Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

 

     

                                                                                   Jorge A. Pomar, Colonia, Alemania

 

La cólera de Ramiro Valdés

Jaque al rey. La muerte de Fidel Castro, un texto imprescindible

 

 

El rasgo distintivo de la novela histórica, indica el nombre del género, es la mirada retrospectiva a acontecimientos trascendentales cerrados en el tiempo. Puesto que abordan realidades conclusas, los autores lo tienen aquí más fácil: aparte del estudio más o menos exhaustivo e imparcial de las fuentes disponibles, su tarea se reduce a articular datos, locaciones y personajes en una trama coherente. Y caso de habérselo propuesto, cosa que no siempre hacen, les basta con matizar el relato con su peculiar interpretación de los hechos de cara al presente y/o al futuro. El azar no cabe en este tipo de narraciones. O en todo caso no pasaría de ser un simple dato desconocido.

 

Difuminado el linde entre imaginación y realidad por efecto de la distancia temporal, el texto admite en última instancia una lectura como relato de ficción pura, dependiendo el éxito más de la habilidad literaria que del rigor histórico. No ocurre así, o no tanto, cuando el autor, ante la inmediatez de los hechos narrados, procede a la inversa, es decir, desde un presente en movimiento con inevitables cabos sueltos hacia uno o varios futuros posibles. El relato histórico se convierte aquí en relato futurista de factura factográfica que suple sus inevitables déficits de información objetiva por medio de ficciones verosímiles.

 

Por fuerza, un relato de esa naturaleza ha de apoyarse en el método de la prospección especulativa. A la manera del reality show, el autor se alimenta de datos significativos que extrae laboriosamente de la inextricable madeja cotidiana según ésta se va desenrollando. Sobre todo si, como en el caso del libro aquí reseñado, los autores no son ellos mismos protagonistas de los sucesos o, residentes en el extranjero, no tienen acceso directo a la realidad descrita. El formato serial es, pues, un recurso obligatorio. Estamos hablando de Jaque al rey. La muerte de Fidel Castro (con carácter provisional), de Juan Benemelis y Eugenio Yáñez, segunda entrega de lo que ya podemos definir como una serie narrativa iniciada con Secreto de Estado. Las primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro (Benya Publishers, Miami, mayo de 2005).

 

Actualizando el best-seller anterior a la luz de los últimos sucesos, Benemelis y Yáñez desenredan -esta vez contra reloj frente a un desenlace biológico inminente- el embrollado nudo de la tragicomedia en curso en La Habana. De nuevo logran la increíble hazaña literaria de insertar en un compacto relato de apenas 300 páginas la historia contemporánea completa de nuestro país con todos sus actores y factores relevantes, foráneos y nativos, sin excluir noticias de última hora. Conscientes de la penuria y disparidad informativa sobre la realidad cubana, de que aun constreñido en un ensayo compacto el aluvión de datos resumidos en Jaque al rey daría un buen millar de cuartillas y de que, por amena que fuese, una monografía al uso apenas sería leída por un puñado de profesionales y aficionados, Benemelis y Yánez optaron otra vez por el género literario más popular del mundo: el thriller. Debemos agradecérselo, no sólo por lo novedoso del eclecticismo estilístico sino por ser el único modo eficaz para llegar al gran público con un mensaje objetivo incuestionable capaz de contrarrestar o complementar la desproporcionada boga de los relatos de jineteras. Tanto más cuanto que los autores se desmarcan conscientemente de cualquier enfoque panfletario.

 

Jaque al rey es un thriller político, esto es, una novela de suspense con esa temática. Apelando a todos los artificios del género, el libro atrapa desde la primera página al lector y no lo suelta ni siquiera después del punto final. Una vez inmerso de lleno en el preludio del drama terminal del castrismo, y acaso por primera vez con pleno conocimiento de causa sobre la situación actual en la Isla y su asombroso protagonismo geoestratégico en un futuro no muy lejano (más adelante veremos qué hay con eso), el lector queda sediento frente a un final abierto a la vida real: la inminencia del “jaque mate”, ineluctable por ser obra de la Muerte, desenlace que en cualquier momento lo sorprenderá en forma de breaking news. Su expectación crece con la lectura y se redobla después de ella hasta el sobresalto, suscitando en él la curiosidad insaciable del iniciado.

 

El leitmotiv de Jaque al rey es, nítidamente, el cabreo criollo, la homérica cólera del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez al enterarse la noche del 31 de julio por televisión, como cualquier hijo de vecina, del traspaso provisional de poderes. Hombre suspicaz, cujeado en los avatares de la cúpula castrista y orgulloso como para él solo, Ramiro se siente ninguneado: ni siquiera se le menciona en la Proclama. Su infalible olfato de sabueso fundador de la Seguridad del Estado le dice de entrada que la nota no fue redactada por amanuenses al servicio de su eterno rival: Raúl Castro.

 

Lo saca de quicio en particular el nombramiento del “Hermanísimo” como Comandante en Jefe, cargo histórico cuya reasignación a la muerte o invalidez total de Fidel debía ser previamente discutida, como se acordó, con él y sus homólogos Juan Almeida y Guillermo García, quien en esos momentos cruciales anda por Oriente. Ignoramos si los autores poseen algún informe confidencial o les ha llegado algún rumor sobre la conducta real de Ramiro y Almeida en tales circunstancias, pero cualquier cubano conocedor del temperamento y las agallas de ambos ex jefes guerrilleros estará de acuerdo en que el diálogo y la acción subsiguientes, si en efecto no ocurrieron así, están muy bien inventados:

 

-Negro, aquí hay una gran mariconá… Raúl está engañando a todo el mundo con ese cuento de que un Fidel que está muerto le traspasa el grado de Comandante en Jefe “con carácter provisional”, váyase a saber por qué carajo…

-O es que algunos generales han metido una gran cañona […]

-Sí, pero eso no es tan fácil conmigo… ni timbales… […] vamos para allá ahora mismo… […] y que se forme la cagazón… […]

-Pasa a recogerme, Ramirito… ahora mismo… porque aquí está pasando algo demasiado raro… […]

-Negro, lleva tu pistola… […] no vaya a ser que tengamos que empezar a fusilar a unos cuantos hijos de puta dentro de un rato…

 

Convencidos de la existencia de una conjura, ambos parten al instante rumbo a la sala G del Objeto 20 del CIMEQ (piso médico exclusivo para Fidel), dispuestos a jugarse el todo por el todo. Finalmente, la sangre no llega al río. Tras breves titubeos de los oficiales de guardia, que se debaten entre la orden estricta de no dejar pasar a nadie y la inmensa autoridad de los inesperados visitantes, pasan los anillos de protección y acceden al lecho del Comandante en Jefe, aún bajo los efectos de la narcosis. Está muy mal pero aún es de este mundo, que es lo que cuenta…

 

De inmediato, Ramiro y Almeida empiezan a mover sus hilos entre la alta nomenklatura del régimen y no tardan en poner en su sitio a los dirigentes civiles y generales de tres estrellas laxamente involucrados en el endeble complot, echando abajo en un par de tensas jornadas de presiones, intrigas y cabildeos la endeble trama urdida sin convicción por un Raúl vacilante. A la postre, el instinto de conservación y la providencial intervención del Magno Paciente, que sobrevive milagrosamente al quirófano, acaban imponiendo una entente cordiale entre ambos bandos en pugna.

 

Con todo, la tensión del relato no cede ni un ápice. Una de las líneas de acción secundarias esbozadas al principio gana ahora categoría de trama principal: ¡un trío de altos oficiales anónimos planea una acción contra alguien cuyo nombre no se menciona pero todo parece indicar que es Raúl Castro! ¿O tal vez contra el propio Ramiro Valdés, a quien no por ser el antihéroe de esta historia los autores le escatiman virtudes viriles? (Este tono respetuoso se mantiene a todo lo largo del texto.)

 

Yáñez y Benemelis no cierran esta línea de acción, que queda inconclusa. Tampoco deben ni pueden hacerlo. Habida cuenta de que la temeridad de elementos favorables a una transición directa a la democracia en algunos mandos de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) es, puede ser, un factor determinante en el desenlace pendiente del ajedrez insular. Estamos en presencia del “azar concurrente” (Lezama Lima), que entra en la docuficción de Jaque al rey de la mano de la cambiante, impredecible realidad. A decir verdad, aquí tampoco -se sabe a ciencia cierta- les faltan a los autores indicios concretos. Escuchemos a esos militares incógnitos:

 

-Los dos a la vez no puede ser… Raúl y Ramiro juntos no van a salvar a Cuba ni un carajo… y en cuanto se muera Fidel, se van a descojonar entre ellos… de todas maneras…[…]

-De los dos… ¿estamos seguros que ese es el que hay que joder…?

-Seguro… ese es el que no va a dejar que las cosas cambien…el que va a estar poniendo trabas…

 

Entrecortando hábilmente estas dos líneas de acción principales con tramas secundarias y con una bien dosificada ambientación histórica en forma de collages de facsímiles, fotos, datos biográficos, referencias intertextuales, anécdotas, discursos, testimonios, noticias y rumores de la vox populi, los autores consiguen que el relato cumpla el requisito fundamental del thriller: mantener el suspense hasta el punto final. A que el lector nunca se aburra contribuyen ágiles, chispeantes diálogos, a ratos salpicados de un humor castrense, de cadalso. El gracejo del habla callejera cubana y la jerga castrista alternan con la seca oralidad hemingwayana de los norteamericanos, el lenguaje sentencioso de los chinos, los pintorescos modismos de los venezolanos, el registro rioplatense de los argentinos, el español castizo de los peninsulares…

 

Collages y diálogos, combinados con una acertada caracterización de los personajes y la habilidad de los autores para, en apariencia, borrarse a sí mismos del relato, confieren al texto un sesgo teatral, dramático, que se refuerza con a menudo sorprendentes revelaciones acerca de los trajines conspirativos de La Habana en el extranjero: protagonismo de Fidel en el contragolpe de Hugo Chávez, cesión de tecnología nuclear soviética a Irán, y un largo etcétera.

 

La descarga documental, por tanto, nunca llega a fatigar al lector neófito en la temática cubana, que a través del excitante formato del thriller asimila de pasada toda una monografía de la historia de la Revolución Cubana. Por lo demás, en la medida en que posea de antemano esa copiosa información, igual el lector avisado puede prescindir de ella y leer tan sólo unas 60-80 páginas de diálogos y párrafos introductores, como si se tratara de una obra de teatro o un guión cinematográfico. Lectura que corta el aliento, por cierto.

 

Pero volvamos a las revelaciones. He aquí el dato más sensacional, el que sin lugar a dudas sitúa desde ya a la Cuba poscastrista como futura manzana de la discordia geoestratégica mundial y, de paso, subvertirá por completo el actual panorama político nacional: el Servicio Geológico de Estados Unidos estima que, calculadas por lo bajo, las reservas de hidrocarburos bajo las aguas profundas al norte de la Isla ascienden a un total de, agárrense, “9.8 trillones de pies cúbicos de gas natural y 4.6 mil millones de barriles de petróleo, que podrían llegar hasta 50 mil millones de barriles”. Lo cual, hablando en plata, representarían ingresos totales equivalentes a más de “4 billones de dólares”.  Vale aclarar que se trata de billones de doce ceros y trillones de dieciocho. Echen cuentas… Como para dejar patidifuso a Wall Street.

 

Así las cosas, a contrapelo de lo que hasta ahora se pensaba, aunque los pronósticos geológicos sólo se cumplieran en parte, es evidente que la centralidad de la Isla de Cuba, transmutada como por encanto en país de Jauja, será muchísimo mayor en la era poscastrista, que ya está al doblar de la esquina. Una vez más, como con el imprevisible factor Chávez, interviene en el errático acontecer de la Perla de las Antillas el azar concurrente, reordenando el caos y trizando sin piedad las bolas de cristal de tirios y troyanos al interior y alrededor de la “Isla de la siguaraya” que, como dice el refrán, es de corcho y nunca se hunde. Pero se corre el riesgo de que estas nuevas “vacas gordas” aplasten las ansias de libertad.     

 

De hecho, la rebatiña entre las grandes potencias ya ha comenzado, y el poderoso lobby petrolero en Washington, resuelto a no dejar el pastel en manos chinas o europeas, se apresura a aunar fuerzas con el de los comerciantes de la costa atlántica, ya presentes en el prometedor mercado insular, para forzar un levantamiento quasi incondicional del embargo tan pronto los sucesores de Fidel entreabran las puertas. No son malos augurios, al contrario, más aun con el Partido Demócrata en control del Congreso. Ahora bien, a la luz de este grandioso panorama bosquejado por los autores, tanto los bandos en pugna en el aparato estatal castrista como la oposición interna y el exilio político tendrán que volver a barajar las cartas, recolocarse de cara al futuro inmediato.

 

Ése es el metarrelato, el subtexto, la carta en la manga de Benemelis y Yánez, su manera sutil de interferir por vía intelectual en una trama oculta que dejan ex profeso inconclusa, a la espera de que la realidad histórica ponga los puntos sobre las íes o, en su defecto, de la próxima entrega que cierre la trilogía. De ahí el doble sentido de la advertencia en el subtítulo entre paréntesis, que parodiando a Fidel en la Proclama reza: “con carácter provisional”.

 

Los autores, como hemos dicho, se borran a sí mismos del relato textual, tampoco sacan conclusiones. Con un guiño cómplice, se limitan a descorrer el velo y dejar entrever, a un lado, las asechanzas de un castrismo que a todas luces difícilmente sobrevivirá a sus líderes históricos y, al otro, el grandioso porvenir de nuestra Isla. En fin, lo dicho, que Jaque al rey es un texto imprescindible, de obligada -y placentera- lectura que, al igual que Secreto de estado, no tardarán en pasarse de mano en mano hasta los jerarcas de la sucesión. No se lo pierda Usted tampoco.