Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

El Gobierno de Cuba y las relaciones con USA. CAMPAÑAS Y CONSIGNAS

 

Linaje de campañas y generadores por excelencia de consignas

 

Entre campañas y consignas el gobierno de Cuba ha mantenido y mantiene hasta hoy día la desproporcionadamente conocida revolución cubana.

 

Esta estrategia de campaña y consignas  envuelve todo aquello que está tanto en el centro como en la periferia de su aliento, el cual, para muchos, es contaminante, y para otros insoportable, pero existente a los fines de cinco décadas de desgaste humano.

 

Desde sus inicios, y a los efectos de formar al “hombre nuevo”, la propia campaña de alimentar la “independencia” de los “retoños” del proceso de desmembración de la familia, dejó la facultad de los padres fuera de todo contexto educativo para pasar  al “control” del sistema educacional por un Estado en condiciones de relaciones de ordeno y mando, por lo que la unión matrimonial fue una intermisión exenta de pecado para el inicio de las generaciones que heredaron el centenario. Así se clasificó ese proceso: “las generaciones que heredaron el centenario”, y en el mismo se invirtieron miles de horas, hombres, y millones de dólares que eran subvencionados por el otrora campo socialista.

 

Esta digresión biológica, la cual en buena lid no excede lo imperfecto y natural del origen humano dentro de una concepción “materialista” del hombre y la sociedad, no ha estado, hasta la hora en que culmino de escribir estas líneas, absuelta de una interminable campaña experimental, encaminada a mistificar una nueva sociedad en el marco de un capitalismo “decadente”, ante la asunción de un camino glorioso hacia las “cumbres luminosas” del socialismo de todo un  pueblo, y siempre bajo el liderazgo de alguien en el que creyeron, le temieron, admiraron y por qué no, tildaron de mesías. Ahora, solo queda la clasificación nefasta y baja de su real condición humana: un dictador estafador de generaciones.

 

La definición es exacta: campaña tras campaña, y con ellas, un grupo de consignas que enarbolaban objetivos tan vacíos como el propio concepto físico lo indica.

 

Hoy, a pesar de la tecnología y la información, los efectos de estas campañas han penetrado el oportunismo humano en ambas orillas, y hasta los dialogueros baratos, ingenuos  y nefastos de esta orilla más norteña de Cuba,  los cuales se presentan desde intelectuales de portada de libros hasta especialistas en nada, incluyendo grupos de “expertos” o inclusive de “abogados”, ni que decir presentados como versados en  “inversiones extranjeras” para repetir como conclusiones lo que cualquier “balsero nuestro” sabe: el gobierno de Cuba “no va a cambiar” en lo absoluto, “nada”. “En ese país nada sirve”.

 

Lo peor del concepto aportado por estos oportunistas ingenuos es que no han visto que el resumen es la determinación de generaciones de ahora y hoy de que “es mejor irse hasta para Haití”. Con el respeto merecido, no hace falta una universidad, o criterios de expertos, o análisis comparativos de política y economía, para entender el resultado de un mal gobierno sobre los ocupantes de una nación.

 

El gobierno mantiene, al costo que sea, una cortina de humo sobre la población cubana, no obstante el acceso a cualquier estado o medio de información real o de comparación estadística, dentro o fuera del país, que pudiera incidir negativamente en los elementos falaces que invocan esas comunicaciones de masas. El riesgo lo calculan ahora en tiempo y no en volumen. Solo necesitan el tiempo para jugar con las demandas, y demostrar a una población que siguen siendo víctimas del imperio, a pesar de las victorias logradas por la dirección del gobierno y del partido en las recientes negociaciones.

 

La frase de “largo proceso” es suficiente para crear un estado de expectativa delirante en una masa desposeída de casi todo, salvo su entendimiento a sobrevivir en el sistema.

 

Ahora, todo lo que se inicie en virtud de estas nuevas relaciones con un ex-enemigo que había que combatir donde quiera que estuviese, será sobre la base de mantener en alto un “combate de ideas”, y distingo no batallas de ideas ya que esa fue otra campaña contraria a esta en su fundamento, pero no en sus intenciones respecto a la población cubana. No obstante  la capacidad de ese mismo ex-enemigo del norte de mantener una saga capaz de bombardear en propuestas comerciales desde esta orilla del norte, a sabiendas que van a negociar, de forma exclusiva, con entidades del gobierno, así posean estas una estructura de sociedades mercantiles.

 

Sin embargo, la contrapuesta vertida en campañas desde La Habana llega hasta el fondo del condicionamiento por la “devolución” de la “ilegal” base naval de Guantánamo, el levantamiento del embargo y la indemnización por casa de Matías Pérez con las acciones del globo en que voló. En suma, lo ridículo de siempre, que solo escuchan y por demás analizan en esta orilla.

 

Frente al pueblo de Cuba, el gobierno  mantiene una ya agobiante “campaña” sobre la condicionalidad de las relaciones con los EEUU, fundada en la victoria del socialismo cubano sobre el “reconocido agotamiento sin resultados” de las políticas de los gobiernos anteriores de esta nación. Para estas campañas la frase de “victoria de nuestro pueblo” es insuperable, sin dejar, bajo ningún concepto, la mención del otrora partícipe esencial de la debacle cubana.

 

Desde la óptica sociológica, lo intenso y controlado de estas cruzadas llega a desestabilizar la opinión de masas de cualquier pueblo, que inclusive ya no temen un análisis contrario al enfoque oficialista, a pesar de y so pena de represión. Y así es más difícil establecer, aun de forma falaz, que la víctima del proceso es la benevolencia de la revolución y no el entendimiento político de la “campaña del Presidente Obama”. Es así lo expresado de forma directa.

 

En las calles cubanas la idea de que de nuevo la politiquería reina y el hambre campea es la expresión más directa de un sentir popular no lejos de la verdad que, a sabiendas de todo incentivo, no abandona sus necesidades a una lastra política que yace agotada en si misma.

 

Claro está, y demás esta explicarlo por notorio y público que es su enfoque, que los analistas de esta orilla que viajan a Cuba no sienten el efecto del acaecer nacional cubano donde reposa su hipócrita oportunismo en un hotel y un auto alquilado, salvo el de los Mojitos nocturnos de la Habana Vieja, que siempre se distraen con un  puro o una desvanecida conversación con un vendedor de algo u ofertantes de otras cosas, para justificar datos en sus estúpidas agendas de viaje.

 

De ahí,  no abandonemos los amables almuerzos y encuentros con funcionarios y otras actividades académicas de puertas cerradas y con tópicos predeterminados en contactos y conversaciones anteriores, para ver el termómetro de su estadía como es analizado, y así sienten más relajado el temor de que los acechen. Varios de estos oportunistas del desenfreno y la histeria, que son por naturaleza miedosos, gritan por una Cuba que en el fondo los rechaza y clasifica moralmente de pura excreta.

 

Hoy por hoy, el proceso de relaciones entre Cuba-USA es parte de una carrillón de “éxitos” revolucionarios de alto voltaje, que no se hace por mera casualidad del destino, sino de forma calculada, y agobiantemente repetida de lo mismo que se remachaba hace cincuenta años atrás, pero ahora con la tónica victoriosa de un gobierno derrotado en sí mismo.

 

A esta campaña no falta el malgasto de recursos destinado a tan fatídica función ideológica, a pesar de la penurias esa nación.

 

El desgaste y la composición verbal superan los archivos de lo Leal de la Habana Vieja, pero con la tónica de que siempre debe ser entendido hasta en un barrio tan deslumbrante y creado por el gobierno cubano como lo es el lujoso “Fanguito” a las márgenes del ambientado, bien oloroso y conocido río “Almendares”.

 

Y dando continuidad a este pequeño razonamiento a lo Leal, es bueno tocar esos discursos al borde de la alta dirigencia que dan seguimiento a los lineamientos que de forma inapelable abortan los organismos de control y dirección política del país caribeños, en pos de otorgar el “criterio” de participación de la dirigencia cubana en una sola dirección.

 

De ahí, y en razón del uso verbal en estas campañas, nos mantenemos “a  lo Leal”, para tomarlo como ejemplo y analizar, en síntesis, ya que no merece mayor abundamiento, hasta donde llega el oportunismo expositivo verbal resultante de décadas de bombardeo “en campañas”.

 

Esta vez,  la música la puso el monaguillo frustrado e historiador de La Habana; lo único fue que se tocó en tonos mayores, aunque desafinados, pero siempre, como buen oportunista nato,  aprovechando este 500 aniversario de la hermosa y única ciudad de Santiago de Cuba, donde y a lo típico suyo, descontó el verbo errante del monaguillo, pero politizado, y  no reparó en una verborrea de  adjetivos con tal de alabar a la familia real gobernante.

 

Algunos de dichos elogios, de emotivo  contenido de desprecio y caduca trascendencia,   fueron empleados a favor del ex mal gobernante Castro refiriendo que “a él le fue entregado hoy un reconocimiento, entre tantos que merece y merecerá”. Claro es notar, entre otras cosas adicionales a la moringa, que el proceso actual de Cuba – USA será cargado a su cuenta, a pesar de encontrase desbordado en saldos rojos.

 

Lógico, y no por decantación, que también su hermano y actual poseedor designado del gobierno cubano recibiera sus lisonjas. Expresó que Raúl Castro “fundó en el Segundo Frente la primera utopía de la que debía ser y fue más tarde la nación”. Ahora sí que es definitivo lo anormal de este verbo errante, inconcluso en su fe, al definir a este señor de las moscas como el creador de la nación cubana.

 

Ahí no paró la cosa, y la mensajería aduladora llegó hasta el padre los Castro, que también recibió calificativos zalameros, al exponer que “sirvió a España por deber y a Cuba por amor, y regresó a ella para fundar una estirpe de valientes”. Lástima de concepción y deterioro de la creación.

 

Pero la estupidez “a lo Leal” no se detuvo ahí. Para nada se detuvo. Por el contrario. Luego encausó sus alabanzas hacia otros dos exponentes del poder, también presentes en Santiago de Cuba, los conocidos Guillermo García y Ramiro Valdés. Par de ellos a la misma saga. Uno con caballos y gallos, y el otro con computadoras y periféricos, adicionales a su función de buen gatillo.

 

Respecto al primero, manifestó que “fue el primer campesino que creyó en la causa de Cuba, de la Revolución y de Fidel”. Y sobre el segundo declaró que “fue el compañero del Che, atravesando toda la isla de Cuba, y fue también el gran compañero de todos en la lucha”.

 

En suma, la lealtad de ambos se fundamenta en que uno y otro vieron que sin la presencia de Fidel y la Revolución no existiría la nación cubana. Por suerte, sabemos de la capacidad limitada, incultura  e ignorancia de ambos.

 

Este monaguillo de poca credibilidad, salvo su oportunismo, en unos minutos transformó, por obra y gracia de su imbecilidad y provecho, la historia de la nación cubana.

 

Literalmente, se limpió con la audiencia y borró lo mínimo de vergüenza que todavía podía tener su persona como historiador. Eso son las de “a lo Leal” que, por cierto, el tono “verde” de sus principios no son, precisamente, los de la campiña cubana.

 

Dos momentos del discurso de lo ya mencionado “a lo Leal” ameritan una introversión añadida, ya que plasman los resultados de campañas y consignas.

 

En uno de esos momentos, afirmó que “la revolución cubana era una de las pocas revoluciones verdaderas que habían marcado la Historia” y por otro lado, la “seguridad de restaurar a Cuba”, incluyendo en el menú, nada más y nada menos que un Estado de derecho. Todo esto,  bajo la egida del actual gobierno, donde afrontó, sin mayor digresión, que el “futuro de la nación cubana está en manos del actual jefe de gobierno”.

 

Estas muestras de desmedido elogio y de hipocresía descontada, las hemos referido como ejemplo claro, y por demás actualizado, dentro de las actuales falsas expectativas de estas relaciones Cuba-USA, y de los efectos de esta última en las campañas antes referidas sobre esta temática.

 

Miles de carteles de todo tipo, con consignas que exacerban la figura de un hombre que ha encabezado la destrucción de una nación a cuenta de una falacia, justifican este y otros discursos de desfachatado elogio.

 

Décadas exculpando un gobierno unipersonal, autoritario y de tonos rojos en todos los sentidos que no requieren descripción. Mentiras en abundancia y falsas expectativas para generaciones cuyo yerro ha sido creerle y, por demás, serle fiel. Seguirlo sin dudas e, inclusive, ir a guerras innecesarias y de intervenciones ilegitimas en gobiernos de la región.

 

Qué mas falacia para justificar el despilfarro y la falta de toda estrategia e interés de gobierno que alegar la culpa de todos los males al “embargo”, y la excusa de su mal liderazgo en razón del miedo de administraciones de este país por la justificativa de un “éxodo masivo”.

 

Un hombre que ha supeditado el destino de una nación a su egolatría de líder de las revoluciones mundiales, lo que solamente ha conducido a constantes desestabilizaciones sociales en esta región de nuestra América y en parte del continente negro.

 

Actualmente, las campañas desde dentro de Cuba con el mismo contenido de hace cincuenta años, y el humo golpea desde USA, conteniendo “ofertas” tras ofertas a sabiendas que cualquier negocio a realizar en Cuba es, en esta actualidad poco probable de cambios, única y exclusivamente con entidades controladas por el actual mal gobierno cubano.

 

Esas campañas ya no afectan la conciencia del ciudadano que sabe, a pesar de estas y el humo, que su vida no va a cambiar, y por eso te parafrasean la canción de “la vida sigue igual”.

 

De la otra orilla, esta que vemos a diario correr por las calles donde un cubano habita, no deja atrás la competencia de campañas, aunque con más dirección de elecciones que dé resultados. Es decir, más demagogia y expectativas, muchas a sabiendas de que son falaces, que voluntad de consecución real de objetivos.

 

La tecnología marca una gran diferencia entre ambas plazas. La de acá no se queda atrás en repetir hasta el cansancio lo que saben que no pueden solucionar respecto al actual gobierno de Cuba, que son las realmente necesarias: economía y derechos humanos.

 

Lo que si deja claro es que la brecha de ignorancia que dejan estos ataques a la conciencia ciudadana deforman más que cualquier otra capacidad de distorsionar la verdad.

 

La publicidad de ejecución para el convencimiento en masa de la población ha hecho en Cuba las plataformas más despiadadas de culpar a otros de los desastres y las incapacidades propias del gobierno cubano.

 

Cualquier función de ambas orillas al servicio de estas campañas de humo, hacen ver expectativas inexistentes y culpas reciprocas conducentes a la nada.

 

El resumen para la isla es que ni las campañas, ni las consignas, y menos aún las estadísticas, pueden cambiar los escombros que el mal gobierno actual ha dejado en la vida diaria de los cubanos.

 

Las crisis no poseen una base falsa: solo las campañas de contenido falaz tienden a encubrirla.

 

Lo abundante en este pasaje de campañas de ambos lados es que, por esta margen norteña, se sabe de antemano que el “embargo” no se va a levantar sin cumplir los requisitos legislados, donde la esencia es, entre otras cosas y fuera de toda duda, que en el juego estén  “fuera” los Castro y se celebren “elecciones pluripartidistas libres”.

 

A lo anterior hay que dejar sentado que las elecciones en esta nación no tienen por base la solución del “asunto Cuba”. Nuestra isla y sus problemas NO definen las elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica.

 

Lamentablemente, respecto a la orilla más resentida, solo se queda en eso, en puras expectativas con un mismo gobierno y buscando “como salir”. Lo demás es puro cuento de campañas y, disculpen, se me olvidaba, las innecesarias estadísticas que solo sirven para enaltecer tiempo de trasmisión noticioso en ambas orillas.

 

La solución de esa hermosa isla está, precisamente, dentro de la isla, con o sin campañas. Con o sin consignas.