Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 Primeras elecciones libres en Cuba y Tomás Estrada Palma

 

Quien controla el presente, controla el pasado”,  George Orwell

 

Rolando Alum Linera, New Jersey

 

Mientras la dictadura que atormenta a los cubanos celebra a bombo y platillo su 59no aniversario este primero de enero de 2018 -con el aplauso de sus apologistas de la prensa y el mundo académico bien acomodados en el extranjero- prefiero recordar que un día antes, el 31 de diciembre de 2017, se cumplieron 116 años de la celebración de las primeras elecciones libres en Cuba. Por lo general, los cubanos y los llamados cubanólogos están familiarizados con la figura de don Tomás Estrada Palma casi exclusivamente como el polémico presidente inaugural (1902-1906), pero pocos tienen conocimientos acerca de su trayectoria anterior en pos de la causa de Cuba Libre. (1)

 

Es de rutina en las naciones modernas honrar la memoria de sus primeros presidentes electos; pero la Cuba actual -no siendo un país normal, como suele decir el economista Eugenio Yáñez- es una notable excepción. Casi desde su principio, el régimen de los hermanos Fidel y Raúl Castro se ha dedicado a difamar hiperbólicamente la memoria de don Tomás. A principios de 1960 el combativo y popular periodista radial José Pardo LLada -en aquel entonces todavía partidario del gobierno castrista- lanzó una campaña algo histriónica en la que atribuía a Estrada Palma el haber conjurado para convertir a Cuba en un país vasallo del “coloso del norte”. (2) Al mismo tiempo, turbas pro-gubernamentales al estilo fascista arruinaron el monumento que se había erigido años antes en honor al primer presidente en la elegante Avenida de los Presidentes en La Habana. 

    

Irónicamente, fueron los hermanos Castro quienes convirtieron la Perla de las Antillas en un estado satélite de la fallida y distante otrora Unión Soviética, desfigurando a Cuba en un país miserable económica y espiritualmente, donde el poder traspasó dinásticamente del hermano mayor al menor, al estilo de los fraternos Trujillo en República Dominicana. (3)  Es de rigor en los dictadores (tanto de la presunta derecha, como de la supuesta izquierda) la ambición de re-escribir la historia, usualmente desdeñando a sus predecesores en el gobierno con la intención de justificar sus autocracias.

    

No obstante, recientemente la doctora Margarita García de Estévez, profesora universitaria de psicología en Nueva Jersey -tornada en historiadora- relata con fines de corrección histórica el historial vivencial de Estrada Palma en ANTES DE CUBA LIBRE: EL SURGIMIENTO DEL PRIMER PRESIDENTE CUBANO, TOMÁS ESTRADA PALMA (Madrid: Editorial Betania, 2016).  El libro es el resultado de años de investigaciones originales en archivos y sitios históricos en diversas localidades de EE.UU., Europa y Centroamérica, incluyendo entrevistas a descendientes de don Tomás en varias partes del mundo.

 

Los orígenes políticos de Tomás Estrada Palma

 

Hijo único de ganaderos, Tomás Estrada Palma (Julio 9, 1835-Noviembre 4, 1908) -conocido afectuosamente como “Tomasico”- se formó, excepto por períodos de estudio en La Habana y España, en su nativa Bayamo. Allí se incorporó (junto con su madre, ya viuda) a los primeros alzamientos anticoloniales y antiesclavistas que luego devinieron en la Guerra de los Diez Años (1868-1878), llegando a asumir la presidencia de la República en Armas (marzo 1876 a octubre 1877). Capturado por las tropas españolas, fue encarcelado en un frío castillo catalán, y liberado después del Pacto del Zanjón (1878) que dio fin a la primera y larga guerra independentista. No obstante, habiéndose negado a admitir la soberanía española sobre Cuba, se le prohibió regresar a la Isla, y tampoco le devolvieron sus propiedades decomisadas por la Corona (abusos precursores a la práctica de los Castro un siglo más tarde). Después de una breve estancia en París, viajó a Nueva York, la "capital" de los exiliados cubanos de entonces.

    

El poeta José Joaquín Palma, aparentemente su primo materno, se había exiliado en Centroamérica, donde llegó a ser asesor del presidente reformista-liberal Marco Aurelio Soto en Honduras; ambos invitaron a don Tomás a establecerse en Tegucigalpa. En la capital hondureña organizó los servicios hospitalarios, educacionales y de correo nacionales, y se casó con una vecina que era dos décadas más joven que él, Genoveva Guardiola (1854-1926). Ella era hija del ya fallecido ex presidente hondureño General José Santos Guardiola, considerado un liberal en su tiempo a pesar de proceder de las filas del ejército (en 1902 doña Genoveva se convirtiría en la primera Primera Dama de Cuba).

    

Cuando el gobierno de Soto colapsó bajo presión de los militares, Estrada Palma regresó a Nueva York; en 1883 se instaló con su familia en Central Valley, a 80 Kms. -una hora de viaje por ferrocarril- al norte de Manhattan. Allí ejerció su vocación predilecta, el magisterio, dirigiendo una escuela privada laica certificada por el Estado de Nueva York.  Pionero en la llamada “Gilded Age” que siguió a la Guerra Civil norteamericana, el colegio era multicultural, panamericanista y para ambos sexos.  Allí también lo visitaba José Martí, quien escribió exquisitamente sobre dicha institución. La Dra. García me cuenta que una visita casual a ese pintoresco pueblito hace años la inspiró a llevar a cabo este proyecto biográfico con la ayuda de su esposo, mi amigo Guillermo Estévez. Aun hoy día varias calles siguen nombradas en honor de don Tomás allí, adonde Margarita y Guillermo organizan "peregrinaciones" anuales desde el área de Union City/West New York, conocido como "el Miami de Nueva Jersey” (o “la capital” cubana exiliada post-1959 en el norte de EE.UU.). He tenido el honor de unirme a esas excursiones acompañado de mi anciano padre [ver Nota 1].

    

En los albores de los 1890, ya los exiliados independentistas se habían reorganizado bajo el liderazgo carismático de José Martí, quien en abril de 1895 se infiltró en Cuba para unirse a los insurrectos alzados desde febrero 24. Al caer Martí en combate el 19 de mayo, Estrada Palma lo sucedió al frente del Partido Revolucionario Cubano, creado en Nueva York para promover la liberación de las dos últimas colonias españolas en el hemisferio occidental: Cuba y Puerto Rico. Dejando su escuela a un lado, don Tomás coordinó por los tres años siguientes la recaudación de fondos y la logística de provisiones para el Ejército Mambí en la manigua, y lideró un portentoso cabildeo diplomático pro Cuba Libre.

    

Cuando en la primavera de 1898 los estadounidenses intervinieron militarmente en Cuba (conocida en la historia cubana como la Guerra Hispano-Cubana-Americana), encontraron un país devastado, hambriento, paupérrimo, y padeciendo de epidemias, situación agravada por la práctica del gobierno militar colonial de concentrar a los guajiros en las ciudades para prevenir colaboración con las guerrillas mambisas. Nótese que los soldados coloniales que reprimían a los criollos eran típicamente jóvenes españoles que calificarían como “lumpen proletarios”, si fuésemos a aplicar ex post facto el léxico marxista adoptado por el dúo de los Castro y sus confortables “fans” en el exterior. (4)  Entre esos españoles se encontraba el padre mismo de los Castro, el temido gallego Ángel Castro Argiz.

    

Aunque los académicos revisionistas apologistas del régimen castrista -tanto nacionales como extranjeros (ver Nota 4)- aspiran a impugnar la realidad histórica, la (primera) ocupación de EE.UU. (1898-1902) promovió el saneamiento del país, la erección de hospitales, el establecimiento del primer sistema nacional de educación pública, y la construcción de una vasta infraestructura de alcantarillados, acueductos, carreteras, y puentes.  Finalmente, el Gobierno Interventor convocó a elecciones el 31 de diciembre de 1901.

    

Elección de Tomás Estrada Palma como Presidente de la República de Cuba

 

Estrada Palma accedió, sí con reservas, a ser candidato presidencial (por el recién creado Partido Nacional Cubano), sobre todo presionado por el ex jefe del Ejército Libertador, el domínico-cubano Generalísimo Máximo Gómez. Oponiéndosele, se presentó el relativamente controversial General Bartolomé Masó (1830-1907), quien a última hora retiró su candidatura especulando sobre un posible fraude electoral desfavorable a él. 

    

Don Tomás no realizó campaña política alguna; es más, fue electo en ausencia. Al regresar al país que no había visto por 25 años, fue vitoreado en su "marcha triunfal" desde Oriente hasta La Habana -principalmente por tren, coche, y a caballo- para su histórica investidura el 20 de mayo. Como apunta García, en un gesto caballeroso que contrasta con la propagación de insultos injuriosos y la estridente animadversión divisionista marxista-castrista post-1959, Masó hospedó en su hogar a su ex rival político, el presidente-electo, a su paso por Manzanillo.

   

Dada la experiencia personal de Estrada Palma, que le había hecho abandonar Honduras años atrás -consistente con la triste trayectoria del caudillismo militarista ya evidente en las otras repúblicas iberoamericanas, el abrazo de don Tomás (el pro civilista demócrata) con Masó (del ala militar) parecía simbolizar el estreno de un nuevo estado esencialmente civilista. Desafortunadamente, siguiendo el dudoso patrón latinoamericano (que contrasta con Norteamérica), los militares intervinieron repetidamente en la vida política durante la era republicana, “la Cuba de Ayer” (1902-1958). Fulgencio Batista fue el último militar tradicional cuyo golpe de estado en marzo de 1952, y su subsiguiente obstinación por el poder hasta el 31 de diciembre de 1958, engendraron la lamentable situación presente.

    

De hecho, un objetivo clave de la rebelión anti-batistiana (1952-1958) -que fue, y enfatizo, esencialmente de una naturaleza política y burguesa- era el regresar las tropas a los cuarteles y así regenerar el constitucionalismo civilista ideado en la muy progresista Constitución de 1940, que Batista había profanado (ver L. de la Cuesta y R. Alum, eds., LAS CONSTITUCIONES CUBANAS; Madrid: Editorial Exilio, 1974).  Paradójicamente, la peor opción reina hoy día: un gobierno despótico encabezado por una pequeñísima élite gerontocrática, hipercorrupta, y descaradamente nepotista de "generales" de a dedo al estilo de los Trujillo en República Dominicana (ver Nota 3), aunque todavía gritando consignas marxistas de antaño. 

    

Mi especialidad académica no es la historia, sino la antropología socio-cultural (etnología), por lo que para mejor evaluar la obra de García, me sumergí en lecturas sobre la época.  Contrario a la tesis de Pardo LLada antes mencionada, la cual presentaba al General Masó como una víctima de Estrada Palma y del Gobierno Interventor (que presumiblemente lo favorecía), y sin desestimar las contribuciones incuestionables de Masó a la independencia, me enteré, entre otras cosas:

 

1. Aunque es cierto que Masó se opuso a la Enmienda Platt, fue él (no don Tomás) quien figuraba en la nómina del Gobierno Interventor, como Administrador de Hacienda en su nativo Manzanillo.

 

2. Tengo entendido que, en contraste a Estrada Palma, Masó había aceptado -aunque aparentemente, solo al inicio- las condiciones del Zanjón.

 

3. En un gesto conciliatorio típico de su personalidad, don Tomás le había ofrecido a Masó la nominación a la vice-presidencia; pero este prefirió enfrentársele electoralmente (para después retraerse). Estrada Palma llevó entonces como compañero de boleta al distinguido civilista Luis Estévez Romero, viudo de la filántropa patriota villaclareña Marta Abreu.

 

4. Un sobrino de Masó se había rendido con su tropa a los españoles pocas semanas antes de la explosión del Acorazado Maine. Claro está que no se le debería culpar al tío por los desmanes del sobrino; pero, naturalmente, esa acción tiene que haber afectado la moral y el prestigio de su familia.

    

El régimen de los Castro también ha intentado presentar a don Tomás, desatinadamente, como un converso al Cuaquerismo, esto es, como alguien muy foráneo a la cultura cubana, incluso en su religión.  Pero García no encontró  evidencia alguna, incluyendo pesquisas en los archivos de los Quakers, de que él se hubiese adherido a dicha religión Protestante angloestadounidense. Es más, al igual que Martí y otros patriotas contemporáneos, Estrada Palma -quien claramente abrazaba filosofías liberales euro-americanas clásicas- era activo en la masonería, tanto en Cuba como en el exilio. 

    

He escuchado a más de un académico norteamericano arrogante tildar, absurdamente, a don Tomás de haber sido un “supremacista blanco”. Nótese como dichos pseudo-intelectuales intentan juzgar, estúpidamente, a líderes cubanos de hace más de un siglo con un vocabulario de la llamada “corrección política” estadounidense contemporánea.  Lo cierto es que Estrada Palma se casó con una hondureña que posiblemente tenía al menos antecedentes indígenas, por lo que dudamos que fuera vista “racialmente” como una Caucásica. Y quiero agregar que la autora tampoco encontró evidencia de que don Tomás (y/o sus padres) -a diferencia de algunos fundadores de los EE.UU. y de otras naciones (incluso cubanos)- hubiese tenido esclavos; aparte de eso, se le conocía como un infatigable luchador anti-esclavista.

    

Más de un interlocutor se me ha quejado de que don Tomás había adoptado la ciudadanía estadounidense. Y uno se pregunta: ¿y qué han hecho los ya millones de cubanos exiliados en EE.UU. post-1959? Además, ¿es que querrían que Estrada Palma siguiera siendo un súbdito, y por ende, a la merced con relación a documentación de identidad de la Corona madrileña, particularmente cuando viajase a diferentes naciones en actividades independentistas? ¿Y cuántos cubanos de la época y líderes de otras naciones en la historia no se han acogido, pragmáticamente, a ciudadanías extranjeras, y luego llegaron a altas posiciones en sus respectivas patrias? Sobran ejemplos en la Europa Oriental post-comunista, así como en la República Dominicana post-trujillista.

     

Legado histórico de Estrada Palma

 

Podemos añadir que, entre el legado histórico de don Tomás, se encuentran:

 

A)  El limitar el número de bases navales, de las siete solicitadas por EE.UU. a la república naciente, a una sola: Guantánamo;

 

B)  El reconocimiento inicial de la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos, al sur de la provincia de la Habana, que ciertos intereses norteamericanos codiciaban, pleito diplomático que hasta provocó que se declarara al embajador estadounidense persona non grata.

 

C)  Promovió la primera campaña nacional de alfabetización (y sin adoctrinamiento ideológico-político); entre sus inspiradores lemas encontramos: “ya tenemos república, ahora hacen falta ciudadanos”,  y “necesitamos más maestros que soldados”.

 

D)  En fin, bajo su gobierno reinaron las libertades civiles en un país apenas saboreando la independencia, mientras intentaba recuperarse moral y económicamente de los estragos de las guerras de independencia del siglo anterior. No hubo culto a la personalidad, tropas cubanas invadiendo tierras foráneas, persecución religiosa, quema de libros y periódicos, confiscaciones de propiedades, comités de vigilancia, prisioneros políticos, paredones, tarjetas de racionamiento, campamentos de trabajo forzado estilo UMAP, exilio en masa, niños Pedro Pan, familias divididas, ni balseros desesperados, y nadie fue tildado de “gusano” y/o “escoria”.  Al reverso de la Cuba de hoy -de donde huyen miles constantemente- era una república apenas en germinación, que a pesar de sus contratiempos e incógnitas le abría los brazos a torrentes de inmigrantes, incluyendo al ex colonialista Ángel Castro, quien se convertiría en un rico terrateniente merced a conductas indignas. Esa debe ser una prueba esencial, avalada con estadísticas, del concepto Popperiano de la “sociedad abierta” al revaluar el legado del civilista don Tomás Estrada Palma a 116 años de su elección presidencial.

    

La novedosa biografía de Estrada Palma por García -la primera en siete décadas, y la primera escrita en el Exilio- concluye cronológicamente con su juramentación como presidente al instaurase la República. No obstante, admite que don Tomás violó su propia promesa de no reelegirse en 1906, lo que suscitó revueltas de opositores, así como la polémica Segunda Intervención Estadounidense (1906-1909) bajo la invocación de la controvertible Enmienda Platt que, como él predijera, fue abrogada más tarde (en 1934) gracias a negociaciones diplomáticas.

    

A pesar de sus desaciertos como gobernante, Estrada Palma no se vio forzado a tomar el camino del duro exilio una vez más en su vida al dejar la presidencia, aunque no se le otorgó ni siquiera escolta, ni pensión.  Murió a los 73 años de edad mientras visitaba a un amigo en Santiago de Cuba. Invariablemente considerado un individuo recto, lo que contrasta con el comportamiento de otros líderes en todas las épocas (tanto cubanos como extranjeros); tampoco se le conocieron hijos bastardos -a pesar de haberse casado tarde en su vida- ni “affaires” extra-maritales, ni acusaciones de hostigamiento hacia nadie.  Sobre todo, don Tomás ha sido considerado el gobernante cubano más honesto, habiendo dejado un superávit en la aún en su infancia hacienda cubana.

    

En resumen, Margarita García de Estévez presenta un reto al revisionismo viciado y al acaparamiento orwelliano sobre la historiografía cubana que pretende ejercer la dictadura más longeva y avasalladora de las Américas. (4)

 

NOTAS

 

(1) Versiones más breves de este escrito -y con énfasis diferentes- aparecieron anteriormente, en inglés en PANAM POST (24/02/2016), y en español principalmente en LINDEN LANE (Primavera.-2016), aunque la presente, más detallada, la he confeccionado expresamente para CUBANÁLISIS. Dedico este ensayo a la memoria de mis dos tíos abuelos paternos mambises, Federico Alum Sotolongo (muerto en combate) y el Cap. Emilio García Rizo (fallecido en el Exilio post-1959), así como a la de mi recientemente desaparecido padre, Rolando Alum García (Habana: 1912-New Jersey: 2017), doctorado tres veces. Dejo constancia de mi agradecimiento: (a) a mis afiliaciones institucionales presentes, particularmente a Icod Associates (de Nueva Jersey) y al Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh (de donde soy también egresado);  (b) así como a los colegas que colaboraron en la confección de este y otros escritos míos, especialmente a Héctor de la Campa y la chilena-americana María Angélica J. de Martín. Es mi costumbre darle bienvenida a toda crítica constructiva {RAlum@Pitt.edu}.

 

(2) Ver José Pardo LLada, BARTOLOMÉ MASÓ: EL PRESIDENTE QUE VETARON LOS YANQUIS (La Habana: Patronato del Libro Popular, 1960).  Nótese que Pardo (1923-2009) se exilió en Colombia apenas al año siguiente, alcanzando allí altas posiciones políticas y diplomáticas, incluyendo la de embajador en República Dominicana. El historial de su vida es en sí llamativo; entre otras cosas, aparentemente fue el único iberoamericano electo al congreso de dos países diferentes (información proveída por su colega Mario Rivadulla, con quien establecí amistad desde mi estancia académica en Santo Domingo en los 1970). 

 

(3)  Por décadas he ido analizando distintas consecuencias de la “cultura de la pobreza” en la Cuba “socialista” (por ej., en: CUBAN STUDIES, Enero-1979 y Julio-1982; WALL ST. JOURNAL, 30/12/1983; y PANORAMAS LATINOAMERICANOS [University of Pittsburgh], Feb.-2015).  En otros escritos he ensayado paralelos entre las dictaduras de los dominicanos Rafael y Héctor Trujillo (1930-1961) y la de los Castro (por ej., en: EL CARIBE [Santo Domingo], 14/11/2009; y SUN SENTINEL [Florida], 20/05/2012), etc.  Aún en otros ensayos he intentado “deconstruir” algunos mitos pseudo-utópicos sobre el régimen y sus defensores en el extranjero (por ej., en: LIBERTAD DIGITAL [Madrid], 29/01/2009; y en: DIARIO DE CUBA [Madrid], 01/01/2014) [Ver también Nota 4]. 

 

(4) El prolífero sociólogo estadounidense Paul Hollander -quien sufrió el tormento de ambos, el nazismo y el comunismo en su nativa Hungría-  ha acumulado los nombres de una serie de intelectuales de países occidentales que, llenos de contradicciones, han adorado públicamente a dictadores de todos los matices, tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. Su más reciente libro incluye citas de algunos de los apologistas extranjeros de los Castro, varios de los cuales a su vez se han dedicado a difamar al Exilio, entre ellos colegas míos en la antropología convertidos en voceros delirantes de propaganda panfletista de baja calidad (ver Hollander, FROM BENITO MUSSOLINI TO HUGO CHAVEZ; INTELLECTUALS AND A CENTURY OF POLITICAL WORSHIP; Cambridge University Press, 2016, especialmente págs. 204-243) [Ver también Nota 3].  

 

(5) El volumen por García, escrito en un lenguaje típicamente cubano tradicional, ha sido también publicado en inglés: BEFORE CUBA LIBRE: THE MAKING OF CUBA'S FIRST PRESIDENT, TOMAS ESTRADA PALMA (Colorado: Outskirts Press, 2016).  Ambas versiones contienen fotografías inéditas [ver www.antesdecubalibre.com].