Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

La insana idolatría de la perversa fe en el fracaso

 

“En materia de gobierno todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar”.

Sir Francis Bacon

 

Un gobierno ya esterilizado en su propia esencia y con ánimo despótico de mantenerse en el ejercicio del poder, constituye la antesala de la forma más directa de establecer la brutalidad contra sus gobernados. Esto es, precisamente, lo más lamentable de la ostensión del ejercicio perverso de la desmedida autoridad gobernante.

 

Este desatino de ejercicio soberano supera, como tal, la entonces  impune actuación de las pasiones turbulentas de los príncipes que no logran saciar la sed de retractación del institucionalismo impropio de las ahora dictaduras. El totalitarismo se condiciona auto evidentemente como prueba de la vigencia mezquina del actuar del hombre en el poder y el modelo cubano, no escapar de tan feroz designio.

 

Si lo anterior se asemeja al actuar del gobierno cubano, no es pura semejanza. Se hace con toda intención expositiva de denuncia.

 

La premeditada malévola legislación sancionada por el propio “parlamento” cubano, se ha convertido en el verdugo de la única masa capaz de producir riquezas, es decir, la ley mata la iniciativa productiva y el espíritu individualista del hombre en el emprendimiento empresarial lo convierte en un crimen.

 

Desde la depauperada industria productiva; los servicios de insuficiente alcance y manipulados en sus objetivos ciudadanos por la política oficial del gobierno hasta el olvidado, maltrecho y estafado campesino cubano, hacen del panorama económico cubano un territorio difícil de recuperar de la real quiebra, máxime cuando las estructuras de gobierno están establecidas para controlar el mero criterio productivo hasta de las empresas estatales.

 

Volver la hoja de dicho horizonte implica, per se, cambiar su órgano generador y a su vez rector de gobierno, y esa, hasta hoy, no es la intención de la máxima dirección ideológica del gobernante partido cubano.

 

Esta situación de crisis es profunda y no es un mero asunto de “perfeccionamiento del modelo”, ya que aquellos que formularon y establecieron dicha sistémica son los mismos que pretenden adecuar su ya retrógrado sistema de poder.

 

La máxima orden colegiada en forma y no contenido del estatismo cubano sabe, a plena conciencia, que la revolución es la materia prima de la implosión dentro de sí misma. Su naturaleza autóctona ha dejado de ser creíble para una nación que no tiene horizontes capaces de impulsar sus nuevas generaciones.

 

El espectáculo del éxodo será, lamentablemente, el resultado de todos los factores de fracaso que se han acumulado durante más de media centuria. No escapan de su tierra, sino de su propio gobierno que solo les infunde una desilusión que empaña su futuro. Penoso pero real panorama cuya causa es, como siempre ha ocurrido en la historia, el mal gobierno.

 

El embrujo de la trama cubana siempre se desarrolla dentro de un aburrido juego de reiterada falacia sobre una sistémica que atiborra de escasa calidad de vida, y que ha conducido a la nación cubana, de forma permanente y con ello irreversible, al estado de opacidad.

 

La forma de gobierno no ha cambiado en lo absoluto. Ha sido solo consecuente con su estropeada ideología de intereses puramente personales y mezquinos. Solamente genera crisis tras crisis. Justificación tras justificación. Y al final de todo, el mismo resultado adverso de existencia que se materializa en el empeoramiento de la condición de vida en la población.

 

Ya en Cuba se adolece de todo y en todos los sectores. Entiéndase el alcance de la crisis que, sin necesidad de mayor argumento, ha destronado los llamados pilares de la revolución cubana, tales como salud, educación y asistencia social. Nada escapa de las dificultades, excepto la cúpula gobernante, que no tiene nada que perder, incluyendo su agotado prestigio.

 

Ya nadie hace caso a los popularmente nombrados y conocidos “camaleones”, que a cualquier costo la cúpula los mueve de una cartera a otra, pero siempre por debajo de los salones de los sultanes. En el caso cubano, solo son dos que no hace falta nombrar.

 

El arma por excelencia utilizada en este juego son las campañas del grupo de poder. Quieren imponer, con pretendidos discursos de alerta situacional o de emergencia nacional, la ajena aceptación popular como parte de un cinismo totalmente demagógico de parte del gobierno actuante.

 

Ellos saben a toda conciencia que estas campañas no poseen intrínsecamente soluciones, sino que solamente son el centro de inconsecuentes trámites de absurda y torpe solución, y que ahora imponen, so pena de represión política de quienes ya no soportan tal indigna e innecesaria carga. En suma, son medidas contra el propio pueblo. A ellos no le afectan.

 

El gobierno actúa a sabiendas de que vuelve a entrar en una nueva ronda de un espiral descendente tanto para el sector económico como el social, pero que, sin dudas, cobra tiempo a favor del mantenimiento político de su desgastado y parasitario sistema de gobierno autocrático.

 

Sin embargo, lo que más les preocupa no es reprimir, sino cómo controlar a los reprimidos, máxime cuando el represor es parte de los sufrientes y puede cambiar su  cínica lealtad. Eso es un asunto imposible de avizorar o prevenir, ya que es puramente humano.

 

Saben que ahora no queda lugar al subsidio. Ya no hay “amigos” con maletas de soluciones. Se acabó la influencia en los populistas. Sus aliados de antaño se mueven de cuentas bancarias a cuentas bancarias fuertes, sin cabida para terceros. El egoísmo se convirtió en aliado de la apostasía: ya no más lealtad a ideales vacíos en su contenido material. Las naciones aprenden cuando sufren su propio designio.

 

Simplemente, el ejemplo de la revolución cubana ya no existe, y se fue sin retorno. No tiene nada de ejemplar. Todo lo contrario. Se ha demostrado históricamente que seguir su modelo es caer en el pasaje del fracaso. Todo quedó al descubierto. La falacia afloró, para quedarse como pilar demostrativo de una mentira que ha envuelto a la masa de naciones agotadas por la falta de liderazgo real y efectivo.

 

El mantenimiento de la ineptocracia llego al tope. La falta de liderazgo ha quedado al descubierto en todo este proceso desenfrenado de mutilaciones humanas. Ya ahora hasta los llamados “cuadros de la revolución”, a los cuales nunca se les ha permitido desarrollar sus capacidades sin “la consulta a los niveles superiores”, han desembocado en una “trinchera” sin relevos. No hay interés de nada en Cuba. Ser ahora un “dirigente” es sinónimo de ser un oportunista fracasado y siempre blanco permanente de la defenestración.

 

La obsesión por el poder desencadena en el hombre una intensa intolerancia a la crítica, y de ahí infunde miedo a su alrededor. Pobre de aquel que la proceda fuera de los cánones establecidos de alcance crítico permisible. En la búsqueda obcecada de la primacía política, la detentación del poder hace que se obstine cualquier racionalidad en el análisis de estructuras que requieran ser modificadas de fondo o, más bien, desaparecerlas en su vigencia, y así evitar metástasis al resto de las pocas instituciones que aún quedarían a salvo de tal mitosis.

 

El gobierno cubano no admite la renuncia pública de ningún Ministro del Gobierno. Las pocas renuncias han sido anunciadas con argumentos escogidos para tapar  realidades no deseadas (Ej. Abelardo Colomé Ibarra o Francisco Soberón). No veremos jamás a un ministro o a cualquier empleado estatal salir en televisión diciendo que renuncia porque cree que su cargo es irrelevante o que necesita “actualizar su modelo” de cartera de gobierno o cargo, ya que no ha logrado resultados. En fin, cosas de los gobiernos y del oportunismo de políticos.

 

Si bien reconocen que su aliado del desastre ya no puede seguir en el juego del “mantenimiento económico hermano y desinteresado”, no puede justificar, de nuevo, el despilfarro a lo “soviético”.  Venezuela, luego de sumarse a la sistémica del desastre gubernamental, ahora reza por su propia crisis, luego de que los Castro la regalaran a cambio de los Estados Unidos. La promiscuidad ante el propio fracaso político es resultado de causas de igual extensión que las ya conocidas por el pueblo cubano.

 

Por ello, si pensamos que el actual gobernante partido único cubano prepara el camino de la conciliación dentro de su mismo pueblo, estamos equivocados. Solamente este infeliz juego es aplicable dentro de una apoplejía excrementicia, y por demás insultante, donde un muy reducido grupo de jugadores es capaz de soportar el mito siniestro sobre el poder que, a nombre y costo del pueblo, ha embaucado a muchas naciones de este mundo, principalmente en este “tercer paraíso” colmado de grupos de poder populistas y corruptos, donde la falta de liderazgo asfixia el sentido común de cualquier interés por un buen gobierno.

 

Ese sórdido esparcimiento, a estas alturas, hace del gobierno cubano una entelequia de detestable existencia. Ya no le quedan justificaciones para argumentar a favor de su propia política. El fracaso de su modelo solo queda exponerlo en “campañas” necesarias para enfrentar las “situaciones adversas” que, como “rezago histórico”, quedan de las relaciones que, fuera de todo contexto, se establecieron entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos.

 

Ya el enemigo del imperio del norte no existe, pero aún no se han eliminado los escollos que provocan la incapacidad productiva del pueblo cubano a causa de un llamado “bloqueo”. Si eso no es una desfachatez, ¿qué queda para el cinismo? Como jefe de gobierno designado,  excomulgarlo sería poco.

 

Existe una realidad humana que es insuperable, y es aquella que procura buscar la esencia de lo que subyace en las cosas para eliminar sus límites. Sin embargo, el gobierno cubano insiste en el disfraz de funcionamiento del sistema. Para ellos, la hipocresía y la impericia propia no poseen límites con tal de mantener el poder. Miente a nivel nacional, internacional y, lo peor, se mienten a ellos mismos.

 

No les basta haber destruido todo un sistema productivo. Han creado, con la fachada del “hombre nuevo”, una masa obrera improductiva, pero ya ahora consciente del oportunismo de esa improductividad. ¿De quién es la culpa si no del mismo sistema? Castrar generaciones ha sido una de sus diversas fatídicas especialidades.

 

Esta nueva tambaleante época es, sin lugar a dudas, una estrategia fuera de todo contexto racional. Con pleno dominio de que no pueden solucionar estas situaciones adversas que ya son endémicas en el sistema cubano imperante, y que solo tienden al mantenimiento del mito perverso del poder revolucionario a costa de toda una nación, buscan enrarecer la atmosfera de análisis y criterio, y llevar a que el cubano del diario vivir ocupe más su tiempo en subsistir dentro de su precaria situación, y no en pensar.

 

La causa de la problemática cubana es el sistema que aun reina. Es la dirección de su gobierno. Es, en fin, su cúpula ideológica que a lo Sultán ha encaminado erróneamente a esa nación por más de medio siglo.

 

No olvidemos que mantener el estado de necesidad y miedo sobre el pueblo condiciona  la servidumbre.

 

Ahora la válvula de escape, el éxodo, está ceñido a los dictámenes de tolerancia de su antiguo enemigo pero siempre aliado de sus justificaciones en sus continuos fracasos.

 

Esto es un asunto de personas y no solo de sistema. El mal gobierno, integrado por las mismas personas de hace medio siglo, es la exclusiva causa y principal ente generador de los males que aquejan a la nación cubana. Lo demás es hipocresía política y demagogia diletante de grupos de ambas orillas. Politiquería de baratos analistas surgidos de coyunturas verbales y no racionales de conocimiento. Pura cultura de carátula bibliográfica que ratifica el dicho de que en el país de los ciegos los tuertos hacen gloria.

 

¿Hacia dónde van a reorientar la economía del país si la voluntad política es la de poseer todo y excluir a todos? Eso es un extasío dañino e inhumano que reina en los pasillos del poder en Cuba. De nuevo aflora el capricho del poder y la sádica mentira. Sin embargo, nadie crea en la receta de consuelo.

 

El pueblo de Cuba perdió toda la confianza respecto al juicio útil del grupo de poder. El jueguito del cambio de lugar de los “delfines desencantados” es, con toda conciencia, una estrategia inválida ante la crisis real de sostenimiento por la que pasa la cúpula de autoridad cubana. El abismo que separa el gobierno del pueblo ya es, a estos niveles de crisis y galopante insatisfacción social, infranqueable.

 

Aun así de inverosímil, y a sabiendas que el cambio de persona en una cartera del gobierno no determina el éxito de su empeño, buscan una “actualización” de un sistema que no puede más con el hedor de su propio tránsito. La fetidez ya es en exceso notoria en el  camino a su propia expiración. Nadie discute que el totalitarismo socialista es un fracaso, salvo los trasnochados de la inmundicia académica de determinados foros.

 

Lo que asombra es tomar a un delfín y llevarlo a una cúpula de cristal para que analice como se cambiará el mundo. Los Castro anuncian el nacimiento de un modelo de apellido Fénix. Las naciones deben de parar sus funciones, ya que el gobierno cubano está elaborando la fórmula capaz de hacer desaparecer las diferencias entre los seres que habitan este mundo, salvo los que viven en la isla en que tiene sus aposentos este “laboratorio” de lo inexistente.

 

La teoría de que el “árbol que nace torcido jamás su tronco endereza” no es aplicable a la pureza del partido castrista. Los Castro están por encima de la integridad del pecado. En vida buscan su nominación a la santidad de su propia perversidad.

 

La idea del juego es más que entretenida, ya que nada cambia. Para los Castro la doctrina simple del buen gobierno es muy compleja, por el miedo a perder el despotismo de su gobierno. Para ellos, mantener el poder lo es todo. Después de ellos, el diluvio y cuanta desgracia tengan que componer otros, incluyendo a su propia familia.

 

La continuidad de juegos delirantes con fórmulas humillantes para su propio pueblo, que no conducen a ninguna enunciación que permita el ejercicio de las libertades inherentes a la condición humana, se ha agotado.

 

La lógica de la política económica de crecimiento “planificado” del gobierno y demostrada por el llamado Estado cubano, siempre ha sido expansiva, es decir, la de incrementar sus competencias, funciones y presupuesto sobre la base de crear una imagen de creación constante. Inaugurar muchas cosas que después son improductivas y disfuncionales. Y nunca, bajo ninguna circunstancia, reducir su ámbito de actuación. Tal comportamiento es apenas lógico, pero fue el que se aplicó dentro de la utopía de la división del trabajo del sistema socialista mundial.

 

El resultado del gobierno cubano en el ejercicio de su poder ha sido, sin lugar a dudas, imprudente y promotor de falsas expectativas. Los errores han sido continuos, y de resultados catastróficos.

 

Ya sabemos que todo el sistema fracasó. No hacen falta comentarios.

 

Los funcionarios públicos son seres humanos que responden a incentivos, que no son solamente de lealtad política, no obstante tener privilegios dentro de una sociedad. Por ello, lo más fácil de entender es la corrupción pública.

 

No exponemos conceptos del fatalismo conducentes al fracaso de determinado modelo, sino la persistencia del voluntarismo que hace fatal cualquier empeño.

 

De cualquier reforma que ellos hablen, el éxito se esfuma en el mínimo esfuerzo, ya que  el supuesto reformador es el mismo causante del desastre, y para colmo, no renuncia a los principios que sustentaron y causaron el fiasco que ahora buscan “perfeccionar”. Hablar de reformas en Cuba es sostener un vacío entre la realidad y la ficción.

 

No hay lugar a la reserva de criterios. No hay más oportunidad que aquella que emana del núcleo dirigente. Ya no basta el desatino histórico sino que, aborreciendo la inteligencia ajena, ahora se procuran agotar cualquier tiempo útil en una remesa de irracionales medidas contenidas en un panfleto emanado en un Congreso del partido único gobernante que supuestamente contiene las formulas del nuevo mundo. Un llamado a la nada para conceptualizar un modelo económico. Un debate a la gracia de la obstinación popular. Ese es el límite de la estúpida conceptualización de un gobierno.


Para una época abarrotada de errores, ese mismo Congreso abortó, sin escrúpulo alguno y lleno de hipocresía del más alto nivel despótico y grosero, una lacerante ristra de ofensas hacia el discurso del inoportuno Presidente, diríamos mejor, del Jefe de Estado del nuevo amigo, que solo refirió el éxito de un grupo de exiliados como un ejemplo y admiración de modelo de desarrollo político y económico logrado en un pedazo de tierra apenas a la vista de su tierra natal. La admiración con odio, es decir, la envidia, afloró en ese nefasto, reducido y por suerte casi extinguido grupo.
 

Hasta estas horas en las que escribo, aun no se ha podido constatar en la historia de esta conocida humanidad terrícola (planeta azul) otro sistema socioeconómico que haya reducido la pobreza, y ese es, con sus virtudes y defectos, el capitalismo. Y esa fórmula a la cúpula del poder cubano no les gusta, ya que es deslizante de la actuación política.

 

Los sórdidos gritos de anunciada persistencia en los principios, que han fundamentado la calamidad del modelo cubano, se reiteran cada día y se resumen en su enarbolado eslogan de “nunca retroceder al capitalismo”, no han cesado, y no por mera hipocresía. No van a renunciar al poder así cambien delfines y ellos se muevan de un asiento a otro, pero siempre sobre la misma alfombra del absolutismo en el poder.

 

El socialismo cubano ha dejado una estela de recuentos negativos sobre una misma forma de ideología y de gobierno. Solamente ha sido medianamente efectivo bajo condiciones de subsidio. Nunca creó nada nuevo eficiente; todo lo contrario, inventó hasta el desenfreno de las crisis actuales.

 

Negó hasta la saciedad las leyes naturales y las de la condición humana, del propio hombre y la economía, y ese ha sido, precisamente, el insalvable obstáculo en su derrotero de creación de una base de eficiencia económica de “nuevo tipo”. El gobierno no hace economía: por el contrario, si se entromete en ella la deforma y entorpece.

 

Buena razón de Octavio Paz al señalar que (…) ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados a tenerlo.

 

El actual gobierno cubano corrió desacreditando al capitalismo para ahogarse en la orilla de su propio desacierto. Eso es lo lamentable.

 

Buenas tardes y buena suerte.

 

P. D: Yo, en lo personal, asimilo la obra de Chamfort y en su “resumen de gobierno” al señalar, y cito: “Los azotes físicos y las calamidades de la naturaleza humana hicieron necesaria la sociedad. La sociedad se agregó a los desastres de la naturaleza. Los inconvenientes de la sociedad hicieron necesario al Gobierno, y el Gobierno se agregó a los desastres”. Mejor ejemplo autoexhortativo, se hace difícil encontrar. Somos muy simples como sociedad. Cualquier viento maligno, por muy leve que sea, nos puede perturbar la existencia.