Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

DÍAS DE GRACIA Y NO DE GLORIA PARA UNA NUEVA FALACIA

 

Quién duda que el resultado del socialismo haya sido un engendro de fracaso económico y de retraso social y humano. Toda una faceta de extensivo ideario de “logros” inacabados e incapaces de solucionar lo mínimo que demanda una sociedad en las distintas frecuencias de su vida diaria, es decir, al menos vivir no solo de promesas cargadas de una intencionalidad de falacias políticas de bajo convencimiento.

 

Mutaciones constantes al ejercicio de la libertad y el derecho individual inclusive,  contrarios a los postulados socialistas respecto  a la existencia del ser social, y con ello,  negados a toda costa como parte inherente a la condición humana. Sin embargo, para los que gobiernan, estarían dando las mismas justificaciones del mantenimiento del Estado totalitarista a cambio de una existencia humana parásita del propio estado, y por demás sumisa a su gobierno, para luego “criticar” su propia obra de ser un disfuncional estado de gobierno “paternalista”.

 

Lógico que esta cínica y no sana “critica” se debe, sin lugar a dudas, a la existencia de dicho fracaso, pero no solo por paternalista sino, y esencialmente, por la ineptitud, voluntarismo y la incapacidad de los “cuadros” políticos integrantes de su gobierno. Esa es la realidad del “estado ideológico y de consignas” desarrollado sobre bases de subsidios y esquemas empresariales improductivos, consolidados con “métodos socialistas de producción”. En suma, la ineficiencia.

 

Además de arrastrar como un lastre copiado de otros modelos socialistas de mayor experiencia, y con ello de superior nivel de fracaso, el “socialismo” cubano ha sido  una conspiración cerrada  con un solo eje directriz que se ha burlado, de forma prepotente y arrogante, de una trayectoria de fracasos repetitivos de métodos y formas de dirección y de liderazgo, con tal de mantener una hegemonía política como sustento de su poder.

 

Paralelo a este eje regente de conflictos y dudas reales sobre su respectiva incapacidad de “mal administrador de latifundio humano”, se anexan todos los que intentan, no vivir, sino salirse con la suya viviendo entre dichos conflictos, y principalmente aquéllos que intentan engañar sólo un “poquito pero suficiente” a la realidad, y se sienten atraídos, por emoción, hacia todos los otros que están ocupados engañándola otro poquito más, y así de unos a otros; según el nivel de mando o gestión de dirección política es la reiteración del “poquito suficiente de la mentira” del éxito del socialismo, y de ahí que dicha conspiración tome la evasión de la realidad con una nueva sistémica de “justicia social”, llegando a la capacidad de producir “cero” como un valor social a favor del pueblo, el cual arrastra, en última instancia, tanto el efecto negativo en el futuro de sus vidas que, a su vez, genera la apatía de existencia sistémica dentro del socialismo.

 

Ahora, en estos pretendidos “días de gracia”, observamos más que nunca la tentada política de superar dichas mentiras gubernamentales, y aflora una nueva etapa de pretendida sinergia de “apertura” que realza el concepto del “raulismo reformador”, pero que no pasa de ser un liderazgo personal anterior, fundado en una falacia subsidiada de un bloque socialista quebrado,  a un efecto típico de relato público, pero ahora con un alto contenido de ciencia patológica, con acciones de grupo falsas preñadas de matices reformadores de baja intensidad, donde se establece como resultado el engaño a las personas con “efectos subjetivos” y pensamientos desiderativos de un “deseo” de algo distinto a lo que se “vive desgraciadamente a diario”, todo  con interacciones sin base real y que aparecen a flote como una “reforma económica” de soluciones apenas familiares, limitadas, imposibles de superar por actos del antiguo enemigo del pueblo cubano: el imperialismo norteamericano.

 

En fin, recordemos que la culpa de todo la tiene “el bloqueo”, y que ahora debemos dar una “solución” efectiva y ordenada, según demanden los cambios que el propio gobierno cubano sabe, con plena conciencia, que no puede cumplir, ya que igualmente conoce que la libertad económica y la riqueza social son la antítesis del poder político único o totalitarista.  Esa condición de libertad y democracia  no la va a permitir la cúpula actual ni la que hereda esta mutación salvaje de gobierno, y exacerba su condición falaz de estado socialista por la voluntad soberana de un pueblo que ya no les cree.

 

El gen egoísta aparece de nuevo, pero con otras caras que aparentan refrescar el panorama de “nueva generación” de “lideres”, pero sin perder, bajo ningún concepto, la base biológica deformada de la conducta del castrismo cubano, muy lejos de nuestra propia diligencia y generando, de forma más solapada, una “ineptocracia” manipulable de altos quilates.

 

Claro está que esta ineptocracia se erige y desemboca sus efectos de forma contundente sobre otros de menor rango y posible mayor ineptitud, que se encuentran debajo en la cadena jerárquica,  ya que los que la ejercen, si bien son totalmente incompetentes para operar su propia vida, se realzan como líderes políticos “adecuados y confiables” para manejar, o mejor dicho manipular, a nombre de otros más arriba de sus cabezas pisoteadas, la vida de grupos humanos que, inclusive, los han “elegido” como sus representantes del conocido pero mal llamado “poder popular”.

 

De más está referir que la voluntad política surte su efecto en la  “elección o, mejor dicho, aprobación previa” del sometido al escrutinio popular. Esta voluntad política (decisión sobre la persona o “cuadro de dirección”) está en manos del poder político, en este caso del conocido “partido”, que se refiere al partido comunista cubano (PCC).

 

El camino que conduce esta vinculación entre el “sultanato” como rector supremo de la nación y de la organización partidista, excluyente “vanguardia organizada” de la clase obrera y la ineptocracia, se reduce al estado de actuación en una “libertad comprometida” de pocos, pero adecuado para que el máximo “regente” se convierta, con sobradas “virtudes históricas”, en un gobernante omnipotente.

 

De ahí que el “sultanato”, no obstante ser  incapaz de ganarse la vida mediante el uso de su propia inteligencia sin antes “consultar su decisión” (no precisamente democráticamente colegiada), es totalmente  capaz de juzgar a los “cuadros políticos”  y, si es necesario, elegirlos para puestos de poder no absoluto, sobre ciencias que nunca ha estudiado, atribuirse logros de los cuales no posee el menor de los conocimientos, tales como dirigir  industrias en las esferas tecnológicas o de las inversiones y el turismo, etc; aun a sabiendas de que, por su propia capacidad, el “elegido” sería incapaz de realizar con éxito el trabajo de ayudante de cualquier profesión empírica; pero, eso sí, es de debida e indiscutible lealtad política. En suma, generalmente el “cuadro dirigente político cubano” es, por definición, un técnicamente inepto, pero políticamente apto.

 

El “sultanato” de los Castro está más sólido financieramente que antes, por el mero hecho de que posee una industria “libremente convertible”, totalmente excluyente en sus resultados, y de absoluto control interno sobre  la base del desfalco de toda la nación cubana. El subsidio externo, ahora casi inerte venezolano y otrora soviético, solo ha servido para sostener la despatrimonización social.

 

El  real y constante de “flujo de caja” fresco, está en la remesas de los propios cubanos radicados en el extranjero, que ahora les “ofrecen” inversiones demacradas a cambio de “repatriaciones”.

 

Es insuperable lo despreciables de este gobierno cubano.

 

Hagamos el ejercicio de “cumplimiento de exigencias” del gobierno cubano ante la ya demostrada “capitulación” del actual gobierno de turno norteamericano: si hoy por hoy se levanta el “embargo”, se “retorna” la Base Naval de Guantánamo, se suspenden las de por si inútiles y tergiversadas trasmisiones de Radio y TV Martí, veremos que el resultado cubano es que las estructuras políticas del mal gobierno no van a cambiar en lo absoluto, así procedan a realizar más de los mismo con pretendidas reformas, aún más tenues que la luz de un fósforo en la selva del Orinoco.

 

El regente del ideario político cubano sabe que solo la forma socialista de explotación capitalista es capaz de mantenerlos en el poder. Esta formulación ahora la van atemperar con la superación de limitantes de producción privada, cercenada con intervenciones profundas del Estado en los resultados de sus apropiaciones de la riqueza generada, y así eliminan la posibilidad de competencia al control de capital de la banca y la industria de mayor riqueza.

 

Ahora hay un nuevo “entretenimiento” en el liderazgo del gobierno que es el establecimiento de “relaciones” con su antiguo enemigo ideológico y causante de sus desgracias cuantificadas ya en billones de dólares.

 

No obstante, saben que este entretenimiento del va y viene de burócratas del gobierno norteamericano o de “grupos” de gente que nada aportan, pero que dicen ser “expertos” de la nada, no superan las expectativas de los integrantes de esa nación, y coadyuvan a justificar y mantener la servidumbre política con “exigencias” que, a sabiendas claras, son más “mentiras suficientes” a una realidad de condiciones de disenso en la naturaleza de ambos sistemas, pero que la refresca con una participación más “libre” de los llamados cuentapropistas, que no alcanzan a competir con el más mínimo sector controlado por el gobierno y, aun intentando hacerlo, no escapan de la expoliación impositiva del Estado que ya no es “paternalista” por su propia ineptitud económica.

 

Ahora bien, este gobierno de mariposas infértiles sabe que la mas mínima penetración de la competencia económica foránea lo desplazará a un estado de controlador político muy limitado, y de solo observador de sus estados contables derivados de los impuestos, y eso crea un infertilidad política que no es el sustento del gobierno cubano y, por ende, no va a ocurrir.

 

Se habla de muchas cosas que hacen mal vista las inversiones en Cuba, pero la más relevante es que estas no se pueden ejecutar bajo las condiciones actuales de existencia y rectoría del actual gobierno; y eso no se legisla.

 

Son reales las versiones que van desde la falta de Estado de derecho hasta la forma de acceso a la mano de obra, pero lo que más incide es que la inversión extranjera en Cuba es potestativa del gobierno aceptarla o no, y eso está camuflado en una ley sin explicitación de procedimiento, dado que la razón de existencia de dicha ley es de base política y no legislativa.

 

Esa voluntad política se enmarca en un grupo de selección de criterios de participación económica en una economía pobre, controlada desde una cúpula que no admite competencia ni cede en propiedad lo que se ha apropiado del patrimonio cubano.

 

Quien invierta en los jardines del actual gobierno cubano tiene que saber que está bajo la égida de un pésimo administrador, pero a la vez de un admirado expoliador de lo inadecuado e impropio.

 

Baste recordar que la “propiedad” posee, entre sus elementos esenciales, ser excluyente de terceros, y ahora el patrimonio cubano es propiedad indiscutible de los “Castro & Sons, Inc.”. Lo demás es jugar al Monopolio, pero con un solo dado para el inversor foráneo y dos para la ineptocracia, agraciada ahora con nombramientos por parte del control económico cubano.

 

Para estos “miembros activos” del actual gobierno cubano, cuya excelencia es ser perfectos “depredadores generacionales” y apropiadores de lo ajeno, el premeditado saqueo social, incluyendo  la habilidad individual del hombre en su existencia, y lograda sea vía académica o empírica, ha sido y será el objetivo del dogma político cubano, que se ha ostentado en el “supuesto” sacrificio de un símbolo llamado “revolución”, y que ha amasado su disfrute un selecto y excluyente grupo denominado partido comunista, que sustituye toda la iniciativa de “vanguardia o liderazgo” individual y colectiva, siempre teniendo como “adjunto al esfuerzo sin límites”, un voluntarismo sin resultados para toda una masa manipulada de trabajadores manuales, intelectuales y agrícolas, definida como “pueblo”.

 

Esta argumentación de dominio de grupo o partidista es la que realmente consolida el mandato supranacional del Estado y lo equipara a la nación de todos los cubanos.

 

La capacidad del “gobierno de leyes”, muy distante del concepto de Estado de derecho, hace aparentar una efectiva reformulación del sistema, que se exacerba ante la desmedida pero necesaria opinión de la prensa que analiza el suceso de Cuba-USA como una concatenación de hechos “históricos”.

 

Las condicionantes han surgido sobre el descalabro del fundamento de estas relaciones entre los gobiernos cubano y norteamericano. El capricho ha desembocado en otro peldaño de falacias más ilustradas entre ambas orillas. Ahora casi cualquiera habla de “riesgos de inversión en Cuba” y otros temas que agudizan más las falsas expectativas que sobre el pueblo cubano ha sembrado este desconcierto. Ahora sobran los “orates parlantes” revestidos de charlatanes conocedores de la realidad cubana.

 

El único problema latente de la realidad cubana es su actual gobierno. Ese es el mismo gobierno que puede legislar “maravillas modernas” con un falacia de contenido en la naturaleza de sus relaciones excluyentes que impide, por la naturaleza de su formación y control, cualquier asimilación de los conceptos de libertades y derechos.

 

El totalitarismo cubano se sufre desde adentro y no hay necesidad de jueguitos de política internacional ni de viajes para saber lo inoperante del sistema.

 

Los días pasan y el descuento en contra de una nación es imparable. No hay más demostración de falta de creencia en su propio gobierno que un éxodo que a todo riesgo se mantiene y crece.

 

Olvidémonos si es un éxodo político, económico, o de voluntad divina. Lo cierto es que existe y tiene su justificación en aquello que se llama falta de esperanza en la vida. Lo demás es parte de un juego semántico y/o académico de poca monta, que solo debe limitaciones para evitar su abuso, concertado y en parte provocado por la igual desesperanza de los que se dejan atrás.

 

No caigamos en el jueguito de tratar de eliminar lo que nos benefició en otro momento por artificios de supuestos patrones históricos. La vida es una trayectoria de continuidad de generaciones con características propias y no de sucesos o épocas históricas.

 

La sociedad cubana se derrumba al igual que sus viviendas. No obstante tan desolador panorama, el gobierno mantiene sus estructuras de control intactas, y no da cabida a nada que no sea de su gusto.

 

Cualquier país moderno puede hacer efectivas las libertades de sus ciudadanos, o al  menos reconocerlas y protegerlas en su ejercicio. El gobierno cubano es todo o contrario.

 

Con solo ver la naturaleza intrínseca del origen y evolución negativa del actual gobierno cubano se sabe, a priori, lo infeliz de cualquier intento de acercamiento de cualquier índole que no sea, precisamente, la de similitud dictatorial y desestabilizadora de su ejercicio.

 

Aún le queda mucho por “reformar” a un gobierno que no otorga credibilidad y efectividad en su gestión,  y solo controla a su libre antojo lo que expropia de otros.

 

En Cuba existe un régimen sin participación popular, con un montado Guiñol de democracia socialista.

 

Nada, eso nos hace capaces de entender lo inútil precisamente de hacer lo posible con una relación contraria a la naturaleza simple de las cosas; por ello, dejemos que se levante el llamado “embargo” y que se hagan efectivas las “exigencias”, y  veremos que NO  PASARÁ NADA, por la mera razón de que el actual gobierno cubano evoluciona en la NADA.

 

Recordemos que la NADA nada INSPIRA.

 

En suma, lo mismo del año anterior. Mejor dicho, de décadas pasadas.