Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

LO EXTEMPORÁNEO DE UN EUFEMISMO. TRES  ELEMENTOS

 

LISTA  O  LISTADO

 

Realmente la falta de iniciativa oportuna es contraria al éxito. No solo en la vida diaria o en los negocios es nefasta, sino  también en los intereses políticos de las naciones.

 

Fácil es entender que Estados Unidos ha soportado, y por demás permitido de forma legítima, la existencia del gobierno de los Castro por todos estos años. Ello, sin la necesidad de usar fuerza militar ni algo semejante. La parvedad de una zona de conflicto nunca será parte de la política exterior de este país, que se acrecentó luego de la hegemonía de la Segunda Guerra Mundial, y muy a pesar de los desaciertos de la guerra de Vietnam.

 

La existencia de una zona de conflicto implica para el poder de una nación la manera más eficaz de demostrar su hegemonía por el simple hecho de su control en razón de la supremacía de su poder. Desde la organización tribal hasta la fronteriza estadual, este ha sido el principio  de control territorial de este mundo; no basta poseer el control de las zonas de influencia.

 

Lo que ahora ofrece más tema de especulación dentro de este maremoto de sucesos relacionados con la toma de decisiones respecto al restablecimiento de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos de América, es aquel que intenta describir, más allá de la simple apertura de Embajadas, el “suceso de las relaciones comerciales”, visto esto desde las remesas hasta las inversiones y los tan nombrados “accesos crediticios”.

 

Sin embargo, lo que más asoma al criterio errado es la supuesta “mejoría” de la situación interna de la demacrada economía cubana. Para eso falta un largo y tortuoso camino bien alejado del ámbito meramente musical.

 

Lo más simple de ver ahora es la exclusión de la República de Cuba de la “lista de países patrocinadores del terrorismo”. Esta exclusión está muy lejos de implicar, necesariamente, la flexibilización de la normativa referida a las prohibiciones contempladas en la ley de comercio con el enemigo, o más conocida como ley del embargo, y surte un efecto más de “transparencia psicológica” de apreciación para la aplicación de las normas referidas al extremo del terrorismo en el ambiente bancario y financiero, que de efecto positivo. Las mencionadas normativas de prohibición son, precisamente, las que más afectan las relaciones financieras de Cuba hoy en día.

 

Ahora bien, si en los inicios de la década de los noventa, en plena crisis cubana, los Estados Unidos de América, de forma unilateral, adoptan las medidas de hoy propuestas y asumen mayor voluntad política de abrir el camino de Cuba hacia la normalización de relaciones, incluyendo las comerciales, y se hace algo útil por la vía divulgativa real y efectiva, a Fidel Alejandro Castro Ruz no le quedaba más argumento que desplegar todo la fuerza de la mentira política, o quedarse abierto a ver su fin. No en vano expuso, de forma reiterada en varias de sus ya agotadoras y repetitiva comparecencias, que (…) el fin de la revolución cubana  no sería la desaparición del campo socialista (…) seria por causas internas (…).

 

Por mucho que se reprimiera, a pesar de que el gobierno de Cuba nunca ha tenido escrúpulo de ninguna índole para aplicar todo nivel de represión, tanto mental como física, a todo aquel que pretenda criticar el estado de servidumbre impuesto, hubiera sido insostenible para el régimen depender de la buena voluntad del gobierno estadounidense de coadyuvar a sobrepasar el efecto de la desaparición del subsidio socialista y dejar a flor de piel el absoluto fracaso del socialismo mundial.

 

La desaparición del campo socialista, unida a la toma de decisión expuesta anteriormente por parte del gobierno norteamericano, hubiera sido el detonante de la desaparición del sistema cubano actual. El costo político y social hubiera sido alto, pero ya a estas alturas remediable, máxime cuando el costo económico ya estaba materializado en la crisis más fuerte que el pueblo cubano ha soportado en la historia del socialismo castrista.

 

Sacarlo de una lista no releva el listado de los fracasos del régimen. El desarrollo del fundamentalismo ideológico y doctrinal del socialismo es cuestión de mantener una constancia en la desestabilización social y económica de cualquier nación, para enfocar su fracaso en causales externas a su responsabilidad sistémica.

 

En aquel entonces de la crisis, no hubiera sido todo cuestión de tiempo, como lo es ahora.

 

 

LEGITIMACIÓN A PRIORI

(antes de toda deducción, antes de todo análisis, antes de examinar el asunto del que se trata)

 

De forma directa y simple vale exponer que las mismas causas que determinaron que la República de Cuba, como es lógico representada por su actual gobierno, fuera excluida de las seis (6) cumbres de Las Américas, anteriores están aún, a esta fecha, absolutamente intactas y sin vestigio de cambio.

 

Estas causas nada tienen que ver con la ley de comercio con el enemigo (embargo) o con la lista de países que auspician el terrorismo, menos aun con las deudas del gobierno cubano por el mal empleo de fondos obtenidos en calidad de préstamos; ni tampoco tiene que ver con el fracaso del socialismo cubano.

 

Solo son vinculantes en lo concerniente a que el gobierno cubano es un actor contrario al buen gobierno, con un marcado carácter totalitario y antidemocrático en el ejercicio de su poder. Así de sencillo es el fondo contentivo de esas causales. Lo demás del caos como sistema es público y notorio, y no requiere más referencia, so pena de alevoso pleonasmo.

 

La base mínima aplicable a estas causales de exclusión, pero que en teoría ha de ser insuperable bajo las condiciones actuales, es aquella que determina que el gobierno de Cuba actúa al margen de un Estado de Derecho que garantice el ejercicio democrático y de las libertades de sus súbditos. Es decir, el goce de sus derechos civiles, políticos y económicos dentro del  marco de la condición humana.

 

La vigencia de estas causales no pueden ser modificadas o interpretadas a capricho de las naciones, dado que son exigencias de pura normativa internacional de derecho imperativo, las cuales sirven de resguardo necesario a los elementos fundamentales de conducta y existencia humana, dentro de un marco de aceptación armonizada entre las naciones de corte civilizado, sobre los basamentos y fundamentos de gobernabilidad conducentes a garantizar el disfrute, sin cortapisas, de las libertades que solamente conciernen al género humano.

 

Ir contra esta simple fundamentación de garantía de buen gobierno, es actuar fuera del límite de tolerancia entre las naciones y con ello, colocarse en un eslabón más debajo de la aceptación de cualquier foro que pretenda ser mínimamente democrático de origen y ejercicio.

 

Por tal razón expuesta al mínimo de su contenido, podemos argüir, sin temor al error, que el actual gobierno cubano no cubre dichas exigencias y, en tal condición, la ejecución de sus actos de poder carecen de  total legitimidad en el ejercicio de sus funciones de buen régimen, actuando de forma inversa a la racionalidad minúscula de toda buena gobernabilidad a favor de sus súbditos, según los propios cánones actuales que invocan este extremo del buen gobierno democrático y sustancialmente representativo, a favor del ejercicio libre y soberano del voto popular. Esto, como es lógico, ni implica que posea la condición de generador de leyes propias y se ubique en otros foros que no posean este tipo de exigencia para su reconocimiento de parte, como es, por citar un solo ejemplo, la Organización de Naciones Unidas.

 

Todo gobierno actúa a favor y para su pueblo y nunca en sentido inverso. En el caso del gobierno cubano, dicha actuación es típicamente antípoda.

 

Lo anterior trae implícito que, según las condiciones actuales en las que ejerce el gobierno cubano su poder, hace de este, per se, un ente ilegitimo, fuera de todo contexto a las exigencias de representación de buen soberano ante estos conclaves del continente americano. En suma, es un gobierno que no puede  gozar de la prerrogativa excluyente como estado soberano de estar representado en estas Cumbres de Las Américas.

 

Esta argumentación básica hace insuperable la continuidad de exclusión del gobierno cubano de dicho foro, salvo que supere esta exigencia de gobernabilidad con bases democráticas para hacer elegible su silla en el plenario. Es decir, que actué conforme a esas exigencias, y no es el caso.

 

Sin embargo, y contra toda aceptación de rigor, la posición del gobierno norteamericano actual ha hecho de este impedimento un vacío en su pretensión, y ha llevado al gobierno cubano a una legitimación contraria  a las exacciones del mandato del propio foro.

 

Es indudable que el oportunismo político del actual gobierno norteamericano ha desprendido un precedente de actuación para la región muy a gusto a las tramas políticas de las que estamos acostumbrados a ver en esta América nuestra.

 

La estrategia del gobierno norteamericano de utilizar al gobierno cubano como escudo contra los ataques del sentimiento antinorteamericano de muchas de las naciones asistentes a la Cumbre, y a su vez de canal de apaciguamiento de estas, dio sus resultados.

 

No seamos infértiles pensantes y veamos con toda claridad de actuación, muy intencionada, que el liderazgo del gobierno cubano fue el catalizador de la introducción menos dolorosa de Estados Unidos de América en la esfera de actuación de esta nueva América Latina y el Caribe con marcados olores de un socialismo tipo Siglo XXI, que hay de sacar del juego antes de que el conflicto sea más purgado y con ello digerible. A esto, agreguémosle una rapiña necesaria de una Rusia y una China con hambres de influencia a toda costa en estos territorios.

 

El gobierno de Cuba así lo ha aceptado y con ello, a cambio de mucho, ha quedado legitimado para participar en este foro “a pesar de los pesares”, y de ahí que sus instituciones oficiales, abortadas de forma penosa en esta visita, han hecho un “triunfo” de lo maligno de su participación.

 

Claro está que, para ellos, la llamada “sociedad civil cubana legitima” solo es aquella que queda como títere de un Guiñol de muy poco talento, reflejado en un pendón poco creativo y por demás repetitivo en su contenido, que por demás eructó un racismo de incontrolable desprecio como lo expresó el insulto hacia Fariñas de “tenías que ser negro”. O del estúpido argumento del abono personal del viaje y viáticos a Panamá de una supuesta psicóloga fuera de tratamiento. Y qué decir de violentos actos realizados por degenerados de concursos de abusadores. Que nivel de sub-mentalidad tan grande ha expuesto esta excreta social representativa del tal gobierno. Tal para cual.

 

La sumatoria de estas despreciables “turbas de respuestas rápidas” es que, además de que actúan de forma cobarde, son un canallesco y desaforado inepto reflejo de sus propios gobernantes, sin que les preocupe que sean colocados en la clasificación de “dificultosos seres que dan más penas que asco”. Sabemos que serán “estimulados” y “premiados” por dicha actuación.

 

La síntesis de exposición solo nos deja asimilar que lo realmente histórico de esta Cumbre ha sido la inescrupulosa legitimación del gobierno cubano para actuar en estos eventos, a pesar de estar muy lejos de cualquier expectativa de ser integrante, en una escala mínima, de buen gobierno, y lo doloroso que es ejercerlo contra tan exquisita nación. Lo demás es argumentar en exceso. El apéndice de su fracaso en esta Cumbre, al igual que las otras,  no es necesario exponerlo.

 

La legitima representación del actual gobierno cubano, hasta esta fecha, es el de una dictadura contraria a cualquier libertad humana por simple que esta sea.

 

No en vano Fidel Castro no ha podido afeitarse la barba ante el incumplimiento de su compromiso de quitársela cuando se cumpla darle al pueblo un “buen gobierno”. (Fidel La Historia No Contada EEUU 2001 Documental DVDRip XviD Bravo Films/ You Tube).

 

Qué pena de gobierno y de gobernantes A priori de cualquier otra cosa. No obstante, seguiremos esperando nuevos acontecimientos con la esperanza de que, al menos, sean algo útil.

 

P.D. De la inseminación no es necesario hablar.

 

 

EL NACIMIENTO DE UN NUEVO FATALISMO.

COINCIDENCIA ENTRE LA GLORIA Y LA COMEDIA

 

La falta de un pensamiento unificado (no quiere decir único) nacido para servir como base, sea tanto para una contingencia como para un programa político, que como tal lleve implícito y haga a su vez concordante la idea de dar solución por parte de los entes políticos organizados (aun sin ser reconocidos legalmente) tanto dentro como fuera del país, ha hecho factible la repetición de una situación histórica que hacen que este momento, en la búsqueda de relaciones negociadas, haya sectores exponentes que queden fuera de participación y, con ello, de todo contexto.

 

Con toda extensión literaria y realidad histórica, el Profesor Gastón Baquero desmembró a golpe de tinta un suceso que, lástima de fatalismo histórico, ahora se repite, y es el concerniente a la decisión de la entrada del Ejercito Libertador mambí a Santiago de Cuba, luego de la intervención norteamericana para finiquitar la guerra cubano-española.

 

En aquel entonces, para los norteamericanos estaba claro que no querían, bajo ninguna posibilidad real o fundamento, volver a vivir la misma situación que su Guerra de Secesión les había traído, así como sus conflictos anexos. La simple observación de la integración racial del Ejército Libertador cubano (negros y mulatos en su mayoría) y su composición de status jurídico personal (ex esclavos y libertos), fue lo determinante para tomar tan atroz acuerdo. Baste recordar la imposibilidad de que el General Calixto García entrara con sus huestes victoriosas a la plaza santiaguera, a pesar de haber custodiado el desembarco de las tropas norteamericanas para tal pacto de cese de hostilidades.

 

Así, en el discursar dentro de nuestra historia notamos que la riqueza del pensamiento político cubano autónomo siempre ha sido, hasta la fecha, objeto de represión por parte de los gobiernos de turno que en esa isla caribeña han depositado sus potestades.

 

Desde nuestro apóstol José Martí en la colonia española; los ilustres idearios independentistas también previos a la república; la propuesta de consolidaciones de partidos independientes;  los actos de alzamiento, incluyendo la traición castro-comunista, hasta cualquiera de los últimos golpeados en esta cumbre de Panamá, se ha materializado en un escaso entendimiento por ignorancia  de la mayoría popular.

 

De colonia a neocolonia, de tiempo rebelde a cónclave político del comunismo, y por último y peor, la existencia de dos orillas desde 1959, ha sido ejemplo que en ambas posiciones hemos quedado a la espera de que otros decidan. Ahí está el cáncer que nos ha matado en nuestros ideales, y que ahora nos desdeña ante una opinión pública foránea totalmente ajena a nuestra relación histórica.

 

La extemporaneidad de la independencia nacional y la democracia siempre han hecho de la República de Cuba un doloroso calvario en su autonomía nacional. Desde colonización hasta intervención y, para peor suerte, lo acaecido y su proceso evolutivo desde 1959.

 

Para los inicios de la primera República, negociaron España y Estados Unidos, y no así nuestro Ejército Libertador. Hoy, negocia el gobierno cubano de los Castro y nuevamente el de los Estados Unidos, sin la participación de más ningún pensamiento político, salvo el expresado por organizaciones cubanas, sin que exceda el marco de ser oídos. Hasta ahí nada más. Reitero, ser oídos.

 

Si es válido ser oídos, no implica necesariamente un reconocimiento o legitimación de un pensamiento organizado de oposición política. No confundamos una relación de escuchar criterios a que con ello implique un compromiso político.

 

Si en Cuba por más de 50 años los cubanos hemos esperado saber qué piensa el gobierno de los Castro para actuar, en esta orilla hemos estado pendientes a las soluciones del pensamiento político norteamericano que, en lo absoluto, implica una consideración hacia nosotros como grupo foráneo en la toma de decisiones de interés de Estado y Gobierno para su política exterior, por muy fuerte que seamos como grupo político y económico.

 

Sobrado es el reconocimiento que este exilio ha tenido, tiene y tendrá por parte de los gobiernos norteamericanos de turno, sean estos de fundamento demócrata o republicano.

 

De nuevo, pero en épocas distintas, vemos un símil de situaciones adversas a la autonomía e idearios libertarios autóctonos del pueblo cubano. No hace ninguna falta que otra bandera ondee, sea en el Morro Habanero o en la Torre de la Libertad miamense: ya la cubana juega libre con el viento en ambas plazas.

 

Sin embargo, ha quedado legitimado un gobierno actuante fuera de todo contexto democrático y libertario, como lo es el cubano, por parte de un gobierno de naturaleza totalmente contraria a la de su homólogo cubano, como lo es el norteamericano.

 

De nuevo, las huestes de un ideario propio independiente que ahora se reencuentran en estas dos orillas, fueron oídas por una sola parte de este juego político muy poco soberano, a pesar de su intención de ser oído en su orilla natal.

 

En suma,  que todavía estamos en la comedia y no en la gloria según la historia. Por ello, ahora, más que nunca, existe la necesidad de exponer un pensamiento unificado que impida que nos dejen a los límites de la toma de decisiones.

 

¿Será esto posible? Veremos, pero por ahora no se vislumbra.