Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

 

 

     

                                                 Dr. Pablo A. de Cuba

 

DIÁLOGO O MIEDO AL RETO

 

En un cuasi desesperado intento de manar actos y trámites conducentes a dar soluciones, mediante diálogos de poca divulgación, el Gobierno de Cuba ha entrado como parte actuante en una misa de escena cuya interpretación, a medias, queda marcada a la sombra del misterio. Sin embargo, este es el suceso del día a día en la imagen internacional de Cuba en el mundo. Ahora la solución de los problemas de la mayor de la Antillas parece estar en manos y envuelto en el velo del entresijo de la diplomacia de la Iglesia Católica y sus funciones de mediador entre lo humano y no lo divino.

 

En el reino de la verdad la duda es causa de impertinencia. Precisamente, lo que está ocurriendo en estos momentos en la escena política exterior cubana marca constantes dudas de su real intención cuando las propuestas de necesidad de dialogo nacen de una parte que muy pocas veces ha actuado de forma transparente.

 

Tanto ha sido así que, inclusive, ha utilizado la señal e imagen viva del niño balserito que ahora discute su presencia entre la hipocresía política expuesta por un gobierno ante el altar de los dioses, de algún remoto templo sacado de un zurrón con aliento a azufre, y los sucesos de una parte de su vida de la cual aún no posee conciencia. La asistencia a una reunión en un recinto eclesiástico en honor a un rito católico no implica la asistencia por credo a una misa. Esto constituye, más bien una señal ridícula de algo que se pretende enfocar como un “entendimiento racional con la mentira”.

 

No obstante, esa mentira se enfoca en los movimientos de humildes hombres encerrados por sus ideas. Ideas simples de una nueva era necesaria e imprescindible para la sociedad cubana. La trama no excede la irracional visión de mover fichas que personifica en un juego de partes desiguales es decir, el gobierno y la oposición.

 

Cuando varios ojos transmitían una imagen seductora de libertad para varios reos de conciencia cubanos, la expectativa no superó la realidad. Salvo casos muy marcados, nada más ha ocurrido.

 

Sabemos que existen realidades que superan cualquier ficción. Una de ellas es que los gobiernos, sin excepción, hacen turbias sus propias acciones para con ello tener capacidad de cambio en sus resultados. Los gobiernos actúan de forma profusa y oscura para solamente lograr teorías de los rastros de su actuación. Hipótesis sin pruebas. Pero los hechos son reales y no se pierden en la ficción, así se enmascaren. Sin embargo, el gobierno cubano no tiene muchas posibilidades de realizar cambios, ya que sus opciones son muy pocas.

 

La carga del resultado queda limitada a que ya su política y forma de gobierno colapsaron. El desgaste es auto-producido y no posee capacidad de corrección, ya que es irreversible el daño acumulado y producido en la base de su propio gobierno.

 

En buena lid, la propia política y normativa producida con base restrictiva y prohibitiva, generada por el gobierno cubano, ha sido la causa de su propio desastre. El actuar del gobierno cubano es la causa central de su propia autodestrucción. La guía abierta y de toda responsabilidad recae, institucionalmente, en el Partido Comunista de Cuba, y en lo personal en toda su nomenclatura actuante, principalmente en la histórica. Los nombres sobran.

 

Retomando nuestra línea central de ideas, en un artículo anteriormente escrito y publicado específicamente en esta, nuestra Web pensante, que se titula LENGUAJE DIVINO: MEDIACIÓN ENTRE EL PODER Y EL AGNUS DEI, de forma muy plana describimos lo que ahora esta ocurriendo. Sin animo de profetizar, estos viajes de personeros de la iglesia católica tanto a Cuba como a los Estados Unidos; el intercambio de presos respecto a sus domicilios carcelarios y una u otra cosa de la nada, pero nada más que eso, pura ficción política y, sin perder de vista que el misterio que envuelve este intercambio de cosas se desprende de un  dialogo donde apenas se sabe de su contenido, o de una confesión política sobre el miedo al reto que Cuba, mi país, lleva intrínsecamente unido a su destino: el final de una pesadilla real.

 

El gobierno cubano necesita tranquilidad en las presiones que tiene para ganar tiempo. El oxigeno necesario para su existencia está en el tiempo que logre para jugar con la opinión externa, ya que la crisis sistémica, como tal, no posee solución.  

 

De la actuación detrás del dialogo del gobierno cubano no hay pista alguna, salvo la derivada del ya repetido asunto de los presos. No obstante, hay basamento suficiente que este dialogo busca más allá que una voluntad de licencias extra-penales o de intercambio de prisioneros. Más aun, excede hasta el ultimo informe sobre el ya reiterado y conocido método de violación de una de las formas razonables de respetar las libertades humanas, como lo expuesto por Amnistía Internacional sobre la libertad de expresión, detenciones arbitrarias, interrogatorios y advertencias para silenciar a la oposición.

 

Bien por el informe, pero en Cuba el gobierno impide todas las libertades ya de forma consuetudinaria. Eso es de dominio público, lo único nuevo es que los informes de entidades internacionales especializadas en derechos humanos, además de reiterarlos y confirmar la realidad imperante, lo hacen en forma de denuncia pública y, en muchas ocasiones, le refrescan la memoria a uno que otro político. No obstante, pocas veces se le saca provecho a tan valiosa información.

 

En la mayoría de los casos, los escritos que poseen  relatos teofánicos presentan la escena de forma abierta, transparente, y con una marcada riqueza de detalles descriptivos, colocando el relato preferentemente en lo alto de un monte o enmarcándola en una nube. Con esto quieren decir que Dios está al mismo tiempo presente y oculto. Sin embargo, este dialogo, en su fondo, no hace nada transparente su contenido y se aleja, en galope desenfrenado, de cualquier apreciación contentiva de una teofanía.

 

 Para cegar, ahora la imagen de un desatino más a favor del Sr. Moratinos aparece en escena con un repetido bocadillo de diálogo en pos de los Derechos Humanos en Cuba, “para apoyar el esfuerzo de la Iglesia Católica y las autoridades cubanas para mejorar los derechos humanos en el país”. Es decir, cambiar una imagen que durante 51 años ha sido permanente y en gravamen constante de su costo humano, económico y social.

 

El poder en Cuba es excluyente e indiviso y la Iglesia no posee protagonismo de masa, solo aquel que de su subsistencia dentro del régimen aún propugna. Mayor auditórium en las misas no implica feligreses a la fe, solamente personas ávidas de escuchar lo mismo que piensa, pero en voz alta o, por lo menos, oír algo distinto a la rutina e identificarse con el mensaje.

 

Estamos claros que el poder de convocatoria de la Iglesia cubana no se va a poner a prueba en este cruce de voluntades. En el nombre de nada se va a convocar nada. Estamos en presencia de una prudencia exculpatoria de cualquier idea de complicidad o vinculación con el ideario que impulsa la necesidad inminente de cambio y reestructuración nacional. Para eso hay que actuar y no dejar el rol del desgaste de la palabra. Acciones y más acciones con la palabra de base. No hay otra alternativa: el resto es pura tautología sobre la nada y, definitivamente: «Ex nihilo nihil fit,». Nada surge de la nada .

 

Un viaje de razones encubiertas, de verdades a medias. Un respiro a favor del régimen es clave en la labor del desacierto político del Sr. Moratinos. Una expresión de aliento ciego para “cambiar” posiciones. El gobierno tiene una sola posición que no cambiará, ya que, para ellos mismos, cualquier alternativa implica ir en contra de su propia política, de su propio desastre.

 

Pretender dar un enfoque de entendimiento ante un supuesto ramo de olivo extendido de forma pérfida y cínica desde los umbrales del raulismo cubano no ha perturbado, para nada, las paredes de los recintos penales cubanos.

 

El régimen, desde hace algún tiempo, ha pretendido dar, o mejor dicho, ha insinuado un enfoque reformista a la sistémica cubana, con un reiterada y falsa expresión de “estamos en condiciones de hablar de cualquier tema”, como es lógico, buscando una invitación imposible de diálogo con los Estados Unidos. Solamente la vana e incidente reiteración de la actual cancillería española somete a escrutinio tan falaz propuesta.

 

Tanto ha sido el enfriamiento, que hasta la OEA ha tenido que soportar el descalabro de su propuesta que, además de ingenua, deja al descubierto lo inoperante de un liderazgo de más que dudosa actuación respecto a su competencia, que deja entrever una inoperancia orgánica en el área, que reclama, a estas instancias, un liderazgo de avanzada. Lamentable realidad.

 

Realmente veremos algo cuando públicamente se conozcan negociaciones serias y no reiteradas del “siempre decir” de la prensa, que busca o enfoca más allá de lo que realmente se pretende o se busca en este nuevo capitulo, que se mueve entre murmullos y susurros. Esa no es materia de análisis.

 

Pues bien, si es así de fértil el desatino, demos abono a su corrección y principien en acciones conducentes a liberar razones humanas en cautiverio.

 

Pero esto no basta para que demos la solución que se busca en momentos de crisis irreversible del Gobierno cubano, y dejemos detrás el pasado que ya no existe. Simplemente, del mínimo sentido, el común, afloran las preguntas: ¿Y la memoria histórica la desaparecemos? ¿Las causas de este derrumbe? ¿Es que acaso buscan un diálogo centrado en la prudencia de una parte y el impunidad de la otra? Por Dios, las causas de este diálogo entre el misterio y el amor, o entre lo divino y el miedo, o entre lo devastador y el odio. ¿Será que ya tenemos paz en esta Isla con la gloria del Señor en las alturas?

 

El podio de la palabra en este diálogo no está solamente en el “Jardín de la Noche” cubano, aunque realmente la sensatez ha conducido, aunque no confiablemente, a disminuir la sordidez del monólogo cubano, y eso, hay que dejar sentado, es un logro rotundo de la iglesia católica cubana. Nada de nombramientos parlamentarios sino, la busca de soluciones, al menos de inicio, es ya suficiente para comenzar, pero no basta.

 

Debemos entender que como humanos, partícipes en un destino común dentro y fuera de la isla, no podemos pretender ser genios de lo oculto. Sabemos que el gobierno busca tiempo a la presión que cada vez mas le agota no solamente los recursos económicos y financieros ya exiguos, sino, también, los morales, y para esos no hay crédito que valga.

 

Sabemos que en política no hay nada casual. Y si la casualidad política existiere, no seria señal de ocurrencia de un milagro: nada de lo que se desprenda de estos movimientos entre el verde olivo y la sotana será casual.

 

¿Qué tan compleja pretende hacer el régimen la propia situación que ellos mismos han creado? El ángel caído aún respira. La bestia, en vagas estupideces, conduce, y el vulgo aún está insomne, aunque parte de él tiene el parpado abierto: Gracias, Villena, por visualizar la morralla.

 

Lo impredecible no está en el soslayo de un tema de negociación. Aquí no está en juego solamente la libertad de esas ideas en cautiverio. Está en juego ganar tiempo para y a favor del régimen, y mejorar la situación dentro de ese propio tiempo. Precisamente, se busca el milagro, pero la ironía sentimental me conduce a una especulación de alto riesgo: después de los Castro el diluvio, o mejor dicho, hagan lo que quieran, pero ahora simple retoque de carmín a la imagen.

 

Contrario con lo anterior en hechos concretos es dejar, así de simple, que mejore la mesa cubana y no precisamente la de la última cena, sino la del campesino produciendo libremente y comercializando, como el intercambio mercantil simplemente exige: lo producido a la venta. De ahí, luego empero, esperemos resultados, pero fuera del juego gubernamental. Para ese simple ejemplo no hay necesidad de nada divino; en fin, lo humano considerando a buena voluntad su enfoque y teniendo la fe en ese resultado, que tampoco es un milagro, como lo es simplemente producir y vender. En esto solamente media la voluntad humana de hacer, entendiendo, como es razonable, que ese nacimiento es el fin de la creación que es, en suma, el de dar. Y esa es la función del gobierno, es decir, dar toda la facilidad que requiera este sector agrícola.

 

Una ligera observación sería, sin mayor precisión, desaparecer el rate cambiario de la moneda paralela cubana, más conocida como chavitos o CUC, aplicando un valor monetario de cambio con el peso cubano. Es solo un simple ejemplo que evitaría, entre otras muchas cosas, la circulación de un papel moneda sin respaldo, y le daría más dignidad a la moneda nacional. En definitiva, al salario del cubano.

 

Simples ideas factibles de aplicar, las cuales el propio gobierno las entiende como contrarias a su política, y solo las utiliza al fin del pasillo carente de toda luz.

 

No se despeja cierta agudeza entre la lírica y la metafísica que rodea el desespero de busca de un mediador del gobierno. Reitero, desespero mediador del gobierno. ¿Hacia que encuentro de mediación se enfoca? Sabemos que los reos de conciencia no son el fondo, y solo integran la imagen inicial. Sabemos que poseen el poder de manipular con ese sentimiento. Sabemos que soltarlos seria atribuible a gritos de milagro. Sabemos que personeros políticos aplaudirían hasta el llanto para que el mundo vea tan hermoso gesto. Pero en el fondo, no es mucho. En el fondo, es solo hipocresía.

 

No nos desgastemos. Evitemos a toda costa el lánguido y morboso pesimismo que retoca los intentos de cambiar la situación cubana sin que el gobierno cambie. Eso es imposible, y pienso en lo absurdo de agotar la inflexión. Pienso igualmente en lo mediocre de escarbar en esta encrucijada que agota a la comunidad mínimamente pensante, que sabe que la solución no es cercana.

 

El gobierno cubano ha instrumentalizado a toda una nación por décadas: esta instrumentación ha sido parte de su descalabro.

 

El gobierno cubano es objeto de su propio resultado. No hay causas de contenido exógeno en dicho descalabro. Las causas externas solamente han influido más o menos en el nivel, fuerza e intensidad en las crisis sistémicas, pero la autodestrucción es inherente al actuar del gobierno político cubano, y la responsabilidad es exclusiva de ellos.

 

Saquemos de nuestras frustraciones cualquier hálito de inconformidad y busquemos la claridad que se esconde detrás de los espejismos políticos y gubernamentales de los que el gobierno cubano es especialista en hacer.

 

Los presos de conciencia cubanos son parte del asunto, y como tal, también son parte de la solución del problema de la crisis institucional y sistémica cubana actual, pero no son, de por sí, todo el problema ni la solución del problema en si; son simplemente eso, una parte del problema, muy sensible humana y políticamente, que debemos resolver de forma seria, coherente y definitiva.

 

Tenemos absoluta claridad que la incorporación de nuestra sistémica, luego de cambios profundos, a una estructura de un Estado de derecho real y efectivo, solventará y superará gran parte de las simientes de la actual crisis, entre ellas, la de las libertades que han conducido, en su reclamo, a la existencia de estos prisioneros.

 

Hacer oposición no implica, y menos aún conlleva como consecuencia, la cárcel. Hacer oposición es un lícito que solo la democracia es capaz de sustentar y proteger por conducto de una estabilización de las instituciones sociales y económicas, que se complementan con un actuar jurídico racional e insuperablemente justo.

 

Hoy en Cuba se practica la forma más incongruente e inaceptable de reclusión personal, que es la prisión por ideas. El mundo sabe que la racionalidad humana ha superado esta pesadilla en la que el gobierno cubano aún está sumergido e insiste, además, en mantenerse en esa posición.

 

La comunidad internacional sabe, a plena y absoluta conciencia, que ya hoy en día es impensable la existencia de un reo de conciencia, aunque extinga su condena en una lujosa habitación de un hotel de la costa caribeña. En definitiva, es inconcebible tal razonamiento.

 

Evitemos pensar que vamos a oír un confesionario político, porque simplemente esto no va a ocurrir. El gobierno y su cúpula política no se pueden confesar, porque la realidad los incrimina con la historia. No hay necesidad de un confesionario para ellos, sino de una sala de justicia. No puede existir el perdón ante tanta malignidad política y ante tanta castración generacional.

 

En fin, hay una realidad irrefutable e invencible tanto humana como divinamente, y es que contra el futuro no se pude competir, porque simplemente éste tiene el tiempo a su favor.