Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                            Dr. Antonio Morales-Pita, Chicago

como y cuando eliminar la doble moneda en Cuba

 

La eliminación de la doble moneda en Cuba (pesos “cubanos” y pesos “convertibles” ha adquirido un alto grado de actualidad desde que Fidel Castro tuvo que abandonar el poder por razones de salud, y se ha acentuado con la supuesta apertura al debate propuesta por el sucesor, la cual ha avivado la esperanza de expresar criterios y lograr algunas soluciones a los profundos problemas económicos heredados del castrismo.

 

La introducción de la doble moneda – cuya causa respondió a la necesidad del régimen de obtener divisas para tratar de suplantar el subsidio soviético – ha profundizado la división entre los cubanos y la desigualdad económica entre un reducido grupo de cubanos con acceso al dólar y la mayoría de la población carente de esa posibilidad.

 

El crecimiento del descontento y la desilusión con el sistema, la coincidencia con la “desaparición” del artífice del desastre cubano de la arena política (cuya presencia siempre fue un freno a toda medida que pudiera atentar aunque fuera indirectamente contra su poder) más las presiones populares incrementadas por el empeoramiento de la situación económica han puesto la eliminación de la doble moneda en un primer plano.

 

El clamor por su eliminación se hizo patente en las asambleas fomentadas por Raúl Castro para criticar constructivamente al sistema y eliminar deficiencias dentro del socialismo. El tema se encuentra en la orden del día, pero el gobierno cubano no ha aclarado el plazo ni las formas en que podría producirse esta eliminación.  

 

El fracaso de la agricultura socialista cubana, que ha convertido a Cuba en un país importador de alimentos agropecuarios, el enorme déficit en el balance de cuenta corriente, y el incremento del precio de los alimentos a nivel mundial, presiona fuertemente al régimen a tomar decisiones para resolver el problema.

 

Una vez el régimen raulista ha aceptado en teoría la posible eliminación de la doble moneda, la cuestión vital es cómo debe hacerse para evitar una agudización de las contradicciones internas, una mayor desigualdad en la desproporción distributiva del ingreso, y sobre todo mantener el poder.  El aumento de la represión siempre ha sido el fiel aliado del fidelismo-raulismo; pero no está claro hasta qué punto se podrá seguir conteniendo la ola de protestas que ya ha llegado a la Internet y posibilitado premios internacionales a Yoani Sánchez, a las Damas de Blanco y a Oswaldo Payá.

 

Inclusive dentro de Cuba se alzan las voces de economistas sobre la eliminación de la doble moneda. En particular me voy a referir al artículo “Los salarios, los precios y la dualidad monetaria” del Dr. Pavel Vidal Alejandro[1].

 

Ese trabajo abarca varios aspectos, pero el autor concentra su atención en dos puntos centrales: a) el surgimiento de la dolarización de la economía cubana; y b) el papel de la relación entre crecimiento del salario y de la productividad.

 

El surgimiento de la dolarización de la economía cubana

 

El Dr. Vidal opina que el desequilibrio monetario y la enorme inflación del 200% en el 1993 crearon las bases para dolarizar la economía, “para brindar una moneda más estable y confiable que el peso cubano a las actividades económicas que iban a ser los motores de la recuperación. El turismo, la inversión extranjera, las remesas y otros sectores emergentes la empezaron a utilizar como medio de pago el dólar estadounidense. De esta forma se intentaba aislar el desarrollo de tales sectores, de los desequilibrios e inestabilidades imperantes en el resto de la economía”[2]

 

Aunque el razonamiento es consistente con la razón general para introducir la dolarización de la economía en cualquier país, el trabajo no analiza que el desequilibrio monetario y la enorme inflación en Cuba fueron resultado de la endeble economía cubana puesta al descubierto al ocurrir la eliminación del subsidio soviético.  Al gobierno cubano no le quedó más remedio que abrir la economía al capital extranjero (incluyendo al procedente de las remesas de los cubano-norteamericanos, tan criticados y a la vez tan necesitados por el régimen). 

 

La enorme inflación fue producto de la congelación de precios (que es un tipo de precio tope, cuya consecuencia lógica - al ser mantenido por un tiempo prolongado – es el incremento violento de los precios) más el insuficiente nivel de producción típico de toda economía centralmente planificada. Estos dos últimos factores también provocaron hiperinflación en la antigua Unión Soviética, en Polonia y en otros países ex-socialistas cuando abrieron su economía a los mecanismos del mercado.

 

La consecuencia inmediata, ya sea de un precio tope o de una congelación de precios mantenida por un tiempo superior al corto plazo, es el incremento desmesurado del precio. En el caso de la economía socialista, al existir una congelación general de los precios, la consecuencia inmediata es la hiperinflación.

 

En el párrafo siguiente, Vidal plantea “Tanto la disminución del salario real como la dualidad monetaria obedecieron a estrategias que el país utilizó para enfrentar una colosal crisis económica que acumuló una caída del PIB del 35% en cuatro años.  Había dos fines fundamentales en la estrategia de respuesta a la crisis: mantener en todo lo posible el gasto social y no efectuar un ajuste asimétrico que recayera sobre determinados grupos de la sociedad.”

 

Los fines fundamentales en la estrategia mencionados por Vidal son los planteados oficialmente por el gobierno, pero en realidad los que podemos analizar objetiva y libremente la situación económica cubana sabemos que la razón fundamental era evitar una explosión social. Las experiencias del “maleconazo” y de las protestas en La Habana en 1994 fueron una muestra de esta inconformidad realizada en el tiempo en que Fidel Castro aún dirigía directamente al país y disfrutaba de buena salud.

 

La creación de las dos monedas – como bien dice Vidal posteriormente en su trabajo – agudizó las divisiones de clase en la sociedad cubana. Ahora ha llegado el momento de eliminar la doble moneda por presiones populares. El problema ha adquirido tal magnitud que se ha planteado en la prensa oficial y que, unido a la grave situación agropecuaria del país y el incremento de los precios de los alimentos a nivel mundial, pueden conducir a una situación que llegue a ser inmanejable a pesar de la férrea y creciente represión del régimen.

 

Coincido con el Dr. Vidal en que “la dualidad monetaria no es la causa de las desigualdades”[3]. Como prueba de lo anterior, el Dr. Vidal refiere como evidencia empírica el hecho de que las desigualdades subsistieron a la sustitución del dólar por el peso convertible. 

 

En realidad, según el que suscribe este artículo, la causa de las desigualdades es la maltrecha economía socialista cubana que nunca ha sido capaz por si sola de satisfacer las necesidades mínimas de la población cubana ni siquiera al nivel de la Cuba pre-socialista.

 

Más adelante en el centro de la página 24, aparece destacada la oración siguiente: “La eliminación de la dualidad monetaria, y una política monetaria y salarial más flexible, acompañadas de reformas estructurales, sumarían beneficios al desarrollo de la economía cubana y por ende a la paulatina solución de muchas de las carencias y dificultades que hoy nos agobian.”

 

El aspecto más cuestionable de la oración anterior es que la carencia y escasez de bienes y servicios en Cuba nacieron con la revolución socialista desde la época en que la tenencia del dólar era un pecado capital, castigada con la cárcel y, más importante aún, con la repulsión de la sociedad. A partir del momento en que se permita en Cuba el libre juego de la oferta y la demanda, se podrá empezar a hablar sobre la eliminación de las carencias y de la libreta de racionamiento.

 

El papel de la relación entre crecimiento del salario y de la productividad.

 

Resultan interesantes y adecuados, en opinión de este autor, los aspectos mencionados para flexibilizar e incentivar la productividad, es decir: a) descentralización de las decisiones sobre los niveles de salario y vincularlos más a los resultados económicos de cada empresa; b) la atenuación de la no realización de la propiedad señalada como una de las grandes deficiencias del socialismo real; c) la extensión a otras formas de propiedad; d) los aumentos de salario con participación e identificación de los trabajadores y empresarios con los resultados de la empresa.

 

Las preguntas que caben hacerse son las siguientes: ¿En las condiciones de planificación centralmente planificada del gobierno cubano actual sería posible aplicar los factores anteriormente señalados por Vidal? ¿Sería posible en las condiciones políticas predominantes en Cuba desde 1959 hacer que los sindicatos obreros puedan jugar un papel independiente sin la intromisión del Partido Comunista?

 

Más adelante el mencionado trabajo plantea cuestiones interesantes como la inconveniencia de reducir los precios y de incurrir en procesos deflacionarios, así  como la relación entre incremento de la productividad y del salario.

 

Aspectos finales

 

Hay una frase que llama la atención por su falta de credibilidad: “Además se ha consolidado el sistema financiero y la economía se encuentra en una senda positiva de crecimiento”. Se impone una pregunta bastante elemental, teniendo en cuenta los factores siguientes:

 

·        oficialmente la agricultura cubana se encuentra en un estado de crisis, que ha llevado a convertir a Cuba en un país importador de más del 80% de los alimentos que consume

·        según datos de The Economist Intelligence Unit[4], existe un déficit presupuestario del 3.7%  en el 2006, que asciende a 3.8% en el 2007 y a 4.7% en el 2008

·        también existe un déficit en cuenta corriente de 400 millones de dólares en el 2006, que mejora en el 2007, pero que vuelve a empeorar en sus proyecciones durante el 2008 y 2009,

·        y una deuda externa del orden de los US$17,000 millones en el período 20060-2009,

·        una infraestructura al borde del colapso que va desde el transporte y las comunicaciones a la construcción de viviendas. 

 

¿Cómo entonces es posible hablar de que la economía se encuentra en una senda positiva de crecimiento aunque siga aumentando el producto bruto interno? ¿Cómo es posible hablar de consolidación del sistema financiero si existen las desproporciones entre salario y productividad señaladas en el propio trabajo de Vidal y si el peso cubano carece de valor como medio de cambio?

 

Por último, el trabajo del Dr. Vidal plantea tres medidas esenciales para crear las condiciones cambiarias requeridas para que cese la doble circulación monetaria: devaluar el tipo de cambio oficial, unificar ese tipo de cambio con el tipo de cambio de las tiendas Cadeca (para el público) y darle convertibilidad al peso cubano en el segmento empresarial, permitiendo que las instituciones puedan comprar divisas con sus ingresos en pesos cubanos.

 

Y concluye diciendo “La eliminación de la dualidad monetaria, y una política monetaria y salarial más flexible, acompañadas de reformas estructurales, sumarían beneficios al desarrollo de la economía cubana y por ende a la paulatina solución de muchas de las carencias y dificultades que hoy nos agobian”.

 

La limitación central de este trabajo es que no va a la raíz del problema económico cubano, es decir el mantenimiento de la economía centralmente planificada, que seguirá siendo un fuerte impedimento para lograr las medidas propuestas en su documento: se queda en el nivel de reformas estructurales, y no llega al cambio de sistema.

 

En el mismo número de www.cubanalisis.com se incluyó un artículo muy interesante del Dr. Pedro Monreal, también radicado en Cuba.[5]

 

Considero que el trabajo del Dr. Monreal complementaría al de Vidal, lo pone en una perspectiva más real.  Los momentos fundamentales de este otro trabajo, en mi opinión, son los siguientes:

 

·        Diferencia entre reforma económica y cambio estructural.

·        Define dos cuestiones que deben despejarse sobre los cambios estructurales: 1) la reestructuración en un sentido amplio, que incluya la reforma del sistema económico (el papel del mercado, la regulación estatal de las formas de propiedad y la organización empresarial); 2)  la reforma es una condición inicial obligada para poder avanzar posteriormente hacia los otros cambios estructurales que se requieren.[6]

·        Una economía como la cubana debe ser evaluada como lo que en esencia es: como una economía subdesarrollada que necesita de una vasta y profunda reestructuración que ponga “patas arriba” el estado de cosas existente.

·        Deben existir ciertas premisas básicas que deben estar establecidas con anterioridad a las acciones relativas al “cambio estructural”.

·        La más importante de esas premisas es la existencia de un sistema económico que pueda garantizar las tres funciones básicas de que todo sistema económico debe asegurar: a) la función de cálculo económico – sobre la base de la oferta y la demanda; b) la función de estimulación al trabajo; y c) la función de innovación económica.

·        El cumplimiento de estas funciones no va lograrse mediante exhortaciones ni por generación espontánea. Se necesita de una reforma económica – vasta, profunda e integral – que permita resolver el problema, antes de intentar aplicar otros cambios estructurales. En ese sentido, la reforma económica debería ser concebida como la primera de las transformaciones estructurales que requiere el país.

·        En síntesis el problema económico de Cuba es que el sistema económico que hoy existe en el país no puede servir como punto de partida para el desarrollo, es decir, que los mecanismos que conducen al desarrollo no pueden operar con efectividad desde la situación actual, y por tanto, al ser un impedimento para el desarrollo, ese punto de partida debe ser transformado mediante una reforma económica sustantiva que anteceda al resto de los cambios.

·        Por supuesto que una reforma económica no es un proceso técnico- aunque se auxilie del conocimiento especializado-, sino que es sobre todo un proceso político, y la razón de ello no resulta difícil de entender.”

 

Es impresionante el rigor, la profundidad y la objetividad de este trabajo, escrito por un cubano que reside en nuestra querida patria, lo que demuestra que talentos no faltan en la Isla, sino posibilidades de expresarse sin censuras ni autocensuras.

 

El día 9 de mayo del 2008 salió publicada en www.cubanalisis.com una noticia-comentario de la Associated Press en los Estados Unidos, que se relaciona con la eliminación de la doble moneda y su repercusión sobre la economía cubana.

 

A continuación señalo separadamente los comentarios de mayor interés encontrados por este autor:

 

·        “Esa medida no será una ‘solución mágica’ para elevar los salarios y podría generar desabastecimiento,”

·        “La eliminación de la dualidad monetaria coadyuvará a la mejor medición de la eficiencia económica y será un factor positivo para promover nuestro desarrollo... pero no es una medida que crea de por sí nuevas riquezas".

·        no depende ni dependerá de una decisión administrativa, sino del nivel de fortaleza y eficiencia económica".

·        “poca eficiencia al paternalismo del sistema político y su permisividad laboral, situaciones que Raúl Castro ataca desde 2007 con sanciones para los trabajadores incumplidores.”

·        consolidar el peso cubano como moneda única, mediante "un proceso" de reevaluación frente al peso convertible.”

 

Resumiendo la opinión de este autor sobre los aspectos principales señalados por la información de la AP, se puede decir que la eliminación de la doble moneda: a) no puede perseguir el objetivo de elevar los salarios sin relacionarlos con el incremento de la productividad so pena de crear desabastecimiento; b) puede mejorar la eficiencia económica y promover el desarrollo, pero de por sí no crea nuevas riquezas; c) no puede depender de una decisión administrativa, sino de la fortaleza y eficiencia de la economía.

 

 En otro orden de cosas, sancionar a los incumplidores no resuelve el problema de la falta de productividad. La permisividad laboral se debe a que el sistema económico planificado centralmente no estimula al trabajador: hay que modificar el sistema.  Finalmente, lo importante no es saber si se escogerá al peso cubano o al CUC, la cuestión radica en que sea una sola y que permita equilibrar la oferta con la demanda agregadas.

 

El 26 de mayo se publicó en el espacio “la noticia que se debe seguir de cerca” de www.cubanalisis.com una entrevista realizada al Dr. Osvaldo Martínez,  Presidente de la Comisión Económica del Parlamento Cubano, efectuada por el Sr. Juan Jesús Aznares, del periódico El País, en Madrid, que resulta pertinente a este artículo, y de la cual se señalarán algunos aspectos que llaman la atención:

 

·        El alto funcionario calcula que en torno al 50% de los 11 millones de cubanos tiene acceso a las divisas a través de varias vías: las remesas familiares y el turismo.

·        La economía evolucionó hacia la estabilización en los últimos años gracias, en buena medida, al suministro petrolero de la Venezuela de Hugo Chávez y a los acuerdos comerciales con China.

·        Y los nuevos ricos, los agricultores privados y cooperativistas, podrán ganar mucho dinero vendiendo su producción al Estado o directamente al consumidor. Si las desigualdades sociales se extreman, dice el presidente de la Comisión Económica, se dispone de una herramienta poco utilizada hasta ahora: los impuestos sobre el patrimonio de quienes más ingresan

·        A las preguntas de: ¿Hasta dónde llegará la liberalización en Cuba?, ¿Pero en qué dirección? ¿Más propiedad privada?, ¿Va a ampliarse la entrada del capital extranjero?, no hubo respuesta concreta sino referida a lo que se acuerde posteriormente por la dirección del gobierno.

·        Con respecto al comercio de Cuba con los EE. UU, el Dr. Martínez planteó: “La realidad es bien sencilla. Se trata de un comercio (en torno a los 400 millones de dólares anuales) muy singular que representa una fisura en el bloqueo norteamericano (el embargo de Estados Unidos a la isla desde el 7 de febrero de 1962). Pero es un comercio en una sola dirección. Nosotros no podemos vender nada y debemos pagar la mercancía por adelantado y en efectivo. De todas formas, nos ahorramos costes de transporte y algunos alimentos son más baratos que en otros mercados.”

·        A la pregunta de “Lo cierto es que hasta que no se abra un supermercado privado en Cuba, la apertura económica estará en entredicho”, el burócrata respondió: “Somos presa nuevamente de estereotipos. A los cubanos no les interesa si es privado o no, sino que haya una buena oferta, un buen surtido.”

·        Y finalmente la pregunta clave: ¿Y eso puede conseguirlo el Estado?, la respuesta previamente preparada y solamente aceptable para quien quiera, o tenga que, negar la ineficiencia inherente al sistema centralmente planificado, fue: “Por supuesto que sí.”

 

Con respecto a los criterios vertidos por Martínez en esa entrevista, este autor discrepa fundamentalmente de tres aspectos: 1) la imposición de mayores impuestos a los campesinos que logren mejores resultados económicos (por cuanto frenaría la producción agropecuaria de la mejor fuente existente en Cuba), 2) la posibilidad dada “por supuesto” de que el estado pueda ofrecer una buena oferta y surtido de productos a la población (que ha sido negada por la realidad en todo el período revolucionario aún bajo los subsidios soviético y chavista) y 3) la falta de respuesta a las preguntas centrales del periodista  sobre la dirección y el alcance de la liberalización en Cuba, el papel del sector privado así como la influencia del capital extranjero.

 

En conclusión la entrevista aportó muy poco a los métodos para resolver la urgente problemática económica cubana.

 

Una vez analizados trabajos actuales relacionados con la eliminación de la doble moneda en Cuba, el autor expresará su criterio sobre los procedimientos necesarios para lograr el objetivo anterior.

 

Premisas para que una moneda pueda asumir el papel de curso legal:

 

a)      Debe ser reconocida y aceptada como medio de cambio por el mercado.

b)      Debe estar respaldada por un volumen promedio de bienes y servicios, cuyo valor esté en concordancia con la cantidad promedio de dinero en circulación (que incluye la rotación del dinero).

c)      Debe mantener estabilidad con una tasa máxima de inflación entre un 2 y un 4% como promedio.

d)      La oferta y la demanda agregadas de dinero deberán estar en equilibrio.

e)      La oferta monetaria agregada está representada por el valor promedio del volumen de bienes y servicios.

f)        La demanda monetaria agregada está representada por la capacidad adquisitiva de la población.

 

La situación actual de la oferta y demanda agregadas con respecto a las dos monedas circulando en Cuba se presenta de la forma siguiente:

 

Con respecto al peso cubano:    La oferta de bienes y servicios que pueden ser compradas con pesos cubanos es muy limitada por escasez de mercancías existentes en el mercado valoradas con esa moneda.

 

La demanda de bienes y servicios que pueden ser comprados con pesos cubanos, representada por el dinero en circulación, está por encima de la oferta. Dado el alto grado de insatisfacción de las necesidades, es difícil calcular cuan cerca del volumen de necesidades de población se encuentra la demanda en pesos cubanos.

 

El desequilibrio implica una escasez de productos a adquirir en pesos cubanos, por lo cual un aumento del peso cubano circulante no resuelve el problema sino que lo agrava.

 

Con respecto al peso convertible o CUC:  La oferta de bienes y servicios que pueden ser comprados con CUC oscila alrededor de la cantidad equivalente de divisas convertibles proveniente de las remesas de los cubanos en el exterior, los ingresos en divisas de cubanos que residen en el extranjero pero trabajan para el gobierno de Cuba, y los restantes componentes del balance de cuenta corriente y las reservas en moneda extranjera en las arcas del Tesoro Nacional o la “cuenta especial del Comandante”.

 

Excluyendo el efecto de la tendencia creciente del precio de los alimentos, hasta el momento la oferta de bienes y servicios mantiene un cierto equilibrio con la demanda en esa moneda. 

 

Sin embargo, la demanda de bienes y servicios expresada en CUC está muy por debajo de la demanda en pesos cubanos; o dicho de otra manera de las necesidades vitales del pueblo cubano.  Por lo tanto, una parte considerable de la población se encuentra marginada de satisfacer sus necesidades por no tener acceso al CUC.

 

El socialismo cubano (al igual que todo comunismo sobre la base de una economía centralmente planificada a escala mundial) no ha sido capaz de establecer un equilibrio entre la oferta y la demanda en moneda alguna.

 

El principal problema radica en elevar el volumen de bienes y servicios que puedan ser adquiridos por la población (lo cual es imposible sin acudir a los mecanismos de la economía de mercado), y al propio tiempo ir elevando los salarios expresados en la misma moneda para aumentar paulatinamente la demanda.

 

Si se aumenta la oferta y no la demanda, habría un exceso de productos en esa moneda, lo cual sería irrisorio dado el nivel de desabastecimiento del pueblo cubano. Si se aumenta la demanda y no la oferta, se acrecentaría la endémica escasez en la economía cubana.

 

Por lo tanto, se deben aumentar ambas.  La oferta debe aumentarse con prioridad a la demanda dado que la oferta de bienes y servicios, en igualdad de condiciones, tiende a ser menos elástica que la demanda, y por ende con una capacidad de reacción más demorada.  En la medida en que se vaya aumentando la oferta de bienes y servicios en CUC, se podría ir aumentando la demanda agregada con aumentos en los ingresos en CUC.

 

Las últimas medidas tomadas por la dirección económica del nuevo gobierno cubano persiguen el objetivo de aumentar la oferta de alimentos, y se han introducido modestas medidas de incentivo salarial en CUC sobre todo en la rama agrícola, que es la más deficitaria de todas. Se entrega la tierra ociosa en usufructo a los pequeños campesinos, se paga una parte de la producción en CUC. 

 

Estas medidas son adecuadas para comenzar, pero no pueden quedarse ahí: es necesario liberar la producción agrícola total a la economía de mercado. Los productores agrícolas y agropecuarios deben poder decidir:

 

a) cuanto les conviene producir y el precio que puedan ofrecer;

b) recibir préstamos a bajos intereses del estado y decidir qué inversiones realizar;

c) qué recursos consumir y poder discutir los precios con los suministradores;

d) que productos consumir de otras ramas de la economía.

 

Los mecanismos propios de la economía de mercado, exenta de la complicada madeja de interdependencias artificiales de la economía planificada, se encargan de establecer los equilibrios, producir en función de la demanda y no de “orientaciones” desde el nivel superior. Está harto probada la ineficacia y la ineficiencia de la producción agrícola centralmente planificada en Cuba y en el mundo.

 

En las condiciones no solo de Cuba, sino de cualquier otro país, el Estado debe tener la opción de intervenir para mantener la competencia y proteger a las clases más desposeídas, con programas de subsidio a los consumidores, así como también a los productores que no puedan reaccionar con la debida prestancia a las nuevas circunstancias en un mercado aún sometido a una economía planificada. 

 

Este autor no comparte la medida mencionada por el Presidente de la Comisión Económica del Parlamento Cubano de aumentar los impuestos a los campesinos que se vayan “enriqueciendo” con la adopción de las nuevas medidas.  Se trata de aumentar la oferta y no de frenarla: el aumento de los impuestos pondría un freno a la fuente principal de incremento de la producción agrícola.  Las desigualdades en la población se deberían resolver mediante subsidios para que la demanda pueda aumentar.

 

El proceso debe ser paulatino, pero continuo, y hasta las últimas consecuencias: en otras palabras, liberar las fuerzas de la economía de mercado no solo en la agricultura, sino también en la industria y los servicios.

 

Si la liberación ocurre solamente en la agricultura, la demanda en CUC del sector agrario no encontraría –como productores– una oferta necesaria de insumos, y -como consumidores- una oferta en la esfera de los servicios.  Por lo tanto “el cuello de botella” pasaría de la agricultura hacia la industria y los servicios. La estimulación necesaria a los productores agrícolas no se llevaría a cabo y se impondría otro freno. Debe tenerse en cuenta que la economía de mercado estimula al ser humano como productor y como consumidor, lo cual nunca ha podido hacerse en una economía centralmente planificada.

 

No puede pasarse por alto la repercusión de que una medida unilateral en la agricultura pudiera tener sobre los trabajadores en las restantes ramas de la economía que se sentirían desmoralizados y muy poco estimulados a incrementar la producción y la productividad.

 

Por lo tanto, la conclusión general a que podemos llegar es que el establecimiento de la economía de mercado a nivel nacional sería la única y definitiva solución como premisa para eliminar la doble moneda en Cuba. Mientras más demore el proceso de tránsito hacia el CUC, más complicadas e imprevisibles serían las consecuencias sobre la economía y la dirigencia política del país.


NOTAS:

[1] Vidal Alejandro, Pavel “Los salarios, los precios y la dualidad monetaria” publicado en Cubanálisis en abril del 2008 y tomado de espaciolaical.com (www.espaciolaical.org/contents/14/226.pdf)

[2] www.espaciolaical.org/contens/14/2226.pdf  página 22.

[3] Ibidem, página 24.

[4] Country report Cuba, Monthly Report May 208, Economist Intelligence Unit

[5]Monreal, Pedro, El problema económico de Cuba, miércoles 30 de abril de 2008 Publicado en cubanalisis, abril del 2008 http://papasxmalangas.blogspot.com/2008/04/el-problema-economico-de-cuba.html  

[6] Ibidem, páginas 3 y 4.