Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                            Dr. Antonio Morales-Pita, Chicago

Posibles vías de eliminar la libreta de abastecimiento en Cuba

 

Antonio E. Morales Pita

 

Una condición necesaria para la existencia de un racionamiento es que exista escasez del producto o los productos de que se trate. En el caso de una economía de mercado, donde existe el libre desarrollo de la ley de la oferta y la demanda, la escasez de un producto se presenta cuando la demanda  es mayor que la oferta en un determinado rango de precios.

 

En este artículo el autor utilizará el término “demanda” como se entiende por los economistas, es decir, como una serie de cantidades de un producto que los consumidores deseen y sean capaces de comprar en un contexto determinado de precios. El que un producto se necesite no quiere decir que se demande. Para demandar un producto el consumidor tiene que ser capaz de adquirirlo.

 

En la práctica económica mundial de la economía de mercado hay circunstancias en las que el precio de equilibrio de la oferta y la demanda resulta demasiado alto para una parte importante de la población, y los gobiernos en una economía mixta intervienen y fijan un precio máximo por debajo del equilibrio. Este precio tope estimula la demanda (la cual crece) al tiempo que logra el efecto contrario en la oferta (la cual disminuye). Por lo tanto se provoca una escasez. 

 

El precio tope debe ser establecido por un tiempo limitado, durante el cual los consumidores puedan mejorar su situación económica y tener acceso al mismo producto a un precio mayor que sea conveniente para los productores.

 

Si el precio tope permanece por un largo tiempo, los intereses de productores y compradores provocarán que se viole ese precio máximo, y se cree un mercado negro, por cuanto siempre habrá compradores con mayores posibilidades económicas que otros que pudieran adquirir el producto a un precio mayor más conveniente para los productores.

 

En definitiva se propicia la corrupción al violarse la ley establecida por el gobierno. Adicionalmente, si el precio tope es mantenido por un tiempo extenso, una vez se relajen los controles gubernamentales, el precio probablemente se dispare por encima del previo precio de equilibrio ante la demanda insatisfecha durante largo tiempo.

 

En otras palabras, el precio tope debe ser fijado temporalmente. Si las condiciones del presupuesto nacional son aceptables, el gobierno puede contribuir a la solución definitiva del problema aplicando una política fiscal expansiva, que fomente el empleo, con el consecuente aumento del ingreso y reanimación de la economía. 

 

El aumento de la demanda incrementará el precio, que a su vez inducirá un incremento de la oferta y el equilibrio podría ser logrado de acuerdo con los intereses de los actores económicos sin requerir una intervención directa del gobierno sobre el precio.

 

En una economía centralmente planificada que establece directamente los precios para todos los productos, el problema de la escasez puede ser ocasionado por varias causas:

 

a) incorrecta determinación del precio para los productos 

 

Dado el alto número de bienes de consumo, la tarea de coordinar los precios a nivel nacional es sumamente compleja y constituye una de las desventajas mayores del régimen comunista con respecto a los países capitalistas.

 

Resulta imposible establecer un precio que refleje los cambios en la demanda de todos los habitantes de un país.  Un mismo individuo no puede determinar, por ejemplo, cuantas libras de pan pudiera demandar durante un año.

 

La consecuencia real de esa política es fijar precios que no se corresponden con los intereses del consumidor ni con las posibilidades reales de los productores controlados por el gobierno y obligados a regirse por un plan, que deben aceptar aunque discrepen del mismo;

 

b) inadecuada planificación de la oferta

 

La cual se determina a partir de metas muchas veces insuficientemente fundadas, o de limitaciones de recursos materiales o financieros. 

 

La demanda (aún cuando se llegase a conocer) no sería el factor fundamental para determinar la oferta. De ahí que no exista coordinación entre la oferta y la demanda y exista el peligro subyacente de escasez o de excedente (porque se puede llegar a producir algo que no se demanda o ni siquiera se necesita);

 

c) ineficiencia económica inherente a la economía planificada

 

Que no estimula a los obreros a producir con calidad, sino de acuerdo con directivas del nivel superior.

 

Esta característica propia de la economía centralmente planificada conlleva un uso irracional de los recursos humanos y materiales, falta de aprovechamiento de la capacidad instalada y hasta falta de motivación de los dirigentes que se sienten obligados a cumplir con un plan con el que probablemente no estén de acuerdo.

 

Por lo tanto, la consecuencia lógica es una oferta inferior a la demanda y por lo tanto una escasez generalizada.

 

Aquí el gobierno no tiene que establecer un precio tope, puesto que el propio proceso de precios fijos planificados ya se ha encargado de establecerlo. La enorme diferencia con la economía de mercado es que la política de la economía planificada es mantener esos precios durante mucho tiempo, por lo cual no es de extrañar la falta de cumplimiento de los planes y la escasez permanente de productos.

 

El colapso del país socialista que logró el mayor desarrollo en su clase en el mundo es la mejor prueba de que la economía planificada conlleva un estado permanente de escasez de productos, los cuales además son por lo general de una calidad inferior a los producidos por una economía de mercado típica.

 

La experiencia personal del autor en Cuba desde el 1959 hasta el 1996 es testigo de un sistema de racionamiento permanente que abarca a casi todos los bienes de consumo. 

 

En la antigua Unión Soviética, y en particular en la ciudad de Kiev, en la década de los ochenta no existía libreta de racionamiento, pero sí había escasez de productos básicos de la canasta familiar y colas para adquirir productos básicos como el papel higiénico, desaparición en el mercado de artículos de uso común como tijeras, cuchillas de afeitar, buenos perfumes, etcétera. Otra característica en la capital de Ucrania era la falta de variedad de zapatos de hombre o mujer, o incluso de ropa interior para ambos sexos.

 

El nivel de abastecimiento en las ciudades más importantes de la antigua Unión Soviética era mucho mejor que en Cuba, desde luego, pero estaba por debajo del que el autor experimentó personalmente durante los tres años que vivió en un país capitalista subdesarrollado como México. 

 

La distribución del ingreso es desigual en los países de economía de mercado y no se garantiza que las necesidades [a diferencia de la demanda que solo incluye la necesidad con poder adquisitivo] de toda la población sean satisfechas.  El nivel educativo, la capacidad de lucha y la voluntad de triunfar son factores decisivos para salir de la pobreza en una economía de mercado. 

 

Ahora bien, en una economía planificada existe la distribución uniforme de la miseria, exceptuando a los dirigentes partidistas y militares. Los factores anteriormente mencionados, que son fundamentales para salir de la pobreza en la economía de mercado, resultan ser ineficaces en una economía planificada.

 

A tono de conclusión se puede decir que la escasez es una condición necesaria para el racionamiento en cualquier sistema, pero que en el caso de la economía centralmente planificada existen razones poderosas para un constante estado de limitación de la oferta y de desconocimiento de la demanda.

 

En la economía de mercado se pueden utilizar precios topes por un período determinado; mientras que en la economía centralmente planificada existen precios fijos, inadecuados, imprecisos y permanentes que conllevan a un status quo constante de escasez.  La solución de la escasez está en el aumento de la oferta y en la mejoría de la situación financiera en una economía de mercado. 

 

En una economía planificada, por la propia esencia del sistema comunista, no puede lograrse un aumento de la oferta en consonancia con la adecuación de la demanda.

 

Una vez expuestos los lineamientos generales de la escasez tanto en una economía de mercado como en la centralmente planificada, se analizará el caso de Cuba.

 

Análisis de la situación de la escasez en la Cuba de la segunda mitad del siglo XX

 

Entre los resultados económicos más notables ocurridos en los tres primeros años desde el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, que han contribuido al mantenimiento indefinido de la libreta de abastecimiento en Cuba, se pueden citar los siguientes:

a)     Socialización del sector privado con la consecuente reducción de su producción, por la ineficiencia inherente al sistema comunista además de la inexperiencia de la mayor parte de los dirigentes económicos seleccionados por su incondicionalidad al régimen, y no por sus conocimientos.

Además, no puede dejar de mencionarse el voluntarismo de la máxima dirigencia, empeñada en demostrar a toda costa la superioridad del sistema socialista sobre el capitalista trazando metas inalcanzables, que a la larga atentaban contra el aparato productivo y la economía nacional como, por ejemplo, la frustrada zafra de los inalcanzables 10 millones de toneladas de azúcar crudo base 96° y el posterior aniquilamiento de la producción azucarera cubana.

El desvío de la mayoría de los recursos hacia la frustrada zafra mermó considerablemente la producción en todos los demás renglones productivos del país, sobre todo la producción de carne, leche y agrícola en general.

Resultado # 1: escasez general de bienes de consumo.

b)     Realización de dos reformas agrarias que a la larga hicieron pasar de hecho al gobierno la casi totalidad de la propiedad agraria y sobre todo las decisiones productivas, aunque fuera bajo la cobertura de cooperativas que eran controladas también por el gobierno.

Resultado # 2 : escasez de casi todos los productos agrícolas, incluyendo los autóctonos como viandas y vegetales.

c)     Realización de la reforma urbana, con la inicial reducción de un cincuenta por ciento en los alquileres, que resultó ser en la práctica un verdadero precio tope (aunque variable numéricamente hablando), que al establecerse definitivamente conllevó a una agudísima escasez de viviendas que aún permanece como uno de los principales problemas creados y no resueltos por el castrismo.

El insuficiente nivel de construcción estatal se agravó por el crecimiento poblacional y la falta de mantenimiento en las viviendas existentes. 

Adicionalmente, una parte de los recursos productivos fueron desviados hacia los planes descabellados del comandante como el Cordón de La Habana, la construcción de nuevos centrales azucareros en lugares que no cumplían con los requisitos mínimos de tierra y disponibilidad de agua y fuerza de trabajo, la construcción precipitada en tiempo record de hospitales y otras edificaciones en saludo a “fechas patrias”, etc.  

Tampoco puede descartarse la influencia de ciclones que han azotado al archipiélago cubano durante estos últimos cuarenta y nueve años y que han derribado edificios de apartamentos y otras edificaciones. 

Resultado # 3: escasez de viviendas y en general de edificaciones.

d)     El increíble aumento del dinero en circulación debido a la adopción de medidas populistas como la anteriormente mencionada de la brusca reducción de los alquileres, la gratuidad generalizada de múltiples servicios como educación, salud pública, asistencia a estadios deportivos y a círculos sociales intervenidos a la saliente burguesía cubana. 

Todo este incremento de la gratuidad redujo los gastos de la población, y dejó libre una capacidad adquisitiva que, sin embargo, encontró una oferta disminuida por ineficiente intervención estatal y la eliminación del sector privado.

Por lo tanto, aunque la inflación no se quería reconocer oficialmente, el peso cubano ya empezó a perder su valor  y se inició un proceso parcial de trueque.

Resultado # 4: el interés personal de Fidel Castro de persuadir al pueblo cubano en que el socialismo era la solución a los problemas de la economía cubana le hizo tomar medidas antieconómicas que hicieron crecer la cantidad de dinero en circulación con respecto a la oferta de productos.

Se hizo crecer la demanda por las gratuidades y se amplió la diferencia entre la demanda creciente y la oferta disminuida, con lo que se propició la libreta de abastecimientos como medida “justa” de distribuir el consumo equitativamente, “como medida revolucionaria a favor del pueblo”.

Posteriormente, a los factores antes mencionados se unió la falta de motivación de los trabajadores, la cual será analizada en los cuatro decenios desde que la revolución socialista triunfó sobre la dictadura batistiana. Este factor es sumamente importante para elevar o disminuir la oferta.

Falta de motivación del trabajador cubano para aumentar su productividad y nivel de calificación.

Durante los primeros diez años de la revolución la mayoría del pueblo cubano estaba presa de un fortísimo adoctrinamiento que consistía en someter al pueblo con la esperanza de un futuro mejor.

Estos fueron los años patrióticos del ataque a Playa Girón, de la campaña de la Alfabetización, de la Crisis de Octubre, de la creación del Partido Comunista de Cuba, de la muerte del Che Guevara en Bolivia, de la epopeya de la Zafra de los Diez Millones. 

Es decir, en Cuba se vivía una efervescencia revolucionaria de igualdad y se “anteponían” los intereses de la patria socialista a los individuales de cada cubano. Había un alto nivel de politización de las masas con un guía al frente, que cerraba el camino a eventuales retadores y era todo carisma para los cubanos que residían en Cuba. 

La historia demuestra que el amor a las grandes causas se puede mantener por un tiempo en condiciones excepcionales, pero que a la larga el interés de los actores económicos siempre se impone porque emana de la propia esencia humana que el comunismo trata pero no puede aniquilar.

En la segunda década revolucionaria se mantuvo este estado, la población se había resignado a un racionamiento que se garantizaba con aceptable regularidad, aparecían eventualmente algunas mejorías en algunos servicios, la producción azucarera aumentaba y se acercaba anualmente a los ocho millones de toneladas de azúcar crudo, se abrían algunas tiendas en ciudades y hoteles donde se podían adquirir artículos “por la libre” en el llamado mercado paralelo, se podía comer en restoranes tras una pequeña cola pero sin libreta; en fin, había un respiro. 

Además y esto es muy importante, se mantenía vigente la movilización basada en la “amenaza de un ataque del gobierno norteamericano”, se intensificaban los entrenamientos de milicias, las funciones de los comités de defensa y los repudios masivos a los cubanos que tenían la posibilidad de abandonar el país.

La campaña de alfabetización fue reemplazada por la batalla por el sexto grado, y luego por la del noveno grado. Se enfatizaban los “logros de la revolución” en la educación y la salud. Se preconizaban las labores internacionalistas. El pueblo estaba demasiado ocupado con las tareas revolucionarias para pensar en su futuro, que creía asegurado por el gobierno revolucionario.

En la década de los ochenta la producción azucarera alcanzó sus máximos valores anuales sistemáticamente por encima de los siete millones de toneladas de azúcar crudo, pero ya se empezó a desarrollar el turismo, se suavizó la represión contra  los cubanos emigrantes a los Estados Unidos, quienes ya podían visitar el país, y enviar remesas de dinero a sus familiares. 

El dólar norteamericano hizo su aparición en forma generalizada en el mercado cubano, y fue un factor que empezó a crear una gran división de los individuos con respecto a la tenencia del billete verde.

Hubo un refrán en este período que refleja el estado monetario de la mentalidad cubana ya proclive al trueque mercantil: “Cambio dos tíos internacionalistas por un primo en Miami”. 

Los cubanos “internacionalistas” exponían su vida, eran reconocidos y halagados en el barrio y centros de trabajo como héroes, pero no tenían riquezas para un pueblo pobre.

Los parientes en Miami traían cosas que ya no había en el mercado cubano y eran muy bien recibidos en Cuba, a pesar de que en las dos primeras décadas no se podía mantener relaciones con ellos porque eran “traidores”, “escoria” o “gusanos”. Se desarrolla en los cubanos el deseo de viajar al extranjero, a cualquier parte pero especialmente a países capitalistas desarrollados, para poder comprar artículos que ya habían desaparecido tiempo atrás de los establecimientos gubernamentales. 

Hasta finales de los ochenta era ilegal la tenencia de dólares a menos que se justificara por parentesco con cubanos en el extranjero o por viajes. El aeropuerto de la Habana se convirtió en uno de los lugares preferidos por los cubanos.

El intercambio con cubanos que habían marchado del país y su contraste con la triste y desesperanzada situación de los cubanos dentro de Cuba había logrado despertar el interés humano del cubano adormecido por el fuerte y multifacético adoctrinamiento político.

Al mismo tiempo se recrudece la represión por el régimen, preocupado por el “estado de opinión” de la población. La mítica imagen infalible y salvadora de Fidel Castro entraba en cuestionamiento, sobre todo para las generaciones nacidas después del 1959.

La década de los noventa pone al descubierto la falacia de los así llamados “logros de la revolución”, al patentizar que eran producto del subsidio soviético. La situación económica se torna verdaderamente trágica.

La desesperanza por un futuro mejor corre rampante por todo el país. La presión popular hace posible que renazca una vez más el mercado libre campesino, y brotes de pequeña empresa, así como la despenalización de la tenencia del dólar, muy a pesar de Fidel Castro, aunque con el apoyo de su hermano Raúl a estas medidas.

Crecen las diferencias entre los dos grupos de cubanos en la isla en función de la tenencia de dólares. El trabajo en el turismo resultaba mucho más atractivo económicamente que el trabajo de profesionales universitarios.

Un cargador de maletas en el aeropuerto, por las propinas que recibe de los turistas o visitantes extranjeros, gana más en una hora que lo que devenga en un mes un profesor universitario o un cardiólogo que hace un transplante de corazón.

Se pierde estimulación para estudiar. Muchos profesionales prefieren ser choferes de taxis y guías de turismo. La consagración a la patria y al socialismo ya es cosa del pasado para la mayoría de los cubanos.  Las desigualdades salariales crean inconformidades.

La primera década del presente siglo experimenta una mejoría con la llegada de Hugo Chávez al panorama político cubano, porque mejoran las condiciones energéticas tan fuertemente depauperadas en el país, pero empeora las condiciones en los dos principales “logros” de la revolución: la educación y la salud pública. 

El intercambio de servicios en educación y salud es la moneda de trueque del petróleo. Se acrecienta más aún el amor por los viajes al extranjero, se recrudece la represión, aumentan las deserciones en el extranjero y las salidas ilegales.  La moral del trabajador cubano y su entrega incondicional a la revolución alcanzan los niveles más bajos. 

Ahora el problema principal del cubano es como puede vivir mejor a pesar del socialismo. El ansia por la libertad se entremezcla con la necesidad de supervivencia, y en ocasiones las dificultades son tantas que la supervivencia es prioritaria.

En este período tienen lugar dos acontecimientos importantes en este contexto: la enfermedad desconocida de Fidel Castro, que provoca el desempeño provisional de Raúl Castro como presidente de Cuba, con lo que se dan las condiciones necesarias para realizar cambios en la dirección de la estancada y fosilizada economía cubana, y posteriormente la “elección” oficial (según los métodos eleccionarios “democráticos” prevalecientes en Cuba desde el establecimiento del régimen comunista) de Raúl Castro como presidente de Cuba. 

Un hecho interesante en medio de esta formalización del proceso eleccionario es que Raúl Castro obtuvo más votos que Fidel Castro, lo cual puede ser interpretado como que ya el carisma que siempre había acompañado a la figura del caudillo cubano se había al menos empezado a disipar. 

Conclusión: La clase obrera cubana había perdido considerablemente la motivación para sacrificarse por un país cuyo gobierno no le había resuelto sus problemas básicos durante casi cincuenta años, y comenzaba a concentrar su atención en su bienestar personal.

El derrumbe del campo socialista

Otro factor que disminuyó la oferta, y de paso hizo abrir los ojos al pueblo cubano, fue el colapso de la Unión Soviética, que durante treinta años permitió esconder las ineficiencias del sistema de dirección cubano (en constante estado de “perfeccionamiento”) y aminoró los efectos del embargo norteamericano con un poderoso subsidio, gracias a los altos precios del azúcar crudo cubano y los bajos precios del petróleo, entre los productos más destacados.

 Los “logros” de la revolución cubana en la educación y la salud no hubieran sido posibles sin el subsidio de la antigua Unión Soviética, tal y como quedó evidenciado en las terribles condiciones económicas del período especial, en el que ni siquiera las bajas cuotas de alimentos en la libreta de abastecimiento eran cumplidas.  

Como resultado, se produjo una falta de componentes esenciales de la canasta familiar básica entregada por el sistema de racionamiento, una disminución en la dieta del cubano,  que en un momento alcanzó cierto grado de inanición a partir de la caída del bloque soviético.

Por lo tanto, se puede concluir que la libreta de racionamiento fue establecida y mantenida, además de por razones de tipo político y de control sobre la población, y de una absurda política igualitarista al extremo, como consecuencia de un crecimiento considerable de la demanda respecto a la oferta, crecimiento que no fue debido a las leyes propias de la economía de mercado, que fue estrangulada por el proceso revolucionario, sino a las medidas antieconómicas tomadas por la dirección del régimen (la política de gratuidades) y la socialización de la producción privada, la confiscación de las tierras al campesinado cubano, la reforma urbana y la consecuente escasez de viviendas y edificaciones, la falta de estimulación al trabajador para incrementar la productividad y su nivel de tecnificación, y el colapso de la Unión Soviética. 

El apoyo del gobierno venezolano ha aliviado la tensa situación energética de Cuba, pero en modo alguno ha podido resolver los problemas de escasez que ya resultan endémicos para el pueblo. 

La solución al problema del racionamiento en Cuba

Como se puede apreciar el racionamiento en Cuba surge como resultado de una reducción general de la oferta y un aumento de la demanda creado artificialmente por la política económica de Fidel Castro.  Esta situación no condujo a un colapso del sistema debido, por un lado, al carisma y la influencia de Fidel Castro especialmente sobre las generaciones que hicieron la revolución y la consolidaron, y por el otro, por el efectivo y multifacético régimen represivo entronizado en nuestro país.

Históricamente las tiranías que han imperado en el mundo se han desmoronado, a la vez,  por el empeoramiento de las situaciones económicas en los países que han doblegado, y por el crecimiento de la rebeldía en las masas oprimidas.

El desabastecimiento endémico de productos y la falta de fe en el proceso revolucionario van de la mano en la actualidad cubana, que está atravesando por una de sus peores crisis económicas (se recomienda al lector el artículo de este mismo autor Influencia de la posible recesión norteamericana sobre la economía cubana –tercera parte - del 23 de marzo del 2008 en www.cubanálisis.com).

Por lo tanto, la solución del desabastecimiento cubano, propuesta en este trabajo, consiste en:

a)     buscar las formas de aumentar la oferta de productos a niveles considerables como para salvar la enorme diferencia existente con respecto a las necesidades de consumo de bienes y servicios en la población cubana; ante la ineficiencia de la producción estatal es necesario estimular la producción privada y cooperativa a través de la introducción de los mecanismos de la economía de mercado. 

La eficiencia del mercado libre campesino con respecto a la ineficiencia del sector agropecuario gubernamental es una clara prueba de que la economía centralmente planificada no ha sido, no es, ni podrá ser la solución de los problemas agrarios en Cuba.

Es urgente liberar al sector productivo campesino de todas las trabas inherentes a la economía centralmente planificada no solamente en sus relaciones con el estado, sino también con los productores y los suministradores de materia prima.

El actual incremento de los precios en los productos alimenticios en el mercado mundial ha puesto en el primer punto de la orden del día el incremento de la producción agropecuaria nacional, al extremo de considerarse un asunto de seguridad nacional.

Por cuanto el estado ha demostrado su ineptitud a lo largo de casi cincuenta años, ha llegado el momento de abrir la puerta de la economía de mercado al sector agrícola.

El actual presidente de Cuba parece entender este problema y dar muestras de haber interiorizado esta prioridad con las medidas que ha venido tomando en el sector campesino, las cuales deben seguir profundizándose y extendiéndose hacia otros sectores relacionados con la producción campesina.

Sin embargo, el desfase con la demanda de la población medida en pesos cubanos es muy grande. 

Se necesita poner la producción agropecuaria al nivel de eliminar la libreta de abastecimiento.

Además se trata de un nivel de producción que será necesario mantener y seguir aumentando, no por un año en particular. 

La solución no puede estar en el control de los precios por parte del estado. La única solución está en el libre juego de la oferta y la demanda, que podría ser acompañado por una ayuda gubernamental (subsidio) a las capas más empobrecidas de la población que requieran de un tiempo para fortalecerse económicamente.

El autor no recomendaría establecer precios topes; en su lugar, considera prudente apoyar a los productores en forma de reducción de impuestos para que puedan mantener o incluso reducir en cierta medida los precios de venta y obtener al menos ganancias mínimas que les permitan mantenerse en el mercado.

Es importante crear un ambiente de confianza económica basado en garantías mínimas de irreversibilidad en las medidas que se van tomando, con lo cual los derechos de los productores sean respetados y que, en la medida en que alcancen mayores niveles de eficiencia productiva, contribuirán tanto a su beneficio personal como a la economía del país.

En otras palabras, la necesaria identificación entre los intereses personales con los sociales a través de una economía de mercado. 

Sin embargo, la economía es un todo articulado.  No puede desarrollarse solamente un sector y dejar atrasado al resto de los sectores.

El sector agrícola depende del sector comercial (puesto que es a través de la red comercial que puede vender su producción y adquirir sus bienes de consumo) del sector industrial (que le suministra instrumentos de trabajo), de otros productores del sector agrícola (que le pueden suministrar materias primas, y semillas), y del comercio exterior (donde pudiera adquirir parte de sus medios básicos, y en futuro más lejano tener mercado para sus productos).

El productor campesino acude al mercado de productos a comprar y vender productos, y también participa en el mercado de recursos donde adquiere recursos materiales y humanos necesarios para su producción. 

Por lo tanto, si el campesino recibe o recibirá una parte de la venta de sus productos en divisas convertibles, él necesita gastar esas divisas en la compra de productos (que deberán haber sido elaborados en otros sectores).

Si el campesino recibe divisas en su pago, el vendedor de sus productos también requerirá recibir ese tipo de moneda, y así sucesivamente en todo el ciclo económico. 

b)     No es aconsejable aumentar la oferta y dejar estática una demanda muy alejada de las necesidades. Por lo tanto se recomienda crear una demanda sobre la base de la economía de mercado que llegue a satisfacer las necesidades más acuciantes de la población en alimentación, vivienda y transporte.  En la precaria situación económica por la que atraviesa el país, la demanda comenzará siendo ampliamente inferior a las necesidades.

Dos medidas podrían ser cruciales para aumentar la demanda: 

1- el aumento del nivel del ingreso mediante creación de puestos de trabajo por parte del estado y/o liberando la iniciativa privada para empresarios cubanos;

2- incrementar los salarios en estrecha correspondencia con el incremento de la productividad y de los resultados productivos.

c)     Establecer una única moneda en el país de forma que los ingresos y los gastos se expresen en una sola denominación. Mientras prevalezca la desigualdad entre la moneda que se utilice para comprar los bienes y servicios fundamentales a la población y la moneda con que solamente se puede adquirir los productos incluidos en la libreta de racionamiento o los pagos que se puedan hacer directamente al gobierno, se mantendrán creciendo las necesidades pero la demanda seguiría estancada y no podría absorber un incremento de la oferta. 

d)     Como conclusión final de este trabajo el autor considera que la introducción del libre funcionamiento de la oferta y la demanda en relaciones de mercado, teniendo una sola moneda, es la condición necesaria y suficiente para la eliminación total de la libreta de racionamiento.  Medidas intermedias pueden influir en determinado grado en la solución del problema,  pero no lo resuelven definitivamente.

En otras palabras, el gobierno cubano se encuentra en la disyuntiva de decidir si realmente pretende sacar del abismo a la economía y la nación, o si prefiere mantenerse en una crisis endémica al borde del colapso y el estallido social.