Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

                Comandante Huber Matos Benítez

 

 

Por una transición sin violencia ni claudicaciones

 

 

En Cuba hay cada vez menos temor y y más descontento. El fatalismo está cediendo y el pueblo cubano está empezando a soñar con nuevos horizontes.

 

El castrismo está  acorralado por circunstancias que no puede controlar. Ha quedado rezagado por su manía de poder permanente. 

 

El régimen pretende una apertura bajo su control con la que cree que puede ganar algún tiempo.

 

Los que siguen al sistema son un grupo cada vez más reducido que intuyen que el fin se acerca. Los demócratas cubanos  triunfarán.

 

La tiranía no tiene ni los recursos, ni la capacidad, ni la legitimidad para dirigir una transición. Su único escape es reciclarse en la inmoralidad y la corrupción del capitalismo salvaje. 

 

Planean repartir el botín del cambio privatizando los activos de la nación entre inversionistas foráneos y cómplices nacionales. 

 

No somos nosotros, sino el régimen, el que tiene miedo, porque sabe que incursiona en un terreno  peligroso, da pasos cortos cuando tendría que correr antes de perder lo que le queda de oxígeno. 

 

Los demócratas no estamos desesperados ni tememos al futuro. Son los represores del pueblo los que no saben qué hacer.

 

El tiempo está a nuestro favor. La tiranía esta paralizada entre sus contradicciones, su miedo y su ineptitud. A nosotros nos sobra la esperanza y la energía, porque los simpatizantes y activistas de la libertad crecen por día.

 

La dictadura teme perder el petróleo de Venezuela que la mantiene en el poder. Desde que secuestró al chavismo ha conducido a este movimiento y a Venezuela al desastre político, económico y financiero. Es lo único que saben hacer.

 

Conocen que pueden quedarse sin turistas y sin remesas el día en que lancen sus esbirros a frenar con sangre un conato popular. 

 

Ante un hecho así el mundo los condenará y la reacción en la isla magnificará la indignación popular. No podemos olvidar la indignación ante la muerte de Orlando Zapata y los abusivos atropellos contra las Damas de Blanco.

 

Los castristas temen a la juventud cubana que los desprecia y al pueblo que no los quiere.  Temen al exilo y a los congresistas cubanoamericanos que no descansan. Temen a la prensa internacional que ya no los ampara.

La dictadura ya no confía en sus militares ni en los oficiales del Ministerio del Interior.  Saben que sus hijos y sus mujeres les aconsejan que hay que irse de Cuba antes de que sea muy tarde. 

 

Los que no se pueden ir, que son la mayoría, no tendrán otra alternativa que ponerse al lado del pueblo y defenderlo. Ellos lo saben y nosotros también.

 

El régimen teme a los cristianos que rezan por el respeto a los derechos humanos y se aferran a su fe, predicándole al pueblo el destierro del odio y el evangelio del amor.  Temen a la Iglesia Católica, ahora que Jaime Ortega ya no podrá manipularla más a su favor.

 

Saben que el pueblo está empezando a ver un nuevo amanecer. Esto no será la chispa que provocará un levantamiento popular, sino algo más importante, será el inicio de la redención nacional. La luz de la esperanza que iluminará al país antes del inicio de la Nueva República.

 

La guerra que nosotros ganamos y el castrismo perdió

 

Hay quienes se quejan por esta larga jornada. Otros siguen viendo un fracaso donde hay un triunfo inevitable y algunos dibujan un paisaje pesimista y lleno de nubarrones.  Pareciera que se ha perdido la perspectiva histórica y se considere, aunque no lo parezca, posible a corto plazo, pero no lo será nunca.

 

Esta lucha no podría medirse por la vida de los hombres y las mujeres que la iniciamos, ni tampoco puede medirse por la de los que después se sumaron. No era para ganar nosotros, era y es para que el pueblo triunfe, sin importar el precio o el tiempo.

 

Era y es una cuestión de constancia y principios sin importar el calendario. Las distancias entre las estrellas se miden en años luz, y en siglos la lucha de los pueblos contra la esclavitud.

 

Los que fueron fusilados o murieron peleando sabían que su sacrificio era ejemplo para los que seguían. Los que todavía vivimos estábamos convencidos de la fibra rebelde del pueblo cubano.

 

Si el triunfo de la libertad no se daba en nuestra generación sería realidad en la próxima o en alguna que le siguiera.

 

Aun en los momentos más negros de la prisión la fe en nuestro pueblo y la dignidad personal nos mantuvo plantados frente al castrismo.

 

Por más de cincuenta años la dictadura ha tratado de destruir con represión la tradición libertaria de nuestra gente. Ha sido una confrontación permanente, sin pactos ni componendas de nuestra parte.

 

Hoy las filas de la oposición están más fuertes que nunca y cada día se suman nuevos compatriotas. Hasta los hombres y mujeres que apoyaron en el  pasado al castrismo hoy lo rechazan. 

 

No existe una vieja oposición y una nueva oposición. Ha habido y habrá un relevo permanente de los que caen, por otros que los sustituyen.

 

Esa es la realidad, desde los fusilamientos y las largas condenas a prisión hasta los actos de repudio y asesinatos silenciosos y cobardes de estos tiempos.

 

Los  jóvenes de hoy son los depositarios del amor a la libertad de los miles de jóvenes de ayer que pagaron con sus vidas o con estoicismo ejemplar el castigo de las prisiones. La oposición presente es el resultado de la determinación y el esfuerzo de la oposición de siempre.

  

En Cuba y fuera de ella hubo en el pasado quienes se rindieron y colaboraron con la tiranía. En esta etapa  también los habrá, pero quedarán en el camino. Serán páginas tristes que nadie querrá recordar.

 

El triunfo del exilio cubano

 

Un lugar de honor en la historia de este medio siglo lo tiene el leal exilio cubano. De no ser por ellos esta contienda habría sido mucho más difícil y más larga.

 

Todos  los que luchamos y luchan en Cuba debemos en alguna forma la vida y el nombre al siempre vigilante y siempre dispuesto exilio cubano. El exilio ha sido el combatiente incansable de la lucha por la libertad de Cuba en el mundo entero.

 

Denigrado en forma sistemática e injusta por la prensa y muchos académicos de izquierda de los Estados Unidos y de todas partes. Criticado por aquellos que desde sus torres de marfil  lo consideran obsoleto -histórico-  y falto de imaginación, como si ser fiel al ideal martiano fuese razón de vergüenza. 

 

El exilio nunca se ha rendido ni ha negociado, ha sido un bastión inexpugnable, a pesar de la lucha de los intereses políticos y económicos personales y de la infiltración de agentes del régimen.

 

El exilio ha ganado una gran batalla, la de mantener el embargo hasta que en Cuba no comience una transición auténticamente democrática y la de demostrar que somos un pueblo trabajador, creativo y decente.

 

Los nuevos retos

 

Hoy, como ayer, y como siempre, hay suficientes cubanos dispuestos a continuar y a terminar esta cruzada con éxito. Es ante la realidad de un hecho histórico sin precedentes  y ante el fracaso inminente de los enemigos de la libertad que los cubanos podríamos evaluar un cambio de estrategia. 

 

El régimen está desesperado y la inversión extranjera es lo único que puede evitar su colapso final. Esa inversión no llegará a Cuba de ninguna parte en las cantidades necesarias sin un acuerdo entre el castrismo y los Estados Unidos.

 

Ante estas circunstancias,  y ante un pueblo que se va sumando a la oposición, ¿debemos propiciar el levantamiento del embargo, que implica sin lugar a dudas el fortalecimiento de la dictadura?

 

¿Debemos pedir que los turistas estadounidenses visiten Cuba y beneficien al régimen con miles de millones de dólares?

 

¿Debemos aceptar que los Castro participen en una transición tramposa?

 

¿Debemos aceptar un cambio en la Posición Común de la Unión Europea que facilite a la tiranía su maniobra?

 

¿Debemos hacerle caso a los cantos de sirena de una reconciliación nacional con dos hermanos farsantes y traidores?

 

En mi opinion sería un error.

 

Esto equivaldría a capitular estando cerca de la victoria democrática. Esto daría  a la tiranía lo que desesperadamente necesita para sobrevivir un tiempo más.

 

Los cubanos quieren evitar la violencia porque por medio siglo han sido y son víctimas diarias  de la violencia del régimen.

 

La transición sin violencia hacia la democracia auténtica

 

Hay que buscar una salida pacífica, práctica y justa que nos lleve a la institucionalidad democrática sin el peligro de una nueva traición y una nueva frustración.

 

Quienes desde sus posiciones de gobierno quieran evitar un final violento y quienes en nombre del pueblo estén dispuestos a representarlo con lealtad, pueden convenir en un gobierno de transición que garantice con hechos el transito sin demoras a un sistema democrático.

  

Los hermanos Castro deben estar excluidos totalmente.

 

Desde el 10 de diciembre de 2009 Cuba Independiente y Democrática (el CID) ha propuesto el Proyecto de la Nueva República. Un esfuerzo de salvación nacional  “integrado por civiles y militares con funciones de gobierno provisional en reemplazo del poder de la tiranía”. 

 

Es una “alianza patriótica del pueblo y los militares cubanos, para viabilizar la transición hacia una sociedad democrática y civilista, con economía abierta”.

 

Debemos evitar una agenda que la tiranía necesita para que le sirva como coartada internacional en su propósito de que se levanten el embargo y otras medidas restrictivas que penalizan la continuidad de la violación de los derechos humanos en Cuba.

 

El Proyecto de la Nueva República incluye doce premisas y treinta y dos proposiciones concretas, entre ellas:

 

a) Libertad de todos los presos por motivos políticos y revisión general de causas.

 

b) Implementación de todas las libertades públicas propias del sistema democrático.

 

c) Disolución inmediata de los organismos represivos.

 

d) Enjuiciamiento -en presencia o en ausencia- de los grandes responsables de la traición y crímenes contra el pueblo y la nación cubana.

 

e) Expulsión de todos los extranjeros vinculados al régimen castrista, sean terroristas, narcotraficantes, o personas contrarias al interés nacional.

 

f) Disposiciones de emergencia para garantiza el orden público y proteger vidas y bienes.

 

g) Llamado a la reconciliación nacional. La justicia no puede confundirse con la venganza o la impunidad para la violencia.

 

h) Prohibición general de toda acción de desalojo.

 

i) Respeto al derecho de propiedad privada y la libertad de contratación.

 

j) Eliminación de toda medida discriminatoria en perjuicio del pueblo cubano.

 

k) Eliminación de las restricciones arbitrarias que impiden a los cubanos la libre entrada y salida del país, así como el derecho a desplazarse dentro del territorio nacional.

 

l) Plena vigencia de los derechos consagrados en la Declaración Universal de los derechos humanos.

 

No estoy proponiendo esta agenda para que los demás la sigan, sino para que la conozcan, la critiquen y la mejoren. Para que quede claro que, conversar por conversar, sin objetivos claros y precisos, conduce por mal camino.

 

Negociar con Raúl Castro o con cualquier Castro es darle credibilidad a la dictadura, a sus métodos y a sus intenciones. 

 

No es recomendable tener de mediador a un gobierno cuyos empresarios son socios de los Castro con miles de millones de dólares invertidos en Cuba. España no puede ser mediador ni juez  porque es parte.

 

Los que se repliegan no ponen las condiciones, sino quienes marchan hacia la victoria. 

 

La primera condición para conversar y evitar un final violento a la violencia castrista, debe ser dos acuerdos  con los militares. Primero, que Fidel y Raúl Castro sean llevados  a los tribunales y  juzgados por sus fracasos, sus robos, su  traición y sus crímenes.  Segundo, la retirada de Venezuela de todos los militares y agentes de inteligencia y contrainteligencia que sostienen al chavismo.

 

Si empezamos bien terminamos bien.

 

El pueblo de Cuba resiste y vencerá.