Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

Obama, Raúl CASTRO y el Papa saltando el Rubicón: ALLEA JACTA EST

 

Un mal gobierno devenido en dictadura, pero con la gracia de estar legitimado ante un determinado, pero no único, Dios, y políticos y dignatarios, pero del reconocimiento al insulto humano, a pesar de poseer la  bendición de los hombres. Eso es mi país ahora.

 

Cuando el gran Cesar decidió cruzar la frontera que marcaba el río Rubicón con sus legiones armadas, estaba plenamente consciente del riesgo que corría el desechar su gloria, no obstante las victorias versus los Galos. Perder esa gloria no legitimaba su posición de líder, pero  la simple razón de violar dicha obligación de previo desarme en las márgenes de dicho río antes de entrar a la jurisdicción previa a una Roma intramuros de entonces (salvo la guardia Pretoriana), establecía correr una suerte so pena de establecer casus belli (causa de guerra civil) como así fue. Sin embargo, con la razón puesta en superar y despejar para bien a favor de los romanos una traición como la de Pompeyo y sus extemporáneos optimates, sin temor ni dudas, y mirando a sus Generales, dijo: “Allea jacta est”.

 

Esa frase, correspondiendo a nuestro español generalizado, desde el vulgo hasta el más culto, y muchas veces de forma consciente o no en su uso, en la traducción de esta locución ha recorrido el mundo: “la suerte está echada”.

 

Y así, a pesar de un Rubicón distante a esa isla dentro de un Caribe hermoso, sin muros salvo el de sus azules e inigualables aguas, ha quedado legitimada, sin temor al error rogado y consciente, como siempre he expuesto en mis anteriores escritos o entrevistas, la dictadura cubana sustentada.

 

Se ha legitimado por golpes de empeño y no de gracia, un ilegítimo y mal gobierno, que ahora campea sobre su desastre por obra y gracia de dos poderes, pero uno de ellos con un culto muy distante a lo menos pedido de la “dignidad plena de los hombres”.

 

Gobiernos han entendido supuestos acuerdos para los cuales el cubano no ha tenido cabida. Esto ha sido pacto entre gobiernos con la gracia papal, pero sin pueblo. Mayor prueba que este éxodo desesperado a cuentagotas no supera la razón o el análisis de lo infeliz de estos podios y cocteles.

 

Rezar o rogar por la desesperanza, los enfermos, presos o marginados está muy bien y se agradece en multitudes que así lo aspiran e inspiran, pero eso no inculca el cambio de un gobierno que se ha ejercido, entre otros parámetros de violencia humana, contrario a esa misma fe, por no decir a todas. A un gobierno que postula que “la religión es el opio de los pueblos”, aun sin conocer su verdadero alcance.

 

Una fe sin libertad de ejercicio es una utopía de autosatisfacción banal. Eso abunda y el papado lo sabe, pero lo mantiene a plena discreción intramuros.

 

Un mal gobierno actúa con absoluta mala fe en su política legislativa y así, entre otros  agravios,  pone en imprenta reconocimientos de libertadas mutadas y derechos que luego obstaculiza o impide su real y efectivo ejercicio. Eso es parte de la hipocresía del gobierno cubano, buscando luces donde la oscuridad prima, y que, no obstante esa carencia de luz, esos poderes lo han legitimado como válido dentro de los opacos y obsoletos conceptos del ejercicio soberano, en este caso despótico, del poder.

 

Por tercera vez un papa pisa suelo cubano. Tres ocasiones de abundante criterio filosófico y doctrinal que llenaron las esperanzas y expectativas de una nación con alma, pero vacía de sentido para sus existenciales súbditos que hoy, al asomar un alba más después de salir de sus tierras el Sumo Pontífice de Iglesia de Romana, todavía vigilan cuál sería el resultado de su existencia en la próxima hora de su tiempo terrenal, a sabiendas que van a estar vivos pero sin paz. Esa paz no la tienen por sentado en su diario y cansado andar, y no hay Vicario u Obispo de esa antigua y por demás exquisita capital italiana, o Jefe de Estado foráneo, que la entregue. Solo ellos, es decir, nosotros, podemos al menos intentar logarla.

 

En plena travesía aérea sobre estos “Mare Nostrum”, es posible que el Sumo Pontífice de la Iglesia católica tome la lectura de la obra del mismo nombre de Blasco Ibáñez (aunque hubiera sido mejor Una nación secuestrada, del mismo autor)  para reposar el tiempo de vuelo y con ello su estancia más cerca de “ÉL”. Dentro de ese mismo valioso tiempo,  por otra parte, en suelo de la ciudad capital de Washington DC, en una Casa Blanca muy distante de la exquisitez de una Capilla Sixtina, ya se deja sentado de forma pública y sin misterios clericales, lo que el Presidente de los Estados Unidos de América ha entronizado, o intentado entronizar a pesar de cualesquiera de los pesares y  a puras capas y espadas, la legitimación del actual Gobierno de la República de Cuba bajo la egida absoluta y excluyente de los Castro.

 

El sustento de esa mala égida,  sin que medie cambio o adecuación bajo ningún concepto, fue la que generó las causales que hicieron de ese gobierno la base de una nación enemiga y desafiante de este “imperio”, y desató, a nivel global, una guerra fría que ahora de nuevo se asoma en los discursos del jefe de Estado legitimado.

 

No es posible olvidarnos cuál era el enemigo que nos inculcaron (con o sin fe) y  contra el cual había que luchar en cualquier parte de esta Tierra. Esa filosofía e ideología que inspira el totalitarismo cubano no ha sido  modificada en su naturaleza de ejercicio. Subyace con inerte expresión y aflora en la publicidad gubernamental de un socialismo insuperable para su existencia.

 

Sin lugar a dudas de lo intransigente del sistema cubano, ratificado está por parte del gobernante de facto cubano cuando expuso que el socialismo es la única vía para ellos. Entiéndase que “ellos” no son la cúpula de control cubano, sino el pueblo, que es el final catador del fracaso de su propio gobierno. Sin dejar dudas al efecto, en su discurso ante Naciones Unidas dejó sentado que el concepto universal de los Derechos Humanos no es el de su gobierno, y se anotó como sumo cabildero de la “guerra fría” (que para nada estaba ausente en su discurso), que no cederán un ápice de ese principio.

 

A veces pensar es la forma de que otros subnormales no te dejen existir preguntando sobre su propia estupidez fundada en la ignorancia. El Papa, sea quien sea en la jerarquía eclesiástica es, per se, un Jefe de Estado con todos los atributos de tal investidura y, por ende,  así actúa. Su enfoque comunicativo de pastor no lo descarta como político con un título fundado en una religión, pero que aunque no es electo por los hombres posee el encargo de una fe.  Lo contrario sería negar lo probado en la historia de ese Estado que se llama  “El Vaticano”.

 

Dentro de ese casi minúsculo territorio que ocupa la Santa Sede, a la par de existir  templos e iglesias, también habita un Banco. Al respecto es menester no señalar que existía otro banco, bastante antiguo, fundado en 1896, y que desapareció en 1982 de forma no muy católica por escándalos de fraude y de lavado de dinero: se trata del conocido Banco Ambrosiano, muy vinculado a Banca Cattolica del Veneto y a varios altos prelados de la iglesia católica, y que igual se empañó con una que otra “rara” muerte o suicidio. El Vaticano también posee una muy eficiente Secretaria de Estado y, por ende, servicios de inteligencia y seguridad. En suma, un Estado con todas las de la ley y sus respectivas inmunidades, de las que hay que recordar, registradas en la historia, que también poseyó ejércitos armados, y no precisamente a la razón libre de la fe. No más recordemos que al Vaticano se le conoce popularmente con la frase de un Estado dentro de otro Estado.

 

Las gestiones siguen, y es insuperable e igualmente lamentable y lastimoso negociar con otros que no sean los Castro en el poder. Pero también es discutible la maliciosa exclusión de otros grupos humanos que habitan en esa tierra nuestra y que, por el simple hecho de no estar conformes con ese mal gobierno, además de impedir, a su oposición pacífica se  les niega el más mínimo reconocimiento, y los emisarios de estos intereses de Estado respecto a Cuba los tratan extraoficialmente, a las sombras de otros templos que no son ni de fe ni de ejercicio político. Lo oficioso implica legitimación al no reconocimiento.

De esta singular forma de relación se deja claramente al desnudo una población cubana  sin derechos,  a la saga y a expensas de resultados en lo que no intervienen sus criterios o intereses. No hay lugar a dudas de que se ha establecido de forma singular y absurda esta legitimación que no abraca todos los contextos de un sistema socio político y económico, y disfraza la oposición al gobierno con un mercenarismo a ultranza, absurdo en su contenido y falaz en su estructura.

 

Si buscamos un mercenarismo político basado en la oposición, desde nuestro Apóstol hasta el marcado Fidel Castro, y con ello parte de nuestra historia independentista, han sido mercenarios por el mero hecho de buscar soporte financiero fuera de las fronteras enmarcadas en las costas cubanas. Lógico que ahora los antiguos delincuentes políticos erigidos desde hace más de medio siglo en auto-lideres con poder soberano, aleguen que esa ayuda nunca fue emanada de un Estado o Gobierno extranjero. La naturaleza y el resultado superan dicha ficción, ya que acá no se discute quién paga o de dónde sale el dinero sino, lo que mantiene la efectividad del soporte para el logro político. Se sabe que hasta la delincuencia y violencia han sido válidas para un objetivo político.

 

El improperio de absurdo diplomático por parte del gobierno cubano sigue en nombre de  un pueblo que apenas ve lo que ocurre, pero que sabe y está consiente de que no posee nada de expectativas de mejora en sus vidas, salvo aquellos que gozan del privilegio del siempre llamado “ilegitimo emigrante”, y que desde hace un tiempo es más amigo que nunca. Un gobierno que te despreció de forma inhumana y salvaje ahora pretende rectificar una condición de ilota inaceptable. Ahora todos son mariposas y no gusanos, y de colofón, son tan absurdos que hablan de doble ciudadanía. Es decir, admiten que son tan bárbaros que desaparecen una condición humana como es la irrestricta libertad de regresar a la tierra que te vio nacer. Realmente aborrecible.

 

El discurso de Raúl Castro ante Naciones Unidas fue un recuento del no sé qué del mundo. Muy al estilo de la época de los desastres ajenos al socialismo y la culpa del sistema capitalista mundial, que camina “hacia el abismo y el basurero de la historia”. Y con ello, incendiario de la “guerra fría”, la desestabilización y los movimientos de “liberación nacional”, devenidos en actuales delincuentes terroristas.

 

Por su parte todo está bien, y no hay que dejar un “paso” al capitalismo, sea de donde sea  su origen, salvo aquel que ellos practican personalmente. Como es lógico, no faltó la referencia a  la “solidaridad”,  ahora no antiimperialista, con gobiernos de desmerecida consideración por déspotas y corruptos, como los de una Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia y Nicaragua. Habló hasta de Las Malvinas y los pingüinos verdes del polo sur. Ahora el distinguido “eje” de la discordia, es fuente de inspiración para palabras exaltadas en podios de organizaciones internacionales que cada día son más burocráticos e inútiles.

 

El gobierno cubano siempre es más de lo mismo. Repite y repite el mal gusto de su existencia. No tiene nada nuevo que ofertar que no sean cortinas de humo. Ahora, con la sumada letanía discordante de cantos de sirenas prostitutas y de infecundo ejercicio con despreciable resultado que se mueven en ambas orillas del estrecho floridano. Precisamente donde dos orillas no están para nada más cercanas, salvo en lo concerniente al encanto de pisar la más norteña. Demostrando está este éxodo por parcelas, que a diario desembocan en estas arenas del sur de la Florida, pero queda el lamento de los que no llegan o repatrían por otro acuerdo de inhumana y nefasta vocación política de otra administración norteamericana.

 

Varios de los gobernantes de turno de esta gran nación, posteriores al año 1961, siempre han temido a los movimientos de Fidel Castro, y varios de ellos han pagado muy caro lo inescrupuloso de sus nefastos acuerdos. Al perecer, y por desgracia, tenemos una administración que camina en esa dirección, con o son la bendición de alguien en los cielos u otra parte fuera de este mundo imperfecto, natural pero terrenal.

 

Piden trillones de indemnización para su mal gobierno, pero con causa en las acciones de esta nación. Aburre de nuevo la Base Naval de Guantánamo y la constante rabiosa del “asesino bloqueo y la ley de ajuste”. Ahora, como colofón del petitorio, la obligación al  cierre de un café puertorriqueño de autonomía e independencia a lo Lolita Lebrón. ¿Que es esto? ¿Alguien conoce esta estúpida panorámica del mal del mundo y de la virginidad impoluta del gobierno cubano?

 

Pienso como posible que la visita del Santo Padre está vinculada a descifrar este misterio de virginidad y de víctima política.

 

El gobierno sabe, en toda su extensión conceptual y práctica,  y por ello está plenamente consciente, de que la isla de Cuba es pobre y disfuncional gracias a su demeritoria y degradante gestión gubernamental, y que, como tal, la nación cubana no posee  capacidad ninguna de  recomposición económica sin la previa e insuperable restauración a los cubanos de sus libertades y el ejercicio pleno de sus derechos, entre ellos los económicos. Lo contrario es mantener, como les conviene, el estado de servidumbre política que actualmente existe en dicha tierra que, por demás, es y será la mía.

 

¿Qué esperar de un gobierno que tiene a sus nativos en estado de servidumbre y como ciudadanos de tercera categoría?

 

El cubano del día a día es el único capaz de generar riquezas y a su vez disfrutarlas, pero está totalmente cercenado por sus propios gobernantes. Son objeto constante de manipulación e intimidación por parte de una autoridad desmedida y actuante absurdamente.

 

Desgraciadamente, la mayoría de la población cubana no entra en la comparación evaluativa de su estado de existencia,  aunque está consciente de la existencia de dicho estado.

 

Muy pocas veces tomamos conciencia que el actual gobierno cubano ha malgastado,  hasta casi agotar, los recursos y las potencialidades económicas del país, incluyendo los subsidios, con total depauperación de las capacidades y las relaciones humanas dentro de cualquier proceso productivo ineficaz, y con ello, de resultado negativo. El cubano posee paciencia vinculada a la esperanza de mejorar de forma autónoma, pero sabe que estas medidas de poca monta son insuficientes para una economía de índices por debajo del negativo, e insuficiente para soportar las exigencias mínimas de  una población. Además, temen que se modifiquen para su mayor deterioro, como ya ha ocurrido anteriormente.

 

El foráneo sabe y ha experimentado en parte dichos índices productivos y de eficiencia. Ya manejan la falta de un mercado que garantice el consumo tanto en lo interno como en la capacidad de generar excedentes de calidad exportable. Para qué hablar de la falta de garantías jurídicas en la vida cotidiana, tanto económica como social.

 

Es difícil pero ingente que veamos con claridad, a pesar de las cortinas de humo que tiende el gobierno tanto interna como externamente,  los enormes desafíos que demanda nuestra nación frente un futuro inmediato pero incierto. El reto es, precisamente, contra el miedo. Nuestros problemas son muy complejos y no debemos subestimar actuaciones que debiliten nuestras potencialidades, que son las únicas capaces de situarnos y vincularnos a un mundo cada vez más competitivo e interdependiente. Cualquier división o fracción es de resultados demoledores, y fuera de toda cordura ejemplarizante y de sensatez en el avance hacia nuestro propio progreso, Esto es razón de acción humana y no un secreto conducente a fórmulas elaboradas en laboratorio ideológico.

 

Ya pesan en demasía el retraso en medio siglo de esta existencia equivocada en la creencia  de un modelo demostradamente inviable y disfuncional, y el gobierno no quiere reconocerlos, porque goza del privilegio de su propio desastre.

 

Somos integrantes de una nación que no busca aplausos a la bazofia de escenario ultrajado para tan distinguidos dignatarios que comparten ser parte del insulto a lo humano y la legitimación de lo degradante.

 

Por destino, lo concebido no todo es gloria de la creación, pero la suerte de cualquier deidad ha conducido a lo único  real de esta mise de escene, y es que el pueblo cubano no cree en su gobierno. Reconoce que es un singular hipócrita y, por demás, inepto.

 

Somos un pequeño pueblo legitimado por la honra. Tenemos el don de ser creadores de riquezas donde quiera que tocamos la libertad. Idolatramos a nuestros dioses y también nuestras deidades, e igualmente les tememos. Para muchos, en especial los más jóvenes, la incredulidad laica y el ateísmo los hace irreflexivos a una fe de la cual dudan sea capaz de resolver sus propios conflictos generacionales. Sin embargo, coexistimos amables, y nuestra fe es sencilla como debe ser la de todos, que es creer en algo.

 

Nuestra raza es la cubana. Tenemos de Congo, también de Carabalí y de Gallego, no importa la parte de España de donde provenga nuestro ancestro, incluyendo al “isleño”, y así conservamos el relicario de la raza mestiza como el “mulateo” criollo de ambos sexos. Creemos en algo hermoso, místico y de contagio masivo, que se expande como nuestra risa y el alto tono de nuestras voces. Por ese don somos soneros y pregoneros.

 

Nos sentimos desbordados de orgullo con nuestra basílica en el Cobre oriental, donde habita nuestra única, insuperable y esplendorosa Virgen de la Caridad, patrona nuestra: la “Cacha”. Brincamos también con el toque estremecedor de santo en esa Regla habanera bañada por ese “Mare Nostrum” de pura casta caribeña y cursado por un desafiante San Lázaro que se esquina a una Sinagoga de reliquias sefarditas. ¿Y qué decir de nuestras Catedrales, que hacen brotar la envidia a la vista más exquisita y soberbia de la crítica? Nuestro sincretismo presenta credenciales de mezcla clara de sabiduría africana. En fin, ¿para qué describir lo más hermoso que ojos humanos hayan visto? Por eso exigimos apreciarlo en paz y libres. Somos los únicos legitimados para hacerlo, y no ningún tipo de gobierno.

 

Eso es lo único que le pedimos a esos dignatarios, su empeño. Que nos ayuden a estas simples cosas y que nos reconozcan como lo que somos: un pueblo que ocupa un escalafón dentro del género humano y no una estadística política. Lo demás, lo hacemos nosotros. Porque simplemente podemos.

 

Amén por lo creador humano y por el origen de lo divino. Sí, ahora nuestra suerte está echada y podemos cruzar nuestro Cauto, armados con absoluta dignidad. Aprovechémosla y sepamos ponerla de nuestra parte.

 

Recordemos que lo único viejo que pasa es el cansancio, y no lo estamos.

 

Pido poco ¿verdad? Gracias de nuevo por leerme.