Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

 

 

     

                                                 Dr. Pablo A. de Cuba

 

CUBA: PRÁCTICA CRÍTICA Y REFORMULACIÓN DEL SOCIALISMO SALVAJE

 

Pablo A. De Cuba PhD

 

Mera, simple y pura razón. Sin el más mínimo matiz de dogma se asoma una idea que se constituye en duda. Un simple razonamiento que excede el marco de una “critica a la razón pura” y se enloda en una ilógica actuación de 53 años de poder absoluto contra toda sensatez de existencia de un criterio contrario y, con ello, de tolerancia.

 

Sin entrar en un análisis posterior, o resultante de una media noche festiva, es notorio que la agotada y desgastada cúpula cubana busca ganar más tiempo natural en la existencia del actual “líder político supremo cubano” y anuncia una popular discusión a una reforma pretendidamente no sistémica, es decir, un socialismo castrista corregido y fundado en el desastre, y siempre sin caer en cualquier posición o conveniencia de aplicación del permanente sistema objeto de crítica: el capitalismo.

 

Si existe el capitalismo, el castro-socialismo cubano esta garantizado en su base político-filosófica. Los defensores de la cúpula cubana expresan de forma reiterada que la garantía de explicitación tramoyista del sistema se funda en la máxima de: “con capitalismo todo, sin socialismo nada”.

 

Para comenzar cualquier análisis del fenómeno cubano, hay que enfocar siempre la perspectiva de existencia y maniobra de conservación del poder, que la cúpula histórica cubana ha empleado durante todos estos años de castro-revolución socialista. Y es ahí, precisamente, donde se hace coincidente el uso de “expectativas” reiteradas en la “ratificación por la vía de la rectificación” del sistema, o sea, aplicar la “ventaja” del tiempo que crea la incertidumbre de los acontecimientos.

 

Lo político-económico expuesto hasta ahora por el gobierno cubano no es otra cosa que mirar “indefinidamente” hacia un futuro cuya base de logros ha sido el voluntarismo, con un contenido de falsedad y demagogia sin límites, que ha conducido sin mayor discusión a un fracaso tan notorio como su propia existencia material.

 

El jugar con el tiempo y los resultados de las expectativas ha sido una carta de esparcimiento insuperable del sistema cubano. Es de ahí la exposición constante del beneficio justificativo de su propio fracaso. Por ello, la constante del reiterado bloqueo norteamericano, los eternos resultantes de los estragos naturales, la desaparición del campo socialista, y luego, para mejorar el beneficio, las especulaciones sobre muerte, cáncer, enfermedades, alcoholismo y un sin número de bajas y absurdas fundamentaciones, al final del túnel sale la cara real del implacable tiempo, y es simplemente que con el partido comunista con ambos Castro agotados y aferrados en su único logro: un rotundo fracaso de socialismo a lo  fidelista en una hermosa isla caribeña, pretenden exponer un nuevo “programa de corrección del sistema cubano con los mismos malos pilotos al mando”.

 

Es así que se rompe un supuesto “misterio” mediático y aflora una propuesta mas allá de la ratificación de situaciones deplorables donde reprimir es normal, y luego agota toda idea de comunicación racional de ideas opuestas (no definimos oposición o disidencia) y expulsa de su propia tierra a sus propios presos, realmente ridículo, pero muy cierto, el gobierno cubano limpia su camino y proyecta un congreso del único y excluyente partido legalmente existente en Cuba: el Partido Comunista de Cuba.

 

Con total desprecio y desenfrenada soberbia, el gobierno político de forma presuntuosa busca una sincronización de sus actos con una complicidad popular en el ya medido fracaso de su política, y para ello lanza un “convocatoria” popular para que el vulgo, agotado de lo mismo y sin perspectiva de nada, se haga cómplice de su naufragada política.

 

Con falta de toda gracia, el poder político cubano pretende democratizar su fracaso, y lleva a discusión un “proyecto de lineamientos para un programa partidista”, dentro de una población desalentada en su propia existencia. Amén a favor de las conversiones de las cavernas.

 

Ya no queda apenas casi nada para la pobreza, y ahora con un tapiz tendido en el aire de fructífera estafa de gobierno, y aborta una realidad única: más del propio fracaso socialista, pero ahora en una carrera desenfrenada de supuestas libertades laborales de micro empresarios que van a competir con la ya asegurada cúpula nepotista.

 

Lo cierto es que si ya en Cuba existía un feroz capitalismo controlado y excluyente a favor de un domo de poder, ahora se tiende sin medida a la jungla de un pueblo que solo tiene cada día más pobreza y más desilusión que ganas de oír un discurso aberrante de un gobernante sin escrúpulos, sobre una apología de una pesadilla caribeña, que ahora más que roja se mezcla con el oro negro foráneo.

 

El capitalismo salvaje cubano reza en aflorar extensivamente en la isla, en una misa nacional en la Plaza de la Revolución, ante la falta de un Wall Street lleno de banqueros autorizados a robar, y donde a cambio juegan y especulan desenfrenados políticos hipócritas de sus propios cantos, que aturden a cualquier público.

 

La gran estafa cubana, y la pena de tres generaciones, ahora se va a institucionalizar en virtud de un acuerdo en la restaurada “Lonja del Comercio” habanera, que asimilará, supuestamente, los criterios de los “cederistas” y “sindicaleros” cubanos sobre el futuro de la isla.

 

Buscar un pretendido desprendimiento de poder en las actuales posiciones de reformas a medias emprendidas por el poder político cubano es una carrera en bicicleta estática que no lleva a ninguna parte o destino, pero ahora con la definitiva complicidad de culpa del pueblo en caso de errores.

 

En suma, lo que nuevamente busca la justificación de la cúpula cubana se repite y toma la frase de que “el partido no se equivoca”, según reza un proverbio tenebroso justificativo de lo peor de una ideología que salio de verbo oscuro de un ya defenestrado y oportunista ideólogo comunista cubano, que sonó “duro” en los pasillos del poder cubano. Su nombre: Carlos Aldana.

 

El primer indicio es pensar que debemos reformular un análisis sobre la real plutocracia cubana que descansa, en su esencia, en el poder político, que a su vez es absolutista dentro del poder económico. En esencia, la real plutocracia cubana actual descansa en la riqueza de su propio control del poder, tanto político como económico.

Lo anterior, es ab initio, la formula conducente a controlar de forma unipersonal todo lo que se pretenda alrededor del poder estatal y, con ello, se forme un holding empresarial o fáctico que, tras financiar al propio partido de poder, sostenga, a la vez,  todos los medios de comunicación entre el gobierno y los gobernados.

Cualquier desprendimiento o descentralización económica gira, de forma pública o secreta, al establecimiento de un centro discrecional de consulta política, que obligue a realizar un clientelismo político, y donde, en la mayoría de las veces, se establece mediante una legislación favoritista.

Con una arritmia estatal única de este proceso cubano se produce un parto denominado “Proyecto de Lineamientos del PCC”. Otro más, y de forma genérica desprende supuestas directrices que luego derivan en orientación, que en el fondo son imposiciones.

 

El reiterado cansancio que generó el embate del gobierno cubano al neoliberalismo sobre una base de ataque directo a los mecanismos de redistribución de la riqueza que catapulta las diferencias sociales y la polarización de la sociedad, al parecer, baja su intensidad, máxime cuando ya no existe justificación en tratar de ocultar que la exigua riqueza cubana esta en manos de una muy reducida élite muy comprometida, y también, ¿por qué no?, chantajeada, a la que se le hará fácil competir y controlar a los nuevos empresarios cubanos.

 

¿Que pretende hacer ahora el gobierno cubano? La meta de esta ofensiva con matiz de apertura inoperante es clara: ante el descontrol de un ineficiente Estado y de un agotado gobierno sin liderazgo, lo que queda obtener como meta es concentrar todavía más la riqueza en manos de unos pocos. Lo que fuera antaño el principal obstáculo de los pilares de la revolución dentro de un supuesto eficiente de los Servicios Públicos,  así como los verdaderos pilares del Estado del Bienestar cubano,  han desaparecido.

Una simple visión de la actualidad cubana refrenda el intento de exponer un “programa” que pretende arreglar algo que ya es imposible recuperar e, inclusive, cumplir otros compromisos pendientes de varios años atrás.

Tanto la exposición de “motivos” de programas políticos anteriores como este, descarta la eficiencia capitalista y defiende la existencia única del socialismo como único representante capaz de un equilibrio entre una riqueza de grupo inexistente y una pobreza generalizada. La realidad imperante recae sobre esta última.

La colección de estos programas reitera la defensa a ultranza del desarrollo de un Estado que no sólo garantiza a toda la ciudadanía educación, jubilación, desempleo, sino también la protección social más básica radicada en salud, la justicia y la seguridad, todo desarrollado con una productividad fundada en una “conciencia” al margen del mercado, anteponiendo criterios sociales (acceso universal y trato igualitario) a la obtención de beneficios corporativos o personales, sin excluir a nadie de su utilización o consumo (racional planificado), y mucho menos por su capacidad económica (discriminación o acceso a niveles de precio o bienestar).

Creer que el gobierno está desesperado es casi un absurdo. El poder sabe hasta donde llega su control, y con eso es capaz de maniobrar a pesar de varios imprevistos que la actual crisis les ha llevado a entender, pero no aceptar, una oposición política y una incipiente protesta popular en sectores diversos de la vida cotidiana de los cubanos.

El desprendimiento estatal de algunos controles sobre el empleo y la libre iniciativa económica no conlleva al otorgamiento de libertades fuera de las disposiciones del Estado totalitario.

El poder político cubano sabe que una mejoría de “un poco de más” es suficiente para aguantar igualmente “otro poco más”. Igualmente, el gobierno sabe y domina la formula de mantener en condiciones casi precarias los niveles de vida de la población, para así mantener más absoluta su dependencia al Estado y, con ello, su control.

Una apertura dentro de un supuesto socialismo “modernizado” busca una utilidad que ahora ya no se limita a la redistribución social de la riqueza: también dificulta la concentración de poder en la medida en que, al garantizar universalmente las necesidades básicas de los ciudadanos, les permite involucrarse activamente en la vida política y articular alternativas a los planteamientos de las élites económicas.

Desfrenado desacierto nos propone este proyecto. Comencemos el análisis general diciendo que propone un “quinquenio” para la solución de los problemas actuales de nuestra hermosa isla. La pregunta es inspirada sobre la duda… ¿donde esta la solución de otros cinco quinquenios anteriores de incapacidad y torpeza?

La “inspiración” del proyecto de lineamientos aborta en su exposición de motivos, con sendas ridículas citas de los “hermanos lideres” que supuestamente justifican la dinámica del único y excluyente partido político cubano, es decir, el partido comunista, en la que se busca justificar la permanente capacidad de someter y sostener cambios en su trayectoria de liderazgo, cosa esta que salta en su falacia al ser, precisamente, el comunismo cubano, el más inmovilista fundamento dialéctico de grupo.

Pretender buscar un saldo de responsabilidad por parte de tan inmaculado y puro partido de turno cubano es imposible en el sentido amplio del concepto. La demacrada inteligencia partidista cubana es incapaz de reconocer, aun al mínimo, su responsabilidad en el deterioro y defenestración de una nación y sus pobladores durante medio siglo. Responsabilidad que inútilmente pretenden desaparecer.

El proyecto de programa que, reiteramos, busca la complicidad popular en el previsible fracaso político del gobierno, establece como principio insuperable que la

política económica y social en la nueva etapa se corresponderá con el principio de que solo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las conquistas de la Revolución, y que en la actualización del modelo económico, primará la planificación y no el mercado”.

Confirmando asimismo que

 

en la política económica que se propone está presente que el socialismo es igualdad de derechos e igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, no igualitarismo. El trabajo es a la vez un derecho y un deber, motivo de realización personal para cada ciudadano, y deberá ser remunerado conforme a su cantidad y calidad”.

 

No obstante el reiterado fracaso que ratifica el pecado de la “soberbia” del gobierno, atribuye a la planificación socialista un papel preponderante y el control del Estado sobre la economía a cualquier nivel (salvo el propio de la cúpula y sus protegidos), y la coloca  la “vía principal para la dirección de la economía nacional”, y busca “una variante poco ortodoxa”, aludiendo que igualmente “deberá transformarse en sus aspectos metodológicos y organizativos, para dar cabida a las nuevas formas de gestión y de dirección de la economía nacional”.

 

La planificación, como es lógico, será la vía de “control” que el Estado revolucionario cubano utilizará para manejar todos los sectores de la economía, incluyendo el incipiente sector privado.

 

Igualmente, ratifica sobre lo mojado de la inoperancia, que la “empresa estatal socialista es la forma principal en la economía nacional”. No deja lugar a dudas de lo confinado permanentemente del error. Todos sabemos que, hasta esta misma hora en que redacto, ninguna estructuración o reforma de una empresa estatal, aun descentralizada, es digna de reconocimiento. Una empresa estatal, si acaso, compite con la ineficiencia propia del Estado, incluyendo el capitalista. Amén del socialismo planificado en una organización económica. ¿Dónde está la empresa?

 

Para sellar esta primera parte del trabajo, el programa expone lo inverosímil de un absurdo pero ya consuetudo del socialismo, el de “regular políticamente” el tráfico financiero y mercantil, y desde ahora impone que los “instrumentos de giro” serán los que Estado disponga para su utilización. Por favor, despidamos sin duelo el entierro de la eficiencia y la inteligencia humana de siglos.

 

Abran paso a una nueva reformulación de una economía socialista hacia las cumbres luminosas del fracaso.

 

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PD: No hay necesidad de una misa por no estar incluida en el plan.

 

(continuará)