Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

  

La Vilma que yo conocí

 

Por Mónika Krause-Fuchs © 

 

A comienzos de 1962 llegué a Cuba. La isla y sus habitantes se encontraban en una atmósfera entusiasta de renovación. La autoconciencia recién recobrada se observaba en todo el país, un despertar del letargo, una rebeldía.

 

Vine a Cuba siendo una joven estudiante llena de energías, llena de ideales, dispuesta a cambiar, a construir, a entregar todas mis fuerzas a la obra de la Revolución. Quise terminar mis estudios lo antes posible para poder dedicarme de lleno al trabajo de apoyo a la Revolución. Pero, en la  Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana se estaba realizando en esos momentos una reestructuración a fondo, por lo que estaba impedida de reanudar mis estudios durante unos años.

 

Para aprovechar mi tiempo en algo útil me puse a  trabajar de intérprete y traductora en la Oficina Comercial de la entonces República Democrática Alemana. En esta oficina un día me dieron una invitación para participar en el acto de clausura del 1er Congreso Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas. Allí, por primera vez, vi a Vilma Espín, Presidenta de la FMC, la mujer más destacada del país. Ella era una mujer joven, bonita, que me impresionó muy agradablemente. Su discurso de clausura causó un efecto perdurable en mí.

 

Naturalmente, en esa ocasión no pude imaginarme ni remotamente que algunos años más tarde estaría trabajando bajo la batuta de Vilma.

 

En 1970, después de haber terminado finalmente mis estudios universitarios y poco después de haber comenzado a trabajar en el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) donde realizaba trabajos sin importancia, cometí mi primer acto de rebeldía en Cuba: renuncié a mi cargo. Renuncié, a pesar de que el deber de todo revolucionario -y yo era una revolucionaria- era mantenerse en el puesto que la Revolución le había designado. No tuve que pasar mucho tiempo en casa, pues de pura casualidad – como muchas veces en mi vida – un día me encontré con Vilma. O quizás ella me encontró a mí. Vilma necesitaba una traductora e intérprete. Inmediatamente me contrató.

 

De ahí en adelante, nos encontrábamos frecuentemente. Desde el inicio tuve la impresión de que con Vilma Espín el trabajo sería interesante, estimulante, y que entre nosotras habría armonía. Me pareció una mujer extraordinaria, con ideales y visión, con una fuerza de convicción tremenda, y dedicada con todas sus energías a lograr un cambio total en la situación de la mujer cubana.

 

Poco a poco, Vilma habría de interiorizar que la superación de los problemas relacionados con la precaria salud reproductiva de la mujer -de los rezagos del machismo y la influencia dañina de tradiciones anacrónicas-, tendría que encauzarse de forma mucho más concreta.  Hacía falta concebir un programa nacional de educación sexual en el sentido más amplio de este concepto, que cubriera los aspectos de educación, orientación y terapia sexuales, así como la planificación familiar.

 

Para institucionalizar este programa nacional, Vilma determinó las pautas correspondientes, las líneas generales en el marco del desarrollo revolucionario de Cuba y depositó en mí la responsabilidad de encaminar y poner en práctica concretamente dicho programa. El hecho que Vilma me designara a mí significaba que tenía plena confianza en mí. A la vez, yo estaba segura de poder contar en todo momento con el apoyo y respaldo de ella. Este respaldo era esencial para implementar semejante agenda, pues en todas partes, en todo sentido, en toda la burocracia gubernamental -especialmente en Salud y Educación- se nos ponían trabas y resistencia. Me vi ante la tarea casi titánica de romper un tabú milenario, de cambiar posiciones de poder entre los sexos, de lograr que el tema de la sexualidad en el sentido más amplio se aceptara en toda la sociedad.

 

El trabajar junto con Vilma y bajo su dirección, en la seguridad de poseer su plena confianza, me produjo mucha satisfacción. Vilma constituyó para mi desarrollo profesional y para mi vida una especie de suerte.

 

Esto no significa ni mucho menos que todo se desarrollaba sin contradicciones, sin problemas. Más de una vez Vilma me hizo rendirle cuentas al enterarse de que yo había transgredido los lineamientos conocidos o sus orientaciones precisas, en situaciones en que me había visto obligada a actuar en contra de su voluntad. Esto sucedió tanto por estadísticas que no debían darse a conocer y que yo insistía debían ser transparentes; o por mi programa de radio -En vivo y en directo- que llevé al público según reza su título: en vivo y al natural, a pesar de habérseme ordenado que debía realizarlo previa elaboración de un guión escrito; e incluso por textos que mandé a imprimir, cuyo contenido ella había vetado... por mencionar algunos.

 

A veces, sus reproches y amonestaciones eran fuertes. Yo estaba segura de que no se trataba de  discrepancias en lo que al contenido se refería, sino que mi proceder era para ella, o para la FMC, o para otras instancias del gobierno,  políticamente inoportuno o inaceptable. Yo estaba consciente de que resultaba enormemente ventajoso para nuestro trabajo el hecho de que Vilma no sólo fuese la virtual Primera Dama del país -siendo la esposa de Raúl, el segundo de los hermanos Castro-, y miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, sino también por ser de la familia al mando.

 

El gran respeto que ella gozaba en la élite gobernante me ayudó indirectamente a lograr resultados en el programa nacional de educación sexual que nunca se hubiesen alcanzado bajo la dirección de otra persona.

 

Vilma me concedió muchas libertades que me permitieron trabajar independientemente, tan segura estaba ella de que yo nunca haría nada en contra de sus convicciones. No obstante, las circunstancias vitales del país, caracterizadas por la escasez, la renuncia, y la pobreza en aumento, tuvieron una repercusión nefasta en nuestro ambicioso programa. Lo que comenzamos con tanto entusiasmo, con tanto derroche de energías, no terminaría bien, por muy necesario que fuera nuestro proyecto.

 

En su lucha cotidiana por subsistir, en sus intentos por mantener – aunque fuera un mínimo – de su dignidad, contra viento y marea, contra adversidades y calamidades, las cubanas y los cubanos tenían preocupaciones y urgencias más apremiantes que la educación sexual. La iniciativa y energía del cubano y cubana de a pie se gastaban en la lucha por superar los problemas cotidianos más elementales que les deparaba cada día.

 

Para mí, el compromiso -y la ilusión- también llegaron a su fin. A finales del año 1990 abandoné Cuba junto con mis hijos y regresé definitivamente a Alemania. Las condiciones harto conocidas en Cuba no me permitieron otra salida que no fuese emprender la fuga, cual una cubana cualquiera más, ansiosa por escapar de allí. Todas las circunstancias alrededor de mi salida de Cuba caían de una forma u otra en la ilegalidad. Ni a Vilma Espín, con quien tan estrechamente había trabajado, pude confiarle mis planes. A ella menos que a nadie. 

 

En Cuba dejé toda una vida: treinta años de trabajo, de estudio, de anhelos, de colegas y amigos entrañables. Dejé también un equipo de profesionales jóvenes, un equipo bien formado, muy dedicado e interesado en el trabajo, enamorado de su labor. Mi presencia al frente de la entidad que había fundado -el Centro Nacional de Educación Sexual, CENESEX - ya no era indispensable. Y yo, verdaderamente, no podía permanecer más tiempo en Cuba después de muchos años de sinsabores y desagravios.

 

Hoy, el CENESEX lo dirige la segunda de las tres hijas de Vilma Espín y Raúl Castro, Mariela, una mujer inteligente, tenaz como Vilma, y con muy buena formación. Quizás ése sea el mejor tributo que puede ella rendirle a su madre. ¡Qué para bien sea, por lo mucho que los cubanos -especialmente las mujeres- aún necesita de esa labor!

 

 

Mónika Krause-Fuchs vivió y trabajó en Cuba entre 1962 y 1990. Fundó en 1977 el Grupo Nacional de Trabajo de Educación Sexual, que en enero de1989 se convirtió en el Centro Nacional de Educación Sexual, CENESEX. Se doctoró en Sociología en la Universidad de Rostock, Alemania. Luego de casi tres décadas de labor nacional e internacional en pro de la salud sexual y de los derechos de la mujer, abandonó Cuba en 1990 y regresó a su Alemania natal, ya en medio de la transición y reunificación pos-comunista. Es autora de Mónika y la Revolución: Una mirada singular sobre la historia reciente de Cuba (Tenerife: Centro de la Cultura Popular Canaria, 2002). Reside en Alemania, desde donde funge como asesora de la Red Feminista Cubana.