Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                                                          Dr. Antonio E. Morales-Pita, Chicago

Lavado de cerebro

 

 

La represión del pueblo es necesaria para los regímenes comunistas, y el lavado de cerebro, como forma sutil, pero muy efectiva, es de vital importancia para esta represión. Para eliminar esta influencia negativa es necesario saber cómo se logra implantar, y a ese objetivo se dirige este artículo.

 

Para la creación de una mentalidad conformista con el sistema comunista se requieren al menos las siguientes condiciones:

 

1-la necesidad social de un cambio político;

2-la toma del poder político y económico;

3-el profundo conocimiento de los valores del pueblo;

4-inteligencia y astucia para, utilizando esos valores, transformarlos en beneficio de la nueva causa;

5-adopción de medidas populistas que, aunque antieconómicas para el país, resulten favorables a las masas populares al corto o mediano plazo y que le granjeen simpatías con el nuevo régimen;

6-control de los medios de difusión masiva;

7-extensión de la campaña al sistema educativo, la esfera laboral e incluso la familiar.

 

Analizando brevemente las tres primeras tendremos que, tras siete años de sangrienta dictadura derechista hasta el 31 de diciembre de 1958, el pueblo cubano ansiaba la libertad.

 

Fidel Castro era el líder del movimiento que derrocó a Batista (que contaba con el apoyo del gobierno norteamericano) y se proclamaba como propulsor de una revolución humanista y cubana como las palmas.

 

El pueblo cubano no era comunista pero deseaba un cambio político democrático.

 

El poder político fue tomado sobre la base de la guerra de guerrillas, el desmembramiento del ejército anterior y la desaparición del escenario político de figuras que pudieran competir con Fidel en el liderazgo del país (Che Guevara y Camilo Cienfuegos). El económico se consolidó a través de la nacionalización de empresas, que había concluido en lo fundamental en 1961.

 

Se comenzó por las norteamericanas – en respuesta a la supresión de la cuota azucarera - y después, las de propiedad de cubanos tanto en la ciudad como en el campo. El comercio, tanto interior como exterior, pasó también rápidamente a manos del estado.

 

Fidel Castro sabía que los principales valores del pueblo cubano eran la patria, la familia y Dios. Él estudió en escuelas religiosas y solía llevar un collar con crucifijo en los primeros días del triunfo.

 

Desde un principio, Fidel trató de semejarse a los próceres de la independencia. Usó ampliamente el nombre de José Martí, especialmente sus escritos antiimperialistas. convirtiendo a un líder de la guerra contra España del siglo XIX en un marxista leninista del siglo XX.

 

Fidel tenía que identificarse con la patria, de tal forma, que luchar contra la revolución implicaba ir en contra de la patria, cuyo concepto también fue utilizado para atacar a la familia.

 

Las actividades “patrióticas” separaban a los padres de los hijos, a los maridos de las esposas, por cuanto ocupaban los días y horas normales de descanso. La zafra azucarera, el trabajo voluntario y las actividades militares, alejaban a los miembros de la familia. El trabajo de estudiantes secundarios en el campo limitaba el contacto de padres e hijos al fin de semana durante el año escolar.

 

Aunque el 8 de enero del 1959 los “barbudos” triunfantes entraron en la Habana usando símbolos religiosos, a los pocos días, hubo diferencias ideológicas con la iglesia, así como alguna que otra acción física. Se eliminó la celebración de la Navidad y la Semana Santa bajo pretexto de un extenso período de zafra. [En mi libro “La Habana-Mérida-Chicago” (Un viaje hacia la libertad) explico este proceso].

 

Además, se citaban actividades revolucionarias en el mismo horario en que las iglesias solían celebrar sus misas o servicios. Desde abril de 1961, momento en que se anunció el carácter socialista de la revolución, se puso de moda el marxismo. Se contraponía la iglesia a la patria.

 

La suspensión de la cuota azucarera cubana por los EE.UU. fue una magnífica excusa para dar entrada a la Unión Soviética, que se presentaba como ejemplo de país desarrollado y ateo.

 

Una vez expuestas las tres primeras condiciones para el establecimiento del lavado de cerebro, y dando por sentadas las dotes demostradas por Fidel Castro para transformar los valores del pueblo cubano en beneficio de sus intereses, en este artículo se expondrá el cumplimiento de las restantes tres condiciones.

 

En la economía Fidel adoptó medidas que le granjearon rápidamente la simpatía del pueblo, tales como la reducción de los alquileres en un 50%, la gratuidad de la salud pública y la educación, el libre acceso a espectáculos deportivos, el casi libre acceso a los clubes, etc.

 

Medidas a corto plazo convenientes para la población, en breve tiempo aumentaron desmesuradamente la demanda y redujeron muy fuertemente la oferta de productos (desestimulada por el bajo nivel de precios, el proceso de socialización del gobierno y la ineficiencia productiva de los inexpertos nuevos dueños de negocios – los interventores).

 

La política de gratuidad detonó un exceso de dinero que originó un proceso inflacionario, ocultado por la política gubernamental de fijación de precios y el racionamiento que ha caracterizado a la economía socialista cubana desde 1959. La libreta de abastecimiento fue el medio de controlar la demanda y de justificar una política “igualitaria” de distribución de productos.

 

A partir de ese momento – y hasta la aparición del dólar estadounidense en la década de los ochenta - a la mayor parte de los ciudadanos cubanos le correspondería comprar la misma cuota de alimentos, ropa y calzado, y la escasez de vivienda sería uno de los más graves problemas del país, los cuales, curiosamente, se presentaban como virtudes del socialismo por su igualitarismo en la distribución.

 

La nacionalización llegó a los medios de difusión masiva, que divulgaron “las virtudes del socialismo” por radio, televisión y la prensa escrita. El pan nuestro de cada día era el discurso del presidente con su defensa sistemática de las medidas revolucionarias y su ataque contra el capitalismo. Cuba se presentaba como el país más democrático del mundo, en el que el pueblo era “dueño de su destino” y “el hombre era hermano del hombre”. Cualquiera se podía confundir y pensar que Cuba era un paraíso.

 

A través de la prensa se utilizaba con frecuencia un pensamiento de Martí que decía: “La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla”. Se usaron estas palabras para justificar la introducción del comunismo y se alegaban que eran falsas las noticias sobre su crueldad. O sea, se introducían mentiras que se presentaban como verdades. Desde luego, nunca se divulgó esta otra frase de Martí: “El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital”.

 

La doctrina comunista invadió todos los niveles de enseñanza con la introducción del marxismo-leninismo en los planes de estudio, los círculos de estudios en centros de trabajo, los comités de defensa y hasta las relaciones familiares, incluyendo la compatibilidad de caracteres en la pareja basada en la aceptación de la doctrina

comunista.

 

En Cuba se dieron todas las condiciones para el lavado de cerebro.

 

Explicaba las condiciones mínimas necesarias para establecer y consolidar el lavado de cerebro, partiendo de las cuales es posible establecer la estrategia para luchar contra él y llegarlo a erradicar. Con este objetivo sería necesaria la toma del poder político y económico, esta vez, por las fuerzas democráticas; pero, aunque fueran eliminados por decreto el control de los medios de difusión masiva y la campaña propagandística en las esferas educativa y laboral, habría que luchar por desarraigar la pobreza de espíritu y la dependencia al gobierno inculcados por el régimen comunista.

 

Recuérdese que se tergiversan los valores; y se crea temor y rechazo hacia la economía de mercado. Se confunde el concepto de libertad e identifica con la subordinación del interés personal a los del partido. Aun cuando se hubiera desarrollado la educación, como en el caso de Cuba, una parte de la población más liberal se puede encontrar fuera del país o recluida en cárceles, y otra parte incondicional al sistema temería perder sus privilegios.

 

No es fácil pasar de “todos somos iguales” hacia “somos diferentes y debemos estar situados en clases sociales distintas”. Es dura la tarea de reemplazar el culto a la pobreza por el respeto a la propiedad privada. A esta transformación del poder político, se añaden los efectos del lavado de cerebro como un freno al cambio.

 

Aunque difícil, el problema tiene solución aún en Cuba. La mayoría de las grandes dictaduras de la humanidad -tanto de izquierda como de derecha- han sucumbido cuando la situación económica se ha tornado verdaderamente insoportable. Las masas oprimidas en general prefieren morir peleando que de hambre y desesperanza. Las revueltas en la Habana en el verano de 1994 obligaron a Fidel Castro a abrir el mercado libre campesino, mediante la intervención de Raúl. Las finanzas cubanas confrontan problemas agudísimos.

 

El régimen sobrevive gracias a la represión, al apoyo del gobierno venezolano y a situaciones coyunturales en el mercado internacional. En conclusión, la dictadura necesita ayuda financiera estable, y la desaparición de Fidel Castro puede viabilizar encontrar soluciones dentro de la economía de mercado.

 

Un nuevo gobierno de coalición con fuerzas democráticas podría al menos detener el desarrollo del lavado de cerebro y su paulatina desaparición, ante la demostración palpable de una mejoría económica lograda por un cambio fundamental de sistema político. Se necesitan recursos financieros que podrían ser aportados por el gobierno norteamericano y el grupo de exilados cubanos en Miami. Esa ayuda estaría condicionada a medidas, como la liberación de presos políticos, algunos de los cuales son intelectuales que pudieran participar también de este gobierno de coalición. Soy del criterio que el pueblo cubano no aceptaría una solución que excluyera al grupo de los disidentes, que han tenido y tienen la valentía de oponerse al régimen en condiciones desventajosas.

 

Dada la profunda divergencia de intereses entre estos grupos, el proceso de lograr esta coalición no sería fácil ni exento de una posible guerra civil; sin embargo, el interés común de mejorar la economía de Cuba podría facilitar el proceso. En un próximo artículo profundizaré sobre esta posible coalición.