Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba, Miami

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

Remesas: una irónica lamentación sobre la nada

 

Lamentablemente. Y diría muy lamentablemente. Las remesas provenientes desde los Estados Unidos de América hacia la República de Cuba con origen, principalmente, en la masa de cubanos que radicamos en este gran país fueron, son y serán hasta el límite de la existencia del “socialismo” o la “dictadura” castrense, UN ARMA DE NEGOCIACIÓN ENTRE AMBOS GOBIERNOS, que se han rotado en su aplicación según la rareza y turbulencia de las aguas, y en gran medida de la demagogia de turno que ha imperado en ambas orillas, pero principalmente en ésta. Y a este tenor súmenle otro “lamentable” a esa propia orilla que, en definitiva, soy yo y ustedes mismos.

 

Dudar sobre la efectividad y más aún, de la utilidad inmediata de las remesas en el desarrollo de varias naciones de ese mundo clasificado tercero en la lista de la existencial medida del desarrollo, es dudar de la propia existencia bíblica del calvario o del diezmo aportado a la subsistencia de, precisamente, una de esas naciones marcadas por el beneficio y la utilidad de las remesas: Israel.

 

Solo la razón del uso de dichas remesas se enmarca en el final de su destino y dominio para su libre disponibilidad o mayor aun, facilidad e incentivo de disponibilidad y nunca de gravamen sobre ella (las remesas). De ahí es el resultado de su utilidad. Solamente países de libertad básica hacen fruto a favor de sus ciudadanos; los otros, de corte dictatorial, hacen el mal sentido de su uso y con ello, de su resultado. Es decir, unos instan a otorgar facilidades y estímulos para crear riquezas en su uso, y otros lo usan para mitigar el efecto del fracaso de sus políticas económicas y de control humano con gravámenes de índole arbitrario, como lo es, sin duda alguna, lo que el gobierno hace en Cuba en contra de sus nativos y en venganza de sus exiliados o radicados en el exterior. Baste recordar que estos gravámenes recaen en cualquier remesa proveniente lo mismo de Miami que de México o Costa Rica, salvo si se envían en una denominación distinta al dólar estadounidense (USD).

 

Bajando de nuevo a esta habitada tierra, siempre rumbo al mar, hoy se habla (más que otra cosa se “analiza” o se pretende analizar) respecto a los “efectos” que pudieran derivarse de las restricciones aplicadas a los supuestos beneficios de estas remesas para un sector no deseado y proscrito en esas medidas. De ahí la sujeción a miembros del PCC, las FAR o el MININT cubanos que por la gracia de una infligida moral y de poder, fueron sacados de esa lista ya existente con anterioridad. Es innegable que una parte de esa membresía está compuesta por un grupo selecto de inmundos y desagradables seres que obran a toda máquina con el manto de impunidad que el mismo despótico sistema de gobierno les confiere, pero hay otros que, aun siendo parte de esa clasificación, son más dignos de lástima que de desprecio. En fin, dejemos eso a la naturaleza de la actuación humana.

 

Sin embargo, hay otros muy ladinos que, sin estar en esa clasificación, dan más asco comparativo que a la inmundicia humana y, sin embargo, no se “afectan” de los resultados de dicha “novísima” restricción; y más aún, son invitados o poseen visas; o mucho más aun, vienen y pasean por estas calles.

 

Este desatino que, con toda similitud a la intensidad del sonido y cuya reverberación de forma continua con un matiz dinámico de transición in crescendo se debió, por una parte a la imposibilidad real y efectiva sobre el control de dirección de esas personas aun en la época de envíos controlados (no más de $1,200.00 anuales divididos por trimestres); y por la otra y de mayor alcance fatal fue, indudablemente, como resultado de la legitimación  que el antiguo presidente de esta nación realizó, contrario a  toda razón lógica, moral, legal  y de efectos muy negativos, a favor de la cúpula gobernante de esa lastimada isla del Caribe que, para colofón de aberrante estipulado político carente de la más mínima base racional salvo aquella que emanó de la soberbia, el ego desmedido  y el capricho banal, decidió en la suerte de cubanos que hoy están a la orden de una falta de expectativa en su existencia, o de un destino indigno, en varios países de esta América nuestra, que se agravó cuando abolió los beneficios de la conocida norma migratoria de “pies secos-pies mojados”. Eso sí, y lo expongo bien claro y tajante, sin dejar de aceptar la barbarie de abusos que nosotros mismos realizamos muy a gusto de los medios publicitarios anticubanos que enarbolaron la gracia de los desventurados de otras naciones. Lamentable estupidez que aun recorre en los noticiarios. Que torpes hemos sido.

 

De nuevo caminando hacia el Sur terrenal, y referido a los “efectos” de esas restricciones, se mal aprecia un canto desafinado y cansón (no de sirenas) con un matiz de “último grito de la moda miamense”; y de nuevo me salta una pregunta de contenido muy simple: ¿Qué es lo nuevo? Y otra que aflora es ¿Dónde está la novedad en esas medidas restrictivas? Sin estar jugando con los datos estadísticos y de numerología también extendido a la cábala o, ¿por que no? a la letra del mes o del año, pero todos, porfío que todos, de muy dudosa correspondencia con la realidad, la respuesta se me hace mucho más simple aun: NADA. Así de simple: absolutamente NADA. Marcado con un despacho enviado que expone: “Sin novedad en el frente. Manden más que estamos ganando”. La retórica satírica es parte para un falaz pliego no coincidente con este.

 

Tales medidas existieron sobre los mismos supuestos beneficiarios “excluidos” (muchos de ellos exhiben fotos en Miami) y ahora otros son “empresarios” a favor del sistema que  realmente, sus beneficios “por debajo de la mesa” o “al descaro”, son muy superiores a cualquier envío de una remesa humanamente razonable para ayudar a un familiar o amigo; es más, hay algunos que envían de allá (Cuba) para acá (Miami).

 

Las remesas han surtido el efecto que el gobierno cubano ha querido. Han soportado las restricciones, adecuaciones, limitaciones  y SUSPENSIONES habidas y por haber. Cada uno de nosotros somos una fuente calculada de SUBSIDIO para nuestras familias. Y eso nada lo detendrá, salvo prohibición so pena legal de muy alto contenido y de control que, dudo, se pueda imponer por la mera razón de una falacia legislativa.

 

Los efectos de estas neo-restricciones de índole monetaria con un marcado agotamiento publicitario mayormente de neófita exposición, sin más recuento que plagiadas necesariamente o retomadas de medidas anteriores, las que lamentablemente fueron innecesariamente relajadas por el ex presidente Obama (gracias por lo de “ex”), tendrán el mismo efecto que cualquier otra medida tomada sobre el envío de dinero a un simple mortal cubano que radica en la isla.

 

La descomposición respecto a su control, hace dudosa su cabalidad normativa. Primero, quién y cómo controlar ese beneficiario “no deseado” (como mínimo se requiere que OFAC posea una lista de estos nefastos seres y además de tenerla lo más actualizada posible, señalar a sus remitentes lo fatídico de la violación de la supuesta neo medida, y siempre con el necesario personal de plantilla de buró que, entre otros aspectos, redunda en la base de índole presupuestario); y segundo, quién sabe cuál es el familiar o testaferro que recibe a cambio de nada o de algo (comisión) ese monto transferido. Como colofón, y por andamio de la suerte, son los mínimos respecto a su clasificación de beneficiarios proscritos.

 

Los “expertos” buscan soluciones o analizan sus efectos en cuanto a esta neo restricción. Ya habrá alguno que enarbolará una que otra “estadística” con el sustento conclusivo provisional de (…) ya se hace notoria la afectación de los ingresos al gobierno castro-comunista cubano originada en las remesas destinadas a los (…) y con ello a sus arcas que sostienen la represión (…).  Puro fatalismo al entretenimiento mediático y nada más (de nuevo verán la palabra “nada”). Son, en todo sentido, la minoría beneficiada. Con esto no hago una apología a la medida, sino a lo factible de su resultado. Como es lógico, es mejor que esté a que no exista, como sucedió en estos últimos ocho años de desagradable efluvio político.

 

Sin embargo, y para mi humilde entender y criterio, la respuesta se centra en cuál ha sido y aun es el real efecto que el gobierno de Cuba les otorga a esas remesas, y NO en sí el destino del beneficiario, restricto o no. Pues bien, sin alteración de índole alguna, el gobierno busca que solamente sean de consumo. Repito, de consumo. Nunca como fuente de generación de riquezas. Sin embargo, y es honrado admitirlo, se hicieron los ciegos y buscaron mayores colocaciones de dinero producto de las remesas en la llamadas “reformas” internas del sistema socialista, que en definitiva se centraron en una que otra actividad personal como restaurantes, cafeterías, peluquerías y una que otra salvedad reiterada en hostelería de viviendas destinadas al hospedaje o como bienes raíces con la connotada aparición de los “repatriados voluntarios”.

 

El resto de los envíos de racionalidad enmarcada en la ayuda familiar, se mantienen dentro del marco de las remesas de consumos ya no solo por su monto, sino porque estas se han movido, más fácilmente, en el mercado negro del diario hacer en Cuba por la subsistencia y, por último (algo más allá del final), en los mercados controlados por el mismo gobierno. De ahí que, por la suerte de cualquier deidad, las “maléficas arcas” castristas seguirán siendo las últimas que toquen el resultado de esas remesas, sean éstas con o sin restricciones.

 

Exponer que el gobierno aceptó, aunque  a regañadientes la existencia de los envíos “camuflados” dentro de una clasificación de “amistad” a distintas organizaciones internas  contrarias a determinadas políticas del gobierno cubano, estaríamos pensando que somos los reyes de las “conspiraciones” y no es así. Lo calcularon tan maléficamente que dieron lápiz hasta en los gastos de mantenimiento a los denominados “mercenarios del imperio”, que incluyeron viajes al extranjero y cambios radicales de su forma y nivel de vida. Ese dato afloró en un juicio celebrado en Matanzas en que el Fiscal, hablando más necedad que la común, lanzó esa forma de control, la cual opera en nuestro país.

 

Son reiterativos los enunciados de los miles de millones que se han remesado a Cuba. Sin embargo, la oscuridad al final del túnel es la misma, lo que ahora está acompañada de horas de llamadas telefónicas, equipos de telefonía celular, tiempo de Internet, y hasta carros que, en definitiva, son, en su inmensa mayoría, mantenidas a costo y contra  los salarios de los remesantes, incluyendo jubilados, deshabilitados y también los descarados mantenidos con las “ayudas” gubernamentales del “imperio”, aunque ahora se les está agotando (a estos últimos) la fuente de sustento.

 

No podemos dejar de puntear que esos envíos dinerarios, además de pagar impuestos (como debe ser), no son utilizados en el beneficio personal o familiar  de sus creadores,  como tampoco son incluidos en la rotación de consumo de este país. Pues salen, así de simple, como un efectivo gastado o empleado como su naturaleza lo registra: por concepto de remesas.

 

Por último, también es innegable que la libertad personal que esta gran nación garantiza, a pesar del desafío constante que en su contra se embiste por parte de los políticos de poca monta que amenazan el sistema, el libre uso del peculio propio luego de cumplidas las cargas que sobre él recaen (como ejemplo más claro los impuestos) o también sus restricciones, como lo es el caso que de forma sencilla nos ocupa.

 

En fin, quién discute que somos un arma de negociación de ambos gobiernos. Somos meros sujetos observadores de esa realidad imperante e inmutable con distintos tonos de colores. Somos una ficha de cambio que se cotiza en un mercado político dividido en dos. De una parte nosotros, libres y capaces de entender lo maligno del gobierno cubano; y de la otra ellos, familiares o amigos que viven gracias a nuestra libertad y que igualmente entienden y además sufren lo maligno del régimen.

 

Este paradigma es humanamente imposible de superar, máxime cuando incide con fuerza destructora en eso que se llama alma y que hace lacerar la memoria y el cuerpo de estos que aun sabemos que nos llaman exiliados (y que somos), a pesar de estar muy cerca de nuestra primera tierra, ya que la propia es esta en la que vivimos y le debemos eternas gracias.

 

No nos queda elemento de exculpación. Sabemos que “tumbar” el sistema castro-comunista tiene, indefectiblemente, un costo muy alto que, de una forma u otra, y en cualquier momento, se materializará. Ahí quedamos a la espera de desahogar un deseo insuperable sobre esa isla. Ese es aún el sabor de nuestro vino: amargo pero nuestro.

 

Buenos días y buena suerte.

 

P.D. En suma, de nuevo, y valga la fatal redundancia, nada nuevo y, en fin, de la nada nada sale, incluyendo la inspiración. Eso sí, en ambas orillas se han reunido por horas para este análisis concerniente al “efecto” de la “nada”.