Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

 El estatismo activo: la burla ideológica del gobierno cubano

 

Hay cosas que maravillan y por demás estimulan la elevación del conocimiento humano y su profundización. No solamente en lo axiomático, sino también en aquello que deja correr el libre pensamiento sobre la incertidumbre de cómo ocurrió, o un “asimismo” listo en una referencia abierta y desafiante  al pasado y su historia sin mediar fecha de calendario.

 

Un ejemplo conocido, el cual es,  a su vez, motivador de rudimento, es aquel devenido en lo hermoso y descriptivo de la creación, la cual, allende los tiempos y fecundos pliegos, se convirtió, amén los hombres y sus conflictos, en  el Libro de los Libros.

 

Llevado en el tiempo e ilustrado su pasaje inclusive, en pinturas que desbordan la admiración por la perfección de cualquier ser viviente, el claro altruismo que sobre la misma creación recae al ser ésta (por la gracia indiscutible del tiempo), muy  anterior a cualquier intento de descripción religiosa o científica que de ella se haya hecho por ser viviente que sobre este planeta Tierra habita.

 

Sin embargo, existen otras cosas con más creación del hombre y con ellas, imperfectas y totalmente “manipulables” por sus creadores, que más allá de crear admiración adormecen, e inclusive atentan contra la esfera del conocimiento y se desvían a lo absurdo de la creación imperfecta, y así justifican su existencia.

 

Ingeniar siempre queda a la espera de un resultado, del cual perpetuamente buscamos que sea positivo o al menos medianamente útil. El triunfo de un experimento secundado previamente desarrollado sobre la base de una hipótesis diseñada con el rigor expectante que del conocimiento se desprende, supera las posibilidades de una mera improvisación. La causa del experimento justifica la búsqueda de su resultado.

 

Lo anterior, es cotidiano en la propia historia del hombre. Pero también lo contrario a lo beneficioso lo puede exponer el mismo hombre, en su secuela maligna para inducir al abuso de su propio experimento. Fundado en esa parte de la abominable cantera gnoseológica humana, han sido hasta hoy los manejos del socialismo y sus iniquidades como regente de estado, llevando, a estas alturas y al límite de su existencia, la actividad humana consagrada a sus libertades personales a costa de demostrar un fallido experimento basado sobre  una ideología que amenaza la estupidez en su mantenimiento.

 

Proporcionar la base para estimular la “sana creación” del hombre, es una de las falacias más  oprobiosas que la ideología socialista ha pregonado a todas voces.

 

En lo que a mí concierne,  la creación del hombre en condiciones de sumisión a un poder es conducente a la servidumbre, y eso, a estas alturas del juego de las llamadas civilizaciones, supera la concepción del pecado.

 

Esa misma fraudulenta base de realización creativa y de fundamentación ideológica, extendida en su alcance a la sociedad, constituye el destructivo paso hacia el desmembramiento de necesarias entelequias como lo es la soberanía.

 

Como ideología de control y ejercicio de grupo de poder, cuenta con dos características principales. Una de ellas es que se trata de una aparente representación de la sociedad, y su órgano de control presenta un programa político que no es otro que aquel   representativo de ese mismo órgano de poder denominado partido.

 

La realidad cubana, lamentablemente, no supera lo concerniente a una nación subordinada a un partido desbordante de políticas fracasadas. No hay hombre nuevo creando riquezas, y menos aún una soberanía desprendida de un pueblo. Solo una autoridad repulsiva en sus actos, un liderazgo marchito y ya pretérito,  es el resultado del logro ideológico cubano.

 

El pueblo, como masa, solo juega el papel de blanco, de diana fija de esas mismas políticas y, a su vez, partícipe en una hipócrita ideología sin sustento. La doble moral se convierte en consuelo de tranquilidad social.

 

Este patrón cubano solo ha llevado a varias naciones de este planeta a sostener una crisis existencial que lastra ya décadas, aunque es menester señalar que el socialismo es el sistema socio-económico más corto que la historia de la humanidad, por suerte, ha conocido, a pesar de sus modernas variantes de subsistencia de este siglo XXI, aunque han sido mayores las crisis externas y desestabilizaciones que ha provocado. Lógico que estamos hablando fuera de las exportaciones de las revoluciones y los conflictos armados de los llamados movimientos de liberación nacional devenidos en grupos terroristas.

 

Estamos basados en que, de forma clara, el socialismo está fundado en una ideología, y con ello ha recorrido el descarrilado camino de toda doctrina que, per se, suprime el libre pensamiento y posterior análisis de una actuación humana a cambio de una interpretación expositiva emitida por un grupo de control organizado como partido político; de ahí parte el principio que en esencia toda ideología piensa centralizadamente y se transforma en el ejercicio déspota y dictatorial de cúpula de grupo.

 

Esa centralización de expresión interpretativa trabaja de forma estructurada y es capaz de improvisar, con una campaña, un supuesto cambio de fondo que, en definitiva, no supera la base errada de su aplicación, sino solamente el enfoque en el cual se transformará la nueva línea de convencimiento social, a pesar de cualquier resultado contra esa propia sociedad y, con ello, a una nación.

 

Ese actuante sujeto centralizado y marcadamente excluyente que se expone como pensante de los demás que solo cumplen sus mandatos y que, a su vez, ante la letanía de las promesas y el fracaso, se obstinan de sus campañas es, en  suma, la cercanía al pacto de renuncia del libre albedrío individual para pasar a una sumisión de dictamen de un grupo de poder ideológico y, por ende, el menos consciente de ello sirve de títere en un escenario donde el expectante se llama pueblo.

 

Dentro de estas estructuras del condicionamiento humano, debemos descartar la esencia criticada, como una forma de ideología individualista, de la concepción del libre albedrío, máxime cuando esta es aplicada a la realización de una acción cualquiera de opinión de criterio para fundar una iniciativa humana de una  persona no condicionada, o en su caso  ligada por factores precedentes subjetivos de los cuales dudar de que la acción no fue fruto propio, sino inducida en su propia voluntad.

 

Sobra exponer que el principio del libre albedrío tiene implicaciones que hacen al hombre totalmente responsable de su ejercicio y posee muchos efectos de connotación social, religiosa, jurídica, etc., por la razón de que los individuos han de ser, como lo son, razonablemente responsables de sus propias acciones.

 

Si a esa responsabilidad de ejercicio no la protegemos contra grupos de control, nefastamente caen en la esfera de represión ideológica.

 

No basta el control si no, y de forma coactiva, se impone que la interpretación fuera de ciertos cánones mínimos permisibles, se enmarca en figuras delictivas de fuerte repercusión jurídica que alcanza, como lo es en Cuba, la condición de crímenes que atentan contra la estabilidad y seguridad nacional del estado, a pesar de que la falsa propaganda desestima el concepto de “preso político”, y con ello solo admite ir en contra de los postulados de ese grupo convertido en nación que solo profesa una ideología que garantiza su ejercicio despótico de poder.

 

Esa conversión de identidad entre partido y nación se eleva al status de garantía nacional de existencia de la sociedad y, con ello, del sistema de control político, por lo que se define como sistémica, única aceptable en la concepción efectiva de nación y, con ella, del estado y su soberanía.

 

Así de simple exposición, se haría fácil de entender las frases resolutivas de seleccionar entre el socialismo o la muerte, ya sustitutiva casi de patria o muerte; es decir, la patria es, per se, del grupo de control capaz de hacer desaparecer la nación en caso de ser atacada, tanto interna como externamente, en su condición única de líder y de estado soberano. Mayormente estos ataques se enfocan a un enemigo ideológico más poderoso que la nación cautiva de dicha ideología.

 

Abundar más sobre este enemigo es gastar tiempo de lectura.

 

La finalidad de esta esa ideología es dejar establecido que, expuesta y controlada por un limitado y excluyente grupo de poder llamado partido, es conducente a un liderazgo único supraestatal, dejando así establecido que el partido es la única base de la nación, y por ende el estado en que se funda esa nación, está presidido por ese partido. Así expuesto, el ejercicio de la soberanía, dentro de la ideología del socialismo gubernamental de grupo de poder ideológico, es papel sin uso y sólo representativo de una obligación de exposición conforme a normas de prácticas internacionales del derecho.

 

Nada de pruebas históricas acumuladas, solamente el acaecer autoevidente de formas de gobierno unipartidistas ha conducido a una devastación de iniciativas humanas, las cuales se han hundido en una marisma de atraso que consumen las naciones que, a pesar del tercer mundo que las coteja y que las aqueja, les suma ahora una saga de corrupción, nepotismo y violaciones de condiciones de vida humana que en nada se asemejan a la doctrina que profesan.

 

La sostenida tesis, por demás interpretada de formas diversas en base a una concepción ideológica que aún no se identifica con sus creadores salvo de nombre, de que el estatismo es la forma más eficaz de la dirección de una economía en pos de eliminar las desigualdades, es totalmente cierta. El puro y simple hecho de que iguala, en toda la escala de generar riquezas con la institución por principio ideológico de la pobreza, a todos los niveles de desenvolvimiento de una nación, así sea rica en recursos o sumida en un desértico territorio.

 

Es concurrente ver que aun a estas alturas del desarrollo social, para la cúpula gobernante “limpiar” el origen etimológico de ideología es tan fácil como cambiar la imagen de aquellos con que supuestamente se identifica. De ahí que la identidad histórica cubana es la base de su propia ideología, salvo que el líder, aún vivo, es la suerte de esa existencia de poder, y en realidad no deja de ser cierto.

 

No confundamos lo anterior, no obstante determinada similitud y coincidencia funcional  con la interpretación de la naturaleza económica de los estados. En nada es comparable lo improductivo e indolente consumidor de un estado de las riquezas que producen otros. Tampoco nos equivoquemos en la clasificación de manifestaciones ideológicas  en lo que respecta a distintas reivindicaciones sociales de menor grado como el feminismo, por solo citar un ejemplo.

 

No importa para esta aplicación de ideología ninguna ventaja económica comparativa como nación. Da lo mismo, la meta es acabar con todo aquello que el hombre pueda crear primero para su beneficio, y luego para el social.

 

No pensemos que hablar de estatismo es referirse, de forma excluyente, al sistema socialista. Este principio es válido aun para el capitalismo que hace cada vez más inoperante la iniciativa privada y la agota con regulaciones intervencionistas, utilizado como medio eficaz de control político, pero alegando excesos de mercado en vez de práctica ideológica. Ahí está la diferencia de igualdad ineptocrática de ambos sistemas.

 

El estatismo capitalista está igualmente presente, aunque escapa, de la impregnación de una manipulación ideológica, y se enmarca en desacertadas políticas de partido, las cuales se nutren para su control en políticas de exacerbación de tendencia partidista, donde principalmente subyace una demagógica posición de desafío a la oposición de gobierno, cosa esta inexistente en la ideología de control de grupo.

 

Para el control de grupo basado en una ideología, la oposición siempre es un crimen.

 

La tendencia con el crecimiento gubernamental, y con ello de una burocracia despótica en su interacción social como servidora pública, es una marcada característica de derroche económico en ambas secciones del convivir social.

 

El generador de riqueza en el capitalismo busca su desarticulación con el ejercicio electivo democrático, es decir, el voto y otras fórmulas de reconocido resultado práctico. En el sistema de regulación por ideología socialista, escapar de la nación es la solución más reiterada. Para nadie son ajenas las crisis migratorias del socialismo al capitalismo y no viceversa.

 

De ambos colores ha estado preñado el burocrático empeño de las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos de América y de Cuba. Y permítanme reiterar, y hago marcado énfasis de las relaciones entre los gobiernos, ya que entre pueblo es apenas visible algunas visas y uno que otro que alerta sobre un paladar.

 

La ineficiencia típica de la ineptocracia política y administrativa que campea, muy al modelo del sultanato del presente siglo, unido a la falacia impulsada por una prensa de supina ignorancia y que se clasifica, se materializa como incompetente en sí misma, hacen parecer a la Perla del Caribe como una isla llena de oportunidades y encanto de ventajas en sectores de inversión muy codiciados, y con ello, cotizados para los pregoneros del capital (propiamente ajeno), cuando en el fondo la pretendida competencia económica no es más que un espejismo muy adecuado al soporte de una nación sostenida por sus indeseados, pero necesarios emigrantes, que golpean sus ingresos a favor de sus familiares y allegados sentimentales.

 

Los Castro siguen jugando con cualquier política que de esta nación salga hacia ellos. No importa el partido de gobierno de la Casa Blanca que la impulse. Es un reto que han ganado a sabiendas de que “nada va a pasar” y que, como tal, siempre llevan la delantera.

 

La demagógica expresión de una “política fracasada o inefectiva” lanzada por este gobierno de turno sentado en la Casa Blanca,  no es nada más que el resultado de la falta de aplicación de esas políticas y el mantenimiento del jueguito sobre el dilema del tiempo y la desaparición de los Castro, pero con una tónica de mantener las ventajas de los cubanos en estas orillas.

 

Así expuesto no afecta, en lo absoluto, el mantenimiento garantizado de una ideología de grupo de poder a favor de la cúpula partidista gobernante en la nación cubana. La continuidad de su objetivo esta empeñado en que la crisis migratoria es la fuente principal de la subsistencia de la población, por la simple razón de que cada emigrante remesará, aun sin considerar la naturaleza de la devastación de sus propios ingresos.

 

Solo la continuidad a ultranza de un fracaso compone el ideario de un partido gastado en su propia esencia y por demás desbastado en su existencia. Garantizar el inmovilismo y el voluntarismo es la única manera de sopesar la aceptación de un grupo de inoperantes militantes de un balance de la gestión política y económica que ha fracasado no sólo en los últimos cinco años, sino en cinco décadas.

 

Un llamado “informe central” lleno de estúpidas consideraciones sobre la vida de un sistema que solo ha conducido a una frustración sistémica, es la expresión de los estertores de una política inducida en la falacia de una soberanía nacional y en la voluntad soberana de una nación. De nuevo la mentira canallesca se enfoca ahora en la actualización del “socialismo próspero y sostenible” que ahora pretenden construir con un agonizante despliegue de demagogia al destacar que “el desarrollo económico, la lucha por la paz y la firmeza ideológica son las principales misiones del partido”, el cual ejecutarán “mejorando la condición y capacidad de los dirigentes y ampliando la participación de más negros, mestizos y mujeres”. En fin, un generador de discurso en el cual su contenido sólo queda al vacío.

 

Ahora, todo el fracaso pasado se refleja en resolver los “desequilibrios estructurales” con un nuevo modelo de “conceptualización económica y social de la actualización socialista”. Es decir, están buscando la “conceptualización del comunismo para la historia”.

 

Para esta cúpula de holgazanes mediocres, que se pare el mundo para analizar tal nivel de impudicia es solo jugar al relojero de la historia.

 

Sentarse a descubrir como producir alimentos, tener más turistas, potenciar la inversión extranjera y, el colmo de los colmos, utilizar la contabilidad para tomar decisiones, constituyen la prueba insuperable de la ineptocracia de un gobierno que, a pesar de registrar el derrumbe de una nación y castrar más de tres generaciones, se jacta de continuar en nombre de un pueblo.

 

Nada de eufemismo al tratar la visita del Sr. Obama a Cuba. Lo tildaron de basura. El ego perdió contra la soberbia. Quizá merecido.

 

Con el tiempo a su favor, el menor pero más cínico de los Castro expone con sutileza futuros documentos a adoptar, incluyendo una reforma constitucional. De nuevo y por séptima vez, la zanahoria al frente del pueblo a ver hasta donde aguanta la espera de lo inútil. A ver que viene, es la frase de orden popular, y así desatar la especulación política a pleno gusto en dos orillas, que desgasta a la prensa con un juego no apto para especuladores políticos de medio tiempo buscando un legítimo pedacito de la nueva torta, a pesar de los aplausos de platea revestida con hipócrita castidad.

 

En suma, qué nivel de desfachatez. De la componenda del grupo y sus cargos, ni hablar.

 

Gallarda exposición de hipocresía de un grupo de poder en defensa de su propia ideología. Es más selecto a la ignorancia destruir que construir.

 

La nación cubana se destruye. Ahora es objeto de análisis turístico del antiguo enemigo, al mismo tiempo en que las crisis migratorias sacuden a miles de inocentes victimas de esa ideología.

 

Para los ideólogos y políticos de estrados, es mejor negociar mucho dentro de la nada que crear soluciones definitivas que, seguramente, tendrán un costo menos elevado al que tenemos ahora.

 

En fin, si de ideología campante y de capitalismo estólido se trata, el segundo, al menos, es menos dañino que el primero.

 

Buenas tardes y buena suerte.