Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Pablo A. de Cuba

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

Aun concibiendo el pecado de la reciprocidad, un año de la nada

 

En efecto y transcurrido un año. Y no precisamente visto en lo eterno del tiempo bíblico, sino dentro del irrecuperable tiempo humano. Como extensión cuantificable dentro del tiempo, un año ocupa apenas un fugaz espacio de la existencia nuestra, pero que, lamentablemente, este año al cual nos vamos a referir queda registrado dentro de la clasificación de “pérdida del tiempo”.

 

Si, así ha sido. Dentro de la irrefutable existencia de la nada en que se han desenvuelto las relaciones entre los gobiernos estadounidense y el cubano. Un año de banderas izadas y de carteles de embajadas. Un año de reuniones y viajes entre diplomáticos de ambos países para temas diversos. Un año de esperanzas al vacío para un pueblo simple. En suma, un año de quimeras, y no precisamente de oro, donde dos gobiernos se han desgastado en el vacío de sus actuaciones.

 

Lo único evidente que tenemos a nuestra vista se resume en un solo resultado axiomático: otra crisis migratoria. Crisis donde las víctimas, de nuevo, son los cubanos, ya desprendidos de esos ensueños que concientizaron, de cualquier forma o capacidad de entendimiento,  que no eran inicuos en sus propósitos de lograrlos, para una vida al menos mejor. Revestidos, a toda conciencia, de una falacia montada por su propio gobierno, que nunca ha pensado en un pueblo. Una real crisis por desengaño.

 

Este tiempo ha sido suficiente para demostrar que esas llamadas relaciones han sido de una sola parte que, más que maniobrar en sendas diplomáticas, ha cedido en una capitulación que ha abortado solo un empeño fatal, conducido a cualquier costo,  incluyendo el ilegítimo y el ilegal, de la actual administración de la Casa Blanca.

 

Queda claro que son relaciones unilaterales pecaminosas, y sin reciprocidad alguna, muy al gusto y típica del gobierno de los Castro.

 

El gobierno norteamericano posee el mérito absoluto de  haber buscado colocar la mayor expectativa posible dentro de un marco estrecho de negociación y “a contra filo” de exigencias que han hecho casi insostenible la posición cubana dentro de esta mesa de negociaciones.

 

Las partes de estas dos orillas han podido tener paciencia de diplomacia estéril, pero los dolidos, los cubanos del día a día,  no han buscado rescatar lo que les queda de esperanza. Ya el aliento de sueños de esperanza basados en falacias políticas dolosas no causa efecto.

 

La parte americana ha tratado de establecer relaciones lo más extensivas posibles dentro de un marco que no excede una entelequia de juego de eliminación de licencias, pero ha tenido que chocar con la contraparte del poder cubano, que además de no aceptarlas y actuar con toda una despótica y patética mala fe, ha excedido en sus “mal argüidas” demandas, a sabiendas de lo imposible de sus reiteradas y demagógicas solicitudes.

 

Un imperfecto juego totalmente desbalanceado se ha puesto en curso. Hasta ahora, los primeros resultados que se han materializado ha sido esta crisis, más allá del odio a la tierra desatado por un gobierno, y que ahora están estancados entre fronteras foráneas de Ecuador y México. El lamento no cesa, y sigue sumando la escapada de esa misma tierra, por la senda de una parte de “esta América nuestra”.

 

Lo real es que el gobierno cubano respecto al tema de los Estados Unidos ha sido especialista en dividir, destrozar generaciones, y provocar  crisis a costa de la vida de sus propios pobladores, pero en esta oportunidad, el Genio salió de la lámpara y no regresa. El resultado nefasto de la falta de credibilidad del gobierno cubano es público y notorio, además de irreversible. La mentira del “sueño cubano” salió a flote, para no hundirse más. En realidad la pesadilla se materializo. Vivir en Cuba ya es insoportable: frase de dominio general.

 

Cinco décadas que se resumen en ocho palabras: el socialismo cubano se esculpió en el aire.

 

Lo simple del día a día es consecuente para resumir que el gobierno americano ha establecido relaciones diplomáticas (a pesar de ser mediocres) con el gobierno cubano, pero este último ni eso ha podido concretar.

 

Solo exigencias baldías e inciertas, a sabiendas de lo imposible de su cesión y concreción paulatina, han sido repetidas más veces que días han transcurrido dentro de este año. La Base, el Bloqueo, las trasmisiones, y la inmortalidad de la jicotea del río Almendares han sido más que escuchadas, abucheadas y danzantes en su letargo gastado. Sin embargo, no dejan de sostener ante un pueblo, igualmente gastado, el obstinante  y frío justificante que el culpable sigue siendo el imperio del norte. Igualmente, este panorama ha dejado esta estela que duele y amancilla una condición humana: una nueva crisis migratoria.

 

El diario de estas noticias vistas desde el enfoque “a lo cubano”, hace creer la existencia de un emprendimiento activo y de fondo de una reforma sistémica en Cuba. Falso. Busquemos en la simple superficie de estas noticias y veremos que el gobierno cubano solo se ha desprendido de una simple parte de la economía doméstica y agrícola, que permite un sustento mínimo a quienes la ejercen, sin olvidar que ese mismo desprendimiento es reversible en cualquier momento, máxime cuando este recae en sectores que el propio supuesto “Estado benefactor” desangró y desgarró hasta dejarlo en vida inerte e infértil, casi al límite de la esterilidad, incapaz de fecundar riquezas.

 

Para la parte americana, la cual es,  per se,  económicamente activa, no se echa a ver la desesperación de “hacer algo en Cuba”. El conocido juego de “llegar y estar primero para el cambio” también han sucumbido a las expectativas de empresarios americanos y de varios oportunistas de baja monta, que además de “improvisados”, se balancean ellos mismos en pos de ser defensores de estas relaciones entre ambas naciones.

 

La incertidumbre ante lo imposible de estas relaciones es precisamente lo que ha creado  el peligroso descontento popular. Situación está donde se fragua el caldo de cultivo a favor del gobierno actual cubano, para desenterrar que los “culpables son los norteamericanos, que no pueden hacer nada” y de ahí, la desbandada del  “sálvese quien pueda”.

 

Lo fatídico del juego emprendido por el gobierno cubano para sostener esta crisis llega hasta el involucramiento y la manipulación de gobiernos tan deplorables como el de Nicaragua.

 

Así, el juego es muy peligroso, ya que, precisamente, eso altera la paciencia de las necesidades. No es lo mismo que te saquen de la lista a que el listado de tu incapacidad haga del juego una pérdida por no presentación, y eso está, precisamente, del lado norteamericano, que ha reiterado, entre asuntos, que la Ley de Ajuste Cubano no se va a derogar, y eso, precisamente, esta administración de turno sabe que no puede hacerlo por razón de ley.

 

El gobierno cubano está actuando, con plena y absoluta conciencia, contrario a una reciprocidad necesaria de entendimiento. Esa reciprocidad, descansada en la buena fe, es insuperable para esta situación de falsedad diplomática.

 

Como parte de su trama de actuación y puesta en escena estadual, el gobierno cubano apela al uso de institutos jurídicos que generan determinado status de reconocimiento internacional dentro de las relaciones entre Estados soberanos, que van desde soberanía hasta respeto mutuo y no injerencia, pero, a sabiendas de su típica y por demás reiterada “inconciencia antijurídica”, de mantener el ejercicio del poder y del gobierno al margen de un estado de derecho, donde si bien existen leyes, están mutadas en su alcance y, en última instancia, no se cumplen, y exigen a su contraparte americana que así igualmente actúe, buscando una incoherencia absurda de reciprocidad en el gobierno del caos, como lo es, en efecto, el gobierno cubano.

 

Sin embargo, a pesar de las exigencias de absurda comprensión, la muy restringida cúpula de gobierno cubano basa su aparente ilógica actuación en que sabe, y por ende lo exige, que el gobierno norteamericano está actuando no solamente por capricho de una insostenible gloria histórica, sino que sus decisiones administrativas ha ido más allá del límite de la ley, y por ello supone una posible correspondencia de ejercicio arbitrario de gobierno. Y no está muy lejos de la verdad.

 

Ya la gracia entreverada de la actuación de la administración Obama está tomando senderos que alimentan una ilegalidad, como lo encierra el mandato legal de la  Ley de Asistencia Extranjera de 1961 (siglas FAA en inglés) que, expresamente, prohíbe cualquier  asistencia a Cuba por parte de EEUU, incluyendo cualquier “otro beneficio” de gobierno, hasta que el Presidente determine que Cuba, bajo los estándares del Derecho Internacional, “devuelva o compense a ciudadanos americanos por propiedades confiscadas después del primero de enero de 1959”.

 

Esta disposición no se ha cumplido, y menos aún encaminada, y en sí constituye  la clave, insuperable y por demás imposible de esquivar, antes de restablecer relaciones comerciales (por ejemplo, levantar el embargo). La ultima y única reunión sobre este tema de las compensaciones así lo ha demostrado.

 

Sin hacer un análisis doctrinal del instituto de la reciprocidad, podemos referir que es parte esencial dentro de la sumatoria de la práctica y la costumbre generadora del  derecho internacional. Como tal sostiene, entre otros elementos integrativos, el principio general favorable al desarrollo amplio de la cooperación jurídica internacional entre naciones, incluso en ausencia de reciprocidad. De ahí puede partir la posibilidad de denegación de la cooperación internacional cuando exista denegación reiterada de cooperación, de prestarla de una parte incoherente con el objeto de esta reciprocidad.

 

Es indiscutible que, en la actualidad, la reciprocidad es considerada dentro de los principios universalmente aceptados del derecho internacional. Su aplicación en las relaciones internacionales es indispensable, máxime cuando existen falta de similitud en la naturaleza intrínseca en el patrón político, económico y social de los estados que buscan un entendimiento y una cooperación necesarios para superar escollos de largo deterioro, como es el caso que nos ocupa en este enfoque.

 

La cuestión radica en que el gobierno cubano no adopta una determinada conducta en respuesta simétrica a la adoptada por el gobierno americano, y como tal se empeña en una aplicación restrictiva de esta reciprocidad, que ahora es más necesaria que nunca, y exige lo imposible con tal de mantener su justificación política de “víctima”.

 

En el ámbito político existe un precedente muy cercano a la naturaleza de estas relaciones y es, precisamente, el acontecimiento histórico de aplicación de la reciprocidad en este marco, que sentó la suscripción del Acuerdo de Principios Básicos entre el entonces Presidente de Estados Unidos, Richard Nixon y el Presidente de la desaparecida Unión Soviética Leonid I. Brezhnev, el cual establece, entre otras cosas, que las “discusiones y negociaciones con respecto a asuntos pendientes entre Estados Unidos y la Unión Soviética serían llevadas a cabo tomando en cuenta el principio de la reciprocidad” y que las partes tratarían de “complacerse” mutuamente con el objetivo de obtener mutuos beneficios. El estado cubano, con su actuación, no pretende acercarse, en lo absoluto, a este relevante acontecimiento.

 

Pero cuidado, no siempre este requisito de la equivalencia en la reciprocidad está presente. En ese sentido, igualmente han existido reclamaciones o exigencias de reciprocidad que pueden ser fraudulentas, al estar escondiendo el dominio o la explotación de un sentimiento nacional de soberanía o de víctima. Y eso está ocurriendo en este juego político del gobierno cubano, para así evitar que esa necesaria reciprocidad  no juegue su papel como un instrumento para lograr el desarrollo de relaciones de mutua confianza y obligaciones recíprocas, y con ello buscar que el engranaje de la reciprocidad y la cooperación se conviertan en factores conspirativos que eviten el manejo eficaz en casos de crisis como la que estamos viviendo actualmente en este desenfreno migratorio.

 

La parte cubana está tratando de establecer, y así lo hace ver, que la reciprocidad que busca su homologo americano debe interpretarse como represalia, es decir, como una reacción americana que le perjudica y  es contraria al derecho internacional, como lo es el ya gastado caso del “levantamiento del bloqueo”.

 

Sería en extremo peligroso entrar a considerar sendas de negociaciones al margen de la concordia y la ley, que conduzcan al estado peligroso de la barbarie y sea el maná (alimento enviado por Dios al pueblo hebreo en el desierto) de una crisis de más envergadura, como la actual. No juguemos al “castigo divino” similar al que vivieran Sodoma y Gomorra, a causa de los ritos paganos y las orgías que celebraba la población. Estamos ante otro panorama que tampoco deja de ser peligroso.

 

Debemos entender que si no poseemos la capacidad necesaria para destruir pensamientos capaces de alimentar la violencia, de cualquier forma o género, contra la existencia humana, caeríamos en la idolatría y la indiferencia. Ahora bien, si usamos lo mismo en caso contrario, no tendríamos de qué y sobre qué escribir al respecto.

 

Lo anterior lo aplico al breve entretenimiento de leer y maltratar neuronalmente a todo aquello que redunde en la imbecilidad y estupidez humana.

 

La prioridad del abuso critico o expositivo se encuentra en el acceso a un medio de difusión general. Esto es prensa de cualquier forma. Pero los desequilibrados parlanchines de baja monta y calma, que se ocultan en un manto de falsa intelectualidad (que no es otra cosa que miedo al real conocimiento), no dejan de campanear la libertad de expresión, y es cierto. Esa libertad lleva implícita la necesidad imponderable (por desgracia)  de oír y leer basura de cualquier clase y contenido, sin importar el lugar o la procedencia.

 

Hoy, por infortunio, ya que se trata de Cuba y los cubanos y no de su gobierno, oímos o leemos a determinados personajes de leyendas de la baja calaña pro castrista, o defensores miedosos del socialismo cubano, que se amarran analmente a la actual y lamentable situación de difusión “provocada y mal intencionada”, buscan justificar esta crisis con la aparición de “rumores” de desaparición de determinada norma de protección legal, como lo son la de ajuste cubano o la disposición de pies secos-pies mojados.

 

La causa de esta crisis es el estado real y efectivo de  servidumbre y esclavitud que vive la mayoría del pueblo de Cuba, y su gobierno está consciente de ello, pero su manifiesta y probada mediocridad humana intrínseca hace de esta desgracia una forma canallesca de gobierno.

 

Si existiera una forma de juzgar y sancionar el engaño contra la existencia humana, estos papagayos de cuevas de ratas serian condenados al mutismo eterno.

 

La sola mención al reconocimiento de libertades sociales, políticas y económicas y su ejercicio garantizado estadualmente de los derechos que de estas emanan, es un “tabú insuperable” para la actual cúpula gobernante cubana. Ya se hace epidémico este padecimiento. Es una mella irremediable, que tapan achacando a causas  foráneas que atentan al desarrollo de una mal llamada “revolución”, que a estos tiempos solo arrastra un fracaso de cinco décadas, y que ahora cada vez menos puede justificar estos resultados negativos, pero que aún alegan como causal de que estas relaciones interestatales posean bases inconclusas.

 

La diplomacia de la exigencia cualificada de lo imposible ha sido el basamento de la parte cubana. Conocen que hay factores que, mientras exista el propio gobierno que ellos representan, no tienen cauce efectivo. El resto es pura demagogia y retórica banal de un mediocre e irresuelto prólogo de novela mal concebida.

 

La única realidad palpable, después de este año de disimulos al desnudo, es una crisis migratoria, la cual, sin lugar a dudas, ha sido provocada y manipulada por el propio gobierno cubano, para así procurar justificar su fracaso para solo glorificar una mala administración presidencial. Ya ahora el liderazgo es de papel. No obstante, buscan sostener sus reiteradas mentiras de hadas vírgenes, a pesar de proceder de prostíbulos políticos.

 

Ese y no otro, es el mayor logro de este sin par demagógico juego de la diplomacia entre ambos gobiernos. Una crisis migratoria.

 

Aflictivo, pero palmario.