Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                                                                        Dr. Antonio Morales-Pita, Chicago

La pasión por el poder y la dirigencia comunista

 

Convertirse en el presidente de un país posibilita resolver problemas económicos de primera importancia.   Ocupar la presidencia de una república entraña una enorme responsabilidad, cuyo desempeño por lo regular avejenta prematuramente al mandatario. Al propio se tiempo se adquieren enormes ventajas financieras, es alta la probabilidad de corromperse y de situarse por encima de las leyes (sobre todo si la ley fundamental de la república no establece un riguroso control entre los tres poderes), se materializan importantes relaciones con los más acaudalados dirigentes de la economía interna, se establecen vínculos con personalidad internacionales de primera magnitud, y es muy frecuente su aparición en la prensa interna y hasta en la internacional. Puede y debe tomar decisiones que afectan las vidas de millones de personas.

 

Aún suponiendo que el presidente electo es un hombre o una mujer identificado con los intereses del pueblo que representa, de  sólidas bases éticas y una adecuada formación profesional, las prerrogativas propias de un presidente pueden afectar su ego. Puede llegar a experimentar una desvinculación con el pueblo que lo eligió, a prestar oídos sordos a los legítimos reclamos de sus electores, a los consejos de sus asesores, del Congreso de la nación y de los miembros de su propio partido. Algunos pueden llegar a creerse indispensables, súper líderes sin cuya participación no es posible resolver los principales problemas del país. Pueden llegar a sobrevalorarse como poseedores de la verdad absoluta, a ser infalibles y a rechazar toda propuesta que difiera con alguno de sus criterios o lineamientos, sobre todo si proviene de algún miembro de la oposición.

 

Lamentablemente la ceguera mental que produce el narcisismo que llega a producir la exacerbación del ego de un presidente puede hacerle a negar trabajos valiosos, cuya introducción represente ahorros de millones de dólares, simplemente por el hecho de contradecir aunque fuera parcialmente alguna de sus ideas o planes. Un presidente enamorado de si mismo puede ser extremadamente dañino para la economía y el futuro su pueblo.

 

A tono de ejemplo del daño que puede hacer el presidente de un país  al no escuchar criterios diferentes al suyo, puedo citar que durante veinticinco años traté de mejorar con métodos científicos la programación de la zafra azucarera cubana.  Mi trabajo estaba avalado por la experiencia adquirida al trabajar con técnicos y dirigentes de los 152 centrales azucareros que Cuba tenía durante las décadas de los sesenta, setenta y ochenta.  Los dirigentes de los centrales, la provincia y hasta el propio ministro del ramo (con quien trabajé desde el 1984 hasta el 1990 como asesor en la programación de la zafra) estaban de acuerdo con mis propuestas; y, sin embargo, la zafra en cada central se planificaba en realidad con un criterio diferente que obviaba la ventaja técnico-económica y preconizaba empezar la zafra cuando la caña no estaba madura y concluirla antes de que terminara su madurez.  Esta política implicó no solamente pérdidas calculadas en centenares de miles de toneladas de azúcar por zafra con el mismo volumen de caña, sino que afectó seriamente el ciclo vegetativo de la planta. Antes del 1959 el número de años promedio que la caña podía retoñar sin ser resembrada era de siete, y ya a finales de los ochenta y principios de los noventa, se había reducido a dos.  El incremento en el costo de producción del azúcar era enorme por cuanto el costo de la siembra era el elemento más alto del costo agrícola, que a su vez conformaba más del cincuenta por ciento del costo total por tonelada de azúcar por hectárea. Durante todo el tiempo trabajado en la programación de la zafra conocí de serios errores en la industria, pero siempre había tenido la esperanza de que cuando Fidel conociera de mi trabajo, me apoyara y la economía azucarera podría mejorar.  En 1991 pude conocer de primera mano que era precisamente Fidel Castro el autor de toda esa política desatinada que no dejaba que los criterios de la base llegaran hasta sus oídos.

 

En la actualidad, a pesar de encontrarse en su lecho de enfermo, todavía tiene frenado el desarrollo del país y persiste en mantener un sistema inflexible sobradamente probado como ineficiente en Cuba y en el mundo.

 

Entre las tentaciones a las que está sometido un presidente, una de las más dañinas es el amor por el poder, una de cuyas manifestaciones es el querer reelegirse y en conclusión eternizarse en el cargo.

 

La reelección y la perpetuidad en el poder

 

Permanecer en un cargo de dirección más allá de un tiempo considerado como prudencial afecta la capacidad del dirigente para innovar y escuchar nuevos enfoques. Puede acostumbrarse a lo mal hecho (que podría llegar a considerar como normal), a manipular las estadísticas para ocultar problemas serios o para justificar decisiones erróneas.  Un máximo dirigente reelegido es proclive a escuchar a quienes halagan su vanidad y a no prestar atención a los que señalan deficiencias que normalmente se suelen presentar en todas las ramas de la economía y en todos los países aunque se tenga las mejores intenciones de trabajar a conciencia. 

 

Un ejemplo muy cercano para todos los cubanos es el de Fidel Castro, quien encontró en el régimen socialista o comunista un magnífico contexto para perpetuarse en el poder y llegar a ocupar la dirigencia máxima del país durante casi cincuenta años, pero no solamente como presidente del Consejo de Estado y de Ministros, sino también como primer secretario del partido comunista.  Su amor por el poder exigía aún más control sobre la vida de los cubanos, y en la práctica fungía como ministro de todas las ramas.  Si algún ministro discrepaba de algunas de sus decisiones, o tomaba alguna del desagrado del Comandante en Jefe, muy probablemente era removido del cargo. Por voz popular, ya que a la prensa controlada por el partido y el gobierno no se le permitiría dar una información verdadera sobre un cambio de ministros, el pueblo conocía de la remoción de varios ministros por haber contradicho al Jefe.

 

Todo ser humano tiene la posibilidad de equivocarse, y el pensar que uno sea infalible es una de las mayores equivocaciones que puede conllevar graves consecuencias.  Mientras mayor sea la esfera de poder, mayores serán las consecuencias de los errores, y mientras menos se escuche a los que difieran de los criterios oficiales, mayor será la posibilidad de error.  No es casualidad que los presidentes de países tengan equipos de asesores.  Las decisiones son muy importantes y pueden afectar a millones de personas.  Ahora bien, si la composición del equipo de asesores viene dictada, además de por el nivel de calificación, por el de subordinación e incondicionalidad al criterio del jefe, el trabajo del equipo dejara de ser efectivo.

 

Personalmente no conocí al equipo de asesores de Fidel Castro en el quinquenio 1965 – 1970, pero me resulta difícil asimilar que no haya habido ningún asesor que le hablara sobre la imposibilidad de lograr la zafra de 10 millones de toneladas de azúcar base 96° en 1970.  En 1966-67 yo era estudiante de la licenciatura en economía en la Universidad de la Habana y con menos de dos años de experiencia en la industria azucarera pude demostrar que era imposible lograr la meta.  Caben varias preguntas: 1-  ¿alguien se lo dijo, y él lo despidió “por incompetente”?; 2- ¿nadie se dio cuenta del craso error?; 3- ¿alguien se dio cuenta y tuvo temor de decírselo?  Dada mi propia experiencia (mi jefe en el equipo de investigaciones me ordenó que destruyera el trabajo científico que demostraba claramente que era imposible alcanzar los diez millones y no lo comentara con nadie porque de lo contrario me podía costar la carrera y ser acusado de contrarrevolucionario) me inclino a pensar que de las tres preguntas anteriores, muy probablemente la segunda no tuvo lugar y que sus asesores prefirieron dejar a la historia la demostración del absurdo de querer alcanzar una producción de diez millones cuando la capacidad productiva máxima existente no permitía exceder los 8.5 millones.  Pero, aunque el Comandante en Jefe, pidió disculpas al pueblo en una concentración popular realizada en la Habana, frente al edificio ocupado por la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en el malecón habanero, en julio del 1970, la economía cubana tuvo que pagar un precio altísimo; en otras palabras, el resto de las ramas económicas fue abandonado, la consuetudinaria escasez de productos y servicios se profundizó y la zafra de 1971 fue una de las más bajas del período revolucionario hasta finales de siglo en que la industria azucarera cedió su hegemonía económica a la industria del turismo.

 

El amor por el poder y el proceso de reelección ineluctablemente pueden conducir a una dictadura.

 

El probable tránsito a la tiranía o dictadura

 

Por la definición tomada de Wikipedia se aprecia que: “La dictadura (del latín dictatūra) es una forma de gobierno autocrática, en la cual el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo (dictador), estableciéndose un gobierno de facto (de hecho o non de iure) que controla los poderes del estado y legitima su poder en base al dominio de la fuerza.[


El dictador puede llegar al poder tras un golpe de estado efectuado por una coalición cívico-militar o por las fuerzas armadas. De esta forma se crea una dictadura, sostenida gracias al poderío del aparato militar.

Los dictadores también pueden llegar al poder siendo elegidos en votaciones populares, designados por un partido único o jerarquía dominante de cualquier signo, o heredar el poder tras el fallecimiento del pariente que lo ostentaba. Suelen guardar conexión con los totalitarismos a través de la legitimación del poder mediante la fuerza y mediante la ideología del movimiento o partido.”

Es interesante mencionar algunas características de la dictadura tomadas de la referencia anterior:

·        “En una dictadura, los líderes no se renuevan periódicamente por sufragio universal, libre, directo y secreto.

·        Aunque el dictador alcance el poder en unas elecciones democráticas no transcurre mucho tiempo tras la elección antes de que el dictador prohíba todos los partidos políticos (salvo el suyo, si no se trata de una dictadura militar) e imposibilite así posteriores elecciones democráticas.

·        Incluso puede suceder que por razones propagandísticas periódicamente se orquesten desde el poder votaciones manipuladas que otorguen una pátina democrática al gobierno y muestren el fervor popular que suscita entre la población.

·        En estas elecciones, usualmente, el dictador es el único candidato a la presidencia y como se podrá imaginar, la corrupción y las coerciones impregnan la elección, obteniendo el candidato unos resultados increíblemente altos.”

Otra característica de la dictadura es la creación y el reforzamiento ulterior de la represión contra cualquier manifestación violenta o pacífica de la oposición. 

 

En Cuba es famoso el caso de los 75 presos políticos de la primavera negra del 2003, que fueron y en su mayoría siguen encarcelados por reclamar pacíficamente el derecho a ser libres y por “ejercer la libertad de expresión y pensamiento, y por querer lograr para nuestra querida nación la reconciliación y el respeto a los derechos humanos.” (Tomado de la carta firmada por las Damas de Blanco del 1 de Abril de 2003 dirigida a la opinión pública mundial). Algunos de ellos han sido liberados por encontrarse en precarias condiciones de salud, y los 59 restantes “permanecen en muy severas condiciones de prisión, con serias enfermedades la mayoría y que los liberados por problemas de salud pueden ser regresados a prisión” (tomado de la carta del 8 de noviembre del 2007 dirigida por las Damas de Blanco a Cristina Fernández de Kirchner, recién electa presidenta de Argentina).

 

La represión en Cuba alcanza altísimos niveles que igualan o superan los de otras dictaduras en el mundo. Esta arma, indispensable a todo régimen comunista dada la ineficiencia económica inherente a todo modo socialista de producción, alcanza en Cuba un amplísimo diapasón que va desde el nivel de la oficial del Ministerio del Interior hasta la del comité de defensa de la revolución a nivel de lugar de residencia pasando por la de los sindicatos laborales que responden a los lineamientos del partido y no a reivindicaciones obreras,  y la lucha contra las instituciones religiosas.

 

Existen diferencias importantes entre las dictaduras de derecha (que refuerzan el poder en economías de mercado) y de izquierda (que eliminan la competencia), las cuales serán tratadas a continuación.

 

Características del desempeño del poder en el sistema de economía de mercado y en la de ordeno y mando (la comunista)

 

Un dictador innato - que persiga obtener la primera magistratura de un país no para mejorar la situación económica de la nación, sino para usarla como pedestal a sus ansias de poder - encuentra un “caldo de cultivo” ideal en los postulados del régimen comunista. 

 

Ser dictador en un país de economía de mercado es más difícil, pues existen los tres poderes (legislativo, judicial y ejecutivo) y las leyes deben recorrer el proceso de discusión y aprobación en el Senado y la Cámara de Representantes.  Normalmente las leyes no son aprobadas por decreto presidencial. La historia es testigo de dictaduras de derecho, que regularmente han sido impuestas por golpes de estado militares. Estas dictaduras son abiertamente consideradas como tales y no se esconden tras la máscara de la justicia social ni de defender o representar los intereses del pueblo. No proclaman un supuesto “apoyo” a las masas irredentas del pueblo; y, por consiguiente, tienen una duración menor que las de izquierda. Esta última es más difícil de erradicar porque – además de estar defendida por los organismos represivos oficiales – también cuenta con el apoyo de una parte de las fuerzas del pueblo que han sido confundidas con la retórica y el lavado de cerebro típicos de la represión izquierdista

 

El dirigente máximo de un régimen comunista tiene asegurada la perpetuidad en el poder hasta su muerte. No tiene que luchar contra los dos poderes clásicamente fuera del alcance del presidente.  Dirige por decreto.  La dictadura comunista supuestamente defiende los intereses de la clase obrera y constantemente hace apelaciones patrióticas que hacen creer a los miembros de la clase más pobre que, bajo el comunismo, ellos podrán eliminar la explotación del hombre por el hombre y alcanzar la justicia social.  La experiencia de los países comunistas es un rotundo mentís a estas proclamas que confunden a las masas populares.  La realidad del comunismo, corroborada por Sir Winston Churchill, es que “… el comunismo es la distribución igualitaria de la miseria.”  Personalmente yo añadiría… “con la excepción de la apropiada por la clase privilegiada de las fuerzas armadas y la dirigencia del partido comunista.” 

 

Existen numerosos ejemplos de dictadores comunistas en el siglo XX, comenzando con Vladimir Ilich Lenin, Joseph Stalin, y Leonid Breznev en la antigua Unión Soviética; Mao Zedong en la República Popular China; Ho Chi Minh en Vietnam del Norte; Wojciech Jaruzelski en Polonia; Erich Honecker en la República Democrática Alemana; Kim Il Sung en Corea del Norte; entre otros y, por supuesto, Fidel Castro en Cuba.  Con la excepción de los dictadores de Europa del Este que fueron derrocados a inicios de la década del 90 al colapsar la antigua Unión Soviética, los restantes dictadores mencionados anteriormente se mantuvieron en el poder hasta que dejaron de existir, y Fidel Castro – aún gravemente enfermo –sigue obstaculizando el progreso de Cuba aunque delegó la presidencia temporalmente a su hermano menor. 

 

El inicio del siglo XXI ha introducido una modalidad de intento de perpetuidad en el poder para gobiernos elegidos mediante procesos eleccionarios, al menos en Latino América.

 

Nuevo tipo de perpetuidad en el poder en el siglo XXI

 

Los albores de este siglo han sido testigos en nuestro continente americano de la elección popular de dirigentes izquierdistas que proclaman la defensa de los pobres para establecerse permanentemente en el poder. El caso más notorio es el de Venezuela, con un presidente que primeramente apareció en la palestra política como golpista militar y años más tarde ha sido elegido y reeligido como primer mandatario.  Esta presidencia se ha caracterizado por eliminar toda forma de oposición – en primer lugar la prensa - y por tratar de modificar la constitución para permitir oficialmente la permanente reelección. Hay un ataque abierto a la propiedad privada y una imitación al procedimiento que Fidel Castro siguió en Cuba.

 

La situación económica venezolana, a pesar del alza desmesurada del precio del petróleo, dista de ser buena y de favorecer a la clase más pobre.  Es sabido que la inflación es un flagelo que afecta fundamentalmente a las clases de menor ingreso, y este indicador en Venezuela rebasa el 25% para alcanzar el nivel más alto no solamente en la América Latina sino también uno de los primeros en el mundo. Algunas de las medidas populistas establecidas por el Sr. Chávez son de tipo inflacionario, como la reducción de la jornada laboral, y por lo tanto empeoran la situación económica de la clase obrera sobre todo a mediano y largo plazo.

 

Aunque el objetivo de este artículo no es analizar la economía venezolana, de otros trabajos publicados en cubanalisis (incluyendo uno de este autor titulado “Possible scenarios in Cuban transition to the market economy” del 13 de agosto) se puede concluir que la situación económica de Venezuela no es buena.  Una de las razones es que el primer mandatario, en lugar de utilizar los beneficios que los altos precios podrían proporcionar a la economía venezolana, usa parte de esos ingresos con fines políticos para ayudar a otros regímenes izquierdistas en la América Latina como Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

 

Los pueblos de los países anteriormente mencionados tienen la ilusión de que, bajo regímenes de izquierda, podrán salir de la pobreza.  Sin embargo, la historia demuestra que los países comunistas (inclusive con una situación económica mejor que la de los países latinoamericanos anteriormente mencionados como el caso de la República Democrática Alemana, la República Socialista Checoeslovaca y la Unión Soviética) no fueron capaces, no solamente de eliminar la pobreza, sino de mantener una situación económica sostenible para todo el país.  

 

El estudio de las bases del comunismo como sistema demuestra que la falta de competencia propia de este régimen y la inherente represión económica y política (que le son propias para mantenerse en el poder a contrapelo de su ineficiencia económica) le impiden resolver los problemas de la pobreza y además condenan a sus pueblos a vivir sin libertad, que es el bien más preciado del hombre.  El problema de la pobreza solamente se puede resolver bajo la economía de mercado mediante la educación, la elevación de la calificación y una dedicación constante al trabajo. Un gobierno capitalista no corrupto puede dedicar una buena parte del producto bruto interno a la educación y al mejoramiento de las condiciones sociales.  En la economía de mercado el hombre puede ser dueño de un negocio y alcanzar un nivel decoroso de vida; en el comunismo, el progresar económicamente está vetado para la inmensa mayoría de la población y está solamente asequible a la elite dirigente y a sus incondicionales. 

 

En la economía de mercado se limita el poder de los primeros mandatarios; en el comunismo se propicia la permanencia en el poder y por lo tanto se entroniza la dictadura.  En estos momentos existen varios países latinoamericanos con gobernantes izquierdistas.  Los pueblos de esos países no deben dejarse engañar.  Desde 1959 los cubanos no hemos podido ver el futuro mejor prometido por la propaganda oficial.  Ese futuro mejor para el que nos estuvimos sacrificando durante décadas no ha llegado nunca y cada vez está más lejos.  Así también sucederá a los pueblos venezolano, boliviano, ecuatoriano y nicaragüense a menos que la triste experiencia de Cuba  pueda llegar a ser conocida y sirva de ejemplo de lo que no se debe permitir – el encumbramiento y la eternidad en el poder de los tiranos socialistas o comunistas.