Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                            Dr. Antonio Morales-Pita, Chicago

Repercusión deL colapso de la situación financiera norteamericana

sobre la economía cubana

 

El empeoramiento de la situación financiera norteamericana es un tema de extrema actualidad a nivel mundial debido a la influencia que una notable reducción de la demanda en Estados Unidos tendría sobre países cuyas exportaciones van dirigidas fundamentalmente hacia la primera potencia económica mundial.

 

El fortalecimiento de la globalización acentúa la dependencia económica y financiera del resto del mundo con relación a los Estados Unidos (sobre todo en lo referente a la bolsa de valores).  Por lo tanto, los principales socios comerciales de Norte América se verían considerablemente afectados por un colapso en su sistema financiero.

 

A primera vista, debido al embargo y la “aparentemente débil” relación bilateral Cuba-EEUU, la economía cubana no sería afectada considerablemente por una catástrofe en Norte América.

 

Un análisis más profundo, sin embargo, llevaría a conclusiones contrarias si se toma en cuenta, por un lado, la repercusión directa de la economía norteamericana sobre tres de los principales socios comerciales de Cuba (Venezuela, China y Canadá); y por el otro, el efecto sobre la comunidad cubano-americana.

 

En los trabajos del autor publicados en Cubanálisis, se puede apreciar que efectivamente estos tres países se verían afectados por una depresión económica en los Estados Unidos.

 

Los tres artículos anteriores fueron publicados entre febrero y marzo del corriente año y sus principales conclusiones se mantienen vigentes en septiembre. ¿Qué importantes acontecimientos han tenido lugar en estos seis meses para suscitar un estudio posterior?  En pocas palabras los hechos más relevantes que recomiendan una profundización ulterior en esta temática son dos:

 

a) la repercusión de la crisis hipotecaria y crediticia norteamericana sobre las finanzas del sistema bancario y el mercado bursátil mundial; y

 

b) el incremento del inmovilismo del gobierno de Raúl Castro y el devastador efecto de dos huracanes sobre la isla de Cuba.

 

La repercusión de la crisis hipotecaria y crediticia norteamericana sobre el sistema bancario y el mercado bursátil mundial.

 

La política monetaria expansiva adoptada por el Banco de la Reserva Federal no se ha traducido en el mejoramiento esperado del sistema bancario porque la crisis crediticia ha sido más fuerte que el estímulo de las consecutivas reducciones en la tasa de interés de los fondos federales. Los bancos han restringido los préstamos, incrementado los requisitos para conceder créditos, y están cerrando su fuente de ganancias: la capacidad prestamista. Es un círculo vicioso que en última instancia conduce a la bancarrota bancaria y a la falta de confianza en los hombres de negocios.

 

Toda entidad bancaria tiene que balancear su solvencia (capacidad de hacer frente a sus obligaciones financieras con sus reservas) y su capacidad prestamista (mientras más preste en inversiones saludables, mayor será su ganancia). Para que tenga lugar un préstamo se requiere que el banco desee prestar, y que el inversionista desee invertir. La reducción de la tasa de interés interbancaria facilita al banco poder hacer préstamos a tasas de interés más atractivas para los inversionistas; y estimula a los inversionistas a incrementar sus negocios. 

 

En las condiciones actuales de la crisis hipotecaria y crediticia, la reducción de la tasa de interés ha sido insuficiente para motivar la transacción bancaria porque los bancos temen no poder recuperar el préstamo aunque se trate de inversionistas con buen historial de crédito, y al propio tiempo los inversionistas no tienen expectativas de grandes ganancias en sus inversiones.

 

Ambos actores económicos prefieren esperar a que la situación mejore. Sus propios intereses les impiden lanzarse a la aventura, que sería paradójicamente la única manera de salir de la crisis.  Si el banco no presta, no puede obtener ganancias ni desarrollarse.  Si el inversionista no invierte, su capital se estanca.

 

Como resultado parcial de esta situación de inmovilidad, además de un relajamiento regulativo por parte del Banco de la Reserva Federal, han ocurrido bancarrotas en poderosas instituciones bancarias como Lehman Brothers y  Merrill Linch (dos de los mayores bancos inversionistas del mundo), American International Group (AIG, la mayor compañía de seguros del país), Washington Mutual (uno de los mayores bancos directamente relacionados con la población) y se ha profundizado la crisis en Fannie Mae y Freddie Mac, las compañías financieras apoyadas por el gobierno para hipotecas a personas con ingresos más bajos, que entre ambas controlan el 50% de los préstamos hipotecarios del país. No solamente las medidas de política monetaria expansiva han sido insuficientes, sino también las de política fiscal expansiva a través de los paquetes de estímulo del gobierno Bush.

 

Por tanto, los ejecutivos de más alto nivel para política monetaria y fiscal han presentado al Congreso un paquete para que el gobierno vaya al  rescate del sector financiero con 700 mil millones de dólares: con estos fondos, se espera que los bancos estén más amparados para reiniciar el proceso inversionista y consecuentemente estimular la economía.  Existen, sin embargo, especialistas financieros que no se encuentran seguros de que la crisis se vaya a solucionar con este rescate “record” en la historia de los Estados Unidos.

 

 En otras palabras, la situación financiera norteamericana actual parece estar en  peores condiciones de la que existía en marzo.

 

Situación económica de Cuba

 

La economía cubana se encuentra en uno de sus peores momentos tras el paso de dos fuertes huracanes que han afectado seriamente el abatido sector de la construcción y la endeble infraestructura, y diezmado la base alimenticia.

 

La bancarrota de la economía cubana y su incapacidad de solventar sus deudas con sus principales socios comerciales han convertido al mercado cubano en altamente riesgoso y poco apetecible no solamente como consumidor sino también como destino para inversiones directas extranjeras.

 

Al propio tiempo, las presiones internas dentro de la cúpula dirigente y la intromisión frecuente del primer secretario del Partido en Cama han puesto en “stand by” las exiguas medidas aplicadas bajo la presidencia de Raúl Castro.

 

Ha crecido el peligro latente de una estampida hacia los Estados Unidos debido a la desesperación de las masas populares que no encuentran apoyo en el estancamiento de los prometidos cambios de un gobierno que adopta un creciente estado de inmovilidad y que además promete advenimiento de tiempos peores.

 

El gobierno norteamericano ha fortalecido su posición frente a la inmigración desde que su economía comenzó a debilitarse. En estas condiciones de profunda recesión, con la más alta tasa de desempleo desde 2002 y sus probabilidades de seguir aumentando dado el número de fusiones entre grandes compañías y de poderosas firmas en bancarrota, una inmigración masiva de cubanos sería contraria a los intereses económicos del gobierno norteamericano.

 

La desesperante situación del pueblo cubano

 

En primer lugar, la ayuda internacional se verá mermada bajo la influencia de la crisis financiera norteamericana y la propia falta de liquidez de la economía cubana que se ha declarado en bancarrota para saldar su enorme deuda externa. Buena parte de los países acreedores no están guiados por motivos altruistas ni dispuestos a condonar la deuda por “solidaridad internacionalista”, por lo que las posibilidades de recibir créditos adicionales se ven reducidas. 

 

En segundo lugar, el descenso de demanda en Estados Unidos repercutiría negativamente sobre las fuentes principales de ingreso en divisas, o sea el volumen del turismo (sobre todo canadiense), el precio mundial del níquel y las remesas de cubano-americanos.

 

Las exportaciones de bienes y servicios dependen en gran medida de las relaciones del gobierno cubano con Hugo Chávez. Por lo tanto, en líneas generales, las entrada de divisas deben disminuir a consecuencia de la crisis financiera norteamericana, con el consecuente agravamiento de la situación económica cubana.

 

La ausencia en la prensa televisiva y escrita del actual presidente de Cuba durante las semanas de tragedia ciclónica creó un estado de indefensión en la población cubana que,  si bien era evacuada, por la defensa civil y el ejército, hacia zonas seguras donde podían salvar sus vidas, era presa del pánico al contemplar sus casas destruidas, sus pocas pertenencias perdidas y una escasez aun mayor de alimentos. La posición intransigente del gobierno de Cuba con respecto a la ayuda del gobierno norteamericano ha contribuido a empeorar la situación.

 

Tomando en cuenta las consideraciones anteriores expuestas es de esperar que, aunque la causa fundamental del estancamiento económico de Cuba es el mantenimiento a ultranza de un sistema político-económico fallido, la crisis financiera por la que atraviesa en estos momentos la economía norteamericana empeoraría aún más la desastrosa situación económica cubana.

 

En líneas generales el agudo empeoramiento de la situación económica de cualquier país regido por una dictadura conduce a convulsiones sociales y a su derrocamiento. Es cierto que la situación económica cubana se encuentra en los niveles más bajos posibles y que ya ha rebasado los límites necesarios para iniciar una convulsión popular.  En un artículo  anterior el autor explica en detalle el papel de la falta de unidad entre los cubanos como factor importante para el mantenimiento del régimen.

 

Sin embargo, la indiscutible influencia de Fidel Castro en vida, la fuerte represión, la falta de unidad entre las fuerzas opositoras internas y externas, y la falta de identificación de las fuerzas opositoras y la gran masa del pueblo dificultan extraordinariamente el derrocamiento del régimen por la fuerza. El futuro es siniestro al tiempo que resulta extremadamente difícil de predecir en su alcance y en el tiempo.

 

Cabría plantearse preguntas cuya respuesta rebasa los marcos de este artículo:

 

1-¿Hasta qué punto el incremento de la represión será más fuerte que la posibilidad de unificación de las fuerzas opositoras internas con la población en general?

 

2-¿En qué momento se impondría el legítimo sentimiento de rebeldía si se ha perdido toda esperanza en un sistema político, y lo único que se puede perder son las cadenas?

 

3- ¿Hasta qué momento la población en general podrá permanecer pasiva ante los ataques a la disidencia?

 

4- ¿Hasta qué punto una parte los miembros de las fuerzas represivas, cuyas viviendas también han sido destruidas y familias también están experimentando la agudización del hambre y la desesperación, seguirán apuntando sus armas y abusando de la fuerza contra la disidencia y toda manifestación de inconformidad contra el régimen?

 

En opinión del autor podrían ocurrir dos acontecimientos que viabilizasen la respuesta a estas preguntas:

 

a)  la desaparición física del Comandante en Cama debido a su estado de salud, y

 

b) la imposibilidad económica del gobierno norteamericano de aceptar una avalancha de cubanos llegando en millares bajo la presión del inhumano régimen represivo.