ruso y los ejecutivos-mafiosos de la industria armamentista rusa.

Para complicar más las cosas, con el deterioro del poder del sanguinario régimen de Bashir al Assad en Siria, surge con fuerza el peligro de que las armas químicas de los arsenales del carnicero de Damasco pudieran terminar en manos de los terroristas de HizbAlláh, lo que acrecentaría mucho más un peligro mortal para los israelíes, quienes según parece ya han ordenado a sus fuerzas armadas prepararse para ejecutar acciones de ocupación y control de tales arsenales en territorio sirio.

Se calcula que bastan dos horas de movimiento desde los arsenales sirios de armas químicas para alcanzar el valle de la Bekaa, en el Líbano, donde la organización terrorista HizbAlláh mantiene el control. Se supone que en Siria existen entre 20 y 30 lugares de almacenamiento de armas químicas, que incluyen sarín, gas mostaza, y otros. Y además de las armas químicas, podrían moverse hacia allí los misiles Scud C y D, capaces de portar cabezas con el letal armamento químico. Aunque existe la hipótesis que Assad y su camarilla podrían pretender moverse ellos mismos hacia la Bekaa, utilizando el armamento químico como su seguro de vida y herramienta de negociación, en caso de que tuvieran que abandonar Damasco por la presión de los rebeldes.

El problema no alarma solamente a los israelíes: Turquía y Jordania también están preocupadas por la posibilidad de que ese armamento químico se disemine irresponsablemente por la región, y de igual forma se preparan para actuar en una situación de emergencia alrededor de estos asuntos, así como el Comando Central de EEUU. Estimados independientes sugieren que serían necesarios hasta setenta mil combatientes de unidades especiales para garantizar el control seguro de esos arsenales. La buena noticia sería que en pocas horas también los israelíes podrían mover todos esos arsenales a lugares seguros en territorio judío.

Los israelíes han sido los más extremadamente claros en sus intenciones: Israel tendría que actuar… si hubiera un riesgo de que las armas químicas y misiles sirios pudieran caer en manos de grupos militares” como HizbAlláh o Al Qaeda, dijo el Primer Ministro Benjamín Netanhayu. Y el Ministro de Defensa, Ehud Barak fue más directo aún: “He ordenado a las fuerzas israelíes prepararse para una situación donde tendríamos que considerar la posibilidad de lanzar un ataque contra los arsenales de armas sirias”.

En sus enfrentamientos con estos peligros letales que ponen en juego su  existencia misma, tanto en Irán como en Siria, los israelíes pretenden presentarle al mundo un fait accomplit después del ataque a las instalaciones nucleares iraníes o a los arsenales sirios de armas químicas; un hecho consumado, por el que sin dudas recibirán críticas, sanciones y condenas. Ellos prefieren ese riesgo al otro, inaceptable, de perecer bajo los efectos de armas químicas o convertirse en polvo nuclear.

Porque se pudo sobrevivir en la historia a la destrucción del templo de Jerusalén, a la diáspora de miles de años, al Holocausto, a guerras frente a varios países árabes a la vez, y a continuos atentados terroristas en todas partes. Y tal vez se podrían resistir, aunque con enormes pérdidas, reiterados ataques  con armas químicas de exterminio en masa. Pero no es posible sobrevivir a un bombardeo nuclear como el que los extremistas iraníes en Teherán estarían deseosos de lanzar en cuanto tuvieran el armamento necesario para ello.

Por eso, mientras los israelíes puedan evitarlo, Irán no será una potencia nuclear.

EL AJEDREZ ATÓMICO: ISRAEL VS. IRÁN

Irán: la sombra de Alá

Lo que la dirigencia iraní quiere lograr es una posición de conocimientos y de disponibilidad material para construir con rapidez armas nucleares y sus vectores. Desde hace más de diez años se hallan envueltos en producir uranio enriquecido, algo necesario para algunos tipos de reactores nucleares, pero fundamental para fabricar armas atómicas. Sus instalaciones para enriquecer uranio han crecido en capacidad, calidad, y número. También han trabajado en tecnologías de detonación, y en cohetería para portar ojivas nucleares.

La Agencia Internacional de Energía Atómica (International Atomic Energy Agency, IAEA) ha admitido que en Fordo existe la capacidad para 3,000 centrifugas, comparada con las 9,000 que Irán dispone en su primera planta de enriquecimiento de Natanz. Los medios políticos de decisión del planeta y los centros de inteligencia saben que después de un Fordo completamente equipado Irán romperá su compromiso con al tratado de No Proliferación Nuclear con cualquier pretexto y pondrá fin a las inspecciones, como lo hizo Corea del Norte en 2003.

Los iraníes han sido taimados en su programa nuclear. Lo han hecho teniendo en cuenta que pueden ser bombardeados. Por ello, han dispersado sus instalaciones en más de una docena de parajes bien defendidos.

Las negociaciones y esfuerzos para supervisar, controlar y desprogramar los intentos iraníes por armarse nuclearmente, no han producido nada, exclusivamente una puesta en escena, un “minuet” diplomático y respuestas intransigentes de Teherán, que solo busca tiempo para que avance su boceto nuclear.

Este problema se agudizó cuando Irán incumplió el acuerdo de permitir la inspección de la Agencia de Energía Atómica, planeada para la controversial base militar de Parchín. Más aún, evidencias recientes han revelado que en esa base ha tenido lugar una operación de ocultamiento, lo que ha elevado las sospechas de la IAEA, de Estados Unidos y de Israel. Finalmente, Irán continúa rehusando permitir el acceso de la comisión de Energía Atómica a los lugares indicados como posibles sitios de almacenamiento atómico.

Al fallar estos tanteos políticos, la sombra de una confrontación bélica se va dibujando con mayor precisión. Este patrón de impunidad iraní, en desafío a la ONU y a las resoluciones internacionales que demandan una suspensión de su programa de enriquecimiento, precipita la determinación israelí de lanzar un ataque, quizás unilateral, contra las instalaciones nucleares iraníes.

Todos los lugares relacionados con el Estado de Israel, en todo el planeta, se hallan en estado de alerta, ante el peligro de ser blanco de ataques terroristas. Los belicosos de Teherán no se ocultan para proclamar su deseo de borrar del mapa a la “entidad sionista”, y disponer de armas nucleares sería el camino más expedito para lograrlo.

En mayo pasado, el líder supremo iraní, Ayatola Ali Khamenei, dirigiéndose en árabe a la comunidad islámica no persa, llamó a Israel “tumor canceroso que debe ser cortado”, y apuntó que se apoyaría y armaría a todo grupo que retase al “Estado judío”. Refiriéndose a las sanciones contra Irán, las llamó “inofensivas” y que no tenían impacto en la determinación de seguir el curso nuclear.

El Ayatola, también en voz desafiante, predijo que de ser atacado Irán, los países árabes que contribuyan sufrirían las consecuencias, y que “los intereses americanos también sufrirían”, que sería peor para Estados Unidos que para Irán.

El General iraní Hassan Firouzabadi ha reiterado el propósito de su país de aniquilar completamente al “régimen sionista”. El generalato iraní ha anunciado la realización de exitosas pruebas con cohetes de mediano y largo alcance, los conocidos Shahab-1, Shahab-2 y Shahab-3, a hipotéticas bases enemigas, supuestamente norteamericanas e israelíes. Aunque muchos analistas militares han clamado que tales anuncios son exagerados, y que las declaraciones de los líderes iraníes tienen mucho de “bluff”.

Y llamó la atención la ejecución misteriosa de los dos más destacados científicos nucleares iraníes: Mahid Shahriani, jefe del programa anti-Stuxnet, y Feredoun Abbassi-Davani, que era Director de las operaciones de centrífugas en Natanz. Ello, sin dudas, enlenteció el trabajo en la planta de Natanz. Otro misterio fue la devastadora explosión de los silos de cohetes en Shehab. Hasta la fecha, nadie ha reivindicado la autoría de tales acciones, profesionalmente ejecutadas.

Las plantas nucleares iraníes, como la de enriquecimiento de uranio en Natanz, así como otros lugares hasta ese momento ocultos que desarrollaban armamento de destrucción masiva, fueron objeto de un ataque cibernético, con el virus de computadora Stuxnet, lo que forzó a Irán a decomisar y reemplazar más de un millar de centrífugas IR-1, alrededor de un 20 % de la capacidad de su planta en Natanz, y clausurar muchos laboratorios que apoyaban el programa nuclear.

Para muchos, un ataque a Irán puede tener como consecuencia que su actual debilitado régimen, aislado, cobre fuerza de momento y se restablezca, logrando apoyos inesperados en la región, y transformándose de “paria” en la fuerza fundamental mesoriental. Una cosa si es segura: Irán dispone del conocimiento científico para producir armas nucleares. De ahí que muchos planteen que un ataque sólo dilataría cuándo se fabricarán armas nucleares en esa nación.

Algunos think-tanks han ofrecido escenarios en los cuales el ataque podría tener efectos “contraproducentes” de unión de los iraníes alrededor de los ayatolas y su comparsa fundamentalista. Argumentan incluso que la actual oposición política a Ahmadinejad podría cambiar de opinión ante un ataque, y apoyaría al régimen que rechazan.

Sin embargo, con estos enfoques se obvia la larga y profunda lucha por el poder que ha envuelto a ese país desde el mismo momento que el ayatola Jomeini aterrizó desde Francia en 1979. No puede saberse hasta qué punto un ataque a las instalaciones nucleares podría poner fin o enlentecer su programa nuclear, pero se puede considerar, contrario a otros think-tanks, que no tiene sentido ignorar en el análisis la posibilidad de que también podría resultar lo contrario, y ser el fin del régimen del Ayatola Seyed Ali Hoseini Khamenei y del Presidente Mahmoud Ahmadinejad.

Detrás de la retórica y de la virulenta vehemencia fundamentalista, la dirigencia iraní y su Guardia Revolucionaria, que mantiene un firme control político y económico, teme a un ataque contra sus instalaciones nucleares, que podría dar al traste con décadas de propaganda paranoica, y quebrar la frágil unidad del país.

Es ampliamente conocida la pugna entre el parlamento y el presidente, no de ahora, sino desde 1979. Y, dado el elevado nivel de desafección pública contra el régimen, luego de las fraudulentas elecciones de 2009 y del actual caos económico causado por las sanciones, podría suponerse un escenario menos negativo, en el cual el gobierno sólo logre una limitada simpatía.

Los iraníes son una nación orgullosa de larga historia, y que han intentado modernizar sus vidas. El actual régimen de los ayatolas es sólo una pesadilla en sus intentos de asumir un papel estelar en la política regional. Fue con esos ayatolas en el poder que los tambores de la guerra han sonado, pues desde el siglo XIX hasta 1979 el país nunca estuvo envuelto en pesadillas de agresión.

Debemos pensar que el pueblo iraní, que no es solamente, ni en su mayoría, el ganado fanático que nos presentan los documentales propagandísticos, no querría ser parte de un país que se halla en contra de todo el planeta.

Irán, en medio de un ataque israelí, lanzaría cohetes contra el Estado de Israel, y también daría rienda suelta a medios no convencionales y asimétricos. Pero Israel cuenta con una verdadera muralla de defensa anti-coheteril. Es cierto, pueden aparecer carros bombas o bombas humanas en capitales europeas, o talibanes con altos explosivos atacando tropas de la OTAN en Afganistán. Sin embargo, esa “respuesta” iraní sería mucho más simbólica que efectiva.

Aunque muchos opinen lo contrario, un ataque directo a la Armada norteamericana en el Golfo Pérsico es una posibilidad muy lejana. Es solo como propaganda para mantener su credibilidad que los ayatolas y su gobierno hablan de “hacer polvo” a la colosal 5ta. Flota, de bloquear las vías marítimas y de contraatacar a aquellos estados del Golfo que sirven de base a Estados Unidos, como Bahréin, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.

Porque, y esto se señala discrepando de las Casandras sobre el conflicto en ciernes, Irán no dispone del poder de fuego ni de la potencia naval para montar un bloqueo convencional en el Estrecho de Ormuz. Sus minas, torpedos, mini-submarinos y cohetes apenas pueden defender sus tanqueros. Y cualquier intento contra la Armada del Comando Central USA, o los estados del Golfo, provocaría una respuesta descomunal del grupo de ataque de la 5ta. Flota norteamericana estacionada en Bahréin, una parte del cual ya está desplegada en el Estrecho de Ormuz.

Como quiera que se juzgue a los iraníes, hay que dar por sentado que no son es estúpidos, y un embate directo a la colosal Armada norteamericana en el Estrecho de Ormuz sería sólo provocar la ira de Washington, que se concretaría en una verdadera lluvia de fuego, no sólo contra los objetivos nucleares iraníes, sino también contra otros elementos de la infraestructura militar, política y económica, causando el derrumbe de los ayatolas. Y en caso de un ataque contra las fuerzas armadas norteamericanas, esta sería una respuesta que cualquier presidente de los Estados Unidos tiene que materializar para mantener su credibilidad.

De shiítas y sunnitas

Teherán está enfurecido con los sauditas, quienes se han aprovechado del embargo petrolero contra el régimen de los ayatolas para producir adicionalmente 2.7 millones de barriles diarios (bpd) y así compensar las carencias a los países consumidores que puedan provocar las sanciones sobre Irán.

De estar convencidos que Arabia Saudita se halla en connivencia con Estados Unidos, y por carambola con Israel, los iraníes lanzarían sus cohetes contra los centros exportadores, como Abqaiq, en el este saudita, donde la tradicionalmente levantisca población islámica shiíta podría aprovechar la coyuntura.

El “reino petrolero saudita” ha tomado muy en serio, como un acto de guerra, las amenazas que ha hecho el gobierno de Irán de volar en pedazos las instalaciones industriales sauditas. El “reino” ha emplazado contingentes militares en las costas del Golfo Persa, y ha instalado alrededor de sus campos petroleros anillos de baterías anti-cohetes Patriot PAC-2 y PAC-3 (foto).

Se han estacionado fuerzas blindadas sauditas en los nudos de oleoductos y estaciones de bombeo. Las entrenadas “fuerzas especiales” del reino están acampadas en la terminal petrolera de Ras Tanura; la fuerza aérea se halla en estado de alerta, y destacamentos navales especiales patrullan sus costas.

Las tropas norteamericanas, al unísono con otras fuerzas, realizan ejercicios de desembarco en costas de Jordania. Estados Unidos está envuelto, también con Arabia Saudita, en ejercicios militares que simulan un ataque conjunto sobre Irán.

Los críticos europeos de la “línea dura” contra Irán argumentan que un ataque de Estados Unidos o Israel sería contraproducente. Con un Medio Oriente caótico por un ataque contra Irán, la “primavera árabe” que se halla en plena conmoción, y la guerra civil en Siria, podrían desvirtuarse. Lo que no se tiene en cuenta, por ser esos análisis de una línea tan “dura”, es que también podría suceder lo contrario, y acelerarse esos procesos antidictatoriales. 

En toda la prensa de “Eurabia” el argumento central es que se debe conceder posibilidad a que la diplomacia surta efecto, puesto que un ataque a Irán aislaría completamente a Israel en la región y elevaría el resentimiento en Turquía y Egipto. Señalan también que los hoy aliados árabes se tornarían enemigos y apoyarían a su hermano de religión, Irán, pues el ataque se vería como un intento más de Occidente de llevar sus Cruzadas contra los estados islámicos.

Pese a las presiones diplomáticas, en febrero pasado, en una entrevista del Jefe del EM Conjunto de Estados Unidos, General Martin Dempsey, y del canciller británico, William Hague, se reveló que una invasión israelí al Irán tendría graves consecuencias para la región del Medio Oriente, por lo cual se hacía necesario conceder tiempo a que las sanciones pudieran cumplir sus objetivos.

Pero esto es aprovechado por Irán, que sigue preparando a su ejército. Así, los jefes de su Guardia Revolucionaria han reiterado que la “República Islámica” atacará militarmente a cualquier país que sirva de trampolín a una agresión contra Irán. Y aunque resulta inocente pensar que Irán se mantendrá inmóvil ante un ataque a sus instalaciones nucleares, habría que ver cómo el régimen de los ayatolas podría cumplir esas amenazas de contragolpe.

El pasado once de febrero el presidente Ahmadinejad y el jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Shirdel, plantearon que si el “régimen sionista les ataca, sería reducido a polvo por los miles de cohetes que están enfilados a su territorio y a las 40 bases norteamericanas en la región”. Como si el hecho de que estén “enfilados” contra esos blancos garantizara que darían en sus dianas, y que la otra parte no dispone de medios anticoheteriles.

Aunque lo intenten, los iraníes no podrán cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde fluye el 20% del petróleo que se comercia en el planeta; intentarán lanzar sus cohetes por toda el área, desestabilizando todo el Medio Oriente, buscando explotar el caos regional para lograr -es su intención- ampliar sus posiciones geopolíticas respecto a sus vecinos. Algo muy parecido a la estrategia de Saddam Hussein cuando la “Tormenta del Desierto” en 1991, y todos recordamos la poca efectividad que tuvieron los lanzamientos de misiles “Scud” contra Israel, y cómo fue que terminó aquella “madre de todas las batallas”.

Los petro-árabes desatarían un tsunami económico y financiero si Irán decide suspender totalmente sus exportaciones de petróleo, o si ataques contra sus instalaciones le impiden producir y exportar. Aquellas naciones que dependen del petróleo para su actividad y su desarrollo económico, privadas del acceso al combustible iraní, enfrentarían una catástrofe política y económica si no sucediera nada más, pero si el resto de los productores eleva su producción para suplir los suministros iraníes interrumpidos, las consecuencias no serían tan caóticas. También antes de la “Tormenta del Desierto” en 1991 los “genios” políticos como Fidel Castro pronosticaron que los precios del petróleo y el caos mundial se desatarían si comenzaban las hostilidades en Irak, y todavía estamos esperando para verlo.

Los países islámicos afectados, ya sea desde porque teman a un Irán con armas nucleares hasta porque se alíen a él, serían Irak, Afganistán, Pakistán, Turquía y Arabia Saudita. Pero es sabido que las alianzas por temor no son tan duraderas: en cuanto los más débiles perciban que la otra parte está venciendo -o pueda vencer- la lealtad por temor se desmorona. ¿Estarían los débiles gobiernos de Irak y Afganistán dispuestos a apostar por Irán, aunque fuera por temor, corriendo el riesgo de quedarse “agarrados de la brocha” en el muy probable caso de que Estados Unidos y la coalición occidental prevalezcan?

Se dice que un golpe israelí contra Irán forzaría a que Pakistán no tenga otra opción que apoyar a Teherán. Ya existen evidencias de ello. En Islamabad, el 17 de febrero pasado, el presidente pakistaní, Asif Ali Zardari, se comprometió a apoyar militarmente a Irán si Estados Unidos lanzaba una acción militar contra la República Islámica. El presidente aseguró a los líderes iraníes que el territorio de su país no sería utilizado por ninguna fuerza contra Teherán.

Este enfoque llevaría ante el espectro de un Pakistán con armas nucleares frente a un Israel con armas nucleares. Pero para ello sería necesario que Pakistán estuviera dispuesto a romper abiertamente con Estados Unidos, y a pesar de sus tendencias al fundamentalismo y sus coqueteos con los talibanes, el gobierno pakistaní sabe perfectamente que depende de la ayuda norteamericana no solamente para subsistir, sino también para poder enfrentar su diferendo histórico con la India.

Turquía, miembro de la OTAN, ha cambiado su política. No sólo porque ahora apoya abiertamente la causa palestina contra Israel, sino porque incrementa su comercio con Irán a pesar de las sanciones. Y también ha estrechado lazos políticos con Pakistán. Sin embargo, como miembro de la OTAN, Turquía es una nación del mundo “occidental”, y un enfrentamiento abierto con Estados Unidos y la coalición de los países que lo apoyarían en un conflicto frente a Irán, no parece que sea lo más deseable para Ankara, teniendo en cuenta que Turquía es un estado laico, otomano y “democrático”, y no una típica satrapía árabe del Medio Oriente.

En estas circunstancias, muchos centros de pensamiento académico euro-occidental, que han demostrado en muchas ocasiones que no entienden demasiado cómo funcionan las cosas en esas regiones en conflicto, se refieren a la posibilidad de que una acción contra Irán aglutine a los países árabes y no árabes en una coalición hostil a Estados Unidos, que de conjugarse propiciaría incentivos a los elementos extremistas en Pakistán y en todo el Medio Oriente. Ello tendría repercusión en Siria, en Somalia y en Yemen, al igual que en la Cachemira, para desasosiego de la India. Pero, de nuevo, no puede descartarse el efecto absolutamente contrario.

Esta eventual y peculiar fusión que se sugiere, de Irán con Pakistán y Turquía (con Rusia y China tras bambalinas) -casi un enfoque a lo Nostradamus- a no durarlo frustraría los designios estratégicos de Estados Unidos para el área. Y esto es lo que barajan quienes en Europa y Estados Unidos están por negociar con Irán. Pero si se desatan las hostilidades, y son los aliados de EEUU los que van a asegurar el petróleo a tantos países que lo necesitan, las posibilidades de la supuesta coalición antinorteamericana no son tan evidentes como se podría pensar.

Veámoslo de esta manera: aceptemos que un ataque de Israel o de Estados Unidos contra Irán, o de ambos a la vez, tiene consecuencias no predecibles, e incluso peligrosas: el precio del petróleo por las nubes, por un tiempo, poniendo en peligro la recuperación económica; que los estados petroleros aliados del Golfo puedan sucumbir a una “primavera árabe”, desestabilizando más aún la región; que la Yihad terrorista se re-energice; y que Estados Unidos se vea en dificultad para contrabalancear un bloque ruso-chino en el Pacífico.

Pero hemos aprendido, y ya debería haberse aprendido por muchos, aunque algunos en Europa y Estados Unidos no se hayan dado cuenta, que en el Medio Oriente no siempre todo es como se trasluce inicialmente. También la ola de “cambios” que sacude la región tiene nerviosos a los fundamentalistas iraníes, y ha reducido su capacidad política regional, y la posibilidad de que el régimen de al Assad desaparezca se halla también en el tintero.

No puede desconocerse que incluso puede haber opciones de cambios en Pakistán que propicien un gobierno interesado en mejorar sus relaciones con Estados Unidos y al menos “enfriar” un poco las tensas relaciones con la India, en aras de concentrarse en el desarrollo económico y la elevación del bienestar de su pueblo: tal vez no en un enfoque “hindú” de la democracia indostánica, pero si en uno “turco”, donde los militares no pongan en peligro las relaciones con Estados Unidos y jueguen un papel decisivo en la conducción de los enfoques políticos internacionales del país.

Recuérdese que hace un año, tanto el HizbAlláh libanés como el Hamás de Gaza proclamaban que lanzarían cohetes contra Israel si este osaba tocar a Irán; en la actualidad Hamás ha roto su alianza con Irán y se ha realineado a sus “hermanos” egipcios, y la situación en Siria podría implicar que HizbAlláh se quede sin su arsenal de armas canalizado por el valle de la Bekaa. Así, la reacción bélica de HizbAlláh y Hamás, si bien puede hacer algún daño, a todas luces no será tan fiera como se pintaba un año antes.

Otra interrogante es si Israel puede concertar acuerdos bajo cuerdas con aquellos países islámicos que están en el paso de sus fuerzas aéreas hacia Irán, como Jordania, Arabia Saudita, Irak y Turquía (con Siria, evidentemente, sería impensable). Y si esos países están dispuestos a enfrentar las protestas en sus bazares y correr la suerte de un Gadafi o de Mubarak. Sin embargo, de nuevo, el temor a un león persa nuclear es mucho mayor que la preocupación por la necesidad de enviar varias unidades de fuerzas especiales equipadas con gases lacrimógenos y balas de goma a dispersar manifestaciones en las kasbahs, las mezquitas o las universidades, o a sacar a desfilar un batallón de tanques por las calles de las capitales.

Irán también cuenta con una limitada capacidad para golpes militares sobre el sistema de defensa de la OTAN en Turquía. Ello ha sido expresado por Amir Ali Hajizadeh, comandante de la Fuerza Aérea. Pero hay mucho más de alarde y gritería que de planes serios en esas declaraciones: un ataque contra un país miembro de la OTAN se interpretaría como un ataque a todos los miembros de la OTAN (el famoso Artículo 5 de la Carta de la OTAN). Y está claro lo que eso significa.

Pese a los que proclaman a voz en cuello una yihad árabe en caso de ser atacado Irán (país no árabe), en realidad, nadie en la región, especialmente los sauditas, lo lamentará. Claro, no lo harán públicamente. Y si Estados Unidos se halla tras una acción israelí, o al menos no la condena abiertamente, como se supone que no la condenará, los europeos no obstaculizarán, y sólo algunos objetarán verbalmente, con más o menos virulencia, dependiendo de en que país surja la declaración.

La acción militar israelí contra Irán supondría una respuesta coheteril islámica desde Gaza, pero muy limitada, y que Israel puede absorber, además de que contra-golpeará algunos objetivos estratégicos palestinos, enviando un clarísimo mensaje a la dirigencia de Hamás de que no se tolerará una verdadera escalada: si las fuerzas israelíes no vacilarían en volar hasta Irán para golpear sus instalaciones nucleares, ¿qué les limitaría para golpear en la vecina Franja de Gaza?

Siria, en realidad, estará fuera del juego, enredada en su guerra civil que cada día se complica más, y si Bashir al Assad pretende creer que lanzarse sobre Israel uniría a los sirios a su alrededor, ello puede ser el punto culminante que diera al traste con su régimen. Por mucho peligro que representara Israel, para muchos sirios en estos momentos la dictadura alawita de al Assad es el peligro mayor a su existencia, y saliéndose del dictador tendrían opciones y tiempo de buscar acomodos o arreglos con los israelíes, evitando otra guerra más que, de seguro, perderían frente a los blindados, la artillería, tropas coheteriles y fuerza aérea de Jerusalén, mucho más ahora que las fuerzas armadas sirias están debilitadas por más de un año de guerra civil. Y un nuevo régimen en Damasco, esta vez de sunnitas, no se rasgará las vestiduras por Irán, quedando de paso desarticulado su apoyo al HizbAlláh shiíta del Líbano.

Las disyuntivas imprevisibles que puedan contrariar a Israel no son de suficiente peso como para ignorar que el camino actual iraní atenta contra la existencia misma del Estado judío. Por ello, una acción militar que ponga fuera de acción el programa nuclear iraní, además de poseer ventajas estratégicas para Israel, le resulta imprescindible a esa nación.

Es cierto que la presión internacional pueda llevar a que se logre un acuerdo sobre el “affaire palestino”, incluyendo compromisos que el actual gobierno de Netanyahu no ha estado dispuesto a aceptar. Si estas consecuencias se plasman, imaginamos que Estados Unidos y otros países europeos insistirían que Israel firme el Tratado de No Proliferación de armas nucleares, y que ponga sus instalaciones bajo inspección internacional. Sería una posibilidad para que la comunidad internacional y los Estados regionales conformen un Medio Oriente libre de armas de destrucción masiva. Por tanto, estas perspectivas, más que tragedias y amenazas, pueden ser interpretadas como magníficas oportunidades.

Europa, Rusia y China

Todos en Occidente saben que tanto Estados Unidos como Israel no pueden vivir con la realidad de un Irán fundamentalista en posesión de armas nucleares; y es imposible negar que Teherán está aprovechándose y tomando ventaja de las marchas y contramarchas de la comunidad internacional, así como del forcejeo existente sobre quién se hace de la hegemonía en el Medio Oriente, región donde Rusia y China se enfrentan a los Estados Unidos.

Otro escenario discutido a la hora de un ataque norteamericano o israelí, o de ambos, contra Irán, es que tanto Rusia como China, que han clamado por una solución negociada del programa nuclear de Teherán, de inmediato fortalecerían sus relaciones en una alianza tipo bloque técnico-económico-militar, algo que desbalancearía el actual escenario internacional. Pero eso sería suponiendo que después de tal ataque no se abra la caja de Pandora en Teherán, y tanto los ayatolas como Ahmadinejad, o las políticas que éstos representan, puedan mantenerse en el poder.

En este momento Estados Unidos sostiene una guerra diplomática con Rusia y China con respecto a Siria. Ya ambos habían chocado con Estados Unidos y la OTAN en el caso de Libia. El Kremlin ha argumentado que un ataque sobre Irán sería “catastrófico” para la región, por lo cual ha pedido a Estados Unidos y a la Unión Europea que adopten una política de “no intervención” en la región, lo mismo que pidieron con respecto al África del norte.

A principios de este año, el canciller ruso Sergei Lavrov señaló que era imposible relatar cuáles serían las consecuencias de un conflicto militar, aunque afirmó que ello sería echar fuego a la confrontación Sunni-Shia y a la consecuente reacción en cadena. En aquel momento, señaló que Rusia haría todo lo que estuviera a su alcance para prevenir un ataque sobre Irán. Pero “todo lo que estuviera a su alcance” se puede interpretar de muy diferentes maneras, y casi ninguna supone llegar a un choque violento directo con Estados Unidos.

Los rusos han planteado que una acción militar israelí contra Irán sería una flagrante violación de las leyes internacionales, puesto que el golpe militar estaría ejecutado por un Estado (Israel) que ha adquirido ilegalmente armas nucleares con la connivencia de los Estados Unidos y de Occidente, en una clara violación de los acuerdos de “no proliferación” de los programas nucleares con componentes militares.

Además, plantea el Kremlin, junto con Irán, que Occidente nunca solicitó la imposición de sanciones o de golpes militares cuando Israel estaba implementando su programa nuclear, el cual era un secreto a sotto voce. Sin embargo, no dicen que Israel nunca puso en duda el derecho de ninguna nación a existir ni amenazó con lanzar al mar a sus habitantes. Por otra parte, tanto Rusia como China han hecho todo lo posible, a pesar de las apariencias, para evitar sanciones efectivas contra el gobierno de Corea del Norte y detener su programa nuclear, que no presagia nada pacífico hacia ningún lado.

Hay que recordar cómo el entonces premier y hoy presidente ruso Vladimir Putin, en ocasión del ataque de la OTAN en Libia, acusó a esa organización de ser una reminiscencia de los cruzados medievales. Aunque, por razones políticas domésticas, ha accedido a poner presión sobre Irán, nadie que entienda la dinámica en el país de los persas espera un resultado diplomático que impida el encontronazo bélico.

Es de notar que el pasado enero 2012, durante la visita del presidente chino Hu Jintao a Washington, el presidente norteamericano Barack Obama le expresó a su contraparte que Estados Unidos no podía impedir por mucho tiempo que Israel atacase las instalaciones nucleares iraníes.

Otros políticos europeos, algunos de los cuales no logran despegarse de un lejano, disimulado y quizás hasta no reconocido interiormente sentimiento antisemita en lo más profundo de sus corazones, y entre esos políticos no queda más remedio que pensar en algunos socialdemócratas, han puesto el grito en el cielo, argumentando que un ataque a Irán dividiría al mundo en dos partes, el mundo islámico y el de la cristiandad occidental, con todas las consecuencias militares, económicas y políticas, como si de hecho, en la actualidad, ya esa fractura no hubiera comenzado a producirse. Que algunos gobiernos no hayan roto o no rompan definitivamente con la civilización occidental no ha sido tanto por cuestión de convicción como de oportunidad: el gusanillo de la Sharia corroe a más de un residente de palacio real o cuartel militar en muchos de los casi sesenta países que componen el mundo islámico y financian las madrazas.

A lo que Europa más le teme en caso de un ataque contra Irán es al golpe que sufriría la tambaleante economía mundial con una subida de los precios petroleros, y a la reacción violenta iraní desatando el terrorismo en las sociedades europeas. Lo demás, incluyendo la suerte de los israelíes y hasta de Estados Unidos, no parece preocuparle demasiado. Nick Witney, quien fuera la cabeza principal de la Agencia de Defensa Europea, ha planteado que las consecuencias políticas y económicas de un ataque israelí serían catastróficas para Europa, que se adentraría de lleno de una espiral de recesión de la cual ni Alemania se salvaría. No solo países como Grecia e Italia entrarían en bancarrota, sino que el tembloroso euro colapsaría totalmente. Escenario que, por otra parte, aunque este señor no lo haya dicho, no puede garantizarse que no suceda aún en el caso en que no hubiera acciones militares en Irán.

Muchos expertos económicos opinan que otra guerra en el Medio Oriente precipitaría los precios del barril de petróleo mucho más allá de los $200, desconcertando a los mercados financieros y paralizando el crecimiento global de la economía. De nuevo, un escenario parecido al sugerido en ocasión de las guerras contra Saddam Hussein en 1991 y 2003, pero que no se materializaron. Esas opiniones de los “expertos” actuales suponen escenarios estáticos, no dinámicos, donde tras la guerra las cosas en Irán continuarían de la misma manera, y los problemas seguirían siendo los mismos, lo cual no necesariamente tendría que ser así.

El único país-potencia que ha mostrado públicamente su agrado a cualquier acción de Israel frente a Irán ha sido, sorpresivamente, Canadá, al punto que ambos estados firmaron un número de acuerdos de cooperación de defensa, que cubren diversas áreas, tales como el intercambio de información de inteligencia y el desarrollo conjunto de programas militares. En uno de los acuerdos consta la obligación de Canadá de ir en defensa de Israel si este se ve atacado.

Pero a no dudarlo, Israel y Estados Unidos enfrentarán un entorno internacional hostil, donde Rusia y China, secundadas por Cuba, Venezuela, Bolivia, y tiranuelos de segunda categoría en todo el tercer mundo, pero con voto en la ONU igual que las potencias y los países democráticos, acusarán a los “sionistas” y a los “imperialistas” de masacrar a los persas y a las naciones árabes, de fomentar el “guerrerismo” y la “injerencia”, y de poner en peligro “la paz mundial”: es algo con lo que los israelíes podrán vivir y tendrán que hacerlo hasta que las aguas tomen nuevamente su nivel, siempre y cuando Estados Unidos mantenga el apoyo sobre su aliado estratégico.

El águila imperial

Ya hace meses que Estados Unidos remodeló sus sanciones contra Irán, y ya se inician las más fuertes luchas de sus elecciones presidenciales. Pero todo ello envuelto en el peligro de un estallido en el Medio Oriente. Voces congresionales de ambos lados del pasillo presionan constantemente al presidente Obama con el fin de que se tomen acciones militares, o que no se deje solo a Israel en el empeño de desbancar el programa nuclear iraní.

En contradicción con los servicios de inteligencia israelíes, la administración del presidente Obama aún insiste que todavía le faltan dos años a Irán para llegar al “punto de no retorno”, por lo cual hay tiempo para la diplomacia y las sanciones. La administración Obama le transmite constantemente a sus pares israelitas que se debe actuar en concierto y coordinado, para evitar cálculos fallidos que podrían minar la influencia norteamericana en la región, y lanzar esta a una incontrolable espiral. En años de elecciones presidenciales, los presidentes actuantes no desean tomar el riesgo de una operación militar de envergadura.

Irán desarrolló sus ejercicios militares cerca de las fronteras con Afganistán, precisamente después de los ejercicios navales norteamericanos en el Golfo, y luego de probar nuevos cohetes. Teherán, también lanzó amenazas de que podía cerrar el acceso a través del Estrecho de Ormuz. Estas tensiones de Washington con Teherán se incrementaron dramáticamente a partir de diciembre 2011, cuando las autoridades iraníes se apropiaron de un avión espía no piloteado, que se había lanzado desde Afganistán.

La administración del presidente Barack Obama no ha podido convencer a los israelíes de delegar en Estados Unidos la opción total de una acción militar contra Irán, de ser necesario. El presidente Obama podría aventurarse a una solución drástica en el caso de Irán, para sacudirse el San Benito de “presidente débil”. Pero mientras que para Estados Unidos y Barack Obama la situación se desenvuelve a la sombra de las elecciones de noviembre, para los israelíes ningún calendario electoral, ni en Washington ni en Jerusalén, vale lo suficiente como para poner en peligro la seguridad nacional y la existencia misma del Estado judío y sus pobladores.

No podemos ignorar la realidad de que las sanciones que han perjudicado el sistema bancario iraní han hecho mella en su capacidad comercial y en sus exportaciones petroleras. Muchos en el entablado político de la actual administración norteamericana, temerosos de la reacción internacional y de las consecuencias económicas que precipita el “dossier” iraní, se muestran no solamente contra una acción militar, sino incluso contra la aplicación de las sanciones.

Ese fue el caso del líder de la mayoría demócrata senatorial, Senador Harry Reid, acusado de complotar secretamente con las compañías aseguradoras internacionales, al proponer llegar a un “acuerdo razonable” con Irán, no importando la suerte del Estado de Israel. Situaciones como éstas pueden resultar mucho más perjudiciales a las aspiraciones de reelección del presidente que todas las tensiones internacionales derivadas de un ataque masivo contra las principales y más importantes instalaciones nucleares iraníes. Y les podrían enajenar a Barack Obama y el partido Demócrata el apoyo del poderosísimo lobby judío de Estados Unidos.

Pese a la opinión generalizada de una “parálisis” militar estadounidense, sin embargo, Washington ha dado pasos que pueden interpretarse como una preparación para un ataque sobre Irán, o al menos para dejarle saber muy claramente que la capacidad de represalia en caso de una aventura militar iraní sería colosal y abrumadora. Ya desde el 2005, a raíz de la doctrina de Operaciones Conjuntas Nucleares, que fue anunciada por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas -y esto no es asunto, preocupación, interés o estrategias políticas de demócratas, republicanos o independientes por separado, sino del establishment y de la seguridad nacional de Estados Unidos- se realizó un “plan de contingencia” ofensivo, contando con un golpe absoluto y demoledor contra las instalaciones de armas atómicas en Irán y en Corea del Norte.

Es decir, ya Estados Unidos posee el mandato legal ante el Congreso que le autoriza el uso de fuerzas militares para prevenir una guerra nuclear, tanto en términos de planificación militar como en defensa y producción, y ya hace tiempo tiene elaborados los planes, cálculos y asignación de recursos necesarios para llevarlos a cabo. Lo único que haría falta para ejecutarlo sería la decisión del Presidente sobre cuándo dar la orden.

En la actualidad, la administración Obama ha ordenado a sus fuerzas aéreas, navales, y a los “marines”, que se concentren en las estratégicas islas de Socotra (que es parte de Yemen) en el Océano Indico, y la isla de Masirah (en la antigua base militar inglesa) que es territorio de Omán, en la boca del Estrecho de Ormuz. Los transportes militares norteamericanos procedentes de su gigantesca base naval en Diego García, aterrizan constantemente en ambos puntos.

Ya hay presentes 3 portaaviones con sus respectivos grupos de ataque: el “USS Abraham Lincoln”, en el Golfo Persa; el “USS Carl Vinson”, en el Golfo de Omán; y el “USS Enterprise”, en el Mar de Arabia. Con ellos se halla, además, y no de paseo, el portaaviones francés Charles de Gaulle. A la vez, la marina norteamericana ha duplicado sus buques barreminas en la zona, y ya cuenta con un vasto arsenal de barcos anfibios de desembarco.

El Estrecho de Ormuz se halla bajo la sombrilla aérea y los cañones y cohetes del portaaviones USS Abraham Lincoln, asistido por tres destructores -uno norteamericano, uno inglés y otro francés-, algo que ha sorprendido a muchos observadores políticos y militares, pero, claro, no a los iraníes.

Se cuenta con el apoyo de un cuarto grupo de barcos de guerra alrededor de un portaaviones, anclado en el océano Pacífico y a pocos días de las aguas iraníes. Toda esta descomunal concentración de poder de fuego, y más de 50 barcos de guerra, se halla lista para si el presidente norteamericano ordena el ataque contra los emplazamientos del programa nuclear iraní o Irán pretendiera cerrar por la fuerza el Estrecho de Ormuz.

Cierto es que Estados Unidos transfirió el año pasado docenas de bombas anti-bunker GBU-28 a los israelíes, como un gesto para aplacarlos. Asimismo, el Pentágono concertó un acuerdo con la corporación Lockheed Martin Corp., ascendiente a $2,750 millones, por medio del cual Israel recibirá 19 cazas jets F-35, y la opción de 75 cazas capaces de evadir radares.

A su vez, ha mejorado los sistemas de defensa antiaérea de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes. Al lado de los seis “Stealth” F-22 emplazados en los Emiratos se enviaron los F-15C, que conceden amplia capacidad contra las baterías costeras anticoheteriles, y capaces también de incursionar muy profundo en Irán.

El General James N. Mattis, que comanda todas las fuerzas norteamericanas en el Medio Oriente, el Golfo Persa y el Sudeste de Asia, mantiene en constante entrenamiento y ejercicios militares a todas estas fuerzas. En el ejercicio llamado “Internal Look,” Estados Unidos lanzó un ataque aéreo masivo contra los puntos neurálgicos iraníes: comenzó con un exitoso ataque aéreo israelí que logró paralizar el programa nuclear de Teherán; y seguidamente, Estados Unidos golpeó con mayor profundidad. Sobre este ejercicio, generales del Pentágono admitieron que, de utilizarse otros medios militares, como bombardeos de largo alcance y cohetes de precisión, la destrucción a la infraestructura nuclear y militar iraní sería total.

Hace poco el propio Secretario de Defensa, León Panetta, en uniforme militar, y a bordo del gigantesco grupo de ataque del portaaviones USS Enterprise, envió un mensaje público a los iraníes, apuntando que EEUU estaba preparado para lidiar con cualquier contingencia en el área. El Secretario de la Fuerza Aérea, Michael Donley ha expresado que de ser necesario y se diera la orden hoy, ellos están listos.

Sin embargo, una cosa es la indudable capacidad estadounidense de golpear militarmente a Irán y otra su disposición y voluntad para tomar la iniciativa y hacerlo en estos momentos. Entre algunos de los altos mandos militares norteamericanos se ha abierto paso el criterio de que un bombardeo masivo contra las instalaciones nucleares iraníes sería la manera más rápida y efectiva de garantizar que esa nación logre tener una bomba nuclear.

De ahí el criterio de que una poderosísima demostración de fuerza en el Golfo Pérsico podría ser un disuasivo suficiente para que Irán no intente aventuras militares en la región, pero que no bastaría para detener los proyectos iraníes de construir armas nucleares si no se combina con las sanciones internacionales que han ido cercando a la nación persa, a pesar de contar con el apoyo ruso y chino.

Pese a la gran ambivalencia en Estados Unidos sobre una acción unilateral de Israel contra Irán, y pese a las voces discordantes provenientes de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, muchos de sus políticos y miliares verían con satisfacción tal ataque.

Se ha especulado también que una acción unilateral israelí tendría un impacto negativo para las relaciones entre ambos Estados. Pero el impacto podría ser mínimo si Israel se las arregla para lanzar una ofensiva rápida y limpia, logrando poner fuera de juego al programa nuclear iraní.

En el último número de la revista norteamericana Foreign Affairs, Kenneth N. Waltz, un “reconocido teórico internacional” ha argumentado, ignorando los designios anti-israelíes de los ayatolas, que un Irán nuclear tendría “efectos estabilizadores”, puesto que se haría “menos belicoso”. Sin embargo, Matthew Kroenig, miembro del famoso Council on Foreign Relations, objeta estos criterios y plantea que un golpe militar israelí sería menos peligroso que dejar al Irán con capacidad nuclear.

Estados Unidos se halla ante un dilema que comprende sus prioridades estratégicas: la acción militar de Israel contra Irán choca con sus actuales prioridades; pero un Irán nuclear capaz de hacer cenizas a Israel, choca con su alianza estratégica con ese país, y a la larga contra los propios intereses estratégicos de EEUU.

La pérdida hegemónica en el área, la confrontación política con China y Rusia, el potencial peligro de Pakistán y Turquía aliados a Irán, la elevación de los precios del petróleo, y la consecuente profundización de la crisis económica internacional, resultan elementos de seguridad nacional para Estados Unidos que influyen en llevarlo a buscar una solución negociada ante el programa nuclear iraní.

Pero la solución negociada implica una carrera armamentista nuclear en todo el Medio Oriente y Asia central, y la gran posibilidad de que Israel desaparezca bajo un hongo nuclear. Ante este escenario sería imposible para Estados Unidos y sus aliados completar el proyectado desmantelamiento de sus tropas de Afganistán en 2014, que resulta nada fácil aún sin complicaciones adicionales del enfrentamiento Israel-Irán. He ahí el dilema Shakespereano: “ser o no ser…”.

Irán en posesión de armas nucleares tratará de imponer su hegemonía política en toda el área, por lo cual se desatará la proliferación nuclear. De seguro el gobierno saudita se lanzará a desarrollar su propio arsenal, y todo ello eleva el riesgo de que grupos extremistas obtengan material nuclear. No sólo Arabia Saudita intentaría armarse nuclearmente: también Egipto, Turquía, y hasta la Siria de al Assad si éste sobrevive, son los candidatos a serlo. Y no puede haber dudas de que ello sí haría la región terriblemente más inestable que hoy día.

Lo que parece muy real es que si Estados Unidos no procede militarmente contra un Irán a punto de obtener armas nucleares, los israelíes atacarían. Para Israel no se trata de consideraciones de política interna o de relaciones internacionales, sino de elemental supervivencia.

El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, no ha desestimado la opción de atacar militarmente las bases de desarrollo atómico iraníes. El actual desmantelamiento norteamericano del Irak ha facilitado que Israel pueda utilizar tal espacio aéreo para propinar golpes en Irán, sin el impedimento de tropezar con la fuerza aérea norteamericana.

Se especula que Israel está dispuesto a llevar a cabo su acción militar antes de las elecciones presidenciales norteamericanas en noviembre, aunque el factor determinante para la acción israelí no tiene que ver con calendarios electorales o condiciones ambientales y de climas, sino con los cálculos estratégicos del plazo en que Irán alcanzaría el llamado “punto de no retorno”, es decir, el momento exacto de avance del desarrollo de las investigaciones y las acciones de fabricación en que sería imposible impedir que ese país obtenga la bomba. El Secretario de Defensa norteamericano, Leon Panetta, está previsto que debe llegar a Israel el primero de agosto. Lo más reciente que circula en estos momentos entre los servicios de inteligencia de los israelíes y los norteamericanos es que octubre es el mes a observar muy atentamente.

Más que si Israel lanzaría el ataque, la interrogante es cuándo y cómo lo haría. Lo que analizaremos a continuación.

LA GUERRA INEVITABLE: ISRAEL VS. IRÁN

La estrella de David

Existen varios escenarios en los cuales Israel puede decidirse a atacar a Irán; el principal entre ellos es el temor israelí de que ya Irán esté acercándose a lo que el Ministro de Defensa Ehud Barak llamó “la zona de inmunidad”. El tiempo se ha transformado en el peor enemigo israelí ante la carrera iraní por escudar sus instalaciones nucleares y hacerlas inexpugnables a los ataques aéreos. El paso del tiempo sólo favorece a Irán, que va logrando asimilar la tecnología de producir armas nucleares, y la de hacer inservibles los posibles ciber-ataques de virus a sus programas. Irán ya refinó uranio hasta un 30-60% o quizás más, y está en preparación avanzada para alcanzar 65% de enriquecimiento, estando ya en el camino de alcanzar 80-90%, gradación de uso en armas.

Bajo esta consideración, y de poseer mayor tiempo, Irán llegará a una posición en la cual podría acumular suficiente uranio enriquecido, al igual que centrífugas de alta calidad, en lugares mucho menos accesibles que los actuales, que podrían ser inmunes a los ataques aéreos. No por gusto Israel dispone de menos tiempo que Estados Unidos para actuar, si decide montar una campaña bélica por sí solo. Ephraim Halevi, ex director del Mossad israelí, le dijo a The New York Times el 2 de agosto que si él fuera un iraní estaría muy preocupado en las próximas doce semanas.

Especialistas de inteligencia de EEUU e Israel consideran que Irán podrá tener en tres meses “bombas sucias” (bombas radiológicas, que combinan material radioactivo y explosivos convencionales, para contaminar con radioactividad el área de la explosión). Irán las daría a sus Brigadas Al Quds, brazo clandestino de la Guardia Revolucionaria en el exterior, para utilizarlas en tiempo de guerra contra Israel y Estados Unidos en el Golfo Pérsico y todo el Medio Oriente, y más allá. Israel teme que estas bombas terminen en manos de HizbAlláh en Líbano, y de Hamás en Gaza.

De acuerdo a analistas y “generales consultores de TV”, un ataque israelí solo lograría detener el programa nuclear iraní por dos o tres años, con el peligro de convencer más aún a Teherán de insistir en lograr sus bombas atómicas. Asumen que Irán dispone de la capacidad para responder a los ataques israelíes, con repercusiones catastróficas. Los israelíes en el gobierno no piensan de igual manera que los críticos desde fuera: el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa israelíes, Teniente General Benny Gantz, parece francamente convencido de que, si fuera ordenado, sus tropas serían capaces de sorprender a los iraníes e impactar al mundo. Muchos en el gobierno y el parlamento señalan que cuando algunos oficiales y funcionarios retirados hablan de las limitaciones de Israel para esta operación, es porque no están actualizados sobre los más recientes planes y capacidades militares para esta misión.

Documentos desclasificados del Pentágono, donde se simula un ataque israelí a Irán, concluyen que conlleva el peligro de extenderse a una guerra en toda la región, lo que de inmediato comprometería militarmente a Estados Unidos. Para ello, sólo un cambio en la política regional y la dinamización de las fuerzas políticas dentro de Irán serían los factores que podrían detener tal programa nuclear.

Muchos generales norteamericanos alegan que Israel dispone de menos poder de fuego, y que sus golpes aéreos no serían suficientes, sobre todo en las cuevas de Fordo, que quizás es el objetivo más difícil. Pero, a diferencia del generalato del pentágono, los militares israelitas creen que concentrarse en Fordo solamente sería una acción muy limitada, pues, a su entender, existen otras instalaciones menos defendidas y tan críticas a las ambiciones nucleares iraníes, citando por ejemplo otros lugares donde se hallan las centrífugas, el reactor de agua pesada, y los cohetes de largo alcance.

En la última conferencia de seguridad, en Herzliya, el vicepremier Moshé Ya'alón, ex Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa Israelíes, aseveró que el grueso de las instalaciones nucleares y sensitivas iraníes aún es vulnerable a un ataque militar. Los criterios de Ya'alón contradicen a los “expertos internacionales” y muchos altos militares de Europa y Estados Unidos, que ven ya como casi imposible destruir las instalaciones nucleares en las cuevas montañosas.

El Jefe de la Dirección de Inteligencia Militar israelí, el mayor general Aviv Kochavi, ha expresado que Irán dispone de 4 toneladas de uranio enriquecido a un 3.5%, y otros 100 kilogramos enriquecidos a un 20%; como ya está en camino de lograr el 90 % de enriquecimiento (algo que es muy fácil después de llegar al 20%), el uranio disponible por Irán sería suficiente para cuatro bombas atómicas.

Este es el objetivo que Teherán, tan tozudamente, ha estado trabajando en los últimos tiempos, y eso es lo que limita las opciones de Israel, que ve con gran riesgo la política de la administración Barack Obama de sanciones y diplomacia. Netanyahu y Ehud Barak, su Ministro de Defensa y ex primer ministro, desechan que Irán pueda ser persuadido a entregar su programa de enriquecimiento de uranio, y están absolutamente convencidos de que ese país ha estado jugando a lograr tiempo para completar el programa nuclear, sin importarle las sanciones y admoniciones de la IAEA.

Los militares israelíes, cuando son entrevistados, no ocultan ya la preparación de sus fuerzas para un plausible ataque al programa nuclear iraní. Están concientes, además, de que un ataque contra Irán desataría acciones de represalia contra el territorio israelí no solamente por parte de los iraníes, que serían las más difíciles de ejecutar para la parte persa, y tal vez las menos efectivas, sino que también podrían producirse acciones armadas por parte de las fuerzas armadas de Siria (que estaría tratando también de quitarse las presiones internas de los rebeldes sirios con un llamado a una guerra árabe contra “el sionismo”), así como de los libaneses de HizbAlláh o de los palestinos de Hamás en Gaza.

Es conocida la amplia y diversa cooperación militar entre Estados Unidos e Israel, incluyendo información de inteligencia, coordinación cibernética, y negociaciones diplomáticas. Las recientes visitas a Israel de funcionarios estadounidenses como Hillary Clinton, Secretaria de Estado, Leon Panetta, Secretario de Defensa, Michele A. Flournloy, ex Subsecretaria de Defensa, David S. Cohen, Subsecretario del Tesoro para la Inteligencia y el Terrorismo, y Wendy R. Sherman, Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, tienen como función asegurar a Israel que es inamovible el compromiso de Washington de prevenir un Irán nuclear, y que está preparado para usar las fuerzas militares de ser necesario. El jefe del Pentágono, Leon Panetta fue muy enfático cuando dijo: “No le permitiremos a Irán desarrollar un arma nuclear, punto”.

A pesar del contencioso Israel-EEUU, sobre la decisión de cuándo es necesario emprender, si fuera necesario, una acción militar contra las instalaciones nucleares iraníes, la actual preparación militar que en silencio vienen realizando tanto Israel como Estados Unidos se halla en su fase final.

En la campaña militar contra las instalaciones nucleares iraníes puede aseverarse que Israel hará uso de todo su arsenal estratégico, excepto armas nucleares, para golpear la mayor cantidad de blancos posible. Será un ataque combinado de aire, mar y tierra, contra programas nucleares conocidos, al igual que otros no hechos públicos. A su vez, el ataque podría incluir las vulnerables refinerías petroleras, lo que destruiría completamente la economía de la República Islámica, regresándola al siglo XIX. Además, Irán sabe perfectamente que Israel, de ser atacado, dispone de la capacidad para responder con un segundo golpe que podría causar daños catastróficos.

Israel dispone de armas letales en su vasto arsenal; posee armamento nuclear que se calcula en 400 ojivas. Asimismo, se considera que ha desarrollado armas nucleares tácticas, las llamadas “mini-nukes”, capaces de penetrar y convertir en cenizas a cualquier bunker en Irán. Los submarinos nucleares israelíes pueden aniquilar cualquier agresor que destruya al pequeño país judío si es atacado sorpresivamente.

Un punto desconocido en esta correlación de fuerzas es la escuadra naval de los israelíes, que ha sido reforzada y dotada de submarinos adscritos a la flota del Mar Rojo; y para nadie es un secreto que su famosa Brigada Paracaidista lleva meses realizando múltiples y complicados ejercicios.

Los israelíes también se han esmerado en mejorar sus defensas con los cohetes Arrow y Patriot y los cohetes Iron Drone. Y han perfeccionado al Heron-TP, que es una segunda generación de sus primeros aviones no piloteados. El Heron está preparado para volar por más de 20 horas, y tiene un alcance de vuelo capaz de llegar hasta los cielos iraníes.

 

 Heron TP no tripulado

El Heron-2 y su homólogo, el Eitan, están diseñados para sobrevolar las instalaciones iraníes más neurálgicas, protegidas por los misiles Shahab-3, mientras el Arrow (Hetz), del sistema de defensa coheteril, se halle en pleno funcionamiento. El Herón-2 puede estar en vuelo ininterrumpido 20 horas consecutivas, y algunas fuentes dicen que el Eitan puede volar por 45 horas; ambos, también serían utilizados no solamente para proveer detalles sobre el terreno sino para desmantelar y desarticular las comunicaciones enemigas. Se ha especulado, incluso, que hasta podrían portar bombas.

La guerra del siglo XXI

Si se pretende pensar en la guerra que se está preparando basados en la mentalidad de la Segunda Guerra Mundial, las guerras de Corea o Vietnam, las guerras de Israel en “los Seis Días” o el “Yom Kippur”, o incluso en las Guerras del Golfo que desarrolló Estados Unidos y la coalición aliada contra Saddam Hussein, no se podrá entender el escenario que preparan los israelíes para detener el programa nuclear iraní.

Desde el punto de vista estrictamente militar, son muchos los analistas y especialistas militares que consideran que Israel no está en condiciones de propinar efectivos golpes destructivos a las instalaciones nucleares iraníes.

Un especialista de la conocida publicación IHS Jane’s es muy escéptico y señala: “Israel no tiene la cantidad de fuerzas y no tendrá la libertad de operar que se necesita para destruir el complejo nuclear iraní”. (…) “Si [Irán] entierra todo lo suficientemente profundo, sobrevivirá lo suficiente. Cualquier ataque israelí sólo puede dañar y posiblemente ni siquiera ralentice el esfuerzo iraní”.

Otros consideran que los israelíes podrían atacar múltiples objetivos en territorio iraní y dañar considerablemente las instalaciones y el programa nuclear, pero que siempre sería mucho menos daño que el que podría provocar Estados Unidos si llevara a cabo esos ataques. Por eso algunos insisten en que aun cuando un ataque israelí pueda tener éxito, sólo demoraría el programa nuclear iraní, pero no lo eliminaría. Sin embargo, un reconocido analista de un think-tank de Washington ha señalado: “Hay muchas incógnitas y riesgos potenciales, pero puede que Israel sepa que esos riesgos no son tan graves”.

Los israelíes no dudan que si Estados Unidos participara directamente en la operación los resultados serían mucho más efectivos y definitivos, y saben que para lograr el éxito ellos solos tendrían que operar al límite de sus capacidades militares, tecnológicas, operacionales, políticas y económicas, y con innumerables riesgos. Como señala un experto refiriéndose a los objetivos de Israel en un golpe masivo contra Irán: “Si lo lograsen sería una impresionante muestra de poderío contra una serie de objetivos difíciles y dispersos”.

Sin embargo, a pesar de tantas dificultades y peligros, los israelíes consideran estos riesgos mucho más aceptables que el de permitir, sin intentar nada para evitarlo, que los ayatolas se armen de municiones nucleares. Por otra parte, no sería la primera vez que Israel sorprende al mundo con operaciones militares que se consideraban “imposibles” de realizar, como la ofensiva de Moshe Dayan sobre fuerzas árabes abrumadoramente superiores, o la toma de Jerusalén en combates cuerpo a cuerpo, ambas durante la guerra “de los Seis Días”, o la marcha blindada sobre El Cairo avanzando entre las líneas de las tropas egipcias en ofensiva durante la guerra del “Yom Kippur”.

La guerra que se avecina

Entonces, veamos algunos elementos de la posible y probable guerra que vendría, desde el punto de vista militar.

La correlación de fuerzas entre ambos contendientes puede dar lugar a interpretaciones erróneas si no se profundiza en la información. A primera vista, aparece Israel con 7.5 millones de habitantes frente a Irán con 77 millones. En territorio, las diferencias son abismales: Israel ocupa 8,019 millas cuadradas (20,770 Km2) e Irán 636,296 (1’648,000 Km2). Y en total de fuerzas armadas en activo y personal de reserva Israel compila 752,000 personas, mientras Irán alcanza 1’195,000.

Pero hasta aquí son las ventajas aparentes de Irán, que pudieran ser relevantes en una guerra convencional, pero que no sirven de mucho en la que se aproxima. En poderío militar la balanza se inclina irremediablemente del lado israelí, que dispone de 1,964 aviones frente a 1,030 de Irán; y 3,230 tanques frente a 1,793 de Irán; el presupuesto militar israelí cubre 16 mil millones de dólares, y el de Irán 9 mil millones; en gasto militar per cápita Israel muestra 2,133 dólares, mientras Irán se queda en 117 dólares.

Y lo más sofisticado y complejo: se calcula que Israel dispone de 400 cabezas nucleares, mientras Irán no cuenta con ninguna. A lo que hay que sumar la abrumadora capacidad israelí en computación y software y en sistemas de comando y control, así como las experiencias israelíes en guerras contra múltiples ejércitos enemigos y en diversos frentes en 1948, 1956, 1967, 1973, 1982, 2006, 2008 y 2009, mientras el Irán contemporáneo solo acumula experiencias en los diez años de enfrentamiento con Irak a partir de 1979.

El papel protagónico en los combates que sobrevendrán en territorio iraní no corresponderá a tropas sobre el terreno, pues será básicamente una guerra de tecnología avanzada, donde sofisticados aviones y misiles, bombas “inteligentes”, complejísimos sistemas de comunicación, comando y control (CCC), los más modernos sistemas de inteligencia electrónica y alerta temprana, satélites, información de inteligencia en el terreno, sistemas electrónicos de desinformación, y hasta submarinos, deberán participar en batallas y operaciones que requerirán a la vez la máxima coordinación y efectividad, y la ejecución en plazos relativamente breves, pues Israel no puede darse el lujo de afrontar batallas que se prolonguen demasiado; y en estos escenarios y circunstancias que pueden producirse, varios días pueden resultar “demasiado”. Sin embargo, no son pocos los analistas que consideran que un golpe aéreo masivo contra Irán requeriría varias semanas.

Por otra parte, no se trata de una operación comparativamente sencilla como fueron los ataques “quirúrgicos” contra el reactor nuclear de Irak en 1981 o el de Siria en 2007, donde ambos países contaban con muchas menos defensas antiaéreas que las que tiene Irán en la actualidad. Y ambos reactores destruidos por certeros golpes aéreos estaban a una distancia mucho más cercana de las bases aéreas israelíes que lo que están las fronteras de Irán.

Anteriormente mostramos el mapa muy similar al que aparece a continuación, con la ubicación de las principales instalaciones del programa nuclear iraní. Ahora, se muestran las instalaciones iraníes relacionadas con el desarrollo y utilización combativa de misiles en su territorio:

 

Como se podrá comprender fácilmente, no tiene sentido que Israel pretenda atacar a la vez TODAS las instalaciones nucleares y sitios de lanzamiento de misiles iraníes, lo que por otra parte le resultaría imposible, dados los recursos y el tiempo necesario para ello. De ahí que, desde mucho antes de comenzar la operación, los estrategas israelíes deberán haber definido las instalaciones priorizadas para ser atacadas e intentar su destrucción durante los primeros golpes aéreos.

Esas deberían ser las prioridades israelíes, de acuerdo a la importancia que representan para el desarrollo del programa nuclear iraní y el peligro potencial para Israel en caso de que esas instalaciones culminaran sus proyectos. En dependencia de la capacidad israelí de golpear otras instalaciones podrían seleccionarse otros blancos vinculados al programa iraní de misiles y al de experimentación de explosivos.

Pero, para poder llevar a cabo exitosamente estas misiones, hay que resolver infinidad de problemas logísticos y de aseguramiento, que no resultan nada fáciles.

Considerando las dificultades que representaría un golpe a las instalaciones nucleares de Irán basándose solamente en sus aviones de combate, se considera que es muy posible que los israelíes combinen el ataque de sus aviones con oleadas de misiles, no solo para golpear sino también para neutralizar las defensas antiaéreas iraníes y elevar las oportunidades de destruir las fortificaciones construidas por Irán para proteger sus instalaciones nucleares.

A la hora de los balances militares sobre Israel, nunca se considera el silencioso y multi-billonario programa de armas electrónicas diseñado para interferir, confundir, y bloquear las defensas y comunicaciones de Teherán antes de cualquier ataque. Israel se halla casi a  la par de Estados Unidos en capacidad de guerra electrónica, y en el caso de Irán todo su sistema eléctrico, de internet, comunicaciones celulares, y conexiones de emergencia civiles y militares se hallan a merced de estos sistemas de infoguerra.

En 2007, cuando se atacó la sospechosa instalación nuclear siria en Al-Kibar, toda la cadena de mando del ejército sirio quedó confundida e interferida por las armas cibernéticas israelíes, incluyendo los sistemas de defensa de radares, que dejaron de consignar los vuelos, o que registraban una oleada de cazas donde no tenía lugar.

En su infoguerra, o guerra cibernética, Israel golpeará los sistemas de defensa electrónicos y de computación iraníes, para facilitar sus ataques virales. Todo indica que los antes mencionados aviones automáticos Heron-2 y Eitan, serán los encargados de esta campaña de guerra electrónica.

La esencia de las fuerzas coheteriles israelíes son los misiles Jericó, de los que el país dispone de más de 100: pueden ser equipados con armas convencionales o nucleares, y tienen un altísimo nivel de exactitud golpeando blancos seleccionados en pequeñas, medias y largas distancias; es decir, tienen un CEP (probabilidad de error circular) muy pequeño, y pueden ser lanzados desde tierra o desde submarinos. Dado su nivel de precisión, serían utilizados selectivamente con ojivas convencionales contra instalaciones nucleares iraníes seleccionadas, pues el objetivo sería neutralizar las facilidades y no el aniquilamiento masivo de personas.

Mientras que los Jericó I solamente alcanzan las 300 millas (480 Km) y no pueden hacer nada en Irán, los modelos de alcance intermedio Jericó II pueden alcanzar hasta 900 millas (1,448 Km), llegando hasta Teherán. Aunque no existe demasiada información al respecto, se sabe también que desde el 2008 Israel efectuó pruebas con un modelo balístico intercontinental Jericó III, que podría alcanzar todo el territorio de Irán, y del cual la prensa israelí ha informado que ya ha sido desplegado.

Las especificaciones del Jericó III son clasificadas, pero se estima que es un cohete de tres fases, de combustible sólido, capaz de transportar una ojiva de 1,000 kilogramos, de los conocidos MIRVed, de múltiples vectores de un radio de acción específico. Su alcance se halla entre las 2,982 a 4,038 millas (4,778 a 6,500 Km), suficientes incluso para llegar a objetivos más allá del Medio Oriente. Armados con bombas convencionales de alto poder explosivo, un barraje de 40 cohetes Jericó III sería suficiente para hacer polvo las instalaciones de Natanz, Isfahán y Arak.

Un artículo de “Pravda” en noviembre del 2011 señalaba que el Jericó III era capaz de alcanzar blancos tan distantes como New York o Tokyo, cargar una ojiva nuclear de 750 kilotones u ojivas múltiples, y resultaba tan veloz que no sería un blanco nada fácil para los sistemas de defensa antimisiles.

Dada la importancia y la ubicación de las facilidades nucleares en territorio iraní, los primeros y más importantes golpes aéreos deberían concentrarse en las instalaciones de enriquecimiento de uranio, ubicadas en Natanz y en la bien fortificada Fordo (al sur de Qom, la ciudad sagrada). También podrían ser prioridad la planta de producción de agua pesada y el reactor de agua pesada que se construye en Arak. Además, las instalaciones de conversión de uranio en gas en las centrífugas ubicadas en Isfahán. No sería lo más probable el enorme reactor de Bushehr, en el suroeste, junto al Golfo Pérsico, construido por los rusos, pues tiene una importancia secundaria para la producción de armas nucleares, y además su destrucción podría ser un contaminante en el Golfo.

 

Logística

La distancia desde Israel hasta los objetivos iraníes es una media de entre 900 y 1,100 millas (1,500 y 1,800 kilómetros), lo que supone para su aviación de combate (aviones F15I y F16I) un viaje de ida y vuelta de una media de 2,000 millas (3,200 Km), más los recorridos para las acciones operativas sobre los blancos seleccionados. Esta realidad geográfica impone el reabastecimiento en el aire de los aviones de combate, en territorios hostiles o al menos no aliados, y requiere una determinada cantidad de aviones-cisterna. Con paciencia y en silencio Israel ha construido su capacidad aérea y su flota de aviones cisternas, para reabastecer en el aire a sus aviones de guerra que se encaminen a Irán.

Los análisis de los especialistas señalan tres posibles rutas de la aviación israelí para alcanzar el territorio de Irán: Turquía por el norte, Jordania-Irak por el centro, y Arabia Saudita por el sur. Para ello, sería necesario que esos países dieran el visto bueno al paso de los aviones de Israel, o al menos que miraran hacia el otro lado cuando sus cielos fueran surcados por los aviones de la nación judía, lo que, aparentemente, no resultaría nada factible, pues no se concibe a esos países musulmanes cediéndole el paso a sus enemigos sionistas para ir a golpear a otro país musulmán, aunque no árabe. ¿Sería posible entonces utilizar estas rutas? Sería posible, a pesar del enfrentamiento histórico de esas naciones con Israel, por el peligro que representa Teherán para todos sus vecinos.

Ni Arabia Saudita, ni Irak, ni Jordania, ni Turquía, desean un belicoso Irán con armas nucleares, que en primera instancia estaría dispuesto a lanzarlas contra Israel, pero que después de eso no se sabe contra quién podría lanzarlas, y las declaraciones de los ayatolas y sus múltiples amenazas no valen para tranquilizar a nadie en la zona. De manera que decidir entre permitir aviones israelíes surcando los cielos propios, o el riesgo de que sean misiles nucleares iraníes los que lo hagan dentro de poco, y sin estar claro contra quién serían dirigidos, o lo que podría suceder en caso de un error, lleva a esos gobiernos del área a tolerar, excepcionalmente, esos corredores aéreos israelíes.

Lo cual no significa, automáticamente, que sectores anti-israelíes en las fuerzas armadas de esos países por donde volaría la aviación israelí, que no han de ser pocos militares en esos países, no pudieran avisar a Irán de lo que estuviera sucediendo. Es de pensar que si la inteligencia iraní, dentro del tenebroso Ministerio iraní de Inteligencia y Seguridad Nacional (MISIRI), trabaja con un mínimo de profesionalismo, habrá alertado a sus agentes en las instituciones militares de Turquía, Jordania, Irak y Arabia Saudita, sobre esta posibilidad, y habrá tomado las medidas imprescindibles para recibir esa información lo más rápidamente posible. Al mismo tiempo, es de suponer que los israelíes también hayan previsto este escenario y hayan tomado determinadas contramedidas.

Se considera por diferentes especialistas y analistas militares en todo el mundo que se necesitarían unos 100 aviones para llevar a cabo el golpe aéreo masivo de los israelíes contra instalaciones nucleares iraníes. Esto no sería un limitante, por cuanto la suma de los aviones F-15 y F-16 israelíes disponibles, en sus diferentes versiones operacionales, supera fácilmente esa cifra, y algunas fuentes señalan que Israel pudiera tener hasta 350 de estos aviones.

Sin embargo, el problema del reaprovisionamiento de combustible en el aire resultará crítico. Aunque se señala que el rango de tales modelos es de alrededor de 2,765 millas (4,450 Km), eso se logra en condiciones óptimas de altura y velocidad, y en los cálculos habría que considerar el peso de las municiones que llevarían tales aviones, las condiciones de altitud y velocidad a que deberían volar para garantizar la seguridad, posibles acciones de combate frente a la aviación iraní, maniobras para escapar de la cohetería antiaérea enemiga, y las maniobras para descargar las municiones (bombardear) en los lugares adecuados y desde las alturas adecuadas.

Considerando todo esto, habría que determinar cuántos aviones-cisterna serían necesarios para garantizar el éxito de las misiones, reabastecer en el aire a los aviones de combate, y de cuántos de estos aviones-cisterna dispone Israel.

 

Lo que se conoce por diferentes fuentes es que Israel cuenta con una cifra de entre ocho y trece aviones-cisterna, en el evento de que todos estuvieran en disposición operativa para el asalto, cifra que resultaría insuficiente para la cantidad de aviones de combate que participarían. Por lo que se considera que es posible que Israel haya adaptado aviones comerciales convencionales que actúen como aviones-cisterna en una situación de emergencia como la que se produciría si se decide atacar las instalaciones nucleares de Irán.

Entonces, el número de aviones de combate requeridos se eleva cuando se consideran aquellos que son necesarios para la protección de los aviones-cisterna. No puede descartarse, tampoco, que en el evento de que los israelíes decidan que de todas formas se lanzarán a la operación de atacar las instalaciones iraníes, aviones de reaprovisionamiento norteamericanos, ingleses, turcos, o incluso de algún país árabe, participen en tareas de reaprovisionamiento en el aire, o hasta que alguno de los portaviones desplegados en el Golfo Pérsico pudieran servir de base de aterrizaje, aprovisionamiento y despegue para los aviones de Israel.

Algo sobre lo que no se conoce demasiado es sobre la fuerza naval israelí y sobre lo que se menciona como “pequeña flota de submarinos de Israel”, que podría eventualmente tener un importante papel en el golpe contra las instalaciones nucleares iraníes. Por lo que parece, los analistas y especialistas militares coinciden en que Israel debe tener una razonable capacidad de golpe a través de misiles lanzados desde sus al menos seis-ocho submarinos Dolphin, de fabricación alemana. Y en realidad, no puede afirmarse a ciencia cierta que la tecnología israelí no haya logrado plataformas marítimas capaces de lanzar misiles de alcance medio de gran precisión de impacto desde la superficie o las profundidades marinas. Y esos submarinos no tendrían que estar necesariamente en el Golfo Pérsico para disparar.

Un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes requiere el aniquilamiento o la neutralización de las defensas antiaéreas de la nación persa, que se basan en sistemas mayormente suministrados por Rusia, aunque también incluyen el ya anticuado sistema norteamericano Hawk, obtenido por Irán en tiempos del Sha. Entre los mejores recursos antiaéreos de los iraníes están los misiles rusos SA-5 contra objetivos a gran altura, así como sistemas móviles Tor-M1/SA-15 (foto), diseñados para combatir objetivos a menores alturas. En suma, Irán se halla defendida con sistemas de defensa coheteril obsoletos, de tecnología de la era soviética, y con los cuales ya Israel ha lidiado anteriormente. Sin embargo, Rusia no le ha entregado a sus aliados persas los mucho más efectivos sistemas S-300 de largo alcance, aunque los iraníes aseguran haberlos obtenido por ellos mismos.

Todos esos sistemas de los que dispone Irán son familiares para los pilotos israelíes, pero por ninguna circunstancia puede subestimarse la capacidad operativa de esos ingenios antiaéreos. Recientemente crearon dificultades y riesgos en Libia a la aviación aliada, y se necesitó tiempo para neutralizarlos.

Sin embargo, dadas las condiciones del escenario que se prevé en un enfrentamiento con Irán, donde además participará la fuerza aérea de Teherán, que a pesar de ser anticuada, con aviones Mig29 y con una capacidad de sus pilotos muy inferior a la de los israelíes, Israel no podrá disponer del tiempo ni de los recursos necesarios para destruir físicamente las instalaciones de defensa antiaérea enemigas, por lo que será imprescindible que sus sistemas de interferencia y desinformación electrónica, mediante aviones o misiles, puedan impedir el funcionamiento adecuado de las baterías y sistema de defensas antiaéreas.

De todos modos, Israel tendría que utilizar sus aviones y misiles diseñados para la guerra electrónica para atravesar las defensas aéreas de Irán y causar interferencias en sus radares y sistemas de detección que permitan la creación de un pasillo para el ataque.

No se puede olvidar, por otra parte, que es de esperar que los medios rusos de alerta temprana y vigilancia electrónica desde territorio sirio y desde las unidades navales rusas desplegadas en el Mediterráneo, el Mar Negro y el Índico, así como desde el propio territorio ruso y quizás desde las fronteras de Georgia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajstán, puedan alertar a los iraníes de la aproximación y presencia de la aviación israelí, y contribuir a alistar al máximo los sistemas antiaéreos y la aviación iraní.

Suponiendo que los israelíes resolvieran exitosamente los problemas operacionales y los logísticos para acercarse al territorio donde en encuentran los eventuales blancos que serían atacados, comienza el problema de la efectividad de las municiones que se utilizarían para destruir las instalaciones.

El ataque a las instalaciones nucleares

El ataque deberá golpear instalaciones soterradas, por lo que no servirán las bombas o misiles convencionales. Israel dispone de un centenar de bombas de precisión anti-bunker GBU-28, de fabricación norteamericana, de 5,000 libras (2,268 kilogramos), guiadas por láser y con una cabeza penetrante, y una cantidad superior de la más pequeña GBU-27. Objetivos como Natanz son vulnerables a sus efectos, debido a la precisión y el número de ellas. La GBU-28 es la mayor bomba penetrante que se puede transportar en aviones tácticos, y desde la primera vez que se utilizó en la Tormenta del Desierto (1991) frente a Saddam Hussein, ha sido perfeccionada con mejores ojivas penetrantes y guías de láser más precisas.

 Dadas las características de la GBU-28, un avión F-15I solamente puede transportar una bomba de este tipo, con la que debería recorrer más de mil millas (1,600 Km), con reabastecimiento de combustible en el aire, y sorteando eventuales defensas antiaéreas y aviones enemigos, para atacar desde distancias relativamente cortas los blancos seleccionados, pues el efecto de penetración de esta poderosa bomba depende de la velocidad y el ángulo de penetración, siendo el golpe ideal el que se produce desde gran altura a la máxima velocidad y en un plano vertical sobre una superficie plana.

Sin embargo, algunas de las instalaciones nucleares iraníes se encuentran en laderas de montañas, por lo que las GBU pudieran resultar menos efectivas que en las condiciones ideales. Mientras las instalaciones de enriquecimiento en Natanz son subterráneas, la nueva planta de Fordo está soterrada bien profundamente en la ladera de una montaña. No es tan fácil bombardear objetivos soterrados en una cueva o la ladera de una montaña, por lo que el arma sería menos efectiva, pero aún así resultaría mucho más conveniente que cualquier otra munición disponible en los arsenales, con excepción de las municiones nucleares.

Tal vez una sola bomba no baste para penetrar una instalación, sobre todo si está profundamente soterrada y protegida. En ese caso, serían necesarias varias bombas, una tras otra, sobre la misma área de impacto para atravesar suelo, roca y concreto.

Acorde con Austin Long, un académico de la RAND Corporation, si los F-15I armados con bombas GBU-28 y GBU-27 atacan un solo objetivo, existe una gran posibilidad de que gran parte de las bombas, si se lanzan con precisión, golpeen el objetivo escogido, penetrando incluso en las instalaciones subterráneas de la supuestamente inexpugnable Fordo.

Si esto no bastara, no se descarta bombardear para tratar de bloquear el acceso a las instalaciones mediante la destrucción de túneles de entrada, o las fuentes energéticas de las instalaciones, sean depósitos o transportes de combustible o instalaciones eléctricas soterradas. A fin de cuentas, el objetivo es aniquilar o neutralizar las instalaciones nucleares, combinando destrucción física con cortes e interrupciones permanentes de energía, y destrucción y bloqueo de los accesos de entrada y salida.

Todavía diferentes especialistas y analistas de defensa aseguran que seguiría siendo difícil destruir las instalaciones iraníes más profundas utilizando las bombas estadounidenses existentes, por lo que en el Pentágono están desarrollando y experimentando con la llamada “artillería penetrante masiva” (Massive ordenance penetrator) diseñada desde el comienzo mismo pensando en su utilización en Irán y en Corea del Norte. Algunos especialistas y militares retirados, con la vista puesta en las incursiones israelíes en Irán, han recomendado al gobierno de EEUU vender a Israel 200 bombas GBU-31 mejoradas, además de tres aviones-cisterna avanzados.

El contragolpe iraní

Se considera que las posibilidades actuales de Irán de atacar directamente a Israel son limitadas. Su fuerza aérea es bastante anticuada, contando con los Mig29, y resulta absolutamente inferior a la de los israelíes, además de los problemas de mayor limitación de la capacidad de sus pilotos, y limitaciones de reabastecimiento de sus aviones en pleno vuelo.

A pesar de la gritería propagandística y las amenazas, Irán cuenta solamente con un número limitado de misiles balísticos que puedan alcanzar a Israel. Su arsenal de misiles incluye el Ghadr-1, versión modificada del Shahab 3, con mil millas de alcance (1,600 Km), pero Irán solamente cuenta con seis vehículos de lanzamiento. El Sajjl-2 podría alcanzar territorio de Israel, pero no se considera que esté en condiciones operativas todavía.

Sin embargo, ambos misiles son demasiado imprecisos para resultar efectivos contra blancos militares estando cargados con armamento convencional, así como si estuvieran cargados con armas químicas y biológicas. En conclusión, mucho más ruido que nueces.

Entonces, sin poder contar con una cohetería efectiva ni una fuerza aérea capaz de golpear con efectividad el territorio israelí, lo más probable es que Irán pretenda devolver el golpe a los israelíes a través de sus apoderados en la zona: Siria, HizbAlláh en el Líbano, y Hamás en la zona de Gaza, así como acciones terroristas contra intereses e instituciones israelíes y judías en cualquier parte del mundo donde les sea posible, en lo que sería una respuesta de guerra “asimétrica” contra Israel. No parece probable, a pesar de las tensiones retóricas de siempre con Israel, que el frágil y flamante nuevo gobierno egipcio tuviera intenciones o estuviera en condiciones de participar en una aventura tan peligrosa simplemente para apoyar a Teherán.

Para la dictadura siria, cuyo único gran aliado en la región es Irán, atacar a Israel puede resultar una apuesta demasiado peligrosa. Sin embargo, está obligada a hacerlo, a pesar de la fragilidad del poder de Bashir al Assad en estos momentos, y el extraordinario repudio internacional contra su régimen. Intentaría, de manera desesperada, que ese enfrentamiento con Israel pudiera resultar un acontecimiento salvador, si logra que los árabes vean ese choque como una nueva yihad contra la malvada “entidad sionista”.

No será fácil que lo logre, pues importantes centros árabes y musulmanes de poder en la región, como Arabia Saudita, Turquía y Jordania, así como los petro-estados del Golfo, no se prestarán para ese juego, por lo que Siria tendría que llevar a cabo esa aventura prácticamente sola, contando solo con el apoyo de Irán y de las organizaciones terroristas de la región.

La dictadura siria, cuyas fuerzas armadas llevan casi un año y medio de enfrentamientos internos en una guerra civil solamente reconocida hace pocos días, no parece estar en condiciones de oponer un fuerte peligro militar a Israel, a no ser con su arsenal de armas químicas, pues aunque la nación judía tenga involucrada a la élite de sus estados mayores, aviación y fuerzas coheteriles en la dirección del golpe principal, los combates en Irán, puede contar con fuerzas en su propio territorio para enfrentar y derrotar a los ejércitos sirios, incluyendo fuerzas blindadas, infantería mecanizada, artillería, aviación y helicópteros de ataque.

El expediente de utilizar los arsenales químicos es una carta peligrosa, que pudiera traerle a Bashir al Assad más repudio mundial aun, lo que no le resultaría nada conveniente en la situación actual. Más factible sería facilitar que HizbAlláh tuviera acceso a esas armas químicas y pudiera aparecer internacionalmente como que no fueron los sirios, sino la organización terrorista, la que lanzara los ataques con armas químicas.

Se dice que en dos horas pueden llegar esas armas químicas al valle de la Bekaa, en el Líbano, donde impera HizbAlláh, si Damasco perdiera el control de las mismas. Simultáneamente, se dice que Israel ya tiene elaborados detallados planes de contingencia para ocupar o destruir esos arsenales de armas químicas que se encuentran en territorio sirio si existiera el peligro inminente de que pudieran ir a parar a manos de los terroristas; una de las posibles acciones israelíes sería una ofensiva relámpago con protección aérea y de blindados, para trasladar esos arsenales a territorio israelí.

El otro frente en el que HizbAlláh atacaría a Israel, como ya sucedió en 2008 y ha sucedido después, sería el lanzamiento de cohetes desde los miles de dispositivos de todo tipo que Irán ha hecho llegar a sus subrogados de HizbAlláh en Líbano, y que están constituidos por las BM21 y BM16 (las conocidas “Kastiushkas”), con un alcance de 15 millas (25 Km), así como los Fahr-3, alcance de 28 millas (45 Km), Fajr-5, 48 millas (75 Km), y Zelzal-2, 125 millas (200 Km). Se entiende que eventualmente podrían disponer también del lanzador Fateh-110, 125 millas (200 Km). La organización terrorista cuenta también con una decena de misiles rusos SS-1E (Scud-D), que pueden llevar una ojiva de 2,137 libras (985 Kg) y logran un alcance de 187 millas (300 Km).

Hamás actuaría como “hermanos menores” de HizbAlláh desde la Franja de Gaza, pues aunque son tan terroristas como los que más, cuentan con menos recursos y menos armamento coheteril, y sus cohetes son de menor alcance.

Lo que se pretendería sería convertir el territorio de Israel en un infierno con tres frentes, recibiendo simultáneamente ataques aéreos y terrestres en el frente sirio, más continuas andanadas coheteriles tanto en el norte israelí, desde el Líbano, como en el sur, desde la Franja de Gaza.

Lo que habría que considerar es que la aviación, la defensa antiaérea y las unidades blindadas israelíes podrían detener a las tropas sirias, que llegarían al combate agotadas y diezmadas por casi dieciocho meses de guerra civil, sin un gran respaldo popular de su pueblo, y con sus centros de comando y control en muy malas condiciones, pues estarían afectados por las continuas deserciones de generales y altos oficiales, y por las pugnas internas dentro de las fuerzas armadas, así como por la interferencia electrónica israelí.

Las tropas élite de la guardia republicana no podrían comprometerse ampliamente en el frente israelí, pues son las encargadas de asegurar el poder de Bashir al Assad, que se tambalea entre la rebelión, las sublevaciones internas y las presiones internacionales. Y el “padrino” ruso no podría hacer demasiado en apoyo militar de la dictadura siria mientras que el hermano mayor en Teherán está siendo vapuleado por golpes aéreos masivos contra las instalaciones nucleares.

Frente a los ataques de HizbAlláh desde Líbano, Israel podría disponer todavía de una parte de su aviación y helicópteros, artillería de mediano y largo alcance y tropas blindadas, para misiones de búsqueda, bombardeo, aniquilamiento, neutralización y desgaste de las dispositivos de lanzamiento de cohetes donde quiera que se encuentren, sin tener que comprometer demasiadas unidades de la infantería en el terreno, para no complicarse innecesariamente, como sucedió en 2008.

 En cuanto a los ataques de Hamás desde Gaza, sería el mismo enfoque de respuesta que en el Líbano, pero en menor escala, al ser menor la escala de los peligros desde Gaza. Y en la medida que terminan las operaciones en Irán, y los israelíes derrotan a los sirios (no debe descartarse ni siquiera no solamente que detengan a los invasores en la frontera y los rechacen, sino hasta la posibilidad de un avance de los blindados y fuerzas especiales de Israel hacia Damasco).

Todo lo anteriormente analizado no quiere decir que Israel desarrollará un paseo militar en caso de llevar a cabo un golpe aéreo masivo contra las instalaciones nucleares iraníes, ni que eliminará sin preocupaciones las amenazas provenientes de Siria, de HizbAlláh y de Hamás como respuesta al golpe contra Irán, ni que no tiene que tener temores de ataques terroristas en cualquier parte del mundo contra sus intereses o los intereses judíos. Tampoco que va a disfrutar de simpatías y aplausos en Naciones Unidas y los foros internacionales, donde la izquierda carnicera, los fundamentalistas y quienes practican el “antiimperialismo” como deporte nacional, desatarán todo tipo de ataques y buscarán las más fuertes condenas y sanciones contra el pequeño país, la única democracia que existe en todo el Medio Oriente.

Siendo así, ¿por qué entonces Israel debería correr tantos riesgos para lanzarse en un ataque en solitario contra las instalaciones nucleares iraníes? Muy sencillo: porque también enfrentan en solitario, o al menos antes que todos los demás países, el riesgo de desaparecer bajo hongos de explosiones nucleares iraníes y ataques con armas de exterminio en masa.

Conclusión: ¿final abierto?

Israel tendrá muy poco margen de error en todos estos escenarios, si es que tiene alguno. Los israelíes confían que son capaces de dañar en lo fundamental las potencialidades nucleares de los iraníes y ganar en seguridad nacional y tranquilidad por un buen tiempo, a un costo militar relativamente aceptable, y que podrán resolver las nuevas situaciones en el frente sirio y los ataques de HizbAlláh y Hamás desde Líbano y Gaza. En cierto sentido, si fuera así, lograrían una extraordinaria victoria estratégica, mucho más trascendente que todas sus victorias en las guerras de 1948, de “los Seis Días” y del “Yom Kippur”.

Quedaría un elemento peligroso y complejo por definirse: ¿qué sucedería si los israelíes realizan el trabajo contra Teherán y los fundamentalistas, pero no logran destruir significativamente todas o algunas de las instalaciones nucleares que sean atacadas, que serían las más importantes del programa nuclear iraní?

¿Que vendría después? ¿What is next?, como dicen los americanos. Irán se sentiría con pleno derecho a las represalias en cualquier lugar y en cualquier momento -terrorismo puro y duro-, y de seguro intentaría acelerar mucho más aun, y más abiertamente, su polémico programa de fabricación de armamentos nucleares.

Se crearía entonces una disyuntiva para Estados Unidos, en su carácter de única superpotencia mundial y líder del mundo libre: permitir el rearme y la agresividad iraní que sin dudas se desatará en todas partes donde haya israelíes o judíos, o hasta cualquier norteamericano o ciudadano del mundo occidental, o por el contrario, terminar rápidamente el trabajo que los israelíes comenzaron, y Estados Unidos tendría que hacerlo o por si solo o liderando una coalición, como en Yugoslavia o Libia.

Hasta aquí llega nuestro análisis. Porque podemos suponer, modelar, pronosticar o imaginar. Pero no adivinar.