Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

Perversidad y estupidez manifiesta

 

Seriamos marcadamente ingenuos si pensáramos que las facilidades y resultados de este éxodo convertido ahora en una primera etapa de crisis no se han estado preparando desde hace un tiempo, anterior al inicio de la oscura y de escondrijo origen puesta en escena emprendida, y por demás fallida. entre los actuales gobierno de Estados Unido y Cuba.

 

El gobierno cubano no pasó a ser parte efectiva de este juego diplomático con una actuación de bona fide (buena fe). Pensar en eso sería de una ingenuidad superior a una película de Disney. La cúpula actuante desde 1959 ya poseía preconcebida una jugada de  inestable formulación contraria a esa buena fe, pero oculta bajo el ramo de olivo que enarboló como signo de buenaventura en la relación, propiciando un papel estelar en la trama a las víctimas predilectas que ha usado siempre en estos menesteres frente al ahora “amigo del norte”: el pueblo.

 

De nuevo la antipática situación de la “crisis migratoria” en razón de una desordenada y tumultuosa fuga de seres humanos de esa bendita isla con un maldito gobierno. Sin embargo, no olvidemos que, precisamente, esa figura de la “crisis” es el lábaro de las soluciones mediocres del sistema castrista.

 

El gobierno cubano, como un cuasi perfecto depredador de sueños,  conoce que no posee una oposición política efectiva, interna o externa. Ha podido vencer sin escrúpulo alguno la hipocresía de su propia existencia, y sorteado cuanto panorama oscuro se ha ceñido sobre la isla. Este panorama, unido el libre descarrío de su sistema económico, el cual lo utiliza a su libre y despampanante antojo, ha sido un caldo de cultivo feroz para someter a una población, privada de todo tópico básico de comparación externa de existencia humana, a un  descarriado derrotero contra su causante y por demás “enemigo ejecutor de los males”: el imperialismo yanqui.

 

Ahora esos mismos gobernantes ya no pueden alegar la existencia de las desgracias de un “pueblo oprimido” a causa del culpable eterno de sus desgracias. Es sencillo de observar,  ahora son simplemente “amigos”. Pero, ahí viene la dicotomía razonada, ya que todavía quedan “los rezagos” del pasado que arrastran un daño irreversible causado al pueblo cubano por la actuación anterior del ahora “amigo” de norte.

 

El escudo que el gobierno cubano siempre ha utilizado, el cual es derivado del perfecto diagrama de la creación frente a los “norteamericanos”, ha sido y es, dentro de todo el ambiente desestabilizador y chantajista que los Castro utilizan en su enfermiza vida política,  sus mismos habitantes, que aun a estas alturas siguen  desposeídos hasta de la libertad de escoger su propio destino.

 

Ambos gobiernos, hoy más que nunca, se reúnen con mayor frecuencia que un matrimonio mal llevado y regido por una curia regis (concilio real o del rey) en razón de un consuetudo adulteriun (acostumbrado a ser un adúltero) sin reclamo de digno aposento,  del cual deben ya acumulados muchos daños y fallidos desbastares humanos. Ambos reunidos tratan de todo menos de lo que necesita esa nación: prosperidad y libertad por la simple culpa actuante de una sola de las partes: la del gobierno cubano.

 

Una planificación mediocre anterior sería más que suficiente para argumentar que, en buena lid diplomática, y en pos de una política exterior al menos mínimamente coherente con los principios de esta nación, se debe suspender todo acercamiento que pretenda incidir en la ampliación de las relaciones con Cuba por la razón de una supuesta, pero falaz, “crisis ajena” al actual gobierno cubano en territorio centroamericano.

 

En suma, si no puedes lograr lo que en exceso pides en tus absurdas y demagógicas demandas, y por ende se asoma una oleada de éxodo descontrolado, se suspenden las negociaciones de todo tipo. Así, se evita el chantaje predilecto de esa parte antillana que lamentablemente se veía venir, y se siguió dando más de capitulación que de exigencias efectivas de reformas reales.

 

Una simple mirada a los principios básicos de las relaciones entre entes soberanos descarta cualquier coincidencia con el plagio de actores como es el caso cubano. Ya el actual gobierno castrense sabe, a plena conciencia, que no puede ceder más en sus pretendidas reformas respecto a libertades sociales, económicas y políticas de los cubanos. De ahí que cualquier supuesto de exculpación sería una tabla en un mar revuelto, creado por sus propios actores a causa de una sola razón: un país sin futuro y un pueblo que no cree en su gobierno. El resto es una tonada disonante.

 

Para actuar en una conspiración de buena tinta, al menos más creíble que la actual farsa, se debía justificar el  desencanto y la traición como dos cosas que han de ser inmediatas a su inicio y no una como resultante de la otra. Por ello, queda al descubierto que estamos ante una dudosa ingenuidad, pero pretendida falsedad política, sujeta a una aberrante exculpación de la capacidad de gobernabilidad y sistémica de fracasado poder cubano, que no busca, y menos aún pretende, desmontar un supuesto fatalismo jurídico que, como colofón de canción desafinada, es el sustento de su escape de presión social. En fin, los Castro no quieren, ni por asomo, que la ya controvertida, criticada, envidiada y por demás clasificada como “asesina” Ley de Ajuste Cubano y sus alrededores legales desaparezcan de la arena de sus beneficios.

 

Toda la publicidad de derogación de norma jurídica de beneficio migratorio es pura fachada de mala tramoya titiritera, encabezada por factores de este caluroso y hermoso Miami.

 

El resultante de lo que ahora acontece era de esperar, pero con otra tónica fallidamente atemperada al momento: amenaza y ejecución de un éxodo masivo.

 

La descongestión social (no nasal), es necesaria para buscar mayor presión en los “regalos” navideños provenientes del norte. El cálculo es fácil. Si no obtengo algo por esta vía de la “hipócrita diplomacia de las 90 millas”, solo me resta una manera de aumentar el monto en cuanto al envío de remesas, y así disminuyo el déficit de lo cedido en esta capitulación. Eso, planteado a lo escolarmente primario, es aumentando los activos que generan el flujo de capital. Es decir, más gente que llegue a EEUU, más dinero que se remesa y, por ende, la crisis es rentable en ambos sentidos. Lógico que para estos desbastadores espíritus lucíferos humanos del mal, no hay medida que antepongan a su “generador de crisis”, así sea la vida humana.

 

A lo anterior debemos agregar la escalada de subordinación, ya de forma reiterada, de la por demás conocida e inmaculada mediocridad de varios actores del bufo radicados en la izquierda política y de siempre sediciosa participación de esta zona geográfica del centro y sur de América. Bien sabida por su gestadas diferencias mentales, aflora en países cuya forma de expandir sus sociedades es bajo la instauración practica de administraciones de gobierno corruptas, y por demás inoperante dentro de esa misma casta de izquierda estéril, vestida color rojo sin brillo, y con fétido perfume que en uno de ellos se acrecienta con pedófilo actuar.

 

Así, se suma de un brinco abortado de la baja sombra la ya conocida, empedernida y etílica dirección del gobierno de Nicaragua. Ahora, en un alegato de aberrante consideración, cierra sus fronteras cumpliendo los edictos de su patrón castrense y castrista, alegando asuntos de “seguridad nacional”. Como agregado de ridículo argumento, llegaron a criticar la Ley de Ajuste teniendo como sustento de la crisis. Ya está listo el inicio del descontrol de la “crisis”.

 

Manteniendo un símil de ejercicio, pero más reservado, El Salvador, a pesar de estar carcomido por el pandillerismo galopante e inseguridad humana que campea por sus calles, ofrece su territorio de paso, pero con igual desacierto arremete en contra de la Ley de Ajuste Cubano sin conocer, al menos, su base de origen. Por lo visto, un manual de “Farabundo a la Mara” está muy bien estudiado.

 

Vaya clase de defensores de esos principios de servidumbre política y delincuencia autorizada que se han levantado a favor de sus anteriores patrones. Por suerte, los cubanos víctimas de esta crisis necesitan muy poco de estos agraciados personajes del cinismo revolucionario del Socialismo del Siglo XXI con tonadas de naco-estado. En ambos casos,  solo  resta saber el precio de esta infeliz colaboración, sin contar el grado de envidia que los sacude, no obstante Nicaragua haya tenido, en su momento, su NACARA.

 

La hipocondría histórica de una conquista hace más de cinco siglos, que apenas nos deja una sola lengua idónea para comunicarnos, pero incapaz para entendernos, agregándole semejanzas culturales que solo han cubierto, lamentablemente,  páginas encuadernadas y verbos expositivos en conferencias de un mencionado “orgullo hispano” que, al final de tiempos de existencia, nos deja al descubierto en un campo de desavenencias de manifiesto actuar. Nada nos une; solo eso, el lenguaje.

 

Penosamente, este panorama de sucesos repetidos con matices y colores diferentes en épocas distintas y por disímiles actores solo nos muestra una realidad hasta ahora insuperable, y es aquella que a los latinoamericanos nos pueden reunir, pero nunca unir. No hay escapatoria ni lamento al sabor de esa pena de “esta América nuestra”.

 

A sabiendas de oscuridad fallida, no debemos dejar de observar de adentro hacia afuera de esta “manchega llanura” el actuar personal, dentro de la cabeza y centro de poder, la iglesia católica cubana (…) ¿donde estás, llamado Monseñor, y no precisamente de los pobres? ¿Que ocurre en su garganta bastante fallida pero que reposa en tu bien cómoda vida, y no por la gracia de Dios y menos aún por el bien del prójimo?

 

Por el silencio ante lo absurdo de su postura, es fácil de determinar su complicidad de hipocresía como persona, a pesar de su sardónica y permanente sonrisa de fallido carisma popular. Por lo menos debe susurrar algo para que su conciencia sea la de un cubano como aquellos que son víctimas en esta crisis y que muchos cuelgan una cruz de cualquier simple material en su pecho, sin contar las estampitas de santos venerados, guiados por una siempre glamorosa “Cachita” de Cuba.

 

Mirar hacia afuera. También sabemos del silencio de los orates parlantes de esta acera del Versailles que no han cejado en su empeño de viajar a dialogar “por una unión” que saben que es imposible entre dos orillas que se aman, pero que es notorio que detestan a un mismo gobierno. Solo el desplazamiento contenido del miedo de las ratas inmundas los puede sacudir, a pesar de sus pretendidas figuras de personas de bien dentro de esta comunidad. A ellos el signo bíblico de “hipócritas” les queda apretado (para evitar designaciones más acorde con sus cerebros).

 

Eso sí, caballeros de la buena copa y guayaberas costosas de inmerecido color blanco, que ofenden la tradición pura de sus ancestros, reunámonos con cancilleres, representantes, cónsules y embajadores, y respetemos el privilegio de hacer públicas sus actuaciones, y de que hablen cuantas excretas quieran, a conciencia de que sus mentiras son de un buen bufo nauseabundo de carácter institucional, con basamento en el chantaje, la envidia y el miedo. Por Dios, señores, mejor hagan silencio y no escupan afrentosas soluciones políticas parados sobre cabezas humanas.

 

En lo absoluto es el falso entender que los reyes disfrutan el logro de las guerras y los príncipes solo las pasiones turbulentas que los encierran; pero a las políticas con valores humanos, la mera gracia del silencio oculta la desvergüenza o la impunidad de las mentiras de quienes enarbolan sus medallas, pero no otorgan soluciones reales y diversas. Por ello, alcemos un brindis a nombre de Costa Rica.

 

La realidad es una sola y se llama crisis migratoria, sin importar, en lo absoluto, el apellido, sea de política, humanitaria, económica u otra de la bendita conceptualizada gracia expedita de una misma y repetitiva retórica conceptual humana. Esto es una crisis que hay que controlar, a sabiendas de que no se va a eliminar.

 

Es imposible eliminar un mal si aún queda su raíz, y ese es el apotegma insuperable del gobierno cubano con su letal estancamiento.

 

Ecuador colocará sin dudas el requisito de visas, y la tendencia de la vía por otros países y la marítima seguirán como hasta la fecha. El lamento está en las causas de esa isla y no en la crisis misma de sus habitantes. Es un perfecto estallido humano entre causa y el efecto de sus respectivas existencias. Ahora se producirá tanto desde afuera como desde dentro de esa isla que cada segundo es un polvorín más cercano al estallido.

 

Suspender la prerrogativa de viajar sin visas al Ecuador u otro país colocará a un grupo de cubanos en un estado de indefensión y desilusión que descargaran por otra vía de escape aún más riesgosa, y ya no importa su costo. Debemos esperar uno que otro estallido de ira.

 

Ya el pueblo cubano sabe que no existirá ningún cambio que encauce sus vidas de forma acelerada a un mínimo nivel de estancia digna. Han medido la realidad que los circunda y los actos del gobierno, que se mantiene a pesar de los tintes de más y más encuentros, viajes diplomáticos, firmas de inútiles acuerdos y letreros de embajadas. Para todo cubano, y en especial los jóvenes que despuntan en la integración de la migración,  suponen que buscan oportunidades mínimas y simples que ahora no tienen y dudan que las tengan.

 

Esa masa sabe que posee desventajas que casi nunca saben explicar. Lo que si poseen a flor de piel son ciertas chispas de espiritualidad, contenidas en esa materia que están aguardando a que se puedan elevar, y saben que cada uno de ellos son los únicos capaces de hacerlo. Pruebas más que superada que la academia florentina, es el reprobando de hechos que desde 1959 hasta ahora son una realidad que, de vez en cuando, le decimos crisis por razón de la cuantía o del momento, pero nunca de sus causas.

 

Basta de justificar nuestra propia ignorancia o desvirtuada ceguera a ex-profeso y por miedo de un fenómeno de incapacidad gubernamental, como lo es en esa hermosa isla la existencia de un gobierno que ya no sabe con qué más maltratar a sus súbditos que expulsándolos de su propia tierra. Esto excede el marco del simple odio a la tierra.

 

Así de claro. Podemos entrar en un control de la crisis con soluciones diversas, pero no vamos a conducir nada efectivo para eliminarla. Sabemos conscientemente que ésta es el resultado de un sistema de fracaso gubernamental constante, con reflejo directo en el sector de la supervivencia y desilusión humana. Si queremos reflexionar sobre esta duda, podemos leer la letra de “Pueblo Blanco” o escucharla con ánimo de inconformismo en la voz de Serrat.

 

Antes de la gracia fatal de la tan aclamada Ley de Ajuste Cubano (admirada con odio por los que no la disfrutan), ya en esta gran nación miles de cubanos decían el qué hacer en el día  a día del sufrir por la fatalidad de una revolución cuyo verbo por excelencia era el de expropiar y calumniar. Doloroso decir, pero también matar.

 

Así desatado, como dice el profesor Eugenio Yánez: El irreversible daño antropológico del castrismo a los cubanos no lo para nadie.

 

La perversidad y estupidez manifiesta de un gobierno es la base de un mea culpa que quieren imponer a una masa joven de pueblo que huye, no escapa de una adversidad histórica ya incapaz de controlar por lo ineluctable de insensatez canallesca actuante en esa cúpula gobernante.

 

Lástima de ese, mi pueblo, que por demás no posee una tierra enferma, pero si pisoteada a toda intención de daño, por un gobierno incapaz de ver su propia esencia devastadora de generaciones y cercenadora de esperanzas. Ese es el castrismo cubano sin más ni menos. Asco de historia se seguirá escribiendo sobre su maléfica existencia.

 

No existe designio de ninguna índole que inspire a vivir al hombre en el menosprecio y desinterés de su propio gobierno. Argumentar en contrario sería entrar en una densa y delirante neo-filosofía agotada, para tratar de justificar un fiasco. Los pueblos nunca tienen culpa de la hipocresía de sus gobernantes.

 

Nada, ahí de nuevo nosotros, los cubanos.