Cubanálisis   El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS            

 

 

                               Dr. Manuel García Díaz, España

 

 

 

 

 

 

     

                                      

 

La Actualización del Modelo (una visión crítica) - PRIMERA PARTE

 

Introducción (Información sobre la Información)

 

La revista digital Temas, que se edita en Cuba por el Ministerio de Cultura, al referirse al artículo de Humberto Pérez publicado en esa misma revista bajo el título “En el 40 Aniversario del Primer Congreso del Partido” y a algunos escritos de comentarios de su contenido, señala  “la necesidad de continuar promoviendo estas reflexiones en torno a momentos cruciales del devenir de la sociedad cubana”.

 

Parto de la convicción de que la publicación de esta revista no está autorizada por la jefatura del país, sino que se publica por orden de la máxima autoridad nacional.

 

En el conjunto de escritos publicado, no se delimita expresa y claramente el objeto de estudio o cuestión a debatir. Sin esa delimitación no es posible realizar un debate serio. Cada cual puede hablar y opinar de cualquier cosa. Opto por recorrer el siguiente camino: primero  yo definiré, con la mayor claridad y precisión posible, cuál será el objeto del debate al cual yo me referiré. Para hacerlo dispongo, de momento, con los artículos y comentarios publicados: en primer lugar,  con el mencionado artículo de Humberto. También con los comentarios de varios especialistas sobre el susodicho articulo. En tercer lugar con los comentarios con que presentan el primer debate público y los escritos publicados.

 

Sus contenidos, todos referidos al mismo proceso, ayudan a deducir el objeto de examen que tomaré: el Primer Congreso del Partido, sus causas, éxitos y fracasos; las implicaciones que puede tener en el presente.

 

Es frecuente reducir el Primer Congreso del Partido al Sistema de Dirección y Planificación de la Economía. Es un error que puede acarrear la distorsión de la exposición de los resultados. Sin que quepa duda alguna, cambia la interpretación de los hechos. La modificación de los datos se realiza dentro de un sistema que hace difícil señalar su manipulación y tergiversación.

 

Toda la información que se captura pasa a la “línea de producción” del dato divulgable. La tergiversación no se reduce a un simple proceso de cambio de la cantidad, sino que se procesa como parte un sistema de informaciones y datos con los cuales tiene que concordar.  Se determina, dentro de ese sistema, los valores críticos máximos y mínimos, así como de otros valores “críticos” a los que pudiera llegarse. Se tiene especial cuidado para ajustarse, en primer lugar, a aquellas variables que han sido publicadas, por lo que condicionan el conjunto de posibles valores. Frecuentemente, hay que realizar ajustes en el valor de otras variables. Se analizan todas las variantes de posibles cambios y se escoge la que mejor se ajusta a los valores que se aspira alcanzar.

 

La información en relación con los trabajos actuales y futuros de la actualización del modelo han “pasado” por esos “procesos intermedios”...

 

En el trabajo de Humberto faltan algunos “detalles” en los cuales no nos detendremos para no desviar la atención de otras cuestiones que se deben esclarecer en las primeras páginas. De no hacerlo así se corre el peligro de exponer parcialmente partes del objeto o exigirle al  lector hacer suposiciones que estarían fuera de lugar y tiempo.

 

Por “presente” se entenderá el proceso de actualización del modelo cubano en el contexto de la normalización de las relaciones de Estados Unidos con Cuba y sus incidencias en la esfera política.

 

Examinaremos tres procesos que permiten calificar de crucial al momento actual:

 

- Actualización del modelo cubano,

- Normalización de las relaciones con los Estados Unidos de América,

- Cambio de personas en la  cúpula del poder

 

Tres procesos con amplios rangos de fuerza y formas de incidir sobre el sistema económico cubano. 

 

Un factor que está presente en las estadísticas económicas es la inercia (en sentido similar a la de un proceso mecánico)  del sistema económico. Factores de la producción y sistemas de instituciones y normas del comportamiento de personas físicas y jurídicas no son cosas que puedan cambiarse “en un dos por tres”.

 

La actividad sobre las estadísticas e informaciones necesarias para el presente trabajo se hizo manifiesta desde los comienzos.

 

Ocurren todo tipo de incidencias con el objetivo de ocupar posiciones ventajosas en las instituciones. Responden a intereses particulares de individuos y grupos que actúan en beneficio propio. Evidencias de tales prácticas aparecieron en cuanto comencé las actividades preparatorias de este documento. Además de las invitaciones a participar, procedentes de personas de las que nada sabía desde hace 30-40 años,  recibí sugerencias de escribir para la revista Temas. Varias de ellas me indicaron claramente cuáles criterios serían bien recibidos y cuáles no. Además, me recomiendan enviar lo que escriba a la dirección personal del Director de dicha revista.

 

Tomé la “sugerencia” como una invitación. Me dediqué a la redacción de los aspectos que creo más relevantes de ese proceso para hacerlo llegar a la Dirección de la revista  Temas. Expuse en él algunos de mis puntos de vista sobre el artículo de Humberto. Elaboré el documento antes aludido y el 11 de enero próximo pasado lo envié, desde Miami directamente a D. Rafael Hernández, como me lo sugerían. En el cuerpo de la carta con la  que envié adjunto el artículo, incluí algunos puntos de vista adicionales a los que se exponen en el artículo.

 

Tanto el artículo como la mencionada carta han sido ignorados.

 

El 9 de marzo la susodicha revista publicó un escrito de Domingo Amuchástegui en que se incluyen observaciones a algunos puntos abordados por Humberto en su artículo. Pero, en el primer párrafo de su escrito manifiesta haber leído el análisis de Humberto “…junto con algunos de los extensos comentarios, muy favorables, de algunos bien conocidos especialistas.”

 

Por lo tanto, era distinta la información disponible para el artículo de marzo de 2016. Siendo rigurosos, al introducir la información contenida en los comentarios de Esteban Morales y otros especialistas, el objeto de estudio es otro, aunque el nombre permanezca inalterado. La información que se vaya agregando permite delimitar el objeto de estudio con más precisión. Se va precisando el objeto de estudio, de hecho se va cambiando, aunque el nombre permanezca inalterado.

 

El Primer Congreso y sus implicaciones en la actualidad, es una cuestión que ha pasado a ocupar los primeros planos; circula el bulo de que la actualización del modelo cubano, problema principal del próximo VII Congreso del PCC, está muy influido por el SDPE y su brusca interrupción. Adicionalmente, la  nueva situación que crea la simultaneidad con la normalización de las relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos, son situaciones propicias para que surjan oportunidades extraordinarias.

 

La verdad existe

 

Re-entrar en el debate sobre el “nuevo objeto” me pareció de inicio una tarea muy enrevesada, no por el contenido o las formas utilizadas por Humberto, sino por la “mezcla” por un lado, del artículo de Humberto con el escrito firmado por Domingo Amuchástegui; por otro de las particularidades que surgirán al coincidir las medidas de reforma con la apertura de relaciones con les EE. EE. Para mayor enredo, la dirección de la revista publica el escrito de Amuchástegui como el material que “completa el análisis” (supongo que se refiere al artículo).

 

Las dificultades aparecieron en su forma más compleja al intentar exponer los resultados del análisis  siguiendo un orden cronológico, como en el artículo de Humberto. Me encuentro que en varios  momentos aparecen, salidos de la pluma de Amuchástegui comentarios, argumentos, historias y críticas referidas o relacionadas con la cuestión que se examina, pero “metidas con calzador” de modo que se convertía en parte del problema pero “creaba” situaciones difíciles de explicar.  El resultado era una melcocha que, por mucho que se tratara de masticar, resultaba imposible una interpretación lógica. Como ocurre con frecuencia, del propio problema surgió la solución.

 

Como es habitual en los estudios que hacemos de la economía cubana, siempre encontramos indicios y evidencias de la manipulación de la información.  En el que ahora nos encontramos, no es la excepción.

 

Dice Amuchástegui que en su escrito “no pretende otra cosa” que “presentar su interpretación de los hechos” sobre “temas cruciales” de  “nuestro proceso” de los cuales “fuimos participantes y a los que dedicamos nuestras vidas”.

 

El escritor, al parecer por la multiplicidad de plumas, utiliza una y otra vez la triquiñuela de referirse a una cuestión, situándola en cualquier tiempo menos en el que se produjo, mezclándolo con otros que poco o nada tienen que ver, introduciendo mentiras, trastrocando todo eso en una mezcolanza de “historias” con un doble hilo conductor:

 

- todo lo que se ha hecho mal en Cuba a partir de 1959 ha estado diseñado y ejecutado conscientemente con la intención de hacer daño a Fidel Castro.

- por eso el escrito de Amuchástegui está dirigido más a ensuciar a Humberto, que a examinar críticamente su artículo. 

 

Eso me da licencia para desechar toda referencia que no esté vinculada con los  períodos 1971 - 1985 y del que le precede 1966 – 1970.

 

Considerando esas premisas me permitió limpiar el terreno de una cantidad de “basura” y quedar a la vista que en las argumentaciones “historiadas” por Amuchástegui se hace referencia al artículo de Humberto en dos ocasiones; la primera para “historiar” que “una y otra vez se repite la noción [sic] por parte de Humberto Pérez de que el único período de crecimiento y desarrollo es el de los quince años transcurridos entre 1970 y 1985…” Al parecer, con esa falsa exageración  insinúa que se trata de una acción conscientemente utilizada por Humberto con fines propagandísticos. Sin embargo, si Amuchástegui se hubiera leído “…con gran interés y cuidado el análisis de Humberto Pérez…” hubiera constatado que, en el artículo, Humberto se refiere a ese hecho dos veces, por lo tanto Amuchástegui miente dos veces:

 

- la primera al comienzo de su escrito cuando, a modo de magnificar sus abundantes falacias afirma haber leído “…con gran interés y cuidado el análisis de Humberto Pérez…” 

- la segunda, al escribir que en el artículo de Humberto “…una y otra vez se repite…” el crecimiento económico en 1970-1985.

 

En este caso miente con alevosía; porque se exagera un hecho para criticar una cuestión formal. Parece que se intenta distraer la atención de una circunstancia mostrada en el análisis que hace Humberto: una cuestión crucial, ocurrida en un momento histórico crucial, que puede ser crucial para el proceso de actualización, ocurrida hace más de 30 años y todavía no se ha hecho el estudio para revelar cuales factores actuaron para crecer de manera estable y sostenidadurante tres quinquenios consecutivos, a pesar del dogmatismo, conservadurismo y ortodoxia” que, según Amuchástegui, fueron los factores dominantes en ese período. Y podía agregar, “y a partir de una economía prácticamente paralizada y en estado ruinoso”.

 

En el escrito del 11 de enero quería diferenciar dos partes o aspectos del debate. En la primera, sobre todo, cargaba la mano en elogiar la actitud de Humberto de escribir y publicar el artículo revelando o recordado informaciones que han sido ocultadas u olvidadas durante varios lustros. Elogio que, per se, se extiende a  todo el que se ha atrevido a hacerlo. Lo considero digno de elogio con independencia de los principios, criterios, opiniones e intenciones que contenga. El mero hecho de escribir para publicar en un órgano del gobierno que se utiliza para la propaganda política e ideológica del régimen, contribuye a abrir rendijas por las cuales pueden “colarse” ideas diferentes a las oficiales. Son minúsculas, insuficientes, a veces inadecuadas para debates honestos, pero quiérase o no, son grietas de libertad en las murallas de la censura. El presente debate, sólo por el mero hecho de sacar a la luz el SDPE (que no es lo único ni más importante del Primer Congreso) ha creado la posibilidad de hablar de ello, de decir lo que se piensa y simplemente exponer sus dudas. Hay  que felicitar   y agradecer a quien las aproveche; así hice y reitero. Expondré mis puntos de vista, pero ahora lo tendré que hacer incluyendo algunas  cuestiones contenidas en el escrito del Sr. Amuchástegui.

 

Por tales razones el presente escrito estará dividido en varias partes.

 

Comienzo por una primera introducción, en la cual, por imperativos de la necesaria verosimilitud que debe tener los resultados, se recuerda la acostumbrada manipulación de la información sobre la economía cubana.

 

Una segunda parte, en la que muestro las manipulaciones confusionistas (referida a confusión, que no a Confucio) que se perciben en las fuentes oficiales de información; Esta exposición está muy determinada por el hecho de que Amuchástegui se refiere más a Humberto que al artículo de Humberto. Parece que, momentáneamente, olvida que el objeto de estudio es el Primer Congreso del PCC. Esta confusión pudiera estar originada por el inusual papel que jugó el grupo de Humberto como organizador del Congreso. En la práctica sustituyó al Partido y sus estructuras “de dirección”. En la práctica parecía que existían dos partidos: uno, que ejercía el poder mediante la definición de los contenidos a discutir en las sesiones de las Comisiones y Plenarias; el otro cumplía la función de aplaudir y emitir el voto positivo de la medida propuesta.

 

Las características de las actividades del Primer Congreso que en el párrafo anterior hemos mostrado obligó a Amuchástegui a dedicarse a “fabricar el argumento” que el principal atributo de los resultados del Primer Congreso, es que en su mayor parte son falsos. Por consiguiente, la “historia” que le tocó “historiar” era un dechado de tergiversaciones, mentiras, falsificaciones, y todo tipo de fraude para ensuciar la imagen de Humberto Pérez.

 

Por supuesto, habrá una sección en la cual expondré el análisis crítico de lo escrito por Humberto. En él, como haré con el escrito de Amuchástegui, no analizaré todas las actitudes, comportamientos, conceptualizaciones y afirmaciones que incluyó Humberto en su escrito, pues hay afirmaciones como

 

“… continúa pendiente de practicarse de manera auténtica la independencia institucional y la democracia que deben tener en sus congresos…”

 

Ya que sería una mentecatez, y excesivo el gasto de tiempo y palabras, para analizar esa circunstancias estando presente la figura de Fidel Castro...

 

Humberto, el Grupo, el Primer Congreso del PCC

 

Como era obvio, gran cantidad de sucesos, acciones, debates y  manifestaciones que ocurrieron en el núcleo central del proceso de diseño e implantación del SDPE; no se conocían. Por primera vez se revelan en el artículo de Humberto y en las opiniones de otros especialistas, algunas de las cuales aún no se han publicado. Tratándose del testimonio de quien fungió de director ejecutivo de todo el proceso, confieren un altísimo grado de verosimilitud los criterios, informaciones  y valoraciones de los hechos que se exponen. Divulgarlos es  causante de modificación de opiniones y criterios sobre sus efectos reales en el sistema económico. Aunque la cuestión que mayor efecto provoca es el conocimiento de que, en Cuba, antes y ahora, en procesos de esta entidad, se ha utilizado la manipulación y ocultamiento de información para favorecer de manera espuria determinadas ideas y criterios.

 

Por tanto, la primera tarea que acomete el Sr. Amuchástegui en su escrito es intentar devaluar e invalidar, para que no se puedan utilizar, los argumentos que se apoyan en las  memorias de testigos y participantes de los hechos. De tal manera solamente se puede argumentar utilizando las informaciones oficiales.  Intenta el Sr. Amuchástegui cumplir este cometido de la siguiente forma.

 

En sus comentarios sobre el artículo de Humberto Pérez, tras un breve párrafo de saludo y definición  difusa del problema sobre el que se debate, expone lo que, según él se debe hacer para “producir” una valoración completa y balanceada. Lógicamente tal definición requiere definir cómo actuar para evitar diferentes narraciones y diversos puntos de vista y versiones de una misma historia, así como librarse de resultados condicionados por intereses individuales. Escribe lo siguiente:

 

No pretendo otra cosa que argumentar algunas observaciones y criterios en torno a algunos puntos de los abordados por Humberto Pérez, pues si vamos con nuestros argumentos a historiar sobre temas cruciales de los que fuimos participantes y a los que dedicamos nuestras vidas, entonces que cada cual presente su interpretación de los hechos, de sus causas y circunstancias sin olvidar las lecciones de la película Rashomon y que no se trata de una sola historia o de un monopolio de tesis, sino de muchas historias, condicionadas por el papel que cada cual desempeñó, su acceso a información, sus compromisos, actuación y prejuicios”.

 

Nos dice que pretende argumentar, pero inmediatamente  aclara que, para evitar otro Rashomón, no será con “nuestros” argumentos por estar determinados por nuestras situaciones particulares. Se declara que se excluirán “nuestros argumentos” y con esa burda maniobra, intenta “infiltrar” la idea de la existencia de argumentos “no nuestros”. Luego, al no ser “nuestros argumentos”, los “argumentos no nuestros” están libres de interpretaciones influidas por intereses parciales diferentes, y no condicionados  por el papel que cada cual desempeñó, su acceso a información, compromisos, actuación y prejuicios. Son neutrales.

 

Y aquí paz y en el cielo gloria.

 

Emulando a Fidel Castro, de la nada construye una “victoria”. De un plumazo, con apenas cien palabras, resultan invalidadas, y consecuentemente excluidas, los escritos “nuestros”, y en calidad de válidos, aparecen los “no nuestros”.

 

Amuchástegui razona:

 

“si vamos con nuestros argumentos a historiar sobre temas cruciales de los que fuimos participantes y a los que dedicamos nuestras vidas, entonces que cada cual presente su interpretación de los hechos, de sus causas y circunstancias”.

 

¿Y por qué no hacerlo? ¿Por qué tener una única versión si incluso de La Biblia hay varias versiones? Pero, pregunto al Sr. Amuchástegui, ¿Conoce usted algún escrito (por supuesto, esto no se aplica a los documentos de la revolución cubana) sobre hechos históricos cuyo autor no utilice ni la información de participantes ni de cronistas de tales hechos? ¿Conoce usted la existencia de información de algún hecho histórico que no provenga de cronistas, historiadores y participantes en ella? Claro que Cuba es el único país que tiene la suerte de que hay quien conoce la verdad de cualquier hecho mejor que todos los demás.

 

Pero ¿se debería aplicar su argumento también a sus argumentos e “historias”? Por supuesto que sí, pero no se hace así, porque sus “historias” sirven de pilares [1] que invalidan toda argumentación o narración hecha por persona ajena a Amuchástegui y sus compañeros colegas. Pero ¿pero por qué y de dónde provienen sus historias que tienen que ser admitidas como verdades absolutas? ¿Cuál es la procedencia de las in-formaciones utilizadas en su escrito que las inmuniza? Amuchástegui nos remite a Rashomón y hace responsable a que las distintas  interpretaciones de un mismo hecho provienen del papel que cada cual desempeñó, su acceso a información, sus compromisos, actuación y prejuicios. Y vuelve a tener razón el Sr. Amuchástegui, pero olvida u oculta un factor fundamental para la diferenciación: me refiero a la imaginación.

 

Imaginación es lo que derrocha Kurosawa. Lo que hace Domingo Amuchástegui, es tergiversar los hechos, inventar otros, e introducirlos al “historiar” sobre los hechos que se debaten. Esto último se denota como falsificación, perjurio, alteración, fraude, engaño, etc. Amuchástegui desconoce que, según el Diccionario de la Real Academia Española, en Cuba se utiliza el vocablo historiar como acepción y sinónimo de Complicar, confundir, enmarañar.

 

Además ¿en cuáles de los innumerables episodios de los que usted “historia”, desde 1959 hasta la actualidad, ha participado como protagonista? ¿Cuál? ¿A cuál fuente de información ha tenido acceso? Lo referido a sus compromisos, actuaciones, prejuicios  y por qué o por quién toma partido se puede deducir de su propio escrito, sin que sea necesaria mucha imaginación.

 

Ya en el segundo párrafo de su escrito, deja establecido el principio de que todo aquello que se necesite historiar o argumentar, será hecho por Amuchástegui y sus compañeros colegas, únicos poseedores de los únicos  criterios y argumentos verdaderos. De tal manera habrá una única interpretación y argumentación de los hechos, la “no nuestra”, la historiada por Amuchástegui et al.

 

Pero de lo que aquí se trata no es sobre una película. Se trata de la vida en sociedad, en la sociedad cubana. Se trata de la formación de las conciencia de los miembros de la sociedad cubana. Cada miembro es un individuo, único, distinto a todos los demás, que puede individualizarse solamente en la sociedad.  Y, como individuos miembros de un grupo social, cada cual tiene el derecho básico de formar su propio criterio, distintos de otros (o iguales, el que considere más apropiado). Así es la realidad. La diversidad de pensamiento promueve su perfeccionamiento: es fuente de mejoramiento del individuo y del grupo social.

 

Lo contrario, el pensamiento único, [2] la opinión única, la uniformidad del pensamiento, que se intenta introducir como virtudes del hombre nuevo, tiende a rechazar y reprimir a quienes difieren del pensamiento oficial y en más de una ocasión ha promovido los campos de concentración y las represalias como “argumentos” de sus virtudes.

 

El resto del documento del 11 de enero lo dedico a reprochar algunas afirmaciones que hace Humberto que considero erróneas; unas por incompletas; otras, incluidas con argumentos falaces y simplistas. Todo, a mi parecer, con la intención de demostrar que los hechos del período 1970-1985 eran la continuación de las políticas y prácticas que comienzan desde 1959 hasta su suspensión en 1965. Interpreté el escrito de Humberto como un intento de demostrar dos cosas:

 

- que todo lo hecho fue bajo la dirección de Fidel Castro, y

- que había  una única línea de mando de la política practicada.

 

Tengo la impresión que es la continuación del argumento empleado en 1985 cuando fue defenestrado de la JUCEPLAN:

 

Todo lo que hice fue cumplir las órdenes que recibía o que se habían aprobado previa consulta”.

 

Por cierto, es cierto.

 

¿Será la actualización la continuación del proceso interrumpido en 1985? ¿Es posible? ¿Es deseable? ¿Es beneficioso?

 

No son pocos los que así lo creen. Humberto Pérez es uno de ellos. En el artículo Humberto dedica un espacio amplio a resaltar las ventajas de hacerlo. Muchos son los indicios de que la dirección del país ha echado a rodar el bulo de que el proceso de actualización es la continuación de lo comenzado en el 1970-1985 y paralizado con violencia.

 

Con el argumento cierto de que ha sido el único período de desarrollo positivo de la economía, alcanzando índices de crecimiento económico altos, no espectacularmente altos,  pero si lo suficientemente estables y sostenidos (y sostenibles). Es cierto que en esas regularidades observadas en el desarrollo económico influyen las ventajosas relaciones económicas y comerciales que se tenían con la Unión Soviética y otros países miembros del CAME. Pero también es cierto que en otros períodos en los que el país contaba con condiciones similares, no se lograron índices con tan positivos comportamientos. Es evidente que hay factores en este periodo que en otros o estaban ausentes o no estaban complementados debidamente. De cualquier manera falta por analizar  qué ocurrió que provocó tan deseado comportamiento.

 

Revelar tales factores resultaría un instrumento de incalculable valor para los que trabajan en el proceso de actualización. Aunque hay algunos de ellos ya conocidos, quedan muchos por desvelar integralmente.

 

Un factor determinante que está a la vista y no hay que investigar mucho para considerarlo, es que el SDPE introduce normas, procedimientos y rutinas que devienen costumbres, cuya aparición y obligatoriedad generan formas de realización que exigen restablecer y cumplir determinados comportamientos.

 

Se produjeron efectos inauditos. La apertura de los Mercados Libres Campesinos provocó que en su primer año de funcionamiento la producción de las empresas estatales creciera más de un 25% (en las  estadísticas oficiales se manipuló la cifra para que apareciera 16%). El surgimiento de los mercados libres provocó un efecto multiplicador de la producción extraordinario y, lo que hace que sea aún más “extraordinario”, no fue generado por la inversión, sino por el crecimiento del consumo; con la disminución del ahorro. Cuando su apertura observé una muy extendida actitud entre los que acudían. Parecían ansiosos, pero era muestra de sentirse a gusto. Fue un comentario al vuelo de Dora Alonso, con quien íbamos todos los domingos a esos mercados, lo que me hizo percibir esa actitud. Comentábamos que los que acudían a esos mercados se sentían felices, por poder elegir o rechazar, por poder discutir y pujar, por tener los mismos derechos que todos los que allí estábamos y comprobarlo una y otra vez en cada mostrador, en cada compra o en cada rechazo. En ese momento no pensé en su causa.  Habían pasado más de 20 años que había desaparecido la posibilidad de ir a las tiendas, sólo a mirar.

 

Actuaron sin dudas, otros factores. Seguramente, hay  intereses que aspiran a que así vuelva a ser; a que la actualización sea la reedición del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía. Corre ese rumor, aunque me parece (la lejanía puede tergiversar las señales que recibo) que no provoca mucho entusiasmo en la masa. El gobierno cubano ni lo niega ni lo afirma. No se ha hecho nada más allá de las declaraciones (palabras y sólo palabras) “se utilizarán mecanismos mercantiles” y “el único límite es la empresa estatal”. Sin embargo, ha sido suficiente para entusiasmar a muchas organizaciones y personas.  Y los hechos ¿dónde están?

 

Lo único nuevo que se ha creado es el conjunto de procedimientos mínimos y elementales para realizar el intercambio mercantil. Pero se sigue aspirando a  que la empresa estatal domine la totalidad de las actividades de desarrollo de la producción. Lo primero que se debe desvelar y mostrar en su totalidad es que “empresa estatal” y “mecanismos mercantiles” son fenómenos antitéticos. 

 

“Mercantil” implica plena igualdad jurídica de quienes trafican en esas condiciones. Igualdad y seguridad jurídica entre comprador y vendedor; reconocimiento mutuo de soberanía sobre los productos que se llevan al mercado. 

 

El principal servicio de los mecanismos mercantiles es dirigir los flujos de bienes, servicios  y dinero hacia las actividades que lo necesitan, atraídos y rechazados por los que participan en el juego; utilizando los más simples instrumentos, lo necesito y estoy dispuesto a reconocerle hasta tanto valor. Ese comportamiento, sin presiones externas adicionales, es lo que da forma a la concurrencia de los factores vivos de la producción, y determina la propiedad sobre el sistema de producción y sus resultados (el producto). 

 

Oferta y demanda supuestas, esperadas, pronosticadas por los propietarios de los factores de producción. Pronósticos que se confirman o modifican con la realización en el mercado. Y así, en un proceso de pronóstico, ejecución, realización, comprobación de desigualdades entre expectativas y realidades, se van corrigiendo las cantidades y expectativas, se van dirigiendo los flujos y stocks en función de las necesidades de la población. Por supuesto, todo este movimiento puede estar ayudado por cálculos “extra-sistema”, por un sistema de “planificación” que ayude a hacer pronósticos más exactos.

En la “empresa estatal” esa función la cumple un funcionario o un grupo de funcionarios altamente calificados que “saben mejor que el pueblo lo que le conviene al pueblo”.

 

“Empresa Estatal” es, ante todo, monopolio, gracias a su naturaleza estatal.  El grado de monopolización dependerá de las atribuciones y obligaciones “estatales” que se le asignan a la empresa estatal.

 

En sordina (pero de modo que todos se enteren) se dice que los hechos vendrán con la solución del conflicto con los Estados Unidos. Cuando se realicen cambios que modifiquen la correlación de fuerzas y les posibilite concurrir en los mercados hoy inasequibles (principalmente a aquellos privilegiados por los créditos y seguros a la exportación) que todos esperan alcanzar altos niveles de actividad.

 

Esas realidades llevan a la situación actual. Los cambios, por supuesto, tienen apoyo unánime del gobierno y de la revolución; pero cambios que no cambien nada. En fin, Lampedusa, pero sin inmigrantes.

 

Los cambios  por razones de edad, (y los colaterales que estos causen)  incrementarán la competencia. Pero si estos cambios inevitables y ya impostergables ocurren simultáneamente con la normalización de las relaciones con los EEUU los nuevos mercados reventarán los límites actuales y provocarán, como es normal que ocurra en todo mercado en que se producen cambios de similar identidad y potencia, crecimientos  bruscos que alcanzarían magnitudes y dinámicas extraordinarias. Las actuales estructuras materiales serán incapaces de crear a tiempo los mecanismos adicionales necesarios para asimilar los nuevos flujos de bienes y servicios. Lo mismo ocurrirá con el sistema de instituciones.  La probabilidad de que la concurrencia ocupe espacios extra-legales es muy alta.  Crecerá la inestabilidad del sistema productivo y con ella  el país se acercará a zonas de ingobernabilidad. Son situaciones que han ocurrido en varias  ocasiones, y  se conocen sus  consecuencias.

 

Fidel Castro logró montar un sistema de gobierno del país sobre una estructura suficientemente estable, aunque en condiciones de precariedad. Un sistema que es capaz de asimilar cambios de pequeña magnitud, pero incluso éstos provocan efectos “colaterales” perniciosos.

 

Las estructuras económicas se forman con medios de trabajo, materias primas y trabajadores. Cualquier cambio en ellos exige ingentes gastos de recursos para cambiar la dirección, por muy pequeño que sea el cambio.  Es más barato crear condiciones para aparentar estabilidad, que para  alcanzarla y mantenerla. Es más rápido, más barato y fácil corregir errores de apariencia que de estructura. En cualquier  caso, queda el recurso de aparentar un cambio.

 

Todo cambio en el sistema repercute en las empresas. De producirse, hay  que esperar que la normalización de relaciones con los Estados Unidos genere una competencia feroz para ocupar la mayor parcela posible. Las capacidades competitivas de la empresa estatal cubana son inicuas. Quienes trabajan en las empresas estatales con la apertura, corren el doble peligro de no lograr ampliar sus negocios y “perder” a los actuales “clientes”.  Tales posibles escenarios futuros aterrorizan a muchos funcionarios.

 

En los debates (en los que se supone que sólo se exponen diversos puntos de vista, concepciones, conceptualizaciones, interpretaciones, calificaciones, expectativas, predicciones y proposiciones, que son ciertas a los ojos de quien lo hace) algunos participantes considera adecuado descalificar y excluir a los que son diferentes. Actúan como si se tratase de un juego; lo importante es “ganar”. Ganar como sea, pues de ello puede depender el uso y disfrute de bienes y servicios que no son de su propiedad. 

 

En las ciencias sociales esta práctica suele aparecer como una observación crítica: “la imposibilidad de una calificación integral, equilibrada, honesta, imparcial, si no se consideran todos los factores que intervienen” y a la vez mantener ocultos los hechos, actitudes, comportamientos y actores y otros personajes cuya revelación es vía para hacer posible “una calificación integral, equilibrada, honesta, imparcial”.

 

En casos como el presente, en que se discuten cuestiones cuyo fin puede conllevar cambios en las condiciones de vida de los que en el “juego” participan (jugadores, entrenadores, cuerpo técnico, directivos, socios, apostadores, público, etc.) es frecuente utilizar ese recurso.

 

A muchas personas, que al historiar utilizan sistémica y sistemáticamente tales procedimientos, hay que ponerlas en evidencia. Por su comportamiento avieso, al cual benévolamente calificamos como impropio.

 

Una buena “vacuna” contra esa plaga es delimitar el objeto que será sometido al proceso de análisis en las investigaciones académicas. Su delimitación establece los espacios válidos para el análisis. Toda acción del proceso de análisis que sobrepase los límites se excluyen para evitar la “contaminación” de los resultados obtenidos hasta ese punto. Muy importante en este sentido es recordar que la delimitación del objeto de estudio conlleva inexorablemente identificar el medio ambiente del sistema objeto de estudio,  es decir, la identificación de los inputs del sistema.

 

Al identificar el objeto de estudio que ahora nos ocupa el Primer Congreso del Partido, sus causas, éxitos y fracasos; las implicaciones que puede tener en el presente, quedan fuera de esos límites una buena cantidad del resultado de la actividad de “historiar” de Amuchástegui.  Gracias a lo cual no tendré que perder tiempo en demostrar su falsedad.

 

Al examinar el artículo de Humberto se percibe que aporta mucha información, hasta ahora no conocida, sobre un período crucial de la historia de Cuba. Desvela muchos hechos no conocidos ni siquiera por especialistas y observadores. Sencillamente, aún no habían sido divulgados. La nueva información también revela muchas relaciones, antes no conocidas públicamente, entre distintos hechos, actitudes y actuaciones. Toda esa nueva información permite al observador externo identificar nuevos vínculos y relaciones, algunas de las cuales, como veremos, explican y aclaran muchos aspectos erróneamente comprendidos o interpretados de los años que estamos examinando.

 

Una cuestión de no poca importancia es que toda esa nueva información corrobora el  criterio de que es práctica habitual de los sistemas de información cubanos manipular toda la información que se captura. Toda ella se guarda en espera de, si surge la ocasión propicia, pasarla como información fidedigna.

 

El lector debe tenerlo en cuenta y estar preparado para utilizarlo como “filtro permanente” de toda información que capture. Es alta la probabilidad de que sólo recibirá la información que el gobierno cubano estime conveniente. Será información manipulada. Se la suministrarán de manera que no perciba que está siendo utilizado. Por cada dato que llegue a conocer existe un gigantesco mundo de informaciones conscientemente no divulgadas.

 

La información que aparece en el artículo de Humberto no debe ser una excepción, pero  debe tener condiciones particulares. Primero, por razones obvias, Humberto reconoce con mayor facilidad que la mayoría de las personas, las “huellas” de las manipulaciones. En segundo lugar, muy importante debe ser el objetivo que se aspira alcanzar para que se utilice a Humberto como fuente de información. Y hay que añadir que refuerza esa sospecha que le permitan (pienso que cumpliendo órdenes) publicar su versión. Contiene muchos elementos que, dada la entidad de quien las divulga, ganan verosimilitud y aumentan las posibilidades de que provoquen el efecto que se aspira. Se trata de información que contiene algo especial. Su puesta en circulación comienza a mostrar, una vez más, que lo que se ha divulgado es la historia de la “revolución”, sólo de la “revolución” y escrita por la “revolución”.  Si hacemos caso a nuestra “recomendación” y utilizamos el antes mencionado “filtro”, se pone en evidencia que faltan algunos hechos y otros son expuestos agregándole informaciones parciales o totalmente falsas.

 

Faltan hechos, muchos, demasiados y también se siente la falta de mucha información.

 

Los relatados por Humberto son sólo una parte de los conocidos por él, pero no están todos. Faltan muchos, entre los cuales se siente la ausencia de los que más han coadyuvado a llevar al país al lugar que hoy ocupamos, “al borde del abismo”.

 

Toda esa nueva información me ha servido para capturar otras. El nuevo conjunto me permitió examinarlas, interpretarlas y exponerlas; colocarlas en su lugar y desvelar su papel en el sistema económico de una sociedad normal y en el “modelo cubano”.

 

Son muchos los hechos que en el artículo se ponen al descubierto; pero hay muchos más que de conocerse cambiarían no sólo el “color con que se miran”;  harían incluso que se cambien los objetos de estudio.

 

Me parece (puede que sea más un deseo que una impresión) que la causa de la incompleta exposición o calificación que hace Humberto de los hechos y de las interpretaciones parciales de parte de lo ocurrido, se debe a que su objetivo es demostrar que él  se limitó a cumplir órdenes. Que todo lo ocurrido en el período 1970-1985 (y en los años precedentes) fue pensado, diseñado, decidido y ejecutado siguiendo las órdenes y recomendaciones de Fidel Castro. Y eso no es cierto; con más precisión: no es totalmente cierto. Más  cerca de la verdad se estaría si se dijese que todas, absolutamente todas las acciones y decisiones que destruyeron, porción a porción, la economía del país fueron ordenadas o autorizadas por Fidel Castro. Que en todos los casos había información suficiente para pronosticar que el resultado más probable era el desastre, a pesar de lo cual apoyó con crecido entusiasmo, desviando hacia su zafra los suministros destinados a otras actividades.

 

En el artículo que examinamos no se dice toda la verdad.

 

Lo ocurrido en los períodos de tiempo que aquí analizamos, no revelar parte de la verdad en algunos de los hechos, provoca el efecto de un negativo de fotografía: que lo negro se vea blanco y viceversa. Se ocultan algunas verdades que mostrarían aspectos inimaginables de algunos personajes de la revolución cubana. 

 

(continuará)

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[1] Es pertinente recordar la primera acepción del vocablo “pilar”: Hito o mojón que se pone para señalar los caminos. Diccionario RAE pág. 1.601.

[2] El «hombre nuevo socialista»; individuo fuertemente movido por una ética personal que lo impulsa a la solidaridad y el bien común sin necesidad de incentivos materiales para ello. De no ser así, no tiene cabida en la “sociedad  ideal”.