Cubanálisis El Think-Tank

     DOCUMENTO ESPECIAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

             Eugenio Yáñez, Juan Benemelis y Antonio Arencibia

 

 

LA INADVERTIDA, COMPLETA Y EXITOSA SUCESIÓN CASTRISTA

   Un resumen completo especialmente elaborado desde El Think-Tank

 

ANTECEDENTES

 

La ausencia de Fidel Castro del “Espectáculo Más Grande del Mundo”, montado en La Habana con la presencia de casi dos mil invitados para la celebración diferida de su octogésimo cumpleaños, convierte las actividades festivas en un funeral anticipado.

 

Jefes de Estado en funciones, algunos que lo serán próximamente, y otros que lo fueron antes, Premios Nobel, intelectuales, artistas, un gran número de personajes muy respetables y decentes, junto a farsantes,  “personalidades” que públicamente se alegraron de los atentados del 9/11, guerrilleros sin trabajo, amanuenses y oportunistas, entre otros, se reunieron en La Habana para ratificar la invencibilidad de los vencidos y la buena salud del moribundo.

 

El “Gabo” García Márquez, enfermo él también de la terrible enfermedad, amenaza con un centenario para Fidel Castro, y el actor francés Gerard Depardieu dice, tranquilamente, que “no podía perderme esta oportunidad”.

 

La realidad, por encima de todo, es muy sencilla: la persona de más ego en el mundo tuvo que estar ausente de las celebraciones en su honor y de escuchar en persona alabanzas, aplausos y loas, simplemente porque su salud es tan frágil y precaria que no puede estar presente ni un momento en un homenaje celebrado a menos de diez minutos de la Sala G del Objeto 20 del CIMEQ, donde Fidel Castro se muere irremisiblemente mientras sus adláteres aseguran que mejora cada día y Hugo Chávez lo menciona noctámbulo, recorriendo el país disfrazado de Comandante y listo para jugar pelota.

 

Aceptar que no está presente porque los médicos se lo prohíben o porque la familia se lo pidió, es una candidez inaceptable en analistas serios: Fidel Castro no se subordina a nadie, por ninguna razón, nunca. En los últimos días se multiplicaron las especulaciones en la prensa y los medios digitales sobre su posible presencia en el desfile.

 

Hace muy poco tiempo el mundo lo vio caminando vacilante, “saliendo” de un elevador, moviendo los hombros para demostrar agilidad, y con un teléfono en la mano para hacer creer que daba órdenes y estaba en control de todo. Con los antecedentes conocidos de que sufre de un cáncer terminal, y las últimas imágenes que pudieron verse, todo debía haber estado claro para todos.

 

La señora que hace muchos años fue la primera esposa del fallecido pintor Oswaldo Guayasamín, cuya Fundación “organizó” los homenajes al moribundo, aseguraba que “la” secretaria de Castro, -como si tuviera una sola y además supiera de los planes del Comandante- le había asegurado que el tirano estaría presente, y la prensa se hizo eco. Una corresponsal española en La Habana aseguraba haber recibido de “fuentes militares” la seguridad de que Castro presidiría el desfile: muchos se hicieron eco, suponiendo que tal vez un general o un coronel se lo había asegurado, pero los reclutas del Servicio Militar también son “fuentes militares”: ¿por qué resulta tan complicado aceptar lo que todos vemos con nuestros propios ojos?

 

Carlos Lage, Felipe Pérez Roque, Ricardo Alarcón, Abel Prieto, hablan esotéricamente todos los días, pero en realidad no dicen nada. A lo más que pueden aspirar es, como dijo Mariela Castro Espín, (cuyos apellidos la definen), a un anciano sabio y enfermo que dé consejos de cuando en cuando por un tiempo más. Esa especie de “abuelo sabio” que definió Evo Morales.

 

Como quiera que se mire, la era de Fidel Castro ha terminado. The End. C’est fini. Finale. Koniec. Kapput. Y no es una victoria de sus adversarios. Cuando deje de respirar, Fidel Castro habrá logrado lo que siempre se propuso: estar en el poder hasta el final de sus días. Aunque sea cancaneando y sin poder disfrazarse de Comandante, creyéndose que da órdenes por teléfono o apareciendo en videos.

 

Y mientras medio mundo, o mundo y medio, sigue mirando al toro y al paño rojo del torero, entre la torpeza analítica, declaraciones altisonantes y dogmas enraizados, el torero ha ido configurando su equipo, moviendo a sus banderilleros, colocando sus piezas, y afianzando lo que ya ha sucedido ante nuestros propios ojos y sin alboroto: una inadvertida, completa y exitosa sucesión.

 

 

TODO EL PODER A LOS COMANDANTES

 

 

El ascenso protagónico, más allá del simbolismo, de los tres Comandantes de la Revolución, ha sido inversamente proporcional a la salud de Fidel Castro: mientras más se deteriora lo que va quedando del “Máximo Líder”, más protagonismo ejecutivo y estratégicamente decisorio han ido tomando los Comandantes. Lo mismo sucederá con los cambios y reformas; no hacen falta bolas de cristal ni partes médicos: mientras más osados y profundos los ajustes, peor la salud del Comandante en Jefe. Viceversa, si los cambios se detienen momentáneamente, hay una mejoría en su salud.

 

Todo parece indicar que los tres Comandantes de la Revolución: Ramiro Valdés, Juan Almeida y Guillermo García han arribado a un consenso por el cual comparten la dirección de la sucesión, con el “hermanísimo” Raúl Castro. Raúl, no es Comandante de la Revolución, pero de no ser el único General de Ejército del país, ese sería su cargo. Hoy más que nunca, es "primus inter pares" respecto a los otros, pero no es un "máximo líder", ya que no estamos ante la herencia coreana. Y una disputa entre jerarcas no conviene a ninguno. Así que se ha creado un "Comandante en Jefe colectivo". La cohesión de los históricos es un freno para cualquier escisión inmediata dentro de la élite de poder luego de la desaparición del gran “sintetizador”, Fidel Castro.

 

El 30 de Noviembre, el acto por el 50 aniversario del alzamiento de Santiago de Cuba lo presiden Juan Almeida, Ramiro Valdés y Guillermo García, por encima de más de seis miembros del Buró Político. Ramiro Valdés define a Raúl Castro como el “firme cancerbero” de la Revolución, y posteriormente Juan Almeida declara que “estamos dispuestos a dar nuestra sangre por esta tierra, por Fidel y por Raúl”.

 

Muchos se lanzan al Diccionario de la Real Academia, como si en Cuba la pureza del lenguaje fuera importante o Ramiro Valdés fuera experto en mitología, y nos dicen que fue un desliz de Ramiro, que fue un error al escribir el discurso, que esto o lo otro. Un cancerbero, además de portero en los equipos de fútbol, fue perro de tres cabezas y cola de serpiente en la mitología griega, encargado de cuidar las puertas del infierno para que los muertos no salieran y los vivos no pudieran entrar: en otras palabras, para mantener el orden.

 

Tres cabezas y tres Comandantes son un número similar: ¿casualidad? Parece que no.

 

Hay más: el mitológico Cancerbero griego fue derrotado en dos ocasiones: por Hércules, por la fuerza, cuando cumplía el último de sus trabajos, y por Orfeo, con música y miel. Inapropiada imagen para un Raúl Castro que debe enfrentar la fuerza del Imperio y las sinuosas actividades de la “mafia contrarrevolucionaria”.

 

No es apropiado pensar que Cuba es dirigida por tontos o tarados, o por una colección de incultos. Independientemente de las capacidades intelectuales de la cúpula dirigente, hay asesores y personas eruditas y especializadas respaldando al máximo poder, como sucede en cualquier parte del mundo.

 

Y resulta que en la mitología hindú, en los libros Vedas, está el origen del Cancerbero, el guardián con tres cabezas, para cuidar las puertas del paraíso y guiar a las almas hasta allí, porque en aquellos tiempos los cándidos hindúes no tenían todavía un concepto de “infierno”. Y las tres cabezas se completan con la del perro guardián, el sol y la luna. Interesante.

 

 

LA SUCESIÓN FALLIDA INTENTADA POR LOS GENERALES:

 

 

Pese a que Raúl Castro asumió las funciones de primer sucesor, el llamado “grupo Raúl”, que se menciona en la Proclama del Comandante en Jefe al pueblo de Cuba del 31 de Julio del 2006, no es el que aparece actualmente como hegemónico : (Abelardo Colomé, Julio Casas Regueiro, Machado Ventura, José Ramón Balaguer). Asimismo, el equipo ejecutivo de Fidel Castro, tampoco es hegemónico, y en ocasiones ni siquiera se menciona: (Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe, Banco Financiero Internacional, que de institución independiente fue subordinado al Banco Central, José Ramón Miyar Barruecos “Chomy”, Carlos Valenciaga).

 

El cambio de composición política en el legislativo norteamericano, a favor de los demócratas con su política de no confrontación total hacia La Habana, concede un período de gracia de dos años a la cúpula sucesoria, tiempo que está siendo aprovechado para implementar medidas de emergencia como paliativos a las crisis en los diferentes sectores de la economía y la sociedad.

 

Quiéranlo o no, los sucesores no pueden repetir el esquema “fidelista” de conducción del país, por las características peculiares e irrepetibles de Fidel Castro y por ser una estructura de mando diseñada a voluntad y deseos del Comandante en Jefe. Necesariamente, para poder dirigir el país y mantener el poder, con sus propios estilos de dirección, tienen que hacer modificaciones en las estructuras y los mecanismos de ejecución y control.

 

La vieja élite histórica dirigida por Raúl Castro y los tres Comandantes de la Revolución busca mantener la hegemonía del poder y la unidad de la élite por un período de 4 ó 5 años, cuando se produzca su lógico ocaso biológico. Esperan que ese sea  tiempo suficiente, para que se desarrolle la relación económica con China que ahora se construye y  cuaje la explotación del petróleo y para que se observen frutos palpables por la población, como la elevación de los niveles de producción de productos alimenticios, el alivio del transporte, y el inicio de serios planes de viviendas.

 

No hay que buscar nacionalidad a un hipotético “modelo” a seguir, ni especular al respecto, pues lo menos presente en estos momentos para la cúpula del poder es la teoría y las disquisiciones. Todo es muy sencillo, y a lo cubano: no importa el color del gato si produce frijoles y controla a los ratones. Pero mientras el Comandante en Cama respire, hay que hacer las cosas con extremo cuidado.

 

La relación con Venezuela-Chávez, de la cual se recibe el petróleo mínimo vital, servirá como compás de espera, como un puente, hasta el momento en que el petróleo cubano lo vaya desplazando. Gane las elecciones Hugo Chávez o el candidato opositor, el mínimo suministro de petróleo está garantizado: el poder cubano actual, más pragmático y menos “visionario” que Castro, necesita de ese petróleo, y aseguró con el candidato opositor un status quo aceptable a cambio de mantener la colaboración técnica “no politizada” si Chávez fuera desplazado del poder.

           

En ese intervalo de ajustes y consolidación, es evidente que la sucesión definida en la Proclama nunca funcionó, y que los criterios de “más de lo mismo” del 31 de Julio se han ido acomodando a las realidades de un poder definido y repartido de manera diferente. Por lo que veremos como irán ocupando espacio otros candidatos de la nomenclatura, mucho más jóvenes. Es precisamente ahí donde las diferentes corrientes de cómo y por dónde se encaminan las reformas, se irán delineando.  

           

 

LA REAL ESTRUCTURA DEL PODER ACTUAL

 

 

Lo que hasta el momento puede verse como la suprema jerarquía en la estructura del poder, un primer nivel, una cúpula máxima, es la siguiente:

 

1.- El poder supremo concentrado en:

 

Raúl Castro. Es el primer poder manteniendo un bajo perfil mientras vive su hermano.

 

Ramiro Valdés. Es el (ojo) segundo hombre ejecutivo del régimen, aunque no lo parezca por mantener un bajo perfil debido a su labor de control tecnológico. El ser figura clave en las negociaciones con China,  acaso lo lleven en un futuro inmediato a estar más visible.

 

Juan Almeida. De una función relativamente modesta de vicepresidente del Estado, cumpliendo funciones protocolares como tal se ha destacado últimamente como una especie de “arbitro” entre los miembros de la cúpula, además, de presidir, de manera protocolar, al grupo de los Comandantes de la Revolución.

 

Guillermo García. En su papel de Comandante de la Revolución legitima la unidad revolucionaria de la sucesión, pero es sólo un símbolo histórico, sin poder efectivo. Su deteriorada salud y su deficiente capacidad de dirección no le permiten funciones ejecutivas importantes, pero en el plano moral es el “enlace” con los revolucionarios “de siempre”. En la práctica solo hay tres históricos activos: Raúl, Ramiro, y Almeida.

           

El acto del 30 de noviembre, lo presidió Juan Almeida pero hizo el resumen Ramiro Valdés, por encima de generales, ministros y casi todo el Buró Político. Por primera vez, públicamente, Ramiro Valdés aceptó la jefatura de Raúl Castro. El acto de Santiago de Cuba confirma que por razones de seguridad Raúl Castro, en lo adelante no va a estar en público muchas veces junto a Ramiro Valdés y Juan Almeida, como se hizo durante décadas con Fidel y Raúl. Van a estar casi siempre separados, lo que dará pie a nuevas especulaciones y suspicacias analíticas. La excepción fue el desfile del 2 de diciembre.

 

Así queda el Cancerbero con sus tres cabezas:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.- El primer grupo ejecutivo bajo la dirección de la cúpula:

 

Carlos Lage. Vicepresidente del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. Se mantiene como una figura visible y viable. Buen organizador, con relativo prestigio nacional e internacional. Para muchos un candidato a la presidencia del Consejo de Ministros o como Premier. Es una figura clave en la representación internacional del país, para lo que Raúl Castro no tiene suficiente experiencia ni muestra demasiado entusiasmo.

 

Ricardo Alarcón. Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Tiene el respaldo original de los Comandantes más que de Raúl Castro. Se vio solo en una cruzada por establecer a la Asamblea Nacional como el foro legalizador de la sucesión, pero ganó terreno suficiente en esta dirección. Es imprescindible en tanto legitima la sucesión por la Asamblea Nacional. Desplazarlo en estos momentos para sustituirlo, por ejemplo, por su segundo, Jaime Crombet, no sería inteligente, y debilitaría la legitimación. Así pues, está asegurado por un tiempo, aunque una vez legitimado todo, ¿quién sabe? Aunque su experiencia en política exterior y las relaciones con Estados Unidos le pueden asegurar la cercanía a Raúl Castro.

 

José Ramón Machado Ventura. Miembro del Buró Político y del Secretariado del PCC. Hombre de Raúl Castro, quien confía en él, y que desde hace muchos años lleva las riendas de la conducción del aparato partidista. Su estrella ascenderá o descenderá acorde con el papel que se le asigne al Partido Comunista en los próximos tiempos, lo que se analizará posteriormente

 

Esteban Lazo. Jefe del Departamento Ideológico del PCC y figura simbólica por ser de la raza negra. Dirige también, como miembro del Buró Político, la actividad de Relaciones Internacionales del Partido. Vicepresidente del Consejo de Estado,

 

Fernando Remírez de Estenoz. Miembro del Secretariado del Partido, a cargo de las Relaciones Internacionales, ha ido ganando protagonismo en estos cuatro meses, mientras la figura del Canciller parece opacarse tras el fracaso de los No Alineados y el no ingreso de Venezuela como miembro no permanente del Consejo de Seguridad. Llama la atención que en reiteradas ocasiones ha rectificado pronunciamientos de Pérez Roque y de Ricardo Alarcón respecto a la salud de Fidel Castro.

 

Álvaro López Miera. El más joven de los seis Generales de Cuerpo activos en las Fuerzas Armadas, Viceministro y Jefe del Estado Mayor General, goza de toda la confianza y simpatías de Raúl Castro, a quien se unió en el Segundo Frente siendo un niño. Raúl parece haberle asignado la conducción operativa del aparato militar en estos tiempos en que él mismo desarrolla funciones de sucesor designado, y parece que hasta por encima del General Julio Casas, que es el Viceministro Primero. Fue el Jefe de la revista militar del 2 de diciembre, que presentó las tropas a Raúl Castro.

 

 

3.- Un segundo grupo ejecutivo, por debajo de los anteriores:

 

 

José Ramón Balaguer. Ministro de Salud y miembro del Buró Político del PCC. Aunque es uno de los seis mencionados junto a Raúl Castro en la Proclama, y goza de su confianza, no se caracteriza por su capacidad ni su flexibilidad. Ha continuado trabajando en las funciones de Salud Pública, pero este sector no está recibiendo en estos instantes la atención exagerada y desproporcionada que le asignaba Fidel Castro.

 

Yadira García. Miembro del Buró Político y ministra de la Industria Básica. Es una figura poco visible pero muy poderosa. Gozó de la simpatía y el apoyo de Fidel Castro. Tiene el control del petróleo y de toda la industria del país.

 

Jorge Luís Sierra López. Fue promovido a miembro del Secretariado del PCC al momento de resucitarse este aparato, pero en Octubre fue sacado de él y designado ministro del Transporte. Para muchos un reformista, aunque para otros un oportunista, a quien las promociones le “calmaron” las ansias de cambios y transformaciones.

 

 Francisco Soberón. Presidente del Banco Central y uno de los seis mencionados en la Proclama junto a Raúl Castro. No es una figura “política”, sino un tecnócrata de reconocida capacidad y prestigio que fue ascendiendo en la escala de la nomenclatura por su experiencia y resultados, y se ha convertido, de hecho, en el “cerebro” financiero del régimen.

 

Abel Prieto. Miembro del Buró Político, ministro de Cultura. Es el “intelectual”, la imagen exterior de la Revolución ante los intelectuales y artistas del mundo, relación imprescindible para alimentar el mito de la Revolución. Recibe mucha exposición en este campo.

 

Jaime Crombet. Vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Con experiencia y prestigio entre la élite, aunque mantiene continuamente un bajo perfil de exposición pública, es un factor fundamental en la estructuración de la columna vertebral estatal en provincias y municipios, y la definición de una institucionalidad decisiva en estos momentos.

 

 

4.- Figuras aparentemente en declive:

 

 

Felipe Pérez Roque. Ministro de Relaciones Exteriores, y uno de los seis mencionados junto a Raúl Castro en la Proclama. No tiene actualmente la visibilidad que gozaba en los tiempos de Fidel Castro, y se opaca cada vez más. Parece que se le achacan los fracasos de política exterior en la Cumbre de los No Alineados, donde los grupos más radicales apoyados por Cuba no lograron imponer su visión, y el no logro del ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente. Ha quedado para funciones ceremoniales, pero fue excluido de actividades de relieve como la Asamblea General de la ONU (fue como segundo) y la Cumbre Iberoamericana de Montevideo (ni siquiera participó).

 

General Julio Casas Regueiro. Miembro del Buró Político y Viceministro Primero de las FAR, cada vez tiene menos exposición, fundamentalmente en un momento que Raúl Castro debe concentrarse en otras tareas de gobierno. Su papel en Venezuela como enlace con Chávez, parece declinar en las nuevas realidades. Puede ser destinado a tiempo completo al Grupo de Administración de Empresas del MINFAR (GAESA), con lo que se alejaría del mando de las tropas.

 

General Abelardo Colomé Ibarra (Furry). Miembro del Buró Político, Vicepresidente del Consejo de Estado y ministro del Interior (MININT). Aunque es un cargo de baja exposición pública en los medios, parece haber perdido ascendencia con el ascenso de Ramiro Valdés, a pesar de la estrecha confianza que le dispensa Raúl Castro. Era un candidato lógico a orador en el acto del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, por haber sido participante del alzamiento y combatiente del Segundo Frente, pero tuvo que conformarse con un asiento entre los miembros del Buró Político, opacado por la presidencia de los tres Comandantes.

 

El grupo de Los Talibanes brilla por su ausencia. Como se ha señalado, su vocero principal, Felipe Pérez Roque, está opacado. El fuerte de Los Talibanes son las organizaciones juveniles (UJC, FEEM, FEU) y los medios como la Mesa Redonda y el diario Juventud Rebelde, pero su futuro depende de la benevolencia del Comando del poder. No se les ven perspectivas como los agitadores de siempre, sobre todo cuando es notable un cambio en el estilo ideológico y la Batalla de Ideas debe pasar a un segundo plano en el protagonismo: (Marchas del Pueblo Combatiente, Arengas en el Protestódromo, desfiles)

 

 

5.- Grupo del Plan Payama (Pijama)

 

 

Personas calificadas que fueron anteriormente defenestradas, pero que gozan de la aceptación de Raúl Castro, y que no han estado totalmente desvinculadas de él después de su remoción, ahora podrían tener un mayor papel e influencia en decisiones relativas a determinadas reformas, aunque no aparezcan abiertamente en un papel protagónico por haber sido separadas de la actividad por Fidel Castro.

 

Entre ellas están quienes fueron en su momento miembros permanentes o suplentes del Buró Político, como Marcos Portal, ex ministro de Industria Básica, y Humberto Pérez, ex presidente de la Junta Central de Planificación y encargado de las reformas económicas que se intentaron a raíz del Primer Congreso del Partido. Ambos son reconocidos como personas muy capaces, de ideas frescas y con experiencia, y podrían jugar un rol determinante como asesores en la reactivación de la economía.

 

 

6. Incógnitas

 

 

Es una incógnita lo que puede suceder con los altos jefes militares. Todo indica que hay una intención de destacar al General de Cuerpo Álvaro López Miera, Jefe del Estado Mayor General.

 

De los tres jefes de ejércitos, quien más se ha destacado en la prensa ha sido el jefe del Ejército de Oriente, Ramón Espinosa Martín. “Polo” Cintras Frías, de plena confianza de Raúl Castro, mantiene bajo perfil y se comenta que entre los mandos militares lo consideran demasiado plegado y poco independiente. 

 

De producirse un ascenso en cargo del general López Miera, no sería extraño retirar del mando a algún Jefe de Ejército. Tanto Espinosa como Polo son miembros del Buró Político, por lo que retirar a alguno de ellos no sería desastroso, pues se mantendrían en el Buró, aunque sin mando de tropas.

 

La otra gran incógnita son los “reformistas” dentro del aparato del Partido. Este es uno de los pocos secretos bien guardados dentro de Cuba, pues los interesados conocen el peligro que corrían de hacer patentes sus posiciones cuando Fidel Castro estaba en control de todo. En la medida en que la nueva cúpula solicite propuestas de transformaciones, y haya confianza en que las “cien flores” no se abrirán para ser podadas de inmediato, irán surgiendo estas posiciones, sobre todo entre los elementos más jóvenes, que no alcanzan a los históricos en edad, pero que son más viejos que Los Talibanes, y mucho más sensatos.

 

           

LAS MEDIDAS INMEDIATAS

 

 

Los problemas más urgentes que enfrenta el nuevo equipo de dirección son:

 

1- Institucionalizar el poder que se concentraba en manos de Fidel Castro.

 

2- Resolver el problema energético de apagones y el fracaso aparente del plan energético del Comandante en Jefe.

 

3- El problema del transporte urbano.

 

4- El problema de la alimentación, aunque sus niveles actuales muestran una leve mejoría respecto a años anteriores.

 

5.- Liquidar los problemas más acuciantes que amenazan la salud pública, empezando por la erradicación total del dengue.

 

De los problemas más exigentes a abordar por este “Directorio” está organizar e institucionalizar toda la mezcla de cargos, funciones e instituciones que respondían directamente a Fidel Castro.

 

El punto en el cual están enfrascados Raúl y los Comandantes es en cómo institucionalizar al país. No pueden, continuar con la estructura creada por Fidel Castro, en la cual las funciones se superponían, con un Presidente del Consejo de Estado que a la vez lo era del Consejo de Ministros y también era el Primer Secretario del Partido Comunista. Mantener lo que ha dejado Castro implicaría una gran confusión en la delegación de poder y la creación de un nuevo caudillo. Lo más plausible es que lleguen a abrazar la idea de la división de poderes, como en China y Vietnam, con la fórmula de Estado, Gobierno, Asamblea, Partido; en la cual habría un Jefe de Estado, un Primer Ministro, un Presidente de la Asamblea legislativa, y un Presidente del PCC.

 

Como corresponde por ley, la Asamblea Nacional ha sido convocada a sesión ordinaria, y la reunión comenzará el 22 de diciembre. No será fácil mantener el autismo tradicional de este cuerpo legislativo en las condiciones actuales, discutiendo sobre el calentamiento global o los pingüinos antárticos en un momento tan delicado de la historia nacional, pero no necesariamente se acometerán de frente los complejos problemas que hay que resolver. Aunque no fuera la intención de la cúpula del poder, no puede descartarse que cualquiera de los más de 600 delegados que deben participar, pida la palabra y pregunte simplemente como se van a resolver estas cosas ahora que El Jefe está fuera del juego, y entonces podemos estar ante una situación comprometida y de resultados sorpresivos.

 

Juan Almeida parece el más lógico candidato a ser el Jefe de Estado, por sus cargos actuales y la percepción de su persona como “consensual”, en cuyo caso Raúl Castro  resultaría el Jefe del Gobierno. Con Ramiro Valdés todo indica que seguirá a la sombra, y Guillermo García estará dedicado a tareas ejecutivas secundarias, con un papel más catalizador en el plano emocional con los antiguos combatientes y líderes actuales, basado en su historial de primer campesino que se unió a las fuerzas rebeldes y sus condiciones de “guajiro” como medio de influencia positiva entre la nomenclatura y a población.

 

También podría darse una combinación con Lage como Jefe de Gobierno y una discreta asesoría de Marcos Portal, Raúl Castro como Jefe de Estado, y Juan Almeida al frente de un partido que no sea el PCC. Así se manejó su figura a principios de la década de los noventa, cuando se consideraba a Juan Almeida para dirigir un nuevo partido que se llamaría Partido de la Revolución.

 

No es posible dirigir el país y lo que queda de sus instituciones sin previamente reorganizar esa barahúnda que arrastraba el Máximo Líder. Esto, aparentemente, es lo que ha tenido ocupados, hasta el momento, a Raúl-Ramiro-Almeida. Esta re-centralización, este reforzamiento de las instituciones centrales es un requisito para la marcha del país después del paso de los sucesores. Vale la pena apuntar que en el recién celebrado Congreso de la CTC, amén de los temas formales, se abordaron asuntos de estructura económico-social.

 

Entre lo más destacado y visible en estas medidas de reorganización del poder que se hallaba acumulado en manos de Fidel Castro, llaman la atención:

 

  • El desplazamiento de empresas pertenecientes a corporaciones hacia los organismos y ministerios centrales que lógicamente debieron ocuparse de eso desde un principio.

 

  • La decisión de acelerar la inserción de todas las empresas de producción en el llamado “Sistema de perfeccionamiento” originado en el MINFAR, buscando rentabilidad económica, vinculación de salario-ganancia, desactivación de empresas y personal incosteable y su paso a planes de estudio o recalificación.

 

  • El papel del Ejército Juvenil del Trabajo en las actividades agropecuarias, sustituyendo a los intermediarios en la comercialización a la población de productos agrícolas provenientes de las cooperativas (UBPC) y las de Créditos y Servicios.

 

  • Todo parece indicar que se permitirá a los 150,000 pequeños propietarios agrícolas vender su producción secundaria libremente. En su mayoría son vegueros de Pinar del Río y La Habana, y la producción primaria se les abona parte en divisas, por ser materia prima exportable para industrialización y comercialización por la empresa mixta Tabacalera de España.

 

  • Otro de los puntos a destacar es el alto nivel de ingreso (relativo a los salarios del país) que ya gozan los trabajadores de las cooperativas agropecuarias (UBPC), como se ha ejemplificado por la prensa oficial: alrededor de 62 pesos diarios, un promedio mensual de 1,300 pesos.

 

Las primeras medidas de reformas económicas tienen que comenzar por la agricultura. Aunque, en su condición de país urbano, las industrias ligera y de alimentación también, y al unísono, tienen que ser parte de las primera medidas. Todo indica que las medidas irán hacia una apertura en la agricultura manteniendo un alto nivel de represión.

 

El EJT puede ser intermediario por ahora, pero a medida que los productores privados campesinos aumenten sus ingresos y su producción, serán necesarios otros mecanismos de comercialización en los cuales no intervenga el Estado. En esta coyuntura, los campesinos privados, productores de los alimentos básicos de la población, deben ser estratégicos: de practicarse una política abierta con ellos podría resolverse el abastecimiento básico de viandas y vegetales, carne de ave y cerdos, huevos y granos.

 

 

EL NUDO GORDIANO: EL PAPEL DEL PARTIDO COMUNISTA

 

 

Aunque pueda considerarse como un punto menos apremiante, la tonalidad y efectividad de las medidas que se tomen tendrán que ver con el papel del PCC, con la transformación del caudillismo a una dirección colectiva, con la separación de las funciones del Partido con las del Estado, y las del Estado con las del Gobierno, y las del Gobierno con la economía.

 

Históricamente, los cuadros menos calificados fueron reclutados por el Partido y sus “correas de transmisión”: UJC, CTC, CDR, etc. Con ellos tal como funcionan actualmente, no se puede enfrentar reforma alguna. El postergado VI Congreso del PCC no parece tendrá lugar en una fecha cercana. Antes de su celebración hay una serie de problemas de estructura, económicos y de organización política estatal que se deben resolver. Lo más probable es que se celebre, tras la muerte de Fidel Castro, un "Pleno extraordinario" del CC para llenar vacantes en el Buró Político con candidatos como los generales Fernández Gondín y López Miera, civiles como Remírez de Estenoz y Francisco Soberón, o Ramiro Valdés.

 

La dirección de Raúl con los Comandantes de la Revolución enfrenta un escollo enorme con el articulado de la actual Constitución de 1976, la cual define el papel del Partido, de manera tal que asfixia la auto-gestión de la economía. Este Partido Comunista que no antecede a la toma del poder por la guerrilla, fue producto de Fidel Castro, el cual vistió a su guerrilla triunfante con el ropaje de Partido Comunista de Cuba, por lo cual, en vida política del Líder su función fue seguirle ciegamente. Es una entelequia, no un aparato dinámico, sino una correa de transmisión de la voluntad del caudillo hacia el resto del sistema. Por sí mismo, el Partido poco ha organizado y en su seno nunca ha existido un verdadero e independiente debate, y mantenerlo sólo resultaría un problema que pretende resolver problemas.

 

Todo indica que el grupo de análisis y estudio conformado alrededor de la figura de Alfredo Guevara  está explorando las fórmulas y vías para lidiar con un entorno de mono-partido y economía de plan que no refleje el viejo modelo soviético. En crisis la legitimidad ideológica del marxismo-leninismo se impone el debate de su existencia como representante y guardián de una Revolución basada en un sistema caducado. Por eso  se impondría su transformación en un “Partido de la Revolución” que permitiría reorganizarlo y aligerarlo, de manera tal que sirva de apoyo a la implementación de las reformas empresariales y económicas, de intentarse las mismas.

 

En una suerte de partido “martiano”, “social-demócrata”, “de la revolución”, etcétera, sin el contenido de dirigir la economía, los cuadros se decantarían solos. Personajes como Balaguer, Machado Ventura y Lazo pasarían a ser figuras cada vez más oscuras, frente a los nuevos tecnócratas del Estado y la economía. De no ser así, como enorme y esclerótico aparato estorbaría las reformas y frenaría a la tecnocracia en su afán de buscar eficiencia. La otra variante, la de mantener el nombre y el papel del Partido tal y como se hizo en China y Vietnam, requeriría un tiempo relativamente largo, con que no cuentan los sucesores, y las correspondientes purgas que acompañan los cambios políticos en los partidos comunistas, para que el partido cubano pueda ser un impulsor eficiente de reformas al sistema.

 

El 2 de Diciembre Raúl retoma planteamientos de Fidel durante el I Congreso del PCC referentes al papel fundamental del Ejército Rebelde antes de la existencia del Partido y como al fundarse este, el Ejercito “depositó en sus manos las banderas de la Revolución”. Tal cita es para tranquilizar a la opinión pública con el supuesto respeto de los militares al aparato político. La historia relativamente reciente de numerosos militares curtidos en guerras extranjeras no los conduce precisamente a la obediencia a esa estructura débil y castrada en su supuesto papel dirigente por más de 30 años.

 

 

RELACIONES INTERNACIONALES

 

 

La cuota de petróleo mínima, proveniente de Venezuela no presenta problemas. De ganar Chávez todo se mantendría igual. Si Rosales obtiene el triunfo, todo sugiere que ya existen acuerdos de que se mantendrá el flujo hacia Cuba. Por otra parte, los pozos de petróleo frente a Matanzas pueden resolver en un par de años las necesidades del país, en espera de que se exploten los yacimientos que se hallan en el Golfo de México.

 

Asimismo, seguirán las negociaciones con China que se vislumbra como la alternativa a Estados Unidos para Cuba. De otra parte se mantendrán las relaciones con Europa vía España, con Rusia y Belarús. La nueva élite habanera se está comportando bajo la noción de que nada obtendrá de Estados Unidos, aunque el 2 de diciembre Raúl volvió a dejar la ventana abierta con Estados Unidos, “por si acaso”. Por otro lado sigue la renovación del cuerpo diplomático, manteniendo las embajadas claves en manos de funcionarios experimentados.

 

La política exterior cambiará sus objetivos. Es muy poco probable que se mantenga la “diplomacia revolucionaria” a lo Fidel. Los objetivos serán más acordes con las reales necesidades del país, como una ofensiva comercial, en los medios financieros internacionales, el fortalecimiento de las relaciones con China y Rusia, y con la Comunidad Europea. Se mantendrá el actual nivel con América Latina, sin buscar comprometerse estratégicamente en promover más gobiernos de izquierda aunque el envío de asistencia médica y pedagógica a países que la soliciten se mantendrá como una fuente de ingresos en divisas. También, lentamente, se prevé cierto enfriamiento en las relaciones con la Venezuela de Hugo Chávez, pero por ahora Raúl se cura en salud y mantiene los lazos, por lo que acaba de destacar los beneficios para “las masas desposeídas” de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), “propuesta por el Presidente y hermano Hugo Chávez”.

 

 Por otra parte, el establecimiento de relaciones normales con Estados Unidos se mantendrá como objetivo principal, tras bambalinas, en espera de alguna apertura unilateral por parte de Washington, lo cual no parece posible en estos momentos: al ofrecimiento de Raúl Castro el 2 de diciembre para resolver “el prolongado diferendo” en la mesa de negociaciones, el Departamento de Estado respondió de inmediato que “el diálogo que debe darse es entre el régimen cubano y el pueblo cubano sobre el futuro democrático de la isla. Como hemos dicho antes, toda profundización de nuestra relación con Cuba depende de este diálogo y de la voluntad del régimen cubano de tomar medidas concretas para una apertura política y una transición a la democracia”.

 

Felipe Pérez Roque no parece ser el candidato indicado para mantenerse como Canciller en las nuevas condiciones. Ya sea porque su estrella esté en declive o porque sea promovido para un cargo de gobierno interno, su estancia en ese lugar es temporal. El candidato más lógico para nuevo ministro de Relaciones Exteriores, que en realidad y por primera vez concentraría en sus manos la política exterior, es Ramírez Estenoz. Se ha mencionado, a su vez, a Esteban Lazo, por su experiencia anterior en las Relaciones Internacionales del PCC y por su reciente viaje a la ONU, representando al país.

 

Tanto Esteban Lazo como Juan Almeida cumplen, por encima de todo, la necesaria función de representatividad de la población negra y mulata del país, algo que el régimen está obligado a cuidar.

 

 

MINFAR Y MININT

 

 

Otro punto clave son las Fuerzas Armadas. Al desplazarse Raúl Castro a otras funciones queda vacante la vital plaza de Ministro de las FAR. Se ha barajado la figura del Comandante Juan Almeida, quien ya en los años sesenta actuó como ministro, aunque también se ha considerado la promoción del general López Miera. Este último parece ser aceptado también por Ramiro Valdés, como parte de la sucesión pactada. Y si el general Julio Casas Regueiro, actual segundo del MINFAR, sale del juego, no deben existir problemas para el ascenso de López Miera. Por supuesto que habrá que pasar a retiro a algún Jefe de Ejército, como Ramón Espinosa Martín, por ser también el más veterano, aunque podría mantener su puesto en el Buró Político.

 

El MININT es otra de las plazas controversiales. Estando Ramiro Valdés en posesión de la seguridad y represión electrónica, el papel de Abelardo Colomé Ibarra se reduce, por lo cual es posible que se promueva un sustituto, posiblemente entre los generales Fernández Gondín, Julio César Gandarilla (del MINFAR) o Félix Baranda Columbié (Inteligencia Militar). Cuando ocurra el deceso de Fidel Castro, un personaje de primera importancia para la cúspide, como el general Humberto Omar Francis, jefe de Seguridad Personal, tendría que desempeñar algún cargo relevante, tal vez como viceministro en el MININT, pues la seguridad personal de Raúl Castro es menos complicada que la históricamente desplegada alrededor de Fidel Castro.

 

 

EL LARGO ADIÓS

 

 

Hay muchas señales de que estamos ante la despedida al Comandante en Jefe. Los verdaderos organizadores del encuentro de intelectuales por su 80 cumpleaños pusieron de nombre al evento, uno que la Fundación Guayasamín no se hubiese atrevido a sugerir: Coloquio Internacional Memoria y Futuro: Cuba y Fidel. Si hay algo que modificar es el orden, pues se trata del futuro de Cuba y de la memoria de Fidel Castro.

 

Hay que destacar tres momentos significativos de la celebración reportados por la prensa oficial cubana. Uno es el discurso de Ricardo Alarcón en una de las comisiones del encuentro donde dijo hablando de su Jefe: “Por eso lo necesitamos donde debe estar, al frente de esta lucha y hasta la victoria siempre.” La última frase, tomada de la carta de despedida de Che Guevara a Fidel Castro, ha cobrado un sentido entre los cubanos a partir de su muerte en Bolivia. Cuando se utiliza en un acto oficial significa -para los revolucionarios- que se recuerda al Che como si estuviera vivo. Al aplicarla a Castro, Alarcón lo marca con la señal inversa, lo compara con el difunto guerrillero argentino y lo eleva junto a éste a solo una presencia simbólica para sus seguidores

 

Un segundo momento en otra comisión, es el discurso de más de una hora, con el que Felipe Pérez Roque presenta en 15 “virtudes”, la esencia del caudillo que se esfuma. Obviemos sin reírnos lo que dice el Canciller sobre su “ausencia total de odio hacia cualquier persona, incluidos sus enemigos”. En su afán, de no ser definitivamente excluido del equipo de sucesión, Pérez Roque ha codificado un modelo ético inverosímil por el que deben guiarse los futuros dirigentes. Ha inventado un Fidel inexistente, que quiere presentar como un dechado de valores extraordinarios para consumo de las masas ignorantes. Quizás imagina una sociedad cubana perpetuamente paralizada en una especie de hipnosis castrista en la que  inocentes niños cubanos reciten loas al Líder como una letanía en los “matutinos” de sus escuelas.

 

El tercer momento  es la lamentable invocación de Carlos Lage en la clausura del Coloquio a “Fidel que estás allí y estás aquí”, como si tuviese el don divino de la ubicuidad, para luego prometer a los pueblos del mundo lo que como médico sabe es imposible: “Fidel vivirá, la Revolución Cubana no les fallará”. El embrollo continúa cuando Lage afirma que en el futuro “en Cuba no habrá sucesión, habrá continuidad”. Y concluye diciendo que “Fidel se recupera (…) seguirá conduciéndonos, le pediremos que lo haga por unos cuantos años mas”. Como se ha visto en las tres intervenciones de los dirigentes cubanos en la actividad en saludo al onomástico de Fidel Castro, abundan elementos elegíacos, más que celebratorios. Todos glosan, de una u otra forma, su muerte inevitable. Mientras, el pueblo se va acostumbrando al tan esperado desenlace.

 

 

WASHINGTON, EL EXILIO Y LA DISIDENCIA

 

 

Esta es la partida más compleja porque todas las fichas (exilio, Washington, élite de poder en Cuba, disidencia), pese a estar esperando el desenlace, desarrollaban políticas que no consideraban el actual escenario en la Isla y el futuro inmediato. Los planes de Washington descansaban en un desplome total del sistema al día siguiente de la muerte de Fidel Castro, para iniciar todo un programa en favor de viabilizar la democratización; esperanza que aún se mantiene.

 

El exilio, con una visión parecida, adicionaba una carta que se mostraría dinámica y entraría en acción a partir de cualquier flaqueza o debilidad del sistema: la explosiva combinación de la resistencia popular con la disidencia; esperanza que aún se mantiene.

 

Y la élite que asumió hace ya más de cuatro meses la conducción del Estado totalitario, heredó una entelequia sin estructuras viables, con la energía pendiente del hilo chavista, el deterioro de la salud pública y graves problemas en el transporte, la vivienda, la energía y en renglones básicos alimenticios. 

 

Washington se encuentra sin estrategia política para este período intermedio, cuya duración se desconoce ¿semanas, meses, años? entre la desaparición física de Castro y el inicio de la transición democrática. El stablishment político norteamericano obvió inexplicablemente en el “caso Cuba” lo común en las transiciones del ex bloque soviético: el protagonismo de las fuerzas reformistas dentro de la nomenclatura hacia la transición. Por eso, no cuenta, por el momento, con “puentes” que le acerquen a los grupos reformistas dentro de la élite, sobre todo si ésta logra prolongar su estancia en el poder más allá de los pronósticos. Amén del lobby petrolero, imposible de resistir, interesado en absorber las reservas cubanas confirmadas en el Golfo de México, antes que los chinos se apropien de ellas.

 

El exilio ve con inquietud cómo sus cartas maestras se hallan empantanadas por el momento. Pese al incremento de la represión, la explosión popular no pasa de alguna que otras protestas individuales, inconexas. Y la disidencia ha probado que sólo existen disidentes y no un poderoso movimiento articulado que pueda, como en Checoslovaquia, Polonia, Georgia, o los países Bálticos, arrastrar las multitudes.  La esperanza reside en que si bien Fidel Castro ya murió políticamente, y un grupo ha asumido las riendas del Estado totalitario, su muerte física pueda ser ese detonante tan deseado.

 

Por su parte, la élite del poder en Cuba camina sobre una fina capa de hielo. Lo más importante: lucha y pacta para que no se produzcan en lo inmediato escisiones en sus filas, algo que considera más peligroso que la calle y la oposición. Espera mantener a raya a los disidentes, bajo control las expectativas de la población, y lograr en tiempo récord aliviar comida, transporte, vivienda y electricidad. Busca desesperadamente una apertura con Washington (algo muy difícil mientras no se liberen los presos políticos), sin mostrar que lo hace, mientras le abre las puertas a los chinos.

 

¿Qué sucederá en la élite y el ejército si, como se ha esperado en años, tras la muerte física de Fidel Castro se produce el desplome?  ¿Qué sucederá en el exilio si la actual élite logra pasar el Rubicón y se sostiene en el poder por años? ¿Cuál será la política en Washington si se produce un desplome y sectores militares se hacen del poder luego de la muerte de Fidel Castro, o si tal cosa no se produce y  los chinos se apropian del petróleo e inyectan desarrollo con totalitarismo en la Isla?

 

Hay mucho que analizar, sin especular, para encontrar respuestas aceptables a todas estas preguntas. Y, lamentablemente, hay muchos, aquí y allá, que ni siquiera se hacen estas preguntas. Pero estas son las claves para desenredar el ovillo y salir del laberinto.

 

No vale la pena perder tiempo pensando si Ramiro Valdés utilizó una frase desafortunada al llamar a Raúl Castro el firme cancerbero. No necesariamente fue así, pero séalo o no, es innegable que ahí está el guardián, con las tres cabezas con grados de Comandante junto a él. Y el poder es algo real, no es cuestión de gramática, literatura o mitología.

 

La mejor estrategia para enfrentar a Fidel Castro, sea la que sea, es hoy obsoleta, porque ya Fidel Castro quedó fuera del poder por obra y gracia de la biología, y no podrá retornar, a pesar de lo que digan sus amanuenses, que más adelante explicarán que mintieron porque Fidel les pidió que no desanimaran al pueblo cubano con malas noticias.

 

Guste o no guste, las estrategias frente a Fidel Castro perdieron vigencia. Hay que diseñar ahora, y sin perder tiempo, las de encarar a los sucesores.

 

O conformarse con vivir soñando.

 

 

Nota: Este documento resumen, actualizado con las últimas informaciones, es resultado de una sesión de discusión y análisis a finales de noviembre 2006 sobre los acontecimientos que se suceden en Cuba. Los autores son integrantes del Think Tank de Cubanálisis (www.cubanalisis.com).