Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

  

 Antonio E. Morales-Pita, PhD, fue profesor de la Universidad de La Habana, donde se especializó en modelos económico-matemáticos, y actualmente es Profesor en la Universidad DePaul, en Chicago, Illinois. Se incorpora con este primer trabajo al creciente equipo de colaboradores de Cubanálisis - El Think-Tank, que se amplía continuamente. Muchos otros escritos de este experimentado economista cubano verán la luz en próximas ediciones, para beneplácito de nuestros lectores en todo el mundo. y contribución conceptual al debate de las ideas de la Cuba del futuro. Cubanálisis - El Think-Tank le da la bienvenida al profesional y amigo, con el total convencimiento de que sus contribuciones serán un valioso activo en el desarrollo de nuestros empeños.

 

 

El comunismo y la pobreza

 

El objetivo de este artículo es demostrar objetivamente que el comunismo no es la solución a la pobreza. Se compone de tres secciones: a) imposibilidad teórica y práctica de la eficiencia económica en el comunismo; b) diferencias represivas entre dictaduras de izquierda y derecha; y c) el culto a la pobreza. Veamos el primer punto.

 

El comunismo se puede definir como una etapa de desarrollo económico en la cual el estado es dueño de todos los medios de producción y servicios, incluyendo el comercio exterior, los medios de prensa y el sistema de educación y salud, entre otros. Se excluye la propiedad privada y la competencia.

 

Se supone que el sistema posibilita la identificación entre los intereses individuales y sociales, elimina la explotación del hombre por el hombre, los privilegios y la corrupción gubernamental, y logra la distribución igualitaria del ingreso. La dirección de la economía recae en el partido comunista. Carlos Marx fue el creador de este sistema político, cuya ley económica fundamental plantea la satisfacción de las necesidades cada vez mayores de la población en base al constante crecimiento de la productividad. Como que el paso del capitalismo al comunismo implicaba un cambio estructural radical, Marx concibió una etapa intermedia, que él denominó como socialismo.

 

A pesar de la bella imagen que se proyecta, la propia concepción del socialismo como período de tránsito es insostenible porque el ser humano es egoísta por naturaleza y actúa de acuerdo con sus intereses. El desea progresar, tener su propio negocio, ser dueño de casa, poseer medios de comunicación, etc.

 

¿Es concebible que la sociedad pueda satisfacer las necesidades crecientes de todos? ¿Cuán enorme sería la capacidad productiva y la eficiencia de un sistema capaz de garantizar esta satisfacción? En la economía de mercado la oferta y la demanda se encargan de regular el consumo y estimular a los individuos a trabajar para poder satisfacer sus necesidades, pero en el comunismo no existiría el mercado. ¿Mediante qué instrumentos el estado pudiera conocer estas necesidades y adecuar su capacidad productiva acorde con las mismas? El hecho de que la escasez es inherente a todos los países que han tenido o tienen regímenes comunistas, es el mentís más rotundo a este ideal irrealizable.

 

Dentro de las cuatro estructuras de mercado reconocidas en el capitalismo, la menos eficiente socialmente es el monopolio, que por lo regular abarca una rama de la economía. ¿Cuál será el nivel de ineficiencia en un sistema en el que todas las ramas de producción pertenezcan a un monopolio estatal?

 

Existen dos factores fundamentales relacionados con la ineficiencia gubernamental comunista: el primero es que las empresas supuestamente tienen que cumplir un plan, impuesto por los organismos de nivel superior, con el cual posiblemente discrepen y, que regularmente, supone un crecimiento con respecto al período anterior aunque no haya bases objetivas que soporten tal supuesto o incluso que lo nieguen de plano .

 

Durante mis investigaciones en la industria azucarera cubana, los administradores de los complejos agroindustriales aceptaban mis resultados investigativos basados en datos históricos del central, pero no podían incluirlos en el plan porque el jefe de la provincia los refutaría como “pesimistas”. ¿Cómo justificar entonces la diferencia entre el plan y la realidad? La respuesta era que habría justificaciones que nadie creería pero que todos aceptarían. Si el jefe de la provincia aprobara planes reales, éste sería criticado por el ministro, etc. Por no buscarse problemas y conservar el puesto, se confeccionaban planes irreales, que conducen al fracaso.

 

Un segundo factor es la falta de estimulación al trabajo. El interés individual se subordina al social solamente cuando ocurren circunstancias excepcionales de emergencia, en las que un trabajador promedio pueda trabajar sin una escala salarial que le convenga, o si no ve que la mejoría económica de la empresa se corresponde con la suya. Durante un tiempo, el trabajador puede ser engañado con la promesa de un futuro mejor, pero cuando – al transcurrir los años – la situación no se modifica o empeora, decae su moral de trabajo.

 

Sin embargo, el desestímulo como trabajador es menor que el que sufre como consumidor. Aunque un trabajador estuviera en un lugar “eficiente”, como consumidor se encuentra con un mercado desabastecido, con largas colas, productos de mala calidad, mal presentados, y que no puede devolver. En el socialismo, el soberano es el suministrador por cuanto la demanda siempre es mayor que la oferta.

 

A tono de ejemplo, en Cuba. Como profesor universitario muy dedicado al trabajo docente e investigativo, después de un proceso complejo de selección por méritos laborales, se me asignó un bono para comprar un televisor soviético a colores. El proceso de selección duró casi un mes.

 

Tuve que esperar una semana más por el bono, y después formar parte de una lista de espera en un establecimiento durante dos meses. Compárese ahora la experiencia en un país capitalista en desarrollo como México. Con mi primer salario pude comprar un televisor a colores y un video, a precios razonables, y me los llevé a la casa el mismo día.

 

En la economía de mercado, una vez conseguido el empleo, el consumo no es problema. El propio sistema, impulsado por los intereses de los productores y los consumidores que libremente pueden escoger sus productos y servicios, se encarga de establecer el equilibrio. Cuando ocurren fallos en el mercado, el gobierno puede intervenir pero defendiendo la competencia y la propiedad privada.

 

No todo es negativo

 

No todo en un sistema socialista o comunista es negativo. Se pueden lograr algunos avances temporales en determinados sectores priorizados, como por ejemplo, la salud pública, la educación, la cultura o el deporte en Cuba, así como la educación, la cultura y la conquista del cosmos en la antigua Unión Soviética. Aunque estos trabajadores no tenían diferencias salariales importantes respecto a los demás, disfrutaban de privilegios y estímulos como viajes al extranjero y homenajes.

 

En los regímenes comunistas los ciudadanos no pueden viajar libremente al extranjero. Requieren de muchas aprobaciones o exponer sus vidas. La historia de Cuba posrevolucionaria está llena de salidas masivas, en grupos o individuales. Muchos millares de cubanos han zozobrado en el mar en busca de la libertad y presionados por la insoportable situación económica.

 

Solamente los cubanos ubicados en sectores privilegiados pueden viajar al extranjero, algunos de los cuales desertan de las formas más diversas. Después de permanecer por algún tiempo en suelo extranjero leyendo periódicos y viendo transmisiones televisivas donde se critica al gobierno de turno, y no se bombardea constantemente a la conciencia ciudadana con la promesa de un futuro mejor, resulta insoportable no poder discrepar con una sola de las medidas aprobadas por el presidente de Cuba o sus dirigentes más allegados, so pena de ser denunciado.

 

Además, los oídos se resisten a escuchar noticias falsas sobre cumplimiento de planes cuando se vive en una economía maltrecha. Casi siempre es la separación de la familia – y no el amor por la revolución – lo que hace que los cubanos regresen a su patria después de viajar.

 

Además, la economía se basa en el comportamiento promedio de la población en condiciones normales, y no en individuos excepcionales. La ineficiencia en el campo socialista es una realidad como lo muestra la experiencia cubana y la de Europa Oriental.

 

De 5 y 6 millones de toneladas de azúcar crudo antes del 59, durante los ochenta, la producción promedio osciló de 7 a 8 millones; pero descendió a menos de 4 millones en la década de los noventa y ya en el 2003 no llegaba a los 2.5 millones. En este enorme descenso tuvo repercusión la falta del subsidio soviético, y la política desacertada del presidente cubano, presionando por comenzar la zafra prematuramente e incurriendo en enormes pérdidas de azúcar y afectando la planta.

 

El racionamiento en Cuba desde el 1959 es el indicador objetivo más importante del fracaso económico. El bloqueo norteamericano no explica los errores en la industria azucarera, ni en el proceso inversionista.

 

En la Unión Soviética primaron la pesada carga de gastos militares durante la guerra fría, la ayuda a movimientos y gobiernos comunistas en Asia, África y América Latina, así como el fracaso de la agricultura que vio mermadas las inversiones y la productividad. La producción agrícola se situó por debajo de la demanda, lo cual implicó aumento de importaciones y costos, déficit en el comercio exterior, el surgimiento del mercado negro, disminución de suministro en los mercados estatales, largas colas y resentimiento. Dentro de la propia esfera militar se manifestó la típica ineficiencia que le impidió competir con los ejércitos occidentales en Afganistán y el Medio Oriente.

 

China ha logrado importantes logros en el crecimiento del producto bruto interno – a pesar de mantener una dictadura izquierdista – porque ha introducido desde hace más de una década la economía de mercado, y el sector privado, tanto nacional como extranjero, incrementa su papel en la economía.

 

Como conclusión, se puede afirmar que resulta evidente que el comunismo es una utopía (imposibilidad) tanto teórica como práctica, porque no puede satisfacer las crecientes necesidades de la población.

 

Esta generalizada ineficiencia de los regímenes comunistas necesariamente provoca inconformidad, desengaño, protestas, emigración hacia países democráticos. Se requiere someter a los pueblos mediante una férrea represión.

 

Partiendo de la experiencia cubana y soviética, puedo establecer algunas diferencias entre los métodos represivos de las dictaduras de derecha e izquierda.

 

La dictadura de derecha es abiertamente represiva. Surge regularmente por un golpe de estado orquestado por el ejército, e inmediatamente establece medidas que atentan contra los derechos humanos. Surge la rebelión interna, se entroniza y recrudece la represión, se censura la prensa y se detiene a todo aquel que se manifieste en contra del poder. En los pueblos sometidos a la dictadura de derecha tanto dentro como fuera del país se sabe que existe una tiranía. Los que no puedan o quieran intervenir en la lucha contra el régimen por lo general no son molestados. No se proclama que el sistema es modelo de democracia. No se utiliza las figuras excelsas de los héroes nacionales para justificar el sistema impuesto en contra de la voluntad popular. La religiosidad del pueblo no tiene que ser necesariamente afectada a menos que la iglesia choque contra la dictadura.

 

Cuando las fuerzas opositoras logran derrocar al tirano, el pueblo oprimido acepta a las fuerzas revolucionarias con la esperanza de un futuro mejor, se convoca posiblemente un gobierno provisional constituido por diferentes grupos participantes en la caída de la dictadura y la celebración de elecciones adquiere importancia de primer grado.

 

La dictadura socialista es mucho más sutil. Surge como la salvadora de injusticias de sistemas anteriores, se trate o no de dictaduras de derecha. Se erigen como defensoras de las clases oprimidas. Se trata de identificar a los gobernantes de turno con los próceres de la independencia patria. Se toman medidas antieconómicas y populares que favorecen en un primer momento a las masas, y posteriormente las condenan a sistemas de racionamiento. La política se sitúa por encima de la economía. Cualquier manifestación en contra del nuevo sistema es tildada de falta de patriotismo.

 

La prensa es una de las primeras víctimas de la dictadura izquierdista, al ser un instrumento valioso para el lavado de cerebro, que resulta indispensable sobre todo en las primeras etapas de adoctrinamiento a las masas. Las primeras intervenciones en el sector privado suelen ocurrir en la prensa, parte de la cual puede haber estado identificada con el régimen anterior. Estas acciones son fácilmente justificables ante el pueblo. Si otro órgano de prensa empieza a criticar algunas medidas del nuevo sistema, el gobierno tratará de clausurarlo a la mayor brevedad posible.

 

La represión del régimen izquierdista supera a la del derechista, puesto que nadie puede librarse de ella. Las medidas revolucionarias alcanzan a todos. Además de usar el ejército y todas las fuerzas armadas, se reprime en el centro de trabajo, en la zona de residencia y hasta en la familia. La vigilancia y la desconfianza son colectivas y mutuas. El lavado de cerebro alcanza su máxima expresión en una dictadura de este tipo.

 

La represión de izquierda es una total negación de los derechos humanos, incluyendo el derecho a no inmiscuirse en política. La dictadura de derecha elimina físicamente a los opositores. La dictadura de izquierda destruye física, intelectual y espiritualmente a todos los miembros de la sociedad. Los seguidores abiertos del régimen también se encuentran maniatados ante las decisiones de la dictadura y muchas veces se convierten en autómatas que repiten consignas y planteamientos del régimen.

 

Al no poder cumplir su propia ley fundamental ni lograr eficiencia económica la dictadura izquierdista fomenta el culto a la pobreza como parte del lavado de cerebro.

 

El culto a la pobreza

 

Creo que todos somos hijos de Dios y tenemos derecho a ser libres y desarrollar nuestras habilidades físicas y mentales. Soy contrario a la discriminación por sexo, raza, nacionalidad o creencia religiosa. Al propio tiempo los seres humanos nos diferenciamos por nuestra capacidad de trabajo, inteligencia, intereses, preferencias, dedicación, tenacidad, en fin por todas las virtudes y defectos que poseemos.

 

Los defensores del comunismo, sin embargo, preconizan la distribución igualitaria del ingreso. Se descartan los intereses personales como motor impulsor del comportamiento humano.

 

La experiencia vivida en Cuba, sobre todo en el llamado “período especial” que sufrí desde el 1991 hasta el 1996, me ha permitido profundizar en el concepto de pobreza.

 

Una de las medidas más duras del racionamiento era la escasez de pan reducido a una cuota diaria de un pedazo por persona. En la bodega donde compraba mis alimentos se distribuía el pan por la libreta hasta las 6:30 P.M., se formaba una cola “de los fallos” y se distribuía el remanente por la libre a partir de las 6:31. Una tarde lluviosa a las 6:28 solamente quedaban cuatro pedazos. Los situados en la cola estaban ansiosos y deseaban que el cliente no llegara a tiempo. Hubo gritos de alegría ante la mala suerte ajena..

 

Otro día había llegado col al agromercado y se estaba dando por la libre. Cuando yo seleccionaba una col entre las pocas que veía disponibles, un empleado de la tienda vociferó que ya no había más coles. Una señora me arrebató la col de las manos y corrió hacia el mostrador.

 

Estos son solamente ejemplos del comportamiento humano cuando se siente hambre y se nublan los sentidos. La pobreza no puede ser un estado ideal y engendra envidia, rencor hacia personas que tienen algo que no poseen todos. La pobreza es un estado muy triste y no debe ser estimulada ni ensalzada por régimen alguno. Las personas nacidas en una cuna pobre, o son lanzadas a este estado, deben de luchar por mejorar su situación económica.

 

La ineficiencia económica impide al régimen satisfacer las necesidades de la población de forma sostenida, y le obliga a establecer racionamientos para cubrir las escaseces. Por eso los comunistas plantean que ser pobre no es problema, y critica al que puede tener algo más. Mientras mayor sea la escasez, más se reforzará el culto a la pobreza.

 

Como pude apreciar por mi mismo en Escocia y México, en la economía de mercado, si un individuo trabaja duro, estudia, y sabe administrarse, puede salir de la pobreza. En la economía de mando no es posible a menos que se sea parte de la élite.

 

El gobierno no promueve aspiraciones de un mejor nivel de vida, que se critica como indicador de la sociedad de consumo. La pobreza es parte del sistema represivo, pero la mayor escasez del régimen comunista no está en la esfera de los bienes materiales sino en la falta de libertad.

 

La palabra “libertad” es tan intuitiva que cuesta trabajo definirla. Por lo regular se le atribuye un complemento, es decir libertad de expresión, libertad académica, libertad empresarial, libertad de selección. Sin embargo, se entiende que es una condición mental y espiritual que nos permite actuar sin hipocresía.

 

En Cuba no se permite: pensar diferentemente de cómo lo hace el partido, abrir una empresa privada sin estar sujeto a condiciones leoninas, dejar de votar en las elecciones donde hay un solo partido, negarse al trabajo voluntario o a la guardia mensual del comité de defensa, no participar en las concentraciones públicas convocadas por el partido o a una escuela pre-universitaria en el campo. Se necesita permiso oficial para cambiar de vivienda o empleo, viajar al extranjero, estudiar una carrera diferente a la orientada por el partido. En un reporte a nivel mundial sobre el índice de democracia, elaborado por la Revista The Economist en el 2007, Cuba aparece con el número 124 empatado con Nigeria. Sobre 10 puntos por indicador, Cuba tiene los siguientes valores: Score general : 3.52; Proceso de elecciones y pluralismo político: 1.75; Funcionamiento del gobierno: 4.64; Participación Política: 3.89; Cultura política: 4.38; Libertades civiles: 2.94.

 

La libertad es el bien más escaso en el régimen comunista. Esta penuria no puede ser aliviada con las remisiones de dinero de los cubanos en los Estados Unidos, y nunca pudo ser aplacada por el subsidio soviético ni por el crecimiento del turismo con intervención internacional. Este yugo impuesto en la soberanía de Cuba solamente podrá ser eliminado cuando mi querida patria pueda ser dirigida por un gobierno democrático que respete los derechos humanos.

 

04-11-2007, La Raza, Chicago