Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Manuel García Díaz, España

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

  LA ACTUALIZACIÓN DEL MODELO (UNA VISIÓN CRÍTICA) SEGUNDA PARTE

 

Estrategia y táctica de la Ofensiva Revolucionaria

 

Humberto [Pérez González] identifica  tres manifestaciones del proceso que se llevaba a cabo. Aparecían como

 

- una acción “anti-burocrática” que consistió en difuminar todos los sistemas de control de la actividad económica; y despejar todas las vías para, en el menor plazo posible multiplicar la producción.

 

Y, en el plano de la actividad ideológica y filosófica, se presentó como

 

- la lucha contra las manifestaciones de dogmatismo y paralización del marxismo, promoviendo la publicación de materiales críticos de las concepciones “dominantes” e

- impidiendo la divulgación de los avances en la teoría económica.

 

En el artículo, Humberto trata los tres problemas, pero ve entre ellos vínculos más formales que de contenido, de modo que no aparecen como complementos de un único proceso.

 

Humberto expone una de las varias “caras” del problema; lo considera como una cuestión que espontáneamente la práctica generó

 

“como la única manera posible de intentar dirigir y gestionar la actividad de las grandes empresas”.

 

Esa explicación muestra que Humberto veía el problema o  como creado en el Ministerio de Industrias o que la corriente dominante en su solución era la que se gestaba en el Ministerio de Industrias. Como en el debate ideológico Che participaba como “cabeza de grupo”, la opinión mayoritaria era que sus criterios se impondrían y que serían los fundamentos de la Dirección de la Economía Nacional.

 

En esos años Humberto estaba estudiando en Moscú y no “vivió” el problema. No tuvo la información que desde la Universidad se podía obtener. Y no tenía una visión del conjunto, de los hechos que se producían, cuándo y cómo. No percibió vinculación alguna entre las Medidas de la Ofensiva Revolucionaria y la actividad ideológica que se producía fundamentalmente en el ámbito académico.

 

Sea una u otra la causa de la visión parcial (no sistémica) que tenía del asunto y que se refleja en la forma en que lo describe, como  una cuestión técnica, facilitaba que se le escapase una (la) cuestión central: ¿Para qué? ¿Cuáles objetivos se proponían alcanzar en esa trifulca teórica?

 

En casi todos los países del entonces llamado campo socialista (CAME, China, Vietnam del Norte y Corea, e inclúyase Yugoslavia) se desarrollaba un trabajo mucho mayor y más amplio, con un espectro de posibles soluciones que iban desde la extrema izquierda  hasta la extrema derecha (y mucho más allá), con propuestas de conceptualizaciones que los académicos cubanos ni siquiera se las podían imaginar, y todos los debates y conflictos se dirimían en el mundo académico, y se llevaban a la práctica, en calidad de ensayos, todas aquellas propuestas que tuvieran un viso de “perfeccionar” la dirección de las actividades sociales, sobre todo en la economía.

 

Era en esta esfera donde se manifestaban más crudamente las deficiencias de la maquinaria de dirección de la sociedad. Eran en las instituciones académicas que investigaban en el área de la economía donde más problemas se discutían, donde más corrientes teóricas se agrupaban alrededor de alguno de los académicos más poderosos (muchas de ellas polarizadas y extremistas). Las cuestiones del mayor o menor alcance de la planificación centralizada eran el objeto que provocaba la mayor cantidad y las más agudas discusiones entre los académicos. Sin embargo, solamente en Cuba se alcanzaron niveles de escándalo social mayúsculo; sólo en Cuba se criminalizó el acto de proponer ideas distintas a las de Pensamiento Crítico; solamente académicos cubanos fueron “condenados a la muerte civil” (término para designar a aquellas personas que por resultar incómodas para la cúpula del poder). Se les confinaba a trabajos “vejatorios”. Su nombre desaparecía de todo lugar de referencia. Se tomaban represalias contra los que mantenían relaciones de amistad con ellos. Cualquier cosa era buena con tal de silenciarles, que no se les oyera.

 

El problema que más ruido causaban estas discusiones en el campo socialista era inmenso; generado por el problema que afectaba a todos, la llamada “Economía del Desabastecimiento”.

 

En Cuba el problema de la economía de la escasez no era motivo de trifulcas. Como si la situación de los sobrantes anuales, es decir, productos que no eran necesarios para consumirlos o utilizarlos en alguna actividad social, se convertían en “sobrantes” en una economía cuyo problema productivo más agudo era el desabastecimiento de los consumidores finales. Durante la década 1960-1970 los inventarios o reservas acumuladas de “productos sobrantes”, sólo en ese período, alcanzaron un volumen equivalente al 43% del Ingreso Nacional Disponible para ese año.  Éste alcanzó, ese año, la cifra de 4,692 (cuatro mil seiscientos noventa y dos) millones de pesos, de los cuales 323 (trescientos veintitrés) millones, casi el 7% del producto disponible, no eran necesarios para nadie ni para nada. Con esa nueva cantidad el total de productos que “sobraron” en esa década alcanzó la cifra de más de 2 mil millones de pesos, casi la mitad del producto disponible en 1970. Pero eso era peccata minuta; lo importante era definir cómo se formaba el “hombre nuevo”, obediente, disciplinado, satisfecho con lo que le correspondía.

 

En Cuba, a pesar de que se discutían (sin orden ni concierto) ideas fundamentales sobre la organización de los mecanismos para la dirección de la sociedad, el problema de la escasez ni se mencionaba, en un país donde la mitad de los recursos disponibles eran “sobrantes”.

 

Parecía que todo el debate ideológico discurría en el campo de la teoría y que la actividad práctica ocupaba plenamente el tiempo de Fidel Castro, y que se limitaba a la Ofensiva Revolucionaria y a la Zafra de los 10 millones. Pero esa apariencia no era reflejo de lo que realmente ocurría.

 

Estrategia y táctica de la construcción de la nueva sociedad o ¿Cómo pasar del sublime triunfo al mayor de los fracasos y que nadie se atreva a hablar del ridículo?

 

Existía un grupo (algunos hechos daban evidencias de su existencia) que lo dirigía Osvaldo Dorticós. Su trabajo, según se podía deducir de lo que se filtraba, tenía dos “frentes”.  Además de generar ideas que se incorporaban al Documento Teórico principal, realizaba tareas en la creación de una estructura piramidal de instalaciones para que dirigiera todo el país.  Se construyó el Puesto de Mando Nacional de la Agricultura y se avanzaba en la construcción (en el edificio sede de la JUCEPLAN) el Puesto de Mando Nacional.

 

De modo que se podía percibir que no solamente se estaban gestando las ideas sobre el nuevo sistema de dirección de la sociedad. También se trabajaba en los primeros pasos prácticos para la implantación de la nueva concepción sobre la dirección de la actividad económica.

 

Pero había una cuestión crucial para la cual existían dos propuestas:

 

la relación individuo-sociedad en el post-capitalismo.

 

Las dos propuestas no solamente eran diferentes, sino incompatibles entre ellas. Eran antitéticas. Ambas hacen una especie de balance de lo que se había hecho, exponen los resultados alcanzados por la investigación teórica de la organización de la actividad social en una futura sociedad post-capitalista: llámesele como quiera, pero el poder político es la cuestión que se discute: “la relación individuo-sociedad en el post-capitalismo, o “el hombre (como individuo y como miembro de la sociedad) y las masas en la construcción de una nueva organización de la sociedad”, o “la propiedad sobre los factores de producción en una sociedad post-capitalista”, el “hombre nuevo” del “Siglo XXI”, etc.

 

Había dos propuestas sobre la mesa. No había más (al menos una más) porque sus posibles autores estaban limpiando los Talleres de los Ferrocarriles  o fabricando pelotas de base ball. Eran dos propuestas con cuestiones comunes. Sobre todo, en ambas el tema principal era sobre la creación del hombre nuevo, del hombre que construiría la sociedad postcapitalista.

 

Una de ellas estaba escrita de puño y letra por Che Guevara, lo que complicaba la solución. No la envió a Cuba, sino a la redacción de un semanario uruguayo para su publicación. Era el último documento teórico (conocido) que escribió Che: “El Socialismo y el Hombre en Cuba”.

 

En este documento exponía algunas de sus concepciones teóricas en ese momento. Hay que tener presente que para trabajar en serio en una propuesta de estructura de la sociedad se necesita tener definido su fundamento, es decir, tener una economía política suficientemente desarrollada. Y algo muy importante como remarca Guevara, en cuanto a la economía política del período conocido como “transición al socialismo”, todavía estaba en pañales,

 

Desde el comienzo de su exposición deja claro que su concepción del problema está en proceso de formación, que ese concepto suyo del hombre como individuo y como miembro de la sociedad no está suficientemente armado, pero hay una característica esencial que aparece como cuestión que había que responder previamente para poder  avanzar en la definición de los mecanismos de dirección de la producción.

 

El sujeto del desarrollo es el hombre en su existencia dual, único, como individuo, con sus valores, intereses y necesidades distintos al resto de los ciudadanos, también con valores y necesidades únicas, y como hombre social, miembro de la masa, ente  multifacético que no es la suma de  elementos de una misma categoría.

 

La masa es un sistema donde afinidades y diferendos, intereses y costumbres van entrechocando, entrelazándose, y se van amoldando a las condiciones del colectivo, buscando las posiciones de equilibrio que más beneficios le conceda, determinando actitudes y comportamientos, devienen en normas e instituciones que rigen el movimiento del colectivo para su desarrollo estable y progresivo.

 

Se había llegado a un punto en el proceso de investigación que hacía difícil continuar avanzando exclusivamente con el instrumento de la abstracción; el desarrollo analítico  exigía la realización de experimentos que proporcionaría el conocimiento de nuevos aspectos del fenómeno.

 

Era el momento para realizar los experimentos prácticos para ajustar sus elementos y relaciones. Pero se trata de un sistema único, cuyo funcionamiento lógico tiene lugar solamente en condiciones normales. Y, a estas alturas de la investigación, los resultados son parciales, incompletos. No existen condiciones prácticas para su experimentación, y sin experimentar no se puede avanzar.

 

No se puede avanzar porque el “sistema” hasta ahora conceptualizado no ha sido experimentado. No se ha experimentado porque el campo donde habría que hacerlo es “alérgico” a los “experimentos”.

 

La dirección del país había llegado a un punto en el que el perfeccionamiento de la dirección de la economía tenía, como pilar para la construcción de la nueva sociedad, la formación del hombre nuevo. Un hombre que realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija. Que supedita todo a los intereses sociales. Un ciudadano que en la vida cotidiana se comporta con actitud heroica en el cumplimiento de cualquier tarea que le encomienden los jefes, ya sean de índole económica, cultural, de defensa, o de cualquier índole. En correspondencia con ese sistema de valores se utilizarían solamente estímulos de tipo moral. Ese hombre nuevo consideraría que sus necesidades son aquellas que se puedan satisfacer con el producto producido.

 

Era la concepción que se había tomado como modelo cuando comenzaron los trabajos de conceptualización que realizaba el grupo de Pensamiento Crítico. Se trataba un sistema de dirección de una sociedad (la cubana, en este caso), en el cual el centro, la cúpula del poder, identifica la necesidad de los individuos, decide qué actividad éste tendrá que realizar y las condiciones para su reproducción, con la distribución del producto en lo que se destinaba a la producción y cuánto al consumo, y en los trabajadores...

 

Hipotéticamente, sería un sistema donde son necesarios solamente dos tipos de elementos del factor humano:

 

- un centro que todo lo sabe, un centro rector omnisciente, y

- una masa de individuos “omni-satisfechos”.

 

El individuo deviene en “hombre nuevo”, obediente, sabedor de que sus “necesidades” son las que se pueden satisfacer con la producción realizada. Generoso y dispuesto a realizar cualquier sacrificio, consciente de que la Dirección siempre escogerá el camino correcto, que el jefe “sabe mejor que el pueblo lo que le conviene al pueblo”.

 

Pero hay otra concepción distinta que considera al individuo como centro de toda la actividad de definición y construcción de la nueva estructura de dirección de la sociedad, el concepto “individuo” del Che en aquellos mismos momentos:

 

“… individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad… Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y de producción…”

 

Para Che el sujeto de cambio es el individuo, y su carencia principal es la insuficiente participación en todos los mecanismos de dirección y de producción, y que es preciso acentuar participación consciente, individual y colectiva. El individuo, como único esté cada vez más capacitado para participar como individuo y como miembro del colectivo en la dirección

 

Era necesario el constante perfeccionamiento de los mecanismos de dirección para facilitar la utilización de los instrumentos y medios modernos de control como fuente de información para hacer más plena y decisiva la participación del trabajador en la dirección. Por supuesto, mientras mayor y más plena la participación del individuo en la dirección, más se reduce el campo de decisión de los jefes. Este individuo  se parece poco al omni-satisfecho descrito (conceptualizado) en el material que por orden de “nadie” se elaboraba en Pensamiento Crítico.

 

Ese es el quid de aquella batalla de ideas: ¿cómo organizar el poder?

 

Las tensiones políticas en la situación nacional e internacional creadas y mantenidas por el gobierno, la Ofensiva Revolucionaria, las discusiones ideológicas, la construcción de los puestos de mando, todo indicaba que se estaba trabajando con el fin de implantar un nuevo sistema de dirección de la sociedad.

 

Era evidente que se estaba en pleno proceso de construcción de una nueva estructura de dirección de la sociedad.

 

Al ser una cuestión crucial para la concepción, diseño e implantación del Sistema de Dirección de la Economía, había que tener una concepción firme y congruente de esa relación individuo-sociedad para poder comenzar a definir los demás elementos y vínculos.

 

Pero se atravesó en el camino “El Socialismo y el hombre en Cuba”. Era una teoría que cumplía los requisitos exigidos por la dirección del país. Además, era una propuesta apoyada por Che. Para que no hubiera dudas, era una carta manuscrita con puño y letra por Che.

 

Era evidente que había que esperar a que Fidel Castro tomase la decisión. ¿Y qué hizo? Ignoró la propuesta de Guevara y continuó con la suya.

 

Estos debates, junto a la liquidación de los Sindicatos y su sustitución por el Movimiento de Avanzada; la creación de la Familia Comunista, que unía en una única organización a militantes del partido, de la UJC, de la FMC, eran la realidad que mostraba que se estaba destruyendo el sistema de dirección social que hasta ese momento existía. Evidentemente se tendría que definir e implantar un nuevo sistema parar dirigir la sociedad cubana. La única alternativa era el anarquismo.

 

Y esa actividad de liquidación de las estructuras de gobierno  existentes simultáneamente con la Ofensiva Revolucionaria ¿puede tomarse como hechos independientes uno del otro?

 

¿Cuál otro signo, hecho o lo que fuera tenía que mostrarse para percibir que se estaban destruyendo los elementos del sistema de dirección social vigente? ¿Cuántos libros había que leer o cálculos matemáticos realizar para poder deducir que tras la destrucción de las instituciones de gobierno existente había que sustituirlo por otro sistema de dirección?

 

Y es precisamente esa increíble realidad la que se olvida en el discurso expositivo de Humberto: qué, por qué, cómo y para qué la Ofensiva Revolucionaria. Las respuestas a esas interrogantes darían la clave del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.

 

Y Humberto ante esa disyuntiva actuó haciendo lo mismo que Fidel Castro hizo en su momento: “ignoró” la propuesta del Che.

 

Cuando Fidel Castro tomó la alternativa que se avenía  a sus intereses, y siguió el camino iniciado por el hombre nuevo conceptualizado por Pensamiento Crítico.

 

Es la única explicación lógica de por qué una de las primeras tareas de la Ofensiva Revolucionaria fue la absoluta aniquilación de todo componente de los sistemas de control en todos los núcleos productivos del país. ¿Cómo explicar la interrupción definitiva de las investigaciones y experimentos que realizaba Luis Álvarez Rom?  ¿Cómo explicar la liquidación de decenas de miles de puestos de trabajo? ¿Qué lógica, ideología o sentimiento hay detrás de la acción de confiscar los enseres a un barbero y exigirle que siga trabajando?

 

Y algo fundamental en este proceso ¿qué propósitos se tenían? y ¿dónde está la Legislación del ordenamiento de todas esas acciones?

 

Poco y mal se explican estas cuestiones en el artículo de Humberto.

 

Debo, además, reprochar algunas afirmaciones que hace Humberto que considero erróneas; unas por incompletas; otras, por haber sido incluidas con argumentos falaces y simplistas. A mi parecer, con la intención de demostrar que los hechos del período 1970-1985 eran la continuación de las políticas y prácticas que comienzan desde 1959 hasta su suspensión en 1965. Interpreté el escrito de Humberto como un intento de demostrar dos cosas:

 

- que todo lo hecho fue bajo la dirección de Fidel Castro, y

- que había  una única línea de mando de la política practicada.

 

Tengo la impresión que es la continuación del argumento empleado en 1985 cuando fue defenestrado de la JUCEPLAN:

 

“Todo lo que hice fue cumplir las órdenes que recibía o que se habían aprobado previa consulta”.

 

Por cierto, es cierto.

 

Por qué y para que la Ofensiva Revolucionaria.   

 

El objetivo es conocer el contenido y los efectos de las medidas concretas aplicadas durante todo el período de 1965-1970.

 

Ambos autores consideran que la caracterización de la actividad económica en el periodo 1965-1970 es particularmente extraordinaria e influyente en valores extremos de muchas de las variables económicas. Por esa razón su influencia es determinante en el comportamiento económico de los años que le siguen. Por tales razones, ambos autores coinciden en la necesidad de examinar cuidadosamente la naturaleza de los principales procesos que se realizan en el período 1965-1970. Es el período histórico de la revolución en que se utilizó la mayor y más brutal violencia contra sectores de la población trabajadora. Las medidas utilizadas, la desmedida violencia empleada, y sobre todo, la naturaleza de los grupos de población más afectados (trabajadores y técnicos cuya vida casi se reducía exclusivamente a realizar su trabajo) las hacen resaltar, con diferencia, sobre las demás.

 

[Domingo] Amuchástegui focaliza la causa del problema en la política practicada por la Unión Soviética con Cuba. Según su teoría, al suspender los Estados Unidos la compra de azúcar cubano, la URSS se convierte en el principal cliente. Y con la dependencia que esto conlleva comenzó a ejercer presión para que Cuba se subordinase a la política soviética en el ámbito exterior. Afirma Amuchástegui que

 

“de 1965 a 1968, donde se adoptaron severas acciones unilaterales de parte de la URSS contra nuestro país con la suspensión de cualquier cantidad de financiamientos de proyectos y suministros previamente comprometidos que llegaron incluso a dañar seriamente no sólo los planes económicos, sino incluso la capacidad defensiva de Cuba…”

 

La respuesta de Cuba a esa política de la URRS, continúa la ‘historia” de Amuchástegui, fue intentar realizar una gran operación, formada por un conjunto de programas para el desarrollo económico de varios objetivos estratégicos, con el objetivo de “liberar” a Cuba de su dependencia casi absoluta del azúcar. En realidad, arguye, se trataba de  lanzar una “Ofensiva Revolucionaria” con el objetivo de “liberar” al Gobierno de Cuba de las condiciones que determinaban que la URSS intentara imponer a Cuba su política (exterior e interior).

 

Para Amuchástegui,  el origen de los conflictos en esos años es la respuesta cubana a las querellas, presiones y represalias por las diferencias políticas con la máxima dirección de la Unión Soviética.

 

Estas represalias aparecen como “incumplimientos” de los compromisos de suministros para la economía cubana, desde la Crisis de Octubre hasta los años 1965-1968, y continúa Amuchástegui

 

“… son severas acciones unilaterales de parte de la URSS contra nuestro país … con la suspensión de cualquier cantidad de financiamientos de proyectos y suministros previamente comprometidos … que llegaron a dañar seriamente … la capacidad defensiva de Cuba ... Y fue en semejante contexto  que se decidió poner en práctica la llamada Ofensiva Revolucionaria de 1968”.

 

Amuchástegui afirma que estas acciones no podían ser resultado de la voluntad de algún cuadro intermedio de la URSS, sino que se realizaban por órdenes de la dirección de la URSS:

 

“Reducir esto a frases como “período del sectarismo” o “micro-fracción” es minimizar o anular un gravísimo proceso que no pocos hemos considerado siempre como la gestación de un virtual golpe de Estado contra el comandante Fidel Castro, hipótesis que algunos considerarán exagerada, pero que puede ser perfectamente documentada y argumentada”.

 

Resumiendo la opinión de Amuchástegui sobre el fracaso de los planes económicos de esos años (en los que incluye todas las iniciativas para el desarrollo de Cuba desde 1959) se debió a la falta de experiencia, a la complicada situación política interna, a la “Crisis de Octubre”, a la política soviética de “castigar” a Cuba por no plegarse a la política exterior soviética, al fallido intento de golpe de estado contra Fidel Castro, a casi todo.

 

Quien no tiene culpa alguna, si acaso minucias de errores, fue aquel que desde los primeros momentos intentó mediante políticas estatales “modernizar la agricultura”. Aquel que concibió, y continuó con medidas prácticas, que el desarrollo de la ciencia, la fundación del CNIC y el multifacético proceso de formación de capital humano era el camino correcto, concepción inseparable de los éxitos de hoy, sentencia Amuchástegui, y que debe ser completado con la realidad… éxito cuya esencia se resume en la expresión: “estamos al borde del abismo”.

 

No se hace alusión a las fantasiosas ideas de realizar proyectos  de grandes magnitudes y el intento de realizarlas. Estos empeños se utilizaron principalmente para realzar y mitificar a  la figura de su creador.

 

También para recordar su obra, se debería hacer el listado de todos los mega-proyectos que salieron de su cabeza y que resultaron un fiasco. ¿Por qué no se hace un recuento de las mega-cantidades de dólares que, fuera de todo plan, y que, “mediando su bolsillo”, fueron asignadas caprichosamente a todas y cada una de sus concepciones geniales? ¿Cuánto ha sido el resultado neto que han generado? ¿“Nadie” ha pensado que posiblemente la principal causante de que se esté en el borde del abismo es esa forma anárquica y caprichosa de desviar recursos de un lugar a otro simplemente por un pálpito? ¿Cuántos millones de dólares costó la Zafra de los 10 Millones? ¿Cuántos millones de dólares costó la Invasión de la Columna Che Guevara? ¿Cuántos millones se gastaron en Rosafé y en Ubre Blanca?

 

A cualquiera o a cualquier cosa se le culpa de esos fracasos, menos a errores en las ideas centrales para el desarrollo económico. Incluso, en el artículo Humberto trata este período loablemente y lo juzga con el angelical rezo:

 

“El noble y justo empeño de tomar por asalto el cielo del socialismo y el comunismo de manera simultánea y en tan breve lapso no pudo ser logrado por resultar demasiado utópico e idealista, en el impaciente intento de convertir en realidad los sueños de la Revolución, considerando equivocadamente que la voluntad, los deseos y las intenciones de los hombres pueden estar por encima de los hechos y posibilidades objetivas, como reconociera Fidel en su Informe al Primer Congreso.”

 

La frase utilizada, “tomar por asalto el cielo del socialismo y el comunismo” más que una  frivolidad impropia de documentos de esta entidad, es demostrativa o de ignorancia, que no parece ser este el caso, o se trata de una frase que esconde una intensión malsana.

 

La respuesta de Humberto es uno de los principales errores de su artículo: desconocer algunas verdades, “olvidar” algunas de las más relevantes. Para hacerlo tiene que “olvidar” parcial o totalmente hechos que conoció por haber participado en ellos. Otros, para poder introducirlos sin consecuencias traumáticas, los tuvo que “modificar” y “tirando por los pelos” los incorporó. El único resultado que se consiguió con tales  prácticas es ocultar (tapándose los ojos), justificar a Fidel Castro por las perversas políticas por él ordenadas y practicadas.

 

Pero esas “modificaciones”  dejaron “huecos” en sus argumentos. Muchos de esos vacíos son errores involuntarios, pero otros son conscientemente cometidos. Alguno de esos vacíos resultaron tan grandes que han posibilitado  que se “cuelen” en el debate criterios, valoraciones y hasta hechos inexistentes o totalmente trastocados.  Ese error aparece en su mayor expresión al analizar el periodo 1965-1970. Es el periodo durante el cual se practican las más brutales políticas contra la población, destruyendo la base económico-productiva del país, llevándolo al borde de la paralización.

 

Ese error en el escrito de Humberto permite a Amuchástegui aprovecharlo como vehículo para introducir como cierta la idea de que la infamante, execrable y diabólica política practicada en el período 1967-1970, cuyo estandarte fue la Ofensiva Revolucionaria, le fue impuesta a Fidel Castro por factores externos. Que fue necesario realizarla con la inclusión de medidas de sacrificio extremo de “la revolución” en aras del bienestar del pueblo. Y  si esa política fracasó, si fracasaron las medidas que se realizaron, también fue causada por factores externos. Y sigue argumentando Amuchástegui:

 

“Pero, emitir juicios omitiendo factores y diferentes dimensiones importantes, desdibuja y parcializa cualquier abordaje que busque integralidad.”

 

El primer paso es para callar a los que critican  al gobierno.

 

“Dirigir una economía abierta en condiciones de extremas tensiones externas, con una militancia que promediaba cuarto grado de escolaridad hacia 1968, no era tarea fácil; como tampoco lo hacía fácil “un enemigo a las puertas,” un estado de virtual guerra civil, con Girón, la Crisis de Octubre y con alzados e infiltraciones en todas las provincias hasta 1965, con un bloqueo intenso, con años de precios del azúcar por el suelo. … Tampoco pueden ser olvidadas circunstancias como las presiones y choques con nuestros aliados socialistas. … Un capítulo similar, y paralelo, llevó a la dirigencia china a adoptar recortes económicos unilaterales que redujeron nuestras relaciones a un mínimo… Y fue en semejante contexto que se decidió poner en práctica la llamada Ofensiva Revolucionaria de 1968, cuyas consecuencias todavía seguimos pagando, aunque ahora apenas comenzamos una modesta rectificación”.

 

Con el mayúsculo uso del vocablo “historiar”, en su cuarta acepción, la “historia” de Amuchástegui argumenta que la causa fueron las agresiones y presiones externas, incluidas las ejercidas por la Unión Soviética y por China. Y ¿cómo respondieron en Cuba?

 

“Todos criticamos dicha “ofensiva” como un desastre, pues de inmediato se comprobaron sus desastrosas consecuencias, pero nada se hizo para rectificar dicho proceso y sus consecuencias, ni antes del 70 ni durante los quince años de Humberto Pérez. Dicen que rectificar es de sabios, pero en este caso nadie insistió o argumentó a favor de una rectificación”.

 

Amuchástegui miente.

 

Una Batalla de Ideas

 

Otra vez utiliza Amuchástegui la mentira como argumento. Puedo mencionar a una persona llamada Manuel García Díaz que en aquellos momentos era profesor en el Departamento de Economía Política de la Universidad de La Habana. Fue llamado por el entonces decano de la Facultad de Economía, Hermes Herrera, que le informó

 

“que había recibido instrucciones de ‘arriba’ que se prohibía que Manuel García Díaz (yo) impartiera clases en la Universidad, pues defendía y difundía la necesidad de la producción mercantil y de los estímulos materiales en la sociedad socialista”.

 

Puedo mencionar a unas cuantas personas que por las mismas o similares “razones”, recibieron similar trato.

 

Este hecho me incita destacar otra de las “historias” del Sr. Amuchástegui. Sobre las lecturas o autores prohibidos o permitidos dice:

 

“Nos enteramos mediante el texto en cuestión que la dirigencia había procedido a lecturas y discusiones de textos que iban desde Trotsky hasta Lieberman, desde Gramsci hasta el eurocomunismo. Prácticas inteligentes y muy saludables; lástima que dichas lecturas fueran clasificadas de ahí para abajo como anatemas y como justificación para acusaciones y sanciones de todo tipo cuando en medios académicos, profesionales, centros de estudios u otras instituciones alguien cometiera el pecado de abogar por dichas lecturas en tanto que durante esos tres brillantes quinquenios proliferaran las más reaccionarias tendencias del pensamiento dogmático y la intolerancia…”.

 

Sobre debates, rencillas  y discusiones sobre la literatura e ideas, desde principios de los años 60 comenzamos a tenerlos en el Departamento de Economía Política. Entonces la discusión que se produjo fue sobre el contenido del programa de Economía Política. El contrapunto era: teoría o instrumentos. En la práctica aparecía, caricaturizando, como la alternativa “El Capital” o Samuelson.

 

Con los profesores del Departamento de Filosofía con los que manteníamos alguna relación (pues junto a ellos pasamos el curso para la habilitación para profesores de la Universidad) que eran amistosas. Simultáneamente se producían “choques” entre algunos profesores del Departamento de Filosofía y otros grupos que se ocupaban de menesteres similares. En ese espacio de las ciencias sociales, donde confluyen filosofía y sociología, se enquistaron las diferencias de opinión. Se alcanzaron las más altas cotas de contradicción, se mezclaron estas discusiones con las tareas que en el Departamento de Filosofía se realizaban sobre las ideas de Fidel Castro sobre la organización de la sociedad cubana.

 

Se produjeron represalias y, “casualmente” los represaliados fueron varios de los más serios y brillantes científicos sociales que mantenían una posición crítica de la idea de Fidel Castro sobre la “sociedad perfecta”. Éste proclamaba como ideal, una sociedad “perfecta”, formada por “el hombre nuevo”, con un único líder, un único objetivo y un único mecanismo de estimulación.

 

De ese grupo de represaliados conocía a Félix de la Uz y a Virgilio Balmori, que  junto a otros filósofos y científicos sociales, fueron “trasladados” a nuevos “puestos de trabajo”; unos como limpiadores de los locales de los talleres ferroviarios, otros a fabricar pelotas de base ball, etc. ¿A quién y a cuántos ideólogos de “Pensamiento Crítico” se les “condenó” o fueron sancionados a la pena de “trabajo forzado” o cualquier otro tipo de represalia? La cuenta se hace muy rápido: a ninguno. Y, a propósito de estos casos, ¿puede alguien mostrar la documentación donde se deciden esas condenas? No existen; nunca existieron; lo cual le permite a Amuchástegui y a sus compañeros colegas “historiar” con total impunidad. Aún ninguna autoridad del gobierno cubano ha pedido perdón por la comisión de tales crímenes.

 

Amuchástegui mezcla en un mismo saco las incidencias de una naturaleza con otras que pueden tener elementos comunes, pero que no tienen que ver unas con otras. Así, al “historiar” sobre acciones erróneas e inadmisibles de prohibiciones y recomendaciones de libros, autores, corrientes de pensamiento, etc. confunde las discusiones en el Departamento de Filosofía y la revista Pensamiento Crítico; la publicación de libros por los contenidos que trata, los problemas del Consejo Nacional de Cultura, la UNEAC, etc.

 

Las discusiones en la Revista Pensamiento Crítico se producían porque se practicaba “la selectividad” en la divulgación de algunos autores, de nuevos autores con ideas innovadoras, algo se divulgaba, pero no todo ni a todos; había una “maquinaria” selectiva con sesgos muy agudos; a la vez, acusaban a oros de ser selectivos. El problema de Pensamiento Crítico está nítidamente auto-expuesto en su último número, donde declaran:

 

“Pero para nosotros el talento en abstracto es un valor burgués, la libertad de expresión de una elite es una libertad burguesa; el derecho a no correr la suerte del  pueblo es un derecho burgués y nuestro pueblo se ha propuesto destruir a la burguesía.”

 

Era una publicación que repelía y represaliaba a otros autores en función de su pensamiento crítico sesgado. Por eso el debate de esta cuestión, que debió ser académica, devino en política y generó tanto ruido. Creo que el ruido no se originaba por las discrepancias filosóficas e ideológicas; se producían por las represalias a que eran sometidos los que pensaran de determinada forma.

 

Otros problemas habían que, ligados o desligados, aparecían vinculados con el MINFAR. Unos más conocidos, otros menos, pero todos ligados a la práctica de la autocensura.

 

Con Casa de las Américas se produjo el conflicto por los premios concedidos a libros con contenidos impropios. “Fuera de Juego”, “Pasos sobre la yerba”, “Los condenados del Condado” encabezaban una larga lista de libros “impropios”. Me consideré con suerte cuando en casa de mi hermana (casada con un alto oficial del MINFAR) me encontré, entre revistas y periódicos viejos que iban a tirar a la basura, un ejemplar de “Paradiso”. Tuve mucha suerte. El susodicho ejemplar estaba allí no por haber sido seleccionado y adquirido por alguno de los que allí habitaban; era el resultado de que no se pudo impedir a tiempo la publicación del libro de Lezama, ni la destrucción de los “manuscritos”. Y allí estaba la flamante edición del polémico libro de Lezama. A alguien se le ocurrió, para deshacer el entuerto, la brillante idea de publicarlo, con lo cual evitaban el conflicto, y distribuirlo entre los oficiales de primer rango del MINFAR, que fieles cumplidores de las reglas de la autocensura, con la derecha echaban a la basura lo que con la izquierda recibían, diáfana expresión del “respeto” de los derechos de los individuos. Tuve suerte que me tropecé con el libro en su viaje al molino para ser molido y convertido en pulpa para fabricar papel, ya libre de la tinta que se “malgastaba” en divulgar contenidos impropios.

 

Llama la atención la alta frecuencia con que aparece el MINFAR en todos esos rollos.

En el origen (no como origen, sino acompañante de las normas e instituciones rectoras de las actividades culturales) aparecen con harta frecuencia los militares. En primer lugar, como mano ejecutora de Fidel Castro, aparece José Ramón Fernández, paradigma de la inflexibilidad, insensatez y “persona ideal” para llevar a la práctica las ideas Fidel Castro:

 

“Con la revolución todo, contra la revolución nada”.

 

La solución de estos problemas comienza con el nombramiento como Presidente del Consejo Nacional de Cultura de Luis Pavón, oficial del MINFAR destacado por haber mantenido con vida la revista “Verde Olivo”, órgano del Ministerio de las Fuerzas Armadas.

 

Por Dora Alonso, con la que mantenía relaciones de absoluta confianza, supe del conflicto con los militares. Desde la primera reunión de los intelectuales y artistas con Luis Pavón, la casi totalidad de los intelectuales estaban indignados por el trato grosero y maleducado (enérgico, como era considerado en el MINFAR); sus ínfulas de intelectual eran motivo de burlas. No tardó en hacerse manifiesto que los intelectuales, de la orientación de Fidel Castro resaltaban la filosofía de TODO, mientras que para Pavón se acercaba más a NADA.

 

En los argumentos de Hermes Herrera sobre el castigo que me imponían: “no poder impartir clases” era que yo pensaba y expresaba lo que pensaba. Se castigaba no sólo la libertad de expresión, sino en primer lugar la libertad de pensamiento. Coincide con lo expresado por Pensamiento Crítico, que parece muy cercano al totalitarismo fascista.

 

Otro de los “conflictos” de origen ideológico lo encontramos en el Ministerio de Educación Superior. Se trata, en realidad, de dos conflictos distintos. El primero, vinculado al nombramiento, a raíz de la finalización del Primer Congreso del Partido, del Mayor Oscar Guzmán como Director del Departamento de Filosofía en la Universidad de La Habana. Los usos y costumbres empleados por el Mayor Guzmán, y al uso del método de “ordeno y mando”.

 

Esta cuestión se mezcla con la norma del Ministerio de Educación Superior de que para cada asignatura, había un único programa, obligatorio para todos los que la  impartieran. Esa medida, argumentaban muchos profesores, constreñía la creatividad de los profesores y redundaba en el empobrecimiento del contenido de los programas de las asignaturas. Le trasladé a [el ministro Fernando] Vecino la preocupación de los docentes. Su respuesta fue que él también estaba de acuerdo en que se limitaba la creatividad de los profesores, pero la inmensa mayoría de ellos (en las ciencias sociales) eran recién graduados sin experiencia docente. Que la uniformidad implantada garantizaba la impartición de los conocimientos mínimos necesarios para el ejercicio de la profesión, Que esperaban, y así se reflejaban en los planes docentes, que a medida que se fueran creando las condiciones mínimas, comenzarían a extender la permisividad de introducir y experimentar cambios en los programas.

 

Yo no recuerdo otros conflictos. De los aquí expuestos considero que en la actividad de Pensamiento Crítico se encuentra gran parte de las causas del conflicto político que engendró. La “historia” de que

 

“Pensamiento Crítico no nació de la decisión de instancia política alguna, sino de la iniciativa de aquel «grupo de la calle K» del que habla el autor en el prólogo, y como parte de un momento en el quehacer intelectual: vivíamos el parto de la elaboración teórica en las tareas de una academia nueva para la experiencia nacional. Fue concebida y desarrollada como una revista de la revolución, por la revolución y para la revolución…”

 

En Cuba, donde el gobierno controla todo medio de reproducción, “nadie” tomó la decisión de permitir la publicación de una revista que favorecía los intereses de “nadie”. Sus objetivos represores de todo pensamiento o idea que fuese considerado inapropiado, según “nadie” o los autorizados por “nadie”. El origen del conflicto político lo determina el ser

 

“una revista de la revolución, por la revolución y para la revolución… pero para nosotros el talento en abstracto es un valor burgués, la libertad de expresión de una elite es una libertad burguesa; el derecho a no correr la suerte del pueblo es un derecho burgués y nuestro pueblo se ha propuesto destruir a la burguesía.”

 

En pocas palabras, “o piensas como yo o el paredón”. ¿Hay otra forma de interpretar esas palabras?

 

Esa es la esencia de la intención de “nadie” al entregar los recursos para la publicación de Pensamiento Crítico.

 

Sobre esta cuestión Humberto en su artículo asume la culpa:

 

“Cierto es que en esa década, sobre todo en sus primeros años, rigieron políticas y se produjeron acciones en el terreno de la creación artística y difusión cultural, y también en el de la ciencias sociales, que incluyeron prohibiciones, intimidaciones, aislamientos y bloqueos burocráticos que afectaron el desarrollo, la obra y el trabajo de numerosos intelectuales y, lo que es quizás más significativo y trascendente, dejaron heridas y cicatrices en los afectados, difíciles de olvidar”.

 

Es válido el reconocimiento de tal culpa, pero es inexplicable (o su explicación revelaría hechos y medidas que se quieren seguir ocultando) no denunciar con mayor contundencia los hechos similares, pero mucho más graves por sus efectos y por sus  intenciones, ocurridos en los años 1968-1970. En esos años sí hubo víctimas, aún hoy sufren por las secuelas del entonces castigo impuesto. ¿Por qué se sanciona a unos por pensar y a otros no? “Nadie” así lo decidió. Por cierto, ¿puede alguien mencionar al menos un nombre de alguno que haya sido víctima de represalia de cualquier naturaleza de los que participaron en las discusiones como miembro del grupo de “Pensamiento Crítico”? No se tomó ninguna medida de represalia contra la revista ni con los que en ella trabajaban. Solamente que dejaron de disponer de recursos que “nadie” les dio, luego “nadie” se los quitó. No se dictó ninguna medida ni se les retiró permiso alguno, pues no existían, ni para Pensamiento Crítico ni para nadie. Solamente dejó de publicarse, igual que cualquier otra. Hubo sancionados y represaliados, pero todos eran “adversarios” de Pensamiento Crítico.

 

Cómo calificar el hecho de que a Humberto Pérez se le “olviden” las represalias contra Félix de la Uz, represalias por pensar y expresar su pensamiento, mientras que da muestras de casi estar arrepentido por el cese de la retirada de la circulación de la Revista Pensamiento Crítico. A su vez, aún está pendiente reconocer el gravísimo crimen de las represalias a Félix y otros que fueron represaliados con la anuencia y complacencia de Pensamiento Crítico.

 

Tengo la impresión que aquella batalla de ideas continúa, que nunca ha parado; que se tomó un descanso para recuperar fuerzas, que se olviden algunos agravios, y aparezcan nuevos contendientes.

 

El desarrollo del individuo requiere el ejercicio pleno de sus derechos y acceso a los medios para ello. Democracia y educación. Cumpliendo estas tareas hay que incrementar la participación de los trabajadores, como únicos en nuevas tareas de dirección. El incremento de los conocimientos del individuo y de su participación en la dirección y en la producción, crea la posibilidad de aumentar su participación como masa. Para ello se hace necesario aumentar los procesos en que se incrementarán su participación. Incremento de los conocimientos del único, sobre tal base, incremento de la participación de la masa. Ambas dinámicas deben generar nuevas formas, lugares y actividades en las que participarán. Se hace evidente la necesidad de modificación de los mecanismos de control de la producción. Se percibe con mucha mayor claridad de la utilidad de los trabajos de Álvarez Rom y del inmenso daño que se hizo, se hace, y se hará con su eliminación. El incremento de la participación del individuo y de la masa en la dirección requiere ante todo mayor y más profunda democracia para el individuo y para la masa; mayores conocimientos. En resumen, la política consecuente con esa conceptualización conlleva acentuar la participación consciente, individual y colectiva del hombre en la dirección. Simultáneamente, desarrollar los recursos educativos a disposición de los individuos, y los medios adicionales que le posibiliten su participación.

 

No hay excusa posible: el olvido de no incluir en el artículo esta cuestión no puede ser involuntario.

 

Este episodio no está recogido en la “historia” a lo Amuchástegui. Tampoco en la historia oficial que cuentan en las escuelas. No ha sido evocado jamás; lo que oficialmente existió y existe es el hombre unidimensional de Pensamiento Crítico, sus creadores y los  que fueron represaliados por oponerse a la idea de des individuar al único en una masa gris de hombres disciplinados, obedientes, generosos y sacrificados para cumplir lo que “nadie” le ordene. La reversión del obrero en esclavo, de implantarse las ideas desarrolladas a la sombra del máximo líder, cuya implantación está entre los episodios más resaltantes. Es uno de los “errores” de más graves consecuencias del período 1965-1970. Lo es también “el olvido” de ser recordado en el artículo de Humberto y en los comentarios que le siguieron. Es lo que falta, lo que no se puso por “olvido” o “por desconocerlo”. Explica la razón de muchos de los “agujeros negros” que encontramos en el artículo de Humberto y en la “historia” que nos han enseñado.

 

Al remedar Humberto el comportamiento de Fidel Castro repite el error. Se tergiversan los documentos, pero la cercanía a los hechos permite percibir que todas las medidas, todas las acciones, todos los mecanismos, van dirigidos a simular una amplia introducción de los mecanismos mercantiles para dirigir la sociedad.

 

Fidel Castro percibe el conflicto porque existen dos propuestas para la solución de un solo problema. Si solamente hubiera una única propuesta no habría conflicto alguno. Dedujo  que la vía para la “solución” del conflicto creado por haber dos propuestas, era “pasar” de una de ellas, adoptar la otra y presentarla como si fuese la única. Cesa el conflicto, y contribuye a que quede oculto el procedimiento de disolver una propuesta en la otra. Pensaban que de esa manera desaparecía el conflicto, Pero el conflicto no fue creado por haber dos propuestas; las causas del conflicto había que buscarlas en los inexistentes mecanismos de dirección, situación que propició que en el período 1966-1970 Fidel Castro se dedicó a erradicar todo el sistema de gobierno de la República de Cuba para introducir otro, diseñado siguiendo pautas por él establecidas en que se absolutizaba el mando único para la realización de todas las actividades.

 

Pero, Fidel Castro olvidó o no se dio cuenta de que al actuar como lo hizo resolvía el problema formal de haber dos “papeles”, pero quedaba el latente conflicto real: el concepto de Guevara

 

“el individuo en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad”

 

que Fidel Castro convierte en consigna y hará que cada niño repita machaconamente, hasta que se convierta en “principio moral” elemento inseparable de su conciencia. Pero cada día que el niño se despierta se percibe como único; la vida es muy testaruda, y es lo que refleja el espejo. ¿Qué piensa el niño o joven cuando repite una y otra vez “Seremos como el Che”? ¿Pensará en que es un ser único o en que será uno más, igual a los demás hombres nuevos?

 

Así las cosas, se encuentran “al borde del abismo”, y con una altísima probabilidad de que el proceso de actualización del sistema de dirección de la economía (del modelo cubano) coincida en el tiempo con la eliminación de los restos del embargo. Es posible que se estén haciendo intentos para hacerlos coincidir, de modo que los resultados que se produzcan se puedan atribuir a cualquiera de los factores. Los beneficios son atributos intrínsecos al proceso de actualización. Los errores, como ha quedado plenamente demostrado, tienen su origen en cualquier cosa. Ahí está Amuchástegui para “historiar” lo que ha ocurrido.

 

Pero ¡cuidado!, las sorpresas pueden ser mayúsculas.

 

Primero hay que recordar que el objeto de estudio es el Primer Congreso del Partido, sus causas, éxitos y fracasos; las implicaciones que puede tener en el presente. Tanto en la definición del objeto como durante los primeros pasos en su análisis lo hicimos con la información disponible. Los resultados que se podían alcanzar estaban limitados a aquel conjunto de información disponible, en la cual el artículo de Humberto era “el centro”.

 

En lo examinado y expuesto hasta ahora se aprecia que tanto en el artículo de Humberto como en el contrapunteo que le hace Amuchástegui, ambos se refieren con marcado énfasis al periodo 1965-1970.

 

Ambos autores manifiestan de manera implícita la noción básica  de que la situación del país durante 1970-1985 dependía en muy alto grado de las acciones y condiciones del comportamiento en el período anterior (1965-1970); no sólo de los resultados, sino sobre todo por las formas y maneras que se utilizaron en su  realización.

 

Los actividad de Fidel Castro en este período causó efectos que fueron tan devastadores, tan cruelmente lacerantes, y todos tan absurdos, tan fuera de lugar, que muchos prefieren olvidar porque temen (con razón) que el recuerdo provoque la ira de muchos de los que fueron víctimas de los “errores”.

 

En esa época se distinguen varias “operaciones” o programas que se ejecutaban por órdenes del gobierno cubano. Entre ellas las más destacadas y destacables de las que me acuerdo son las siguientes:

 

  • Confiscar y estatificar los factores materiales de producción de más de 55 mil pequeñas empresas
  • Erradicación de los sistemas de control de la producción.
  • Eliminación de las parcelas de tierra que se entregaban para utilizar exclusivamente por la familia cooperativista. Conocido por Plan Alero
  • La Brigada Invasora Che Guevara
  • La eliminación de la producción ganadera en la provincia Habana
  • Los “pedraplenes”
  • La Zafra de los 10 millones de TM de azúcar.

 

Estas “medidas” las examinaré desde el punto de vista de los objetivos que se intentaban alcanzar. Según Amuchástegui, para poner fin a la dependencia de la URSS; según Humberto, para crear una base económica fuerte que permitiera “tomar por asalto el cielo del socialismo y del comunismo”.

 

(continuará)