Cubanálisis El Think-Tank

E S P E C I A L

 

            Eugenio Yáñez

            Antonio Arencibia

            Juan Benemelis

 

PONIÉNDOLE EL CASCABEL AL GATO

 

 

El gato fidelista no caza ratones, pero si no se le puede poner definitivamente una camisa de fuerza, al menos hay que ponerle un cascabel. Porque los ratones raulistas (dicho sin la menor falta de respeto), necesitan de la legitimidad del patriarca, aunque esté en cama y reflexionando.   

 

Aunque no se quiera o no se pueda entender, la “Revolución cubana” y “sus logros” son parte de la historia percibida por muchos cubanos en la Isla y por toda la izquierda “antiimperialista” y los “pueblos del mundo”. 

 

¿Qué importancia tiene si es cierto o no, si así es como se percibe? ¿Quién puede asumir seriamente en Cuba el “relevo” del Comandante negándolo a él? Y aunque  apareciera un iluminado capaz de intentarlo, ¿qué posibilidades tendría si no se produce primero un cataclismo político?  

 

Quien espere anuncios oficiales sobre reformas morirá esperando, porque lo que se haga, lo que  ya se está haciendo, es y será a nombre del Comandante, como si se estuviera dando cumplimiento a su legado, aunque sea todo lo contrario al fracasado, fantasioso e imposible proyecto de Fidel Castro.

 

Por eso, nada de lo que está en la cartera de Raúl Castro tiene que ver con reformas de tipo político, elecciones multipartidistas, liberación de presos políticos, libertad de expresión,  de prensa y de asociación, aunque esté en el tintero permanente de lo que se le reclama como “prueba de cambio”, y que sería, naturalmente, lo ideal: Cuba no es una democracia, y el régimen raulista no maneja esa opción en ninguna coyuntura. No son fundamentalistas, ni suicidas, y aun tienen opciones para mantener el poder sin pasos de esa magnitud.

 

Aceptar, sin embargo, que todo sigue igual y todo seguirá igual, podría ser la conclusión equivocada, precisamente la que la desinformación raulista podría estar lanzando entre cortinas de humo para consumo masivo y superficial no solamente en La Habana, sino también en Miami y Washington, Europa y América Latina..

 

Que los militares apuesten a la sorpresa estratégica no debe ser noticia: noticia sería si actuaran como líderes electos en un estado de derecho. Sin embargo, ni ellos ni nadie puede saber, ni saben, si una vez que se comiencen a mover los elefantes se podrá tener seguridad de que será un movimiento controlado o se producirá una estampida.

 

Y aunque lo que se pretenda sea solamente un ajuste al mecanismo económico para que funcione de manera más realista y efectiva, una vez que el genio salga de la botella las cosas comienzan a ser diferentes a pesar de las intenciones iniciales que hubieran provocado ese paso.

 

Raúl Castro nunca dirá, nunca, que el Comandante en Jefe deliraba en sus sueños de potencia médica, de país más culto del mundo, de vanguardia antiimperialista mundial, de propiedad estatal socialista donde los cubanos renuncian a sus intereses personales y su condición de seres humanos.

 

No lo dirá, antes que todo, porque el fue el segundo al mando del régimen por casi medio siglo. Y no lo dirá, tampoco, porque no cree en esa locura. Ser humano normal, no megalómano, sabe que era imposible el proyecto, pero antepuso la lealtad fraternal a su propia personalidad. ¿Cuestionable? Tal vez: pero no puede borrarse la vida, la historia.

 

Pero ahora que puede, aunque sea por boca de terceros y después de prepararse en silencio durante diecinueve meses, ha comenzado a tomar decisiones que, mucho más allá de lo que parecen, tienen trascendencia sicológica y estratégica, porque están desmontando, poco a poco, las vigas podridas del castrismo, y eso es mucho más importante y menos cosmético que el levantamiento de prohibiciones.

 

La población, en general, ha visto una pequeña luz al final del túnel y se han desarrollado aceleradamente las expectativas de que con el general-presidente al mando de la nave se verán mejorías para la población. Esa percepción es un pequeñísimo respiro para Raúl Castro, pero respiro al fin, aunque él no se hace ilusiones, por lo que ha refinado discretamente los mecanismos de control preventivo para evitar desagradables sorpresas, mientras sigue, dosificadamente, levantando prohibiciones.

 

Las directivas de la Proclama del 31 de Julio del 2006 hoy son historia nada más, porque el régimen sucesorio de Raúl Castro:

 

·        Permite que se cuestione la política educacional del Comandante, por boca del lenguaje culto de Alfredo Guevara en el Congreso de la UNEAC, porque sabe que Cuba no es, ni puede, ni necesita ser “el pueblo más culto del planeta”.

 

·        Cambia la política de salud pública del Comandante, basada en “el médico de la familia”, porque sabe que es imposible una “potencia médica” con más del 60% de sus profesionales de la medicina en el exterior.

 

·        Autoriza que se discrepe de la política del Comandante hacia los cubanos que han abandonado el país, que reiteró el canciller Felipe Pérez Roque hace muy pocos días, y que cuestionó Eusebio Leal con lenguaje barroco en el mismo congreso de la UNEAC, porque sabe que no les puede negar su condición de cubanos a los llamados “emigrantes” si pretende que continúen incrementándose las remesas familiares y buscando un entendimiento con ellos que excluya a los “duros” de “la mafia de Miami”.

 

·        Cuestiona el “internacionalismo proletario” a escala planetaria del Comandante a través de una política exterior realista y sensata, donde puede darse el lujo de mantener distancia con Hugo Chávez, repeler a Ahmadinejad e ignorar a la actual administración de Estados Unidos en base a la promesa de buscar un entendimiento con el(la) próximo(a) presidente y poder contar con 184 votos a favor en la ONU condenando “el bloqueo”.

 

·        Abandona el igualitarismo castro-guevarista al reconocer desigualdades de ingresos en la población, otorgando el acceso a bienes o servicios en moneda dura, previamente prohibidos. Situación sin marcha atrás posible, impulsada por los incentivos de precios a los productores del agro, la eliminación de los limites de ingresos salariales y facilidades a empleados estatales para lograr la propiedad de sus viviendas.

 

Si nos hace gracia o no esta realidad es irrelevante, pero así son las cosas. Pudiera tratarse  solamente de un intento de reacción nuclear controlada, o quizás se acumule una masa crítica que desate un estallido. Para adivinar el futuro está el oráculo, los analistas profesionales solo pueden concebir escenarios.

 

Para fundamentar estos criterios, hay que analizar algunos factores.

 

El castrismo se desmorona junto al caudillo en cama

 

El Castrismo no es una ideología sino una forma extremista de aventurerismo internacional que adoptó al comunismo como régimen porque su esencia totalitaria convenía a los designios autocráticos del Comandante.

 

El sistema nunca tuvo que funcionar en Cuba porque estaba diseñado como parásito y para ser presentado como ejemplo  de las “relaciones de solidaridad” alcanzadas con la Unión Soviética. 

 

El resultado de esa enorme subvención fue la ineficiencia económica, ya que la producción de la Isla era colocada en mercados asegurados no competitivos. Por otra parte, la introducción de la mecanización agrícola masiva y la priorización de los planes faraónicos de Castro marcaron a los trabajadores movilizados y permanentes con las huellas del despilfarro y destrucción de recursos típicos de la socialización de los medios de producción.

 

Ni siquiera la caída del comunismo en los años 90 hizo que Castro reaccionara. A duras penas aceptó cambios durante el Período Especial, pero se negó a admitir que era imposible seguir regimentando la sociedad cubana tal y como antes y quiso mantener viva una utopía en bancarrota, sustituyendo recursos por discursos y persiguiendo con saña la iniciativa y el interés de las personas.

 

 Así llegamos a este momento especial de muerte en cámara lenta, de traspaso de los poderes del caudillo malgré lui. Esta vigilia en la que mientras espera el desenlace nada le conviene, pero ya no tiene ni voz ni voto para influir demasiado, aunque el ritual suponga que se le consultan las decisiones más trascendentales.

 

Esas Reflexiones de quien ya no puede impedir los cambios son una letanía de quejas, rencores y predicciones apocalípticas: contra el etanol de caña de azúcar, la Internet libre, el encarecimiento de los productos agrícolas, las inversiones extranjeras, los merolicos, la crítica libre de los problemas entre comunistas, las amenazas de guerra termo-nuclear o el daño de las ondas electromagnéticas en el cerebro de quienes usan teléfonos celulares, que ya son más de 3,500 millones de personas en el mundo.

 

Entonces, aunque ya nadie le tema tanto para obedecerlo ciegamente, todavía nadie se le quiere enfrentar abiertamente, y todos los raulistas con poder lo siguen tratando como al abuelo venerable que padece Alhzeimer, a quien presentan a las visitas en cuanto llegan, para de inmediato regresarlo en su sillón de ruedas para el cuarto, a fin de poder conversar tranquilamente.

 

Por eso después del 24 de febrero hay una nueva realidad que, aunque no se declare de forma abierta por la élite, se ejecuta concientemente, y que tiene que llevar a todo el que quiera entender lo que sucede a preguntarse:

 

¿Cuál es el proyecto de la Sucesión y de los sucesores? ¿Hasta donde quiere y puede Raúl Castro llegar  con esa des-castrificación silenciosa pero inevitable?

 

El Raulismo trata de remendar al Castrismo

 

En su primera actividad internacional como jefe de estado, al recibir al cardenal Tarcisio Bertone, Raúl Castro le reconoció claramente que la sociedad cubana no brindaba atractivos ni esperanzas a la juventud, y que su programa de gobierno estaría encaminado a darle solución a ese problema.

 

El alcance de lo que pueda significar para el general-presidente el concepto de esperanzas y atractivos es algo que habrá que descifrar, así como analizar si las decisiones que tome se encaminan a solucionar realmente lo que él haya definido como el problema, pero aquí parece haber una muy buena pista para enfocar el análisis.

 

Esos pasos que está dando el gobierno “raulista”, y todos los que puedan estar todavía en las gavetas y portafolios, no han sido ni serán discutidos públicamente, pero han sido bien calibrados. No tuvieron anuncios públicos ni congresos, declaraciones altisonantes ni artículos de prensa, sino sesiones de trabajo de estado mayor, donde no se han preocupado demasiado si los funcionarios del gobierno, ese aparato ineficiente que tendrá que hacer, definitivamente, lo que ordene el general-presidente, sigue hablando el lenguaje cansado y vacío de los tiempos del Comandante.

 

Dentro de la Isla hay voces disímiles,-desde posiciones católicas hasta comunistas de extremo, pasando por socialdemócratas-, que piden que el nuevo Jefe de Estado divulgue su plan de reformas para poder contribuir a su desarrollo.

 

Sin embargo, fiel a su perfil militar, el general se manifiesta a favor del secretismo y de la acción sorpresa. Por supuesto que los que “tienen que saber”, -su fiel entorno-, saben por donde van las cosas, aunque no todos puedan saber hasta donde podrían llegar.

 

Se trata en primer lugar de darle un rostro “racional” al régimen retomando públicamente los principios elementales del socialismo marxista-leninista en serio: “a cada cual según su trabajo”, y borrar definitivamente del lenguaje oficial –sin mencionar el santo, naturalmente- toda la concepción castro-guevarista del “hombre nuevo”, la “conciencia comunista” y “el camino correcto”, sustituyéndola fríamente por un realismo basado en mecanismos económicos y estímulos materiales básicos: salario-producción y oferta-consumo: mercado bajo control.

 

Raúl Castro no puede regresar al modelo ineficaz de los soviéticos, ni avanzar todavía hasta el socialismo de mercado chino o vietnamita. Tiene que salvar la imagen de su hermano mayor para la historia, y además todo lo salvable, incluso su propio futuro y el de los suyos, y necesita especialmente lo que es imprescindible: resolver el gravísimo problema de la producción de alimentos en el país, que ha llegado a que Cuba tenga que importar hasta azúcar.

 

Mientras va programando sin precipitación la fusión de organismos centrales del gobierno y todo el aparato administrativo estatal en busca de una mayor efectividad, descentraliza la estructura del Ministerio de la Agricultura a nivel municipal, creando delegaciones que tendrán, entre otras funciones, participación en el otorgamiento y control de tierras. Simultáneamente convoca a la celebración en todo el país de asambleas municipales del PCC centradas en la actividad productiva.

 

Por ello, el asesoramiento de las delegaciones municipales del MINAGRI al PCC y el Poder Popular Municipal coloca en ese nivel de dirección la responsabilidad en el incremento de la producción agropecuaria y el perfeccionamiento de su comercialización y saca al Partido del cómodo papel de agitador permanente y control desde “el centro de todos los problemas”, para exigirle resultados concretos.

 

Además de esa descentralización, el estado ha tomado medidas de estímulo para el acopio de leche, ajos y papas, mediante aumentos notables de precios y bonificaciones en pesos convertibles (CUC), que a su vez deberán realizarse a través de mecanismos de mercado con una oferta real y disponible. 

 

Esta combinación de medidas deberá llevar en un futuro a mediano plazo al intercambio de experiencias y la divulgación y oficialización de las iniciativas municipales que logren mayores volúmenes de producción y mejor productividad en sus territorios.

 

Paralelamente a lo anterior se otorgarán créditos y tierras, a las más productivas de las  1,300 Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), creadas durante el Período Especial  bajo la hoja de parra de una supuesta descentralización que nunca lo fue. Como el proyecto nació frenado por restricciones impuestas por los Ministerios de Agricultura y del Azúcar, no puede extrañar que la mayoría de las UBPC se encuentren actualmente en situación de incosteabilidad, por lo que se combinará el estímulo con la eliminación de aquellas que sean totalmente ineficientes.

 

En Cienfuegos, por ejemplo, se han instalado en la UBPC “La Gloria” de la Empresa Azucarera de Aguada de Pasajeros, las primeras máquinas españolas para el riego de caña, las que beneficiarán unas 147 hectáreas (casi 10.5 caballerías).

 

Según el representante de la firma Reductores Cuñat, se han instalado, o ya están en proceso, 54 de esos equipos en otras cinco provincias. Otras máquinas españolas de sistema Urapivot, de riego por pivote central, se instalan para el cultivo de la papa, en San José de las Lajas, en La Habana.

 

La prensa provincial permite conocer cosas que no se publican en Granma, que sigue con los espejismos y el desierto, pero la provincia de La Habana (el campo, no la ciudad) se hace eco de que un productor lechero de San Antonio de los Baños, dueño de 25 vacas, 11 novillas, 4 añojas, 4 terneros y 4 terneras, va a recibir dos caballerías adicionales de tierra, además de las cuatro que posee.

 

Como cuenta con dos empleados, se propone invertir en turbinas y regadíos, y va a pedir al banco un préstamo de 100 mil pesos cubanos (unos cuatro mil dólares), pagadero en cinco años, para comprar de 15 a 30 vacas y  40 toretes para carne.

 

Es un hombre que cree tener la oportunidad de prosperar, si no lo frenan. Que representa una ilusión que subyace en cientos de miles de cubanos.

 

Mucho más modesto es un joven productor de ajo del municipio de Lajas, en Cienfuegos: con solo 2,5 hectáreas (0,18 caballerías) cosechó dos mil ristras de ajo de 100 cabezas cada una y tiene 800 mil posturas de cebollas en canteros. La matemática es sencilla: al precio de un peso cubano por cabeza de ajo y cincuenta centavos por cebolla, se está en niveles de seiscientos mil pesos cubanos en un año, equivalentes a veinticuatro mil dólares.

 

Su aspiración es: “Si yo tuviera una caballería de tierra…”. Sabe más de economía que muchos aparatchik partidistas: ¿Cuánta riqueza podrían generar los cubanos honestos con una caballería de tierra bien utilizada si no existe un partido comunista que les interfiera?

 

Historias similares a estas comenzaron a llegar a Cuba en los años ochenta, cuando el manto de silencio sobre China comenzó a desvanecerse.

 

Anécdotas a un lado, estas historias significan campesinos a quienes se otorgan tierras por encima de las cinco caballerías limitadas por la Segunda Ley de Reforma Agraria desde 1963, que tienen empleados asalariados, y que también tendrán acceso a crédito e inversiones básicas que antes corrían a cuenta del estado.

 

Los sueños del Comandante y sus faraónicos planes agropecuarios estatales quedan sepultados por las novillas y terneras y por las ristras de ajos de pequeños campesinos privados.

 

Si esto le recuerda a alguien la famosa palabra de Bujarin “Enriqueceos”, no es pura coincidencia.

 

Llama la atención, al mismo tiempo, que el nuevo gobierno se decida, simultáneamente,  por ampliar las inversiones extranjeras en la agricultura.

 

Independientemente de algunas producciones que requieren empresas mixtas para su comercialización, como es el caso del tabaco y los cítricos, la titular de Inversiones Extranjeras, Martha Lomas, reconoce que están en estudio inversiones en la producción de arroz y la ganadería, y que se está buscando financiamiento para el sector agrícola.

 

Probablemente la Ministra se refiera a la reciente visita a la Isla de una delegación holandesa de la que formaba parte el Grupo Rabobank,  el principal banco financiero cooperativo de Holanda, especializado en el sector agro-alimenticio.

 

Y aunque ella no lo declaró explícitamente, aparentemente hay indicios de que el régimen ya está dispuesto a dar cabida a las inversiones extranjeras en todas y cada una de las producciones agropecuarias del país.

 

Solo el hecho de que la producción de alimentos se haya convertido en un objetivo estratégico explica que se favorezcan ganancias para los inversionistas extranjeros en ese sector en vez de potenciar la producción privada del país, aunque no son acciones excluyentes: entre la tenaza de las inversiones extranjeras y los productores privados, los delirios del Comandante con la agricultura estatal y sus planes especiales correrán la misma suerte  que el Cordón de La Habana, la zafra de los diez millones, Ubre Blanca, la malanga isleña japonesa o el plátano microjet: una historia estúpida que muere en el olvido.

 

Sabiendo que antes de 1959 campesinos y hacendados nacionales autoabastecían la Isla de productos agropecuarios, ¿cómo habrá tomado el Comandante la noticia de que tienen que venir extranjeros a producir arroz o criar ganado?

 

Dada su personalidad, primero tratará de racionalizarla, para después olvidarla y continuar “reflexionando” sobre los candidatos presidenciales estadounidenses o las cifras absurdas que utiliza para explicar la economía mundial y sus pronósticos apocalípticos.

 

En fin, ya no es demasiado descabellado esperar ver algún día en el mercado cubano sacos de arroz cubano de la marca “Tío Ho” junto a los de “Uncle Ben” americano, y pies de cría de una nueva raza lechera que bien pudiera llamarse, irónicamente, “Sueño de Fidel”, como resultado de esos  proyectos que apenas se vislumbran en estos instantes.

 

El raulismo funcionando a la vista de escépticos y fundamentalistas

 

Tras diecinueve meses de provisionalidad, Raúl Castro ha comenzado a actuar con mucha menos influencia de la sombra de su hermano, aunque ritualmente se proclame lo contrario; silenciosamente, casi escabulléndose, se ha apartado de las tareas fijadas por Fidel Castro en la proclama de julio del 2006, y ha establecido y comunicado un estilo de dirección diferente, característico en él. Es notorio su afán por dar participación a sus colaboradores y buscar apoyo popular para consolidar su legitimidad.

 

Ha reiterado constantemente que a él le pueden discutir y discrepar, incluso ha expresado anteriormente que existen diferencias entre él y su hermano Fidel desde la niñez. El terreno para desmontar el estilo de Fidel Castro y corregir los errores es muy peligroso, pues necesariamente alguien tiene que cargar con las culpas de medio siglo, aunque en verdad Raúl Castro no ha dado muestras de pretender de alguna manera que se vaya a responsabilizar a su hermano por los fracasos del pasado.

 

Es harto especulativo el criterio de que Raúl Castro le teme al ensayo chino, vietnamita o ruso porque podría disolver su poder político. La cúpula cubana conoce que la apertura trae cambios y riesgos, que se reflejan inevitablemente en el tablero del poder político, pero que necesariamente no implica la “inevitable” debacle de la nomenklatura, como se puede apreciar en muchas transiciones del ex bloque soviético.

 

En la política del general no existe la impulsiva audacia de su hermano, estilo que hundió el proyecto inicial. Quizás de eso se trate la confusión tan extendida en el análisis: esperar  medidas precipitadas sin entender que hasta ahora los pasos van enfilados a reformas puntuales en la economía y la sociedad, más bien graduales, pretendiendo evitar los “males” colaterales.

 

Raúl Castro nunca anunciará públicamente el lanzamiento de una "reforma", sino que la irá haciendo sin decir que lo hace, mostrando hábilmente los árboles para poder ocultar el bosque. Los talibanes no podrían, a nombre de Fidel Castro, oponerse a una reforma que no existe públicamente, pues sólo se alega que se estarían asumiendo "movimientos tácticos" de ajustes y eliminación de "absurdos". No tendrán más alternativa que aceptarlo, pues no tienen fuerzas para forzar una contramarcha.

 

Sólo que a medida que se vayan introduciendo y comiencen a funcionar, no hay marcha atrás posible. Lo que indica cómo Raúl Castro y sus generales, en un puro modelo militar, están pensando en la sorpresa estratégica, a la vez que se produce la gradual desaparición de Fidel Castro, su “extinción” hubiera dicho Friedrich Engels, impidiendo la formación de una oposición dentro de la nomenklatura.

 

El hecho de que ya no se proyecta a Cuba como un actor internacional creando cuanta complicación o confrontación fueran posibles, sino interesado en sus problemas isleños, marca una diferencia con su hermano mayor, algo que se percibe en toda la Isla, y que introduce expectativas. Sobre todo, cuando el propio Fidel Castro parece distanciarse más de la política diaria y su presencia es cada vez más remota y abstracta.

 

Sin dudas, la percepción del cubano de a pié sobre un Raúl Castro demasiado frío y cruel está cambiando, con razón o sin ella: su política de comparecencias públicas limitadas y breves, su relación de trabajo con funcionarios económicos y estatales, y el dejarse ver en público rodeado de su familia, trasmitiendo la estudiada imagen  de alguien asequible, quizás más ¿humano?

 

Todos se esfuerzan en buscar cuáles de los modelos de transición va a implementar el nuevo equipo, si es que existe el empeño de hacerlo; y se escudriña si hay atisbos de perestroika, de glasnot, del modelo chino o del vietnamita, del socialismo del siglo XXI. Pero lo que se vislumbra es un engendro criollo, un “raulismo” de mano dura en política y determinada flexibilidad y realismo en la economía. 

 

Una de las decisiones respecto a la reorganización ha sido la marginalización del llamado “equipo de apoyo” del Comandante en Jefe, ahora transformado en “Equipo de Apoyo del Consejo de Estado”, y del programa Mesa Redonda de la televisión cubana, que en los años finales de Fidel Castro resultaban los instrumentos a través de los cuales el caudillo intervenía en la vida económica y política del país.

 

Ambos grupos, conocidos anteriormente en los medios de poder como “los talibanes”, y en la actualidad como “las huerfanitas”, se destacaban por su ortodoxia ideológica, pero ante las nuevas realidades están demostrando una orfandad conceptual muy significativa.

 

Un estilo completamente diferente al de Fidel Castro

 

El recién nominado Consejo de Estado, mayormente con veteranos “raulistas” en las posiciones clave, es un equipo que debido a su edad tiene como tarea seleccionar al ejecutivo ministerial que va a desempeñarse en lo adelante cumpliendo las instrucciones del poder. La estructuración administrativa y la composición personal del próximo Consejo de Ministros será el termómetro de hasta dónde llevará Raúl Castro sus reformas.

 

El general-presidente devolvió la delegación del poder, secuestrada por su hermano, a los ministerios y otras dependencias gubernamentales, y ahora está unificando en esas dependencias los planes establecidos. Así, está tratando de introducir orden en el aparato del estado y la economía y constantemente enfatiza la necesidad de atender el desarrollo social (consumo y nivel de vida).

 

Es perseverante en su mensaje a la nomenklatura, exigiéndoles plantear planes realistas que resuelvan problemas, y dejando claro que no va a admitir el método de la auto-complacencia. En sus directivas y orientaciones busca que la tendencia de dirección se enfoque al pragmatismo y de ir al grano en todos los asuntos, como él personalmente ha hecho en la agricultura, en el transporte, en la recuperación hidráulica en Oriente.

 

La situación crítica de las provincias orientales (vivienda, alimentación, desempleo), parece que es un punto primordial de su agenda, por sus constantes visitas a la región. Y, aparentemente, hay un mejor entendimiento con el Jefe del Ejército Oriental, con quien no aparecía públicamente desde hace mucho tiempo.

 

Raúl Castro viene presionando a las empresas constructoras del ejército en Oriente para que vigoricen y aceleren las enormes obras hidráulicas tendientes a aprovechar las aguas dulces para un plan agrícola urgente, y enfrentar las sequías.

 

Los secretarios provinciales del PCC en las provincias orientales parecen haber perdido autoridad, como se demostró durante las últimas elecciones del Poder Popular, y por la constante presencia del vice-presidente Machado Ventura sosteniendo reuniones con todos los partidos municipales. “Machadito”, a su vez, ha iniciado una agenda muy activa en todas las provincias, pasando balance a las inversiones y a las producciones sensitivas, y opacando la presencia de Carlos Lage en algunas de ellas.

 

Todo indica que a corto plazo se persigue mejorar el funcionamiento institucional del país, el reordenamiento de la vida laboral, productiva y empresarial, buscando que los controles económicos funcionen y que los salarios se vinculen más a los rendimientos, y manejando otras formas de propiedad en determinados sectores, como en la vivienda y en la agricultura.

 

Muy recientemente, se eliminaron los topes máximos a los salarios: cada persona podrá percibir el salario que sea capaz de ganarse legalmente, sin límites. Hace algunos meses, Raúl Castro declaró que no importaba que los campesinos ganaran mucho dinero si tal dinero estaba respaldado por producción. Estas decisiones son el certificado oficial de defunción del “Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, el velorio definitivo de Che Guevara.

 

La rectificación de la absurda política monetaria dejada por Fidel Castro, sugerida desde hace un par de años por todos los elementos reformistas dentro del aparato estatal, parece que es cuestión de tiempo: hasta donde llegará esa enmienda es otro punto muy diferente.

 

El transporte, la electricidad, el tabaco son renglones que presentan una leve mejoría. A pesar de que el turismo sufrió un descenso, la venta de tabacos fue muy fructífera en el 2007: $400 millones de dólares, y la producción de níquel se ha seguido beneficiando de los altos precios en el mercado mundial, mientras la prospección y producción de petróleo, con inyecciones de tecnología extranjera, mantiene un paso sólido de crecimiento...

 

En los servicios directos a la población se ha restaurado la red de panaderías y el mantenimiento al servicio de agua potable de acueductos y cisternas. Ha logrado una estabilidad energética con menos apagones, aunque a niveles de supervivencia, manteniendo el vínculo petróleo-servicios con Venezuela.

 

El cruce del Rubicón

 

El punto crucial del viraje económico estará en lograr la motivación de la fuerza de trabajo, ajustar los salarios y los precios a las realidades, y que existan ofertas reales de consumo para la demanda, que desaparezca una oferta inalcanzable, virtual y confusa (el CUC y el peso desvalorizado) y una demanda que sólo permanece potencial.

 

Aún no se ve con claridad cómo piensan los raulistas que podrán desarrollar la economía sólo regenerando el funcionamiento de la economía estatal, algo que ha sido un fracaso a lo largo del siglo XX y los inicios del XXI. La entrada en el escenario de formas de propiedad alternativa al dinosaurio estatal se va imponiendo lentamente y cada vez cuenta con más seguidores, decepcionados del permanente fracaso del experimento centralizado.

 

Los pilares del modelo raulista que comienzan a implementarse en el agro conllevan la profunda descentralización administrativa, que desmonta la concepción centralizada que ha primado durante casi cinco décadas, para traspasar a los entes locales del estado la misión de planificar y satisfacer las necesidades alimenticias y de servicios desde la perspectiva de la autogestión, de la misma forma que se hizo en la década de los setenta con las divisiones, regimientos y brigadas de las fuerzas armadas.

 

Asimismo, ha comenzado la entrega directa e indirecta de medios e instrumentos de trabajo a los campesinos y cooperativas; al efecto se han abierto, nuevamente, las otrora “Tiendas del pueblo” en las regiones agrícolas, para los campesinos, las cuales ofertan a crédito, respaldados por la eventual futura producción, y nominados en pesos cubanos, herramientas, herbicidas, utensilios, ropa, botas y otros suministros.

 

Otra de las medidas es la mejora a los precios de acopio; por ejemplo, a cada productor de leche por cada litro que entrega ya se le están dando dos centavos de peso convertible que los puede utilizar en las tiendas para campesinos.

 

Podría interpretarse como que se ha desechado la idea de que la solución estribaba en el “perfeccionamiento empresarial”, con los arcaicos modelos de Carlos Lage de esfuerzo y ahorro, o que las empresas estatales respaldadas por el partido serían capaces de acometer la tarea.

 

Esas reformas y la medida de descongelar prohibiciones como el acceso de los cubanos a los hoteles, equipos electrodomésticos, computadoras, teléfonos móviles, sin dudas tienen  dos aspectos: un golpe político efectista de “descompresión sicológica” en la población, haciendo creer que realmente existe un compromiso por elevar el consumo y nivel de vida, y la búsqueda inmediata de más dinero fuerte desde el exterior para la compra urgente de alimentos.

 

Entonces, si las medidas comienzan a dar resultados en pocos meses, como es muy posible, el régimen deberá decidir el destino del dinero que ahora requiere urgentemente para la importación de alimentos: reinvertirlo en la producción agropecuaria para continuar potenciándola y alcanzar incluso cotas exportables en algunos productos que hace mucho tiempo no alcanzan, o destinarlo a otros sectores requeridos de recursos financieros con urgencia, como el transporte y la construcción de viviendas.

 

En el ámbito cultural Raúl ha dado pasos para evitar que este sector se transforme en un impedimento crítico y generador de sensibles conflictos, algo que parecía en ciernes a partir de la “guerra de los e-mail” surgida tras la reaparición de los “comisarios” en la televisión nacional. Todo indica que los intelectuales le están brindando apoyo. Llama la atención la elección de Miguel Barnet al frente de la UNEAC, un creador que en otra época fue calificado de “problemático”.

 

La propuesta de Eusebio Leal en la asamblea de la UNEAC, que en definitiva era una nueva definición de lo “cubano”, hay que contraponerla a la excluyente y discriminatoria que trató de precisar por su parte el canciller Felipe Pérez Roque, puesto que ambas son opuestas. Una vez más, Pérez Roque dice cosas que no son del agrado de los raulistas.

 

En el congreso de la UNEAC los intelectuales arremetieron contra la pobre programación televisiva, pusieron el dedo en la llaga de la educación, pidieron el cambio de las normas de propiedad intelectual, para percibir el resultado de sus creaciones, y la eliminación de las burocráticas agencias estatales intermediarias, que para controlarlos aparentan que los  representan,  y que se quedan con el margen mayor de los derechos autorales. De hecho, aunque sin mencionarlo, fue un cuestionamiento total de las políticas de Fidel Castro en estos sectores.

 

Las relaciones internacionales

 

En el sector externo Raúl Castro sigue una estrategia que no cierra totalmente las puertas a una negociación con el gobierno en Washington, aunque no guarda esperanzas con esta administración. Hasta ahora nada ha hecho para agraviar públicamente a Estados Unidos. Es notoria la disminución de las manifestaciones anti-norteamericanas convocadas por el gobierno, así como un descenso en la retórica y el lenguaje de los dirigentes y la prensa respecto a Estados Unidos.

 

La aspiración mínima de Raúl Castro con Estados Unidos sería un retorno a las políticas migratorias y de remesas anteriores a las establecidas cuando se acercaban las elecciones presidenciales del 2004, a la que se agregarían el turismo de sus nacionales y mayores flexibilidades para el comercio, fundamentalmente en cuanto a las modalidades de pagos y financiamiento de las compras.

 

Por cierto, cuando se establezcan relaciones comerciales normales entre ambos países, el volumen en los dos primeros años, según estimados, ascendería a unos 5 mil millones de dólares y abriría puestos de trabajo en ambas orillas del conflicto.

 

Los factores políticos del exilio cubano (representados en el Secretario de comercio, senador y congresistas, y organizaciones políticas) siguen apoyando una posición de mantener lo que se ha dado en llamar “la intransigencia”, cero negociación o relación, convencidos del rápido e inevitable desplome de toda la estructura totalitaria a manos del pueblo, la disidencia y la presión internacional, y la incapacidad y no deseo por parte del nuevo equipo en La Habana de introducir reformas que promuevan la democracia.

 

Aunque moralmente es acertada y justa esta posición, los resultados prácticos no se han podido materializar, y el esperado desplome inmediato del régimen no acaba de verse: a juzgar por las apariencias y los escenarios posibles, en menos de un año el raulismo podría estar más fortalecido en La Habana si se materializan sus planes de mejorar los niveles de consumo de la población, mientras la actual administración estará en posición de escribir sus memorias, pero no de determinar la política de Estados Unidos hacia Raúl Castro.

 

Las posiciones que en los últimos tiempos se han expresado respecto a la relación insular con el exilio “no-intransigente”, que no se considera parte de “la mafia de Miami”, refleja la convicción de Raúl Castro de que un cambio de política, una apertura del diapasón hacia los exiliados no le causaría problemas políticos.

 

Eso explicaría la frialdad con que fueron acogidas las declaraciones del canciller que equiparaba la cubanía al respaldo al régimen, y el hecho de que Eusebio Leal, con el criterio de que la única exclusión para ser cubano es “hacer armas contra la patria”, haya sido el candidato que más votos recibió en el congreso de la UNEAC.

 

Ante la frialdad de Washington, el general Raúl Castro ha desarrollado una ofensiva para la búsqueda de aliados económicos, de tecnología, de inversiones y de mercado.

 

Punto a destacar es el acercamiento a países productores de petróleo, que han sido aliados geopolíticos anteriormente, como Angola, Azerbaiyán, Ucrania, Rusia, Guinea Ecuatorial, y a Mauritania. 

 

El distanciamiento del gobierno cubano en el “affaire” Colombia-Venezuela-Ecuador no pudo ser más evidente, manteniendo solamente una escurridiza posición de “apoyo” formal, y nunca “quemando naves” a favor del disparate chavista. 

 

A pesar de que la relación de Venezuela con Cuba no tiene el tono de hace un par de años, Raúl Castro no se ha desmarcado en materia económica; prueba de ello es la enorme inversión venezolana en la refinería de Cienfuegos y en Nuevitas, para el almacenamiento de petróleo, aunque evidentemente el cheque en blanco fidelista en apoyo a cualquier locura de Chávez no será nunca firmado por Raúl Castro.

 

Las últimas negociaciones con Rusia fueron voluminosas y se prestó atención especial a las necesidades cubanas en el sector del transporte, otro de los temas estratégicamente sensibles en la población.

 

Asimismo, la visita al nuevo "tigre asiático" hindú del secretario de relaciones internacionales del Partido Comunista cubano, Fernando Remírez de Estenoz, aunque se anunció para participar en los congresos de los dos partidos comunistas de la India, culminó con acuerdos económicos intergubernamentales que elevan sustancialmente el intercambio entre ambos países.

 

El oscuro futuro de los talibanes

 

Las generaciones más jóvenes de la nomenklatura no disponen del poder y el prestigio ante la élite de los líderes “históricos” de la revolución, y en la medida que Fidel Castro se opaca en el manejo diario del gobierno no tienen más opción que aceptar o aplaudir, so pena de ser barridos sin contemplaciones.

 

Y después de los funerales del Comandante no les quedará un asidero confiable al cual agarrarse: aplauso o pijama.

 

Esa es la razón por la cual Raúl Castro está buscando crear una especie de equipo “colegiado” que asumiría el poder en el futuro indefinido, y quedar como una figura de transición de corta duración, aunque el concepto de “corta duración” está necesariamente enmarcado por la biología, pero pudiera suponer un quinquenio.

 

Sin embargo, normalmente todos los “equipos colegiados” en el poder, en cualquier sistema político, terminan en la lucha intestina de facciones que se van conformando a medida que tienen lugar las discrepancias inevitables, la emergencia de personalidades fuertes, las crisis del país, y otros factores.

 

De no lograrse con rapidez la institucionalización, la cúpula militar sería el árbitro y quizás el monopolizador del poder, barriendo definitivamente a los talibanes. Y aunque la biología sacara del mundo de los vivos a buena parte de la gerontocracia raulista, basta que quede con vida activa uno solo de los generales para que los “relevos” generacionales sigan siendo comparsa del poder histórico.

 

Con independencia de la dinámica en tal estructura de poder, inmediata y mediata, el país enrumba, decidida e inexorablemente, hacia una peculiar versión de economía de mercado controlada e instituciones civiles autónomas, que gradualmente irán suplantando a la economía estatal burocrática y centralizada y al monopolio totalitario: esquema que está siendo ya gestado y encabezado por una fracción reciclada de la élite, sin ninguna participación política del exilio, y que finalmente implementará su noción propia de la política, girando en otros circuitos tecno-económicos fuera de los Estados Unidos.

 

Hablar de reformas económicas será tabú, pero aplicarlas no

 

Permitir en pleno siglo XXI que los seres humanos tengan computadoras y teléfonos celulares no es una “reforma” ni mucho menos, ni tampoco lo es dejar de aplicar la abusiva e ilegal prohibición de permitir a los cubanos el acceso a las instalaciones turísticas en su propio país.

 

Sin embargo, estos movimientos elementales traen otros aparejados, producto de ellos,  que serán la verdadera definición del alcance de las intenciones transformadoras del raulismo.

 

Repartidas de forma "masiva" las tierras que el estado no ha logrado hacer producir con eficiencia por casi medio siglo, es de esperar que en el resto del año 2008, casi nueve meses, se produzca el parto de la agricultura y comiencen a verse significativos crecimientos productivos.

 

Para ese momento, ya los absurdos e ineficientes mecanismos estatales de acopio y distribución estarán sobrepasados, siempre lo han estado, y el régimen deberá decidir si se pierde el esfuerzo realizado en el campo o se liberaliza el proceso hasta que el producto llegue a los consumidores.

 

Debiendo pretender, por sentido común, que los productos lleguen a las mesas de los cubanos, para aliviar definitivamente el pesado fardo de la alimentación como problema estratégico, el régimen tendría que permitir, o dejar coexistir, el funcionamiento privado del acopio y la distribución, echando por tierra el fantasma de los “intermediarios”, siempre esgrimido por Fidel Castro para cerrar oportunidades de prosperidad a los campesinos.

 

Y vendrá el problema de la “libreta de abastecimientos”, la eterna cartilla de racionamiento y su falso concepto de “evitar desigualdades”, cuando en realidad nunca ha sido más desigual la sociedad cubana que en tiempos del Comandante.

 

Ya se ha diseñado un programa, aún no aprobado, que permitiría sustituir el monto del subsidio a los productos que se distribuyen con la “libreta”, -calculado en 190 pesos-,  por un subsidio a las personas de bajos recursos por esa suma. Hay economistas en la Isla que consideran que tras un despegue productivo en la agricultura en los seis primeros meses de este año, deberá comenzar la reforma financiera en el segundo semestre, e incluso proponen incrementar la capacidad de compra del salario en pesos cubanos mediante la reducción de los precios de venta de los productos en divisas.

 

Si esto se materializa, en adelante se seguirán estableciendo cada vez con más velocidad las condiciones mínimas para un  proyecto de socialismo de mercado en Cuba.

 

Parte importante de esas premisas es la comercialización libre de los productos agrícolas en los mercados campesinos, con el consiguiente funcionamiento de la oferta y la demanda, y por tanto de los precios, eliminando el esquizofrénico sistema de dos mercados diferentes, el “racionado” y el “liberado”.

 

La economía agropecuaria funcionará entonces en alguna de estas dos maneras: o bajo las reglas del mercado; o bajo las reglas “perfeccionadas” de una ineficiente burocracia que, al decir de Carlos Lage, entiende que Cuba sufre “heridas de guerra”.

 

Algo por el estilo pasará rápidamente en las instalaciones turísticas, después de eliminar el “apartheid” establecido por Fidel Castro bajo cualquier pretexto: o bien los pesos convertibles de los cubanos valen menos que los de depravados y babosos turistas que van a Cuba a buscar quinceañeras vendiendo el placer, o valen igual, y están más cerca.

 

Incluso en el atroz comunismo soviético de los peores tiempos del inmovilismo, los soviéticos pagaban por las habitaciones de los hoteles precios más baratos que los extranjeros. En Cuba, sin embargo, se estableció casi inmediatamente con la eliminación del “apartheid” que los cubanos deberían pagar siempre las tarifas más altas por cada habitación, en casi todos los casos mucho más de lo que pagan los turistas extranjeros.

 

Cuando pase la furia inicial de los “turistas” del país que quieran saber lo que se siente durmiendo en el Hotel Nacional o cenando en el Internacional de Varadero, y que van a pagar lo que sea para darse ese gustazo, volverá el problema de la sub-ocupación de las instalaciones hoteleras.

 

Y el régimen tendrá que decidir si sigue castigando a los cubanos, por el solo hecho de ser cubanos, aunque reciba menos ingresos, o si el sentido común le indica que debe modificar definitivamente esa política absurda, y dirigir el turismo y el resto de la economía con métodos de gerencia modernos y eficientes.

 

De manera que la libreta de abastecimientos y los precios para cubanos en instalaciones turísticas demostrarán, antes de fin de año, si los proyectos del raulismo de utilizar a fondo los mecanismos económicos llegan hasta sus últimas consecuencias, o serán cortados antes de materializarse completamente.

 

La prueba de fuego

 

Raúl Rivero dijo en una ocasión que los cubanos, siempre hiperbólicos, cuando no hay moral dicen que hay una doble moral.

 

Lo mismo sucede con los cubanos en la economía : cuando no hay monedas, se dice que hay una doble moneda.

 

El problema en Cuba no es que existan los “pesos cubanos” y los “pesos convertibles”, el problema es que ninguno de los dos alcanza para vivir decentemente.

 

Fue Karl Marx, quien analizando por cuarenta años la realidad europea sin salir de la Biblioteca de Londres llegó a la conclusión de que el capitalista se apropiaba del excedente del valor creado por los obreros, llamado “plusvalía”, y que era un proceso indetenible que terminaría por dejar sobre el planeta unos pocos capitalistas y un inmenso proletariado desposeído y, para colmo de males, depauperado.

 

La élite, bajo el mando del Comandante, fue sin dudas, y es, la más “marxista” de las burocracias comunistas: apropiándose cruelmente del excedente de valor creado por los trabajadores, con el pretexto de utilizar esos excedentes para sostener “los logros de la revolución”, y agitando el fantasma de un “imperialismo” que vendría a quitarle a los cubanos “todo lo que tienen", puso todas las riquezas y patrimonios nacionales al servicio del Mayoral en Jefe y convirtió a todos en proletarios depauperados.

 

Por si fuera poco, durante el “período especial”, después de aniquilar las esperanzas, dejó pocas opciones: lo que existe actualmente, que oficialmente se le llama socialismo, o la muerte. Y los cubanos todavía se preguntan: ¿cuál es la diferencia?

 

Para resolver el problema de la “doble moneda” el régimen debe decidir si se permite realmente que los cubanos ganen realmente lo que merecen por su trabajo, y se establece un sistema justo de impuestos y contribuciones que permita el funcionamiento del estado y el cumplimiento de sus obligaciones, o si se mantiene como hasta ahora la apropiación forzosa de todo el excedente creado por los trabajadores y se continúa regimentando a sangre y fuego la vida de los ciudadanos, con sus derivados del desinterés, la ineficiencia, la indisciplina, la corrupción, la bolsa negra, la malversación y el desvío de recursos.

 

Si se decide por el primer camino, la “doble moneda” es superflua y podrá desaparecer rápidamente. Si pretende mantener las cosas como están, con pequeños remiendos, nunca se resolverá el problema.

 

Como siempre, en todas partes, los problemas de la economía no los resuelven los economistas, sino los políticos, pues no son problemas de economía política sino de política económica.

 

El resto del 2008 tal vez no baste para solucionar este dilema, pero como se enfoque el problema y se vislumbren soluciones en los próximos meses será un exacto indicador sobre si realmente se producirán transformaciones estratégicas en la economía cubana, o si el régimen, después de comprar cabeza, le tiene miedo a los ojos.

 

Si Raúl Castro anunciara de inmediato demasiadas reformas peligraría su legitimidad ante los elementos más fidelistas. Si anuncia, como está haciendo, una continuidad con ajustes, no tiene problemas en ese flanco. Y aunque las cosas puedan parecer que se le escapan de las manos, podrían estar muy bien coordinadas. 

 

No hay mercado a medias, ni señoritas a medias: lo son o no lo son. La historia enseña que no hay desarrollo ni prosperidad sin economía de mercado, aunque no todas las economías de mercado garanticen desarrollo y prosperidad: es condición necesaria, pero no suficiente.


Con situaciones parecidas comenzó la Primavera de Praga. Y también "Solidaridad" en Polonia, la crítica de la revolución cultural en China, las protestas de los alemanes y los húngaros, la disidencia búlgara. En los regímenes totalitarios, aunque la reforma y la intención apunten al cielo, muy pocas veces se anuncia el objetivo desde el primer momento.

 
Es tal vez mirando en esta dirección, con las esperanzas, o las ilusiones, de que cosas más profundas puedan desprenderse de este proceso de ajustes discretamente comenzado por el general-presidente, que los disidentes dentro de Cuba han comenzado a replantearse determinadas estrategias que se alejan de las tradicionales sostenidas hasta ahora.

 

Incluso algunos han expresado, con mucho cuidado, que tales reformas les parecen positivas. Esto se ve reforzado por la convergencia, -aunque a título personal-, de 18 de los más conocidos disidentes cubanos en un proyecto de genda para la transición que no excluye la posibilidad de un diálogo futuro con el nuevo gobierno, lo que marca un ajuste táctico y estratégico muy importante, y que coloca al exilio histórico en un nuevo escenario desconocido.

 

Por eso, los llamados a desenfundar el hacha de la guerra, a promover las acciones violentas, y a la sublevación popular se distancian cada vez más de las posiciones en que parecen encaminarse los disidentes en el país, en un momento, además, en que la actual administración norteamericana se cuestiona seriamente la efectividad de la utilización de la ayuda financiera para estimular una transición hacia la democracia en el país.

 

Con un cambio de administración a la vista en pocos meses, un raulismo que busca consolidarse mediante acciones populistas que están siendo, a pesar de todo, recibidas positivamente por la población, y sectores disidentes de relativo peso dentro del país buscando estructurar estrategias alternativas frente al régimen, el exilio necesita, más que nunca, un profundo análisis de sus proyectos y sus resultados, para diseñar políticas realistas y efectivas que, sin renunciar a los valores democráticos y antidictatoriales que le conforman fundacionalmente, ni a las demandas para el logro de una verdadera democracia y estado de derecho en Cuba, logren articularse de manera efectiva con la disidencia interna y las aspiraciones de todos los cubanos dentro de la isla,

 

¿Dónde estamos y hacia donde vamos?

 

Lo más importante será observar cuidadosamente si el raulismo se decide a pasar más allá del "punto de no retorno", donde ya no habría nunca más una marcha atrás posible, o si el miedo le paraliza antes de llegar a ese punto.

 

Están frente a una paradoja: necesitan reformar los sistemas podridos del castrismo, que no funcionan desde hace tiempo, porque de lo contrario arriesgan demasiado peligrosamente una explosión social de incalculables consecuencias.

 

Pero esas modificaciones imprescindibles deberán controlarlas en un delicado equilibrio, donde puedan ofrecer los mejores resultados económicos sin hacer peligrar los resortes del poder político.

 

A Mijail Gorbachev la perestroika se le fue de las manos rápidamente, o tal vez él mismo la dejó irse, convencido que el comunismo conspiraba contra natura.

 

Por su parte, Deng Xiaoping manejó las cosas en sentido contrario, y para que no se le escaparan de las manos las reformas, soltó las riendas de la economía, asegurando el control político de la sociedad. De ninguna manera contra natura, logró más bien lo normal para China: una economía con menos interferencia estatal cada vez, y el poder en las manos firmes de los mandarines partidistas. Los resultados están a la vista.

 

Teniendo que hacer algo, pero de ninguna manera por el camino democrático checo, búlgaro o polaco para salir del abismo comunista, Raúl Castro, que no tiene posibilidades ni interés en la “solución” norcoreana, estaría apostando a las reformas controladas, de baja intensidad y menor publicidad, buscando un entendimiento de facto con su pueblo, donde el régimen no cuestiona el derecho de los cubanos a mejorar sus condiciones de vida y a la prosperidad, a cambio de que estos no cuestionen la legitimidad del raulismo y ofrezcan una ventana de tiempo biológico suficiente para poner en orden la casa y dar paso a nuevas generaciones de liderazgo, que ya tendrán que ver como se las arreglan ellos mismos una vez que los “históricos” estén reposando en sus mausoleos.

 

Que no sea lo que realmente desearíamos o lo que nos parece justo, ni la mejor solución para el pueblo cubano, es cierto, pero en política, lamentablemente, no siempre triunfan desde el primer momento la justicia ni lo evidente, porque lo práctico y lo posible se impone diariamente sobre las mejores intenciones de los protagonistas de la historia.


Por consiguiente, no hay ni habrá un cheque en blanco para Raúl Castro en el tema de las reformas económicas en Cuba en estos momentos, ni de ninguna manera puede haberlo por parte de Cubanálisis-El Think-Tank, que sabe además, perfectamente, que reformas políticas no se avizoran, ni tienen que ver con lo que se ha analizado hasta aquí.

 

Una vez más, nuestras opiniones, ilusiones y deseos personales servirán para reconfortarnos moralmente, pero no para cambiar los hechos.

 

Pero tampoco Cubanálisis-El Think-Tank se aferrará a la tesis simplista de que “ni está pasando nada ni nada va a pasar”, sin analizar detallada y cuidadosamente la realidad cubana, la evidente y la pública, la subrepticia y la escurridiza.

 

No por gusto hay una diferencia entre reproducir noticias y analizar información.