Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Manuel García Díaz, España

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

  LA ACTUALIZACIÓN DEL MODELO (UNA VISIÓN CRÍTICA) TERCERA PARTE - FINAL

 

La confiscación y estatificación de los factores materiales de producción de más de 55 mil pequeñas empresas

 

La expropiación, mediante la confiscación, de las instalaciones donde más de 55 mil empresas pequeñas realizaban su actividad productiva. En la mayoría de los casos se trataba de trabajadores individuales, que, como barberos y peluqueros, operaban sus propias herramientas personales.

 

Supe de casos tan absurdos que más parecen personajes de un cuento de Kafka que un episodio de la historia de un país con un alto nivel cultural, como el caso de un barbero, que “arreglaba la cabeza” a vecinos, amigos y conocidos, en el salón de su casa; al cual le “nacionalizaron” dos tijeras, un cepillo de pelo, dos peines, una navaja barbera, una piedra de amolar y una silla (que formaba parte del juego de comedor, pero era la que se utilizaba en “el negocio”).

 

Esa operación, que algunos llaman también “Ofensiva Revolucionaria” afectó a 3,643 barberías como las de la anécdota.

 

Por ese nombre también se conoce al conjunto de medidas antes expuesto. Es uno de los episodios históricos que mayor daño (físico y psíquico) ha causado a la población. Cuando de ese período se habla, “se sueltan todos los fantasmas”. El ambiente se enrarece, se mencionan algunas de las medidas y algunas de sus consecuencias. Pero hay medidas de las que poco o nada se habla; hay consecuencias que ni se mencionan. Es el período histórico de la revolución en que se utilizó la mayor y más brutal violencia contra sectores de la población trabajadora. Las medidas utilizadas, la desmedida violencia  empleada, y sobre todo, la naturaleza de los grupos de población más afectados (trabajadores y técnicos cuya vida casi se reducía exclusivamente a realizar su trabajo) las hacen resaltar, con diferencia, sobre las demás.

 

Sus efectos fueron tan devastadores, tan cruelmente lacerantes, y todos tan absurdos, tan fuera de lugar que muchos prefieren olvidar porque temen (con razón) que el recuerdo provoque situaciones peligrosas o muy desagradables, y ser represaliado.

 

Y con ese olvido, se olvida que toda esa brutalidad se realizó sin que se haga mención a causa o circunstancia alguna que se pueda esgrimir como motivo para realizar aquella barbaridad.

 

En su artículo Humberto [Pérez González] califica la medida  “eufemísticamente” como estatización. ¿Por qué? Eran lugares de trabajo; en ellas se producían productos. Y en un “acto de magia” que ni David Copperfield es capaz de emular, el gobierno cubano, sin invocar causa alguna real o inventada, los confisca. Mediante su expropiación, los convirtió en lugares vacíos de toda actividad, donde nada se producía. Lo considero un eufemismo para no llamarlo erostratismo, nombre que merecen. Se difumina la producción que allí se realizaba. Estatización en este caso significa que el estado confisca una capacidad de producción existente y la convierte en nada. El absurdo llega a límites extremos: ha convertido la nada en “propiedad estatal”.

 

De un plumazo se reduce la oferta de los productos que llevaban estos productores a los mercados. Se crean desequilibrios difíciles de eliminar a corto plazo y, como ha demostrado fehacientemente la práctica cubana, son producciones que, en la mayor parte de los casos, desaparecen definitivamente de los  mercados.

 

De sopetón crece el número de desempleados en varios miles. Se multiplican los gastos sociales por desempleo en una situación que es muy difícil de resolver en el corto plazo.

 

Si, por otro lado, suponemos que se trata de familias promedio, con un único golpe privan a 300 ó 400 mil personas de sus medios de vida. Condenan a la inanición a casi medio millón de personas. Eso no es un error más o menos grave: eso es genocidio.

 

El resultado de esta primera medida no era nada difícil de pronosticar.

 

¿Qué puede hacer una persona a la que se le priva de sus instrumentos de trabajo?

 

Es imposible que Fidel Castro no se percatara de tan simple respuesta a ese “problema”. Ese “desconocimiento” no fue fruto de la ignorancia. De tal manera, considerada como información, exige inexorablemente responder otra interrogante.

 

¿Qué pretendía hacer el gobierno cubano reduciendo la producción?

 

Parece de pura lógica suponer que el gobierno cubano esperaba que la inevitable reducción de la producción, otro resultado. Es evidente que con la expropiación masiva de pequeños empresarios y trabajadores por cuenta propia los datos numéricos no podían ser otros que la reducción de la producción. Entonces

 

¿qué otro resultado podía esperar el gobierno cubano de la expropiación total de las pequeñas empresas y trabajadores autónomos?

 

¿Sería muy sorprendente responder que el objetivo era recibir lo único que esas medidas podían dar: un mayor desempleo, un crecimiento de la miseria?

 

¿Para qué?

 

Las maneras parecen escogidas expresamente para EXHIBIR EL “DERECHO” DE ACTUAR ARBITRARIAMENTE. Parecen haber sido escogidas por ser idóneas para demostrar que se auto-atribuía  el derecho de liquidar (sin encomendarse ni a Dios ni al diablo) a quien o a lo que quisiera;

 

ü      sin que mediara razón o situación alguna;

ü      en ausencia de toda norma o institución, y si existiera alguna que contradijera la medida o alguna de sus partes, se ignoraría;

ü      si alguna de sus consecuencias estuviera en franca contradicción con los usos y costumbres del país se ejecutaría.

 

Ante el indiscriminado y arbitrario uso del conjunto de tales medidas, de sus consecuencias y de las normas vigentes, lo único que puedo suponer es que, como muestra del endémico erostratismo que rige sus actitudes y comportamientos, si Luis XIV proclamaba L’Etat c’est Moi, él lo superaría, proclamando y demostrando que:

 

L’Etat est a moi (El Estado es mío).

 

Esta concepción de su papel en la sociedad le permite ser a la vez gobierno y oposición. Es congruente con la práctica que realizó desembozadamente durante el período 1965-1970, y la que de forma encubierta ha practicado siempre.

 

 

Eliminación de las parcelas de tierra que se entregaban para utilizar exclusivamente por la familia cooperativista

 

Conocido por Plan Alero. Política concebida y diseñada personalmente por Fidel Castro según la cual la transformación socialista de la agricultura sería únicamente mediante la incorporación de las tierras a empresas estatales. Esto llevó a que la atención principal se prestaba a las empresas estatales. Breve y claro, a los campesinos independientes no se les suministraba nada. Pero incluso esto le pareció excesivo a la dirección del país y se estableció que se eliminaban las parcelas de autoconsumo en toda empresa. Quedaba “libre” una franja de tierra alrededor de la vivienda de los campesinos. A eso se le llamó el Plan Alero. Junto con otros planes agrícolas, como el Cordón de La Habana, tenían el objetivo de tener toda la agricultura ya socializada sobre la base de empresas estatales. Esa tierra pasó a ser parte de una empresa estatal, y como tal se comportó: el rendimiento por área de todos los cultivos se redujo a los niveles propios de las empresas estatales: se redujo o desapareció.

 

 

Eliminación de la producción ganadera en la provincia Habana

 

Algo similar ocurrió en la provincia de la Habana. Los campesinos que se dedicaban a producir leche, con un par de vacas criollas, que ni en sueños recibían el pienso de Ubre Blanca, mantenían una cantidad estable de producción de leche. Sus fincas eran rentables. Pero se pensó (“nadie” pensó) que lo ideal en esas tierras era producir café, y gandul como alimento del ganado vacuno; y así, por un pálpito, se creó el Cordón de La Habana.

 

Gracias al Cordón de la Habana, la producción nacional de leche fresca que en 1967, a precio constantes, había alcanzado la cifra de 78.4 millones de pesos, varió a 76.8 millones en 1968, 77.0 millones en 1969, 75.2 millones en 1970 y 73.6 millones de pesos en 1971.

 

Uno de los episodios finales lo protagonizó, arquetipo de lo que fue ese “Plan Especial”, los intentos de hacer del gandul un alimento “demandado” por el ganado vacuno. El asunto fue que las vacas tienen lengua y papilas gustativas, y el follaje del gandul era amargo como la hiel. Uno de los dirigentes nacionales (que se ocupaba de la producción de piedra) tuvo la ocurrencia de remojar el gandul en miel de purga (desecho de la producción de azúcar), y las vacas lo aceptaron. Quienes no aceptaron fueron los que trabajaban en la exportación de mieles, quienes demostraron que con la cantidad de miel que se destinaría a la alimentación del ganado con gandul, de exportarse, se obtendría dinero suficiente para comprar pienso vacuno para alimentar varias vacas.

 

 

Erradicación de los sistemas de control de la producción

 

Esta medida es de las que más dudas me provocó. Comenzó por una discusión en una sesión plenaria del Departamento de Economía Política de la Universidad de La Habana. Se debatía el contenido del Programa de la Asignatura Economía Política, concretamente el Acápite de las Finanzas. Fabio González, Director del Departamento de Finanzas (Nacionales) de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN) exponía los puntos de vista que se apoyaban en la experiencia de trabajo de la Junta y compartían los varios especialistas de JUCEPLAN que asistían a la reunión. Aducían que el tema en cuestión podía ser, incluso, excluido del Programa. Razonaban:

 

  • si los precios de los productos no los establece el mercado, no intervienen para nada en determinar las condiciones de equilibrio;
  • si no determinan nada en las condiciones de equilibrio de los mercados ¿para qué y cómo utilizarlos en el establecimiento de las condiciones de equilibrio?
  • si cuando el dinero en poder del estado es insuficiente, se resuelve el problema con el simple acto de “echar a andar la imprenta” para llenar esos agujeros;
  • si imprimir el dinero suficiente lo puede hacer el estado cada vez que lo estime conveniente y no incide ni sobre los precios de los productos ni sobre el equilibrio, el dinero es  una ficción contable.
  • ¿Qué sentido tiene el complejo sistema de control de los flujos de dinero? Además, existiendo un único sistema bancario que es estatal, el Banco puede controlar la circulación del dinero.

 

Por otro lado se desarrollaba la discusión sobre la naturaleza mercantil del producto. Simultáneamente se realizaban los experimentos dirigidos por Álvarez Rom sobre la utilización de técnicas modernas de control que, como las existentes en la refinería de la ESSO, permitían el control estricto de los flujos de productos entre secciones de la refinería, sin necesidad de utilizar las formas mercantiles ni los registros contables correspondientes.

 

A mediados de la década, ausente Guevara, siendo Dorticós Presidente de la República y de la JUCEPLAN, comenzó el proceso de liquidación de los sistemas de control contable. Se suspendió el procedimiento de registrar las compras y las ventas. El producto simplemente “se entregaba”, no se facturaba. La acción de desaparición de los registros contables se extendió a otros tipos de registros de control. No se tuvo en cuenta que muchos de los registros contables también se utilizan para el control de flujos y stocks, elementos del sistema de producción necesarios para la organización correcta de los procesos de producción. Como tales, son factores materiales de la producción.

 

Junto con los Registros Contables iban desapareciendo los técnicos y trabajadores que en ellos trabajaban. Trabajar en las actividades contables se consideraba deleznable. Cientos de especialistas (contadores y tenedores de libros) perdieron su puesto de trabajo.

 

Así desapareció un elemento del sistema empresarial que lo único que aportó fue que en muchas empresas, por carecer de registros, se dificultó el proceso de organización de la producción. Con su desaparición se debilitó el control sobre los stocks, propiciando el incremento de la sustracción de materiales y productos.

 

Si lo que se pretendía hacer era crear una fuerte base productiva, ¿a quién se le ocurrió la idea de que destruir los sistemas de registros incrementaría la producción? Es imposible que el objetivo de la eliminación de los sistemas de control fuera incrementar o fortalecer la producción.

 

¿Cuáles objetivos se querían alcanzar con la eliminación de los controles? ¿Por qué se eliminaron los trabajos experimentales en el Ministerio de Industrias?

 

La única información sobre estas cuestiones es que se eliminaban los registros contables, y con ellos se eliminaban otros controles. Que en Isla de Pinos se comenzó a realizar un experimento de eliminar el dinero. Que se disolvió el Ministerio de Hacienda; conjuntamente se eliminó todo el sistema bancario para el registro de las operaciones de cobros y pagos entre empresas.

 

Pero no todo era “destruir”. En una zona rural cercana a La Habana se construyó el Puesto de Mando de la Agricultura. Dotado de un sistema de computación “muy” potente desde allí se “dirigiría” la actividad agropecuaria de todo el país. Paralelamente, en la JUCEPLAN se construía otro Centro de Cálculo, también dotado con un “potente” sistema de computación que sería “el medio” que permitiría convertir ese organismo en el

Puesto de Mando de la economía nacional.

 

Esos hechos nos inducen a preguntar ¿la eliminación de los sistemas de control existentes tendría como objetivo despejar el camino para la entronización de un sistema de control distinto? ¿No sería esta medida parte del proceso para implantar la nueva sociedad, con un centro omnisciente y omnisapiente que, dotado de los medios de cálculo adecuados pudiera dirigir centralmente toda la economía del país?

 

Si se pretendía eliminar operaciones para ahorrar recursos (entre los cuales, obviamente, no estaba el dinero) ¿nadie pensó que para saber si se ahorraban recursos era necesario controlar sus flujos y stocks? ¿Nadie se dio cuenta que al eliminar esos controles su lugar lo ocuparía “otro” sistema distinto?

 

¿Puede encontrarse otra argumentación lógica a la política de destruir fuentes de riqueza con el único objetivo de destruir riqueza?

 

 

La Brigada Invasora Che Guevara

 

La más acertada valoración de la actividad de esta llamada “Brigada Invasora” fue la expresión utilizada por un trabajador agrícola en una finca donde había un pequeño “bosque” de marabú. Al ver llegar un todo terreno seguido de un camión cargado con un buldócer, ambos de la Brigada, llamó la atención de los allí presentes con el grito “Ahí llegó Atila”.

 

La tarea de desbrozar campos, eliminación de marabú, eliminación de la vegetación “para preparar la tierra para la siembra o la actividad ganadera”, anunciada por Fidel Castro como la mayor maniobra para el desarrollo de la agricultura, fue espectacular. No tiene parangón en la historia de Cuba: ninguna medida ni actividad en los campos de Cuba desertificó tanta tierra como la Brigada.

 

 

La Voluntad Hidráulica y los “pedraplenes” fueron otros mega-proyectos que impactaron dramáticamente en la economía cubana. Los efectos de ambos proyectos liquidaron la fauna marítima costera del norte, desde Matanzas hasta Oriente, y en la costa sur desde Pinar del Río hasta Camagüey. Cambios en el sistema de corrientes de las aguas costeras y, sobre todo, eliminación de los vertidos de las aguas de ríos y arroyos en el mar, y con ellos la materia orgánica que conformaba la mayoría de la “dieta” de la fauna marítima costera, acabó con esta última.

 

Cuando el asunto se discutió en el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, de la misma cabeza que generó ambos mega-proyectos, surgió la idea de “fertilizar” el mar (si, regar el mar con fertilizante) en las costas afectadas para “regenerar” la materia orgánica que había sido aniquilada.

 

 

La Zafra de los 10 millones de TM de azúcar

 

Pero nada, ninguna medida se puede comparar, en cuanto a capacidad destructiva, con la  dirección de la Zafra de los 10 millones a parir de finales de 1968. Para que nadie se confunda, a partir de que [Orlando] Borrego es destituido como Ministro de la Industria Azucarera, acusado de infidelidad hacia Fidel Castro, por haber informado a la dirección del gobierno de las dificultades que hacían imposible alcanzar los 10 millones de toneladas métricas de azúcar en la zafra de 1970, Fidel Castro asumió la dirección de todas las actividades de la zafra.

 

La causa fundamental: eran muy remotas las posibilidades de cosechar la caña suficiente para producir esa cantidad de azúcar. Esta información estaba avalada por un minucioso estudio de los especialistas del Ministerio de la Industria Azucarera y el comentario “Vinagreta, no seas pendejo e infórmaselo al jefe”.

 

[Domingo] Amuchástegui, al “historiar” este episodio dice:

 

¿Acaso es posible valorar su fracaso sin tener en cuenta las situaciones antes descritas? ¿Alguien tiene idea del impacto sobre la industria azucarera de aquellas circunstancias; de la imposibilidad de una modernización y mecanización apremiantes así como de gestionar piezas claves para dicha industria; de las enormes limitaciones tecnológicas y demoras de las industrias de nuestros aliados en suplir nuestras urgentes necesidades? No fue un criterio antojadizo ni improvisado el de Orlando Borrego cuestionar el alcanzar semejante objetivo dada la incapacidad industrial de hacerlo producto de los problemas apuntados.

 

Nuevamente Amuchástegui miente: la responsabilidad, según su “historia” es de la industria; no de la agricultura. La agricultura ni se menciona. El responsable, el culpable no es Fidel Castro, responsable no último, sino único de que se dediquen los recursos de la agricultura a Ubre Blanca y al gandul, y no al incremento de la producción de caña de azúcar.

 

¿Por qué digo que Amuchástegui miente? Porque las incidencias de este episodio las conoció el que en aquellos momentos trabajaba como asesor de Orlando Borrego,  Ministro de la Industria Azucarera: un tal Manuel García Díaz (yo mismo).

 

Pero Amuchástegui tiene preparada una sorpresa. Revela el trascendental e importantísimo hecho, que revela (no el hecho, sino la acción de Amuchástegui) hasta dónde puede llegar la desvergüenza en la tergiversación de lo que ocurre en Cuba.

 

Y aquí cabe una pequeña corrección a Humberto Pérez: Fidel Castro no anuncia que no se alcanzarán los Diez Millones en una comparecencia por TV; lo hace en un acto público frente a la entonces antigua embajada de los Estados Unidos, cuyos espacios, colmados de pueblo, recibían con alegría la liberación y regreso a la patria de los pescadores secuestrados por exiliados de Miami, nuestro “11x0”, como lo cantara Pablo Milanés.

 

Amuchástegui corrige la mal intencionada falsa información dada por  Humberto. Fidel no hace el anuncio en una comparecencia por TV, sino en un acto con ambiente festivo frente a la Embajada, donde cantó Pablo Milanés.

 

Gracias a Amuchástegui se conoce toda la verdad. Fidel Castro no tuvo responsabilidad en el fracaso.

 

Al menos hizo el papel de pedir disculpas, porque su aprendizaje había sido algo costoso. Aunque aún hoy me parece una burla a la población que bastara con un mea culpa y arrepentimiento del mal hecho. Hizo cuanto era posible para organizar a su país como él quería. Diseñó el sistema que él consideraba el mejor para el pueblo cubano, su pueblo.

 

Pero el sistema pensado explotó. El detonante fue constatar que a pesar de que el 100% de los recursos del país se pusieron a disposición de la zafra, no era posible cumplir la caprichosa cantidad de 10 millones. Incluso el “comandante invicto” pasó a dirigir personalmente la “batalla”, dedicando todo su tiempo e inteligencia a las actividades que él personalmente dirigiría; absolutamente todo. Incluso paralizar el resto del país, para que nada distrajese de alcanzar la cantidad propuesta.

 

Pero ocurrieron hechos que hacen dudar de la honestidad y buena fe de la dirección. Llegó a afirmarse públicamente, durante el espacio diario de televisión que se dedicaba a divulgar la marcha de la zafra, que se había descubierto que con la única acción de cambiar el lugar en que se molería la caña cortada variaba la pol. Este ‘descubrimiento’, expuesto por Fidel Castro por la televisión nacional, fue uno de los hechos más bochornosos, pues nadie dejó de percatarse que había implícito un mensaje oculto: utilizar las diferencias de calibración de los instrumentos de medición como medio para “producir más azúcar”.

 

El baluarte en el que se utilizó al total del país se desmoronó, y se llevó en su caída hasta el prestigio del comandante invicto. Entonces se separaron la luz y las tinieblas. Diáfanamente todo el mundo pudo percatarse de que el comandante invicto no había ganado ni una batalla en toda su vida.

 

Hasta el mismo pudo ver que, en realidad, no había ganado ni una sola batalla. Era, en realidad, el comandante vencido; siempre lo había sido. Muchas  personas de su entorno  me han asegurado que, incluso, presentó su dimisión a los cargos que ocupaba, pero nadie me aportó prueba alguna de la certeza de tal dimisión.

 

Se hizo evidente que la concentración de todo el poder del país en una única persona había provocado muchos males, y en lo inmediato podía crear serias dificultades al país de no corregir tal situación.

 

Se tomó la decisión de democratizar las organizaciones, entidades y mecanismos de dirección del país, generalizando la dirección colegiada y las elecciones como medios idóneos para su selección. Simultánea y consecuentemente, comienza el proceso que se desarrolla a partir de la preparación del XIII Congreso de la CTC y que tiene como hito principal el Primer Congreso del PCC.

 

Tenía el objetivo de democratizar la sociedad cubana, pero no se trataba de implantar la democracia en el país, sino de “destiranizar” parcialmente el gobierno del país. 

 

Aunque ninguno de los que de esas tareas nos ocupábamos se percató de la inmensa cuota de democracia que significó la apertura de los mercados libres campesinos, donde los precios eran libres, los concurrentes eran plenos propietarios de los productos que llevaban al mercado, que se demandaba y ofertaba con total libertad, sin intervención del estado ni precios topes. Efectos similares provocó el mercado artesano, pero con un menor impacto. Esto debido a que la mayor parte de su producción eran productos artísticos, con lo cual la demanda cambiaba de cantidad y su calidad

 

También pasó sin llamar mucho la atención el que se había puesto en vigor un Reglamento de la Empresa. ¡De la empresa! No de la Empresa estatal y otro para la empresa de otro tipo.

 

Una cuestión que el escrito de Humberto parece dejar bien aclarado es el objetivo general  de las acciones reformistas que se aprobaron en el Primer Congreso. Institucionalizar el país con el establecimiento de un sistema donde las organizaciones que lo formen estarían todos dirigidos colegiadamente, y todos sus puestos serían ocupados por personas elegidas en procesos eleccionarios en los que participaría la totalidad de los miembros de esa institución. El objetivo era, mediante la democratización de los procesos de formación de las direcciones de las entidades,  erradicar la dirección unipersonal.

 

La rectificación de las medidas políticas tardó menos tiempo en llegar que las dispensas por las represalias por pensar y expresar lo que se piensa; en realidad éstas nunca han llegado.

 

Sobre las medidas políticas hay que resaltar que algunas tuvieron que esperar varios años desde la celebración del Primer Congreso del partido hasta que, al fin, se aprobaron. Por ejemplo, la eliminación de las características propias de las cooperativas agropecuarias y su conversión en empresas estatales. Aunque es pertinente dejar claro que se aprobaron con la añadidura de innumerables limitaciones, limitaciones que se convertirían en “camisas de fuerza”, impidiendo se realizaran otras complementarias (como la cooperación en las actividades de venta de los productos en los mercados libres). Un poco más de tiempo esperaron los mercados libres campesinos.

 

De los argumentos de Amuchástegui puede deducirse que no supo de esta propuesta ni conoció de los innumerables papeles con nuestras propuestas  a Fidel Castro  de medidas  reformistas de la política con el campesino.

 

Incontables fueron las veces que se le envió la propuesta mencionada, elaborada en el grupo en estrecha colaboración con Jorge Risquet. Siempre fue respondida explícita y claramente que a quién se le enviaba la propuesta siempre, mediante papeles escritos de puño y letra por Fidel Castro, regresaban con la respuesta negativa. Siempre con el mismo argumento. 

 

Nuestra propuesta consistía en eliminar las prohibiciones que estaban vigentes, aunque la mayoría de ellas no aparecían en documento oficial alguno. Se acataban por temor de haber sido concebidas y diseñadas personalmente por Fidel Castro. Tenían, como fundamento inamovible, que la transformación socialista de la agricultura sería únicamente mediante la incorporación en empresas estatales de toda la tierra utilizable para actividades agropecuarias.

 

Esta política se practicaba incluso ante el resultado negativo de la explotación de la tierra bajo formas estatales. A propósito de ello ¿Por qué no se revela que desde 1960 hasta el día de hoy las tierras propiedad del estado tienen un rendimiento productivo (en todos los cultivos) varias veces inferior al de las que no son estatales?

 

A pesar de esa realidad se insistía en mantener e incrementar esa forma de propiedad de los factores de producción como la única en el país.

 

La propuesta que “preocupaba” a Fidel Castro, origen de las mencionadas anotaciones, era que se permitiera a todo productor agropecuario, incluyendo a las empresas estatales,  concurrir al mercado libre y ofertar las cantidades de productos cosechados en cantidades que sobrepasaban las cifras del plan. Siempre regresaba con esa “observación” de Fidel Castro.

 

Los mercados libres campesinos siempre han sido tachados como un calco de la práctica de otros países socialistas. En realidad ese fue un “aporte”, pues en ninguno de los países del CAME existían mercados campesinos de precios libres, determinados por la oferta y demanda en cada mercado, libre de regulaciones artificiales ni limitaciones comerciales por parte del estado.

 

Las posibilidades de que ocurran estos paralelismos, obligan a revisar todo lo hecho hasta hoy, qué logros se han obtenido, que fracasos se han sufrido, que quedó por hacer. Sobre todo las experiencias del proceso reformista del período 1970-1985. Hay que prestar especial atención a ese proceso porque es el único intento de reforma que se ha practicado conscientemente  en Cuba.

 

Pero, por desgracia, prácticamente todo, absolutamente todo lo que se hizo fue eliminado.

 

Todo lo demás que se ha hecho hasta la fecha, comenzando por los experimentos de Álvarez Rom en el Ministerio de Industrias, no pasan de ser medidas parciales de cambios; en ningún caso de reformas del sistema.

 

En rigor, la única medida vigente que puede considerarse reformista es cuando en 1993 se eliminó la prohibición de tenencia y circulación interna de divisa libremente convertible. Y no puede ser tomada en cuenta como reforma porque no fue realizada por voluntad del gobierno, sino que la población espontáneamente (y, por supuesto, ilegalmente) comenzó a utilizar el dólar en sus transacciones. Cuando se hizo manifiesta su presencia en los mercados ilegales, ya no había forma de pararlo. Cuando se despenalizó su tenencia y circulación, se estima que circulaban más de 300 millones de dólares.

 

El “camino correcto” era el único posible; mejor dicho, había un único camino posible: despenalizar, permitir y, por supuesto, proclamar la victoria de las iniciativas del Comandante Invicto.

 

Los debates acerca de las posibles y diversas vías para la construcción del socialismo (por supuesto, de socialismos diferentes) provocaron el incremento de la publicación de artículos ideológicos sobre esta cuestión. Los más “novedosos” abrían vías para justificar la argumentación de que se intentara construir un sistema social en el que el centro identifica la necesidad de los individuos, decide su actividad y las condiciones para su reproducción (hipotéticamente sería un sistema donde son necesarios solamente dos tipos de elementos: un centro omnisapiente y una masa de individuos “omni-satisfechos”). 

 

Pero ese concepto no tiene nada que ver con la realidad.

 

Muchas cosas se hicieron y hay que explicar su contenido, en qué consistían, cuáles fueron sus resultados y cuál fue su destino. Pero aquí los que recorren este camino u otros complementarios no tienen más alternativas que buscar esas informaciones, que “nadie” tiene escondidas. Son las informaciones que permitirían realizar tales estudios.

 

Y lo fundamental ¿qué propósitos tenía? Y ¿dónde está la Legislación del ordenamiento de todas esas acciones?

 

Así las cosas, el país se encuentra “al borde del abismo”, y con una altísima probabilidad de que el proceso de actualización del sistema de dirección de la economía (del modelo cubano) coincida en el tiempo con la eliminación de los restos del embargo. Es posible que se estén haciendo intentos  para hacerlos coincidir, de modo que los resultados  que se produzcan se puedan atribuir a cualquiera de los factores.

 

Los beneficios son atributos intrínsecos al proceso de actualización. Los errores, como ha quedado plenamente demostrado, tienen su origen en cualquier cosa. Ahí está Amuchástegui para “historiar” lo que ha ocurrido.